Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Oh Jesús, presente en la Eucaristía, quisiera ser la pequeña gota de agua que cae en el cáliz y se transforma, junto con el vino, en tu sangre divina.

Quisiera ser una pequeña partícula del pan que, en la misa, se convertirá en tu cuerpo santo.

Quisiera ser una gota de tu mar, un granito de la arena de tu playa infinita y una migaja de tu pan eucarístico para así pertenecerte por entero sin condiciones y así darme contigo a mis hermanos.

Gracias, Señor, por haberme hecho comprender que Tú eres la única fuente de alegría del universo y que, sin Ti, nadie puede ser feliz.

Gracias por haberte quedado tan cerca de mí en el sagrario, donde puedo ir todos los días a visitarte.

Gracias, porque cada vez que voy a visitarte me encuentro con tantos millones de amigos, como son los ángeles que te acompañan y te adoran en cada sagrario.

Gracias, Señor mío, por la fe que tú me has regalado.

Gracias por ser católico, y por haber comprendido que la alegría de la vida tiene un nombre y se llama Jesús Eucaristía.

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