Autor: P. Angel Peña O.A.R  

El santo PADRE PÍO DE PIETRELCINA (1887-1968) le decía en una carta a su dirigida:

Querida Raffaelina, qué gran consolación, cuando al momento de la muerte, tu alma vea a este ángel tan bueno que te acompañó a lo largo de la vida39.

En una ocasión, el Padre Pío, vestido de soldado después de salir del cuartel, donde había sido llamado en tiempo de la primera guerra mundial, llegó en tren a Benevento y quiso llegar hasta su pueblo de Pietrelcina, pero se dio cuenta de que no tenía dinero suficiente para pagar el billete del autobús.

Confiando en la providencia, se subió al autobús, pensando en explicarle al cobrador que le disculpara, que le pagaría al llegar al pueblo. Pero subió con él un extraño personaje, elegantemente vestido y con una maleta nueva que se sentó a su lado.

Cuando el cobrador se acercaba pidiendo los billetes y el Padre Pío estaba ya sudando, el cobrador le dijo:

Alguien ya pagó por usted. Miró al personaje vecino, pero no dijo nada, porque no sabía si había sido él.

Al llegar a su pueblo, se bajó del autobús y miró al compañero para saludarlo y despedirse, pero ya no estaba.

Había desaparecido. Este suceso lo contaba muchas veces a sus hermanos religiosos, como dando a entender que Dios le había socorrido por medio de su ángel40.

El Padre Alessio Parente, confidente y compañero del Padre Pío, cuenta un caso que le ocurrió a él personalmente en 1959.

Cuando el Padre Pío celebraba la misa, él, con otro religioso, daba la comunión a los fieles, mientras el Padre Pío estaba en la sacristía.

Un día, al dar la comunión, el Padre Alessio terminó todas las hostias que había en su copón y fue al altar a purificarlo, mientras su compañero seguía dando la comunión.

Cuando ya había purificado el copón y estaba para cerrarlo, vio una hostia que, volando, se introdujo en su copón con un pequeño sonido. Se quedó pasmado.

Después de la misa, se lo contó al Padre Pío y éste le dijo:

Procura estar más atento y no distribuir la comunión tan rápidamente. Da gracias a tu ángel custodio, que no ha permitido que Jesús cayera por tierra.

Así le daba a entender que el ángel había recogido la hostia, que se le había caído sin darse cuenta e iba a caer al suelo41.

Por eso, es bueno pedir a los ángeles que nos cuiden al dar la comunión para que no caigan al suelo las pequeñas partículas, en las que está Jesús, sino que las recojan y las devuelvan nuevamente al copón. Y nosotros debemos tener más cuidado.

39 Epistolario II corrispondenza con Raffaelina Cerase, Ed P. Pío de Pietrelcina, S. Giovanni Rotondo,
1977, carta 29, p. 206.jt.
40 Hecho relatado por el Padre Alessio Parente, compañero y confidente del Padre Pío durante seis años.
Lo cuenta en su libro: Mandami il tuo angelo custode, Ed P. Pío da Pietrelcina, san Giovanni
Rotondo, 1999, pp.93-94.
41 ib. p. 108-109.t

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