» 16. Que debemos manifestar a Cristo nuestras necesidades y pedirle su gracia

Autor: Tomás de Kempis  

EL Alma:

  1. ¡Oh dulcísimo y amantísimo Señor, a quien deseo recibir ahora devotamente! Tú conoces mi flaqueza y la necesidad que padezco, en cuantos males y vicios estoy abismado, cuántas veces me veo agobiado, tentado, turbado y amancillado. A Ti vengo por remedio, a Ti acudo por consuelo y alivio. Hablo a quien todo lo sabe, a quien son manifiestos todos los secretos de mi corazón, y a quien solo me puede consolar y ayudar perfectamente. Tú sabes los bienes que más falta me hacen, y cuán pobre soy en virtudes.
  2. Vesme aquí delante de Ti, pobre y desnudo, pidiendo gracia e implorando misericordia. Da de comer a este tu hambriento mendigo, enciende mi frialdad con el fuego de tu amor, alumbra mi ceguedad con la claridad de tu presencia. Conviérteme todo lo terreno en amargura, todo lo pesado y contrario en paciencia, todo lo ínfimo y criado en menosprecio y olvido. Levanta mi corazón a Ti en el cielo, y no me dejes andar vagando por la tierra. Tú solo me seas dulce desde ahora para siempre; pues Tú solo eres mi manjar y bebida, mi amor, mi gozo, mi dulzura y todo mi bien.
  3. ¡Oh, si me encendieses todo con tu presencia, y me abrasases y transformases en Ti para ser un espíritu contigo por la gracia de la unión interior y por la efusión de un amor abrasado! No consientas que me separe de Ti ayuno y seco; sino pórtate conmigo piadosamente, como lo has echo muchas veces con tus Santos de un modo admirable.
    ¡Que extraño sería que yo me abrasase todo en tu amor, sin acordarme de mí, siendo Tú fuego que siempre arde y nunca cesa, amor que limpia los corazones y alumbra el entendimiento!

» 15. Que la devoción se alcanza con la humildad y abnegación de sí mismo

Autor: Tomás de Kempis  

Jesucristo:

  1. Debes buscar con diligencia la gracia de la devoción, pedirla con instancia, esperarla con paciencia y confianza, recibirla con gratitud, guardarla con humildad, obrar solícitamente con ella, y dejar a Dios el tiempo y el modo en que se digne visitarte. Te debes humillar en especial cuando sientes interiormente poca o ninguna devoción; mas no te abatas demasiado, ni te entristezcas desordenadamente. Dios da muchas veces en un instante lo que negó largo tiempo. También da algunas veces al fin de la oración lo que dilató desde el principio.
  2. Si siempre se nos diese la gracia sin dilación, y a medida de nuestro deseo no podría abrazarla bien el hombre flaco. Por eso la debes esperar con segura confianza y humilde paciencia; y cuando no te es concedida, o te fuere quitada secretamente, echa la culpa a ti mismo y a tus pecados. Algunas veces es bien pequeña cosa la que impide y esconde la gracia, si es que debe llamar poco y no mucho lo que tanto bien estorba. Mas si aquello poco o mucho apartares, y perfectamente vencieres, tendrás lo que suplicaste.
  3. Porque luego que te entregares a Dios de todo tu corazón, y no buscares cosa alguna por tu propio gusto, sino que del todo te pusieres en sus manos, te hallarás recogido y sosegado; porque nada te agrada. Cualquiera, pues, que levantarse su intención a Dios con sencillo corazón, y se despojare de todo amor u odio desordenado de cualquier cosa criada, estará muy bien dispuesto para recibir la divina gracia, y se hará digno del don de la devoción. Porque el Señor echa su bendición, donde halla los vasos vacíos. Y cuanto más perfectamente renunciare alguno las cosas bajas, y estuviere muerto a sí mismo por su propio desprecio, tanto más presto viene la gracia, más copiosamente entra, y más alto levanta el corazón ya libre.
  4. Entonces verá y abundará, y se maravillará, y se dilatará su corazón; por que la mano del Señor está con él, y él se puso enteramente en sus manos para siempre. De esta manera será bendito el hombre que busca a Dios con todo su corazón, y no ha recibido su alma en vano. Este, cuando recibe la santa Comunión, merece la singular gracia de la unión divina; porque no mira a su propia devoción y consuelo, sino sobre todo a la gloria y honra de Dios.

» 14 Del ansia con que algunos devotos desean el cuerpo de cristo

Autor: Tomás de Kempis  

El Alma:

  1. Oh Señor, ¡cuán grande es la abundancia de tu dulzura, que reservaste para los que te temen! Cuando me acuerdo, Señor, de algunos devotos que se llegan a tu Sacramento con dignísima devoción y afecto, me confundo muchas veces, y me avergüenzo de mí mismo al ver que llego tan tibio y tan frío a tu altar, y a la mesa de la sagrada comunión.

Que me quedo tan seco, y sin dulzura de corazón; que no estoy todo encendido delante de Ti, Dios mío, ni tan vehementemente atraído y poseído de amor, como otros muchos devotos, que por el gran deseo de comulgar, y por el amor sensible de su corazón, no pudieron detener las lágrimas. Sino que con la boca del corazón y del cuerpo anhelaban afectuosamente a Ti, Dios mío, fuente viva, no pudiendo templar ni hartar su hambre de otro modo, sino recibiendo tu cuerpo con indecible regocijo y ansia espiritual.

  1. ¡Oh verdadera y ardiente fe la suya, prueba manifiesta de tu sagrada presencia en este Sacramento! Estos son verdaderamente los que conocen a su Señor en el partir del pan; pues su corazón arde en ellos tan vivamente, porque Jesús anda en su compañía. Lejos está de mi muchas veces semejante afecto y devoción, tan grande amor y fervor. BuenJesús, séme propicio, dulce y benigno, y concede a este tu pobre mendigo siquiera alguna vez sentir en la santa Comunión un poco de afecto entrañable de tu amor, para que mi fe se fortalezca, crezca la esperanza en tu bondad, y la caridad una vez perfectamente encendida y experimentada del maná celestial, nunca desfallezca.
    Poderosa es, pues, tu misericordia para concederme gracia tan deseada, y visitarme clementísimamente con este espíritu de fervor el día que tuvieres por bien. Y aunque no me hallo inflamado del gran deseo de tus especiales devotos, quiero a lo menos con tu gracia tener tan fervoroso deseo; y pido y deseo ser participante de los que tan fervorosamente te aman, y ser contado en su número.

» 13. Cómo el alma devota debe desear con todo su corazón unirse a cristo en el sacramento

Autor: Tomás de Kempis  

El Alma:

  1. ¿Quien me dará, Señor, que te halle solo para abrirte todo mi corazón, y gozarte como mi alma desea, y que ya ninguno me desprecie, ni criatura alguna me mueva u ocupe mi atención; sino que Tú solo me hables, y yo a Ti, como se hablan dos que mutuamente se aman, o como se regocijan dos amigos entre sí? Lo que pido, lo que deseo, es unirme a Ti enteramente, desviar mi corazón de todas las cosas criadas, y aprender a gustar las celestiales y eternas por medio de la sagrada Comunión y frecuente celebración. ¡Ay Dios mío,! ¿Cuando estaré absorto y enteramente unido a Ti, del todo olvidado de mí? ¿Cuándo me concederás estar Tú en mí, y yo en Ti; y permanecer así unidos eternamente?
  2. En verdad Tú eres mi amado escogido entre millares, con quien mi alma desea estar todos los días de su vida. Tú eres verdaderamente el autor de mi paz; en Ti esta la suma tranquilidad y el verdadero descanso; fuera de Ti todo es trabajo, dolor y miseria infinita. Verdaderamente eres Tú el Dios escondido que no comunicas a los malos, sino que tu conversación es con los humildes y sencillos. ¡Oh Señor, cuán suave es tu espíritu, pues para manifestar tu dulzura para con tus hijos, te dignaste mantenerlos con el pan suavísimo bajando del cielo! Verdaderamente no hay otra nación tan grande, que tenga dioses que tanto se le acerquen, como Tú, Dios nuestro, te acercas a todos tus fieles, a quienes te das para que te coman y disfruten, y así perciban un continuo consuelo, y levanten su corazón a los cielos.
  3. Porque ¿ dónde hay gente alguna tan ilustre como el pueblo cristiano? O ¿que criatura hay debajo del cielo tan amada, como el alma devota, a quien se comunica Dios para apacentarla con su gloriosa carne ? ¡Oh inefable gracia ! ¡Oh maravillosa dignación ! ¡Oh amor sin medida, singularmente reservado para el hombre! Pues ¿qué daré yo al Señor por esta gracia, por esta caridad tan grande ? No hay cosa más agradable que yo le pueda dar, que mi corazón todo entero, para que este unido con el íntimamente.
    Entonces se alegrarán todas mis entrañas, cuando mi alma estuviere perfectamente unida a Dios. Entonces me dirá. SI Tú quieres estar conmigo, yo quiero estar contigo. Y yo le responderé: Dígnate, Señor, quedarte conmigo, pues yo quiero de buena gana estar contigo. Este es todo mi deseo: que mi corazón este contigo unido.

» 12. Debe disponerse con gran diligencia el que ha de recibir a Cristo

Autor: Tomás de Kempis  

Jesucristo:

  1. Yo soy amante de la pureza, y dador de toda santidad. Yo busco un corazón puro, y allí es el lugar, de mi descanso. Prepárame una sala grande y adornada, y celebraré contigo la pascua con mis discípulos. Si quieres que venga a ti y me quede contigo, arroja de ti la levadura vieja, y limpia la morada de tu corazón. Desecha de ti todo el mundo, y todo el ruido de los vicios; siéntate como pájaro solitario en el tejado, y piensa en tus excesos con amargura de tu alma. Pues cualquier persona que ama, dispone a su amado el mejor y más aliñado lugar: porque en esto se conoce el amor del que hospedaal amado.
  2. Pero sábete que no puedes alcanzar esta preparación con el mérito de tus obras, aunque te preparases un año entero y no pensases en otra cosa. Mas por sola mi piedad y gracia se te permite llegar a mi mesa; como si un rico convidase e hiciese comer con el a un pobre mendigo que no tuviese otra cosa para pagar este beneficio sino humildad y agradecimiento. Haz lo que este de tu parte, y hazlo con mucha diligencia, no por costumbre, sino por necesidad; sino con temor, no por costumbre, ni por necesidad; sino con temor, reverencia y amor recibe el cuerpo de Jesucristo, tu amado Dios y Señor que se digna venir a ti. Yo soy el que te llame y mande que vinieses, yo supliré lo que te falta; ven y recíbeme.
  3. Cuando yo te concedo afectos de devoción, da gracias a tu Dios, no porque eres digno, sino porque tuve misericordia de ti. Si no sientes devoción, y te hayas muy seco, persevera en la oración,gime, llama y no ceses hasta que merezcas recibir una migaja, o una gota de gracia saludable; Tú me necesitas a Mí; yo no necesito de ti. Ni tú vienes a santificarme a Mí; sino que yo vengo a santificarte y mejorarte. Tú vienes para que seas por Mí santificado y unido conmigo, para que recibas nueva gracia, y te enfervorices denuevo para la enmienda. No desprecies esta gracia, mas bien prepara con toda diligencia tu corazón, y recibe dentro de ti a tu amado.
  4. Pero conviene que no solo procures la devoción antes de comulgar, sino que también la conserves con cuidado después de recibido el Sacramento. Ni es menos necesario después el recogimiento y vigilancia, que lo es antes la devota preparación; porque el cuidado que después se tiene, es la mejor disposición para recibir nuevamente mayor gracia. Y al contrario, se indispone para ella el que luego se entrega con exceso a las complacencias exteriores. Guárdate de hablar mucho, recógete a algún lugar secreto, y goza de tu Dios; pues tienes al que no te puede quitar todo el mundo. Yo soy a quien te debes entregar sin reserva, de manera que ya no vivas en ti, sino en Mí sin cuidado alguno.
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