Autor: P. Angel Peña O.A.R
SCOTT HAHN, pastor y teólogo norteamericano, cuenta cómo comenzó su conversión, yendo a una misa católica por curiosidad:
Allí estaba yo, un ministro protestante de paisano, deslizándome al fondo de una capilla católica del Milwaukee para presenciar mi primera misa.
Me había llevado hasta allí la curiosidad y todavía no estaba seguro si era una curiosidad sana…
Me prometí no arrodillarme ni tomar parte en ninguna idolatría. Me senté en la penumbra en un banco de la parte de atrás.
Delante de mí había un buen número de fieles, hombres y mujeres de todas las edades.
Me impresionaron sus genuflexiones y su aparente concentración en la oración.
Como evangélico calvinista se me había preparado durante años para creer que la misa era el mayor sacrilegio que un hombre podía cometer.
Me habían enseñado que la misa era un ritual que pretendía volver a sacrificar a Jesucristo. Así que permanecí como mero observador.
Me quedé sentado con mi Biblia abierta junto a mí…
La experiencia fue sobrecogedora. Quería interrumpir a cada momento y gritar:
Eh, ¿puedo explicar en qué sitio de la Escritura sale eso? ¡Esto es fantástico! Pero aún mantenía mi posición de observador.
Permanecía al margen hasta que oí al sacerdote pronunciar las palabras de la consagración: Esto es mi Cuerpo… Este es el cáliz de mi Sangre. Sentí, entonces, que todas mis dudas se esfumaban.
Mientras veía al sacerdote alzar la blanca hostia, sentí que surgía de mi corazón una plegaria como un susurro: Señor mío y Dios mío. Realmente eres Tú…
Volvería a la misa al día siguiente y al siguiente y al siguiente118.
Él descubrió a Jesús en la Eucaristía y, por eso, dice:
A los hermanos separados les falta nada menos que la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
¿Acaso nos pide demasiado Nuestro Señor a los católicos al decirnos que hagamos más, mucho más, para ayudar a nuestros hermanos separados a descubrir en el Santísimo Sacramento al Señor que tanto aman?
Si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo hará?…
Él dice: Volved a casa en la Iglesia fundada por Cristo. La cena está preparada y el Salvador nos llama119.
118 Hahn Scott, La cena del Cordero, Ed. Rialp, Madrid, 2003, pp. 27-28.
119 Hahn Scott y Kimberly, Roma, dulce hogar, Ed. Rialp, Madrid, 2003, p. 198.
