Aprendiendo

Un joven, preso de la amargura, acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro:

  • Quería alcanzar la iluminación, pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación.

¿Existe un camino rápido para alguien como yo?

  • ¿Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? -preguntó el maestro.
  • Sólo en el ajedrez, pues mi familia es rica, y nunca trabajé de verdad.

El maestro llamó a un monje. Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada.

  • Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes, te cortaré la cabeza con esta espada; y si por el contrario ganas, se la cortaré a tu adversario.

Empezó la partida.
El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida.

El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él.
Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz.

Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró de reojo al monje.

Vio su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo.

Evocó su propia vida, ociosa y banal… y de repente se sintió tocado por la piedad.
Así que cometió un error voluntario y luego otro… Iba a perder.

Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron.

  • No hay vencedor ni vencido -dijo-. No caerá ninguna cabeza.
    Se volvió hacia el joven y añadió:
  • Dos cosas son necesarias: la concentración y la piedad. Hoy has aprendido las dos.

Angelitos sordos

Había en el cielo un grupo de angelitos que no podían oír. Mientras que los otros ángeles, en sus clases de arpa y laúd, tocaban sus instrumentos preferidos y entonaban hermosas melodías, los angelitos sordos se habían sentado en una nubecita rosada, muy tristes.

  • ¿Qué podemos hacer? -pensaban-. Nuestros compañeros entonan bellísimas melodías para alabar al Creador, y tocan instrumentos que deleitan sus oídos ¿Cómo podemos hacer nosotros para demostrarle nuestro amor?

Debajo de la nubecita donde estaban sentados, había un jardín. Los angelitos sordos se sentían muy tristes, y las flores de aquel jardín comenzaron a marchitarse; uno de ellos se dio cuenta de lo que estaba pasando, y señaló con su dedito hacia abajo. Los otros se miraron y comenzaron a cambiar sus pensamientos, se concentraron todos en el amor de Dios hacia ese jardín, y al cabo de un rato vieron que en el jardín habían brotado hermosas flores de brillantes colores.

  • ¡Qué maravilla! -pensaron-. Juntemos algunas flores, y vayamos a visitar a Dios.
    Los angelitos, muy contentos, fueron hasta el trono del Señor.

El ángel guardián del trono los recibió, y les preguntó: - ¿Qué desean?
Los angelitos sordos mostraron las canastas con flores. El ángel guardián comprendió que eran ofrendas para el Creador, y los dejó pasar. Los angelitos se acercaron, y depositaron las canastas con flores a los pies del Señor. El los miró complacido, y les habló directo al corazón:

  • Veo que han comprendido, ¿De qué servirían todas las melodías que entonan los coros, celestiales, si no existieran las flores que embellecen al mundo?
    Los pensamientos de amor son capaces de crear las formas más bellas; si ustedes seguían tan tristes, se iban a marchitar todas las flores de la tierra. Continúen enviando sus pensamientos de Amor y verán las Maravillas de la Creación.

Nunca desprecies a tu hermano discapacitado por ser diferente a ti, pues todas las criaturas son hermosas y perfectas a los ojos del Creador; Ellos tienen dones que ni siquiera te imaginas.

Y cuando te detengas a contemplar la belleza de una flor, recuerda que un angelito sordo, está enviando sus pensamientos de Amor.

Ángeles a nuestro lado

Esta tarde, como a las cinco, estaba conduciendo a casa luego de una reunión. Atrapado en el tráfico de una avenida principal, el coche comenzó a ahogarse, toser y finalmente se paró.

Apenas pude manejar hasta la orilla, maldiciendo hasta una gasolinera, sin embargo, me sentía tranquilo porque de una u otra forma, no estaba bloqueando el tráfico a la hora pico, para esperar a la grúa. Antes de que pudiera hacer una llamada, observé a una mujer saliendo de la tienda de autoservicio, y vi como se calló sobre una bomba de gasolina.

Corrí entonces para ver si estaba bien. Cuando me acerqué, pude notar que la mujer que fue vencida más por los sollozos que por haberse caído; era una joven que se veía realmente ojerosa y , triste. Ella dejó caer algo mientras la ayudaba a levantarse, y lo recogí para entregárselo. Era una moneda de diez pesos.

En ese momento, todo se me aclaró: la mujer llorosa, el viejo auto con 3 niños adentro y la lectura en la bomba de gasolina marcando $100. Le pregunté si ella estaba bien y si necesitaba ayuda, y ella insistió diciendo:

  • No quiero que mis hijos me ven llorar, - entonces nos paramos al otro lado de la bomba, lejos de su carro. Dijo que conducía a otra ciudad, y que ahora las cosas estaban muy difíciles para ella.

Entonces le pregunté:

  • ¿Y usted estaba rezando?
    Esto la hizo alejarse un poco de mí, mientras que yo le aseguré que no era una persona loca, y dije:
  • El te escuchó, y me envió. Saqué mi tarjeta y la pasé a través del lector de tarjetas en la bomba para que pudiera llenar su coche completamente, y mientras que se provisionaba de combustible, caminé hacia la tienda de autoservicio y compré 2 bolsos grandes de alimentos, unos regalos, y una taza grande de café.

Ella dio los alimentos a los niños en el coche, quienes se avorazaron como lobos; hicimos una pausa en el estacionamiento, para comer papas fritas y charlar un poco. Me dijo su nombre, y parte de su historia. Su esposo la había abandonado hace 2 meses y ella no había podido llegar a un acuerdo con la separación.

Ella sabía que no tendría dinero para pagar la renta de enero, y finalmente por la desesperación había llamado por fin a sus padres, con quienes no había hablado desde hace 5 años. Ellos vivían a 4 horas y le habían dicho que podía ir a vivir con ellos e intentar conseguir reestructurar su vida allí. Entonces, empacó todas sus pertenencias en su carro. Les dijo a los niños que iban con sus abuelos a pasar Navidad, pero no que iban a vivir allí.

Le di mis guantes, un abrazo, nos juntamos de la mano e hicimos una oración rápida para que Dios guiara su camino. Mientras caminaba hacia mi coche, ella dijo:

  • Entonces, ¿eres como un ángel o algo así? Le respondí:
  • Querida, en esta época del año los ángeles están realmente ocupados, a veces Dios utiliza a gente común.

Era tan increíble ser parte del milagro de otros. Y por supuesto, cuando llegué a mi coche, enseguida comenzó a funcionar 5 me llevó a casa sin problemas. Lo pondré en el taller mañana para revisarlo, pero sospecho que el mecánico no encontrará nada mal.

Los ángeles a veces vuelan tan cerca, que puedes oír el alboroto de sus alas…

"Descarga en el Señor tu peso
y Él te sostendrá"
(Salmo 55:23)

Ama, cree y Sonríe

Ama… porque el amor es la llave de la vida.

Cree… porque la fe es la llave de la esperanza.

Sonríe… que la sonrisa es la llave de la amistad.

Y siempre confía en Dios… es la llave de la eternidad.

¡Acude a Él!

El abuelo preguntó al nietecito si rezaba las oraciones de la noche.

  • ¡Oh, sí! - respondió el niño.
  • ¿Rezas también por las mañanas? - siguió preguntando el abuelo.
  • ¿Para qué? -contestó el niño-en el día no tengo miedo.

Así obramos muchos de nosotros: recurrimos a Dios, como se recurre al médico, cuando lo necesitamos; entonces le llamamos diciéndole: "Padre nuestro".

Ya que le invocamos con tal nombre, deberíamos acudir a El no sólo cuando le necesitamos, sino también para manifestarle, como Padre, nuestras alegrías, nuestra gratitud, nuestras penas, nuestras preocupaciones, nuestros deseos.

No olvidemos todos los días de meditar la oración que Cristo nos enseñó, Padre Nuestro que estás en el cielo…

Aceptación incondicional

Soy madre de tres hijos: de 14, 12 y 3 años, y recientemente terminé mi carrera universitaria. La última clase que tomé fue Sociología.

La maestra estaba muy inspirada con las cualidades que yo deseaba ver, con las cuales cada ser humano había sido agraciado. Su último proyecto fue titulado "Sonríe". Pidió a la clase que saliera y le sonriera a tres personas, y documentaran sus reacciones.

Yo soy una persona muy amistosa y siempre sonrío a todos y digo "hola", así es que pensé que esto sería pan comido, literalmente.

Tan pronto nos fue asignado el proyecto, mi esposo, mi hijo pequeño y yo fuimos a McDonald's una fría mañana de febrero. Era la manera de compartir un tiempo de juego con nuestro hijo.

Estábamos formados esperando ser atendidos, cuando de repente, todos se hicieron para atrás incluso mi esposo. Yo no me moví ni un centímetro, y un abrumador sentimiento de pánico me envolvió cuando di vuelta para ver que pasaba.

Cuando giré percibí un horrible olor a "cuerpo sucio" y junto a mí estaban parados dos hombres pobres; cuando miré al pequeño hombre que estaba cerca de mí, él sonreía, sus hermosos ojos azul cielo estaban llenos de la luz de Dios buscando aceptación. Él dijo:

  • Buen día - mientras contaba las pocas monedas que traía.
    El segundo hombre manoteaba junto a su amigo; creo que era retrasado mental y el hombre de ojos azules era su salvación.

    Contuve las lágrimas. La joven despachadora le preguntó qué quería, él dijo:
  • Café, es todo señorita -porque era para lo único que tenían, ya que si querían sentarse en el restaurante para calentarse un poco, tenían que consumir algo.

    Entonces, realmente lo sentí, el impulso fue muy grande, casi alcanzo al pequeño hombre para abrazarlo. Fue entonces que sentí todas las miradas en mí, juzgando mi acción.

    Yo sonreí y le pedí a la joven despachadora que me diera dos desayunos más en charola separada, y caminé hacia la mesa donde estaban los dos hombres sentados. Puse la charola en su mesa y mi mano sobre la mano fría del pequeño hombre, él me miró con lágrimas en los ojos y dijo: - Gracias.

Yo me incliné dando palmaditas en su mano y le dije:

  • No lo hice por ustedes, Dios está aquí, actuando a través de mí, para darles esperanza.

Comencé a llorar mientras caminaba para reunirme con mi esposo e hijo. Cuando me senté, mi marido sonrió y dijo:

  • Es por eso que Dios te dio para mí, cariño, para darme esperanza.

Nos tomamos de las manos por un momento, y en ese instante supimos "la Gracia" con la que fuimos bendecidos para ser capaces de dar. No somos fanáticos de la iglesia, pero somos creyentes.

Ese día me fue mostrada la luz dulce y amorosa de Dios.

Yo regresé a la universidad a la última clase nocturna, con esta historia en mano. Entregué mi proyecto y la instructora lo leyó; entonces me miró y preguntó:

  • ¿Puedo compartir esto? - yo asentí lentamente, mientras ella pedía la atención de la clase.

Comenzó a leer y me di cuenta que nosotros, como seres humanos y siendo parte de Dios,
compartimos esta necesidad para sanar a la gente y ser sanados. A mi manera, se lo hice sentir a la gente en McDonald's, a mi esposo, hijo, a la maestra y a cada alma en el salón de clases, esa última noche como estudiante.

Me gradué con una de las lecciones más grandes que jautas hubiera aprendido:

"ACEPTACIÓN INCONDICIONAL"

Yo no entiendo a la gente grande

Yo no entiendo a la gente grande:
¿Por qué tapan la luz del sol, quitan las flores de las plantas para dejarlas marchitar en un jarrón, y enjaulan a los pajaritos?
¿Por qué han pintado todas las cosas de gris, y han llenado el cielo de antenas y anuncios de publicidad?
¿Por qué se creen importantes, por el sólo hecho de ser grandes?
¿Por qué no me dejan caminar descalzo, ni chapotear en la lluvia?
¿Por qué me compran juguetes, y no quieren que los use porque se rompen?
¿Por qué le han puesto nombre difícil a las cosas sencillas?
¿Por qué quieren empleos importantes, y pasan la vida sentados en sillas?

Yo no entiendo a la gente grande.
¿Por qué no sienten el placer de perder el tiempo mirando alrededor, y son incapaces de dar vueltas en un carrusel?
¿Por qué cuando me porto mal me amenazan con una inyección, y cuando me enfermo, me dicen que una inyección me va a poner bien?
¿Por qué quieren que coma con horarios, y no cuando tengo hambre?
¿Por qué cuando pregunto algo, no me contestan porque soy muy chico, y cuando pido un beso, me dicen que soy un grandulón?
¿Por qué siempre se hacen los serios? ¿Por qué dicen mentiras, y ellos mismos no se las creen? Pues cada vez que mienten, me doy cuenta y sufro mucho.

Yo no entiendo a la gente grande.
¿Por qué me dicen miedoso, y ellos me hablaron del coco y los fantasmas?
¿Por qué me piden que sea bueno, y me regalan para jugar pistolas, dardos, flechas y escopetas?
¿Por qué han llenado la casa de cristales, porcelanas y cosas que se rompen, y ahora resulta que no puedo tocar lo que veo?
¿Por qué perdieron las ganas de correr y saltar? ¿Por qué olvidaron las cosas que tanto les gustaba de chicos? ¿Por qué, antes de reírse, le piden permiso al reloj?
¿Por qué cuando hago algo malo, me dicen: "no te quiero más" y tengo miedo de que me dejen de querer en serio?

Mis manos son pequeñas, y por eso se me derrama la leche aunque no quiera. Mis piernas son cortas; por favor, espérame y camina más despacio, así no puedo andar contigo. No me pegues en las manos cuando toco algo lindo, y de color brillante. Por favor, mírame cuando te hablo, si es que me estás escuchando. No me regañes todo el día… Déjame equivocarme, sin hacerme sentir estúpido. No esperes que el dibujo que pinte sea perfecto… Ámame por haber tratado de hacerlo bien, recuerda que soy un niño, no un adulto pequeño…

A veces no entiendo lo que me dices. Te quiero tanto… por favor, ámame por lo que soy, no por las cosas que hago.

No me rechaces cuando estés molesta conmigo y vengo a darte un beso… Me siento solo, abandonado y con miedo. Cuando me gritas, me asusto… por favor, explícame qué he hecho.

No te enfades cuando en la noche, las sombras y la oscuridad me dan miedo, y me despierto y te llamo. Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz.
Cuando vamos a las tiendas no sueltes mi mano. Temo perderme, y que no me encuentres jamás.

Me siento muy triste cuando papá y tú discuten… A veces pienso que es por culpa mía, y se me encoge el estómago, y no sé qué hacer.

Muchas veces veo que abrazas y acaricias a mi hermano… Me regañaste cuando rompí mi juguete favorito y me eché a llorar; yo estaba triste y peor que tú… no lo hice a propósito, y me quedé sin ti.

Te molestaste porque me ensucié jugando… Pero la sensación del barro en mis pies era tan rica y la tarde tan linda…

Hoy te sentiste mal y yo me preocupé mucho. Traté de entretenerte con mis juegos, y me dieron un par de nalgadas y me sacaron de tu lado… Me fui a un rincón a llorar…
¿QUÉ HARÍA YO SI TÚ TE MURIERAS?

Me infunden miedo con el infierno, y no sé lo que es… Debe ser algo tan terrible como estar sin ti.

Aunque me dejaron con los tíos y la pasé bien, los eché mucho de menos toda la semana… Ojalá no hubiera vacaciones para los papas.

¡Tengo mucha suerte, pues entre todos los niños que hay en el mundo… USTEDES ME ESCOGIERON A MÍ!

Sé el mejor maestro y entrenador de tus hijos.
Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia,
cariño e integridad, piensen en ti.

Vencedores

Cuando eres olvidado o despreciado, o deliberadamente dejado a un lado, y tú sonríes por dentro, gloriándote en el insulto o el desprecio, ERES UN VENCEDOR.

Cuando puedes sobrellevar cualquier discordia, cualquier exceso y cualquier disgusto, y estás contento con cualquier comida, cualquier prenda de vestir, cualquier clima, cualquier sociedad, cualquier soledad, cualquier interrupción, ERES UN VENCEDOR.

Cuando se habla mal del bien que haces, o cuando tus deseos son resistidos, tus gustos
ofendidos, tu consejo descartado, tu opinión ridiculizada, y lo soportas todo con paciencia y en amoroso silencio, ERES UN VENCEDOR.

Cuando no te importa el referirte a ti mismo en la conversación, o recordar tus propias obras buenas, o sentir comezón después de un elogio; cuando verdaderamente puedes agradarte en "ser desconocido", ERES UN VENCEDOR.

"Señor, tócame ahora con el toque conmovedor que hace toda la diferencia entre la vida abundante y la mera existencia".

Usa toda la fuerza

Se cuenta la historia de un niño muy pequeño, que hacía un gran esfuerzo por levantar un objeto muy pesado. Su papá, al entrar en el cuarto, vio la lucha que sostenía su hijo, y le preguntó: ¿Estás usando todas tus fuerzas?

¡Claro que sí! – contestó impaciente el niño. No, -le respondió su padre- no me has pedido que te ayude.

Es imposible que nosotros mismos encontremos solución a nuestros problemas, nuestras angustias, nuestras dudas, nuestras aflicciones, nuestras tristezas; por lo tanto, entreguemos nuestras cargas a CRISTO, que es la mejor solución que podemos buscar para aliviarnos de todo lo que nos afecta en nuestras vidas.

Una lección de vida

Cierta vez, una mujer tenía en su casa algunas arañas que desde luego, no eran de su gusto, pues continuamente encontraba sus telas en las paredes, pero sus constructoras no aparecían. Esta mujer maldecía constantemente a las tejedoras por interrumpir el orden de su casa, y tener que estar quitando estas obras de toda la casa. Un día, encontró en el cuarto de su hija pequeña una imagen que le heló la sangre.

Sobre la cuna de su bebé encontró un gran escorpión atrapado y muerto en una telaraña.

Amigos, cuántas veces en nuestras vidas nos dedicamos a maldecir las cosas y verlas como malas, sin saber los verdaderos designios de Dios para con nosotros.

Categorías