por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Un maestro propuso el siguiente relato:
-"Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre?"
"Que es un necio" -respondió uno de los discípulos-. "¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?"
Dijo el maestro:
-"Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que sus cónyuges les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos.
Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro".
Deja ya de cargar el peso del odio o del resentimiento.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
La mamá y el papá estaban viendo TV cuando la mamá dijo:
"Estoy cansada y se está haciendo tarde; creo que ya me voy a acostar".
Fue a la cocina e hizo unos sandwiches para los desayunos; sacó carne del congelador para la comida del siguiente día, revisó los niveles de los frascos de cereales, llenó el envase del azúcar, puso la mesa y echó café en la cafetera para la mañana siguiente.
Puso después la ropa húmeda en la secadora, puso una carga de ropa sucia en la lavadora, planchó una camisa, y le cosió un botón que estaba suelto. Recogió las piezas del juego que estaban en la mesa, y puso la guía telefónica amarilla dentro de su cajón. Regó las plantas, sacó la basura y colgó una toalla para que se secara.
Bostezó, se estiró y se dirigió a su habitación. Se detuvo frente al escritorio, y escribió una nota a la maestra, contó el dinero para el día de excursión, y sacó un libro de texto que estaba escondido debajo de la silla.
Firmó una tarjeta de cumpleaños para una amiga, la ensobró y le pegó la estampilla, y escribió una lista para el supermercado. Puso ambas cerca de su cartera. Entonces se puso crema en la cara, se lavó los dientes y usó hilo dental, y después se limó las uñas.
El marido la llamó - "Creí que ya te ibas a la cama".- "Estoy en camino"-, dijo ella.
Puso agua en el plato del perro, y sacó al gato; entonces se aseguró de que las puertas estuvieran cerradas. Fue a revisar a los niños y apagó las lámparas de las camas; colgó una camisa, puso algunas medias en el cesto de ropa sucia, y tuvo una pequeña conversación con uno que todavía seguía haciendo deberes.
Ya en su cuarto, puso la alarma del reloj, preparó la ropa para el día siguiente, y arregló los zapatos. Incluyó tres cosas en la lista de cosas que hacer para el día siguiente. Para entonces, el esposo apagó la TV, y anunció que él ya se iba a dormir, y así lo hizo. ¿Algo extraordinario aquí?… Me pregunto por qué las mujeres viven más… PORQUE SOMOS MAS FUERTES… HECHAS PARA EL LARGOMETRAJE…
No nos engañemos, no somos mas fuertes, simplemente Dios nos hizo especiales, porque Él sabía que teníamos que ser…, ¡el pilar de fortaleza de todo hogar!
Por supuesto, dejándole siempre el lugar de la cabeza, al hombre, quien lo merece.
Saludos a todas esas mujeres especiales. Que Dios las bendiga, y recuerden que si bien es cierto que el pecado entró al mundo a través de Eva, también ¡la salvación llegó a través de una mujer "MARÍA"!
NOTA:
HOMBRES: "SIGAN VALORANDO LAS PEQUEÑAS O GRANDES COSAS QUE HACEN SUS ESPOSAS, MADRES, HIJAS O AMIGAS".
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Qué maravillosa historia, realmente nunca se sabe como nos va a suceder nuestro milagro.
Teresita era una niña precoz de ocho años, cuando oyó a su mamá y a su papá que hablaban de su hermano pequeño Andrés.
Todo lo que entendió era que estaba muy enfermo y sus padres sin dinero. Ellos se cambiarían el mes próximo a un complejo de apartamentos porque su papá no tenía dinero para los pagos del doctor y la mensualidad de nuestra casa.
Solamente una cirugía muy costosa podría salvarlo y parecía que allí nadie podría prestarle el dinero. Ella oyó a papá decir a su atemorizada mamá susurrarle con desesperación, "Solamente un milagro puede ahora salvarlo".
Teresita fue a su dormitorio y jaló de su lugar un frasco de cristal que ocultaba en el armario. Vació el cambio en el piso y lo contó cuidadosamente. Lo contó tres veces para que no hubiera posibilidad de errores. Colocó cuidadosamente las monedas dentro del frasco, lo cerro nuevamente y salió por la puerta trasera para caminar 6 cuadras al almacén farmacéutico Rexall con un gran signo indio rojo sobre la puerta. Pacientemente esperó al farmacéutico para que la atendiera, pero él estaba demasiado ocupado en ese momento.
Teresita torció sus pies para hacer ruido en el piso. Pero nada.
Ella despejó su garganta con el ruido más repugnante que pudo. Pero nada.
Finalmente, con una esquina de su frasco golpeó en la cubierta de cristal. ¡Eso hizo!
"¿Qué desea usted?" Preguntó el farmacéutico en un tono molesto de voz, "estoy hablando con mi hermano de Chicago que no he visto en años", le dijo sin esperar una contestación a su pregunta.
"Bien, deseo hablar con usted sobre mi hermano", contestó Teresita en igual tono molestó. "El está muy, pero muy enfermo… y deseo comprar un milagro". "¡Perdóneme!" Le dijo al farmacéutico. "Su nombre es Andrés y tiene algo malo creciendo dentro de su cabeza, y dice mi papá que solamente un milagro puede salvarlo ahora. Pero… ¿Cuánto cuesta un milagro?".
"No vendemos aquí milagros, niñita. Estoy apenado pero no puedo ayudarte", dijo el farmacéutico en un tono más blando.
"Escuche, tengo el dinero para pagarlo. Si no es bastante, conseguiré el resto en cuanto me diga cuánto cuesta".
El hermano del farmacéutico era un hombre bien vestido. Se inclinó y preguntó a la niñita: "¿Qué tipo de milagro necesita tu hermano?"
"No sé," contestó Teresita elevando sus ojos. "Apenas supe que realmente está enfermo y Mami dice que necesita una operación. Pero mi papá no puede pagarla, así que deseo utilizar mi dinero".
"¿Cuánto tiene usted?" Preguntó el hombre de Chicago.
"Un dólar y once centavos", contestó Teresita en voz bajita, "es todo lo que tengo, pero puedo conseguir más si se necesita".
"Bien", sonrió el hombre, "qué coincidencia", dijo, "un dólar y once centavos es el precio exacto de un milagro para los hermanos pequeños". Él tomó el dinero en una mano y con la otra la tomó a ella y le dijo: "Llévame a donde vives". "Deseo ver a tu hermanito y satisfacer a tus padres. Vamos a ver si tengo la clase de milagro que necesitan".
El hombre bien vestido era el Dr. Garitón Armstrong, cirujano, especializado en neurocirugía.
La operación se efectuó sin ningún cargo hasta que Andrés estuvo en casa otra vez perfectamente sano.
Los papas hablaban felices de la cadena de acontecimientos que los habían conducido hasta ese momento: "Esa cirugía", dijo su mamá, "era un milagro verdadero. Me pregunto ¿cuánto habría costado?".
Teresita sonrió. Sabía exactamente cuánto cuesta un milagro… Un dólar y once centavos…, más la fe de una niñita.
Un milagro no es la suspensión de las leyes naturales, sino la operación de la más alta de las leyes.
TU ERAS MI DESEO
¿De dónde vine? ¿Dónde me encontraste? pregunta el niño a su madre.
Ella llora y ríe al mismo tiempo y estrechándolo contra su pecho le responde:
Tú estabas escondido en mi corazón, amor mío; tú eras mi deseo.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Cerca de un arroyo de aguas frescas, había un pequeño bosque. Los árboles eran muy variados. Todos gastaban las energías en ser más altos y grandes, con muchas flores y perfumes, pero quedaban débiles, y tenían poca fuerza para echar raíz.
En cambio, un laurel dijo:
"Yo, mejor, voy a invertir mi savia en tener una buena raíz: así creceré, y podré dar mis hojas a todos los que me necesiten".
Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos; ¡en ningún lado había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse, y de hablar de los encantos de unos y otros; y así, todo el tiempo, mirándose y riéndose de los demás.
El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, presumiendo sus flores y perfumes, meneando el abundante follaje.
Para qué quieres tanta raíz? Mira, a nosotros todos nos alaban porque tenemos poca raíz, y mucha belleza. ¡Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de ti.!"
Pero el laurel estaba, convencido de lo contrario; deseaba amar a los demás, y por eso tenía raíces fuertes.
Un buen día, vino una gran tormenta, y sacudió, sopló y resopló sobre el bosque. Los árboles más grandes, que tenían un ramaje inmenso, se vieron tan fuertemente golpeados, que por más que gritaban, no pudieron evitar que el viento los volteara.
En cambio, el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas si perdió unas cuantas hojas.
Entonces, todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tu corazón…,ahí…, EN TU ALMA…
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Cuando Dios creó a los Padres, comenzó con una talla grande. Un ángel se le acercó, y le dijo: "¿Qué clase de Padre es ese? ¿Si estás haciendo niños tan cerca del suelo, por qué pones al Padre tan arriba? No podrá jugar canicas sin arrodillarse, arropar a un niño en cama sin torcerse la espalda, o besar a un niño sin encorvarse".
Y cuando Dios hizo las manos del Padre, éstas eran grandes. El ángel agitó su cabeza y dijo: "Las manos grandes no pueden sujetar un pañal, abrochar botones pequeños, poner un curita, o quitar astillas a causa de jugar con un bate de béisbol".
De nuevo Dios sonrió y dijo: "Lo sé, pero son lo suficientemente grandes para sostener todo lo que un muchacho pequeño vacía de sus bolsillos, y todavía bastante pequeñas, para acariciar la cara de un niño con una sola de ellas".
Entonces Dios amoldó piernas largas, delgadas y hombros anchos. "¿Te has dado cuenta que hiciste un Padre sin regazo?" -El ángel lo dijo susurrando.
Dios dijo: "Una Madre requiere un regazo. Un Padre necesita hombros fuertes para tirar un trineo, balancear a un muchacho en una bicicleta, o sostener una cabeza soñolienta de un pequeño, como un gran malabarista".
Cuando Dios estaba en medio de la creación, se mostraron los pies más grandes vistos hasta entonces. El ángel no pudo contenerse más: "Esto no es confiable. ¿Honestamente crees que esos pies van a llegar rápido a la cama del bebé cuando llore en las mañanas, o andar a través de una fiesta de cumpleaños, sin pisar a los huéspedes?"
Y Dios dijo: "Trabajarán. Ya lo verás. Soportarán, y tendrán la fuerza para pedalear con un niño pequeño un paseo en bicicleta por la montaña, o asustarán ratones en una cabana de verano, y mostrarán al pequeño el desafío de llenar esos zapatos".
Dios trabajó todo la noche, dio al Padre pocas palabras, pero una voz firme para mostrar autoridad; ojos que ven todo, pero con calma y tolerancia. Lo dotó también de una gran Sabiduría para educar a sus hijos, y tomar las decisiones correctas.
Finalmente, agregó lágrimas. Entonces volvió al ángel y le dijo: "¿Ahora estás satisfecho? ¡Puede amar intensamente, como lo hace una Madre!"
El ángel no dijo más.