El Sueño

"Una vez, en el lugar más hermoso del universo vivía un niño llamado Sueño, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.

Sueño se pasaba la vida por allá en lo alto, por las nubes, jugando y jugando todo el día.

Una vez, se dio cuenta que él no crecía como lo hacían sus amigos; además, empezó a sentirse muy débil, y poco a poco perdió sus ganas de jugar.

Un gran día, Dios desde el cielo, al ver a su amado hijo Sueño tan débil, envió un mensajero celestial en su ayuda.

El mensajero llevaba consigo un maletín muy especial que contenía alimentos Divinos, para así fortalecer y hacer crecer al niño.

Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día, aquel enviado del Cielo lo alimentaba con aquellos celestiales manjares:

Muchos caldos de constancia con fuerza; platos muy nutritivos de voluntad y trabajo; postres hechos a base de voluntad y paciencia; fantásticos jugos hechos con decisión. Y lo más importante: Tratándolo con mucha confianza y sobre todo, con mucho amor a Dios, Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño, para convertirse en Meta y, claro que siguió jugando, pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, poco a poco fue conociendo otros mundos, mundos como la felicidad y la satisfacción. Y, cierto día, Meta dejó de ser Meta y se transformó en REALIDAD.

"Yo quiero que mi Sueño se convierta en Meta y luego en REALIDAD…. y para eso, creo que debo empezar a vivir".

El Segundo Traje

Cierta vez, un hombre visitó a su Rabí y le relató su problema.

-"Rabí, soy un sastre. Con los años, he ganado una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida: El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que fuera posible conseguir en el país.

Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, el príncipe comenzó a gritarme e insultarme.

-¿Esto es lo mejor que puedes hacer? Es una atrocidad. ¿Quién te enseñó a coser?

Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. Rabí, estoy arruinado. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida.
Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto. ¡No entiendo qué sucedió, ha sido el mejor traje que he hecho en años!". El Rabí le contestó -"Vuelve a tu negocio, descose cada una de las puntadas de la prenda y vuelve a coserlas exactamente como lo habías hecho antes. Luego, llévala al príncipe de nuevo".

-"Pero obtendré el mismo traje que tengo ahora"-, protestó el sastre. -"Además, mi estado de ánimo no es el mismo".

-"Haz lo que te indico y Dios te ayudará"-, dijo el Rabí.

Dos semanas después, el sastre retornó:

-"Rabí, usted ha salvado mi . vida. Cuando le presenté nuevamente el traje al príncipe, su rostro se iluminó y exclamó: -¡Este es el traje más hermoso y delicado que haya visto en toda mi vida!

Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Pero Rabí, deseo saber ¿cuál era la diferencia entre el primer traje y el segundo?". El Rabí le explicó:

-"El primer traje fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza.

Sin embargo, la segunda costura fue hecha con humildad y con el corazón quebrantado, transmitiendo una belleza esencial que provocaba admiración en quien la veía".

El Saco de Plumas

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, y todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que había alcanzado. Tiempo después, se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo y visitó a un hombre muy sabio, a quien le dijo:

  • Quiero reparar todo el daño que le hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?

El sabio le respondió:

  • Muy sencillo: Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta cada una por
    donde vayas.

El hombre, muy contento por aquello tan fácil, tomó el saco lleno de plumas, y al cabo de un día, las había soltado todas. Volvió donde el sabio, y le dijo:

Ya he terminado. El sabio le contestó: Esa es la parte más fácil.

Ahora, debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas. El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo:

Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo, el mal que le hiciste a tu amigo voló de boca en boca y el daño ya está hecho.

Lo único que puedes hacer es pedirle perdón, pues no hay forma de revertir lo que hiciste.

El Regalo

Una niña en África le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol. - ¿Dónde lo encontraste?

La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.

  • No debiste haber ido tan lejos, sólo para buscarme un regalo.

La sabia niña sonrió y contestó:

  • Maestra, la larga caminata es parte del regalo.

El Preso

Un juez iba a liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo

pasar a uno por uno a una "entrevista" con él, para ver quien merecía ser liberado.

Al preguntar al primero por qué estaba allí, éste dijo:

  • "Estoy aquí, porque me calumniaron y me acusaron injustamente".

Llamó al segundo, y éste contestó: -"Estoy aquí, porque dicen
que robé, pero es mentira".

De esta forma, fueron pasando todos los presos y se declaraban inocentes. Hasta que llegó el último, quien dijo:

  • "Estoy aquí porque maté un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control y por eso lo
    maté. Pero hoy me doy cuenta de que lo que hice estuvo mal y estoy muy arrepentido".

El juez se levantó y dijo:

-Voy a liberar a este último preso. Todos se quedaron perplejos y dijeron. Pero ¿por qué lo vas liberar a él?

El juez contestó: - El castigo es para los que esconden su falta. La misericor dia, para los que reconocen su falta y se arrepienten.

La única prueba de que hemos recibido el perdón, es la de que hemos aprendido a perdonar. Louise Evely

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