Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Una religiosa contemplativa me escribía desde Polonia: Yo he experimentado un milagro de mi ángel.

Siempre me ha gustado pintar y, como religiosa, tengo mi pequeño estudio para pintar dentro del convento.

El 9 de marzo del 2004, mientras estaba pintando, encendí una pequeña vela a las 2 de la tarde.

Me olvidé de apagarla y me fui a la capilla para la adoración del Santísimo, que tenemos todos los días desde la mañana hasta la tarde.

No volví al estudio hasta el día siguiente a las 9,30 a.m. Y me sorprendí al ver todavía encendida la velita, que estaba en medio de una gran cantidad de pinturas al óleo.

La vela, cuando la prendí, tenía unos 7 cms de alto y 5 cms de ancho y, cuando la encontré, tenía todavía 1,5 cms de alto.

Realmente, creo que fue un milagro. Yo creo que fue mi ángel guardián quien me protegió y evitó un incendio, porque siempre me encomiendo a él al comenzar mi trabajo.

Otra religiosa me escribía:

El otro día le pedí a mi ángel un favor y me lo hizo. Tengo dos pajaritos y mi oficio es limpiarlos. Pero se me escaparon y desaparecieron toda la mañana. Y, a primera hora de la tarde, regresaron al nido.

Las hermanas dicen que eso fue un milagro. Y yo no cabía de contenta por el favor de mi ángel.

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