Autor: P. Angel Peña O.A.R
San Ignacio de Antioquía (†107) decía:
Los herejes se apartan de la Eucaristía, porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados, la misma que por su bondad resucitó el Padre43.
La Eucaristía es alimento para vivir siempre en Cristo Jesús44.
San Ireneo de Lyon (†200) afirma:
Así como el pan y el vino, recibida la palabra de Dios se hacen Eucaristía, es decir, cuerpo y sangre de Cristo, así también nuestros cuerpos, alimentados con la Eucaristía, resucitarán a su debido tiempo para gloria de Dios Padre45.
San Cirilo de Jerusalén (315-387) dice:
Lo que parece pan, no es pan; aunque al gusto le parece tal, sino que es el cuerpo de Cristo, y lo que parece vino, no es vino, aún teniendo el gusto, sino la sangre de Cristo46.
San Ambrosio (340-397), luchando contra los arrianos, que negaban la divinidad de Cristo, decía:
Mi alimento es la carne de Dios, mi bebida es la sangre de Dios47.
Tal vez dices: Mi pan es común. Pero este pan es pan antes de las palabras sacramentales; cuando se añade la consagración, el pan se hace carne de Cristo.
¿Y cómo puede ser que el pan sea cuerpo de Cristo?
Esta consagración ¿con cuáles palabras se realiza y de quien son estas expresiones? Del Señor Jesús.
Porque todo lo demás que se dice antes, son palabras del sacerdote.
Pero, cuando llega el momento de efectuar el venerable sacramento, el sacerdote ya no pronuncia sus palabras, sino las de Cristo.
Luego la palabra de Cristo es la que realiza el sacramento48.
San Cirilo de Alejandría (†444), que estuvo presente en el concilio de Éfeso el año 431, donde se definió que María era Theotokos, es decir, Madre de Dios, afirma:
Cuando celebramos en las iglesias el santo, vivificador e incruento sacrificio de la misa, no consideramos que lo que tenemos delante sea el cuerpo de un hombre común como nosotros o que lo sea la sangre preciosa, sino que lo recibimos como lo que se ha convertido en el cuerpo y la sangre propios del Verbo, que a todo da vida49.
San Juan Crisóstomo (†407):
No es un hombre quien hace que las ofrendas se conviertan en cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo sacrificado por nosotros, el cual está representado por el sacerdote en la misa50.
San Agustín (357-430) dice:
Hácense las ceremonias y recítanse las preces para que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y sangre de Cristo.
Suprimidas las palabras no hay más que pan y vino.
Pronunciadas las palabras, el pan y el vino hácense otra cosa.
Y esta cosa, ¿qué es? El cuerpo y la sangre de Cristo.
Lo repetimos: antes de pronunciar las palabras sólo hay pan y vino, al pronunciar las palabras se convierten en el sacramento51.
¡Oh sacramento de piedad! ¡Oh signo de unidad! ¡Oh vínculo de caridad! Quien quiere vivir, sabe dónde está su vida y sabe de dónde le viene la vida. Acérquese, crea, incorpórese para ser vivificado52.
Este pan que vosotros veis sobre el altar santificado por la Palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo.
Lo que contiene el cáliz santificado por la Palabra de Dios, es la sangre de Cristo53.
Y podríamos seguir anotando más textos, pero creemos que son suficientes para demostrar que, desde el principio mismo de la Iglesia, todos creían en la divinidad de Cristo y en su presencia real en el sacramento de la Eucaristía.
Ya en el año 70, en el primer catecismo católico, llamado Didache o doctrina de los doce apóstoles se dice:
Reuníos en el día del Señor, partid el pan (celebrad la misa) y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro…
Que no se atreva nadie a acercarse a comer o beber la Eucaristía si no ha sido antes bautizado.
43 Carta a los de Esmirna 7, 1.
44 Carta a los efesios, 20, 2.
45 Contra los herejes V, 2, 3.
46 Cateq 4, 9; PG: 33, 1104.
47 De sacramentis IV, 5, 24.
48 Sobre los oficios de los ministros IV, 4, 14.
49 Explanatio 12 capitulorum Anathem. 11.
50 De proditione Iudae I, 6.
51 Sermón 6, 3; MA I, 30-31.
52 In Io. Ev. Tr. 26, 13.
53 Sermón 227; MA I, 462.
