15. ¿Es malo escuchar cantos protestantes?

Autor: Martin Zavala M.P.D. | Fuente: Defiendetufe.org  

No es lo mismo música católica que música cristiana....

Consulta:

A mi me gustan mucho, sobretodo los de Marcos Witt y de Rabito que son evangélicos. Yo creo que no tiene nada de malo porque hablan del mismo Dios y escucharlos es practicar el ecumenismo que el Papa nos esta invitando. Además se siente mas bonito que con las alabanzas católicas. 

Respuesta: 

Vayamos por partes, ya que no es así de sencillo, ni fácil, el afirmar que es algo bueno que el católico se la pase escuchando cantos protestantes sin ningun criterio a seguir. En primer lugar, pensando en el catolico común, que normalmente es la mayoría, y en los que están ya en algún grupo pero que no tienen una sólida formación en la fe no es nada recomendable. 

Algunas de las razones que nos confirman esto son las siguientes: 

1.- Cualquier tipo de canción o canto que lleve "letra" siempre llevará la huella del autor que la compuso. En el caso de los cantos protestantes es igual. 

No se puede separar la "teología" o creencias de los hermanos separados de la letra de sus cantos. Pensar así es algo muy ingenuo. En muchas ocasiones el católico canta las alabanzas y al mismo tiempo adquiere "frases" e "ideas" al puro estilo protestante.

Un ejemplo de esto es oir repetidamente en algunos laicos católicos "la sangre de Jesus nos cubre", exactamente eso decia Lutero, mientras que nosotros creemos que no solamente nos cubre como algo meramente externo sino que nos transforma interiormente y nos santifica. Estas y otras frases como: "solo Jesús salva"; "somos salvos por la fe" "soy salvo" "no hace falta nada mas que Cristo" "las religiones no salvan" son absorbidas por escuchar cantos protestantes, radio protestante, predicaciones protestantes, Televisión protestante etc. 

Esto facilita que poco a poco se pierda la "identidad" del católico. La realidad nos enseña que muchas veces asi fué como algunos empezaron y despues terminaron en una secta pues se crea un ambiente de admiracion, donde la base de la fe es el sentir bonito o la emoción. E incluso hay compositores católicos que tienen alabanzas con errores muy marcados sobre la fe por la influencia evangélica.

Hace algún tiempo algo similar a esto lo afirmó el P. Zezinho que es uno de los grandes compositores de música católica y decía que era necesario que se cuidara mas este aspecto y se revisará la letra de los cantos que se componen sin ninguna asesoría. 

2.- Desafortunadamente hay católicos "comprometidos" que la razón que usan para decir que "no tiene nada de malo" es que les ‘gusta´ esa musica. 

Esta forma de pensar es con criterios muy malos, pues hace a un lado cualquier criterio objetivo y su unica base es el "gusto" o sentimiento, como si lo que importara es que se escuchese bonito. Se parece al católico que escucha la prediciacion protestante porque tambien le "gusta" y siente bonito.

Esta actitud no tiene nada que ver con el auténtico ecumenismo sino mas bien se trata de un ecumenismo ingenuo donde se hacen a un lado las orientaciones del magisterio para la aplicación del mismo.

Nunca ha leído la "Unitatis Redintegratio" ni la "Ut unum Sint" ni el directorio sobre el ecumenismo y piensa que esta practicando el ecumenismo al oir cantos protestantes.

Con razón hay tanta confusión hasta en gente que da un servicio dentro de la Iglesia Católica. 

3.- Cuando un catolico comprometido escucha continuamente los cantos evangélicos lo que hace muchas veces es divulgar esas ideas y las divisiones. 

Qué le podría contestar a alguien que lo escucha y le dice que donde puede comprar ese cassette? Acaso le va a decir: vaya hermano a una libreria protestante, ellos cantan muy bonito? En realidad sería una falta de coherencia entre lo que predica y lo que cree. 

4.- Además, si alguien acepta escuchar los cantos, entonces tambien tendría que aceptar las predicaciones protestantes y la literatura protestante, 

Pues la musica solamente es un medio de transmisión, el lenguaje oral es otro y el impreso otro mas. El resultado es un relativismo eclesial donde ser católico es tener puesta "una camiseta mas" y cambiarla cuando ya no le guste. 

5.- San Pablo dice: "todo me es permitido, pero no todo me es provechoso". 

Esto es un camino a seguir para la persona que de verdad esta comprometida con el Señor Jesucristo. Hay cosas que aunque no fueran malas dice el apóstol, aun asi, no las haría. La razon es que con tal de ganar gente para Jesucristo lo puede dejar de hacer. 

6.- De hecho uno de los ganchos que usan las sectas es precisamente el canto apara traer a la gente. Es como el "quesito" que se le pone al raton en la trampa. 

Normalmente cuando hacen una "secta" nueva lo primero que compran es el "sonido" para la música. Un ejemplo de como se trata de atraer a la gente es Marcos Witt, que se la pasa en congresos de todas las sectas evangélicas, hasta de las mas anticatolicas y antiecuménicas. El Católico despistado va para sentir bonito y termina engrosando las filas de una secta religiosa. 

7.- Fonovisa: ¿Musica ´cristiana´ o musica protestante? 

De hecho el "truco" ha funcionado muy bien y han logrado engañar a algunos medios de comunicacion, incluyendo a Fonovisa, univision, telemundo... que afiman promover musica cristiana cuando en realidad se trata de musica protestante. 

Tambien ´hablan´ que tal artista es cristiano cuando en realidad se trata de un ´protestante´ mas. Hay algunos que incluso, que como buenas sectas que son, afirman que ellos son ´cristianos´ como diciendo que los catolicos no lo son. Se les olvida o no saben que es peor, que ninguna de esas iglesias protestantes existia antes de el año 1517. La verdad es que muchos locutores, entrevistadores... no por salir en los medios de comunicacion se convierten automaticamente en personas preparadas y mucho menos en lo religioso. 

Tanta ignorancia hay en algunos medios de comunicacion que hace poco salieron en una premiacion para la mejor musica cristiana y se trataba en realidad de puros protestantes. Ni modo. Como dice el dicho. De que los hay, los hay... y mientras el catolico no proteste, hable y escriba para aclarar las cosas la confusion ira aumentando. Los mismos catolicos que trabajan en los medios de comunicacion deberian de hablar y aclarar la manipulacion y "expropiacion" de la palabra ´cristiano´ que las sectas estan haciendo. 

Personalmente hable hace tiempo a fonovisa y una de las encargadas de venta en Estados Unidos era precisamente una protestante interesada en promover a artistas protestantes y no le importaba en absoluto el promover a los autores y artistas catolicos. Protestantes disfrazados e infiltrados diciendo que promueven "musica cristiana". Ojala y el catolico, con este tema, sea mas astuto y listo para no dejarse engañar tan ingenuamente. 

¿ Por qué escuchar cosas diferentes a nuestra fe teniendo tesoros espirituales de cantos tan grandes en la Iglesia Católica? (Martín Valverde; Silvia Mertins; Jorge Gomez; Sandy Calderas; P. Zezinho; P. Cesareo Gabaraín. P. Emilio y muchos mas. 

¿ Por qué en vez de eso no invertimos tiempo y dinero en alabanzas y predicaciones católicas para profundizar en nuestra fe?

¿Qué no sería mejor cantar la fe que recibimos de Nuestro Señor por medio de la Iglesia que El nos dejó? 

Cantos católicos hay excelentes. En cualquier libreria los hallarás. Algunos CD´s de alabanzas católicas que te recomiendo los encontraras aqui.

Dios te siga bendiciendo en abundancia. 

14. ¿Qué son los carismas del Espíritu Santo? ¿Como saber cuáles son verdaderos?

Autor: Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. 

¿Qué son los carismas que el Espíritu Santo otorga según su voluntad a su Iglesia?.

Pregunta:

Estoy participando en un grupo de oración carismático católico y me interesa saber qué son los carismas que el Espíritu Santo otorga según su voluntad a su Iglesia ( por ejemplo: carisma de lenguas, profecía, sanación, etc.) Muchas gracias y que Dios lo bendiga

Respuesta:

El primero y principal don que recibe la Iglesia es el don personal del mismo Espíritu Santo (Rom 5,5; 8,15...) que nos ha sido merecido por Jesucristo, don también del Padre (Jn 3,16). Ese don increado del Espíritu produce como consecuencia inmediata la caridad, calor de su fuego (1 Cor 12,31. 14).

Ella es por eso el mejor y más excelente de los dones. Luego, toda la multiforme acción de Jesucristo por su Espíritu y del Espíritu en Jesucristo, crea esa innumerable variedad de carismas, vibraciones y aspectos de aquella increada y creada caridad. Unidad radical y originadora: el Espíritu; y diversidad incesante de efectos de la misma (1 Cor 12,4; 1 Pet 4,11).

S. Pablo nos ha ofrecido varias clasificaciones de carismas (Rom 12,6 ss.; 1 Cor 12; Eph 4,11 ss.). Evidentemente, no quieren ser exhaustivas. Es empeño inútil e imposible tratar de hacer por eso un esquema rígido dentro del cual cupiese toda la infinita dinámica del Espíritu. Pero sí que nos indica claramente: 1°: que todo en la Iglesia es don por parte de Dios; los diversos ministerios también, empezando por el apostolado estricto de los doce y de Pablo (1 Cor 12,28; Eph 4,11), y de la jerarquía que les sucede (1 Tim 1,18; 4,11-12; 4,16); 2°: que todo carisma, por personal y particular que quiera pensarse, es, directa o indirectamente, para la común utilidad de la Iglesia (1 Cor 12,7), para la edificación del cuerpo de Cristo (1 Cor 14; Eph 4,12; cfr. 1-Pet 4,10); 3°: que el Espíritu los distribuye libérrimamente, como quiere y a quien quiere (1 Cor 12,11; Eph 4,7).

Podemos clasificarlos del modo siguiente: 

a) Carismas ministeriales oficiales: jerarquía, sacerdocio ministerial (con sus múltiples quehaceres magisteriales, sacramentales, pastorales en general), vida religiosa en cuanto organizada y aprobada por la jerarquía, el estado matrimonial, etc. 

b) Las diversas vocaciones particulares para entrar en esos ´órdenes´ ministeriales. 

c) Las gracias personales privadas que recibe cada cual, y que pueden ser a su vez ordinarias y extraordinarias, según el modo normal o no de darse aquéllas, y que generalmente se acompaña en el segundo caso de una toma de conciencia (psicologismo) de la presencia y actuación de las mismas. 

d) Hechos trascendentales, maravillosos que dentro de la historia de salvación que vive la Iglesia, impactan más o menos su realización, p. ej., grandes figuras proféticas y santas, acontecimientos impresionantes, obras de largo alcance y repercusión, etc.

Aquí trataremos únicamente de los dos últimos apartados, ya que los otros suelen estudiarse bajo otros conceptos.

Carismas e Iglesia. -La Iglesia es pueblo todo él profético, sujeto a esa acción del Espíritu en todos y cada uno de sus miembros, clérigos y seglares, hombres y mujeres, de todos los pueblos y tiempos. Todo en la Iglesia es pues carismático, pero, en el lenguaje ordinario, la palabra carisma no suele aplicarse a la asistencia y acción del Espíritu Santo a la Jerarquía, ni a su presencia y acción en los sacramentos, etc., sino que se reserva para designar esa acción, ordinaria o extraordinaria, llamativa o silenciosa, pero en cualquier caso imprevisible y misteriosa por la que, del modo que quiere y cuando quiere, se hace presente y actúa el Espíritu Santo distribuyendo luces y dones. Elemento en gran parte irregistrable para nosotros, pero en parte sí registrable, al menos en sus resultados y consecuencias. Elemento vital y necesario, como lo es también el oficial, y que pertenece, por tanto, a la realidad íntima de esa Iglesia; por tanto, siempre se tiene que dar en la misma.

Así no hay que extrañarse de que los signos maravillosos, antes prometidos, se hayan prodigado en su historia, más en algunos momentos claves, como tuvo lugar en los primeros tiempos cristianos. 

Su disminución en otros nada significa, ya que la distribución de los mismos se rige por la providencia del Espíritu. La tesis del racionalismo liberal de que la jerarquía surge por la cesación de aquéllos es dogmáticamente herétíca e históricamente insostenible.

Es más, los carismas maravillosos se convirtieron en un lugar común de la apologética cristiana primitiva. Y esto a pesar del peligro iluminista que hizo pronto su aparición (gnosis, crisis montanista, etc.). Ello llevó a plantear a los Padres el problema del ´discernimiento de espíritus´, de la crítica de los ´profetas´ y de sus doctrinas, de las señales que garantizasen su misión, de precisar el valor de ciertos carismas (Didajé, Hermas, Orígenes... ).

Pero siguieron afirmando su existencia, su valor y su necesidad en el vivir eclesial. Y explicaron el hecho de que no siempre se den en igual medida los carismas extraordinarios en los diversos periodos de la vida de la Iglesia, poniendo de relieve que en plenitud se habían dado sólo a Jesucristo, y con medida a su complemento (pléroma) la Iglesia; pusieron además el acento en ese elemento profético -diluido- de la santidad en la Iglesia que se expresa principalmente por la caridad de los cristianos, por la virginidad y por el martirio.

(S. Juan Crisóstomo, Expositio in Psalmo 44,3: PG 55,186; In Ep. ad. Tim. 3;h.10: PG 62,551-552; S. Agustín, In Io 14,10: PL 35,1508 ss.; íd. Sermo 116: PL 38,659 ss.; íd. De utilitate credendi: PL 42,90-91).

Quiere decir esto que los carismas ordinarios y sencillos, privados, si queremos así llamarlos, se dan sin cesar más o menos abundosamente en el vivir normal de los fieles cristianos, con su repercusión imponderable para el conjunto total de la vida de la Iglesia. Cierto que los milagros, profecías, etc., también se dan en ella, y más de lo que a veces se piensa (es innegable la significación de fenómenos como el de Lourdes en todo su conjunto, por citar un caso perfectamente documentado).

Y serán argumentos apologéticos más o menos valiosos para acreditar la presencia del Espíritu en la misma (piénsese en lo que dice el conc. Vaticano I, sessio III, cap. 3: Denz.Sch. 3013). Pero no debe olvidarse a los carismas sencillos; e incluso puede afirmarse, siguiendo a los Padres, que debe ponerse el acento en ellos.

La Teología dogmática de los siglos precedentes al XX estudió poco el tema. No así los estudiosos de la Teología espiritual, como, p. ej., el P. Arintero. En cambio la Eclesiología del s. XX, en parte para corregir errores de algunos ´movimientos carismáticos´ mal orientados, en parte por una profundización en algunos puntos del dogma antes menos estudiados, ha fijado en ellos su atención, para subrayar que la acción del Espíritu Santo, tanto por la asistencia a los medios institucionales como por su acción inesperada, constituye la intra-historia de la Iglesia. Sería, pues, un error desconocer uno u otro aspecto. La vida divina de caridad, los santos, las virtudes de los fieles, son la irradiación de espiritualidad que, como fermento del mundo, la Iglesia difunde siempre.

Ese elemento carismático es el que explica en gran parte páginas capitales de su Historia. Recuérdense los casos proféticos de un Francisco de Asís, de una Catalina de Siena, de una Teresa de Ávila, de una Teresa del Niño Jesús, por citar algunos. Y tantas iniciativas privadas de reforma y mejora que partiendo de la base santificaron a toda la Iglesia.

El conc. Vaticano II ha proclamado solemnemente la valía y necesidad de ese elemento. Véase el no 12 de la const. lumen Gentium, y también los n° 4, 7, 30, 32, 41, 43, 45 de la misma; el n° 3 del Decreto Apostolicam Actuositatem; el 1 del Perfectae charitatis; el 4 del Ad gentes,etc. Anteriores, entre otros documentos, cfr. también las enc. Divinum Illud de León XIII, y la Mystici Corporis de Pío XII.

Errores y deformaciones. 

Pueden darse en dos direcciones fundamentalmente:

a) En el orden de la espiritualidad y de la vida mística como ocurre en todos aquellos planteamientos en los que, de manera más o menos clara, se otorga una primacía a los fenómenos místicos extraordinarios, valorándolos más que la práctica de la caridad y de las demás virtudes. En su extremo, encontraríamos al quietismo con sus diversas manifestaciones.

b) En el orden de la vida eclesial como sucede con todos aquellos planteamientos que, olvidando la íntima unidad que existe entre institución y carisma extraordinario, oponen el uno al otro, otorgando una primacía a lo carismático sobre lo institucional, a lo que, previamente. han concebido como no animado por el Espíritu.

En este sentido todos esos movimientos implican un error dogmático, bien porque (como ocurrió con Montano, v., y con algunos movimientos surgidos a partir de Joaquín de Fiore, especialmente con los Fratricelos) piensen que la obra de Cristo no fue definitiva y afirmen que se ha dado una nueva y radical efusión del Espíritu que instaura un orden nuevo; bien porque (como ocurre con el protestantismo) piensen que la Iglesia puede ser infiel a su mandato originario, lo que, llevado a sus últimas consecuencias, conduce a intentar buscar un contacto con el Espíritu Santo al margen de toda institución como sucede, en mayor o menor grado, con los cuáqueros, los adventistas, los pentecostales, etc.

BIBLIOGRAFIA: A. LEMONNYER, Charismes, DB (Suppl.), 1,1233-1244; X. DUCROS, Charismes, en DSAM 11,1025-1030; L. SUÁREz, Los carismas como complemento de la jerarquía, ´Estudios Bíblicos´ (1946) 303-334; J. M. BOVER, Los carismas espirituales en S. Pablo, ´Estudios Bíblicos´ (1950) 259-328; G. GARCÍA EXTREMEÑO, iglesia, jerarquía y Carismas, ´Ciencia Tomista´ (1959) 24-64; O. SEMMELROTFf, Institution und Charisma, ´Geist und Leben´ (1963) 443-454; D. ITURRIOZ, Los carismas en la Iglesia, ´Estudios eclesiásticos´ (1968) 181-223; J. G. ARINTERO, Desenvolvimiento y vitalidad de la Iglesia, 4 vol., Salamanca 1908 y 1911; G. THILS, Santidad cristiana, 4 ed. Salamanca 1965, 100 ss.; R. SPIAZZI, Autoridad, razón e ímpetu carismático, ´L´Osservatore Romano´, 12 dic. 1968. 

He tomado los principales datos de esta respuesta del artículo ´Carismas´, de Baldomero Jiménez Duque, Gran Enciclopedia Rialp; 1991.

13. ¿Cambian los dogmas de la Iglesia?

utor: P. Fernando Pascual L.C | Fuente: Catholic.net  

Las verdades de la fe católica no dependen de contextos culturales.

Existe un método bastante definido con que algunos atacan la doctrina de la Iglesia católica.

Recogen citas de Papas y concilios para demostrar, según ellos, que la Iglesia ha cambiado planteamientos y dogmas a lo largo de la historia.

A partir de lo anterior concluyen que no existirían verdades absolutas, y que lo que hoy defienden el Papa y los obispos, mañana puede cambiar.

Así, por ejemplo, nos dicen que en el siglo XIII el Papa Bonifacio VIII declaraba que era necesario, para conseguir la salvación, pertenecer a la Iglesia, lo cual implicaba estar bajo el Romano Pontífice. Luego recogen textos anteriores o posteriores que tocan la misma idea.

Terminan con alusiones a lo que se afirma en el Vaticano II sobre el tema, y nos dicen que ya no siguen en pie las viejas afirmaciones de Bonifacio VIII.

Los ejemplos se podrían multiplicar. Algunos aplican un método parecido para interpretar la Patrística, o incluso la misma Escritura.

En el fondo de esta táctica se esconden varios presupuestos, a veces conscientes, otras veces medio ocultos.

El primero consiste en pensar que los documentos de la Iglesia dependen del contexto en el que se elaboraron. No contendrían, según esta perspectiva, ni verdades ni formulaciones absolutas. Por lo mismo, no serían norma de la fe para tiempos como los que ahora viven los católicos.

Este presupuesto se basa en creer que el conocimiento humano es algo profundamente determinado por el espíritu de cada época histórica.

Por ejemplo, en el siglo I nadie podía creer en la existencia de los protones y de los neutrones, como en el siglo XXI nos resultaría absurdo negar que existan partículas subatómicas.

Quizá dentro de varios siglos la gente se reirá de nuestros escasos y confusos conocimientos sobre la materia, porque el contexto habrá cambiado y tendrán otra manera de tratar las cuestiones de la química.

Es verdad que las ciencias dependen mucho del instrumental usado en cada época y de otros elementos socioculturales.

Pero, ¿es correcto aplicar este tipo de planteamientos a la hora de interpretar la doctrina católica? En otras palabras, ¿enseña la Iglesia lo que enseña de un modo variable según las épocas históricas?

De admitir lo anterior, caeríamos en una situación absurda: todas las formulaciones de todos los tiempos serían válidas sólo para su época y no para otras épocas.

De este modo, tendríamos tantos dogmas como épocas históricas, y los de ayer no valdrían para hoy, y los de hoy no valdrían para mañana. Por lo tanto, sería absurdo contraponer a Bonifacio VIII con el Concilio Vaticano II: cada uno diría «su» verdad según «su» tiempo, y así no habría ninguna contradicción... ni ninguna «verdad».

Sabemos, sin embargo, que muchas verdades (si son verdades) no dependen de los contextos culturales en los que son formuladas. Verdades sobre todo del ámbito filosófico, pero también verdades de otros campos del saber. Vemos incluso que verdades científicas del pasado siguen en pie en el presente, y lo estarán en el futuro, dentro de los límites propios de la metodología empírica.

Respecto de las verdades cristianas, la situación es diversa. Porque tales verdades no se obtienen con instrumentos débiles y con razonamientos falibles, sino desde la asistencia del Espíritu Santo.

Según la promesa de Cristo, el Espíritu Santo guía y acompaña a la Iglesia a la hora de acoger, conservar y explicar la Revelación de Dios. Si una afirmación es verdad, lo es en el siglo I como lo será en el siglo XXV (si la tierra llega a esas fechas).

Otra cosa distinta es el modo de formular las verdades o el nivel de comprensión de las mismas, que puede mejorar su precisión a lo largo del tiempo.

Hay que recordar, además, que cada época histórica ha tenido sus modalidades comunicativas. El lenguaje de un documento papal del siglo XIII es muy distinto al lenguaje usado en las encíclicas de los papas del siglo XX. 

Pero la existencia de diferentes modos de comunicación, de estilos variados, no quita el que puedan darse «traducciones» de un estilo a otro, y que en todos los tiempos se formulen las mismas verdades con distintos términos.

Otras veces el cambio de una formulación no afecta sólo a las palabras, sino a contextos y problemas históricos diferentes. Cuando los Papas del siglo XIX condenaron el modo de concebir la democracia por parte del liberalismo de aquel tiempo, lo hicieron por motivos que en cierto modo han dejado de darse en el siglo XX. Es por eso que en los últimos 60 años la democracia (entendida en un nuevo contexto sociocultural) ha sido fácilmente aceptada por el magisterio católico.

Existe, además, un segundo presupuesto quizá más sutil y más peligroso. Hay quienes ven a la Iglesia como un grupo humano, organizado alrededor de ideas religiosas más o menos interesantes, con grupos de presión que buscan imponer sus ideas, y nada más.

Concebir así a la Iglesia es reducirla a una invención social como las muchas que se han dado en la historia, en la que todo lo que se enseña y se hace dependería simplemente del ingenio de las personas que son (o al menos declaran ser) católicas. Desde luego, algunos piensan que ellos tienen ideas mejores que los demás.

Por eso piden, por ejemplo, que sean admitidas las mujeres al sacerdocio, o que el aborto deje de ser declarado pecado, o que el uso de anticonceptivos sea presentado por el Papa como algo totalmente lícito, o que los sacerdotes puedan casarse cuando lo deseen, o que se vuelva cuanto antes al uso obligatorio de las misas según el rito tridentino...

La lista podría alargarse según los gustos y las tendencias de cada uno. Los grupos de presión buscan, entonces, que el Papa y los obispos enseñen aquello que «ellos» ven como más conforme a su modo de pensar.

Por lo mismo, organizan conferencias, recogidas de firmas, entrevistas en los medios de comunicación a teólogos disidentes (ultraconservadores o ultraprogresistas, mucho más presentes los segundos que los primeros) para promover sus ideas e imponerlas como aceptables para los demás católicos.

Es obvio que este modo de pensar deja prácticamente de lado el carácter sobrenatural de la Iglesia, la certeza de que Cristo prometió asistirla hasta el final de los tiempos, la iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los Papas, los obispos y los fieles.

La Iglesia, sin embargo, sabe que ha recibido algo que no procede de los hombres, sino de Dios. Podrán cambiar, como vimos, algunos modos de expresarse. Pero las verdades de fe, los dogmas católicos, valen para ayer, para hoy, para los siglos futuros.

Hay que dejar posturas incorrectas y arbitrarias ante la Iglesia. Cabe siempre, para quien tiene dificultades en aceptar alguna doctrina de nuestra fe, la posibilidad de dialogar honestamente para encontrar luz.

Si uno no llega a comprender que Dios ha revelado una verdad católica, y que tal verdad es custodiada y explicada por el magisterio, podrá dejar la Iglesia y vivir según sus convicciones personales.

Pero no es correcto querer que la Iglesia se niegue a sí misma para acomodarse a los modos de pensar de grupos más o menos organizados que ya no piensan ni sienten según la doctrina católica. Una doctrina que encontramos expuesta de modo bellísimo en tantos documentos del magisterio de todos los siglos; de modo especial, a través del Concilio Vaticano II, del Catecismo de la Iglesia Católica, de las encíclicas de los Papas Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Amar a Cristo, descubrir que fundó la Iglesia y que puso en ella, como Cabeza, a Pedro, nos permitirá acoger la belleza de su doctrina de caridad, de misericordia, de esperanza.

Podremos así acoger la doctrina católica con la paz de quien sabe que pertenece al Pueblo de Dios, al Cuerpo místico de Cristo, al sueño de Amor del Padre que envió a su Hijo para salvar a los hombres de buena voluntad.

12. ¿Librerías Católicas?

Autor: Manuel Pérez Peña | Fuente: Principios Católicos

Necesitamos librerías que ofrezcan libros verdaderamente para la formación de un criterio según la doctrina de la Iglesia Católica.

... por qué existen librerías católicas en las que se venden libros de autores cuya doctrina ha sido condenada explícitamente por la Iglesia católica?

... por qué en esas mismas librerías católicas, se vende una película apologética de Lutero junto a otras películas de indudable y sano mensaje católico?

... por qué inducir al error mostrando libros de contenido budista, junto a libros católicos, como un libro de autoayuda más?

Me causa mucha pena y un profundo desaliento cuando veo que en tiendas católicas se venden libros como "La Brújula Dorada". Este libro, de indudable argumento anticristiano y anticatólico, fue llevado al cine hace pocas temporadas.

Cuando se estrenó en EE.UU. hubo organizaciones que informaron para que los padres católicos no llevaran a sus hijos a verla, para evitar el razonamiento habitual: película infantil = película inofensiva.

El movimiento fue tan efectivo que la película se resintió en taquilla ante los avisados padres que optaron por no llevar a sus hijos al cine. Cuando se estrenó en España, sucedió igual: movimientos ciudadanos, información popular, concienciación e, incluso, información desde la sección de Cine de la web de la Conferencia Episcopal.

Todo ello por evitar que nuestros muchachos y niños se vean influidos por conceptos perjudiciales para su formación cristiana.

En Paulinas, el libro se ha venido vendiendo libremente hasta el momento de escribir este artículo.

Igual ocurre con otros autores: Hans Küng, se ha descolgado con toda clase de lindezas contra Juan Pablo II y contra quien no piense como él.

El 15 de diciembre de 1979 le fue retirado el permiso para enseñar en la Universidad de Tubinga por sus errores doctrinales.

En sus libros ha defendido la eutanasia y calificó a Juan Pablo II como un dictador espiritual. Sin embargo, sus libros también se venden allí.

Anthony de Mello: este jesuita indio fue objeto de una notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe de fecha 24 de junio de 1998 en la que se declara su doctrina "incompatible con la fe católica". Sin embargo, sus libros se siguen vendiendo en Paulinas 10 años después. Y así muchos ejemplos más.

Una librería cualquiera venderá los libros que la moral de su propietario le permita. En una librería católica debe prevalecer la fidelidad a la fe transmitida a la hora de seleccionar el catálogo de obras a exponer. Acepto que puedan venderse libros heterodoxos o con errores, siempre que su adquisición no induzca a error a quien los compre y se evite cualquier sincretismo con otras religiones.

Para muchas personas comprar un libro en Paulinas es un argumento de autoridad y, por tanto, leen acríticamente cualquier obra que allí se vende, lo cual puede mover a confusión a muchas personas.

Que nadie entienda en mis palabras un descrédito para la labor de los Paulinos, considerada globalmente. Me parece muy necesaria la existencia de vehículos de comunicación católicos puestos al servicio de la Iglesia como ellos han venido haciendo hasta ahora y aprecio y valoro su entrega en esta misión tan necesaria hoy.

Pero me parece igualmente necesario que esos vehículos sean seguros para la transmisión de la fe y no induzcan a error a la persona que, confiadamente, se acerca a una librería católica a comprar un libro o un DVD para su formación cristiana.

Esperamos que los tiempos aquellos de la intervención por parte de la Santa Sede en el gobierno de los Paulinos hayan quedado atrás y que se encuentre la senda del amor a la divulgación de la sana doctrina, que es la que nos garantiza la unión con Cristo y con su Iglesia.

En cualquier institución religiosa, y también en una editorial y librería católica, este amor debe prevalecer sobre el deseo del beneficio, por muy justificado y necesario que sea éste para subsistir, y sobre las políticas comerciales de terceros, como las distribuidoras, que quieran imponer qué libros colocar en las estanterías. Cristo y su verdad por encima de todo.

11. ¿Hay que ser católico para salvarse?

Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net  

Cristo quiso continuar su acción salvadora por medio de la Iglesia.

El hombre necesita de Dios para salvarse. La experiencia cotidiana del mal, en la vida de los demás, en nuestra propia vida, no es sino la consecuencia del pecado original.

Romper las cadenas que nos atan al mal sólo es posible si Dios decide descender, sacarnos de las tinieblas, tender su mano amorosa y rescatarnos de la situación en la que nos encontramos.

Todo eso ocurrió con la venida de Cristo al mundo. No tenemos otro nombre bajo el cual podamos salvarnos (Hch 4, 12). Jesús, con su aceptación total de la Voluntad del Padre, nos ha salvado y rescatado, por su sangre, de nuestros pecados (Ap 1, 5-6). "Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11).

Por los Evangelios sabemos que Cristo quiso continuar su acción salvadora por medio de la Iglesia. Ha garantizado que estará con sus discípulos siempre, y, a la vez, los envía a bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt 28, 18-20). De forma que quien no recibe al discípulo de Cristo rechaza al mismo Salvador (Lc 10, 16).

Por lo cual, resulta claro que sólo la salvación se encuentra en la Iglesia. ¿Y qué pasa con los que están fuera de ella? Nosotros sabemos también, por la Biblia, que Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2, 4). La acción visible de Cristo y del Espíritu Santo en la Iglesia no impide el que haya una acción invisible, que puede alcanzar también a los que no pertenecen de modo explícito a la Iglesia, pero que, en el fondo, son tocados por la salvación del Señor.

Podríamos decir, según un documento del Magisterio, que por su buena voluntad tienen un implícito deseo de ser miembros de la Iglesia, y, en cierto sentido, están unidos a nosotros por esa apertura de su corazón, que es resultado de la acción de Dios, aunque haya otros motivos históricos, psicológicos o sociales que les impidan dar el paso para entrar plenamente en la Iglesia.

Podemos decir, por lo tanto, que sólo Cristo es el Salvador del mundo. La Iglesia católica es la señal visible y plena de la acción salvadora de Cristo y de la acción santificadora del Espíritu Santo.

Fuera de la Iglesia católica hay elementos de salvación, pero no en su plenitud, por lo que conviene seguir anunciando a los hombres que sólo serán plenamente felices y acogerán de verdad la acción redentora de Cristo si viven el Evangelio y se unen, en el amor, la fe y la esperanza, a la comunidad visible que Nuestro Señor creó y en la que sigue presente gracias a los sacramentos, bajo la guía del Santo Padre y de los obispos que suceden en el tiempo a los primeros apóstoles.

Para profundizar:

-Catecismo de la Iglesia católica, nn. 846-856.

-Sagrada Congregación para la doctrina de la fe:
Declaración "Dominus Iesus" Sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia (6 agosto 2000), nn. 20-22.

-Sagrada Congregación para la doctrina de la fe:
Respuesta a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia (29 de junio de 2007).

-Sagrada Congregación para la doctrina de la fe:
Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización (3 de diciembre de 2007).

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