por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
La madre de 26 años se quedó absorta mirando a su hijo que moría de leucemia terminal. Aunque su corazón estaba agobiado por la tristeza, también tenía ella un fuerte sentido de determinación. Como cualquier madre, ella deseaba que su hijo creciera y realizara todos sus sueños. Pero ahora eso no era posible para su hijo. La leucemia no se lo permitiría. Pero aun así, ella todavía quería que los sueños de su hijo se realizaran. Ella tomó la mano de su hijo y le preguntó:
Billy, ¿Alguna vez pensaste en lo que querías ser cuando crecieras? ¿Soñaste alguna vez y pensaste en lo que harías con tu vida?
Mami, siempre quise ser un bombero cuando creciera. La madre se sonrió, y dijo:
Veamos si podemos hacer realidad tu sueño.
Ese día, más tarde, ella se dirigió a la Estación de Bomberos de Phoenix, Arizona. Allí conoció al bombero Bob, un hombre con un corazón grande como Phoenix. Ella le explicó el deseo último de su hijo y le preguntó si era posible darle a su hijo de seis años un paseo alrededor de la cuadra en un camión bombero. El bombero Bob dijo:
-Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Tenga a su hijo listo mañana miércoles a las 7 en punto de la mañana y lo haremos un 'Bombero Honorario' durante todo el día. El puede venir con nosotros aquí a la Estación, comer con nosotros y salir con nosotros cuando recibamos llamadas de incendios. Y si usted nos da sus medidas, le conseguiremos un verdadero uniforme de bombero, con un sombrero verdadero que lleve el emblema de la Estación de Bomberos de Phoenix, no uno de juguete, sino el emblema amarillo que nosotros llevamos, y sus botas de hule. Todo eso es hecho aquí en Phoenix, así que nos es fácil conseguirlo bastante rápido.
Al día siguiente, el bombero Bob recogió a Billy, le puso su uniforme de bombero y lo condujo desde la cama del hospital hasta el camión bombero. Billy tuvo que sentarse en la parte de atrás del camión, y ayudar a conducirlo de regreso a la estación. El se sentía como en el cielo. Hubo tres llamadas en Phoenix ese día y Billy tuvo que salir en las tres llamadas. El fue en tres camiones diferentes. Fue en el microbús paramédico y también en el carro del Jefe de Bomberos. También le tomaron videos para las noticias locales
-Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Tenga a su hijo listo mañana miércoles a las 7 en punto de la mañana y lo haremos un 'Bombero Honorario' durante todo el día. El puede venir con nosotros aquí a la Estación, comer con nosotros y salir con nosotros cuando recibamos llamadas de incendios. Y si usted nos da sus medidas, le conseguiremos un verdadero uniforme de bombero, con un sombrero verdadero que lleve el emblema de la Estación de Bomberos de Phoenix, no uno de juguete, sino el emblema amarillo que nosotros llevamos, y sus botas de hule. Todo eso es hecho aquí en Phoenix, así que nos es fácil conseguirlo bastante rápido.
Al día siguiente, el bombero Bob recogió a Billy, le puso su uniforme de bombero y lo condujo desde la cama del hospital hasta el camión bombero. Billy tuvo que sentarse en la parte de atrás del camión, y ayudar a conducirlo de regreso a la estación. El se sentía como en el cielo. Hubo tres llamadas en Phoenix ese día y Billy tuvo que salir en las tres llamadas. El fue en tres camiones diferentes. Fue en el microbús paramédico y también en el carro del Jefe de Bomberos. También le tomaron videos para las noticias locales
televisión. Habiendo hecho realidad su sueño, y con todo el amor y la atención que le fue dada, Billy fue tocado tan profundamente en su corazón, que logró vivir tres meses más de lo que cualquier médico pensó que viviría.
Una noche todas sus señales vitales comenzaron a decaer dramáticamente, y el Jefe de Enfermería, que creía en el concepto hospicial que nadie debe morir solo, comenzó a llamar a los miembros de la familia para que vinieran al hospital. Luego, recordó el día en que Billy había pasado como si fuera un bombero, así que llamó al Jefe de la Estación y le preguntó si era posible que enviara a un 'bombero' uniformado al hospital, para que estuviera con Billy mientras entregaba su alma.
El Jefe le dijo:
- Haremos algo mejor. Estaremos allí en cinco minutos. ¿Me hará un favor? Cuando
oigan las sirenas sonando y las luces centelleando, ¿podría anunciar por los altoparlantes que no hay ningún incendio? Sino que es el Departamento de Bomberos que va a ver a uno de sus más finos miembros una vez más. Y por favor, ¿podría abrir la ventana de su cuarto?
Cinco minutos más tarde, un gancho y la escalera del carro bombero llegaron al hospital, y se extendieron hasta el tercer piso donde estaba la ventana abierta del cuarto de Billy, y 16 'bomberos' subieron por ella y entraron al cuarto. Con el permiso de su mamá, cada uno de ellos lo abrazó y lo arrulló, diciéndole cuánto lo amaban…
Con su aliento agonizante, Billy miró al Jefe de los Bomberos y dijo:
- Jefe, ¿Soy verdaderamente un bombero, ahora?
El Jefe le respondió: -Si, Billy, ¡LO ERES!
Con esas palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última vez.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
El siguiente es el relato verídico de un hombre llamado Víctor.
Al cabo de meses de encontrarse sin trabajo, se vio obligado a recurrir a la mendicidad para sobrevivir, cosa que detestaba profundamente.
Una fría tarde de invierno, se encontraba en las inmediaciones de un club privado, cuando observó a un hombre y a su esposa que entraban al mismo. Víctor le pidió al hombre unas monedas para poder comprarse algo de comer.
- Lo siento, amigo, pero no tengo nada de cambio – replicó éste. La mujer, que oyó la conversación, preguntó:
¿Qué quería ese pobre hombre? Dinero para una comida. Dijo que tenía hambre. -
respondió su marido. ¡Lorenzo, no podemos entrar a comer una comida suntuosa
que no necesitamos, y dejar a un hombre hambriento aquí afuera! - dijo ella.
¡Hoy en día hay un mendigo en cada esquina! Seguro que quiere el dinero para beber, -dijo molesto él.
¡Yo tengo un poco de cambio! Le daré algo. - dijo ella.
Aunque Víctor estaba de espaldas a ellos, oyó todo lo que dijeron. Avergonzado, quería
alejarse corriendo de allí, pero en ese momento oyó la amable voz de la mujer que le decía:
Aquí tiene unas monedas. Consígase algo de comer. Aunque la situación está difícil,
no pierda las esperanzas. En alguna parte hay un empleo para usted. Espero que pronto lo encuentre.
¡Muchas gracias, señora! Me ha dado usted ocasión de comenzar de nuevo, y me ha
ayudado a cobrar ánimo. Jamás olvidaré su gentileza.
Estará usted comiendo el pan de Cristo. Compártalo – dijo ella, con una cálida sonrisa dirigida más bien a un hombre, y no a un mendigo. Víctor sintió como si una descarga eléctrica le recorriera el cuerpo.
Encontró un lugar barato donde comer, gastó la mitad de lo que la señora le había dado, y resolvió guardar lo que le sobraba para otro día. ¡Comería el pan de Cristo dos días! Una vez más, aquella descarga eléctrica corrió por su interior.
¡El pan de Cristo! -¡Un momento! - pensó. No puedo guardarme el pan de
Cristo solamente para mí mismo.
Le parecía estar escuchando el eco de un viejo himno que había aprendido en la escuela.
En ese momento, pasó a su lado un anciano. Quizás ese pobre anciano
tenga hambre - pensó. Tengo que compartir el pan de Cristo.
Oiga - exclamó Víctor-. ¿Le gustaría entrar y comerse una buena comida?
El viejo se dio vuelta, y lo miró asombrado.
- ¿Habla usted en serio, amigo?
El hombre no daba crédito a lo que le pasaba, hasta que se sentó a una mesa cubierta con un mantel y le pusieron delante un plato de guiso caliente. Durante la cena, Víctor notó que el hombre envolvía un pedazo de pan en su servilleta de papel.
¿Está guardando un poco para mañana? - le preguntó. No…, no. Es que hay un
chico que conozco por donde suelo frecuentar. La ha pasado mal últimamente y estaba
llorando cuando lo dejé. Tenía hambre. Le voy a llevar el pan.
¡El pan de Cristo! - Recordó nuevamente las palabras de la mujer, y tuvo la extraña sensación de que había un tercer convidado sentado a aquella mesa. A lo lejos, las campanas de una iglesia parecían entonar a sus oídos el viejo himno que le había sonado antes en la cabeza.
Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento, que comenzó a engullírselo. De golpe se detuvo y llamó a un perro, un perro perdido y asustado. -Aquí tienes, perrito. Te doy la mitad - dijo el niño. ¡El pan de Cristo! Alcanzaría también para el hermano perro. San Francisco de Asís habría hecho lo mismo - pensó Víctor.
El niño había cambiado totalmente de semblante. Se puso de pie y comenzó a vender el periódico con entusiasmo.
- Hasta luego - dijo Víctor al viejo-. En alguna parte hay un empleo para usted. Pronto dará con él. No desespere. ¿Sabe? – su voz se tornó en un susurro-. Esto
que hemos comido es el pan de Cristo. Una señora me lo dijo, cuando me dio aquellas monedas para comprarlo. ¡Dios, en el futuro, nos deparará algo bueno!
Al alejarse el viejo, Víctor se dio vuelta y se encontró con el perro que le olfateaba la pierna. Se agachó para acariciarlo y descubrió que tenía un collar que llevaba grabado el nombre del dueño.
Víctor recorrió el largo camino hasta la casa del dueño del perro, y llamó a la puerta. Al salir éste, y ver que había encontrado a su perro, se puso contentísimo.
De golpe, la expresión de su rostro se tornó seria. Estaba por reprocharle a Víctor, que seguramente había robado el perro para cobrar la recompensa, pero no lo hizo. ¿Le interesaría un empleo? Venga a mi oficina mañana. Me hace mucha falta una persona íntegra como usted.
Al volver a emprender Víctor la caminata por la avenida, aquel viejo himno que recordaba de su niñez volvió a sonarle en el alma. Se titulaba:
Parte el Pan de Vida…
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
El odio llora;
El odio es triste;
El odio irrita;
El odio es vengativo;
El odio siembra y
levanta desengaños;
El odio aulla como el lobo;
El odio es oscuro como la noche;
El odio es amargo como la hiél;
El odio es un mundo de tinieblas;
El odio enardece;
El odio destruye;
El odio es un río de lágrimas;
El odio es un desierto de
mentiras y engaños;
El odio es terrenal;
El odio es el infierno;
el amor sonríe,
el amor es alegre,
el amor calma,
el amor es perdonar,
el amor siembra,
pero cosecha bendiciones,
el amor canta como el ave.
el amor es claro como el día.
el amor es dulce como la miel,
el amor es un cielo de luz.
el amor pacifica,
el amor construye,
el amor es un mar de felicidad,
el amor es un santuario de
dicha y de verdad,
el amor es celestial,
el amor es el cielo
El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Cierto día, un mercader ambulante iba caminando hacia un pueblo. Por el camino encontró una bolsa con 800 dólares. El mercader decidió buscar a la persona que había perdido el dinero para entregárselo, pues pensó que el dinero pertenecía a alguien que llevaba su misma ruta.
Cuando llegó a la ciudad, fue a visitar a un amigo.
¿Sabes quién ha perdido una gran cantidad de dinero?- le preguntó a éste.
Sí, sí. Lo perdió Juan, nuestro vecino, que vive en la casa de enfrente.
El mercader fue a la casa indicada y devolvió la bolsa.
Juan era una persona avara, y apenas terminó de contar el dinero gritó:
- ¡Faltan 100 dólares! Esa era la cantidad de dinero que yo iba a dar como recompensa. ¿Cómo lo has tomado sin mi permiso? Vete de una vez. Ya no tienes nada que hacer aquí.
El honrado mercader se sintió indignado por la falta de agradecimiento. No quiso pasar por ladrón y fue a ver al juez.
El avaro fue llamado a la corte. Insistió ante el Juez que la bolsa contenía 900 dólares. El mercader aseguraba que eran 800. El juez, que tenía fama de sabio y honrado, no tardó en decidir el caso. Le preguntó al avaro:
Tú dices que la bolsa contenía 900 dólares ¿verdad? Sí, señor, respondió Juan.
Tú dices que la bolsa contenía 800 dólares, le preguntó el juez al mercader.
Sí, señor. Pues bien, dijo el juez, considero que ambos son personas honradas e incapaces de mentir. A tí, porque has devuelto la bolsa con el dinero, pudiéndote quedar con ella. A Juan, porque lo conozco desde hace tiempo. Esta bolsa de dinero no es la de Juan; aquella contenía 900 dólares. Esta sólo tiene 800. Así pues, quédate tú con ella, hasta que aparezca su dueño. Y tú, Juan, espera que alguien te devuelva la tuya.
No dejes tus decisiones importantes al azar; esfuérzate por llegar a la cima, a tu meta, y a tu premio.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Hoy cierras un volumen más del libro de tu vida. Cuando comenzaste este libro, todo era tuyo, te lo puso Dios en las manos, podías hacer con él lo que quisieras: un poema, una pesadilla, una blasfemia, un sistema, una oración.
Podías…, hoy ya no puedes; no es tuyo, ya lo has escrito, ahora es de Dios. Te lo va a leer todo Dios el mismo día en que te mueras, con todos sus detalles. Ya no puedes corregirlo. Ha pasado al dominio de la eternidad.
Piensa unos momentos en esta última noche del año. Toma tu libro y hojéalo despacio, deja pasar sus páginas por tus manos y por tu conciencia. Ten el gusto de verte a ti mismo. Lee todo. Repite aquellas páginas de tu vida, en las que pusiste tu mejor estilo.
No olvides, que uno de tus mejores maestros eres tú mismo. Lee también aquellas páginas que nunca quisieras haberlas escrito. No… no intentes arrancarlas, es inútil. Ten valor para leerlas, son tuyas. No puedes arrancarlas, pero puedes anularlas cuando escribas tu siguiente libro. Si lo haces, Dios pasará éstas de corrido cuando te lea tu libro en el último día.
Lee tu libro viejo en la última noche del Año. Hay en él, trozos de tí mismo; es un drama apasionado en el que el primer personaje eres tú. Tú en escena con Dios, con tu familia, con tu trabajo, con la sociedad. Tú lo has escrito con el instrumento asombroso de tu libre albedrío, sobre la superficie inmensa y movediza del mundo. Es un libro misterioso, que en su mayor parte, la más interesante, no puede leerlo nadie más que Dios y tú.
Si tienes ganas de besarlo, bésalo; si tienes ganas de llorar, llora fuerte sobre tu viejo libro en esta última noche del año.
Pero, sobre todo, ora sobre tu libro viejo. Tómalo en tus manos, levántalo hacia el cielo y dile a Dios sólo dos frases:
¡Gracias Papito!… ¡Perdóname Señor!… Después…, dáselo a Cristo.
No importa como esté, aunque tenga páginas negras, Cristo sabe perdonar. Esta noche te ha de dar Dios otro libro completamente blanco y nuevo. Es todo tuyo. Vas a poder escribir en él lo que quieras.
Pon el nombre de Dios en la primera página. Sí…, ¡ponlo en el primer lugar de tu vida! Después, dile que no te deje escribirlo solo. Dile que te tenga siempre de la mano…, y en su corazón.