Autor: P. Angel Peña O.A.R
Hay una canción que dice: Quiero tener un millón de amigos.
Pues nosotros podemos tener millones de amigos ángeles.
¿Te imaginas los millones de ángeles que hay en la iglesia, adorando a Jesús Eucaristía? ¿Y los innumerables que hay a tu alrededor, de todas las personas que ves a lo largo del día y de todos las personas que ves en televisión y de todos los que viven en tu ciudad o en tu país?
¿Por qué no comienzas por saludar a los ángeles de los que encuentras a tu paso por la calle? ¿Por qué no les sonríes?
Verás cómo mejoras y serás una persona más amable y agradable. Dirás que es muy fácil olvidarse de los ángeles, teniendo tantos problemas y preocupaciones en qué pensar.
Cierto, pero, teniéndolos presentes y pidiéndoles ayuda, se pueden solucionar mejor tus problemas.
No olvides que los ángeles son miríadas de miríadas y millares de millares (Ap 5, 11). Y sentirte apoyado por ellos, te dará mucha seguridad personal.
Por lo demás, piensa que los ángeles no se dejarán ganar en generosidad y serán generosos en compartir contigo muchas bendiciones de Dios.
Puedes pedirles favores como: Lleva un ramo de bellas flores celestiales a mi mamá en este momento.
Dale un beso con todo cariño a tal persona. Ayuda al médico para que acierte en el diagnóstico de mi hermano.
Asiste a tal persona enferma en el momento de su operación. Visita a mi amigo y dile que lo quiero mucho.
Y así muchísimas otras cosas que los ángeles cumplirán con toda eficacia.
Los ángeles nos aman, nos sonríen y nos cuidan. Seamos agradecidos con ellos.
Y, cuando tengamos que hacer un favor a una persona, no pensemos, si se lo merece o no, pensemos en su ángel que es bueno y hagámoslo por él.
Sepamos ayudar a otros sin guardar resentimientos ni rencores, y digamos frecuentemente la oración:
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, no me dejes solo que me perdería.
