Autor: P. Angel Peña O.A.R  

AMES J. PITTS había sido pastor presbiteriano durante 25 años.

Un día fue a hacer un retiro espiritual al monasterio benedictino de Nuestra Señora de Guadalupe, en Pecos, Nuevo México, USA.

Fue con su esposa Sandra.

Y dice:

La comunidad benedictina tenía adoración de 6.30 a 7.30 cada tarde. Una gran hostia consagrada era colocada en una custodia para adorar a Jesús. Todos estaban de rodillas.

Después de unos minutos de leer la Biblia, yo miré la hostia y vi una luz radiante, que brilló como si saliera de ella.

De pronto, un sentimiento de amor vino sobre mí, sin saber por qué. Yo me arrodillé de nuevo y oré al Señor.

No podía apartar mis ojos de la hostia y decía:

¿Cómo puedo saber que tú estás aquí con nosotros, Señor?…

La presencia de Cristo en la Eucaristía y el amor a María me llevó a abrir mi corazón a Dios.

Durante la cuaresma de 1999, en el fin de semana de la fiesta de la Anunciación, yo y mi esposa Sandra fuimos recibidos en la Iglesia católica por el buen obispo de Alexandría117.

117 Moss Rosalind, Home at last, Ed. Catholic Answers, San Diego, 2000, pp. 26-30.

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