Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Dios desea nuestra santidad. La voluntad de Dios es vuestra santificación (1 Tes 4, 3). Y el mejor medio para conseguirla es acudir a la Eucaristía.

De la Eucaristía salen ríos inmensos de gracias y bendiciones, mucho más de lo que podemos pensar o imaginar.

La Eucaristía es el mejor alimento espiritual para subir a la cumbre de la santidad.

Por eso, todos los que no creen en Jesús presente en la Eucaristía se pierden inmensas bendiciones para su santificación personal.

De ahí que, en opinión de muchos santos, solamente entre los católicos y ortodoxos puede haber grandes santos, pues a los demás les faltarán los medios necesarios para subir la empinada cuesta de la santidad.

Supongamos que un alpinista quisiera llegar a la cima del monte Everest, el monte más alto del mundo con aproximadamente 8.868 metros de altitud.

Si está mal alimentado, si no tiene los implementos necesarios, si no tiene oxígeno para aquellas alturas, por muy buena voluntad que tenga, nunca podrá llegar a la cumbre.

Eso les pasa a muchos buenos protestantes, que aman sinceramente a Jesús y desean ser santos, pero están mal alimentados espiritualmente, porque les falta el mejor alimento del alma: Jesús Eucaristía.

El mismo Papa Juan Pablo II lo decía muy bien: Todo compromiso de santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia, toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a él como a su culmen (EE 60)

La adoración del Santísimo Sacramento se convierte en fuente inagotable de santidad (EE 10). Y esto lo podemos decir, especialmente, de la misa.

Benedicto XVI decía el 18 de setiembre de 2005: Hay una relación entre la santidad y la Eucaristía. En la Eucaristía está el secreto de la santificación personal.

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