La Sonrisa

Cada sonrisa que no das, es una sonrisa que no tienes.

No basta la sonrisa sobre los labios, es preciso algo más profundo que salga del corazón, pues de la abundancia del corazón habla tu boca.

Deja en torno a tí el perfume delicado de una sonrisa cariñosa, mensajera de paz y amor.

Una sonrisa no cuesta nada, pero cómo enriquece a quien la recibe.

La sonrisa es el arma poderosa que abre todos los caminos, aun los más difíciles.

Es de héroes reír cuando el corazón llora.

La Mujer II

Cuenta una leyenda que al principio del mundo, cuando Dios decidió crear a la mujer, encontró que había agotado todos los materiales sólidos en el hombre y no tenía más de qué disponer.

Ante este dilema y después de profunda medi­tación, hizo esto:

Tomó la redondez de la luna, las suaves curvas de las olas, la tierna adhesión de la enredadera, el trémulo movimiento de las hojas, la esbeltez de la palmera, el tinte delicado de las flores, la amorosa mirada del ciervo, la alegría del rayo del sol y las gotas del llanto de las nubes; la inconstancia del viento y la fidelidad del perro, la timidez de la tórtola y la vanidad del pavo real, la suavidad de la pluma del cisne y la dureza del diamante, la dulzura de la paloma y la crueldad del tigre, el ardor del fuego y la frialdad de la nieve.

Mezcló tan desiguales ingredientes, formó a la mujer y se la dio al hombre.

Después de una semana vino el hombre y le dijo:

"Señor, la criatura que me diste me hace desdichado, quiere toda mi atención, nunca me deja solo, charla intensamente, llora sin motivo, se divierte en hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque ¡NO PUEDO VIVIR CON ELLA!"

"Bien, contestó Dios" y tomó a la mujer.

Pasó otra semana, volvió el hombre y le dijo:

"Señor, me encuentro muy solo desde que te devolví a la criatura que hiciste para mí, ella cantaba y jugaba a mi lado, me miraba con ternura y su mirada era una caricia, reía y su risa era música, era hermosa a la vista y suave al tacto.

Devuélvemela, porque ¡NO PUEDO VIVIR SIN ELLA!"

Y es así como al final de los tiempos el hombre y la mujer siguen unidos, en el propósito original de Dios porque ya no son dos sino uno como es y deberá ser siempre.

"Si un segundo basta para morir, debe bastar para cambiar”

La Mujer I

No está bien que un hijo aparte a su madre para ocupar el primer sitio. Quien no honra siempre a su madre, el ser más sagrado después de Dios, no es digno del nombre de hijo.

Escuchad, pues, lo que voy a deciros: honrad a la mujer, pues es la madre del mundo, y toda la verdad de la creación divina descansa en ella.

Ella es la base de todo cuanto existe de Bueno y Hermoso, como también el germen de la Vida y la Muerte. Toda la existencia del hombre depende de ella, pues es su apoyo espiritual y natural en sus trabajos.

Ella os trae al mundo en me­dio de dolores; con el sudor de su frente vigila vuestro creci­miento, y hasta el momento de su muerte le causáis las más vi­vidas inquietudes. Bendecidla y honradla, pues es vuestra única amiga y vuestro sostén en la tie­rra. Respetadla y defendedla; si obráis así, os ganaréis su amor y su corazón, y os haréis gratos a Dios, y por eso se os perdo­narán muchos pecados.

Amad del mismo modo a vuestras mujeres y honradlas; pues mañana serán madres y después abuelas de todo un pue­blo.

Sed condescendientes con la mujer; su amor ennoblece al hombre, suaviza su endurecido corazón, amansa a la fiera sal­vaje y hace de ella un dulce cor­dero.

La mujer y la madre -un te­soro incalculable que os ha dado Dios-, son las más hermosas ga­las de la Creación, y de ellas nacerá todo cuanto habitará en el mundo.

Al igual que el Dios de los ejércitos, al principio de los tiem­pos separó la luz de las tinieblas y la tierra firme de las aguas, la mujer posee el don divino de separar en el hombre las buenas intenciones de los malos pensa­mientos.

Y por eso os digo que vues­tros mejores pensamientos hacia Dios deben pertenecer a la mu­jer y a las esposas, porque la mujer es para vosotros el tem­plo divino donde conseguiréis más fácilmente la felicidad com­pleta.

Cread en ese templo vuestra fuerza moral; allí olvidaréis vues­tros pesares y vuestros fracasos, y allí recuperaréis las fuerzas perdidas que os serán necesarias para ayudar a vuestro prójimo. No la sometáis a ninguna hu­millación, pues precisamente con ello os humillaríais a vosotros mismos y perderíais el sentimien­to del amor, sin el cual nada per­dura.

Proteged a la mujer para que ella os proteja a vosotros y a toda vuestra familia. Todo lo que vosotros hagáis por vuestra ma­dre, vuestra esposa, por una viu­da o por otra mujer que lo ne­cesite, lo habréis hecho por vuestro Dios.

La Mente de Dios Es Diferente

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pi­dió fervientemente a Dios ser rescatado y cada día escudriña­ba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabana de ma­dera para protegerse y almace­nar sus pocas pertenencias. En­tonces, un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, regresó a su casa sólo para en­contrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendien­do hasta el cielo.

Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo.

Quedó anonadado de triste­za y rabia.

"¡Dios mío!, ¿cómo pudiste hacerme esto?", se lamentó.

Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el ruido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a rescatarlo.

"¿Cómo supieron que estaba aquí?", preguntó el cansado hombre a sus salvadores. "Vi­mos su señal de humo", contes­taron ellos.

Es fácil descorazonarse cuan­do las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos por­que Dios trabaja en nuestras vi­das aún en medio del dolor y el sufrimiento.

La próxima vez que tu caba­na se vuelva humo, recuerda que puede ser la señal de que la ayu­da y gracia de Dios viene en ca­mino.

EL HUMO NO SIEMPRE ES SEÑAL DE DESASTRE… DIOS NUNCA LLEGA TAR­DE, SIEMPRE ESTÁ PRE­SENTE…

RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS DEL DOCUMENTO: "PREGUNTA NUMERO UNO"

El candidato A es Franklin D. Roosevelt.

El candidato B es Winston Churchill.

El candidato C es Adolf Hitler.

Y a propósito, si tu respuesta a la pregunta del aborto fue

sí… ¡acabas de matar a Beethoven!

La Mariposa

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mari­posa cuando saliera del capullo.

Un día vio que había un pe­queño orificio y entonces se sen­tó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por abrirlo más grande y poder salir. El hombre vio que forcejeaba duramente para po­der pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que lle­gó un momento en el que pare­ció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progre­saba en su intento.

Pareció que se había atasca­do. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera corto al lado del agujero para hacerlo más grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo.

Sin embargo, al salir la mari­posa tenía el cuerpo muy hincha­do y unas alas pequeñas y do­bladas. El hombre continuó ob­servando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se des­doblarían y crecerían lo suficien­te para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba Ninguna de las dos situacio­nes sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hin­chado y sus alas dobladas… Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bon­dad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el di­minuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudie­se volar.

Libertad y el volar solamente podrían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lu­cha, también le fue privada su salud.

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si Dios nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstácu­los, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.

Cuántas veces hemos queri­do tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el es­fuerzo para poder ser libres.

Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a tra­vés de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortale­cidos, así como el oro es refinado con el fuego.

Nunca permitamos que las cosas que no po­demos tener, o no tene­mos, interrumpan nues­tro gozo de las cosas que tenemos y podemos te­ner.

No pensemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada ins­tante de cada día por lo que te­nemos y nos ha sido dado.

Categorías