por Makf | 12 Mar, 2026 | Apologética 1
Autor: Guido A. Rojas Zambrano | Fuente: ApologetiCacatolica.org
Esta obra intenta explicar de una manera clara, ágil y sencilla diferentes temas relacionados con la fe, cada uno de ellos ha sido fundamentado al máximo en las dos fuentes de la Revelación Divina: la Santa Biblia y la Sagrada Tradiciòn..
I. RECUENTO HISTÓRICO
Según una antigua tradición proveniente de la iglesia naciente, el apóstol Pedro conservó el manto con que fue envuelto el cuerpo de Jesús, después de haber sido bajado de la cruz, y que él mismo encontró en el sepulcro vacío el domingo de resurrección. (Lucas 24,12). San Cirilo de Jerusalén y San Gregorio Nacianceno, del siglo III, Juan, patriarca de Constantinopla y San Germán, obispo de París del siglo IV, San Leandro de Sevilla del siglo VI, o Beda del siglo VIII; relataban que el "lienzo de Cristo" existía. La primera ciudad donde fue expuesto fue en Edesa (hoy Urfa), edificada entre la Anatolia y Persia. En un manuscrito del siglo VI se cuenta que el rey Ukhamm (9-46 d.C.), al saber que en Jerusalén un gran profeta había sido crucificado, logró obtener la "efigie" del santo, milagrosamente estampada sobre un lienzo de lino. Fue además Edesa el primer estado del mundo en adoptar el cristianismo. Seguidamente, la reliquia fue llevada a Constantinopla (hoy Estambul) en Turquía, capital del nuevo imperio romano, en el año 994; y fue exhibida en la basílica de Santa María del Faro. Allí permaneció hasta la cuarta cruzada, cuando la ciudad fue saqueada por los franceses, en el año 1203. En Europa el lienzo estuvo primero en poder de los templarios, hasta 1307; luego pasó a manos del duque Geoffroy de Charny, quien lo expuso en la iglesia de Lirey. Después fue llevada a Turín en 1578, a la casa de los Saboya, desde entonces ha permanecido bajo la custodia de la arquidiócesis de Turín, en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista.
II. EL SANTO SUDARIO Y LA CIENCIA MODERNA
En el año 1898, el abogado turinés Secondo Pía, reveló una serie de placas fotográficas del lienzo, en las que en sus negativos refleja la imagen de un hombre cubierto de heridas, y con la misma fisionomía que se le atribuye al Hijo de Dios. Del mismo modo, En diferentes períodos del siglo XX se hicieron estudios al santo sudario; en total se han tomado más de 32.000 fotografías y más de 1.000 exámenes científicos. En julio del 2002 el lino fue sometido a una rigurosa limpieza para quitarle el polvo acumulado por siglos, el sudario se cosió a una nueva tela esterilizada, los restos retirados fueron clasificados y guardados; además se tomaron imágenes a través de un escáner y se elaboró un mapa digital completo de la reliquia. En 1988, las universidades de Arizona, Oxford y de Zúrich sometieron el lino a la prueba de radiocarbono 14, para determinar su antigüedad, que fue situada entre los siglos XIII y XIV de nuestra era. Se creyó que la pieza era una falsificación de la Edad Media; sin embargo, en 1992 el sabio ruso Dimitri Kouznetsou demostró que la sábana de Turín es mucho más antigua. Argumentó que el incendio en 1532 provocó una especie de rejuvenecimiento, por las altas temperaturas que sufrió el lino mientras se encontraba guardado en un relicario de plata, en la catedral francesa de Chambery. Los daños del tejido fueron remendados por las monjas clarisas de este templo en 1534. Incluso los resultados obtenidos por los rayos X, han demostrado que este manto rectangular de cuatro metros de largo, por uno de ancho, corresponde a un tejido a mano de tipo "espina de pescado", utilizado en Egipto y en Palestina desde el siglo III a.C. Su material era de hilo de algodón de tipo "herbaceum", cultivado sólo en el Cercano Oriente. Otra prueba para demostrar su autenticidad, está en las inscripciones en letras mayúsculas que a simple vista no se pueden verse, encontradas en varias partes del lienzo. Las palabras estaban escritas en griego, latín y hebreo; una de ellas dice IN NECEM que podría significar "vas a morir", otros textos son: IHEOY "Jesús" en griego, y NAZAPHNO, término que puede traducirse como "Nazareno".
Se logró por computadora una imagen del hombre en tres dimensiones, en caso de que el lienzo hubiera sido una simple pintura, habría producido una impronta plana, distorsionada y sin estética. En la sábana sólo se distinguen dos colores: un suave sepia en la forma del cuerpo y un marrón oscuro proveniente de las manchas de sangre. La figura que aparece por ambos lados del lino es una combinación de sombras oscuras y claras. Algunas penetran levemente en la pieza, mientras otras ni siquiera fueron tocadas. Se tomaron muestras de 37 lugares distintos del tejido, pero no se pudo extraer ningún tipo de colorante artificial; en cambio las manchas de sangre son fluorescentes, al igual que los remiendo de las quemaduras. Se recogieron además fragmentos de polvo, hongos, esporas, y polen de 28 especies distintas, algunas correspondían a 20 clases de plantas muy antiguas, de las 59 encontradas en su totalidad. Unas procedían de pinos silvestres que sólo florecían en las llanuras de Siria y de Palestina, otras eran de la región del Mar Negro y algunas más recientes de Francia e Italia. Del polvo encontrado en el sudario, se hicieron muestras comparativas con las halladas en el museo arqueológico de Turín, y se extrajeron muestras de partículas de polvo de momia y tejido funerario del Valle de los reyes, que datan del año 1100 a.C. Se comprobó que ambos tejidos contenían una importante cantidad de sal refinada y de excelente calidad, proveniente de las deltas del Nilo.
III. LAS MARCAS DE LA CRUCIFIXIÓN
El santo sudario ha sido llamado como el "quinto evangelio", debido a la gran información que contiene sobre la pasión del Señor. Los científicos dedujeron que el hombre del lienzo debió de medir 1.80 metros de altura y pesar 80 kilogramos, sus cabellos son largos y recogidos en una trenza. El rostro refleja una fisionomía serena y llena de dignidad; pese a mostrar visibles muestras de tortura. Tiene los ojos cerrados, la nariz fracturada, el pómulo derecho y el labio superior hinchados por fuertes golpes ocasionados con una vara. En la frente y alrededor de la cabeza hay 30 heridas, estas fueron hechas por una corona de espinas largas y afiladas, provenientes de arbustos que florecen en el Mediterráneo. En el cuerpo quedaron señales de unas 120 marcas producidas por un azote romano de dos correas con puntas de plomo, de ellas brotó sangre y suero. También se hicieron estudios comparativos por medio de fotografías infrarrojas con el "manto Sacro" o vestido blanco que se conserva en la iglesia francesa de Argentelvil, en el que se cree fue el que llevó Jesús hasta la cruz; se descubrieron manchas de sangre, en los mismos lugares de las heridas del ajusticiado del sudario. Otras heridas en el omóplato izquierdo y el hombre derecho producidas por un gran peso. Se halló manchas de sangre hechas por un clavo que le atravesó la muñeca izquierda, y una lesión en la rodilla izquierda a consecuencias de varias caídas. Marcas de una cuerda que le sujetaban las piernas, y en el centro del pie derecho una herida del clavo que fue empleado para fijar ambos pies. Hay una similitud de acuerdo a la trayectoria que produciría los clavos de la crucifixión, traídos a Roma en el año 325 por la emperatriz Santa Elena, y que están en la basílica de la Santa Cruz. La herida del costado derecho fue provocada por una lanza de hoja afilada, que penetró entre la quinta y la sexta costilla e hizo manar sangre y líquido del pericardio. El "espectro" identificó que la sangre humana del lino era muy antigua y pertenecía al tipo AB.
IV. COMPARACIÓN CON OTRAS RELIQUIAS
Del rostro de la sábana se lograron varios descubrimientos, pues se comparó con el velo de la Verónica , que es el paño con el que fue enjugado la cara del Mesías camino al calvario, y que se conserva en la basílica de San Pedro en el Vaticano, y ambos son iguales. Asimismo, se hallaron 130 marcas de sangre idénticas con el sudario que se conserva en Oviedo (España); que es un pequeño paño que cubrió el rostro del Señor, y que fue hallado también por San Pedro en la tumba vacía (Juan 20,7 ) . El manto se encuentra en la catedral de Oviedo desde el siglo XII, y según las crónicas, fue sacado de Jerusalén en el año 614, cuando la Ciudad Santa fue arrasada por los persas. En las fotografías tomadas a gran escala sobre los ojos de la víctima, se encontraron las marcas de dos monedas sobre los párpados, lo que concuerda con la antigua costumbre hebrea. La moneda del lado derecho pertenece al procurador Poncio Pilatos, acuñada entre los años 22 al 32 D.C. La del lado izquierdo es del emperador Tiberio César, del año 29 D.C.
V. ASOMBROSO DESCUBRIMIENTO
Los médicos forenses explicaron que la muerte de aquel condenado debió de haber llegado después de una terrible agonía de varias horas. El cadáver fue cubierto con una gran cantidad de mirra y áloe, sustancias utilizadas en el rito fúnebre judío; estos componentes han sido identificados en todo el lienzo. Los expertos han concluido que la imagen pudo haberse formado por un fuerte resplandor de energía, producto del calor del cuerpo de Cristo en el momento de la resurrección.
por Makf | 12 Mar, 2026 | Apologética 1
Autor: Guido A. Rojas Zambrano | Fuente: ApologetiCacatolica.org
Esta obra intenta explicar de una manera clara, ágil y sencilla diferentes temas relacionados con la fe, cada uno de ellos ha sido fundamentado al máximo en las dos fuentes de la Revelación Divina: la Santa Biblia y la Sagrada Tradiciòn..
I. LA PROFECÍA
Un hecho en común entre la Iglesia Católica y las demás confesiones cristianas, es en afirmar según la revelación sagrada que la madre del Hijo de Dios, sería una "doncella virgen" (Isaías 7,14; Mateo 1,22-23)
II. EL MATRIMONIO CON JOSÉ
En los designios del Altísimo era necesario que la madre del Salvador, tuviera un apoyo moral, económico y de protección en la crianza de su hijo. Este matrimonio sería completamente consagrado al servicio divino, así lo podemos anotar en los siguientes pasajes bíblicos:
Cuando el ángel San Gabriel le comunica a María que ella sería la madre del Emanuel (Dios con nosotros), deja en claro su condición virginal (Lucas 1,34).
Cuando María se encontraba embarazada, José, su marido como hombre justo o santo, y a pesar de desconocer todavía que lo concebido en ella era fruto del Espíritu Santo; no quiso denunciarla públicamente por infidelidad a las autoridades religiosas, como mandaba la ley mosaica (Matea 1,19; Juan 8,3-5).
Los protestantes creen que José y María tuvieron relaciones maritales, ya que el evangelio de San Mateo (1,25); nos dice que "no vivieron como esposos hasta que ella dio a luz a su hijo". Sin embargo, a lo que se refiere el evangelista es que el santo matrimonio no compartió formalmente el mismo hogar, pues antes cuando estaban comprometidos no vivían juntos (Mateo 1,18). Igual opinión tiene san Lucas, ya que en el viaje del santo matrimonio de Nazaret a Belén para el censo, nos dice: "Fue allá a inscribirse, junto con María, que estaba comprometida para casarse con él y se encontraba encinta" (2,5).
III. JESÚS: HIJO PRIMOGÉNITO
Causa confusión en los hermanos separados cuando el evangelio de San Lucas, se menciona que "en Belén, le llegó a María, el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primer hijo" (2,6-7); dando a entender que debió de haber tenido más hijos. No obstante, en el contexto bíblico el término "primogénito", hace alusión que el primer hijo de un matrimonio judío quedaba consagrado a Dios (Éxodo 13,1-2.12; 34,19); y exigía la presentación del niño Jesús en el templo de Jerusalén (Lucas 2,22-23).Pero El era ya el "Primogénito de Dios" (Hebreos1, 6). Asimismo, las Sagradas Escrituras agregan que los "primogénitos" pueden ser "unigénitos" (1Crónicas 23,17); de hecho, Cristo Jesús también es el "Unigénito de Dios" (Juan 3,16; 1,14).
IV. LA INFANCIA DE JESÚS
Los dos únicos relatos que encontramos en el Nuevo Testamento de la infancia de Jesús, no nombran hermanos menores, así por ejemplo:
En el destierro de la sagrada familia a Egipto y después de la muerte del rey Herodes, un ángel se le aparece en sueños a José ordenándole que regrese a Israel con María y el niño (Mateo 2,19-20). Ahora bien, se sabe con certeza que el Mesías nació en el año 747 de la fundación del imperio romano, siete años antes de nuestra era actual; y el rey Herodes el grande murió en la primavera del año 750, es decir, en el año 4 A.C. Por consiguiente, pasaron de tres a cuatro años; tiempo más que suficiente para que José y María hayan decidido tener alguno de los "cuatro hermanos" y otras "hermanas" del Señor (Mateo 13,55).
El evangelio de San Lucas (2,41-42), narra que "Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron allá todos ellos". Nótese bien, que se dice "todos ellos", ¿Quiénes?, "los padres de Jesús" y el mismo "Jesús". Igualmente, la misma respuesta se saca cuando María después de tres días encuentra a su hijo perdido en el templo entre los doctores de la ley: "- Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia" (Lucas 2,48)
V. EL TÉRMINO HERMANO EN LA BIBLIA
En el Antiguo Testamento que fue escrito en hebreo y arameo, no hay un vocablo para nombrar a los tíos, sobrinos, primos, cuñados o amigos; y es así como la palabra hebrea "aj" designa muchas veces al pariente más cercano de una misma familia. Del mismo modo, los traductores griegos del Nuevo Testamento traducen el término semítico de ""hermanos" (adelfos), en un sentido generalizado. Sobre este punto encontramos el caso de tíos y sobrinos como Abraham y Lot (Génesis13,8;14,16); Labán con Jacob (Génesis 29,13.15). Al igual que a los primos (1Crónicas 23,21-22); a los que pertenecen a una misma nación (Génesis 16,12; Deuteronomio 2,4); a los miembros de una misma tribu (2Reyes 19,12)o pueblo (Éxodo 2,11); a los que conforman la misma naturaleza humana (Mateo 5,22; Hebreos 2,11); y a los que tienen un mismo Padre Celestial (Hechos 10,23; Romanos 8,17; Colosenses 1,2; 1Juan 3,9-10).
Vl. LOS HERMANOS DE JESUS
Solamente aparecen en la vida pública del Señor, y son llamados con nombres propios: "?No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? (Marcos 6,3). Ahora bien, para tener una mejor comprensión sobre este tema es necesario estudiarlo detenidamente:
En ningún relato bíblico se afirma que los llamados hermanos y hermanas del Señor, sean hijos de ella. En las bodas de Caná, se nombra a María como "la madre de Jesús" (Juan 2,1.3); y no "la madre de Jesús, Santiago, José, Judas, Simón y otras hermanas". Igualmente, en la sinagoga de Nazaret, la gente sólo reconoce al Señor como "el hijo de José" (Lucas 4,22); y no "uno de los hijos de José". Del mismo modo, los judíos de la sinagoga de Capernaum identifican al Señor como el único hijo de José y de María (Juan 6,42).
De estos cuatro hermanos, se sabe que "Santiago" el menor y "Judas" Tadeo pertenecían al grupo de los doce amigos del Señor. Sin embargo, se explica que "Santiago" era hijo de Alfeo (Mateo 10,3; Marcos 3,18) y "Judas" como hijo de Santiago (Lucas 6,16; Hechos 1,13).
En la introducción de la carta de Judas Tadeo (1,1), leemos: "Yo Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago", haciendo una diferencia entre el uno y el otro. Además, en la epístola de Santiago (1,1) llamado como hermano del Señor, también se declara solamente como "Siervo de Dios y del Señor Jesucristo".
En otro encuentro con su madre y sus hermanos, el Mesías nos exhorta a creer que "los que oyen el mensaje de Dios y lo ponen en práctica, ésos son mi madre y mis hermanos"(Lucas 8,21); hablando de una familia en un sentido "espiritual" y no de "sangre". Porque "a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado" (Juan 1,12-13). Y es por eso, que su Hijo es "el mayor entre muchos hermanos"(Romanos 8,29).
En la pasión del Santo de Dios en el monte Gólgota, se habla de un grupo de mujeres conformadas por "María" la madre de Jesús, "y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofas" (Juan19,25), en compañía de otra "María la madre de Santiago el menor y de José" con "Salome" (Marcos 15,40). También se encontraba "María Magdalena" y "La madre de los hijos de Zebedeo" (Santiago el mayor y Juan) (Mateo 27,56).
Cristo utiliza el término "hermano" para dirigirse a los apóstoles, en la aparición a María Magdalena el domingo de resurrección (Juan 20,17), y en el día del juicio final (Mateo 25,40). Incluso, San Pablo agrega que el Señor también se apareció "a más de quinientos hermanos" (1Corintios 15,6).
En octubre de 2002, se dio a conocer el hallazgo de un osario judío, utilizado en los rituales funerarios de Jerusalén, del año 63 D.C., con una escritura en arameo que dice: "Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús". Para muchos fundamentalistas protestantes, esta era la prueba que demostraba que la virginidad de María era un mito; sin embargo, tal descubrimiento plantea varios interrogantes:
Su autenticidad ha despertado varias dudas en muchos arqueólogos y paleógrafos.
Sí se llegara a demostrar que este "osario de caliza" corresponde a Jacobo(Santiago), esto sólo probaría su parentesco con Jesús de Nazaret. Pero ya se explicó el significado del término "hermano" en la lengua aramea antigua.
La Iglesia Ortodoxa piensa que Jacobo, pudo haber sido un hijo anterior a José. No obstante, este argumento carece de respaldo bíblica.
Las inscripción no menciona a María como madre de Jacobo.
Vll. MARÍA: MADRE DE LA IGLESIA
La fe católica enseña que la Virgen Santísima es madre de todos los creyentes, desde el momento que el Redentor en la cruz le encomendó el cuidado a Juan, el discípulo amado, quien "la recibió en su casa"(Juan 19,26-27); cosa que no fuera necesario si El Señor hubiera tenido más hermanos carnales. Ella fue desde ese momento como nos asegura la tradición antigua el soporte espiritual de los apóstoles y discípulos de la naciente comunidad cristiana. Ya que "Todos ellos se reunían siempre para orar con los hermanos de Jesús, con María su madre y con las otras mujeres" (Hechos 1,14).
VIII. TESTIMONIO DE LOS SANTOS PADRES DE LA IGLESIA
Para los Santos Padres de la Iglesia la "Virginidad de María" era una creencia común, así por ejemplo: San Ignacio de Antioquía martirizado en el año 107, repetía varias veces en sus escritos que "Jesucristo nació de la Virgen María". San Hipólito, sacerdote romano muerto por Cristo en el 213, escribe: "La virginidad de María es un misterio que el mundo no puede comprender, y que se ha cumplido en el silencio de Dios". En este mismo siglo, otro gran apologista Orígenes, rechazaba las charlatanerías de un judío llamado Celso que negaba la virginidad de María; San Efrén muerto en el 373, decía de ella: "Tú eres la más pura en el alma y en el cuerpo, tú sobrepasas en castidad , en pureza y en virginidad a todas las criaturas". En este mismo año, San Ambrosio, obispo de Milán (Italia), redactó una carta a su hermana religiosa en Roma, en la que agrega: "Quién más casta que la madre que ha traído a su Hijo al mundo permaneciendo virgen. Ella era virgen pero no solo de cuerpo sino también de espíritu". San Basilio (+458), subraya: "Los amigos de Cristo no pueden aceptar que la madre del Señor haya perdido su virginidad". Asimismo, San Atanasio (+599), escribió: "María permaneció virgen hasta el fin". Mientras tanto, el célebre Doctor de la Iglesia San Agustín, obispo de Hipona (+430), agregaba: "Jesús nació de madre intacta, pues concibió siendo virgen, siendo virgen dio a luz, y murió virgen".
IX. MARÍA Y LOS PADRES DE LA REFORMA PROTESTANTE
Los fundadores de la reforma protestante, como Lutero, Zwinglio y Bucero; no negaron la integridad y la virginidad de la Madre del Hijo de Dios, pero sí lo hicieron sus discípulos inmediatos.
por Makf | 12 Mar, 2026 | Apologética 1
Autor: Guido A. Rojas Zambrano | Fuente: ApologetiCacatolica.org
Esta obra intenta explicar de una manera clara, ágil y sencilla diferentes temas relacionados con la fe, cada uno de ellos ha sido fundamentado al máximo en las dos fuentes de la Revelación Divina: la Santa Biblia y la Sagrada Tradiciòn..
I. LA NATURALEZA DIVINA DE JESÚS
En el antiguo testamento Isaías había revelado al pueblo de Israel que el “Hijo de Dios” sería llamado el “Emmanuel” (7,14), que en Hebreo traduce “Dios con nosotros”. Igualmente, el mismo profeta en otro de sus apartes lo llamó también “Dios invencible” (9,6). Del mismo modo, el nombre de “Jesús” quiere decir en hebreo “Dios salva”; así lo identificó el Arcángel San Gabriel al anunciarle a la Virgen María su misión (Lucas 1,31-33). Claro está, que el libro Bíblico donde más se hace alusión a la naturaleza divina de Jesús se encuentra condensado en el evangelio de San Juan; escrito en la ciudad de Éfeso a finales del siglo I, por petición de los obispos de Asia, para refutar y aclarar el error teológico que empezaba a extender un hereje de nombre Cerinto en compañía de los ebionitas, los cuales negaban esta verdad de Fe.
Las Sagradas Escrituras nos indican que “Jesús ha venido de Dios” (Juan. 6,46; 13,13), bajado del cielo (Juan 3,13), siendo de “Naturaleza divina” (Filipenses 2,6); “Porque todo lo que Dios es, se encuentra plenamente en la persona de Cristo” (Colosenses 2,9). “Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es” (Hebreo 1,3). “Nadie ha visto jamás ha Dios, el hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado ha conocer” (Juan 1,18). Dios quiso habitar en la persona de Cristo (Colosenses 1,19), quien es de Dios (1 Corintios 3,23) y procede de Dios (Juan 7, 29; 8,42). “Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha hecho que el Hijo tenga vida en sí mismo” (Juan 5,26); pues la gloria de Dios brilla en la cara de Jesucristo (2 Corintios 4,6)”. “ Cristo el que está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos” (Romanos 9,5), es la imagen viva de Dios (2 Corintios 4,4). Por esta razón, los fariseos lo atacaban porque siendo un hombre se hacía igual a Dios (Juan 5,18; 10,33).
Percatados de esta verdad, Cristo Jesús fue por eso adorado por los magos de Oriente (Mateo 2, 11), por el ciego de nacimiento al que le dio la vista (Juan 9,35-38), por las mujeres que se lo encontraron después de la resurrección (Mateo 28,9), por los apóstoles cuando lo vieron regresar a la presencia del Padre (Mateo 28,17; Lucas 24,52) y también por los ángeles del cielo (Hebreos 1,6). Cómo si fuera poco, el mismo Señor Jesús puso de manifiesto varias veces su naturaleza divina, pues “nadie conoce al hijo sino el Padre, ni al padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el hijo se lo quiera revelar”(Mateo 11,27), “el que no honra al hijo no honra al Padre que lo envió” (Juan 5,23). “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Juan10, 30), “el Padre esta en mí y yo en el Padre” (Juan10, 38); porque “todo lo que tiene el padre es mío” (Juan16, 15). Por todas estas declaraciones, el Unigénito de Dios puede decir con autoridad: “Nadie va al Padre sino por mí, si me habéis conocido a mí, conocéis también a mi Padre, y desde ahora lo conocéis y lo veis” (Juan14, 7).
Asimismo, tanto San Pablo como San Pedro nombran a Jesucristo en sus cartas como “Dios y Salvador” (Tito 2,13; 2 Pedro 1,1); título que también recibe “Dios padre” (Daniel 6, 27,1 Timoteo 2,3; 4,10; Tito 3,4). Es más, en la resurrección del Mesías, el apóstol Tomás exclama maravillado y convencido: “¡Señor mío y Dios mío!” (Juan 20,28); comparar con (1 Reyes 3,7: Salmo 86,12). Por su parte, el apóstol San Juan concluye diciendo: “Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna “(1 Juan 5,20), comparar con (Juan 17,3).
II. LA NATURALEZA HUMANA DE JESÚS
El hijo de Dios sólo podía ser verdaderamente el redentor del género humano, si adoptaba enteramente un cuerpo y un alma humana, con todo lo que implicaba haber tenido nuestra propia naturaleza (Hebreos 2,14). Sin embargo, por el mismo hecho de ser Dios, no tuvo en su vida terrenal caída alguna. “Porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó” (Hebreos 4,15), ya que “nunca cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53,9; 1 Pedro 2,22), “El es santo, sin mancha, apartado de los pecadores” (Hebreos 7,26), puesto que “ha sido hecho perfecto para siempre” (7,28), como hombre celestial (1 Corintios 15,47).
“Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés” (Gálatas 4,4). “Por medio de los profetas, Dios había comunicado este mensaje que trata de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor, que como hombre es descendiente del rey David” (Romanos 1, 3-4), porque El mismo “tomando naturaleza de siervo nació como hombre” (Filipenses 2,7). En cuanto a lo humano es de raza judía (Romanos 9,5), pues “por un poco tiempo, Dios hizo (a su Hijo) algo menor que los ángeles” (Hebreos 2,9); teniendo un desarrollo normal, ya que fue creciendo en cuerpo y mente, gozando del favor de Dios y de los hombres (Lucas 2,52; Proverbios 3,4).
De la vida pública de Jesucristo las Sagradas Escrituras nos aportan una abundante información sobre las necesidades físicas, virtudes y pasiones que sintió en carne propia. Pues experimentó el aguijón del hambre (Mateo 4,2; 21,18; Lucas 24,41-42), le pide agua de beber a la mujer de Samaria (Juan 4,6-8), siente nuevamente sed cuando esta en la cruz (Juan19, 28-30). En varias ocasiones llega al cansancio y el agotamiento físico (Marcos 4, 38; Juan 4,6), oraba en las madrugadas (Marcos1, 35), predicaba el mensaje de la salvación en aldeas y pueblos (Mateo 9,35), se retira a descansar a solas con sus apóstoles (Marcos 6, 30-32). Era un hombre pobre (2Corintios 8,9), que no tenía “donde recostar la cabeza” (Mateo 8,20). Vestía discretamente (Lucas 7,25; Juan 19,23), cargaba una túnica (o capa) (Lucas 8,44), usaba bastón (Marcos 6,8) y calzaba sandalias (Marcos 6,9). No obstante, y a pesar de vestir modestamente, su personalidad era atrayente; pues tenía una mirada penetrante (Marcos 5,32-33; 8,33); conocía el corazón de los hombres ((Juan 2,24-25; 6,64). Los apóstoles y los discípulos sienten temor y asombro, por sus predicaciones y prodigios (Marcos 4,41; 6,51; 9,6.32; 10,24.32); también los fariseos tienen miedo, porque la gente estaba admirada por sus enseñanzas (Marcos 11,18; Juan 7,15.32); al igual que toda la multitud (Marcos 9,15); “porque lo hacia con plena autoridad, y no como sus maestros de la ley”(Mateo 7,28-29; Lucas 4,22.32); “y comenzaron a albar a Dios, diciendo –Un gran profeta ha aparecido entre nosotros” (Lucas 7,16); “otros decían –Este es el Mesías” (Juan 7,40-41). Igual admiración despertaba por sus milagros (Marcos 2,12; Mateo 15,31).
Del mismo modo, el Mesías y el Salvador fue profundamente sensible con las criaturas humanas (2Corintios 10,1); es tierno con los niños que se acercaban a Él (Marcos 10, 13-16), siente cariño ante la primera confesión del Príncipe de la sinagoga (Marcos 10,20-21); es paciente y humilde de corazón (Mateo 11,29), eternamente misericordioso con los hombres (Hebreos 7, 25; 1Juan 2,1; Judas 21). Multiplica en dos oportunidades los panes y los peces, por que tiene compasión con la multitud hambrienta que lo seguía a todas partes (Mateo 14, 13-21; 15, 32-38); se conmueve con el leproso que le pide de rodillas que lo cure de su enfermedad (Marcos 1,40-42), por la madre que llora a su hijo muerto (Lucas 7,13), y por toda la gente “porque estaban angustiados y desvalidos como ovejas, que no tienen pastor” (Mateo 9,36 ; Marcos 6,34). Ama intensamente a los apóstoles hasta el final (Juan 13, 1; 15, 9-10), al igual que a toda la humanidad (Efesios 3,19; 5,2). Tiene alegría por la buena cosecha espiritual de los setenta y dos discípulos (Lucas 10,21), se admira por la fe del capitán romano (Lucas 7,9), y asombro ante la noticia de la muerte de Lázaro (Juan 11,33), también siente enojo y a la vez tristeza por los judíos que dudaban de su poder curativo (Marcos 3,5; 9,19), además de ira santa por los mercaderes que habían profanado el templo de Jerusalén (Juan 2,13-16; Mateo 21, 12-13). Llora por el terrible castigo que le aguardaba a la Ciudad Santa (Lucas 19, 41-44), y por el fallecimiento de su amigo (Juan 11, 35). Incluso, su humildad se vio probada al lavarles los pies a sus discípulos, antes de la última cena (Juan 13,5).
Al acercarse los días de su trágico destino, sufre intensamente por la prueba que tendrá que padecer (Marcos 8, 31; Lucas 12, 50; 24,26). Le duele la traición de Judas (Juan 13, 21). Llegada la hora suprema vive una tremenda angustia en el jardín de Getsemaní (Marcos 14, 35-36; Juan 12, 27), hasta el punto de que su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre que le caían por el rostro (Lucas 22, 44). Pues “mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo con voz fuerte y muchas lágrimas, oró y suplicó a Dios; quien tenía poder para liberarlo de la muerte” (Hebreos 5,7). Sin embargo, “ era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento” (Isaías 53,3; 1 Pedro 2, 21). Ya en la cruz se encuentra abandonado por su padre en los cielos (Mateo 27, 46; Salmo 22, 1-2). Finalmente grita y muere con dolor (Mateo 27,50).
Todo esto pasó “porque Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, una vez para siempre. El era bueno, pero sufrió por los malos, para llevarlos a ustedes a Dios” (1 Pedro 3,18). “Así que Cristo, a pesar de ser Hijo, sufriendo aprendió a obedecer” (Hebreos 5,8), y “se humilló a sí mismo, y por obediencia fue a la muerte, a la vergonzosa muerte de la cruz” (Filipenses 2,8). Por esta razón, “no hay duda de que el secreto de nuestra religión es muy grande: Cristo se manifestó en su condición de hombre, triunfó en su condición de espíritu y fue visto por los ángeles. Fue anunciado a las naciones, creído en el mundo y recibido en la gloria” (1 Timoteo 3, 16).
por Makf | 12 Mar, 2026 | Apologética 1
Autor: Guido A. Rojas Zambrano | Fuente: ApologetiCacatolica.org
Esta obra intenta explicar de una manera clara, ágil y sencilla diferentes temas relacionados con la fe, cada uno de ellos ha sido fundamentado al máximo en las dos fuentes de la Revelación Divina: la Santa Biblia y la Sagrada Tradiciòn..
I. CONTEXTO HISTÓRICO
La vida de Jesús de Nazaret se inicia cuando se cumple lo escrito por el profeta Isaías, al nacer del seno de una doncella virgen judía en el año 749 de la fundación de Roma, en tiempos del reinado de Augusto César. En aquel entonces el País de Palestina era una de las cincuenta provincias de este basto imperio que abarcaba casi toda Europa, el Norte de África y el Medio Oriente.
Los judíos vivían una de sus peores crisis a nivel político y social, la clase dominante era regida por los Saduceos quienes tenían el control del Templo de Jerusalén, centro espiritual y de peregrinación del pueblo hebreo. Estos a su vez rivalizaban doctrinalmente con los Fariseos encargados de las Sinagogas, escuelas religiosas donde se hacía el estudio de los libros sagrados de la Torá. Del mismo modo, se encontraban los Herodianos que conformaban la corte del rey Herodes el Grande aliados de los romanos, también estaban los publicanos quienes recogían los impuestos para el César, entre ellos estaba el apóstol Mateo.
Asimismo, los Celotes eran los guerrilleros que peleaban con las armas contra la dominación extranjera, en este grupo había militado Simón, otro de los compañeros de Jesús al igual que Barrabás; quien fue cambiado por el Señor a petición de los habitantes de la Ciudad Santa para morir crucificado.
II. LA PALESTINA DE JESÚS
Los Evangelios narran que el Mesías nació en Belén, la ciudad del rey David; de cuya estirpe real pertenecía su padre adoptivo José. Vivió treinta años en Nazaret y murió en Jerusalén, capital de Israel. Ya en cuanto a su vida pública la inicia a los treinta años de edad, cuando después de haberse hecho bautizar por su primo Juan Bautista en el río Jordán, empieza a recorrer durante tres años las aldeas y los campos de las cuatro provincias de Palestina (Judea, Galilea, Samaria y Perea) anunciando la "Buena Nueva", en especial a los pobres y marginados como los ancianos, las viudas, los huérfanos, los extranjeros al igual que los pescadores del mar de Galilea; entre los que se encontraban cuatro de sus apóstoles incluyendo a Pedro, a quien Jesús prometió en la región de Cesárea que sobre él edificaría su Iglesia al ser nombrado su primer pastor en la tierra. Esta labor apostólica ha continuado hasta nuestros días hasta llegar al Papa Juan Pablo II.
III. SU MISIÓN REDENTORA
Jesús cuyo nombre significa "Dios Salvador", recibió el título de Mesías en hebreo o Cristo en griego, que quiere decir "ungido" o "Sagrado"; con el que identificaban a los reyes, sacerdotes y profetas del pueblo escogido por Dios.
Igualmente, para demostrar su naturaleza y misión divina realizó grandes prodigios como curar a los ciegos, leprosos, paralíticos, mudos, resucitar a los muertos, como a su amigo Lázaro, expulsar demonios, transformar el agua en vino, multiplicar en dos oportunidades los panes y los peces para dar de comer a más de cinco mil personas, calmar la tempestad con su voz, caminar sobre las aguas, y dejar ver su resplandor glorioso en el monte Tabor a sus tres más cercanos seguidores: Pedro, Santiago el "Mayor" y Juan, el discípulo amado.
La predicación de Jesús era de fácil comprensión y asimilamiento, resumiendo los mandatos de la ley mosaica en dos grandes principios: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo". También hablaba de que su cuerpo y su sangre se convertirían en una "Nueva Alianza" o "Pacto Eterno" en el que no solamente estaban incluidos los judíos sino también los paganos, llamados a formar por el bautismo una única Iglesia Universal (Católica en griego). Para llevar este mensaje se valió especialmente de ejemplos y comparaciones con la vida cotidiana (parábolas).
Sin embargo, fueron muchos los que no aceptaron tales palabras, pues mientras Jesús les hablaba de un "reino en los cielos", ellos esperaban un rey guerrero como había sido David, que los liberara del yugo de los idólatras romanos, y los convirtiera en "reyes de este mundo"; esperanza que todavía anhelan muchos de los llamados judíos ortodoxos. Todo esto le ocasionó una serie de grandes peligros, destierros, intentos de asesinatos, calumnias y traiciones por parte del Sanedrín (consejo de ancianos), al mando del Sumo Pontífice Anás y su yerno Caifás, quienes se valieron de la codicia de Judas Iscariote para vender a su Maestro por treinta monedas de plata, precio que era pagado en aquel tiempo por un esclavo.
IV. LA PASIÓN DEL SEÑOR
El arresto y el juicio de Jesús se produjo en tiempos de la Pascua, que era la máxima fiesta religiosa en la que se celebra hasta nuestros días, la salida del pueblo judío de la esclavitud en Egipto, comandados por Moisés. Ya en cuanto las acusaciones en contra suya fueron tanto de carácter religioso porque siendo un hombre se hacía llamar "Hijo de Dios", y de orden político, pues recibía de sus seguidores el título de "Rey de los Judíos", lo que era considerado un acto de rebeldía al entonces emperador Tiberio César. Fue esta última denuncia lo que obligó al procurador Poncio Pilatos a sentenciarlo a la pena capital de la Cruz, castigo solo reservado a los peores criminales y soldados que desertaban de las filas imperiales.
Sobre la tortura de Cristo el viernes santo los evangelios nos narran de manera completa la gran cantidad de sufrimientos que tuvo que padecer, tales como las burlas y los insultos de los soldados, la coronación de espinas, los latigazos, los golpes con una caña en la cabeza, los puñetazos en la cara, el peso del madero desde el pretorio romano hasta el monte Gólgota o Calavera; y la terrible agonía de seis hora (9am a 3pm), acompañada de calambres, desgarre muscular en los brazos y espalda, las heridas abiertas, fiebre alta, deshidratación, un sudor frío que le bañaba todo el cuerpo, hasta experimentar la muerte por asfixia, según lo han concluido los médicos forenses.
V. LA RESURRECCIÓN Y LA NUEVA VENIDA
El domingo llamado El primer día de la semana, una de sus más fieles seguidoras, María Magdalena encuentra el sepulcro vacío; esta señal y las varias apariciones a sus amigos son las dos pruebas bíblicas que testifican su triunfal resurrección. Jesús permanece con sus apóstoles y discípulos incluyendo a su madre María durante cuarenta días, y regresa al cielo a la presencia del Padre en el monte de los Olivos. De aquí solamente volverá a la tierra en el día del juicio final (Parusía), donde será como un pastor que separe a las ovejas de las cabras; los buenos a la vida eterna y los malos a la condenación por los siglos de los siglos.
por Makf | 12 Mar, 2026 | Apologética 1
Autor: Guido A. Rojas Zambrano | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Esta obra intenta explicar de una manera clara, ágil y sencilla diferentes temas relacionados con la fe, cada uno de ellos ha sido fundamentado al máximo en las dos fuentes de la Revelación Divina: la Santa Biblia y la Sagrada Tradiciòn.
I. CONTEXTO GENERAL
La palabra religión proviene del latín “religare” y quiere decir ‘unir” o “atar” al hombre, como criatura creada; con Dios, como ser creador y supremo. En las primeras civilizaciones, culturas y pueblos los elementos de la naturaleza como el sol, la luna, las montañas, lagunas y ciertos animales eran considerados como sagrados. Igualmente, se conservan restos de altares, monumentos y datos sobre honras fúnebres en homenaje a sus muertos.
II. RELIGIONES MONOTEISTAS Y POLITEISTAS
El primer grupo es la religión revelada que cree en un solo y verdadero Dios representado en el Judaísmo (4.000 años atrás) en Irak; el Cristianismo (siglo primero de nuestra era) en Israel; y el Islam (siglo VI D.C.) en Arabia Saudita. El segundo grupo, son las religiones naturales que creen en varios dioses mitológicos y legendarios corno el Animismo (20.000 años atrás) de los pueblos ancestrales de Africa, Asia, Oceanía, Australia y las regiones selváticas; el Hinduismo (3.500 años atrás) en la India; el Zoroastrismo (3.000 A.C) de la antigua Persia (Hoy Irán); el Budismo (siglo II A.C.) en el Nepal y el Sintoísmo (siglo VI D.C.) del Japón.
III. COSAS EN COMUN
Para que se cumpla una religión en un plano general, es necesario tres instancias:
1. La existencia de un Dios o dioses a quien adorar
2.La realización de un sacrificio en su honor como lo sangre de animales, frutas, oro e incluso en la antigüedad víctimas humanas como doncellas vírgenes y niños.
3. En toda sociedad, grupo, clan o tribu siempre ha habido una persona encargada de realizar oraciones y ofrendas en representación de los creyentes, que bien pueden llamarse: rabino para los judíos, sacerdote para los católicos, pastor o reverendo para los protestantes, imán para los islámicos, brahmán o gurú para los hindúes, bonzo para los budistas, o brujo, hechicero, curandero, chaman o zipa para los animistas.
Cada religión llama a su deidades con nombres propios como en el caso de lo trinidad hindú que son: Brahma (dios creador), Visnú (dios del amor) y Shiva (diosa de la guerra), o Buda (el iluminado) para el budismo. Ya en cuanto a las monoteístas los judíos en lo antiguo alianza le daban el nombre de Yahvé (El que es) (Exodo 3, 14), los cristianos en la nueva alianza le decían Abba (Padre Nuestro) (Mateo 6,9), y los islámicos lo invocan con el nombre de Alá (el Misericordioso). Del mismo modo, todas tienen un fundador, enviado o profeta como Krisna en el hinduismo, el príncipe Shirdarta para budismo, Abraham y Moisés en el judaísmo, Jesucristo para el cristianismo y Mahoma en el Islam. También tienen un libro sagrado como los textos Vedas (conocimiento) en el hinduismo, el Mantra (herramienta para la meditación) en el budismo, la Torá (ley mosaica) y el Talmud (ley escrita) para los judíos, la Biblia (palabra de Dios) para los cristianos y el Corán (versos sagrados) en el Islam. Además de sus propios calendarios, mandamientos, lugares de culto, ritos, normas y fiestas religiosas.
IV. DATOS ESTADISTICOS
De los 6.200 millones de habitantes que tiene aproximadamente la Tierra, 1.300 millones se declaran ateos, agnósticos o sin religión, 1.200 millones son islámicos, 1.050 millones son católicos, otros 1.000 millones de diferentes denominaciones cristianas, 750 millones de hinduistas, 300 millones de budistas, 100 millones de animistas, 15 millones de judíos entre otros.
V. LA RELIGION VERDADERA
La única religión plenamente aceptado por el Altísimo es el cristianismo que abarca el nuevo pueblo de Dios ”(l Pedro 2,9 - 10); por la muerte de Cristo en la cruz (1 Corintios 1,18). Históricamente se inicia veintiún siglos atrás, cuando el Hijo de Dios funda la Iglesia Católico (Universal), en la persona del apóstol Pedro (roca) (Mateo 16, 16-18; Lucas 22,32; Juan 21, 15-17); tradición que se ha mantenido hasta nuestros días con el Papa Juan Pablo II.
VI. CISMA Y DIVISIONES
Hay que anotar que el cristianismo que tiene a Jesús como cabeza (Colosenses 1,18); su cuerpo conformado por los hombres, ha sido fracturado con el transcurso de los siglos ( 1 Corintios 11, 19). Primero se separó la Iglesia Ortodoxa (considerada como hermana de la Católica), en Constantinopla (Turquía) en el siglo XI. Posteriormente, en el siglo XVI en Europa con la reforma protestante, Martín Lutero en Alemania formó la Iglesia Evangélica, Juan Calvino en Suiza a los calvinistas o presbiterianos, y el rey Enrique VIII la Iglesia Anglicana de Inglaterra y la Episcopal en Estados Unidos. De estas tres iglesias se han multiplicado las diversas congregaciones como los metodistas, bautistas, mormones, adventistas, testigos de Jehová, asamblea de Dios, pentecostales y demás. En total se estima que existen unas treinta mil confesiones cristianas cada una interpretando la Biblia de una manera distinta; cumpliéndose así las palabras de san Agustín: “La división de los cristianos es el triunfo de Satanás”. Mientras que la católica acepta a un solo Señor (Jesucristo), una sola fe (en la oración del Credo). y un solo bautismo (Efesios 4.5).
VII. LA SALVACION UNIVERSAL
La Iglesia Católica como madre y maestra enseña que todas las criaturas humanas incluyendo a los no cristianos y ateos de buen corazón, están llamados al plan divino por caminos que el Padre Eterno conoce; pues “Jesucristo se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados, y no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo” ( 1Juan 2,2).
LA RELIGION EN EL HOMBRE
I. CONTEXTO GENERAL
La palabra religión proviene del latín “religare” y quiere decir ‘unir” o “atar” al hombre, como criatura creada; con Dios, como ser creador y supremo. En las primeras civilizaciones, culturas y pueblos los elementos de la naturaleza como el sol, la luna, las montañas, lagunas y ciertos animales eran considerados como sagrados. Igualmente, se conservan restos de altares, monumentos y datos sobre honras fúnebres en homenaje a sus muertos.
II. RELIGIONES MONOTEISTAS Y POLITEISTAS
El primer grupo es la religión revelada que cree en un solo y verdadero Dios representado en el Judaísmo (4.000 años atrás) en Irak; el Cristianismo (siglo primero de nuestra era) en Israel; y el Islam (siglo VI D.C.) en Arabia Saudita. El segundo grupo, son las religiones naturales que creen en varios dioses mitológicos y legendarios corno el Animismo (20.000 años atrás) de los pueblos ancestrales de Africa, Asia, Oceanía, Australia y las regiones selváticas; el Hinduismo (3.500 años atrás) en la India; el Zoroastrismo (3.000 A.C) de la antigua Persia (Hoy Irán); el Budismo (siglo II A.C.) en el Nepal y el Sintoísmo (siglo VI D.C.) del Japón.
III. COSAS EN COMUN
Para que se cumpla una religión en un plano general, es necesario tres instancias:
1. La existencia de un Dios o dioses a quien adorar
2.La realización de un sacrificio en su honor como lo sangre de animales, frutas, oro e incluso en la antigüedad víctimas humanas como doncellas vírgenes y niños.
3. En toda sociedad, grupo, clan o tribu siempre ha habido una persona encargada de realizar oraciones y ofrendas en representación de los creyentes, que bien pueden llamarse: rabino para los judíos, sacerdote para los católicos, pastor o reverendo para los protestantes, imán para los islámicos, brahmán o gurú para los hindúes, bonzo para los budistas, o brujo, hechicero, curandero, chaman o zipa para los animistas.
Cada religión llama a su deidades con nombres propios como en el caso de lo trinidad hindú que son: Brahma (dios creador), Visnú (dios del amor) y Shiva (diosa de la guerra), o Buda (el iluminado) para el budismo. Ya en cuanto a las monoteístas los judíos en lo antiguo alianza le daban el nombre de Yahvé (El que es) (Exodo 3, 14), los cristianos en la nueva alianza le decían Abba (Padre Nuestro) (Mateo 6,9), y los islámicos lo invocan con el nombre de Alá (el Misericordioso). Del mismo modo, todas tienen un fundador, enviado o profeta como Krisna en el hinduismo, el príncipe Shirdarta para budismo, Abraham y Moisés en el judaísmo, Jesucristo para el cristianismo y Mahoma en el Islam. También tienen un libro sagrado como los textos Vedas (conocimiento) en el hinduismo, el Mantra (herramienta para la meditación) en el budismo, la Torá (ley mosaica) y el Talmud (ley escrita) para los judíos, la Biblia (palabra de Dios) para los cristianos y el Corán (versos sagrados) en el Islam. Además de sus propios calendarios, mandamientos, lugares de culto, ritos, normas y fiestas religiosas.
IV. DATOS ESTADISTICOS
De los 6.200 millones de habitantes que tiene aproximadamente la Tierra, 1.300 millones se declaran ateos, agnósticos o sin religión, 1.200 millones son islámicos, 1.050 millones son católicos, otros 1.000 millones de diferentes denominaciones cristianas, 750 millones de hinduistas, 300 millones de budistas, 100 millones de animistas, 15 millones de judíos entre otros.
V. LA RELIGION VERDADERA
La única religión plenamente aceptado por el Altísimo es el cristianismo que abarca el nuevo pueblo de Dios ”(l Pedro 2,9 - 10); por la muerte de Cristo en la cruz (1 Corintios 1,18). Históricamente se inicia veintiún siglos atrás, cuando el Hijo de Dios funda la Iglesia Católico (Universal), en la persona del apóstol Pedro (roca) (Mateo 16, 16-18; Lucas 22,32; Juan 21, 15-17); tradición que se ha mantenido hasta nuestros días con el Papa Juan Pablo II.
VI. CISMA Y DIVISIONES
Hay que anotar que el cristianismo que tiene a Jesús como cabeza (Colosenses 1,18); su cuerpo conformado por los hombres, ha sido fracturado con el transcurso de los siglos ( 1 Corintios 11, 19). Primero se separó la Iglesia Ortodoxa (considerada como hermana de la Católica), en Constantinopla (Turquía) en el siglo XI. Posteriormente, en el siglo XVI en Europa con la reforma protestante, Martín Lutero en Alemania formó la Iglesia Evangélica, Juan Calvino en Suiza a los calvinistas o presbiterianos, y el rey Enrique VIII la Iglesia Anglicana de Inglaterra y la Episcopal en Estados Unidos. De estas tres iglesias se han multiplicado las diversas congregaciones como los metodistas, bautistas, mormones, adventistas, testigos de Jehová, asamblea de Dios, pentecostales y demás. En total se estima que existen unas treinta mil confesiones cristianas cada una interpretando la Biblia de una manera distinta; cumpliéndose así las palabras de san Agustín: “La división de los cristianos es el triunfo de Satanás”. Mientras que la católica acepta a un solo Señor (Jesucristo), una sola fe (en la oración del Credo). y un solo bautismo (Efesios 4.5).
VII. LA SALVACION UNIVERSAL
La Iglesia Católica como madre y maestra enseña que todas las criaturas humanas incluyendo a los no cristianos y ateos de buen corazón, están llamados al plan divino por caminos que el Padre Eterno conoce; pues “Jesucristo se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados, y no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo” ( 1Juan 2,2).