Autor: P. Angel Peña O.A.R  

    Cuando perdido en la vida
    y alejado de mi casa,
    andaba por los caminos
    sin saber por dónde andaba,
    tú caminabas conmigo
    al ritmo de mi sandalia.

    Cuando perdido en la noche,
    tenía frío en el alma,
    tú caminabas conmigo
    hasta el despertar del alba.

    Cuando estrellado en el muro
    y cercado por la valla,
    me sentía prisionero
    sin la libertad soñada,
    tú caminabas conmigo,
    deshaciendo la alambrada.

    Siempre estuviste en mi vida
    como el sol de la mañana,
    como la luna en la noche,
    como el mar sobre la playa,
    siempre estuviste a mi lado,
    animando mi esperanza.

    Por ti volvió mi Jesús
    a ser el centro de mi alma.

    Y, por eso, te doy gracias
    angelito de mi guarda.



    Yo enviaré un ángel delante
    de ti para que te defienda
    en el camino y te haga llegar
    a tu destino. Acátale y
    escucha su voz.
    (Ex 23, 20-21)
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