El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pi­dió fervientemente a Dios ser rescatado y cada día escudriña­ba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabana de ma­dera para protegerse y almace­nar sus pocas pertenencias. En­tonces, un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, regresó a su casa sólo para en­contrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendien­do hasta el cielo.

Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo.

Quedó anonadado de triste­za y rabia.

«¡Dios mío!, ¿cómo pudiste hacerme esto?», se lamentó.

Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el ruido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a rescatarlo.

«¿Cómo supieron que estaba aquí?», preguntó el cansado hombre a sus salvadores. «Vi­mos su señal de humo», contes­taron ellos.

Es fácil descorazonarse cuan­do las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos por­que Dios trabaja en nuestras vi­das aún en medio del dolor y el sufrimiento.

La próxima vez que tu caba­na se vuelva humo, recuerda que puede ser la señal de que la ayu­da y gracia de Dios viene en ca­mino.

EL HUMO NO SIEMPRE ES SEÑAL DE DESASTRE… DIOS NUNCA LLEGA TAR­DE, SIEMPRE ESTÁ PRE­SENTE…

RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS DEL DOCUMENTO: «PREGUNTA NUMERO UNO»

El candidato A es Franklin D. Roosevelt.

El candidato B es Winston Churchill.

El candidato C es Adolf Hitler.

Y a propósito, si tu respuesta a la pregunta del aborto fue

sí… ¡acabas de matar a Beethoven!