por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: P. Miguel Angel Fuentes, sacerdote I.V.E. | Fuente: teologoresponde.com.ar
¿Son iguales todas las Biblias?.
¿Me podrían decir cuál o cuáles son las diferencias entre una Biblia Católica y una Biblia Evangélica? Mi hermana acaba de recibir como regalo una Biblia de una persona que la quiere convertir al Evangelismo, y no sabemos en qué difiere de la nuestra pues aparentemente son iguales.
Otras:
Tengo una pregunta o más bien curiosidad: la Biblia que leen los católicos ¿es diferente a la que leen otras religiones?
Gracias por el tiempo que se toma para nuestras preguntas; en este caso la que tengo es: ¿por qué mi Biblia como católico es diferente a la de los protestantes?
Las respuestas, en los distintos casos, son muy semejantes y en cierto modo, debemos remitirnos al punto anterior sobre la historia de la formación del canon bíblico.
Responder a esta pregunta no es difícil, pero sí complicado, porque no se nos pide que digamos la diferencia de una versión católica con una determinada versión protestante sino con “la Biblia que leen los protestantes”; ahora bien, muchas personas, cuando hablan de los protestantes, engloban con este título tanto a los cristianos de iglesias reformadas tradicionales (luteranos, calvinistas, presbiterianos, etc.) cuanto a miembros de sectas que también usan la Biblia, como los Testigos de Jehová; y no es lo mismo una cosa que otra.
Trataré, por tanto, de indicar algunos puntos generales, sin hacer una comparación detallada, lo cual es imposible (para mí, aquí, con los límites que me he impuesto).
Ante todo, todas las versiones católicas y protestantes de la Biblia coinciden en muchas cosas: en la mayoría de los libros que contienen y sustancialmente en el sentido de los textos.
(1) En cuanto al número de los libros (el canon): como ya hemos indicado en el capítulo anterior, las versiones católicas de la Biblia tienen siete libros más que las versiones protestantes; son los libros que nosotros llamamos “deuterocanónicos” del Antiguo Testamento y ellos llaman “apócrifos” (1 y 2 Macabeos, Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, y Eclesiástico o Sirácida). En cambio, aceptan los 27 libros del Nuevo Testamento, aunque a siete de ellos los llaman “deuterocanónicos”. El motivo es que Lucero, en el momento de su separación de Roma, rechazó el “canon alejandrino” que contiene la lista de los 46 libros de la traducción de los “Setenta” (traducción al griego realizada en Alejandría de Egipto del hebreo al griego), adhiriéndose al “canon judío de Palestina” (los libros escritos en hebreo) que contiene 39 libros1.
En torno a los años 90-100 d.C., algunos líderes judíos se reunieron para tratar el tema del canon (conocido como el canon de Palestina) quitando los siete libros, pretendiendo volver al canon hebreo, y distinguirse así de los cristianos; pensaban que lo que no fue escrito en hebreo, no era inspirado (aunque Eclesiástico y 1 Macabeos estaban originalmente escritos en hebreo y arameo); las discusiones siguieron por muchos años, con mucho desacuerdo entre los diferentes grupos y sectas judíos. Los saduceos solamente confiaban en la Torá, los fariseos no podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés.
Solamente en el segundo siglo, los fariseos decidieron 39 libros. San Pablo, utilizaba la versión de los Setenta, y cuando los autores del Nuevo Testamento citan algo del Antiguo Testamento, lo citan según la traducción griega de los Setenta el 86% de las veces. Los descubrimientos de Qumran, en pleno siglo XX, ha mostrado que grupos judíos leían y usaban los libros “deuterocanónicos” (al menos se han encontrado los libros de Tobías, y Ben Sira o Eclesiástico).
Lutero y los demás reformadores, rechazaron los siete libros que nosotros llamamos deuterocanónicos (y ellos “apocrifos”) dando origen a la Biblia Protestante; también calificó de deuterocanónicos a varios libros del Nuevo Testamento, considerándolos de menor autoridad, sin embargo no los quitó, pues sostenía que, aunque no son iguales a las Sagradas Escrituras, son útiles y buenos para leer2. La Biblia de Zurich, traducida por Zwinglio y otros (1527-29), incluía los libros deuterocanónicos como útiles aunque los relegaba al último volumen y no los consideraba canónicos; algo parecido hizo la Biblia Olivetana, prologada por Calvino, en 1534-35.
En 1615, el arzobispo anglicano de Cantebury, proclamó una ley que llevaba un castigo de un año de cárcel, para cualquier persona que publicara la Biblia sin los siete libros deuterocanónicos, ya que la versión original de la King James (la más famosa de las versiones inglesas) los tenía; pero fue precisamente en Inglaterra, donde fue creciendo la oposición a estos libros, y en 1827 la “Sociedad Británica y Extranjera de la Biblia” los omitió completamente en su Biblia. Luego, otras editoriales hicieron lo mismo.
Estos libros no fueron añadidos durante el Concilio de Trento, como creen algunos protestantes, pues Lutero los había rechazado del canon precisamente porque estaban en el canon comúnmente admitido (aunque algunos discutieran su valor canónico), pero él consideraba que no debían estar al no haber sido escritos originalmente en hebreo. Trento define de modo definitivo el canon, pero no hace aceptar libros que hasta el momento se rechazaban.
De hecho, los manuscritos más antiguos (anteriores mil años a Trento), contienen los deuterocanónicos; y salvo el Codex Vaticanus, el más antiguo texto griego del Antiguo Testamento (en el que no están los libros de Macabeos), todos los demás manuscritos contienen los siete libros del Antiguo Testamento llamados deuterocanónicos.
Pasando de las grandes denominaciones protestantes a las sectas de inspiración pseudo-cristiana (pensemos en los Testigos de Jehová, por ejemplo), debemos decir que, en cuanto al canon bíblico, no difieren sus Biblias de las protestantes, aunque tal vez ellos han percibido con más fuerza el gran problema que plantea el dar razón del canon (o sea, por qué creemos que estos libros han sido inspirados), debiendo atribuir el poder de discernimiento “al cuerpo gobernante” de la Congregación cristiana, o sea reconociendo la necesidad de un criterio extra-bíblico3.
(2) El segundo tema es el de las versiones, es decir, las traducciones de la Biblia. Desde un primer momento, los reformadores no se contentaron con distinguir el canon protestante del católico sino que se dedicaron a hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas.
Sabemos que los textos originales de la Biblia han sido escritos en hebreo/arameo (la mayoría de los libros del Antiguo Testamento) y en griego (los libros del Antiguo Testamento que se conocen como deuterocanónicos, aunque algunos de los así denominados son traducciones del hebreo; los escritos del Nuevo Testamento, aunque se discute si algunos de éstos no son en realidad traducciones al griego de un texto original en hebreo o arameo).
Hubo traducciones desde tiempos antiguos, como lo demuestra la versión al griego de los Setenta (versión griega de los libros inspirados judíos, nuestro Antiguo Testamento), o la de Aquila, prosélito judío (en torno al 130 d.C.), la de Símmaco (fines del siglo II). Orígenes hizo una de las obras más monumentales de la antigüedad, conocida como Hexapla Biblia porque el texto estaba dispuesto en seis columnas que comprendían: el texto consonántico hebreo en caracteres hebreos, el hebreo trascrito en caracteres griegos, la versión de Aquila, la de Símmaco, el texto tradicional de los Setenta y la versión de Teodoción. Hubo traducciones al siríaco (el Diatessaron de Taciano, la Biblia Vetus Syriaca, la Biblia Peshitta, etc.), al copto (la forma más reciente de la lengua egipcia), al etiópico. San Jerónimo hizo una traducción al latín de toda la Biblia, asesorándose por maestros judíos para su traducción de los textos hebreos, conocida como Vulgata.
Mientras el mundo occidental cristiano se manejó en griego como lengua franca, y luego en latín, el uso de los textos bíblicos en estas lenguas no ofreció dificultad; pero con la formación de las lenguas romances y el desuso del latín por parte del vulgo, el texto latino de la Biblia se hizo ininteligible. Desde entonces, comenzaron a aparecer versiones en lenguas vulgares.
Corren sobre este tema, dos afirmaciones erróneas. La primera es que quienes comenzaron la labor de traducir y divulgar la Biblia en las lenguas vulgares o romances, o modernas, fueron los reformadores protestantes; la segunda: que éste fue un fenómeno propio de ambientes protestantes, pues la Iglesia católica prohibía a sus fieles la lectura de la Biblia. Las dos afirmaciones son históricamente falsas y no hace falta más que remitirse a los hechos históricos para corregirlas.
Es falsa, ante todo, la acusación (que es fácil de oír en ambientes protestantes) de que fueron los reformadores (principalmente Lutero) quienes por vez primera volcaron la Sagrada Escritura a las lenguas modernas. Escriben Tuya y Salguero: “Mucho antes de que Lutero iniciase la reforma protestante, existían numerosas versiones de la Biblia en las lenguas vulgares de muy diversos países. Según el P. A. Vaccari, entre los años 1450 y 1500 se cuentan unas 125 ediciones diferentes de la Biblia4, lo que demuestra cuán extendida estaba su lectura. En España, se leía la Sagrada Escritura en romance ya antes de Alfonso X el Sabio (1252-1284).
En Alemania, se hizo una versión en 1466, de la que aparecieron 15 ediciones antes del año 1500. La primera edición en lengua vulgar italiana, se publicó en Venecia el año 1471, de la que se conocen nueve ediciones antes de . 1500. En Francia, también se hizo una traducción el año 1477, que tuvo tres ediciones antes del año 1500”5
Es igualmente incorrecta la afirmación de que la Iglesia prohibió a sus fieles la lectura de la Biblia (o al menos la lectura de la misma en lenguas modernas). La misma profusión de versiones que acabamos de mencionar, atestigua la extensión del uso de la Biblia (incluso en versiones de lenguas vulgares) antes de la Reforma protestante. El Concilio de Trento, a raíz de que los protestantes atentaron contra la integridad de la Sagrada Escritura y contra la interpretación auténtica de la Iglesia (por ejemplo, en cuanto a las afirmaciones sobre la justificación), estableció normas de lectura que preservaran de falsas interpretaciones.
Pero no existe ninguna normativa canónica del Concilio tridentino que prohíba las versiones en lenguas vulgares y menos su lectura. Atestigua esto Pío XII: “No prohíbe el concilio Tridentino que, para uso y provecho de los fieles de Cristo y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales”6. Existieron, sí, prohibiciones locales, como las del concilio de Tolosa (1229), la de Tarragona (1233), el sínodo de Oxford (del año 1408); el motivo era la falta de autorización de las versiones cuestionadas y en algunos casos, el uso que hacían de ellas algunas sectas (como el caso de Tolosa que tiene relación con el problema de los albigenses).
Hay que reconocer, sin embargo, que en ambientes de la Reforma se dio un impulso particular a las versiones en lenguas vulgares modernas. Tal vez la más antigua y notable, sea la versión de Lucero, quien publicó en alemán el Nuevo Testamento en 1522 y el Antiguo entre 1523 y 1534. La más famosa de las versiones inglesas es la King James Version (de 1611), revisada sucesivamente en varias oportunidades. En castellano, la primera versión de la Biblia completa hecha por un protestante es la de Casiodoro de Reina (publicada en Basilea en 1569); en 1602 Cipriano de Valera la retocó y (según dice) cotejó la versión de Casiodoro con otras versiones, reeditándola.
Es la más conocida de las versiones protestantes castellanas (conocida como Reina-Valera). Sobre esta versión, ha escrito una magnífica reseña el eminente Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos7. Cito algunos párrafos de este crítico, por ser esta versión, la más común entre nosotros y por ser la autoridad de Menéndez Pelayo indiscutible en este punto8: “Esta Biblia es rarísima; llámasela comúnmente del Oso por el emblema o alegoría de la portada. Tiene año (1569), pero no lugar de impresión ni nombre del traductor; sólo sus iniciales C. R. al fin del prólogo (1858). , Doce años invirtió Casiodoro en su traslación, aunque como trabajo filológico no es el suyo ninguna maravilla. Sabía poco hebreo, y se valió de la traducción latina de Santes Pagnino (muy afamada por lo literal), recurriendo a la verdad hebraica sólo en casos dudosos.
De la Vulgata hizo poca cuenta, pero mucha de la Ferrariense9 ‘no tanto por haber acertado más que las otras… cuanto por darnos la natural y primera significación de los vocablos hebreos y las diferencias de los tiempos de los verbos’, aunque la tacha de tener grandes yerros, introducidos por los judíos en odio a Cristo, especialmente en las profecías mesiánicas, y de haber dejado muchas cosas ininteligibles o ambiguas. En cuanto a Casiodoro, aunque él mismo confiesa que ‘la erudición y noticia de las lenguas no ha sido ni es la que quisiéramos’, y le habilitaba sólo para entender y cotejar los diversos pareceres de los intérpretes, procuró ceñirse al texto sin quitar nada, como no fuera algún artículo o repetición de verbo cuya falta no menoscabara la entereza del sentido, ni añadir cosa alguna sin marcarla de distinta letra que el texto común o encerrarla entre vírgulas.
Estas ediciones son, ya de una o pocas palabras que aclaran el sentido, ya de variantes, especialmente en Job, en los Salmos, en los libros de Salomón y en las historias de Tobías y Judit. De la versión siríaca del Nuevo Testamento confiesa que no pudo aprovecharse porque salió aquel mismo año, cuando ya estaba impresa la suya. Conservó en el texto la voz Jehová, aunque nunca la pronuncien los hebreos. Usa los nombres concierto, pacto, alianza, para designar lo que los Setenta y la Vulgata llaman Testamento y se defiende en el prólogo de haber usado por primera vez en castellano los nombres reptil y escultura, que en la Ferrariense son removilla y doladizo.
Y procuró retener todas las formas hebraicas que conciertan con las españolas. Llenó la obra de notas marginales, que son interpretaciones o declaraciones de palabras. Las anotaciones de doctrina las reservó para imprimirlas aparte o ponerlas en otra edición (…) Como hecha en el mejor tiempo de la lengua castellana, excede mucho la versión de Casiodoro, bajo tal aspecto, a la moderna de Torres Amat y a la desdichadísima del P. Scío (…)
Cipriano de Valera (…) escribía con donaire y soltura (…) Los veinte años que dice que empleó en preparar su Biblia deben ser ponderación e hipérbole andaluza, porque su trabajo en realidad se concretó a tomar la Biblia de Casiodoro de Reina y reimprimirla con algunas enmiendas y notas que ni quitan ni ponen mucho. Tampoco he de negar que, en general, mejoró el trabajo de su predecesor (…) En cuanto a la traducción, el mismo Cipriano confiesa que siguió palabra por palabra la de Casiodoro, cotejándola con otras interpretaciones en diversas lenguas y quitando lo añadido por los Setenta o por la Vulgata que no se halle en el texto hebreo; lo cual principalmente acontece en los Proverbios de Salomón. Y a esto, a alguna que otra nota añadida, que se indica con diversa letra que las del traductor antiguo, y a algún retoque en el lenguaje se reduce toda la labor de Valera, que, sin embargo, pone su nombre, y calla el de Casiodoro, en la portada”.
He querido alargarme un poco en estas expresiones, pues creo que debe notarse el mérito literario de muchas de las primeras versiones protestantes de la Biblia. Podremos discutir las traducciones de algunos pasajes en concreto, pero no se puede poner en duda el valor de la obra en su conjunto (en cuanto a la versión literaria se refiere). Son conocidas las reiteradas ponderaciones que –entre nosotros– hace Leonardo Castellani de la versión inglesa King James.
No se puede decir lo mismo de las versiones de la Biblia divulgadas por los Testigos de Jehová. Dice el P. Petrino en su estudio sobre el uso de la Biblia por parte de esta secta: “La versión jehovista de la Sagrada Escritura ha llamado la atención de todos los estudiosos que no dudan en denunciar sus falsedades y notar sus divergencias con respecto de los textos bíblicos auténticos”10. Y cita a continuación las palabras de A. Hoekema: “La Traducción del Nuevo Mundo no es una traducción objetiva de la Biblia en inglés moderno, sino una traducción falsificada en la cual muchas de las enseñanzas de la Sociedad Wachtower han sido fraudulentamente introducidas”11.
Los Testigos de Jehová introducen en el texto, por tanto, grandes cambios que no son simples cuestiones lexicográficas sino alteraciones del texto bíblico original. A pesar de que diga seguir las ediciones críticas de R. Kittel y Westcott y Hort, en realidad se separa y las ignora cuando se ve comprometida la “doctrina” de la secta.
Para mayor confusión de muchos incautos, también los mormones (o Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días) usa también la Biblia (junto a otros libros reconocidos por ellos como sagrados: el Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y La Perla de Gran Precio). Ellos definen la Biblia como la historia de los tratos de Dios con los pueblos del Continente Oriental (Palestina, Egipto, etc.), mientras que el Libro de Mormón sería la historia de los tratos de Dios con los pueblos antiguos del Continente Occidental (las Américas)12. Los mormones enseñan expresamente que la Biblia no es el único libro revelado/inspirado13. Su fundador, J. Smith, usó originalmente la King James Version (en el Libro de Mormón se han contado hasta 27.000 palabras o frases tomadas literalmente de esa edición).
Sin embargo, la mayoría de las doctrinas enseñadas por mormones, tienen un sentido completamente distinto del bíblico, y constituyen una negación de las verdades no sólo católicas sino cristianas; así el dios de los mormones es pura materia, puro hombre, visible, no eterno, no es creador, no es omnipresente ni perfecto, ni único, etc.14
(3) Finalmente, una característica general de las ediciones de la Biblia no católicas, es la ausencia de notas explicativas, mientras que las Biblias católicas tienen notas (algunas más, otras menos). Las notas no son esenciales, ciertamente, ni forman parte de la Revelación, ni son inspiradas. Pero son muy útiles, y, en algunos casos, muy convenientes. Son indicaciones, explicaciones, comentarios o simplemente referencias a otros pasajes en que, el mismo tema sobre el que se hace la nota, vuelve a aparecer con un sentido más claro. No hay que poner las manos en el fuego por las notas de muchas ediciones católicas de la Biblia, las cuales pueden contener errores o ser tendenciosas (como ocurre, por ejemplo, con las notas de la llamada Biblia Latinoamericana).
Otras, en cambio, son magníficas, como la edición de la Biblia de L. Cl. Fillion, de 1887 (conozco la 4ª edición en ocho tomos de 1903, con texto en latín y notas en francés), o entre nosotros, la valiosa versión de J. Straubinger (primera versión católica americana hecha sobre los textos primitivos)15, cuyas notas constituyen pequeños artículos que destacan las ideas fundamentales de la Biblia, mostrando su aplicación en la vida, al igual que procuran mostrar la armonía que existe entre los dos Testamentos y la coincidencia de los pasajes paralelos, para que el lector tenga siempre a la vista la unidad viva de las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
En nuestros días (primeros años del siglo XXI) está realizando una importante obra el Prof. Scott Hahn, publicando una nueva edición de la Revised Standard Version pero con subsidios a pie de página, que ofrecen al fiel lector de la Biblia, concordancias bíblicas, notas exegéticas a los principales versículos, y notas teológicas importantes (unas que relacionan el contenido y la unidad de la Escritura mostrando cómo pasajes del Antiguo Testamento iluminan los misterios del Nuevo Testamento; otras tomadas de la tradición viviente de la Iglesia –santos Padres, magisterio–, poniendo en relieve los sentidos espirituales de la Escritura en continuidad con la gran tradición eclesiástica, y otras que subrayan “la analogía de la fe”, mostrando cómo los misterios de la fe se iluminan unos a otros poniendo de relieve la coherencia y unidad de los dogmas definidos y la infalible interpretación de la Iglesia). De vez en cuando también se intercalan breves análisis de términos bíblicos, y temas exegéticos de interés para el lector y el estudioso (como cuándo celebró Jesús la Última Cena, y otros). 16
Las Biblias protestantes carecen de notas por una cuestión lógica: el principio de libre examen. Cada fiel debe interpretar la Biblia de acuerdo a lo que le inspire el Espíritu Santo. No hay lugar para un magisterio que tenga por objeto la explicación de la Sagrada Escritura. Toda nota explicativa coartaría esta libertad de interpretación. Sin embargo, éste es un principio aparentemente respetado por el protestantismo; en la realidad, la ausencia de notas respeta a medias la libertad individual, puesto que: (a) por un lado, toda versión de la Biblia en otra lengua que no sea la original implica de suyo una interpretación; puede verse al respecto la versión griega del Nuevo Testamento preparada por los protestantes Nestle y Aland, para observar las distintas variantes de algunos pasajes y vocablos17; el traductor debe elegir entre variantes y, en muchos casos, interpretar un texto. A modo de ejemplo, podemos observar (tomando sólo las versiones españolas de Reina-Valera) diferencias (mínimas, pero diferencias al fin y al cabo):
- El versículo de Lucas 1,28 es traducido por la versión Reina-Valera Actualizada (1989): “Cuando entró a donde ella estaba, dijo: –¡Te saludo, muy favorecida! El Señor está contigo”. Omite las palabras “bendita tú entre las mujeres”, las cuales aparecen, en cambio, en la versión Reina-Valera (de 1909), en la Reina-Valera Revisada (1960) y la Reina-Valera Actualizada (1995).
- El versículo de Mateo 16,18 aparece en la Reina-Valera de 1909 como “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”; pero en lugar de piedra aparece “roca” en las versiones Reina-Valera Actualizada (1989), Reina-Valera Revisada (1960) y Reina-Valera Actualizada (1995). El cambio es importante, porque está detrás la discusión de la relación entre el nombre de Pedro y la “piedra” sobre la que se edifica la Iglesia de Jesucristo; la relación entre los términos arameos “Cefas-cefas” usados por el Señor queda en evidencia en la traducción “Pedro-piedra” y no tanto cuando se traduce “Pedro-roca” (de todos modos, llegado el caso se puede explicar bien).
- En Juan 6,56, Jesús dice “Ésta es mi sarka”. Las cuatro versiones que venimos mencionando (Reina-Valera, 1909; Reina-Valera Actualizada, 1989, Reina-Valera Revisada, 1960; Reina-Valera Actualizada, 1995) traducen “carne” (al igual que las versiones católicas); pero de hecho el término griego “sark”, admite otras acepciones como carne, cuerpo físico, naturaleza humana, descendencia terrena (como por ejemplo la usa san Pablo en Ro 9,8). Los traductores han hecho una interpretación (correcta) inclinándose, como más exacta, por la palabra “carne”18. En Lc 1,32 aparece dôsei, de dídômi, que si bien significa dar, garantizar, permitir, colocar, establecer, pagar, producir, causar, confiar, ofrecer, infligir (como castigo), etc., es traducido en todas las versiones como “dar” (“el Señor Dios le dará”). Etc.
Se podrían multiplicar los ejemplos. Algunas variantes son mínimas, otras no tanto, pero demuestran que el traductor es un “intérprete”, y no puede ser de otro modo.
Igualmente, los protestantes comentan, explican e interpretan la Biblia constantemente: lo hacen sus pastores y ministros en las homilías, lo hacen quienes citan algunos pasajes como aplicables en una situación determinada, y lo hacen sobre todo los que critican las interpretaciones católicas que nosotros hacemos de algunos pasajes. Por tanto, no respetan en toda su literalidad y amplitud el principio del libre examen. Una persona que acepte el principio de que la Biblia debe interpretarse individualmente, debe limitarse a darle a los demás un ejemplar de la Biblia en las lenguas originales y que se arregle solo. Y no criticar a los demás que hagan una interpretación distinta de la propia; ¿acaso un protestante niega el derecho de que un católico pueda leer la Biblia e interpretarla como el Espíritu Santo le dicte?; entonces, ¿por qué nos critican –sobre todos los miembros de las sectas– que nosotros entendamos que Jesucristo funda su Iglesia sobre Pedro, el que Jesucristo otorgue el poder de perdonar los pecados a los apóstoles y a sus sucesores, el que María sea virgen perpetuamente, etc.?
El principio del libre examen es también el principio de la estricta mudez. Si no hay magisterio pontificio ni episcopal, ni tradición válida, entonces tampoco debería haber pastores-predicadores (una fuente de ingresos que muchos pastores no dejarán escapar tan fácilmente, aunque tengan que gambetearse a Lutero –hasta cierto punto, pues tampoco Lutero lo respetó), ni deberían existir las universidades de teología, ni las escuela de Biblia (que deberían limitarse a ser escuelas de lenguas), etc. Pero esto no lo van a admitir, porque cada perro defiende su hueso, aunque enseñe (para los demás) que los huesos no se comen.
Referencias:
1 No nos ocupamos en este libro directamente de la situación de las iglesias orientales cismáticas (se puede consultar el tema, por ejemplo, en James Turro y Raymond Brown, Canonicidad, en Comentario Bíblico San Jerónimo, Ediciones Cristiandad, Madrid 1972, Tomo V, p. 73-74). Baste decir que, con ciertas variantes, se impuso la influencia de la versión de los Setenta con el canon completo. Jugie ha demostrado que la iglesia bizantina, desde sus comienzos hasta la Edad Media, aceptó los libros deuterocanónicos; no hay noticias de disputas entre latinos y griegos sobre el canon. Recién después de la reforma protestante y por influencia de ella entre los griegos cismáticos surgen dudas y las opiniones se hacen fluctuantes, pero dentro de todo, en la mayoría de las ediciones aparecen la mayoría de estos libros.
2 Cf, James Turro y Raymond Brown, Canonicidad, en Comentario Bíblico San Jerónimo, Ediciones Cristiandad, Madrid 1972, Tomo V, p. 71.
3 Así dicen: “(…) tal como por su espíritu o fuerza activa Dios otorgó a ciertos cristianos discernimiento de expresiones inspiradas, también pudo guiar al cuerpo gobernante de la congregación cristiana para discernir qué escritos inspirados tenían que incluirse en el canon de las Sagradas Escrituras” (Sociedad Torre de Guardia, “Ayuda para entender la Biblia”, New York 1987, p. 797; cf. Juan D. Petrino, La lectura de la Sagrada Escritura bajo el régimen de la Organización de los Testigos de Jehová. El uso de la Biblia en el ‘Salón del Reino’, Tesis doctoral, Università San Tommaso d’Aquino, Roma 1989, p. 136).
4 Cf. A. Vaccari, Lettura della Bibbia alla vigilia della Riforma Protestante: CivCatt 3 (1933) 313-325; 429-450; Id., Bibbia e Bibbie: CivCatt (1937,2) 231-243.
5 Tuya-Salguero, Introducción a la Biblia, op.cit., I, pp. 579-580.
6 Pío XII, Enc. Divino afflante Spiritu, Enchiridon Biblicum, n. 549.
7 En la versión Emecé Editores, Buenos Aires 1945, tomo V, cap. X, III y VI.
8 Entresaco sólo algunos párrafos de los capítulos indicados en la nota anterior. Vale la pena, incluso para un protestante, leer completo el texto del autor.
9 Se refiere Menéndez Pelayo a la versión judía en castellano conocida como Biblia de Ferrara.
10 Petrino, J.D., op. cit, p. 144; en nota al pie indica una variada bibliografía como los estudios de Aveta-Palmieri, Carrera, Clark, etc. Remito a su obra.
11 Hoeckema, A., The Four Major Cults, Michigan 1963, p. 242; Petrino, op.cit, p. 145.
12 Cf. Antonio Colom, S.J., ¿Teología? Mormona (Exposición y refutación), Fe Católica Ediciones, Madrid 1976; Montefrío, Los Mormones, Fe Católica Ediciones, Madrid 1971, Ernesto Bravo, S.J., Los Mormones, en: AA.VV. (CELAM), Las Sectas en América Latina, Claretiana, Bs.As. 1989, pp. 39ss.
13 Se puede leer expresamente en “El libro de Mormón”, 2 Nefi, 29,10: “no por tener una Biblia debéis suponer que contiene todas mis palabras; ni tampoco debéis suponer que no he hecho escribir otras más”.
14 Pueden leerse las citas correspondientes en los lugares citados más arriba sobre la doctrina mormona.
15 Hay una edición reciente en tomo único: La Santa Biblia, Fundación Santa Ana, La Plata 2001.
16 La edición (en curso) está siendo publicada en forma de cuadernillos por Ignatius Press; Hahn ha trabajado en colaboración con Curtis Mitch.
17 La famosa edición del “Novum Testamentum Graece”, de Nestle y Aland, editado por Deutsche Bibelgesellschaft Suttgart, con numerosas ediciones, tiene a pie de cada página las numerosas variantes de algunas palabras que se encuentran en los antiguos códices; los editores han debido elegir por las variantes más seguras, lo que exige un trabajo de interpretación. Esta edición puede conseguirse tanto en librerías católicas como protestantes, como en la “American Bible Society”, de New York (1865 Broadway).
18 Uso para estos análisis gramaticales: Barclay M. Newman, A Concise Greek-English Dictionary of the New Testament, United Bible Societies 1971 (UBS), Deutsche Bibelgesellschaft (German Bible Society), Stuttgart 1993
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por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: Xavier Villalta
Biblia e Iglesia.
Puntos de meditación sobre la relación Biblia-Iglesia.
La Biblia no puede ser comprendida correctamente si se toma desligada de la Iglesia en la que nació.
1. La Iglesia no nació de la Biblia, porque la Iglesia es anterior a la Biblia.
Es decir, primero fue la Iglesia, y en ella nació la Biblia. Esto, lo mismo con respecto a Israel, si nos referimos al Antiguo Testamento, como con respecto a la Iglesia Cristiana, si nos referimos al Nuevo testamento.
Cuando se escribieron los libros del Nuevo testamento, la Iglesia ya había sido fundada por Cristo, pues recordemos que Cristo murió y resucitó alrededor del año 30, mientras que los libros del Nuevo testamento, fueron escritos mucho después.
Por ejemplo, el Evangelio de San Marcos se escribió alrededor del año 64; San Lucas escribió su Evangelio entre los años 65 y 80de esas fechas más o menos data el Evangelio actual de San Mateo.
Los primeros libros del N T son las cartas de San Pablo, escritas entre los años 51 y 67. El último fue el Apocalipsis escrito entre los años 70 y 95.
2. Cuando se escribió la Biblia (en concreto en N.T) la Iglesia era ya una comunidad viva, gobernada por los Apóstoles y por sus sucesores, que transmitían de viva voz la Palabra de Dios.
No todo lo que pasó quedó escrito, ni siquiera de la vida y Predicación de Jesús (Jn 21,25; 2 Te 2,15; 2 Tim 1, 13; 2,2; 2Jn 12)
3. La Biblia es verdadera Palabra de Dios, y debemos creer y obedecer lo que nos enseña y manda. Pero Jesucristo no vino a escribir una Biblia. El vino a inaugurar el Reino de Dios y para eso fundó una comunidad (su Iglesia) que fuera ya en el mundo el anuncio y el inicio permanente de ese Reino.
A sus Apóstoles Jesús no los mandó a repartir Biblias sino a predicar y a dirigir en su nombre su Iglesia ( Mt 28, 19; Lc 10,16; Rom 10,17).
A sus discípulos, Jesús no los mando a que leyeran la Biblia para conocer su voluntad, sino que los puso en relación con su Iglesia, y con las autoridades que dejó en ella (Hech 9, 6-17; Mt 18,15-17) Esto mismo hizo Yahvé en el A:T. (Dt 17, 8-13)
Encontramos en la Biblia partes difíciles de entender, y que muchos falsean su sentido, razón por la cual es necesario que alguien, que esté inserto plenamente en la Iglesia, ayude a entender (2 Pe 3,16; Hech 8, 29-31)
4. La Iglesia cristiana del siglo I era guiada por la Palabra de Dios. Pero ésta no estaba sólo en los pocos libros que escribieron algunos de los Apóstoles, sino que se encontraba también en las palabras y hechos de Jesús, en la predicación de los Apóstoles, y en la orientación que daban continuamente a la predicación de los Apóstoles, y en la orientación que daban continuamente a la Iglesia y que ella recogía, conservaba y vivía con Fidelidad.
A este conjunto de orientaciones vivas de Cristo y de los Apóstoles (Que no quedaron escritas ) es a lo que la Iglesia llama la Tradición, la cual quedo plasmada en la vida misma de la Iglesia, en sus instituciones, en su culto y sobre todo, en su manera de entender las cuestiones que plantea la Biblia.
5. La Tradición es la atmósfera o el ambiente en el que ésta se escribió, y la clave para interpretarla correctamente.
La Tradición es la vida y la fe de la Iglesia del siglo I que juntos con la Biblia escrita, se ha conservado y transmitido fielmente.
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: Autores varios | Fuente: Apologetica.org
¿Por qué aceptar algunos libros, pero no todos, cuando fue la misma Iglesia que decidió aceptar toda la Biblia de una vez como la tienen los católicos?.
La Biblia protestante es diferente de la católica. Mirando el índice de libros que contiene la Biblia contamos 66 libros, mientras que la Biblia católica y la Biblia ortodoxa contienen siete libros más.
En la Biblia protestante faltan 1 y 2 Macabeos, Tobías (o Tobít), Judit, Baruc, Sabiduría, y Eclesiástico (o Sirácides) conocidos como "deuterocanónicos” [1].
Los hermanos no católicos llaman a los siete libros deuterocanónicos "Apócrifos", aunque no es un término muy exacto para lo que se quiere señalar, ya que "apócrifo" significa etimológicamente "escondido", haciendo alusión al autor, que es "desconocido" y suele "esconderse" tras un pseudónimo.
En este sentido hay otros libros "apócrifos" que sin embargo forman parte de los libros inspirados (como la carta a los Hebreos, que no fue escrita directamente por Pablo, pero que lleva su nombre).
Como sea, la realidad es que los protestantes no admiten estos libros como inspirados.
¿Por qué la diferencia?
Fue solamente en el año 393 d.C. que los obispos se unieron con los sacerdotes y laicos para discernir cuáles libros son inspirados, o también "canónicos". La Iglesia tenía el poder de hacer eso porque Jesús le dio el poder de atar y desatar (Mt 18, 18) y prometió enviar al Espíritu Santo para la plenitud de la verdad (Jn 14, 26).
En el siglo XV Martín Lutero pensó que los primeros cristianos usaban el "canon judío de Palestina" (los libros escritos en hebreo), 39 libros. Pero en realidad los 46 libros del "canon Alejandrino" o "traducción de los Sesenta" (la traducción al griego de los libros hebreos, pues el griego era el idioma internacional de este tiempo) era aceptado por la gran mayoría de los judíos dispersos por todo el mundo (la "diáspora"). Alejandría era el más grande e importante centro judió en el mundo de habla griega.
Alrededor de los años 90-100 d.C. algunos líderes judíos se reunieron para tratar el tema del canon (conocido como el canon de Palestina) quitando los siete libros, su objetivo era regresar al canon hebreo, y distinguirse así de los cristianos.[2] Pensaban que lo que no fue escrito en hebreo no era inspirado (aunque Eclesiástico y 1 de Macabeos estaban originalmente escritos en hebreo y Arameo.[3])
Sin embargo, la discusión entre ellos siguió por muchos años, y sus decisiones no fueron universalmente reconocidas. Había mucho desacuerdo entre los diferentes grupos y sectas judíos. Los saduceos solamente confiaban en el Torá, los fariseos no podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés. Solamente en el segundo siglo los fariseos decidieron 39 libros[4]. El apóstol Pablo, que viajó por todo el mundo de hablar griego, utilizaba la versión de los LXX.
Cuando a san Jerónimo se le pidió que tradujera la Biblia en latín (en 382 d.C.) optó por seguir la decisión de los judíos y rechazó los siete libros, llamándolos "apócrifos". Esta decisión de Jerónimo fue rechazada por los concilios ya mencionados Y Jerónimo aceptó la decisión de los concilios.
Al fin y al cabo, los judíos expulsaron a los cristianos de la sinagoga y no les dejaron participar en la decisión sobre el canon. Hoy en día muchos se basan en las decisiones judías sobre el canon. Ahora bien, esos mismos judíos habían ya decidido rechazar a Jesús como Mesías: ¿por qué dar a ellos la autoridad sobre el canon del AT?
Martín Lutero y los demás reformadores decidieron seguir la decisión judía de basar el canon del AT sobre el idioma hebreo y sacaron los siete libros de su Biblia. Los llamaron "apócrifos" siguiendo la idea de San Jerónimo. Así comenzó la Biblia Protestante. En el tiempo de la Reforma, Lutero (1534) introdujo la idea de calificar los varios libros del NT según lo que él consideraba su autoridad. Otorgó un grado secundario a Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis, los puso al final de su traducción.
Hizo igual con los siete libros del AT, pero no los quitó de la Biblia. Dijo que no son iguales a las Sagradas Escrituras, pero sí son útiles y buenos para leer (Artículo VI de los 39). En 1643 el profesor John Lightfoot les llamó ”apócrifa desgraciada”. En 1827 la Sociedad Británica y Extranjera de la Biblia los omitió completamente en su Biblia. Luego, otras editoriales hicieron lo mismo.
Algunos hermanos dicen que la Iglesia católica añadió estos siete libros en el Concilio de Trento (siglo XVI), pero Lutero no hubiera podido rechazar estos libros si ellos no hubieran estado ya en el canon.[5] Otros dicen que no se citan en el NT. Pero, tampoco el Nuevo Testamento cita Ester, Abdías y Nahum, y sin embargo los hermanos los aceptan en su Biblia.
Los cristianos usaban el rollo grande más que el pequeño por ser escrito en griego. El griego, idioma universal de este tiempo, era el idioma del NT. Justino Martir escribió que la Iglesia tenía un AT distinto a lo de los judíos. Sin embargo, por consideración a los judíos, sobre todo en las controversias, algunos representantes aislados de la Iglesia, por lo menos en la práctica, no pusieron ya desde el principio, los siete en la misma línea con los otros 39.
Los judíos de Palestina decidieron el canon del AT alrededor de los años 90-100, como se dijo, rechazando los siete libros escritos en griego. Algunos hermanos se basan en Ro 3, 1-2 para decir que el cristiano debe reconocer esta decisión judaica palestina: "¿Qué ventaja tiene pues el judío? Primero ciertamente que les ha sido confiada la palabra de Dios" [6]. Sin embargo, de aquí no se sigue que ellos tengan más autoridad que la Iglesia del Nuevo Testamento para aprobar los libros sagrados.
¿Cómo puede ser que rechacen al Mesias, si a ellos había sido confiada precisamente la Palabra de Dios? El hecho de que Dios les haya dado la Palabra de Dios no garantiza que sean infalibles en su interpretación o discernimiento; si lo hubiesen sido, nunca hubiesen rechazado al Mesias. Además: ¿quiénes tenían que decidir el canon? ¿Qué judíos? ¿Qué autoridad? ¿Quiénes se reunieron en Jamnia para esa decisión? ¿Hay algún documento?
Los manuscritos más antiguos del AT (por mil años) contienen los Deuterocanónicos. Salvo la ausencia de Macabeos en el Codex vaticanus, el más antiguo texto griego del AT, TODOS LOS DEMAS manuscritos contienen los siete libros.
“De los 850 documentos de los que han hallado restos en Qumrán, unos 223 son copias de distintos libros del Antiguo Testamento; se hallan representados casi todos los libros de la Biblia hebrea (menos Ester), y algunos deuterocanónicos (Tobías, y Ben Sira o Eclesiástico)… Como se sabe, la actual Biblia hebrea tiene como base un manuscrito de Leningrado copiado el año 1008 d.C., y representa el texto consonántico oficial rabínico (Texto Masorético), fijado con toda precisión en el siglo II d. C., y transmitido sin variantes hasta nuestros días.
Frente a él, los cristianos de Oriente y los occidentales no reformados utilizaron habitualmente los libros y el texto representados por la antigua versión griega de los LXX…Al publicarse los primeros manuscritos bíblicos de Qumrán, en concreto, dos rollos de Isaías encontrados en la cueva 1, se encontró que estos textos -mil años más antiguos que los manuscritos medievales en que se basan las biblias hebreas y anteriores a la unificación masorética.- eran prácticamente iguales al texto conocido”. Los documentos del Qumrán, ¿qué aportan al cristianismo, por Eulalio Fiestas Le-Ngoc en Palabra, Octubre 1994, p. 71.
"Los Padres conciliares (de Trento) sabían que los concilios africanos (Hipona, Cártago) del siglo IV habían aceptado los libros deuterocanónicos; resulta curioso, que Trento, al aceptar un canon más largo, parece haber conservado un auténtico recuerdo de los primeros días del cristianismo, mientras que otros grupos cristianos, en su reconocido intento de volver al cristianismo primitivo, se decidieron por un canon judío más reducido que, si están en lo cierto algunos investigadores protestantes como A.C. Sundberg y J.P. Lewis, era una creación de época posterior".¡Estos investigadores protestantes descubrieron que la Iglesia primitiva usaba el rollo grande!
Cuando los autores del NT citan algo del AT, lo citan según la traducción griega de los Setenta el 86% de las veces. Algunos hermanos admiten esto pero tratan de decir que los siete libros eran "suplemento" del rollo grande, y por eso Cristo y los apóstoles no los citaron. Pero los autores del NT no hacían esta distinción.
Citar el rollo era admitir que todo ello es inspirado. Si eran falsos, agregarlos como "suplemento" hubiera sido hacer impuro todo el rollo (y el culto en el cual se les utilizaba). Sabemos la reverencia de lo judíos hacia las Sagradas Escrituras. Cuando Jesús entró en la sinagoga para leer del libro (Lc 4, 6-17) hubiera sido un momento provechoso para decir que entre los libros había siete que no eran inspirados.
Además, los siete sí son citados en la Tradición oral, como demuestran los padres apostólicos. Y son citados directa o indirectamente en los siguientes: Mt 6, 7 alude a Eclo 7, 14. Mt 6, 14 alude a Eclo 28, 2; Ro 1, 19-32 alude a Sab de 12, 24 a 13, 9; Ef 6, 14 la idea está en Sab 5, 17-20, y Stg 1, 19 es influenciado por Eclo 5, 13. 1 P 1, 6-7 se ve en Sab 3, 5-6. Compara Heb 1, 3 y Sab 7, 26-27 1 Co 10, 9-10 con Jud 8, 24-25, 1 Co 6, 13 y Eclo 36, 20, etc.
Es importante recordar que los hermanos aceptan libros del AT que nunca son citados en el NT como Rut, Eclesiastés, Cantares, y que ¡la Carta de Judas (vv. 14 y 9) cita a 1 Enoc y la “Asunción de Moisés”!
¿Por qué aceptar algunos libros, pero no todos, cuando fue la misma Iglesia que decidió aceptar toda la Biblia de una vez como la tienen los católicos?
Al fin y al cabo el debate sobre si los siete libros son apócrifos o no, es un debate sobre cómo sabemos si ellos son inspirados. Y vimos que sin la Iglesia no podemos saber esto. El católico sabe con certeza que la Biblia es inspirada porque la Iglesia católica dijo que lo era, la última vez en el concilio de Trento.
Martín Lutero en su Comentario sobre San Juan dijo: "Estamos obligados de admitir a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta". Esta Iglesia pronunció que TODOS los 73 libros que componen el Antiguo y Nuevo Testamento son revelación.
En 1615 el arzobispo anglicano de Cantebury proclamó una ley que llevaba un castigo de un año en la cárcel para cualquier persona que publicara la Biblia sin los siete libros deuterocanónicos, ya que la versión original de la King James los tenía.
"Ha sido decidido que nada sea leído en la Iglesia aparte de las Escrituras divinas. Las Escrituras canónicas son las siguientes: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué…Tobít, Judit,… los dos libros de Macabeos, dos libros…" (Canon N° 3).[7]
Hermano, imaginemos que un cristiano solamente tiene el Evangelio de Marcos, le faltaría mucho en su conocimiento de Jesucristo, no sabría nada de su infancia, porque esto se encuentra solamente en Lucas y Mateo; nada del Padre Nuestro (no está en Marcos), la parábola del hijo pródigo, la boda de Caná, etc. Si un hermano tuviera solamente una hoja de la Biblia, ¿podría pensar que sabe toda la revelación de Dios?
Sin la Biblia católica un hermano difícilmente sabría toda la revelación de Dios sobre los difuntos y el purgatorio (2 Mac 12, 45; Sab 3, 5-6), sobre el alma (Sab 3,1), el buen uso del vino (Eclo 31, 25-27), María, la madre de Jesús (Jdt 13, 18-20), la intercesión de los Santos para nosotros (2 Mac 15,13-14) y muchas otras cosas. ¿Por qué no pedir a Dios luz sobre este asunto importante?
¿Qué dijo la Iglesia primitiva?
Entre los padres de la Iglesia Clemente cita a Judit, Tobías y Ester. En su Carta al los Corintios (27, 5). Cita Sab. 12, 12.
Didajé cita Eclo 4, 31 (en 4, 5) y Sab12, 5 (en 5, 2).
Carta de Bernabé cita a Sab 2, 12 (en 6, 7).
Policarpo, en su Carta a los Filipenses (10:2) cita a Tobías 4, 10.
También los siete libros "deuterocanónicos" ofrecieron a los antiguos artistas cristianos materia para decorar las catacumbas.
Los eruditos hablan
Del libro Evangelio y tradición de Israel. Matthieu Collin & Pierre Lenhardt, EVD, España, 1991.
"Los Hechos hacen decir también a Pablo: <> (Hch 28, 17). Aquí se ve claramente que se trata, ya no en primer lugar de la escritura -la torá escrita-, sino de la forma de vivir transmitida por los padres, que es exactamente la Torá oral de los fariseos. Además, Flavio Josefo utiliza la misma expresión que los Hechos: <>, para hablar del estudio fariseo de la ley (p. 11).
Bajo el título Torá escrita y Torá oral: "La primera anécdota destaca el hecho de que la Escritura no puede prescindir de un mínimo de oralidad. Para que se entienda la palabra de Dios, hay que leerla, y por tanto, ante todo, aprender a leer. La lectura supone el aprendizaje del alfabeto con un maestro digno de confianza. Para acceder a la palabra de Dios escrita, se necesita un maestro autorizado, lo cual permite concluir que la Torá escrita se transmite por la Torá oral.
¿Cómo podría un maestro conducir a la palabra de Dios escrita, si su palabra oral, por elemental que fuese, no fuera el comienzo de la palabra de Dios? Por otra parte, ¿Puede concebirse que la palabra de Dios escrita, cuando es recibida y transmitida oralmente, pueda dejar de ser palabra de Dios? Además, hay que reconocer que la Torá oral precede a la Torá escrita en la enseñanza, lo mismo que la precedió en el momento de la revelación del Sinaí, donde Dios habló a Moisés antes de escribir sus mandamientos en las tablas de piedra…. Notémoslo aquí: La expresión <> significa para un fariseo la Torá escrita y la Torá oral (cf. Pablo en Gál 5, 14)” (p. 18).
La necesidad de la interpretación y traducción autorizada
"La coherencia de la Torá consiste en enseñar ella misma que no puede recibirse como palabra de Dios más que en la tradición controlada y autorizada que transmiten los sabios (p. 19).
"Los sabios reunidos en Yabné no hicieron más que confirmar la Torá oral de los fariseos. A más tardar en el año 100 d. C., es evidente que se enseña en Israel que hay una Torá bajo dos formas: la Torá escrita y la Torá oral (p. 29).
"El punto de partida es la recepción: la Torá no es obra de los hombres, sino que Moisés la transmitió después de recibirla de Dios. Es la Torá en toda su amplitud la que aquí se transmite, y es la Torá oral la que evidentemente tiene aquí la prioridad, ya que depende de la legitimidad de la sucesión de los maestros" (p. 29). Jesús siguió la misma línea cuando implementó la regla de la Sucesión Apostólica.
"Según el modelo de la tradición farisea, Torá oral viva, la tradición apostólica no sustituye nunca al maestro que permanece en medio de los suyos y es el único <> del evangelio de Dios. Lo mismo que los maestros fariseos hablan en <> (Mt 23,2), es decir, con su autoridad propia, también los <> hablan en nombre de Cristo Jesús, con su autoridad propia: por medio de su Espíritu es como él sigue garantizando la auténtica fidelidad de la tradición y de la cadena apostólica de los Discípulos dentro de las comunidades reunidas en su nombre y estructuradas en torno a los sucesores auténticos de sus <>” (p. 35).
Analizando al primer historiador cristiano -Eusebio de Cesarea (Hist. Eccl.)- donde él habla de Policarpo, los autores dicen: "Se reconoce ya desde el principio el vocabulario de la tradición: <>, pero lo más significativo es lo que se dice de la enseñanza de Policarpo. Efectivamente, Ireneo indica que Policarpo refería al mismo tiempo los hechos y las obras del Señor transmitidos por los testigos oculares de la vida de Jesús y sus enseñanzas transmitidas de memoria; Policarpo lo recibió todo esto y lo enseñaba en conformidad con las escrituras, que son aquí evidentemente las Escrituras en sentido estricto, la Torá escrita; Ireneo observa que a su vez también él memorizó esa tradición en su corazón y no en un cuaderno, rumiándola sin cesar.
"Ireneo insistirá más tarde en la sucesión legítima de los <>, que son los obispos en cada una de las Iglesias de Dios repartidas por todo el mundo…. A este orden es al que dan su asentimiento muchos pueblos bárbaros que creen en Cristo: Poseen la salvación, escrita por el Espíritu sin papel y sin tinta en sus corazones, y guardan escrupulosamente la antigua tradición, creyendo en un solo Dios,… Los que sin letras han abrazado esta fe son bárbaros en cuanto al lenguaje… Gracias a la antigua tradición de los apóstoles, rechazan hasta el pensamiento de cualquier invención mentirosa de los herejes (Ireneo Adv. haer., III, 4,1-2)” (pp. 45-46).
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: P. Lic. Carlos D. Pereira, IVE | Fuente: iveargentina.org or: Xavier Villalta
Estudio de un caso: La muerte del gigante Goliat.
A veces se sostiene que existen contradicciones en la Sagrada Escritura, debido a que se presentan versiones o tradiciones distintas -y a veces incluso contrapuestas- sobre un mismo hecho.
¿Como congeniar esta postura con la de inspiración bíblica (que toda la Sagrada Escritura tiene a Dios por Autor principal), y sobretodo con la de inerrancia de la Sagrada Escritura (que esta no es inexacta ni enseña cosas fraudulentas)?
Nuestra posición es la siguiente: Antes de afirmar con toda prisa que existen contradicciones, es necesario estudiar en detalle los textos en cuestión, y ver si no es posible lograr armonizarlos o explicarlos de modo que la aparente contradicción se salve. Esa debería ser la labor de un exégeta católico, y esto no implica ningún "a priori" de carácter apologético.
Hay que estudiar si la armonización o estudio comparado es posible, y si lo es, explicarlo de tal modo. Muchas veces se tiene una confianza a toda prueba en los estudios exegéticos cuando estos llevan a encontrar problemas en el texto sagrado -que muchas veces quedan irresueltos- y no se la tiene en cambio cuando se trata de estudios que intentan resolver dichos problemas. Esa falta de confianza infundada constituye en sí misma un verdadero "a priori".
En el presente artículo, estudiaremos un caso concreto de aparente contradicción en el Antiguo Testamento, y esbozaremos un principio de solución. Queda abierto el campo para el disenso o la polémica, pero en cada caso será necesario presentar los argumentos, como intentamos hacerlo aquí.
La muerte del gigante Goliat
En la Biblia existen aparentemente dos relatos de la muerte de Goliat, el gigante filisteo de Gat. El primer relato es bien conocido por nosotros. Es la famosa hazaña de David, hijo de Jesé, quien empieza justamente a cobrar fama a partir de la victoria sobre el gigante filisteo.
El relato es sumamente colorido y lleno de hermosos detalles, los cuales lo convierten justamente en uno de los pasajes más pintorescos del Antiguo Testamento. Lo encontramos en 1 Samuel 17 y no tiene paralelo en el libro de las Crónicas.
Existe en cambio un segundo relato, muy breve, ya que se trata sólo de una información, en el cual se afirma que un tal Elcaná da muerte a Goliat. Así en 2 Samuel 21,19, donde Elcaná, hijo de "Jaare-Oregim" (literalmente: bosque de los tejedores), betlemita, mata a Goliat, de Gat.
Este relato tiene su paralelo en las Crónicas, exactamente en 1 Crónicas 20,5, sólo que esta vez se afirma que Elcaná, hijo de Jaiir (también bosque) da muerte a Lahmi, "hermano de Goliat, el de Gat".
Una afirmación común sostiene que existen dos tradiciones de la muerte de Goliat. En realidad, de existir dos tradiciones, habría que explicarlas como insertas en un mismo libro, o sea el segundo de Samuel, ya que si tomamos el paralelo de Crónicas, este podría perfectamente conjugarse con el primer relato de la muerte de Goliat en manos de David.
David mató a Goliat, y esto fue un hecho que se comentó por años, debido a sus grandiosas características, y luego Elcaná mató al "hermano de Goliat", al cual se lo presenta como tal para que el público recuerde la gesta gloriosa de David. Todo lector de Crónicas sabe quien es Goliat. En este caso no habría dos tradiciones, sino dos relatos diversos de dos hechos distintos.
Que el texto de Crónicas y el de 2 Samuel son paralelos no cabe duda, pues se asemejan muchísimo, y están encuadrados en un mismo contexto. Que el de 2 Samuel 21,19 haya recibido influencias del famoso texto de 1 Samuel 17 (David y Goliat) tampoco parece posible negarlo, pues hay grandes semejanzas. Por ejemplo, en 1 Sam 17,7 se afirma que "el asta de su lanza era como rodillo de tejedor".
Lo mismo se afirma en 2 Sam 21,19, aunque con un pequeño problema textual, ya que el término "hets" (asta) se encuentra sustituido por "ets" (leño o tronco), excepto para dos manuscritos, que según la Biblia Hebraica Stuttgartensia estarían bajo la influencia del texto de 1 Samuel. De modo que sea quien sea, el que escribió ese versículo en el segundo libro de Samuel "no podía ignorar la historia de 1 Samuel", y probablemente en parte se inspiró en ella.
Si su pretensión hubiese sido colocar otra versión de la muerte de Goliat, "sabría perfectamente que estaba contradiciendo la primera", y sería un caso extraño en la Biblia, que un hagiógrafo haya pretendido "voluntariamente" contradecir a otro, sabiendo ambos que estaban manejando un texto considerado sagrado.
El paralelismo entre 2 Sam 21,19 y 1 Crónicas 20,5 es más que evidente. Generalmente se supone que Crónicas tiene ya conocimiento de Samuel, ya que es muy posterior, incluso estilísticamente.
En el texto de Crónicas no hay problema textual respecto a "ets" (leño o tronco), como si lo hay en el de 2 Samuel, según hemos visto. Se deberá sin duda a la influencia de 1 Sam, pero teniendo en cuenta el hecho que sólo dos manuscritos han corregido la lectura sobre la base de dicha influencia, permaneciendo el resto tal como se halla en Crónicas, esto nos puede sugerir al menos la posibilidad que el versículo de 2 Samuel dependa también de Crónicas en este sentido; quizás la redacción definitiva de este versículo de Samuel, tal como la tenemos hoy, suponía probablemente el versículo de Crónicas ya redactado. Este dato nos será de sumo interés.
Hay otro problema más de texto en 2 Sam 21,19, respecto al término "beGob" ("en Gob", siendo Gob el nombre del lugar donde se desarrollaron las luchas entre los filisteos e Israel). Algunos manuscritos colocan "en Nob" -según aparece sólo tres versículos más arriba, en 2 Sam 21,16- y las versiones griegas presentan "en Rom" o "en Rob".
Lo mismo aparece en el versículo anterior (2 Sam 21,18), donde también algunos manuscritos corrigen por "en Nob", y las versiones griegas por "en Geth" o "en Garzel", que es el nombre griego de "Gezer". Curiosamente, en el paralelo de 1 Crónicas 20,4 (que es el versículo anterior al que hemos analizado en dicho libro, y por lo tanto forma parte de su contexto), se lee "en Gezer", sin problemas textuales.
Los dos problemas textuales (que no se dan en Crónicas) llevan a suponer que el texto de 2 Sam 21,18-19 parece inseguro, y además "se halla muy probablemente influenciado por el de 1 Crónicas 20, 4-5".
Con respecto al nombre de Elcaná, los dos textos difieren en algo. 2 Sam 21,19 lo presenta como "Ben Yaaré Oregim"; "hijo del bosque de los tejedores", y a continuación añade "bet halahmi", o sea "betlemita", mientras que 1 Crónicas 20,5 lo presenta como "Ben Yaiir" (hijo del bosque), seguido del objeto directo, especificando que "mató a Lahmi, hermano de Goliat, el gadita".
Notemos la semejanza entre "bet halahmi", que significa "betlemita", o sea de Belén, y el nombre "Lahmi", que se da aquí como nombre propio. Lo que queremos afirmar es lo siguiente: En Crónicas no aparece ninguna indicación que Elcaná fuera betlemita sino que mató a Lahmi, "hermano" de Goliat. En 2 Samuel en cambio, mató a Goliat. Pareciera que existe un error en alguno de los dos textos.
Tanto la denominación "Ben Yaaré Oregim" como "Ben Yaiir" parecen extrañas como nombres propios. Parecieran más bien nombres que expresan cualidades, más cuando vemos otros dos versículos, uno en 2 Sam 23,24 y otro en 1 Crónicas 11,26, en los cuales se afirma que "Elcaná era hijo de Dodó, de Belén". Es importante hacer notar que estos dos textos últimos "no son paralelos", y si bien el de 2 Sam 23,24 tiene como contexto las últimas andanzas de David y es posterior a lo que estamos tratando, el de 1 Crónicas 11,26 es en cambio anterior, de los comienzos de las andanzas de David.
Allí la intención es presentar Elcaná (en una lista donde se presentan treinta laureados de David), y se lo hace con el nombre propio de su padre, como era costumbre; esto es, "hijo de Dodó". El hecho que ambos versículos últimos hagan relación, el uno al inicio de la historia de David como rey, el otro al final de la misma, es una prueba de que nos referimos siempre a un solo "Elcaná", valiente de David, hijo de un padre llamado Dodó, que por otra parte era un nombre común (recurre en 2 Sam 23,9 y 21,15).
De modo que ni "Yaaré Oregim" ni "Yaiir" eran nombres del padre de Elcaná. En los dos versículos que hemos mostrado, la intención no parece ser "presentar a Elcaná" (ya presentado), sino dar alguna cualidad. Según la BHS y también el diccionario Anchor Bible, pareciese que "Yaaré Oregim" es una corrupción, donde se puede haber deslizado con mucha probabilidad un error diptográfico (ya que "Oregim" se vuelve a repetir en el versículo)[1].
Entendemos que puede ser así, aunque no necesariamente, ya que "Yaiir" aparece siete veces más en el Antiguo Testamento, siempre con el significado de "incitar, alzarse". De modo que puede significar en Crónicas otra cualidad, como "hijo de la incitación, del alzamiento", no necesariamente "del bosque", y no necesariamente depender de 2 Sam 21,19. De todos modos, tanto si lo llamamos "hijo del bosque de los tejedores" o "hijo de la incitación", siempre estaremos significando cualidades y no nombres propios. Agregar en dicho contexto que era "betlemita" (como lo hace 2 Sam 21,19), no parece tener demasiado sentido.
Aquí nos detenemos algo en analizar este nombre de "betlemita" (bethalahmi). En la Biblia, semejante término se utiliza sólo para Jesé, el padre de David, en 1 Sam 16,1; 1 Sam 16,18; 1 Sam 17,58. Sólo en 2 Sam 21,19 se aplica a otro que no sea Jesé. En cambio, para otros casos, como el de Dodó -que según dijimos era el nombre verdadero del padre de Elcaná-, se utiliza sólo el término "Bet Lehem" (2 Sam 23,24) o bien "mibet Lehem" (de Belén), en 1 Crónicas 11,26. Y hay también otros casos, en que se presenta con el nombre de Belén y no con el término betlemita, reservado sólo para Jesé.
De la forma que se emplea el término "Belén" en 1 Cro 11,26 y 2 Sam 23,24 puede entenderse que no sólo Dodó, sino el mismo Elcaná era betlemita, como parece haberlo sido efectivamente, de modo que el suponer que se lo llama "betlemita" en 2 Sam 21,19 es una suposición natural de hacer, y fácilmente un hagiógrafo pudo haberlo supuesto, no entendiendo bien que se trataba de Lahmi, hermano de Goliat, sino considerando que Elcaná betlemita, hubiese dado muerte realmente a Goliat. Así también lo supone el artículo ya citado, de Anchor Bible.
Siempre nos queda la duda de por qué este hagiógrafo no advirtió que se estaba repitiendo la historia de la muerte de Goliat. Pudo haber sido un error, o bien al no poseer el nombre propio, lo llamó por el nombre de su hermano, Goliat, cuya historia era ya famosa, y que probablemente se parecía físicamente, ya que los filisteos gigantes parecían ser comunes.
En efecto, en 1 Crónicas 20,6-7, después de lo acontecido con Elcaná, se afirma que Jonatán, hermano de David, mató a otro filisteo de gran talla, de Rafá, y en 1 Cro 11,23, Benaya, otro de los valientes de David, mató a un egipcio grande (Rafa está en la frontera con Egipto), cuya "lanza era también como rodillo de tejedor". La otra suposición, pensar que el hagiógrafo de Crónicas confundió el término "betlemita", de por sí extraño -nunca aplicado a otro que no sea Jesé-, con un tal nombre "Lahmi", y que además para justificarlo, tuvo que agregar que se trataba de un "hermano" de Goliat, sin haberlo advertido siquiera, parece mucho más remota.
En conclusión, nos parece lo siguiente:
- El texto de 2 Samuel 21,19 (segundo relato de la muerte de Goliat) depende en gran medida del relato conocido de 1 Sam 17 (historia de David y Goliat). Al menos, este último no podía ser ignorado, y en caso que existiese una contradicción (debida a la doble muerte de Goliat), esta "no podría haber pasado inadvertida para el hagiógrafo de 2 Sam 21,19", llamando poderosamente la atención en este caso, que no haya previsto el corregirla.
- El relato de 2 Sam 21,19 tiene su paralelo en 1 Crónicas 20,5. Hay por lo menos dos problemas textuales de 2 Sam que no se encuentran en este segundo texto (además de un tercero que es común a los dos), que nos llevan a pensar, en primer lugar "que el texto de 1 Cro 20,5 es más seguro que el de 2 Sam"[2], y en segundo lugar "que este segundo depende del primero", al menos en cuanto a tener conocimiento del mismo. (Lo cual puede suponer una redacción definitiva posterior).
- Los nombres del padre de Elcaná en los dos textos analizados son sólo nombres figurativos. El verdadero nombre es Dodó, ya que hay por lo menos otros dos textos que así lo afirman, siendo además dicho nombre un nombre común en la época y lugar. Esto lleva a suponer que cualquier otra especificación de tal nombre figurativo en dicho contexto, como decir por ejemplo que era betlemita, parece no ser demasiado coherente con el sentido de dicho versículo.
- Además, la denominación "betlemita" era por lo menos extraña, ya que sólo se aplica en la Biblia a Jesé, padre de David. Y en ayuda de esto, encontramos otros textos en los que a Dodó (y no sólo a él) se lo llama "de Belén", pero nunca betlemita. Esto y el punto anterior (3) llevan a suponer que "betlemita" en 2 Sam 21,19 es un "agregado".
- En 1 Crónicas 20,5 encontramos el nombre Lahmi, "hermano de Goliat", como el que fue realmente muerto por Elcaná. Observemos la similitud con Bet halahmi, "betlemita". Si hemos supuesto que este segundo es un agregado, posiblemente se trata de un error de copia o de audición. La ausencia en este segundo texto (el de 2 Sam 21,19) de una referencia al "hermano" de Goliat, puede deberse a un intento de armonización o corrección (se carecía del nombre propio).
- Careciendo del nombre propio, se lo pudo haber llamado "Goliat" en referencia a su hermano, cuyas características eran iguales (poseer una lanza cuya asta era como un rodillo de tejedor). Esto es importante, porque "prueba que en el texto de 2 Sam 21,19 se da verdadera inerrancia", aún suponiendo que existió realmente una inexactitud histórica. Pues el "hermano de Goliat pudo haber sido llamado con el nombre de su hermano", ya que se trataba de dos personajes símiles entre si y muy disímiles del resto, y además que "el padre de Elcaná era betlemita", "ya que efectivamente lo era" (hay dos textos independientes que afirman que Dodó era de Belén), sólo que el modo de afirmarlo en 2 Sam no es el correcto ni el usual.
Por todo esto afirmamos que, en nuestra opinión, no se puede hablar de dos tradiciones de la muerte de Goliat, sino sólo de dos hechos independientes: la muerte de Goliat por un lado, y la de su hermano por el otro, en manos de dos personas distintas y en momentos históricos muy distintos. Las características (algunas al menos) de ambos hermanos se parecen, lo cual pudo haber impresionado mucho en la mentalidad israelita, justamente para no olvidar que se trataba "de hermanos".
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: P. Eduardo María Volpacchio | Fuente: algunasrespuestas.wordpress.com
Charlando con un ateo me dijo que la biblia se contradecía y me dio algunos ejemplos, ¡tiene él razón?.
Charlando con un ateo me dijo que la biblia se contradecía y me dio algunos ejemplos:
1º Samuel 15.29 (RVR60)29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
Génesis 6.7 (RVR60)
7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.
(siguen los ejemplos semejantes, que no cito aquí para no aburrir al lector).
En realidad, para responder a aquel ateo tendríamos que comenzar enseñandole qué es la Biblia, qué se encuentra en ella, y de qué manera se la interpreta.
Pero antes de entrar ese tema, me parece mejor que comiences aclarando el sentido de la discusión.
La discusión sobre ser creyente o ser ateo, no se basa en la Biblia.
El problema de la existencia de Dios va por otro lado: yo no creo en Dios porque lo diga la Biblia, sino porque la razón muestra que no existe otra explicación del mundo más razonable que Dios.
A fin de cuentas, para explicar la razón de la existencia del universo, sólo hay dos opciones:
1) El Logos: es decir, la Razón Creadora
2) La Irracionalidad (el azar).
No hay otra opción. Intentar explicar la existencia de un mundo ordenado matemáticamente (es por eso que las ciencias pueden existir: porque el mundo tiene una forma razonable) por la Irracionalidad es bastante poco razonable. Decir que lo razonable procede de la Irrazonabilidad requere bastante fe en la no existencia de Dios (¡eso sí que es fe!).
La primera opción es bastante más razonable que la segunda. A partir de allí, se puede comenzar a razonar cómo es ese ser Creador. Y después, uno descubrirá ¡con gran alegría! que no nos ha dejado sólos, sino que se nos ha revelado.
Nadie comienza a ser creyente porque lo convenzan en una discusión con citas de la Biblia. El hecho del conocimiento de la existencia de Dios, podríamos decir que es previo, no procede de la Biblia sino de la razón: es una cuestión racional.
Y al revés, nadie abandona la fe y termina ateo por aparentes contradicciones en la Biblia.
Sí es frecuente encontrar algún ateo buscando -y el que busca encuentra- contradicciones en la Biblia. Sería interesante conocer la motivación del interés de aquel amigo por la Biblia. Si es sincero o si solamente quiere plantearte objeciones sin mucha seriedad.
Como te das cuenta el tema da para varios temas.
En cuanto al problema de la coherencia interna de la Biblia, me limito a señalar algunos puntos:
1) No somos fundamentalistas (al menos los católicos, sí hay protestantes fundamentalistas), es decir, seguidores de un libro (los cristianos somos seguidores de Jesucristo). A lo largo de la historia Dios se ha revelado con hechos y palabras, pero sobre todo haciéndose hombre. La Revelación es la persona de Jesucristo. Nosotros somos seguidores de Dios hecho hombre.
La Biblia fue compuesta por diversos autores a lo largo de unos dieciséis siglos. Allí se nos trasmite la revelación (cuya plenitud, te repito es la persona de Jesucristo, no un libro).
No pensamos que Dios haya dictado palabra por palabra de la Biblia (cosa que sí piensa un fundamentalista), sino que Dios inspiró a los autores. A través de ellos nos habla. Entonces hay que ver qué pretendió escribir el autor y qué nos dice Dios a través de él.
Esto requiere estudio (por algo la Biblia es el libro más estudiado de la historia…) para saber interpretarlo. Es muy superficial discutir sobre la Biblia a base de ir tirando citas de versículos: así no se hace Teología: primero habría que demostrar que el pasaje dice lo que tu amigo afirma que dice…
2) Si te interesan los criterios de interpretación (te cuento que la Exégesis Bíblica es toda una rama muy amplia de la Teología), podés ver lo básico en la primera parte de la Exhortación Apostólica Verbum Domini (de Benedicto XVI, en el 2010).
Para nuestro caso nos interesa uno: la consideración de toda la Biblia: no se puede interpretar un versículo aislado del resto. La Sagrada Escritura es un libro, compuesto de muchos libros, criterio básico de interpretación es la coherencia interna. Es decir, que para entender un texto, necesitamos los demás. Así desaparecen muchas de lo que tu amigo presenta como contradicción.
3) Hay pasajes de la Biblia que cuentan acciones violentas o pecados. No son un problema, ya que los hombres cometemos pecados y acciones malas. Sí hay algunos hechos que requieren más estudio -te cuento que está todo superestudiado-, pero no creo que un ateo tenga los conocimientos escriturísticos, teológicos, históricos y literarios para resolverlos.
4) La Sagrada Escritura a veces habla de Dios en forma antromórfica: es decir, hablando de Dios como si fuera un hombre. Es un lenguaje figurado: así dice que formó al hombre con barro de la tierra, pero todos sabemos que Dios no tiene manos (es puro espíritu), de manera que nunca nadie se ha planteado interpretar eso en sentido literal. Lo mismo, muchos otros pasajes.
En fin, creo que con esto te ofrezo una introducción al tema (cada punto daría para seguir explicando muchas cosas).
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: Salvador Hernámdez | Fuente: Escuela de la Fe
La lectura de la Sagrada escritura nos pone en contacto con la auténtica Palabra de Dios.
“¿Has leído alguna vez la Biblia?” me preguntó. “Alguna vez…”, respondí y me dio una larga explicación sobre el Argamenón, sobre el fin del mundo…y que sólo me salvaría si seguí las enseñanzas de los setenta ancianos que guían a los auténticos Testigos de Gehová.
Yo le oía pensando ¿este hombre fue alguna vez católico, ¿conocía entonces la Biblia en la misma cantidad, al menos que en su actual secta? Pero hay más.
¿Cómo es posible sacar a la Biblia tantas conclusiones erróneas como las que este señor me dio en tan solo 10 minutos? ¿Qué fuerza recibe de la palabra de Dios, aunque sea mal interpretada, que le hace predicarla en cualquier oportunidad?
La Biblia es un regalo de Dios para mejorar nos como Cristianos pero podemos utilizarla mal. Necesitamos leer la Biblia e interpretarla correctamente para conocer mejor lo que Dios piensa sobre nosotros, sobre nuestras vidas y sobre Él mismo.
Los siguientes boletines presentarán algunas bases necesarias para leer la Biblia desde la distancia correcta. Porque es un libro muy distante a nosotros: en el tiempo, en la cultura, en la mentalidad, en los avances o retrocesos científicos, etc.
Un completo estudio Bíblico debe hacerse desde estos cuatro aspectos:
- Aspecto histórico: conocer la vida que rodeo la vida del escritor bíblico para comprender por qué escribió esas palabras y el verdadero sentido de sus enseñanzas.
- Aspecto literario: conocer el estilo en que escribía cada autor, para no cambiarle es estilo a sus escritos.
- Aspectos teológicos: conocer los mensajes de la Biblia con claridad y precisión. Es decir, conocer los principios y las normas fijas que Dios nos quiere enseñar con sus palabras, aunque las aplicaciones sean variadas según el pasar de los tiempos.
- Aspecto espiritual: conocer lo que Dios propone personalmente a cada uno de nosotros para ser mejores cristianos. Es quizá el aspecto que más nos interesa a cada uno. Pero necesitamos de aspectos anteriores porque si no tomamos en cuenta todos los aspectos acabaremos sacando conclusiones equivocadas.
Importancia de la Biblia en nuestras vidas
La lectura de la Sagrada Escritura nos pone en contacto con la auténtica palabra de Dios, como la lectura de la carta de un amigo, nos pone a platicar con nuestro amigo. Para que nuestra lectura de la Biblia sea verdadera plática y conversación provechosa con Dios, debemos entrar en diálogo con Él, antes que buscar la simple instrucción y el estudio estéril. Cuando escuches la voz de Dios, no te endurezcas ni le cierres las puertas de tu corazón.
Dios nos ha hablado
Es importante observar cómo en las religiones fundadas por los hombres, son el intento del hombre para llegar a Dios. En las religiones bíblicas como la judía y la cristiana, el proceso es a la inversión porque es Dios quien toma la iniciativa de venir y hablar al hombre. Es Dios quien sale al encuentro del hombre para conversar con él. Y lo consigue “en los libros sagrados el padre que está en los cielos sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos” (CIC N. 104).
Revelación, historia de la salvación y la Biblia
Podemos preguntarnos cuánto se interesa Dios por nosotros. A veces, le sentimos muy cerca. Otras nos parece un ser lejano, casi extraño. Pero Dios quiere entrar en contacto con los hombres. Porque ama infinitamente a todos y a cada uno de los seres humanos. Por eso, toda la iniciativa del diálogo. Y habla en lugares y momentos concretos. Habla en la historia con palabras y con acciones. Habla para salvarnos. Por eso llamamos historia de la salvación al conjunto de las acciones que Dios hace en la vida de los humanos.
Dios nos manifiesta como es Él, cómo somos nosotros y cuál es su plan para toda la humanidad. Es lo que llamamos revelación. Y se realiza valiéndose de los diversos mediadores humanos, en un proceso lento y gradual, con acciones y palabras que se explican y complementan mutuamente.
La Biblia, pues, es el conjunto de los libros que relatan los incidentes de la historia y el progreso de la manifestación de Dios a los hombres. Está dividida en dos grandes bloques: Antiguo y Nuevo Testamento, cada uno con sus características propias.
Inicio de la revelación
La fe nos enseña que Dios se manifestó desde el antiguo testamento. Su finalidad fue preparar la venida de Jesucristo, salvador de toda la humanidad. Esta preparación Dios la llevó a cabo de muchas maneras junto con su pueblo elegido. Así, personas, alianzas, profecías, nacimientos o muertes, forman parte de una revelación que se realiza poco a poco. Dios se va expresando de una manera pedagógica para que aún el más simple pueda comprender. Sus libros conservan un valor permanente por ser inspirados. Sus enseñanzas no pueden ser revocadas aunque contengan elementos imperfectos y pasajeros, porque son verdadera palabra de Dios (CIC. Nos. 121 y 122).
La revelación de Dios en el Nuevo Testamento
Podemos preguntarnos ahora: ¿Qué lugar ocupa Jesucristo en esta revelación de Dios a los hombres? Jesús es la palabra de Dios hecha carne (Jn 1, 14). Él vino a dar plenitud y cumplimiento y hacer más comprensible cuanto había sido revelado en el Antiguo Testamento. Dios no dice muchas cosas. Dios dice sólo un apalabra: su verbo único, en Él dice toda su plenitud (CIC. N. 102).
El Nuevo Testamento es, “la plenitud de los tiempos” (Gál 4,4; Lc 16,16). Da cumplimiento a todas las esperanzas sembradas durante todo el Antiguo. Y así constituye la nueva y definitiva alianza que nunca cesará (CIC 124). Por eso, no hay que esperar ya ninguna otra revelación de Dios por supuesto nuevos y falsos testigos, hasta la gloriosa manifestación del mismo Jesucristo al final de los tiempos. (1 Tim 6, 14; Tt 2, 13).
Dios nos sigue hablando hoy
También podemos preguntarnos si Dios se ha olvidado de nosotros y ha callado. La respuesta a esta interrogante está en considerar que la palabra de Dios es algo vivo y cercano. Que nos sigue interpelando a cada uno de nosotros: Lo hace básicamente de dos modos:
- Con las palabras: Dios se revela primeramente por palabras. Y sus palabras están escritas en la biblia. Ahí se contiene la palabra viva de Dios que ha resonado a lo largo de los siglos (Hb 4, 12-13). A través de esta palabra Dios habla sin interrupción con la Iglesia. De forma que, cuando en la Iglesia se lee la Sagrada Escritura, es Dios mismo que nos habla.
- En los acontecimientos: No es completa la lectura de la Biblia si no perdura el diálogo recíproco que en el transcurso de los tiempos se debe establecer entre el Evangelio y nuestra vida concreta, tanto personal como social.
Actitudes ante la palabra de Dios
Es legítimo leer la Biblia buscando sus bellezas literarias o culturales. Pero nosotros debemos preocuparnos principalmente del mensaje religioso. Porque este libro se hizo con espíritu religioso. El conocimiento de la palabra de Dios, sea escrita o narrada en acontecimientos, nunca debe dejarnos neutrales o indiferentes. Nos pide la obediencia de la fe en cada paso y momento de nuestra vida. Así se convierte en fuente de salvación para nosotros (Rm1,5; 16,26). Porque estos son los planes de Dios. Y más si tenemos en cuenta que nosotros somos actores de los hechos de la historia de la salvación en cierto sentido.
Ejercicio: responde las siguientes preguntas
¿Qué es la revelación?
¿Qué relación hay entre Revelación, Historia de la Salvación y la Biblia?
¿Cuál es la finalidad del Antiguo testamento?
¿Qué figura une al Antiguo y Nuevo Testamento, y en quién se cumple lo anunciado en el Antiguo?
¿Cómo sabemos que la Biblia es Palabra auténtica de Dios y no un invento humano?