por makf | 20 Sep, 2025 | Salmos
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SALMO 78
1 Poema de Asaf.
Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
presta atención a las palabras de mi boca:
2 yo voy a recitar un poema,
a revelar enigmas del pasado.
3 Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nos contaron nuestros padres,
4 no queremos ocultarlo a nuestros hijos,
lo narraremos a la próxima generación:
son las glorias del Señor y su poder,
las maravillas que él realizó.
5 El dio una norma a Jacob,
estableció una ley en Israel,
y ordenó a nuestros padres
enseñar estas cosas a sus hijos.
6 Así las aprenderán las generaciones futuras
y los hijos que nacerán después;
y podrán contarlas a sus propios hijos,
7 para que pongan su confianza en Dios,
para que no se olviden de sus proezas
y observen sus mandamientos.
8 Así no serán como sus padres,
una raza obstinada y rebelde,
una raza de corazón inconstante
y de espíritu infiel a Dios:
9 como los arqueros de la tribu de Efraím,
que retrocedieron en el momento del combate.
10 Ellos no mantuvieron su alianza con Dios,
se negaron a seguir su Ley;
11 olvidaron sus proezas
y las maravillas que les hizo ver,
12 cuando hizo prodigios a la vista de sus padres,
en la tierra de Egipto, en los campos de Tanis:
13 abrió el Mar para darles paso
y contuvo las aguas como un dique;
14 de día los guiaba con la nube
y de noche, con el resplandor del fuego.
15 Partió las rocas en el desierto
y les dio de beber a raudales:
16 sacó manantiales del peñasco,
hizo correr las aguas como ríos.
17 Pero volvieron a pecar contra él
y a rebelarse contra el Altísimo en el desierto:
18 tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo comida a su antojo.
19 Hablaron contra Dios, diciendo:
«¿Acaso tiene Dios poder suficiente
para preparar una mesa en el desierto?
20 Es verdad que cuando golpeó la roca,
brotó el agua y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan
y abastecer de carne a su pueblo?».
21 El Señor, al oírlos, se indignó,
y un fuego se encendió contra Jacob;
su enojo se alzó contra Israel,
22 porque no creyeron en Dios
ni confiaron en su auxilio.
23 Entonces mandó a las nubes en lo alto
y abrió las compuertas del cielo:
24 hizo llover sobre ellos el maná,
les dio como alimento un trigo celestial;
25 todos comieron en pan de ángeles,
les dio comida hasta saciarlos.
26 Hizo soplar desde el cielo el viento del este,
atrajo con su poder el viento del sur;
27 hizo llover sobre ellos carne como polvo
y pájaros como arena del mar:
28 los dejó caer en medio del campamento,
alrededor de sus carpas.
29 Ellos comieron y se hartaron,
pues les dio lo que habían pedido;
30 pero apenas saciaron su avidez,
cuando aún estaban con la boca llena,
31 la ira de Dios se desató contra ellos:
hizo estragos entre los más fuertes
y abatió a lo mejor de Israel.
32 A pesar de todo, volvieron a pecar
y no creyeron en sus maravillas;
33 por eso él acabó sus días como un soplo,
y sus años en un solo instante.
34 Cuando los hacía morir, lo buscaban
y se volvían a él ansiosamente;
35 recordaban que Dios era su Roca,
y el Altísimo, su libertador.
36 Pero lo elogiaban de labios para afuera
y mentían con sus lenguas;
37 su corazón no era sincero con él
y no eran fieles a su alianza.
38 Pero él, que es compasivo,
los perdonaba en lugar de exterminarlos;
una y otra vez reprimió su enojo
y no dio rienda suelta a su furor:
39 sabía que eran simples mortales,
un soplo que pasa y ya no vuelve.
40 ¡Cuántas veces lo irritaron en el desierto
y lo afligieron en medio de la soledad!
41 Volvían a tentar a Dios
y a exasperar al Santo de Israel,
42 sin acordarse de lo que hizo su mano,
cuando los rescató de la opresión.
43 Porque él hizo portentos en Egipto
y prodigios en los campos de Tanis;
44 convirtió en sangre sus canales,
y también sus ríos, para que no bebieran;
45 les mandó tábanos voraces
y ranas que hacían estragos.
46 Entregó sus cosechas al pulgón
y el fruto de sus trabajos a las langostas;
47 destruyó sus viñedos con el granizo
y sus higueras con la helada;
48 desató la peste contra el ganado
y la fiebre contra los rebaños.
49 Lanzó contra ellos el ardor de su enojo,
su ira, su furor y su indignación
–un tropel de mensajeros de desgracias–
50 dando así libre curso a su furor;
no los quiso librar de la muerte,
hizo que la peste acabara con sus vidas.
51 Hirió a los primogénitos de Egipto,
a los hijos mayores de la tierra de Cam;
52 sacó a su pueblo como a un rebaño,
y los guió como a ovejas por el desierto:
53 los condujo seguros y sin temor,
mientras el Mar cubría a sus adversarios.
54 Los llevó hasta su Tierra santa,
hasta la Montaña que adquirió con su mano;
55 delante de ellos expulsó a las naciones,
les asignó por sorteo una herencia
e instaló en sus carpas a las tribus de Israel.
56 Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;
57 desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido.
58 Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:
59 Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel.
60 Abandonó la Morada de Silo,
la Carpa donde habitaba entre los hombres;
61 entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo
62 Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia;
63 el fuego devoró a sus jóvenes,
y no hubo canto nupcial para sus vírgenes;
64 sus sacerdotes cayeron bajo la espada,
y sus viudas no pudieron celebrar el duelo.
65 Pero el Señor se levantó como de un sueño,
como un guerrero adormecido por el vino:
66 él hirió al enemigo con la espada,
le infligió una derrota completa.
67 Rechazó a los campamentos de José
y no eligió a la tribu de Efraím:
68 eligió a la tribu de Judá,
a la montaña de Sión, su predilecta.
69 Construyó su Santuario como el cielo en lo alto,
como la tierra, que cimentó para siempre;
70 y eligió a David, su servidor,
sacándolo de entre los rebaños de ovejas.
71 Cuando iba detrás de las ovejas, lo llamó
para que fuera pastor de Jacob, su pueblo,
y de Israel, su herencia;
72 él los apacentó con integridad de corazón
y los guió con la destreza de su mano.
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SALMO 77
1 Del maestro de coro. Al estilo de Iedutún. De Asaf. Salmo.
2 Invocaré a Dios con toda mi voz,
gritaré a Dios, y él me escuchará.
3 Busco al Señor en el momento de mi angustia;
de noche, tiendo mi mano sin descanso,
y mi alma rechaza todo consuelo.
4 Yo me acuerdo de Dios, y me lamento;
medito, y mi espíritu desfallece:
5 tú no me dejas conciliar el sueño,
estoy turbado, y no puedo hablar.
6 Pienso en los tiempos antiguos,
me acuerdo de los días pasados;
7 reflexiono de noche en mi interior,
medito, y mi espíritu se pregunta:
8 ¿Puede el Señor rechazar para siempre?
¿Ya no volverá a mostrarse favorable?
9 ¿Se habrá agotado para siempre su amor,
y habrá caducado eternamente su promesa?
10 ¿Se habrá olvidado Dios de su clemencia
o, en su enojo, habrá contenido su compasión?
11 Entonces dije –¡y este es mi dolor!–:
«¡Cómo ha cambiado la derecha del Altísimo!».
12 Yo recuerdo las proezas del Señor,
sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo;
13 evoco todas sus acciones,
medito en todas sus hazañas.
14 Oh Dios, tus caminos son santos.
¿Hay otro dios grande como nuestro Dios?
15 Tú eres el Dios que hace maravillas,
y revelaste tu poder entre las naciones.
16 Con tu brazo redimiste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.
17 Cuando te vieron las aguas, oh Dios,
cuando te vieron las aguas, temblaron,
¡se agitaron hasta los abismos del mar!
18 Las nubes derramaron aguaceros,
retumbaron los densos nubarrones
y zigzaguearon tus rayos.
19 El trueno resonó en la bóveda del cielo,
tus relámpagos iluminaron el mundo,
tembló y se tambaleó la tierra.
20 Te abriste un camino entre las aguas,
un sendero entre las aguas caudalosas,
y no quedó ningún rastro de tus huellas.
21 Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño,
por medio de Moisés y de Aarón.
por makf | 20 Sep, 2025 | Salmos
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SALMO 74
1 Poema de Asaf.
¿Por qué, oh Dios, nos rechazaste para siempre
y arde tu indignación contra las ovejas de tu rebaño?
2 Acuérdate de pueblo que adquiriste en otro tiempo,
de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia;
acuérdate de Sión, donde pusiste tu Morada.
3 Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa:
todo lo destruyó el enemigo en el Santuario.
4 Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea,
pusieron como señales sus propios estandartes.
5 Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva;
6 destrozaron de un golpe todos los adornos,
los deshicieron con martillos y machetes;
7 prendieron fuego a tu Santuario,
profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre.
8 Habían pensado: «Acabemos con ellos,
quememos todos los templos de Dios en el país».
9 Ya no vemos señales ni quedan profetas:
no hay nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.
10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, te insultará el enemigo?
¿Nunca cesará el adversario de despreciar tu Nombre?
11 ¿Por qué retiras tu mano, Señor,
y la mantienes oculta en el pecho?
12 Pero tú, oh Dios, eres mi Rey desde el principio,
tú lograste victorias en medio de la tierra:
13 deshiciste el Mar con tu poder
y quebraste las cabezas del dragón marino;
14 aplastaste las cabezas de Leviatán
y lo diste como alimento a las fieras del desierto.
15 Hiciste brotar manantiales y torrentes,
secaste los ríos caudalosos;
16 tuyo es el día, tuya también la noche,
tú afirmaste la luna y el sol;
17 fijaste las fronteras de la tierra,
formaste el verano y el invierno.
18 Recuerda, Señor, que el enemigo te ha ultrajado,
un pueblo insensato ha despreciado tu Nombre:
19 no entregues a los buitres la vida de tu Paloma
ni te olvides para siempre de los pobres.
20 Ten presente tu alianza,
porque todos los rincones del país
están repletos de violencia.
21 Que el débil no retroceda lleno de confusión,
que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre.
22 Levántate, oh Dios, defiende tu causa,
recuerda que el insensato te ultraja sin cesar.
23 No olvides los gritos de tus adversarios,
porque crece el tumulto de los que se alzan contra ti.
por makf | 20 Sep, 2025 | Salmos
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SALMO 73
1 Salmo de Asaf.
¡Qué bueno es Dios para Israel,
para los limpios de corazón!
2 Pero casi se desvían mis pasos,
faltó poco para que diera un traspié,
3 porque tuve envidia de los presuntuosos,
al ver la prosperidad de los malvados.
4 Para ellos no hay sufrimientos,
su cuerpo está sano y robusto;
5 no comparten las penas de los hombres
ni son golpeados como los demás.
6 Por eso, el orgullo es su collar
y la violencia, el manto que los cubre;
7 la malicia se les sale por los poros,
su corazón rebosa de malos propósitos.
8 Se burlan y hablan con maldad;
desde lo alto, amenazan con prepotencia;
9 su boca se insolenta contra el cielo
y su lengua se pasea por la tierra.
10 Por eso, el pueblo de Dios se vuelve hacia ellos,
y beben el agua a raudales.
11 Ellos dicen: «¿Acaso Dios lo va a saber?
¿Se va a enterar el Altísimo?»
12 Así son esos malvados
y, siempre tranquilos, acrecientan sus riquezas.
13 Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón
y lavé mis manos en señal de inocencia?
14 Porque yo era golpeado todo el día
y cada mañana soportaba mi castigo.
15 Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos»,
habría traicionado al linaje de tus hijos.
16 Yo reflexionaba, tratando de entenderlo,
pero me resultaba demasiado difícil.
17 ¡Hasta que entré en el Santuario de Dios
y comprendí el fin que les espera!
18 Sí, tú los pones en un terreno resbaladizo
y los precipitas en la ruina.
19 ¡Qué pronto quedan devastados
y acaban consumidos por el horror!
20 Son como un sueño al despertar, Señor;
al levantarte, disipas hasta su imagen.
21 Cuando se agriaba mi corazón
y me torturaba en mi interior,
22 yo era un necio y no comprendía,
era como un animal ante ti.
23 Pero yo estoy siempre contigo,
tú me has tomado de la mano derecha;
24 me guiarás con tu consejo
y después, me recibirás con gloria.
25 ¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo?
Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra.
26 Aunque mi corazón y mi carne se consuman,
Dios es mi herencia para siempre
y la Roca de mi corazón.
27 Los que se apartan de ti terminan mal,
tú destruyes a los que te son infieles.
28 Mi dicha es estar cerca de Dios:
yo he puesto mi refugio en ti, Señor,
para proclamar todas tus acciones.