Un Ángel y un Amigo

Un ángel no nos escoge, Dios nos lo asigna…

Un amigo nos toma de la mano, y nos acerca a Dios.

Un ángel tiene la obligación de cuidarnos…

Un amigo, nos cuida por amor.

Un ángel te ayuda evitando que tengas problemas…

Un amigo, te ayuda a resolverlos.

Un ángel te ve sufrir, sin poderte abrazar…

Un amigo te abraza, porque no quiere verte sufrir.

Un ángel te ve sonreír y observa tus alegrías…

Un amigo, te hace sonreír y te hace parte de sus alegrías.

Un ángel sabe cuando necesitas que alguien te escuche…

Un amigo, te escucha sin decirle que lo necesitas.

Un ángel en realidad es parte de tus sueños…

Un amigo, comparte y lucha porque tus sueños sean una realidad.

Un ángel siempre está contigo , no sabe extrañarnos…

Un amigo, cuando no está contigo, no sólo te extraña, también piensa en ti.

Un ángel vela tu sueño…

Un amigo, sueña contigo.

Un ángel aplaude tus triunfos…

Un amigo, te ayuda para que triunfes.

Un ángel se preocupa cuando estás mal…

Un amigo, se desvive porque estés bien.

Un ángel recibe una oración tuya…

Un amigo, hace una oración por ti.

Un ángel te ayuda a sobrevivir…

Un amigo, vive por ti.

Para un ángel eres una misión que cumplir…

Para un amigo, es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida: "el amor y la amistad".

Un ángel quisiera ser tu amigo…

Un amigo, sin proponérselo, también es tu ÁNGEL.

Tus Lágrimas

Cuentan que había una vez un señor que padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.

Desde su muerte y durante años, no podía dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía.

Un día, cuenta el cuento, se le aparece un ángel en su sueño, que le dice:

¡Basta ya de llorar! "Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más"-
Le respondió el hombre.

El ángel le dice: -¿Quieres verlo?

Y al confirmarle que sí, lo toma de la mano y lo sube al cielo. -Ahora lo vas a ver, quédate acá.

A una orden suya, por una enorme acera empiezan a pasar un montón de niños vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida entre las manos, como uno se imagina el cielo con los angelitos.

El hombre dice: -¿Quiénes son?

Y el ángel le responde: son los niños que han muerto en estos años, y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros. ¿Mi hijo está entre ellos? -Preguntó el hombre.

Sí, ahora lo vas a ver – le contestó, mientras pasaban cientos y cientos de niños.

Ahí viene- avisa el ángel, y el hombre lo ve, radiante como lo recordaba. Pero de pronto, algo lo conmueve: entre todos, es el único chico que tiene la vela apagada. Siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo. En ese momento, el chico lo ve, viene corriendo y se abraza a él.

El lo abraza con fuerza, y le dice: -Hijo, ¿por qué tu vela no tiene luz? ¿por qué no encienden tu vela como a los demás? Y su hijo le responde:

-Papá, sí encienden mi vela cada mañana, igual que la de todos nosotros, pero…, ¿sabes qué pasa? cada noche tus lágrimas apagan la mía.

Tu Amigo Jesús

¡Hola! ¿Cómo estás? Yo me encuentro muy alegre, pues he resucitado y me gustaría platicar contigo de lo que ha pasado en estos días:

Resulta que el jueves, cuando estaba con mis amigos, entre ellos estaba uno que me traicionó (me vendió); pues sí, horas después, sin razón alguna, vinieron unos representantes de la ley y me tomaron preso. En esos momentos en que me juzgaban y me acusaban, me preguntaba:

  • ¿Dónde están mis amigos?". El viernes por la mañana,

cuando me azotaban, me escupían y me insultaban, yo me preguntaba:

  • "¿Qué habrá sido de mis amigos?".

Por la tarde, como a eso de la 1:00, empecé a cargar una cruz en la que yo mismo sería crucificado; tuve que caminar mucho, sintiendo el peso de los pecados del mundo y, aunado a ésto, los insultos, salivazos y burlas de la gente que sólo me veía como espectáculo. Y seguía preguntándome:

  • "¿Dónde estarán mis amigos?".

Cuando llegué al Gólgota, los soldados comenzaron a clavar mis manos en la cruz y mientras la multitud continuaba con las burlas, alcé la mirada y me di cuenta que sólo me acompañaban mi amigo Juan, María, mi madre y algunas otras mujeres. Después de sufrir durante algunas horas, ofrecí mi dolor por tus pecados y morí.

Desde que fui ENTREGADO por Judas, NEGADO por Pedro, CRUCIFICADO por los soldados, ABANDONADO por mis amigos y ACOMPAÑADO por Juan y mi Madre, me preguntaba: ¿A cuál de ellos te pareces?

Reflexiona un momento en silencio y recuerda en qué acciones me entregas, me niegas, me crucificas, me abandonas o me acompañas.

Pero no te mortifiques. No me importa cuál haya sido tu actitud. No te aflijas, porque hoy quiero que seas feliz, por eso me ofrecí y morí por tí. Porque te amo y te seguiré amando. Porque he resucitado en tí, quiero que sigamos juntos; quiero permanecer siempre en tu corazón. Que seas un vivo reflejo de mi amor; que ames a los demás, como yo te he amado. Y que resucites en mí, como Yo he resucitado en tí.

Tu amigo de siempre…

JESÚS

Tocando Vidas

El viejecito ocupaba el menor espacio que podía, no quería ser notado ni ser una molestia; su necesidad lo orillaba a esa situación.

Había quienes se sentían importunados por esa mano arrugada que se extendía con una muda petición de que se le depositara algo.

Y muchas veces, lo único que recibió fue una mirada desdeñosa.

Por tener que esperar a una persona, estacioné mi automóvil cerca de él y así fue como tuve la oportunidad de observar cómo un anciano mendigante tocaba la vida de los demás, de manera sutil y discreta.

Llegó junto a él un niño, apretando nerviosamente una pequeña moneda, anticipando la sensación de dar, dándole su única posesión y alejándose juguetonamente.

Pasó un apurado padre que lo usó de ejemplo de cómo se ven los robachicos, para intimidar inútilmente a su revoltoso vastago.

Llegó una viejecita, quien no sólo le dio una moneda, sino que también le obsequió el calor de unas palabras de comprensión y de ánimo para que se cuidara del frío, que sin misericordia se hacia sentir.

Un jubilado, pasó junto a él y en su rostro se leyó un agradecimiento a Dios por la familia que tenía y por el cheque que cada mes recibía.

Pasó un policía que se hizo el desentendido al ver el temor en los ojos de alguien completamente inofensivo, que le recordó a su viejo, prosiguiendo su camino imperturbable.

Pasaron como cincuenta personas y nadie le prestó atención sumergidas en sus propias necesidades,

Me bajé del auto y me dirigí resueltamente a él; me miró con desesperanza, por su mente pasó la eminente expulsión pensando que yo era el propietario del negocio donde él se refugiaba. - ¡Señor!.- le dije en voz alta, por si no oía bien, - ¡hace frío y voy al restaurante!, ¿me permite que le invite algo?

Hizo el intento de negarse a aceptar, pero el frío reinante le dio valor para decidirse… -Una malteada por favor…-

Cuando cumplí su pedido, recibí el gracias más sincero y conmovedor que he escuchado. Me agradecía el haberlo hecho sentir humano, por esa pequeña atención que había tenido con él.

Dejó de sentirse en ese momento un estorbo, un anciano solitario, un despojo que la sociedad inhumana y fría, esperaba impaciente su desaparición.

De repente, fue un recuerdo traído a su estado actual y se sintió con vida, joven y viril, útil y amado, pero lo que más me impresionó, no fue ese cambio, sino la sabiduría de sus ojos.

¡Porque él sabía que por unas monedas, tocaba las vidas con su triste ejemplo!.

Como se han de imaginar, la persona que yo esperaba ya me estaba aguardando impaciente.

¡Nunca volteó a ver al anciano y concluí que esa lección sólo era para mí!.

Tienda de la Verdad

El hombre caminaba, paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo, y entonces se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta a una esquina, se encontró de pronto frente a un modesto local, cuya marquesina estaba en blanco. Intrigado, se acercó a la vidriera y arrimó la cara al cristal, para poder mirar dentro del oscuro escaparate…; en el interior, solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: "TIENDA DE LA VERDAD".

El hombre estaba sorprendido. Pensó, era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad? Si, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: Verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que ésto era posible: llegar a un lugar, y llevarse la verdad, era maravilloso.

  • Verdad completa- contestó el hombre sin dudarlo. - Estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones-, pensó, -no quiero más generalizaciones, ni justificaciones, engaños ni defraudaciones-. ¡Verdad plena!- ratificó.

Bien, señor, sígame-. La señorita acompañó al cliente a otro sector, y señalando a un vendedor de rostro muy adusto, le dijo: -El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara. Vengo a comprar la verdad
completa. Aja, perdón, ¿el señor sabe el precio? No, ¿cuál es? – contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera, por toda la verdad.

Si usted se la lleva, -dijo el vendedor- el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre; nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.

  • Gra… gracias, disculpe…- balbuceó. Se dio vuelta y salió del negocio, mirando el piso.

Se sintió un poco triste, al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.

  • Quizás más adelante-, pensó… No necesariamente lo que para mi es beneficioso, lo es también para otro. Puede suceder, y es justo que así sea, que alguien crea que el precio de cierto beneficio, sea demasiado costoso. Es válido que cada uno decida qué precio quiere pagar, a cambio de lo que recibe, y es lógico que cada uno elija el momento para recibir lo que el mundo le ofrece, sea la verdad o cualquier otro "beneficio".
Categorías