Oración: de San Alfonso María de Ligorio

Santísima Virgen inmaculada, oh Madre mia, María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y refugio de los pecadores, acudo yo hoy, el más miserable de todos.

Yo os adoro, oh excelsa Reina, y os doy gracias por tantos favores como me habéis dispensado hasta el presente, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido.

Yo os amo, amabilísima Señora, y por el afecto que os profeso, protesto que quiero amaros siempre, y que haré todo lo posible a fin de que todos los demás os amen.

En Vos pongo todas mis esperanzas, toda mi salvación; admitidme por vuestro siervo, y acogedme bajo vuestro manto, Madre de misericordia.

Y ya que sois tan poderosa con Dios, libradme de todas las tentaciones, o más bien alcanzadme la fortaleza necesaria para vencerlas hasta la muerte.

A Vos pido el verdadero amor de Jesucristo, y espero que me procuréis una buena muerte.

Madre mía, por el amor que tenéis a Dios, os suplico que me ayudéis siempre, pero principalmente en los últimos momentos de mi vida.

No me abandonéis hasta que me veáis salvo en el Cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad.

Amén. Así lo espero. Así sea.

Oración: de Santo Tomas de Aquino

¡Oh beatísima y dulcísima Virgen María, llena de misericordia!, yo recomiendo a vuestra piedad mi alma, mi cuerpo, mis pensamientos, mis obras, mi vida y mi muerte.

¡Oh Señora mia!, ayudadme y confortadme contra las asechanzas del demonio; alcanzadme el verdadero y perfecto amor, con el cual ame de todo mi corazón a vuestro muy querido Hijo y Señor mío Jesucristo; y después de Él os ame a Vos sobre todas las cosas.

¡Oh Reina y Madre mia!, con vuestra poderosísima intercesión, haced que permanezca siempre en mí este amor hasta la muerte, después de la cual sea yo por Vos conducido a la patria de los bienaventurados.

Oración: de San Guillermo, obispo de París

¡Oh Madre de Dios! A Vos acudo, y os suplico que no me desechéis, ya que toda la comunión de los fieles os titula y proclama Madre de misericordia.

De tal manera Vos sois amada de Dios, que siempre os escucha; vuestra piedad jamás ha faltado a ninguno; vuestra dulce afabilidad no ha rechazado nunca a pecador alguno por grande que fuera su crimen, si se ha encomendado a Vos.

¿Por ventura la Iglesia en vano os llamaría su abogada y el refugio de los miserables?

Dios no permite que mis culpas os impidan ejercer el grande oficio de piedad que se os ha confiado en calidad He abogada y mediadora de paz, única esperanza y refugio seguro de los desdichados.

Dios no permita que su Santísima Madre, la cual dio a luz la fuente de misericordia por la salvación de todo el mundo, rechace a ninguno de los miserables que acudan a ella.

Vuestro oficio es el de reconciliadora entre Dios y los hombres; socorredme, pues, con vuestra inagotable misericordia, que es mucho mayor que todos mis pecados.

Oración: de San Pedro Damián

Santa Virgen, Madre de Dios, socorred a los que imploran vuestro auxilio. Volved vuestros ojos hacia nosotros.

¿Acaso por haber sido unida a la Divinidad ya no os acordaríais de los hombres? ¡Ah!, no por cierto.

Vos sabéis en qué peligros nos habéis dejado, y el estado miserable de vuestros siervos; no es propio de vuestra gran misericordia el olvidarse de una tan grande miseria como la nuestra.

Emplead en nuestro favor vuestro valimiento, porque el que es Omnipotente os ha dado la omnipotencia en el Cielo y en la tierra.

Nada os es imposible, pues podéis infundir aliento a los más desesperados para esperar la salvación.

Cuanto más poderosa sois, tanto más misericordiosa debéis ser.

Ayudadnos también con vuestro amor. Yo se, Señora mía. que sois sumamente benigna, y que nos amáis con un afecto al que ningún otro aventaja.

¡Cuántas veces habéis aplacado la cólera de nuestro Juez en el instante en que iba a castigarnos! Todos los tesoros de la misericordia de Dios se hallan en vuestras manos.

¡Ah! no ceséis jamás de colmarnos de beneficios.

Vos solo buscáis la ocasión de salvar a todos los miserables, y de derramar sobre ellos vuestra misericordia, porque vuestra gloria es mayor cuando porvuestra intercesión los penitentes son perdonados, y los que lo han sido entran en el Cielo.

Ayudadnos, pues, a fin de que podamos veros en el Paraíso, ya que la mayor gloria a que podemos aspirar consiste en veros, después de Dios, en amaros y en estar bajo vuestra protección.

¡Ah!, oídnos, Señora, ya que vuestro Hijo quiere honraros concediéndoos todo cuanto le pidáis.

Oración: de San Anselmo

Os rogamos, oh Santísima Señora, por el favor que Dios os ha hecho de exaltaros tanto, y de que con Él todas las cosas os sean posibles, hagáis que la plenitud de la gracia que merecisteis nos haga partícipes de vuestra gloria.

Afanaos, oh misericordiosísima Señora, en procurarnos el bien por el cual Dios se dignó hacerse hombre en vuestro casto seno.

Oíd benigna nuestras súplicas. Si os dignáis rogar a vuestro Hijo, Él al punto nos escuchará. Basta que Vos queráis salvarnos para que infaliblemente nos salvemos.

¿Quién podrá cerrar las entrañas de vuestra misericordia? Si no os apiadáis de nosotros, siendo la Madre de la misericordia, ¿cuál será nuestra suerte cuando venga vuestro Hijo a juzgarnos?

Socorrednos pues, oh piadosísima Señora, sin atender a la multitud de nuestros pecados.

Considerar que nuestro Criador ha tomado carne humana en Vos, no para condenar a los pecadores, sino para salvarles.

Si no hubieseis sido elegida por Madre de Dios más que en beneficio vuestro, entonces pudiera decirse que poco os importa que nos salvemos o condenemos; mas no, que si Dios se revistió de vuestra carne, lo hizo no menos por vuestra salvación que por la de todos los hombres.

¿De qué nos servirían vuestro poder y vuestra gloria, si no nos hicieseis partícipes de vuestra felicidad? Ayudadnos y protegednos; pues no ignoráis cuánto necesitamos de vuestro auxilio.

Nosotros nos encomendamos a Vos; haced que no nos condenemos, sino que sirvamos y amemos eternamente a vuestro Hijo Jesucristo.

Oración: de San Atanasio

Acoged, oh Virgen Santísima, nuestra súplicas, y acordaos de nosotros.

Dispensadnos los dones de vuestras riquezas y de la abundancia de las gracias de que estáis llena.

El Arcángel os saluda y os llama llena de gracia.

Todas las naciones os llaman bienaventurada, todas las jerarquías del Cielo os bendicen, y nosotros, que pertenecemos a la jerarquía terrestre, os decimos también Dios te salve, oh llena de gracia, el Señor es contigo; ruega por nosotros, oh Madre de Dios, Nuestra Señora y nuestra Reina.

Oración: de San Ildefonso

A Vos vengo, oh Madre de Dios, para suplicaros que me alcancéis el perdón de mis pecados, y me purifiquéis de todas las faltas que he cometido.

Os ruego que me concedáis la gracia de que me una afectuosamente a vuestro Hijo y a Vos: a vuestro Hijo, como a mi Dios, y a Vos, como a la Madre de mi Salvador.

Oración: de San Andrés de Candía

Os saludo, oh llena de gracia, el Señor es con Vos. Os saludo, oh instrumento de nuestra alegría, ya que por Vos la sentencia de nuestra condenación fue revocada y cambiada en juicio de bendición.

Os saludo, oh templo de la gloria de Dios, casa sagrada del Rey de la gloria:

Vos sois la reconciliadora de Dios con los hombres.

Os saludo, oh Madre de nuestra alegría: verdaderamente sois Vos bendita, porque entre todas las mujeres fuisteis hallada digna de ser Madre de vuestro Criador.

Todas las naciones os llaman bienaventurada.

¡Oh María!, si en Vos pongo mi confianza, seré salvo: si me hallare bajo vuestra protección, nada he de temer; porque ser vuestro devoto es tener armas ciertas de salvación, las que Dios soto concede a los que quiere sean salvos.

¡Oh Madre de misericordia!, aplacad a vuestro Hijo.

Mientras permanecisteis en la tierra sólo ocupabais una mínima parte de ella: mas ahora que estáis exaltada en lo más alto de los Cielos, todo el mundo os considera como el propiciatorio común de todas las naciones.

Os suplicamos, pues, oh Virgen santa, que nos concedáis el auxilio de vuestras súplicas para con Dios: súplicas que nos son más gratas y preciosas que todos los tesoros de la berra; súplicas que nos hacen a Dios propicio, y nos obtienen abundancia de gracias para recibir el perdón y practicar la virtud; súplicas que inutilizan el furor de nuestros enemigos, confunden sus designios y triunfan de sus esfuerzos.

Oración: de San Juan Damasceno

-Yo os saludo, oh María, a Vos, esperanza de los cristianos:

Recibid la súplica de un pecador que os ama tiernamente, que os honra de un modo especial, y pone en Vos toda la esperanza de su salvación.

De Vos tengo la vida: Vos me restablecéis en la gracia de vuestro Hijo, Vos sois la prenda cierta de mi salvación.

Os suplico, pues, que me libréis del grave peso de mis pecados:

Disipad las tinieblas de mi entendimiento, alejad de mi corazón los afectos terrenos, reprimid las tentaciones de mis enemigos, y dirigid mi vida de modo que por vuestro medio, teniéndoos por guía, pueda llegar a la eterna felicidad del Paraíso

Oración: de San Metodio

Vuestro nombre, oh Madre de Dios, está lleno de todas las gracias y bendiciones divinas, Vos habéis llevado en vuestro seno al que es incomprensible, y alimentado al que alimenta a todo el universo.

El que llena el Cielo y la tierra, el Señor del mundo, ha querido seros deudor, por haberle Vos revestido de la carne humana que antes no tenía.

Regocijaos, oh Madre, oh sierva de Dios, pues tenéis por deudor al que da el ser a todas las criaturas.

Nosotros somos todos deudores a Dios, pero Dios es deudor vuestro.

Así es, oh santísima Madre del Salvador, que vuestra bondad y vuestra caridad exceden a las de todos los otros Santos, y que en el Cielo podéis más que todos ellos cerca de Dios, porque sois su Madre.

¡Ah!, nosotros, que celebramos vuestras glorias y comprendemos cuan excelsa es vuestra bondad, os suplicamos que os acordéis de nosotros y de nuestras miserias.

Categorías