Autora: Luisa Piccarretta

Estaba pensando en las Horas de la Pasión escritas, y como están sin Indulgencias, quien las hace no gana nada; en cambio hay tantas oraciones enriquecidas con muchas Indulgencias…

Y mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús todo benignidad, me dijo:

“Hija mía, con las oraciones indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las Horas de la Pasión son mis mismas oraciones, mis mismas reparaciones; son todo amor y han salido del fondo de mi Corazón.

¿Has acaso olvidado cuántas veces me he unido contigo para hacerlas juntos y he cambiado los flagelos en gracias para toda la tierra?

Y es tal y tanta mi complacencia que en lugar de la Indulgencia le doy al alma un puñado de amor, que contiene precio incalculable de infinito valor.

Además, cuando las cosas son hechas por puro amor, mi amor encuentra ahí su desahogo… y no es indiferente que la criatura dé alivio y desahogo al amor de su Creador”.

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