Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
CRecientemente tuve la oportunidad de conversar con unos buenos amigos sobre este tema, y me pareció útil conservarlo aunque sea retocado y parafraseado, porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué. Los nombres, como de costumbre los he cambiado, ya que lo relevante aquí son las ideas y opiniones.
Marlene: Yo no entiendo por qué los católicos tienen que rezar a los santos, ¿acaso no es eso idolatría?
José: Ok, permíteme que te explique exactamente que creemos.
Miguel: Adelante, explícate.
José: Lo que sucede es que los católicos creemos que "el que cree en Cristo tiene vida eterna", tal como dice la Biblia (Juan 3,36)
Miguel: Bueno, es que eso creemos todos.
José: Si, pero si realmente aceptamos eso como un hecho, también aceptaremos las implicaciones lógicas que esto tiene, y una de ellas es que una vez que estamos unidos a Cristo, esta vida eterna no cesa ni se interrumpe con la muerte sino que llega a su plenitud. Precisamente por eso le llamamos vida eterna y no vida interrumpida o algo por el estilo, pues es una vida que no cesa durante toda la eternidad. Nosotros por eso creemos que quienes mueren en gracia de Dios pasan a gozar de su presencia, y desde allí siguen formando parte de la comunidad de amor que llamamos Iglesia, porque la Iglesia es…
Miguel: El cuerpo de Cristo.
José: Exacto. Una vez que pasas a formar parte del cuerpo de Cristo, no eres desmembrado al morir, sigues en su comunión de una manera incluso más intensa. Es en esa comunidad de amor donde ellos no pierden la capacidad de hacer peticiones a Dios. Si antes en vida podían interceder con sus oraciones por nosotros, ahora lo hacen con mayor fervor porque están en la plenitud del amor de Dios.
Ellos no dejan de amar, ni dejan de preocuparse por nosotros. He allí la clave para entender el dogma de la comunión de los santos: como miembros del cuerpo de Cristo, que están unidos entre sí, siguen unidos incluso en el más allá.
Esta es la razón por la que los católicos decimos que la Iglesia está dividida en la Iglesia militante (aquellos que peregrinan por esta vida), la Iglesia triunfante (aquellos que ya triunfaron en el camino de la fe) y la Iglesia purgante (aquellos que se purifican antes de gozar de la visión de Dios, en lo que llamamos purgatorio, tema que quizá podamos platicar en otra ocasión).
Miguel: Oye, pero yo tengo entendido que cuando una persona muere "duerme en el Señor". En la Biblia se ve por ejemplo, que cuando Lázaro muere está dormido: "Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.»" (Juan 11,11). Lo mismo con Esteban al morir se durmió: "Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió." (Hechos 7,60)
Marlene: Efectivamente, los que mueren duermen en el Señor.
José: Ok, déjame explicarte algo. Cuando la Biblia utiliza la palabra "dormir" para referirse a los difuntos se refiere a sus cuerpos, no a sus almas. En el mismo caso que mencionas de Esteban se ve como antes de "dormir" ve que el cielo se abre para recibirle: "Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.»" (Hechos 7,55)
Quienes creen que aquellos que mueren están inconscientes o incluso que no existen fuera del cuerpo son algunas sectas como los testigos de Jehová y adventistas que no creen en la inmortalidad del alma. Realmente ni los católicos ni los evangélicos creemos eso (los reformadores por ejemplo no pensaban así) sobre todo porque hay muchos textos bíblicos en donde esto se ve claro.
Miguel: ¿Como por ejemplo?
José: San Pablo confiesa que quiere morir para estar con Cristo: "Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia… por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros" (Filipenses 1,21-24)
Miguel: Por supuesto, pero eso quiere decir que quiere morir para dormir en el Señor.
José: No tendría sentido que Pablo quisiera morir para quedarse dormido, por el contrario, el dice que incluso fuera del cuerpo puede afanarse por agradar al Señor, y alguien dormido no se afana: "Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.
Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos afanamos por agradarle" (2 Corintios 5,9). Observa cuan convencido está que al salir del cuerpo estará con Cristo gozando de la visión de Dios: "Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión… " (2 Corintios 5,6)
Hay muchos ejemplos más en la Biblia donde se ve que aquellos que han muerto no están inconscientes, recuerda el caso del profeta Samuel cuando se apareció luego de haber muerto a Saúl y le dijo todo lo que iba a suceder (1 Samuel 28,6-20). Un adventista te diría que no era realmente él sino un demonio, pero si te fijas bien en el texto, allí no dice eso sino que era el propio Samuel. Por otro lado todo lo que dijo fue cierto al punto que finalmente se cumplió. No parece ser la forma de actuar del Demonio que es el padre de la mentira.
También tenemos el caso del buen ladrón, al que Cristo le dice que ese mismo día estaría con él en el paraíso: "Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» " (Lucas 23,43) . Sabemos por palabras de Cristo que la resurrección ocurrirá el último día (Juan 6,44.54; 11,24), sin embargo ya él desde ese día estaría con Cristo, no dormido, no inconsciente.
Miguel: Pero entonces ¿por qué la Biblia dice que cuando venga Cristo, los que vivamos nos uniremos a los que ya durmieron en el Señor y será allí que estaremos con Cristo para siempre?. Recuerda que dice: "El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor." (1 Tesalonicenses 4,16-17)
Carlos: Cierto, eso tampoco yo lo entiendo, si ya los que mueren están en el cielo en presencia de Dios, ¿para qué van a resucitar el último día?
José: Porque la obra redentora de Cristo tiene que restaurar todo aquello que el pecado ha afectado. Una de las consecuencias del pecado fue que los hombres padeciéramos la muerte física, en donde se separa el alma del cuerpo. Pero Dios no nos creó originalmente así, y Dios tiene que restaurarnos completamente y eso ocurrirá en el último día. En ese entonces ya estaremos en el cielo pero con un cuerpo similar al de Cristo.
Miguel: Con nuestros cuerpos glorificados.
José: Efectivamente, pues eso es lo que explica San Pablo cuando habla de la resurrección: "Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual." (1 Corintios 15,42).
Y precisamente por todo eso, si se acepta que quienes murieron y se salvaron están con Cristo, no habría por qué dudar que pueden hacerle peticiones.
Marlene: No sé, yo no lo entiendo de esa manera, yo acepto que si pueden estar con Cristo, pero tranquilos, y en santa paz, sin saber nada de lo que ocurre en la tierra ni estar preocupados por ello.
José: En la misma Biblia puedes ver que aquellos que están en presencia de Dios pueden hacerle peticiones. En al Apocalipsis por ejemplo, se ve a los mártires clamando a Dios: "Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»
Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos." (Apocalipsis 6,9-11). Observa en primer lugar que pueden pedir y sus oraciones son escuchadas, y en segundo, como ellos estaban enterados de lo que había ocurrido en la tierra, ya que de lo contrario no sabrían si ya se les había hecho justicia.
Miguel: Pero ¿Cómo podrían enterarse de lo que ocurre si solo Dios lo ve y lo sabe todo? ¿Cómo podría por ejemplo, la Virgen María, atender simultáneamente las millones de peticiones que recibe en un mismo instante de parte de millones de personas?
José: Lo que pasa es que estamos acostumbrados a ver las cosas al modo humano y pensamos que en el más allá el tiempo y los sucesos transcurren tal como ocurren aquí, pero eso no es así. Nosotros aunque no podemos entender como es el más allá, si podemos saber gracias a la Biblia que aquellos que están en presencia de Dios se enteran de lo que acontece.
Miguel: ¿En donde dice eso en la Biblia?
José: Jesús por ejemplo nos dice que los ángeles en el cielo se alegran cada vez que un pecador se convierte: "Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»" (Lucas 15,10). Imagina que en distintas partes del mundo se conviertan muchos pecadores al mismo tiempo, ¿dejarían por eso los ángeles de enterarse solo por no ser omniscientes?
Miguel: No, pero ellos se enteran a través de Dios.
José: Exacto, y es precisamente esa la misma forma por la que también se enteran los salvos que están en presencia de Dios de lo que aquí ocurre, recuerda que Jesús también dice que en el cielo seremos como ángeles (Mateo 22,30).
Si vamos a la carta a los hebreos encontramos otro ejemplo. En el capítulo 11 el autor menciona a todos los santos y profetas fallecidos en la antigüedad, y luego en el capítulo 12 versículo 1 se refiere a ellos como una nube de testigos de tenemos a nuestro alrededor: "por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone" (Hebreos 12,1).
Por si eso fuera poco más adelante les menciona como la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo junto con los ángeles: "Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad de Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne, y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación" (Hebreos 12,22-23)
Por tanto, si unimos las piezas podemos veremos que la enseñanza de la Iglesia tiene mucho sentido, pues por la misma Biblia sabemos: 1) quienes están salvados están en presencia de Dios, 2) pueden hacer peticiones, 3) a través de Dios se enteran de lo que ocurre, 4) No dejan de amarnos, ni son indiferentes a nuestros sufrimientos, necesidades 5) desean nuestro bien. Tomando en cuenta todo esto no es ilógico pensar que pueden orar por nosotros.
Marlene: Pero igual yo no creo que sea necesario pedirles que oren por mí, porque yo puedo acudir directamente a Jesucristo.
Miguel: Es cierto, en la Biblia dice "Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí." (Juan 14,6)
Marlene: También dice que hay "hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús" (1 Timoteo 2,5).
José: Ok, te explico. Lo primero que tenemos que distinguir es entre los distintos tipos de mediación. Una es aquella que solo Cristo puede hacer, ya que él como Dios y Hombre verdadero era el único que podía morir por nosotros y redimir el género humano. Otra sin embargo es la intercesión, en la que los cristianos unidos a Cristo oramos e intercedemos unos por otros.
Ustedes por ejemplo, aceptan que se pueden orar unos por otros, ¿no?
Miguel: Claro.
José: Pero incluso estando vivos no por eso usurpan el papel de Cristo como único mediador ¿cierto?
Miguel: No, claro que no.
José: De la misma manera aquellos que están en el cielo no lo hacen, porque sus oraciones y las nuestras siempre van en nombre de Cristo, tal como decimos en la Santa Misa: "POR CRISTO, CON EL y EN EL, a ti Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, AMEN".
Marlene: Pero tengo que volver sobre lo mismo: yo pienso que no necesito pedir a ningún santo que interceda por mi porque yo puedo acudir a Cristo directamente.
José: Razonando de esa manera también yo podría decir que no necesito que nadie vivo ore por mí, ya que yo también puedo pedir por mí mismo. Es evidente que si, que cada quien puede hacer peticiones para sí, pero recuerda que Dios nos ha querido hacer partícipes de su obra salvadora y por eso le complace que también oremos unos por otros.
No hay por qué ver como excluyentes la oración personal con la oración comunitaria, pues no se trata de sustituir la propia oración por la intercesión de los santos, sino de añadir a la propia oración la de ellos, todos unidos como una comunidad de amor.
Si volvemos sobre las palabras de San Pablo cuando dijo que Cristo es el único mediador, vemos que antes también dijo: "Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombre…Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador", lo que demuestra que el propio apóstol no ve la intercesión de unos por otros como un conflicto con la única mediación de Cristo.
Miguel: Aun así yo sigo sin encontrar en la Biblia un solo texto donde alguien vivo se comunique con alguien muerto y este le haya escuchado.
José: No, claro que lo hay.
Marlene: ¿Dónde?
José: En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra que una cristiana de nombre Tabitá murió, y Pedro luego de orar se dirige a ella y le manda a resucitar, ella no solo le escucha, sino que le obedece: "Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó." (Hechos 9,40)
Miguel: Si, pero quien le resucitó fue Dios.
José: Por supuesto, pero él hecho es que Pedro (una persona viva) se dirigió a Tabitá (una persona muerta) y le escuchó, a través de Dios claro, en eso estamos de acuerdo, pero le escuchó.
Marlene: No sé, yo veo a mis amigos y familiares que son católicos puro rezar a los santos y olvidarse de Dios.
José: Si eso ocurre es porque es un exceso o una desviación de la fe que tiene que ser corregida, pero las desviaciones no se corrigen negando una verdad, sino enseñándola correctamente.
No se trata pues, de abandonar la oración a Dios para sustituirla por la de los santos, sino de acompañarla con la de ellos. No es ya una sola voz clamando a Dios, sino miles, millones, todos en comunión intercediendo unos por otros porque nos amamos.
Marlene: Ok, pero pasas por alto que Dios no comparte su gloria con nadie. La Biblia dice "Yo, Jehová, ese es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos." (Isaías 42,8)
José: La gloria que corresponde a Dios como Dios no la comparte con nadie, pero Dios también glorifica sus criaturas porque al glorificarlas glorifica la obra de sus manos. San Pablo por ejemplo nos dice que si somos hijos "también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados" (Romanos 8,17).
Jesús mismo dice de sus discípulos "Yo les he dado la gloria que tú me diste" (Juan 17,22). Como ves pues, no se trata de quitar gloria a Dios para dársela a los santos, se trata de dar gloria a Dios por lo que ha hecho en sus santos, y a eso llamamos veneración.
Marlene: Pero cuando un católico se pone de rodillas ante un santo, ¿eso es solo veneración?, porque San Pedro no permitió que otro cristiano (Cornelio) se arrodillara ante él: "Pedro le levantó diciéndole: «Levántate, que también yo soy un hombre.»" (Hechos 10, 26).
Lo mismo hizo el ángel cuando el apóstol Juan se postró ante él: "Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto para adorarle. Pero él me dijo: «No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.»" (Apocalipsis 22,8-9).
José: Claro, pero si te fijas, el problema en ambas ocasiones fue que ambos se pusieron de rodillas con la intención de adorar, y eso si sería idolatría. Hay gestos y actos simbólicos cuyo significado está ligado a la intención con la que se realizan, el caso de la genuflexión es uno de ellos.
Por eso se explica que en otras ocasiones en la misma Biblia se ve personas de rodillas unas a otras y en esos casos no estuvo mal. Un ejemplo lo tienes cuando el Rey Salomón le puso un trono a su madre a su lado y se puso de rodillas ante ella, y nadie pensó que la estaba adorando (1 Reyes 13,35-36). ¿Recuerdan ese caso?
Miguel: Yo sí.
José: Otro caso lo tenemos cuando Abdías se arrodilló ante el profeta Elías y este no le dice nada (1 Reyes 18,7). La comunidad de profetas se puso de rodillas ante Eliseo (2 Reyes 2,15) y Daniel se puso de rodillas ante el ángel Gabriel (2 Reyes 2,15). Así como estos hay muchos ejemplos en la Biblia, pero con estos basta para mostrar que lo que hacía malo el acto de Cornelio o de Juan era la intención de adorar.
Si te fijas bien, el texto bíblico lo dice, porque en el caso de Cornelio se dice cual fue su intención: "Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirlo y, postrándose a sus pies, lo adoró". (Hechos 10,25). En el otro suceso el texto bíblico nuevamente aclara: "caí a los pies del Ángel… para adorarle" (Apocalipsis 22,8)
No podría nadie saber si otra persona está de rodillas para adorar o venerar, a menos que ella misma lo diga, porque no puede ver el interior de su corazón. Hacerlo y pretender juzgar la intención del corazón del prójimo acusándole de idolatría es muy peligroso porque podemos estarlo juzgando mal. Los católicos a ese tipo de conductas las llamamos "juicio temerario".
Al llegar a este punto, nos tocó a cada uno el momento de partir, y luego de despedirnos amablemente seguimos nuestro camino.
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo sobre el tema de las imágenes sagradas, que suele ser bastante polémico y piedra de tranca con nuestros hermanos.
Lo he reproducido este sí más retocado y parafraseado que el anterior, porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué, aunque se que en este y otros temas, los mejores argumentos no convencerán a todos. Los nombres, por supuesto, no son reales.
Miguel: Estuvo muy interesante nuestra última conversación, y te podría decir que entiendo su doctrina respecto a los santos, pero ¿por qué representarlos con imágenes? ¿No dice claramente la Biblia que está prohibido hacerlas?: "No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás" (Éxodo 20,4-5)
Marlene: Efectivamente, ¿dónde dice la Biblia que se deben adorar imágenes?
José: Ok, permíteme que te explique exactamente que creemos.
Miguel: Por favor.
José: Ante todo has de entender que las imágenes para nosotros no tienen el mismo significado que para los paganos que las consideraban realmente dioses. Nosotros no las adoramos, y sabemos perfectamente que son solo representaciones, ya sea de Cristo o de sus santos.
Marlene: Pero las hacen igualmente.
José: Si, pero aquí tenemos que entender a qué se refería el mandamiento, y en qué consistía exactamente la prohibición de hacer imágenes. ¿Ustedes creen que prohibía hacer cualquier tipo de imágenes?
Miguel: No, evidentemente no. El problema no es hacer una imagen, sino que se le adore.
José: ¡Exacto!. Y prueba está en que la misma tienda del encuentro[1] fue construida por orden divina y estaba llena de imágenes, lo mismo el Templo también las tenía, imágenes de seres que están en el cielo, como los ángeles, y que están en la tierra, como los animales. Incluso la misma Arca de la Alianza tenía dos enormes ángeles en la parte superior (Éxodo 25,18-19; 26,4; 1 Reyes 6,18-19.23-29.32-33.35; 13,23-25.35-36). Queda claro que estas no violaban la prohibición dada por Dios.
Miguel: Si, eso lo sé, porque no las adoraban.
José: Estamos de acuerdo entonces que no hay que sacar el texto de contexto y lo que se prohíbe no es la mera fabricación de imágenes sino su adoración. Otra prueba de que el mandamiento no se refiere a cualquier tipo de imágenes, ni siquiera religiosas, es que allí se usa la palabra hebrea פֶּסֶל (pésel) que significa "ídolo", mientras que en la misma lengua existen palabras para referirse a otro tipo de imágenes no idolátricas sino representativas, como por ejemplo la palabra tselem o la palabra pittuach para referirse a imágenes representativas o decorativas.
El mandamiento también comienza diciendo " No habrá para ti otros DIOSES delante de mí" (Éxodo 20,3). Por lo tanto, una traducción adecuada que se apega más al texto hebreo y al contexto sería "No te hagas ningún ÍDOLO ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra" (Éxodo 20,4).
Y si una imagen no es un ídolo, esto es, una imagen que sea considerada como un Dios en sí misma, no representa ningún problema y podemos tener nuestros templos llenos de ellas, tal como lo estaba el templo de Salomón, el cual luego de ser reconstruido fue visitado por Jesús sin que este objetara en lo absoluto la presencia de imágenes.
Allí está también el caso de la serpiente de bronce (Números 21,9), mandada a construir por Dios, nunca representó un problema hasta que parte del pueblo se corrompió y comenzó a adorarla y tuvo que ser destruida (2 Reyes 18,4).
Marlene: Pero al rezarle y ponerse de rodillas ante ellas las adoran. Ese es el problema.
José: Recuerda que en nuestra conversación pasada hablamos de que el gesto de ponerse de rodillas tiene un significado diverso dependiendo de la intención con que se haga. Cuando lo hacemos ante una imagen lo hacemos como un acto de veneración.
Marlene: Un acto de veneración ante un objeto inanimado. En los ejemplos que pusiste en nuestra conversación anterior, vimos que los justos si se ponían de rodillas ante profetas y hombres de Dios sin llegar a adorarles, y allí puedo entenderlo porque eran personas vivas, ¿pero imágenes de yeso que no pueden ver ni escuchar?.
José: Efectivamente, sabemos que las imágenes no ven ni oyen porque solo son eso: imágenes, pero para nosotros un gesto dirigido hacia una imagen realmente está dirigido a quien la imagen representa. Cuando los ancianos de Israel se postraban ante el Arca de la Alianza, no se postraban delante de una caja de madera, sino delante de Dios.
Además, si recuerdas bien nuestra conversación pasada, hablamos también de que aquellos que ya gozan de la visión beatífica se enteran a través de Dios de lo que acontece. Si esto es así, ¿por qué no habrían de enterarse de que ante una imagen de ellos se ha hecho un gesto de reverencia o veneración?.
Y yo entiendo que puede parecer exteriormente que un gesto de veneración de parte de un católico es similar al de un pagano idólatra que adora la imagen en sí misma, pero hay una diferencia sustancial que está en la intención del corazón de quien lo hace, y como considera éste el significado de la imagen.
Marlene: Puede ser que tu lo entiendas de esa manera, pero ¿cómo saber que todos los católicos lo entienden así? Eso no es lo que parece cuando les vemos ponerse de rodillas ante una imagen.
José: Como les decía anteriormente, no debemos olvidar que no vemos el interior de las personas y acusarles de idolatría según lo que las apariencias nos expone a caer en juicio temerario.
Yo, incluso cuando era un niño pequeño, cuando veía una imagen y la tocaba, sin mucho conocimiento religioso entendía que esa imagen no era Dios, y ni siquiera al santo a quien representaba, pero consideraba que por estar bendecida por Dios de alguna manera algo de esa bendición podía pasar a través de ella.
Ciertamente era una fe sencilla, tal como la de aquellos que buscaban que la sombra de San Pedro les cubriera para sanarse (Hechos 5,15), o que sanaban con tocar los pañuelos de San Pablo (Hechos 19,12). También está el conocido caso de la hemorroisa que al tocar el manto de Jesús sanó (Marcos 5,26-31). ¿Consideran ustedes que esas personas creían que fueron sanadas por pañuelos, mantos y sombras?
Miguel: Claro que no. Fueron sanadas por el poder de Dios.
José: De la misma manera ocurre con la fe de la gente sencilla. Aun los más humildes en el fondo de su corazón saben que una imagen no es un Dios, ni mucho menos Dios.
Aquí mismo en nuestro país ocurrió un milagro portentoso en el año 1669 cuando la peste diezmaba a la población. Según sabemos la desesperación era tanta, que los caraqueños sacaron en procesión una imagen de Jesús, la del Nazareno, que ocupaba uno de los altares de la iglesia erigida en honor a San Pablo, El Ermitaño. En la procesión los caraqueños imploraban la desaparición de la peste, y cuando las plegarias eran más sentidas, la imagen del Nazareno, de la iglesia de San Pablo tropezó con las ramas de un limonero haciendo caer los frutos.
Los caraqueños exclamaron ¡Milagro! y corrieron a hacer guarapos con los limones, y cuando los enfermos lo tomaban, sanaban. ¿Quien cree que los sanó? ¿La imagen del Nazareno o la fe de esa gente sencilla que vio en ese suceso una respuesta providencial a sus oraciones y creyó? ¿No recuerdan que dice la Biblia sobre el que tuviere la fe como un granito de mostaza? (Mateo 17,20)
Miguel: Ok, pero la Biblia también prohíbe hacer imágenes de Dios. Recuerda que también dice: "Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina, figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra.
Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahveh tu Dios a todos los pueblos que hay debajo del cielo" (Deuteronomio 4,16)
José: Si lees detenidamente el texto, allí se explica la causa de la prohibición. Se prohibía representar a Dios con imágenes para que las personas inmersas en aquella cultura no fuera a pensar que Dios tenía la forma de una creatura. ¿Recuerdas cuando intentaron representar a Dios como un becerro de oro (Éxodo 32,4)?, de eso precisamente les advertía. Pero Dios luego se reveló en forma humana, pues Cristo es la "Imagen de Dios invisible" (Colosenses 1,15), y si le vieron y tocaron.
Miguel: Supongamos que es cierto y no está prohibido hacer imágenes de Jesucristo, ¿Cómo explicas que también hagan imágenes de Dios Padre? ¿Eso no está prohibido?
José: Representaciones puramente simbólicas que le muestran como un anciano de muchos días[2] para dar a entender que existe desde la eternidad y de él proceden todas las cosas. Hoy no existe para nosotros el riesgo de que alguien crea que realmente Dios Padre es como un anciano con barba blanca, ni tampoco se hacen esas imágenes para adorarlas.
Marlene: Igualmente pienso que lo mejor es no correr riesgos, si las imágenes son solo eso, representaciones, no son indispensables para nuestra salvación. Lo mejor es no tenerlas y no exponer a nadie a que caiga en pecado de idolatría.
José: Lo que sucede es que los católicos no creemos que esa sea la solución a los problemas que tenemos en la Iglesia. Nosotros no vamos a destruir todas las imágenes solo porque algún católico pueda malentender la enseñanza de la Iglesia. La solución del problema por el contrario es catequizarles para que ellos llegando a la madurez de la fe eviten caer en ese tipo de errores.
Lo mismo ocurre con el tema de los santos: no podemos negar la gran verdad que significa reconocer que tenemos una familia en el cielo, solo porque alguien pueda caer en algún exceso y darles el lugar que solo corresponde a Dios. No mutilar, negar, sino profundizar, aclarar, explicitar y es siempre la forma en que creemos debemos abordar los problemas, porque no podemos negar una verdad solo porque exista el riesgo de que algunos la malentiendan.
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NOTAS
[1] Traducida en algunas Biblias como Tabernáculo de reunión, Tabernáculo del testimonio, etc., en el lenguaje bíblico generalmente designa el santuario movible en forma de tienda de los hebreos antes de la erección del Templo de Salomón construido por orden de Dios y con sus instrucciones.
[2] La figura de Dios como un "anciano de días" está inspirada en el libro de Daniel 7,9-10, donde el profeta le ve con "vestiduras blancas como la nieve, y como lana limpia los cabellos de su cabeza; de llamas de fuego era su trono".
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el tema de la salvación, un tema importante porque estuvo allí la principal causa de las divisiones entre católicos y protestantes en el siglo XVI. Me ha basado en algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos, pero lo he reordenado para que el orden de los argumentos tenga más consistencia.
Al igual que los diálogos anteriores, puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué, aunque se que en este y otros temas, los mejores argumentos no convencerán a todos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.
Julia: Yo nunca he entendido por qué los católicos niegan que la salvación sea una gracia [1] que recibimos por medio de la fe, ¿acaso no dice la Biblia que "Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe?" (Efesios 2,8)
José: Has tocado un tema muy importante y con gusto te explico que creemos nosotros los católicos.
Marlene: Adelante, a mí también me interesa.
José: Ante todo han de saber, que los católicos si creemos que la salvación es una gracia de Dios que recibimos por medio de la fe.
Julia: Pero no creen que la salvación la recibimos solamente por la fe [2], sino que creen que hay también que hacer buenas obras para salvarse, cumplir los mandamientos, como si la salvación hubiese que comprarla. San Pablo es muy claro en que "si es por gracia, ya no lo es por las obras; de otro modo, la gracia no sería ya gracia" (Romanos 11,6)
José: Te explico con un ejemplo que entendemos nosotros por el hecho de que la salvación es una gracia de Dios. Imagina un hombre que se encuentra en el fondo de un pozo muy hondo, no tiene dinero y no puede salir por sí mismo.
Llega alguien y sabe que aquel hombre ni merece que le ayuden a salir del pozo, ni tiene con qué pagarle, pero aún así busca una escalera suficientemente larga para que este pueda salir. Si este hombre no toma la escalera y comienza a subir no sale. Probablemente tendrá que esforzarse en salir, e incluso se ayudará tomando la mano del hombre que le ha puesto la escalera, tendrá que poner también de su parte, pero eso no significa que pagó por su salida. El habrá sido rescatado gratuitamente porque su esfuerzo al salir no paga el favor hecho por su benefactor.
Marlene: Si, es un ejemplo muy parecido al que yo utilizo para explicar que Dios nos ofrece gratuitamente la salvación y nosotros debemos aceptarla.
José: Ahora bien, ustedes estarán de acuerdo conmigo de que quien impulsa al hombre a aceptar la salvación y creer es Dios infundiendo en él su gracia.
Julia y Marlene: Claro.
José: Pues bien, la misma gracia de Dios que les impulsa a creer, es la que les impulsa a obrar, lo dice la Biblia: "pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2,13)
Julia y Marlene: De acuerdo.
José: Observen ahora que la gracia comienza a actuar en el hombre mucho antes de creer. Incluso cuando se siente movido a escuchar una predicación, o cuando busca acercarse a Dios está ya la gracia trabajando y moviéndole a Él.
Julia: Sin duda.
José: Ahora, ¿creen ustedes que el hombre tenga potestad para resistir esa gracia? Que Dios le mueve a creer y luego a obrar veo que estamos de acuerdo, pero ¿puede el hombre resistirse?
Marlene: Yo creo que sí, porque hay gente que decide no creer aunque se les predique mucho.
Julia: En esto no estoy de acuerdo con Marlene, yo creo que la gracia de Dios puede ser parcialmente resistida pero nunca de manera definitiva, y por eso decimos que es irresistible, ya que Dios va y ablanda poco a poco el corazón de aquellos que él ha predestinado a salvarse por más duros que sean [3].
José: Pero Julia, si esto es así, ¿y los que no creen ni se salvan acaso no reciben nunca la gracia de Dios?
Julia: Es un tema complejo, pero creo que no, no reciben la gracia de Dios porque no están predestinados para salvarse. La elección divina es algo misterioso que la inteligencia humana no puede penetrar.
José: Pues fíjate que en esto los católicos estamos más bien de acuerdo con Marlene. Creemos que Dios derrama su gracia sobre todos porque "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Timoteo 2,4).
Hay muchos textos bíblicos que enseñan que el hombre que se condena, no es porque Dios no le diera las gracias para que se salvara, sino porque las rechazó. Por eso los católicos creemos que la gracia si puede ser resistida incluso de manera definitiva [4]. Por eso San Pablo nos invita a cooperar con la gracia para no recibirla en vano: "Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios" (2 Corintios 6,1).
Jesús en la parábola de la vid nos da un buen ejemplo (Juan 15,1-9), porque allí se representa Él como el tronco de un árbol y nosotros como las ramas. La gracia es representada por la savia del tronco que fluyendo hacia las ramas hace que produzcan fruto. ¿Quién produce el fruto? ¿La rama o la savia? ¿Dios, o el hombre?
Marlene, Julia: Dios, que como has dicho antes, "es quien obra en vosotros el querer y el obrar"
José: Si, la obra es primeramente de Dios, pero no es Dios obrando solo, sino Dios obrando a través del hombre. Por eso San Pablo en el texto anterior nos llama "cooperadores" de su gracia.
Tú Marlene, aceptas que la gracia puede ser resistida, entonces cuando la gracia fructifica, el hombre se está dejando mover por ella. No es Dios que obra sin el consentimiento del hombre, es el hombre el que obra movido por Dios.
Marlene: De acuerdo.
José: Ahora vamos al siguiente punto. Luego de que el hombre ya ha creído y ha sido justificado por la fe, ¿todavía puede resistir la gracia?
Marlene: Yo creo que sí.
José: ¿Puede desviarse de la verdad e incluso pecar gravemente?
Marlene: Si.
José: ¿Si muere en ese estado sin arrepentirse verdaderamente se salva?
Marlene: No.
Julia: No Marlene, si se salva, porque ya aceptó a Jesús como salvador. El Padre no lo mirará a Él sino a Cristo en quien él ha puesto su confianza. Recuerda lo que dice la Biblia, "Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa" (Hechos 16,31), y también "el que cree, tiene vida eterna" (Juan 6,47). Precisamente por eso es que la salvación es gracia. No hiciste nada para recibirla, no puedes hacer nada para perderla.
José: Espera un momento que hay un error en tu razonamiento: El que la salvación se reciba gratuitamente no quiere decir que no puedas perderla. Yo puedo darte un regalo y eso no quiere decir que no puedas echarlo a la basura.
Julia: El texto dice claramente que al momento de creer ya se tiene vida eterna, y lo dice en presente, que quiere decir que ya desde ese momento somos salvos eternamente, y si somos salvos para siempre no podemos perder la salvación (Juan 3,36; 5,24; 6,47).
José: Entiende que mientras estamos en este mundo, la vida eterna está condicionada a permanecer en el estado de gracia. San Juan nos habla de alguien que ha creído pero luego ha comenzado a odiar a su hermano y ya no tiene "vida eterna permanente" en él (1 Juan 3,15). Jesús mismo advierte en numerosas ocasiones que para salvarse hay que "perseverar hasta el fin" (Mateo 10,22; 24,13; Marcos 13,13), el autor de la epístola a los hebreos nos advierte a no "descuidar la salvación" (Hebreos 2,3) y San Pablo nos advierte de manera tajante que si no nos mantenemos en la bondad seremos "desgajados" (Romanos 11,22)
Marlene: No, yo si acepto que la salvación se puede perder si el hombre se aparta de la fe.
José: Ese es el punto. Si el hombre luego de creer, puede hacer o dejar de hacer ALGO que afecte su salvación, entonces esta NO DEPENDE SOLO DE HABER CREÍDO.
Marlene: Espera un momento, pero ¿si el hombre en verdad ha creído, no quiere decir entonces que no se apartará del camino de la fe?. Después de todo, las obras son fruto de la fe verdadera y si tenía realmente una fe verdadera, él actuará conforme a esa fe.
José: Es cierto que las obras son fruto de la fe, pero incluso el hombre justificado sigue afectado por la concupiscencia y puede resistir la gracia. Puede por tanto haber creído y aun así luego apartarse y dejar de fructificar. Para ilustrar esto mencionaba la parábola de la vid, en donde ramas que estuvieron unidas árbol dejan de dar fruto y terminan por ser cortadas y echadas al fuego (Juan 15,6).
San Pedro habla de aquellos que habiendo sido lavados volvieron a la inmundicia del pecado: "Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno»." (2 Pedro 2,21-22). Por otro lado recuerda que aunque efectivamente las obras son producto de la gracia, es la gracia obrando a través de la voluntad libre del hombre.
Julia: Pero visto de ese modo se complica mucho algo tan simple y se da a entender que hay que esforzarse por la salvación, y no tiene sentido esforzarse por obtener algo que es una gracia, o en pocas palabras, que es gratis.
José: No tienes por qué ver ambas cosas como excluyentes, precisamente para que lo entendieras te puse el ejemplo del hombre en el fondo del pozo. Recuerda que San Pablo nos manda a "trabajar con temor y temblor por nuestra salvación" (Filipenses 2,12) y Jesús a "luchar por entrar por la puerta estrecha" (Lucas 13,24; Mateo 7,13). Todo eso implica esfuerzo personal. El dicho coloquial "A Dios rogando y con el mazo dando" lo ejemplifica bien.
Julia: Pero si es así, y tenemos que esforzarnos por la salvación, ¿para que murió Cristo por nosotros?
José: Cristo ha muerto para redimirnos. Sin su sacrificio que ha sido completamente gratuito no podríamos salvarnos. Pero eso no quiere decir que el creyente justificado no tenga que obrar conforme a la voluntad de Dios para salvarse, ni deje de ser necesario cumplirlos mandamientos.
Recuerda que Cristo también dijo "«No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial." (Mateo 7,21). Recuerda que el Señor "se convirtió en causa de salvación eterna para todos LOS QUE LE OBEDECEN" (Hebreos 5,9).
Cuando a Jesús le preguntan que hay que hacer para salvarse, él responde "si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos" (Mateo 19,16-17). No es que se "compre" la vida eterna al cumplir los mandamientos, pero si no se los cumple, no se salva. Es aquí que se encuentra el traje del hombre nuevo del que habla Jesús (Mateo 22,11-13), el cual si no nos lo ponemos somos arrojados del banquete del cielo.
Julia: Pero ¿Quién puede cumplir todos los mandamientos?
José: Solos nada podemos, pero la gracia nos capacita. Recuerda que las palabras de San Pablo "todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4,13). Dios siempre nos da la gracia para cumplir los mandamientos: "Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir:
«¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Ni están al otro lado del mar, para que hayas de decir: «¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica." (Deuteronomio 30,11-14)
Marlene: Si, pero la Biblia también dice que incluso el justo peca siete veces al día (Proverbios 24,16), entonces nadie podría salvarse.
José: Lo que sucede es no todo pecado es un pecado mortal, pero eso es algo que podemos analizar en otra ocasión[5]. Nosotros mientras estamos en esta vida podremos tener caídas, pero lo importante es perseverar hasta el fin en el bien, y si caemos pedir perdón a Dios y levantarnos. Para eso nosotros tenemos el sacramento de la penitencia.
Marlene: En la forma en cómo lo explicas no está muy lejos de lo que yo particularmente creo.
José: Y lo que te explico es precisamente como lo enseña la Iglesia. A lo largo de la historia siempre han estado en pugna dos errores opuestos: el error de Pelagio que creía que la salvación era solo el producto del esfuerzo personal sin necesidad de la gracia[6], y el error de Lutero que le daba a la gracia un lugar tal que negaba el papel de la libertad humana[7]. La salvación es en primer lugar de Dios, quien nos salva gratuitamente, pero en segundo lugar y de manera subordinada, nuestra.
Entendido de esta manera se puede entender perfectamente por qué todos los textos bíblicos que hablan de como seremos juzgados, dicen que será por nuestras obras (Mateo 16,27; 2 Corintios 5,10; Apocalipsis 20,12; Mateo 25,31-46), y porqué el apóstol Santiago advierte "¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?" (Santiago 2,14), pues "la fe, si no tiene obras, está realmente muerta" (Santiago 2,17) y finalmente: "el hombre es justificado por las obras y NO POR LA FE SOLAMENTE" (Santiago 2,24)
Como dice San Pablo, podemos TENER FE COMO PARA MOVER MONTAÑAS, pero sin caridad somos como metal que resuena o címbalo que retiñe (1 Corintios 13,1)
[1] En teología cristiana se entiende por gracia divina o gracia santificante un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo, como también se entiende el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí. También ha sido por gracia (gratuitamente) que Cristo ha muerto para redimir a todos los hombres.
[2] Los católicos creemos que la justificación inicial si es solamente por la fe. Tal como sostiene el Concilio de Trento: "Cuando dice el Apóstol que el hombre se justifica por la fe, y gratuitamente; se deben entender sus palabras en aquel sentido que adoptó, y ha expresado el perpetuo consentimiento de la Iglesia católica; es a saber, que en tanto se dice que somos justificados por la fe, en cuanto esta es principio de la salvación del hombre, fundamento y raíz de toda justificación, y sin la cual es imposible hacerse agradables a Dios, ni llegar a participar de la suerte de hijos suyos.
En tanto también se dice que somos justificados gratuitamente, en cuanto ninguna de las cosas que preceden a la justificación, sea la fe, o sean las obras, merece la gracia de la justificación: porque si es gracia, ya no proviene de las obras: de otro modo, como dice el Apóstol, la gracia no sería gracia".
[3] Julia representa en esta conversación a los evangélicos de tendencia calvinista o reformada, que creen que la gracia es irresistible y que Dios predestina sin tomar en cuenta ningún merecimiento personal sino en base a un decreto inescrutable, a unos para la salvación y a otros para la condenación.
Marlene en cambio representa a los evangélicos de tendencia arminiana, que aceptan que la gracia no es irresistible. Para los católicos, es de fe que la gracia no es irresistible.
[4] Si no se pudiera resistir la gracia, el hombre justificado nunca más pecaría. Los calvinistas admiten que la gracia se puede resistir solo parcialmente pero niegan que se pueda rechazar definitivamente.
[5] Posteriormente se tratará la distinción entre pecado mortal y pecado venial.
[6] El Pelagianismo ha sido una herejía condenada siempre por la Iglesia.
[7] Martín Lutero comienza su obra De Servo Arbitrio diciendo "Das der freie wille nichts sey" (traducido sería "que el libre albedrío es una nada"). Más adelante niega el libre albedrío al que llama "pura mentira". Esta obra puede ser leída gratuitamente en la Web de la Biblioteca Reformada (iglesiareformada.com).
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el pecado y su distinción entre el pecado venial y el pecado mortal cuya noción es generalmente desconocida en el protestantismo.
Como de costumbre me ha basado en algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.
Miguel: Ok José, me quedé con la intriga de por qué los católicos creen que no todos los pecados son iguales. ¿Podrías explicarlo?
Marlene: Si, a mí también me interesa, porque si algo deja la Biblia claro es que “la paga del pecado es muerte”(Romanos 6,23) y no hace distinción entre los tipos de pecado, como si uno fuera más grave que otro. Siempre he entendido que el pecado es el pecado, sin más.
José: Ok, lo que sucede es que para entiendas esto voy a tener que explicarte primero algunos conceptos teológicos católicos.
Marlene: Mientras estén fundamentados con la Biblia no hay problema.
José: Pues sí, aunque no de manera explícita sino más bien implícita.
Marlene: Ok.
José: En primer lugar has de saber que cada acto que puede hacer una persona libremente puede ser bueno o malo, y a esto lo llamamos acto moral. Ahora bien, en base a qué factores se determina si un acto es bueno o malo ya es otra cosa.
Marlene: Yo lo veo simple. Si haces una obra que está aprobada por la Biblia es un acto bueno, sino no lo es.
José: No es tan simple como eso, porque tu puedes estar haciendo una obra que según las Escrituras es una buena obra, como dar limosna a una persona necesitada, y hacerlo por los motivos equivocados, por ejemplo, que te vean y te consideren una buena persona.
Eso hacían los fariseos, y en una obra cuyo objeto era bueno, por su intención viciada se hacía mala (Mateo 6,2). Lo mismo aplica incluso para la oración, pues a los fariseos que oraban en las calles para que los alabaran por ser justos Jesús los considera hipócritas (Mateo 6,5).
Miguel: Tienes razón.
José: Por esto es que decimos que la moralidad de un acto humano se juzga por tres elementos: 1) el objeto: que es la acción en sí mismo, como robar, mentir, dar limosna, orar, etc.; 2) la intención: que es la motivación que te lleva a hacerlo; y 3) las circunstancias: que es el contexto donde se desenvuelve el acto.
Es por esto que un acto cuyo objeto es el mismo (como orar), dependiendo de la intención con la que es hecho (adorar a Dios o recibir alabanzas humanas) puede terminar resultando bueno o malo. Incluso un mismo acto dependiendo de las circunstancias puede ser incluso más grave que otro.
Miguel: Pero eso no explica por qué ustedes ven una distinción entre los pecados.
José: Ok, pero déjame que te lo explique con un ejemplo práctico.
Imagina que luego de darte un hijo tu esposa luego del parto queda bastante pasada de peso. Ella al verse preocupada te pregunta: “Mi amor, ¿me veo muy gorda?” y tu le respondes “No mi vida, para nada”. ¿Es pecado o no es pecado?
Marlene: Bueno, si realmente estaba pasada de peso era pecado porque la Biblia enseña que mentir es pecado.
José: Y nosotros creemos que la mentira es uno de los actos que son intrínsecamente desordenados, esto es, que no importa de qué intención o circunstancias estén rodeados, el acto moral siempre será pecado . No solo la mentira es intrínsecamente desordenada, también lo está por ejemplo, el aborto directo, la blasfemia, etc.
Marlene: Bueno, ¿entonces reconoces que fue pecado?.
José: Efectivamente, pero ¿qué crees que sea más grave?, ¿Esa mentira, o otra donde yo calumnie y difame una persona públicamente acusándola de ser una ladrona, asesina, prostituta, etc. sin ser cierto?
Marlene: Ambos son pecado.
José: Si, pero ambos pecados no de igual gravedad ante Dios. ¿o acaso sería igual que asesinar o violar un niño o efectuar un genocidio?
Recuerda que por la misma Biblia sabemos que no todos los pecados tienen la misma gravedad ni el mismo castigo. En el evangelio de Mateo por ejemplo, Jesús dice: “Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado", será reo de la gehenna de fuego” (Mateo 5,22).
Observa como allí Jesús habla de tres tipos de ofensas, una más grave que otra, y como llevan distintas sanciones. Si todos los pecados fueran de igual gravedad no tendría sentido hacer la distinción, todos serían reos del infierno.
En el evangelio de Juan vemos como Jesús le dice a Pilatos: “No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene MAYOR PECADO”. Allí tienes al propio Jesús diciendo que un pecado es mayor que otro.
Ejemplos hay todavía muchos más, por ejemplo, escandalizar y perder a un niño es tan grave que Jesús dice “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar” (Mateo 18,6). El pecado de Judas fue tan grave que según el propio Jesús “más le valdría no haber nacido” (Mateo 26,24; Marcos 14,21).
Miguel: Pero entonces ¿Cómo entendemos el texto que hemos indicado donde se dice que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6,23)? Allí no se ve que se haga distinción alguna en cuanto a la sanción del pecado ya sea más o menos grave.
José: El apóstol lo que quiere decir es que todos hemos sido afectados por el pecado original, esto le permite explicar luego que sin la gracia de Dios no podríamos salvarnos. Pero no quiere decir que luego de que el creyente justificado por la fe está en gracia de Dios, cualquier pecado le haga caer del estado de gracia, en cuyo caso no se salvaría nadie.
Miguel: ¿Cómo que no?
José: Porque difícilmente te sorprenderá la muerte sin haber cometido una falta aunque sea muy pequeña de la que no te hubieses arrepentido verdaderamente. Recuerda que en nuestra conversación pasada decíamos que el justo peca siete veces al día (Proverbios 24,16). El apóstol Juan reconoce como un hecho que los justos siguen pecando: “Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros” (1 Juan 1,10)
Marlene: Pero para eso vale la justicia de Cristo que murió por nosotros, y nos concederá el perdón de los pecados.
José: Espera un momento. Recuerda que en nuestra conversación pasada aceptamos que alguien por el solo hecho de haber creído no asegura su salvación. Si alguien luego de creer se vuelca en una vida de corrupción y pecado y muere sin arrepentirse, ¿cómo va a salvarse?
Miguel: No, estamos de acuerdo en que se condena.
José: Razonando como tú, lo mismo aplicaría para el que vive una vida recta pero ha cometido pequeñas faltas, ¿ves la diferencia?
Marlene: Pero pensando así entonces para que evitar el pecado, pues si unos pecados son menos graves, pues cometamos los menos graves y no habrá problema.
José: Yo no he dicho que los pecados incluso veniales (con esto me refiero a los que no son mortales) no tengan consecuencias, luego podemos conversar un tema muy relacionado a esto. Lo que he dicho es que no todo pecado es de muerte, lo dice el mismo apóstol San Juan en la Biblia: “Toda iniquidad es pecado, pero HAY PECADO QUE NO ES DE MUERTE” (1 Juan 5,17).
Si recuerdas, yo te decía que la moralidad de los actos humanos se determinan por tres factores, el objeto, la intención, y las circunstancias. Hemos visto como la intención puede influir en la moralidad de un acto, ahora te voy a poner un ejemplo de cómo las circunstancias pueden influir también ya sea al aminorar o agravar la culpa, o responsabilidad moral del sujeto que lo comete.
Jesús en el evangelio dice: “Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más”. (Lucas 12,47-48).
Observa como la circunstancia (el conocimiento de unos respecto a otros) agrava la responsabilidad de cada uno y les hace más o menos culpables. La desobediencia de unos en ese caso se juzgará más grave que la de los otros, cosa que no tendría sentido si los pecados tuvieran todos la misma gravedad.
Por esto precisamente es que San Pablo se toma la molestia de identificar algunos pecados que son tan graves que cortan la relación con Dios y que en caso de morir sin un verdadero arrepentimiento y habiendo obtenido el perdón nos acarrean la condenación:“¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (1 Corintios 6,9).
Con esta explicación espero que entiendan por que en la Iglesia Católica distinguimos entre pecados mortales y veniales. Por todos ellos, damos gracias a Dios de que nos ha dejado el sacramento de la penitencia.
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el controvertido tema del Purgatorio, cuya noción es generalmente rechazada en el protestantismo por ser vista como una segunda oportunidad para salvarse después de la muerte, o como una contradicción con el sacrificio de Cristo en la cruz. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.
Miguel: Me gustaría que por favor nos explicaras su creencia sobre el purgatorio. ¿podrías profundizar algo más sobre esto?, porque yo tengo bien claro que la Biblia habla del cielo, para los salvos, y el infierno, para los condenados, pero en ningún lugar hay nada que mencione ningún purgatorio.
Marlene: Yo, si también creo que el purgatorio no existe y no hay ni rastro de él en la Biblia.
José: Ok, me parece muy oportuno tratar este tema porque ya hemos aclarado algunos puntos sin los cuales no se podría explicar que entendemos los católicos por el purgatorio.
Miguel: Adelante.
José: ¿Recuerdan que acabamos de hablar de que no todos los pecados son de igual gravedad? ¿Que nosotros los católicos creemos que hay pecados veniales y pecados mortales?
Miguel, Marlene: Lo recordamos.
José: ¿Recuerdan además que en otra conversación hablamos del tema de la salvación y decíamos que aunque el hombre se justifica por la fe, luego también debe obrar conforme a la voluntad de Dios y cumplir los mandamientos para salvarse, no como una moneda de pago por la salvación que es gracia, pero si como un requisito para alcanzarla?.
Miguel, Marlene: Si.
José: ¿Que sucede entonces si una persona que ya está justificada por la fe muere, pero aun conserva imperfecciones y ha cometido algunos pecados que no son solo veniales?
Marlene: Va al cielo en virtud de los méritos de Cristo. Cristo ha pagado por nuestros pecados y no queda nada que pagar.
Miguel: Según tu propia forma de razonar, sé que me dirás que como no eran pecados mortales, se salvarán de todas maneras.
José: En este caso, nosotros no creemos que así mismo como estén entrarán directamente a la presencia de Dios, pues dice la Biblia que "nada manchado entrará en ella" (Apocalipsis 21,27), creemos que antes tendrán que purificarse. ¿Recuerdan cuando en la Biblia el apóstol exige: "Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12,14)
Miguel: Yo sí.
José: Observen en primer lugar que allí se está hablando a creyentes. Ellos ya están en estado de gracia de Dios, ya han sido justificados por la fe, pero aún así deben procurar la santidad[1] y la paz con todos, antes de poder ver al Señor.
Recalco y enfatizo de nuevo esto porque es importante. Si se habla aquí de la santidad que se "procura" entonces no solo se refiere a aquella santidad inicial producto de la justificación por la fe que ya poseen. Recuerden como comienza el texto: "PROCURAD". Pero es común que un creyente al momento de su muerte no la haya alcanzado todavía, tal como reconocía San Pablo: "No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús." (Filipenses 3,12). Si con esas imperfecciones no puede gozar de la visión de Dios, como dice el apóstol, y tampoco son pecados de muerte, se entiende por qué tienen que purificarse, y a ese proceso de purificación previa a la visión beatífica, es a lo que llamamos purgatorio.
Marlene: Entiendo, tu supones que porque al morir no han alcanzado la perfección y no son completamente santos, tienen que purificarse y lo hacen en ese lugar que llamas purgatorio. ¿Pero no se trata solo de una suposición?, pues esos textos no dicen que se purifican en un lugar como ese.
José: Yo no te he dicho que el purgatorio sea propiamente un lugar, y ya llegaremos a eso, lo que trato de decir es que el purgatorio es otra de las doctrinas que se encuentran en la Biblia pero de forma implícita. No encontrarás la palabra purgatorio, así como tampoco encontrarás la palabra Trinidad, pero eso no significa que no tengan sustento bíblico. Pero volvamos ahora sobre el tema de los pecados. Ya hemos visto que para la doctrina católica hay pecados mortales y veniales, y que si alguien muere en estado de gracia con solo pecados veniales se salva, ¿no?
Miguel: Si.
José: ¿Podrían esos pecados ser perdonados en la vida venidera?
Marlene: Yo solo he visto en la Biblia que solo se pueden perdonar pecados mientras estemos con vida. Después ya no hay oportunidad.
José: Pero observa que Jesús cuando habla con los fariseos y les advierte sobre el pecado contra el Espíritu Santo les dice: "Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este vida ni en la siguiente" (Mateo 12,32)
Marlene: ¿Y qué?
José: Pues que aunque el pecado contra el Espíritu Santo no se perdonará en esta vida ni en la siguiente, deja implícito que hay OTROS pecados que si se pueden perdonar, ya sea en esta vida, o en la SUGUIENTE. De lo contrario hubiera bastado decir que no se le perdonará, o que no se le perdonará en esta vida. Ahora, en el cielo no podrían perdonarse pecados, porque allí ya no habrá. Ve como aquí tienes otra vez implícita la figura del purgatorio, como un estado previo de purificación de la vida venidera donde se podrán perdonar algunos pecados veniales, antes de comenzar a gozar del cielo .
Marlene: Es una posible interpretación de ese texto, pero no recuerdo que existan otros textos que confirmen esa interpretación.
José: Te coloco otros ejemplos. Anteriormente comentábamos un texto donde Jesús habla de que hay quienes de acuerdo a su conocimiento de la verdad, tendrán más responsabilidad que otros: "Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más." (Lucas 12,47-48). Observa que allí no se habla de un castigo sin fin (que sería el castigo de los condenados).
Lo mismo se ve en otros textos similares: "Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo." (Mateo 5,5-26, también en Lucas 12,58-59).
Allí se ilustra personas que sufrirán un castigo por sus acciones pero que podrían salir luego de haber pagado toda su deuda "hasta el último céntimo", lo cual no sería una figura muy apropiada si Jesús hubiese querido indicar que nunca saldrían de allí (el caso de los condenados).
Miguel: Pero no olvides que bajo esa forma de interpretar la Biblia, tu asumes que es cada quien el que paga por sus propios pecados, en cambio sabemos que ha sido Cristo quien ha pagado por ellos. Cristo, en la cruz ha sufrido el castigo por ellos y nos ha librado de sufrirlo nosotros.
José: Lo que sucede es que hay que distinguir entre el perdón del pecado y la consecuencia, que nosotros en teología llamamos reato de la pena. Cristo nos ha conseguido el perdón de los pecados, pero el reato de nuestro pecado permanece.
Miguel: Explícate.
José: En el pecado, como explica Santo Tomás, se pueden considerar dos cosas, a saber: el acto culpable y la mancha consiguiente. Cuando nosotros cometemos el pecado, incluso una vez perdonado perdura lo que llamamos reato, pues el acto pecaminoso le hace a uno reo de pena, en cuanto que traspasa el orden de la justicia divina, al cual no vuelve sino por cierta compensación de la pena, que restablece la igualdad de la justicia.
Marlene: Es algo confuso, explícamelo por favor con la Biblia.
José: La existencia del reato del pecado las vemos a diario, e incluso la padecemos. Observa por ejemplo que aunque Cristo ha muerto por nosotros y ha cancelado la deuda incluso del pecado original, todavía sufrimos enfermedades, tenemos que morir, sufrimos la concupiscencia de la carne, tenemos que ganar el pan con el sudor de nuestra frente, e incluso las mujeres siguen dando a luz con dolores de parto.
Todas esas son consecuencias del pecado original que permanecen (Génesis 3,15-19). ¿Qué Cristo no ha muerto por nosotros y pagado por el pecado?. Eso no quita que todavía tengamos que padecer sus consecuencias…
Te pongo otro ejemplo tomado también de la Biblia. ¿Recuerdas cuando el Rey David comete un pecado grave ante Dios al cometer adulterio con la esposa de Urías el hitita y luego causa su muerte mandándolo a una misión suicida?.
Miguel: Si.
José: Pues bien, él a pesar de pedir perdón a Dios, y que este le perdona, todavía tiene que pagar la consecuencia de su pecado (reato): "¿Por qué has menospreciado a Yahveh haciendo lo malo a sus ojos, matando a espada a Urías el hitita, tomando a su mujer por mujer tuya y matándole por la espada de los ammonitas? Pues bien, nunca se apartará la espada de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado la mujer de Urías el hitita para mujer tuya. Así habla Yahveh: Haré que de tu propia casa se alce el mal contra ti.
Tomaré tus mujeres ante tus ojos y se las daré a otro que se acostará con tus mujeres a la luz de este sol. Pues tú has obrado en lo oculto, pero yo cumpliré esta palabra ante todo Israel y a la luz del sol.» David dijo a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Respondió Natán a David: «También Yahveh perdona tu pecado; no morirás. Pero por haber ultrajado a Yahveh con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio.» Y Natán se fue a su casa. Hirió Yahveh al niño que había engendrado a David la mujer de Urías y enfermó gravemente" (2 Samuel 12,9-15).
Observa como el profeta dice que efectivamente Dios ha perdonado a David y no se condena, igualmente sufre la pena temporal como consecuencia de su pecado.
Otro ejemplo lo tenemos cuando Moisés peca contra Dios al desobedecerle y aunque Dios le perdona, le castiga negándole la entrada a él a la tierra prometida: "Dijo Yahveh a Moisés y Aarón: «Por no haber confiado en mí, honrándome ante los israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado.»" (Números 20,12).
Miguel: Entiendo lo de la consecuencia del pecado, o reato, pero me gustaría ver un texto en la Biblia que hable del purgatorio.
José: Ahora si podemos ir a ello. Leamos con cuidado este texto:
"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.
Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. ÉL, NO OBSTENTE, QUEDARÁ A SALVO, PERO COMO QUIEN PASA A TRAVÉS DEL FUEGO." (1 Corintios 3,11-15)
Allí San Pablo habla de cómo los creyentes edificamos el reino de Dios con nuestras obras, y al final la naturaleza de esas obras quedará al descubierto por el juicio de Dios.
Cada una de nuestras obras será examinada, y habrá algunas que pasarán la prueba, pero otras que no fueron buenas no lo harán, pero ahora detengámonos en lo que dice después: algunos de esos creyentes aún así se salvarán, pero "como quien pasa a través del fuego".
Es precisamente en esta figura donde nosotros vemos la purificación de aquel que aun salvándose se limpia de las manchas restantes de sus pecados e imperfecciones. Tu le puedes llamar de cualquier modo, nosotros le llamamos purgatorio.
Miguel: ¿Pero entonces el purgatorio es para ustedes como una especie de segunda oportunidad donde los justos obtienen el perdón de los pecados menos graves y se purifican de sus restantes imperfecciones?
José: No, no es una segunda oportunidad, porque independientemente de que el purgatorio sea un lugar, o un estado, el que se purifica ya está salvado. El no necesita ninguna oportunidad porque ya ha vencido, y le espera la gloria del cielo. Tampoco puede allí rectificar nada de lo que en vida no pudo hacer, y ese sufrimiento, le purifica.
Hay una anécdota de un querido sacerdote[2] que me ayudó mejor a entender la doctrina del purgatorio. El estaba viajando en jeep al desierto para orar, y llevaba dos mantas porque sabía que en el desierto de noche hace mucho frío. De camino encontró un habitante de uno de los pueblos donde hacía escala temblando, por lo que sintió el impulso de darle una de las mantas.
Sabría qué con solo una manta pasaría frío él también, pero que valía la pena por un hermano. Al final se distrajo de la idea y siguió su camino para acampar debajo de una gran roca. Al recordar el hecho el remordimiento no le permitió usar ambas mantas, y la otra la dejó enrollada cerca de su alcance antes de acostarse a dormir.
De pronto sintió que despertó y vio que la gran roca se le había venido encima y lo había aplastado del pecho para abajo. Sintió todos sus huesos aplastados pero no sintió ningún dolor. Allí tuvo la visión del hermano sufriendo por la inclemencia del frío a punto de morir, y trató de agarrar la manta restante para dársela, pero la piedra que lo tenía aprisionado se lo impedía. Por más que intentaba no lograba alcanzarla.
Fue allí que despertó del sueño y entendió que tipo de purificación sufren aquellos que están en el purgatorio. Pueden contemplar su vida y ver todo el bien que pudieron hacer y no hicieron, y aunque ahora desean hacerlo, ya es tarde, el tiempo ha pasado y su oportunidad la han perdido[3]. ese sufrimiento producto del amor, y en el amor, les purifica y les transforma.
Y esto es en esencia lo mismo que dice San Pablo, respecto al creyente que ve como algunas de sus obras no pasan la prueba y son consumidas. Para él, aunque salvado, es como un pasar a través del fuego.
Miguel: Entiendo, pero ¿por qué entonces en la Iglesia Católica se representa a aquellos que están en el purgatorio sufriendo tormento de manera parecida a quienes están condenados? ¿Es o no es un lugar?
José: No sabemos si es exactamente un lugar como lo conocemos, o si ellos incluso se purifican inmediatamente en la presencia de Dios pero sin gozar de la visión beatífica, lo que enseña la Iglesia es que aquellos que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo[4].
Las distintas obras de arte intentan solo representar que aquellos que se purifican experimentan algún sufrimiento, lo que es natural. Recuerda que "es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal" (2 Corintios 5,10). Además, está el sufrimiento del que sabe que pudo haber amado más, dado más, servido más, aprovechado más, y no lo hizo. El tiempo de merecer pasó y luego solo se desea que hubiera sido mejor aprovechado pero no es posible.
Imaginen finalizar su vida y contemplar todas las veces que hicieron sufrir a los demás, cuando las hirieron y lastimaron, cuantas veces ni siquiera se dieron cuenta y andaban como dice la canción: ciegos, sordos y mudos. ¿No sufrirían al darse cuenta de todo ello y saber que no pueden repararlo? Allí estará nuestro purgatorio, y de allí la importancia de aprovechar todo el tiempo que tengamos en vida para amar y hacer el bien, para permitir que la gracia de Dios fluya a través de nosotros hacia nuestros hermanos y ser testimonio vivo de la presencia de Dios. Como dice el Señor, es ahora que podemos ser sal de la tierra y luz del mundo.
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NOTAS:
[1] El proceso que sigue a la justificación y donde el creyente justificado con ayuda de la gracia se purifica y se acerca a la perfección y a la santidad completa lo llamamos SANTIFICACION.
[2] Me refiero al padre Carlos Carreto, al cual aunque nunca conocí le guardo un enorme cariño y agradecimiento por lo mucho que aprendí a través de sus libros de espiritualidad católica.
[3] La anécdota completa se puede encontrar en su libro Cartas del desierto, Editorial San Pablo, p. 13-17.
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre la necesidad de orar por el descanso eterno de los difuntos relacionado con la plática anterior sobre el purgatorio. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: En nuestra conversación pasada hablabas del purgatorio. Y puedo entender en base a que textos bíblicos se basan para creer en ello, pero todavía no entiendo por qué hay que orar por los difuntos. Pues si se condenaron sabemos que no hay nada más que hacer pues su situación es irrevocable, y si se salvaron y solo les resta purificarse, no habría tampoco necesidad de hacerlo.
José: Si, pero como también te decía anteriormente, aquellos que murieron en gracia de Dios pero imperfectamente purificados, al purificarse sufren. Recuerda que ellos también son parte de la Iglesia, que "es el cuerpo de Cristo" (Romanos 12,5; 1 Corintios 12,27; Efesios 4,12), y "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él" (1 Corintios 12,26). Es pues, una obra de caridad, orar por ellos, para que ese sufrimiento pase pronto y puedan gozar más prontamente de la visión y presencia de Dios.
Miguel: ¿Pero cómo sabes que el orar por ellos puede beneficiarles o aminorar su sufrimiento?
José: Hay un texto en las Biblias Católicas, que no tienen ustedes en sus Biblias protestantes (luego podemos hablar de eso), en donde se ve que orar por los difuntos es algo bueno y agradable a Dios.
Miguel: ¿Qué texto?
José: Se encuentra en el libro de los Macabeos, y narra el siguiente acontecimiento:
"Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Al llegar el día séptimo, se purificaron según la costumbre y celebraron allí el sábado. Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado." 2 Macabeos 12,38
Observa como Judas se da cuenta que unos compatriotas murieron y entre sus pertenencias tenían ídolos, y atribuye esta la causa de que hubiesen perecido en batalla. Ya en ese entonces estaba revelado que los muertos resucitarían, por lo que el líder macabeo manda a ofrecer sacrificios por el perdón de sus pecados, y el texto lo describe como "un pensamiento santo y piadoso".
Miguel: Pero espera un momento. Si en verdad ellos murieron cometiendo pecado de idolatría, ¿no es eso lo que ustedes llaman un pecado mortal? ¿no decías que el que muere en pecado mortal se condena? ¿qué sentido tendría orar por alguien que ya se ha condenado?
José: Lo que sucede es que Judas no está al tanto de saber si realmente murieron en pecado mortal. No sabemos si antes de morir, algunos, o inclusive todos, se arrepintieron de corazón y al hacer un acto de contrición perfecta Dios les perdonó. De allí que Judas prefiere piadosamente como un acto de caridad hacer sacrificios por el perdón de sus pecados.
Incluso en los casos donde todo puede apuntar a que alguien ha muerto en pecado grave no hay que darlo por sentado, porque la última palabra siempre la tiene Dios. Solo Él conoce, la intención, las circunstancias cada quien, y sólo él sabe que pasó durante los últimos instantes de su vida. Hasta en el caso de los suicidas, donde no parece haber habido tiempo para arrepentirse, no podemos estar seguros de su condenación.
Por otro lado, no hay que olvidar que Dios es omnisciente y lo sabe todo, incluso antes de que ocurra. Es muy posible que Él, viendo la oración de sus hijos desde la eternidad, pudo en virtud de ellas, haber derramado gracias que les movieran a la conversión antes de morir.
Miguel: Pero nunca podrás saber si alguien ha salido del purgatorio, por lo cual, nunca sabrás si ha llegado el momento en que incluso esas oraciones sean inútiles.
José: Aunque no lo sabemos, sigue siendo una obra de caridad y un acto piadoso orar por ellos, porque es mejor orar por alguien sin que lo necesite, que el que lo necesite y que no se ore por él.
Por supuesto, en el texto de Macabeos no encontramos un fundamento explícito para la doctrina del purgatorio, pero si nos revela que las oraciones por el eterno descanso de los difuntos, no solo son agradables a Dios, sino que pueden ayudarles, y como tú has dicho: si ya están en el cielo no necesitarían ayuda, y si se condenaron no habría como ayudarles. Allí tienes, otro texto bíblico que alude de manera implícita la doctrina del purgatorio.
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio que continua la conversación anterior donde se analizaban las diferencias en la Biblia que utilizamos los católicos y nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones. Como se había mencionado, a la Biblia protestante le faltan 7 libros que llamamos deuterocanónicos y que son: Tobías, Judit, Ester, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (también llamado "Sirac") y Baruc. Como de costumbre los argumentos los he recogido de conversaciones que he tenido de este tema a lo largo de los años. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: Hola José:, me gustaría continuar con nuestra conversación sobre el canon, ya que quedaron algunos puntos a analizar y me gustaría tener tu opinión.
José:: Adelante.
Miguel: Otra de las razones por las cuales he podido averiguar que la Iglesia Evangélica rechaza los libros que llamas deuterocanónicos y no los incluyen en sus Biblias, está en que estos libros no dicen ser inspirados por Dios. No se encuentran en ellos frases como "Así dice Jehová", "Vino a mí palabra de Jehová", "Habló Jehová a…" sino que por el contrario confiesan su inspiración humana, tal y como aparece en el segundo libro de los Macabeos: "…yo también terminaré aquí mismo mi relato. Si ha quedado bello y logrado en su composición, eso es lo que yo pretendía; Si IMPERFECTO Y MEDIOCRE, he hecho cuanto me era posible." (2 Macabeos 15,37-38). ¿Cómo podría ser Palabra divina un libro que reconoce la posibilidad de ser imperfecto y mediocre?
José: No debes perder de vista que si bien en la Biblia el autor principal es Dios, el autor secundario es el hombre, y este, aunque escribe bajo inspiración divina, no siempre ni necesariamente está consciente que lo hace.
Hay muchos ejemplos donde esto se observa en otros libros que si aceptan las iglesias evangélicas. Allí tienes el caso del evangelio de Lucas, que reconoce que escribe no bajo la orden de Dios, sino para transmitir los sucesos ocurridos en tiempos de Jesús a Teófilo. Lo que escribe tampoco lo asume como palabra de Dios, sino como simple fruto de su investigación al consultar a los testigos oculares de aquellos acontecimientos: "Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido." (Lucas 1,1-4).
Otro ejemplo lo vemos en el libro del Eclesiastés que reconoce de plano ser palabra de un hombre, un hijo de David: "Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén" (Eclesiastés 1,1), y más adelante reconoce desconocer cosas que Dios sabe: "¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra? Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?" (Eclesiastés 3,21-22). Te invito a hacer un ejercicio: revisa cada libro de la Biblia y cuenta cuantos no dicen ser palabra de Dios. Te sorprenderás.
Por otro lado, el que un libro afirme ser palabra de Dios no hace que lo sea. El Corán y el libro de Mormón afirman ser Palabra de Dios y ustedes no los aceptan como tal.
Miguel: Es cierto no los aceptamos.
José: Entonces, si ustedes aceptan como parte de sus Biblias libros que no afirman ser Palabra de Dios, y no necesariamente aceptan cualquier libro que diga serlo, no es coherente rechazar los deuterocanónicos por esta causa. Nosotros en cambio, razonamos distinto: no aceptamos la Biblia como inspirada divinamente porque ella misma lo diga, lo hacemos porque creemos que Cristo, que es Dios y Hombre verdadero, fundó una Iglesia y esa Iglesia da testimonio de que esos libros están inspirados por Dios.
Miguel: Pero si la Iglesia se corrompe ¿Que garantía pueden tener que el discernimiento que hacen es correcto?
José: Lo que sucede es para nosotros es dogma de Fe que la Iglesia es indefectible, un tema que podemos conversar luego, y quiere decir que aun estando formada por seres humanos, débiles y pecadores será siempre "la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad" y esto incluye su imposibilidad de fallar en la consecución del fin sobrenatural para el que ha sido fundada por el Señor Jesús: para hacer perennemente presente la obra de la salvación.
Pero he aquí precisamente una contradicción en el núcleo del protestantismo, ya que la mayoría cree que la Iglesia se corrompió a raíz del edicto de Milán en el año 313 d.C, y si realmente esto ocurrió tanto ustedes como nosotros tenemos un canon del Nuevo Testamento definido por una Iglesia corrupta [1] ya que la definición del Canon ocurrió después.
Miguel: Puedo aceptar que en la Biblia haya libros que no digan ser Palabra de Dios, pero eso es una cosa y otra es aceptar libros que enseñan errores e incluso contradicen el resto.
Allí tienes el eclesiático, que afirma que Dios aborrece los malvados, además pide ayudar al bueno y no al malvado: "Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza. Da al hombre de bien, y del pecador no te cuides." (Eclesiástico 12,6-7). ¿Tú mismo no has dicho en alguna ocasión que Dios odia al pecado pero ama el pecador?. En el Nuevo Testamento encontramos también que Dios nos manda a ayudar al que nos pide (Mateo 5,42)
José: Al ser el hombre el autor secundario de la Biblia, muchas veces queda en ella rastros de su parte humana que deben ser interpretadas en su contexto, al igual que hay otros textos que deben ser entendidos en sentido espiritual. Cristo vino precisamente a clarificar y dar plenitud a la Revelación. En esos textos vemos como el cristiano debe rechazar a los enemigos de su alma, no a las personas, porque "nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas." (Efesios 6,12)
Si no entendemos esto de esta manera, tendríamos que excluir no solamente ese texto que me dices, sino otros que también están en la Biblia protestante: "Derrama sobre ellos [mis enemigos] tu ira, Y el furor de tu enojo los alcance. Sea su palacio asolado: En sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron al que tú heriste; Y cuentan del dolor de los que tú llagaste. Pon maldad sobre su maldad, Y no entren en tu justicia" (Salmo 69,22-28). Y así como estos hay muchos otros textos similares.
Miguel: Pero inclusive en algunos deuterocanónicos se aprueba el mentir o el suicidio que ambos estamos de acuerdo en que son pecado. ¿Es que acaso esos también hay que interpretarlos en sentido espiritual?. Observa que Judit por ejemplo pide a Dios palabras para engañar "Dame palabras para poder engañarlos y causarles el desastre y la muerte, pues tienen planes perversos contra tu alianza, contra el templo consagrado a ti, contra el monte Sión y contra la ciudad que es hogar y propiedad de tus hijos" (Judit 9,13).
El segundo libro de los Macabeos justifica el suicidio: "Las tropas estaban ya a punto de tomar la torre donde se encontraba Razís, y trataban de forzar la puerta de fuera, habiendo recibido órdenes de prender fuego y quemar las puertas, cuando Razís, acosado por todas partes, volvió su espada contra sí mismo, prefiriendo morir noblemente antes que caer en manos de aquellos criminales y sufrir injurias indignamente". (2 Macabeos 14,41-42).
José: Analizar en detalle la moralidad de los actos que mencionas podría desviarnos bastante del tema. En el caso de Judit, ella oraba para poder salvar al pueblo de una inminente aniquilación, y lo logró. No es muy distinto a lo que hizo la prostituta Rajab, al mentir al rey para salvar a los espías judíos que exploraban la tierra prometida (Josué 2,1-6), y a la que el apóstol Santiago alaba y afirma que fue justificada por sus obras (Santiago 2,25). El libro del Éxodo alaba a las parteras egipcias que mintieron al Faraón para salvar a los judíos recién nacidos (Éxodo 1,15-21).
El suicido de Razías ocurre cuando iba a ser apresado, torturado y asesinado. No es una situación distinta a la de Sansón, quien aprisionado pide ayuda a Dios para que le de fuerzas y pueda derrumbar las columnas del lugar donde estaba causándose a sí mismo la muerte, junto con los filisteos que estaban en la casa. Y lo más llamativo de todo, es que efectivamente Dios le auxilia y le ayuda a lograrlo: "Sansón invocó a Yahveh y exclamó: «Señor Yahveh, dígnate acordarte de mí, hazme fuerte nada más que esta vez, oh Dios, para que de un golpe me vengue de los filisteos por mis dos ojos.» Y Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba la casa, se apoyó contra ellas, en una con su brazo derecho, en la otra con el izquierdo, y gritó: «¡MUERA YO CON LOS FILISTEOS!» Apretó con todas sus fuerzas y la casa se derrumbó sobre los tiranos y sobre toda la gente allí reunida.." (Jueces 16,28-30).
Por supuesto, podemos ponernos a discutir si esos actos fueron objetivamente buenos o malos, pero el hecho es que si rechazan unos libros por esa causa también tendrían que rechazar los otros que si aceptan.
Miguel: Si, es para pensarlo. Ahora bien, también he investigado sobre otra objeción que me pareció importante. En el libro de Tobías, uno de los libros que llamas deuterocanónicos, se apoyan las prácticas de brujería: "Cuando terminaron de cenar, decidieron ir a acostarse. Llevaron al muchacho a la habitación. Tobías se acordó entonces de lo que le había dicho Rafael. Sacó de su bolsa el hígado y el corazón del pescado, y los puso sobre las brasas en las que se quemaba incienso. El olor del pescado no dejó acercar al demonio, y este salió huyendo por el aire hasta la parte más lejana de Egipto. Rafael fue y lo encadenó allá, y volvió inmediatamente". (Tobit 8,1-3). ¿Cómo podría el olor a pescado quemado ahuyentar a un demonio? ¿No parece más bien una práctica pagana?
José: Vale la pena tomarse el tiempo de leer todo el libro que no es muy largo y destaca por su hermosura. Si lo haces verás que más que asumir que el demonio fue ahuyentado por el olor a pescado, se señala allí la obediencia específica a las instrucciones del ángel, y de hecho la primera cosa que hizo Tobías al entrar en la pieza matrimonial fue poner en práctica lo que él le aconsejó. Dudo que el olor del pez deba ser interpretado en su sentido literal, como si el demonio huyera del mal olor, sino en sentido simbólico y espiritual: el bien vence al mal. Con esta victoria del ángel Rafael sobre Asmodeo se cumple una parte principal del plan de Dios sobre Sara: su curación, encomendada por Dios al ángel, y la lección más que una promoción de prácticas de brujería, es enseñar que para quien ama a Dios, la obediencia al Señor y la oración en familia espantan todos los males (Tobías 6,18; 8,5). Todo esto da unificación al relato donde la figura de un pez es el instrumento que Dios elige para sanar y liberar.
Dios, cuando y como le parece, hace que las más mínimas cosas sirvan de instrumentos para sus milagros. Así como el Señor Jesucristo con un poco de barro mezclada con saliva curó a un ciego de nacimiento (Juan 9,6), el agua del bautismo (1 Pedro 3,21) es el elemento visible que Dios ha elegido para regenerarnos por medio del Espíritu Santo, Dios obraba por medio de los mandiles y pañuelos de Pablo también milagros (Hechos 19,12), y para que se curara Naamán el sirio se le requirió bañarse en las aguas del Jordán (2 Reyes 5,9), lo mismo Dios puede utilizar un pez o cualquier otro elemento visible.
Miguel: Me parece interesante lo que dices, lo tengo que reflexionar.
José: Lo importante es tener claro que no es cada persona individualmente quien decide qué libro forma parte de la Biblia conforme a sus concepciones personales [2]. Si eso fuera así, con las diversas interpretaciones de la Biblia que hay, cada quien tendría una Biblia distinta acomodada a sus gustos y propias interpretaciones.
El propio Lutero reconocía que había recibido las Escrituras de la Iglesia Católica pero terminó rechazando libros que todos los concilios realizados por los únicos cristianos que existían antes que él aprobaron, como si su opinión valiera más que la de ellos. A mí siempre me ha parecido curioso que la Biblia protestante terminara por tener 66 libros, y la nuestra 73.
Miguel: ¿Por qué curioso?
José: No lo tomes muy en serio porque puede ser una simple casualidad, pero en la Biblia los números suelen tener un significado simbólico. El número 7 por ejemplo simboliza la perfección, el 6 en cambio representa la imperfección (de hecho el número de la bestia es el 666).
Miguel: Si, pero no entiendo a dónde vas.
José: Pues que la Biblia protestante tiene 66 libros. SEIS - SEIS, recuerda que acabamos de decir que el 6 es el número de la imperfección. Si le sumamos los 7 deuterocanónicos (SIETE - número de la perfección) suman 73, los libros que tiene la Biblia Católica. Mientras no los tenga será una Biblia incompleta e imperfecta, una Biblia de SEIS - SEIS libros.
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NOTAS
[1] Martín Lutero en su comentario sobre el evangelio de San Juan reconoció: "Estamos obligados de admitir a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta"
[2] Es común que en el protestantismo se aleguen otras razones similares para rechazar los deuterocanónicos porque chocan frontalmente con en su teología. Por ejemplo, rechazan Tobías por enseñar que se puede obtener el perdón de los pecados por medio de la limosna "Dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosna gozarán de larga vida" (Tobías 12,9), aunque la epístola de Pedro dice esencialmente lo mismo: "Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados" (1 Pedro 4,8). El rechazo de los libros de los Macabeos (analizado en la conversación anterior) por su apoyo implícito a la doctrina del purgatorio es otro ejemplo.
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio que aborda las diferencias entre la Biblia que utilizamos los católicos y nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: En nuestra conversación mencionabas un texto del libro de los Macabeos para justificar la conveniencia de la oración por los difuntos. He investigado un poco y ya sé por qué no se encuentra en nuestras Biblias. Lo que sucede es que es un libro apócrifo que no pertenecía al canon judío del Antiguo Testamento y por ende, tampoco debe pertenecer a la Biblia.
José: Antes que nada una aclaración: nosotros no les llamamos apócrifos, porque así les llamamos a otros escritos que si quedaron fuera del Canon bíblico, les llamamos "deuterocanónicos" [1], por ser libros cuya canonicidad fue puesta en duda en diversas ocasiones, incluso mucho más que el resto de los libros sagrados que llamamos "protocanónicos". Pero dejemos a un lado la terminología para centrarnos en lo importante.
Miguel: De acuerdo. Llamémosles "deuterocanónicos" por esta ocasión para utilizar una terminología en común.
José: Gracias. Ahora bien, lo que sucede es que inclusive entre los judíos había un doble canon: el que se suele llamar el canon palestino, que seguían los judíos palestinenses y que solamente contaba con los libros protocanónicos [2], y el canon alejandrino, que seguían aquellos judíos que habían sido deportados y vivían en el extranjero [3]. Ellos utilizaban una traducción en la Biblia, que fue mandada a hacer por el emperador Tolomeo para la biblioteca de Alejandría, conocida como la Septuaginta [4]. Esta traducción de la Biblia llamada así porque fue hecha por aproximadamente 70 eruditos judíos, si contaba con todos los deuterocanónicos. Esta por cierto, era la Biblia que utilizaron Jesús y sus discípulos.
Miguel: ¿Cómo lo sabes?
José: Porque de unas 350 citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo, unas 300 concuerdan con el texto de los Setenta [5]. Es un hecho aceptado fue el texto utilizado por no solo por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, sino por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griega [6].
Miguel: Está bien, pero que los judíos y los cristianos hicieran uso de esa versión no quiere decir necesariamente que aceptaran la canonicidad de todos esos libros. Observa por ejemplo, que los judíos actualmente no los aceptan, e incluso en la antigüedad tenemos dos testimonios importantes de parte del judaísmo: 1) Flavio Josefo [7], el gran historiador judío, testifica que los libros que llamas deuterocanónicos no se hallaban en el canon judío, y Filón, el gran filósofo judío de Alejandría y la comunidad judía alejandrina de habla griega, que solía usar la versión de los Setenta, no los llegó a citar nunca.
José: No te niego que los judíos finalmente terminaron por rechazar los libros deuterocanónicos, y ya llegaremos a analizar las causas de eso. Respecto a Josefo no hay que perder de vista el hecho de que él escribe en un momento histórico donde este rechazo comenzaba a verse más marcado y que se hizo definitivo a finales del siglo I, comienzos del II. Ahora bien, en cuanto a Filón de Alejandría, si bien es cierto que no cita los deuterocanónicos, también es cierto que tampoco cita algunos protocanónicos que si están en las Biblias protestantes. En las obras que han sobrevivido de Filón no se encuentran citas tampoco de Ruth, Cantar de los cantares, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel [8]. El que haya omitido citar de algún libro no demostraría que rechazara su canonicidad, simplemente que no consideró relevante comentar algo en sus textos.
Miguel: Pero si es un hecho que los judíos los terminaron rechazando, ¿no implica eso que deberían estar fuera del canon? Después de todo el propio apóstol Pablo reconoce que a los judíos "les fueron confiados los oráculos de Dios" (Romanos 3,2). Ellos en lo referente al Antiguo Testamento tenían la autoridad de decidir.
José: No creo que haya que sobredimensionar ese pasaje para hacerle decir algo que no dice. Los judíos, como el pueblo escogido por Dios, se les confió inicialmente la Revelación, pero luego fue confiada a la Iglesia, quien en última instancia podría discernir de manera autorizada y definitiva sobre el canon.
Miguel: Entiendo que la Iglesia Cristiana recibió la autoridad de parte de Dios luego de que los judíos no creyeran en el Mesías, pero en lo referente al Antiguo Testamento, que fue escrito antes de la era de la Iglesia, ellos si tenían la autoridad de decidir.
José: El problema es que estás dividiendo los libros de la Escritura en base a una división humana y organizativa. Antiguo Testamento y Nuevo Testamento son títulos que les damos para agrupar aquellos libros que fueron escritos antes y después de la venida de Cristo, pero todos y cada uno son parte de una misma Revelación progresiva. Respecto al discernimiento definitivo de que libros formarían parte del canon correspondía a la Iglesia por ser la portadora de las llaves del Reino de los cielos (Mateo 16,19). ¿O es que en alguna parte de la Biblia se menciona esta subdivisión y se dice cuando se terminaría de definir el canon? [9]
No podemos colocar la palabra del judaísmo, que en su mayoría terminó por rechazar al Mesías, sobre la del cristianismo en esto. Sobre todo porque se sabe que las principales razones por las cuales ellos terminaron de rechazar esos libros, es porque los apologistas cristianos los utilizaban para demostrarles que Jesús era el Mesías.
Miguel: ¿Que apologistas?
José: Está el testimonio de Justino Mártir, el más célebre apologeta del Siglo II, del cual se conserva un debate con un judío de la época, en el cuál le reclama a su oponente, Trifón, que los judíos habían rechazado la versión de los Setenta por esta causa [10]. La razón es bastante obvia porque hay unos textos tan claros respecto al Mesías en los deuterocanónicos que movían a muchos judíos a hacerse cristianos.
Miguel: ¿Recuerdas alguno de esos textos?
José: Mira el siguiente texto en el libro de la Sabiduría:
"TENDAMOS LAZOS AL JUSTO, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. Se gloría de tener el conocimiento de Dios y SE LLAMA A SÍ MISMO HIJO DEL SEÑOR. Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y SE UFANA DE TENER A DIOS POR PADRE. Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. PUES SI EL JUSTO ES HIJO DE DIOS, ÉL LE ASISTIRÁ y le librará de las manos de sus enemigos. Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. CONDENÉMOSLE A UNA MUERTE AFRENTOSA, PUES, SEGÚN ÉL, DIOS LE VISITARÁ" (Sabiduría 2,12-20)
La similitud con lo que le ocurriría a Jesús, el "justo" por excelencia es tan asombrosa que difícilmente puede ser tenida por coincidencia. Observa que allí se habla de un justo que se hace llamar a sí mismo "hijo de Dios", que era precisamente una de las razones por las cuales los judíos querían matarle: "Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios." (Juan 5,18). Planean además someterlo al ultraje y a una muerte afrentosa y burlarse de él precisamente como se burlaron de Jesús en la cruz: "Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: Soy Hijo de Dios" (Mateo 27,43; Marcos 15,32)
Miguel: Definitivamente el pasaje parece profetizar lo que le sucedería a Jesús.
José: Y lamentablemente no está en sus Biblias.
Miguel: Está bien, podemos estar de acuerdo en que el criterio de los judíos no puede ser colocado sobre el de la Iglesia Cristiana, pero también he podido averiguar que muchos padres de la Iglesia también rechazaron los libros que llamas deuterocanónicos, y cuando digo muchos, es que eran MUCHOS.
José: Como te decía al comienzo, los deuterocanónicos han estado sometidos en diversas ocasiones a dudas sobre su inspiración y canonicidad, cosa que también ha pasado en menor medida con los protocanónicos. Para ponerte un ejemplo: del Canon del Nuevo Testamento el catálogo más antiguo que ha sobrevivido es el Fragmento de Muratori, datado a finales del siglo II. Allí no son nombradas las epístolas a los Hebreos, Santiago y la 2 Pedro, pero hoy día todos, católicos y evangélicos las aceptamos como parte de la Biblia. Esto demuestra que incluso en una época así de tardía la cuestión del canon no estaba totalmente definida[11].
Si uno estudia la historia del Canon, verá que el acuerdo se fue produciendo paulatinamente, pero este ni siquiera era definido en base a opiniones particulares, sino a decisiones autorizadas en la Iglesia. Allí está el caso de dos ilustres padres de la Iglesia de la talla de San Jerónimo y San Agustín. El primero inicialmente rechazó los deuterocanónicos y el segundo en cambio los defendía. El rechazo inicial del primero cedió ante la solicitud del Papa que los incluyera en la Biblia que utilizó desde aquella época la Iglesia Católica: La Vúlgata latina.
Las primeras decisiones autorizadas del Canon se encuentran en dos documentos. Uno de ellos es el llamado Decretales de Gelasio, cuya parte esencial se atribuye hoy día a un Concilio convocado por el Papa Dámaso en el año 382 d.C. El otro es el canon del Papa Inocencio I, enviado en 405 d.C. a un obispo gálico como respuesta a una solicitud de información. Ambos documentos contienen a todos los deuterocanónicos, sin distinción alguna, y son idénticos al catálogo del Concilio de Trento.
Por eso, más que basarnos en opiniones particulares, que eran perfectamente respetables y comprensibles cuando el tema no estaba zanjado, en la Iglesia nos hemos acogido a decisiones autorizadas. Y no es casualidad que en absolutamente TODOS los Concilios que se han realizado en la Iglesia para definir el Canon (ya sea locales o ecuménicos) siempre se incluyó los deuterocanónicos, tal como sucedió en el Concilio de Hipona (año 393 d.C.) y los tres de Cartago (años 393,397 y 419 d.C.) hasta que fue definido formalmente de manera definitiva en el Concilio de Trento (año 1546 d.C.)
Y no podemos rechazar libros que estuvieron en la Biblia que tuvo la Iglesia durante 16 siglos[12] solo porque en pleno siglo XVI a Martín Lutero se le ocurrió rechazarlos. En su caso, al igual que los judíos, porque le incomodaba lo que decían estos libros, al contradecir su doctrina de la Salvación por la Sola Fe, las oraciones por los difuntos, el purgatorio, etc.
De hecho, aunque muchas personas no lo saben, Lutero intentó sin éxito excluir del Canon del Nuevo Testamento también cuatro libros: Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis[13].
Miguel: No lo sabía, pero no veo por qué razón habría de hacerlo.
José: Si tuviera que suponer, diría que porque en Hebreos se menciona la posibilidad de perder la salvación (Hebreos 2,3; 5,9), en Santiago se dice que el hombre se justifica por las obras y no por la fe solamente (Santiago 2,24), en Judas se dice que los que crean divisiones en la Iglesia son impíos que carecen del Espíritu Santo (Judas 1,18-19), y en Apocalipsis porque dice que todos serán juzgados de acuerdo a sus obras (Apocalipsis 20,13), todas enseñanzas incompatibles con su doctrina.
Miguel: Muy interesante la conversación, pero quedaron algunos puntos en el tintero que quisiera que conversáramos en una próxima ocasión.
José: Con mucho gusto.
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NOTAS
[1] Los libros "deuterocanónicos" fueron excluidos de las Biblias protestantes y son: Tobías, Judit, Ester, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, (también llamado "Sirac") y Baruc.
[2] Aunque se discute si incluso los judíos de palestina habían excluido definitivamente los deuterocanónicos.
[3] La Diáspora es un término utilizado para referirse a las poblaciones judías expulsadas de su tierra y dispersas a raíz de diversas guerras. El primer exilio ocurrió en el año 586 a. C., cuando el rey de los babilonios, Nabucodonosor II, conquistó el Reino de Judá, destruyendo el primer templo y trasladando a los líderes judíos a Babilonia. Setenta años más tarde, el rey persa Ciro II el Grande permitió a los judíos retornar a la Tierra de Israel tras haber conquistado a los babilonios, sin embargo no todos retornaron. El segundo exilio se produjo en el año 70 d. C. cuando el general romano Tito, futuro emperador, derrotó una revuelta judía y destruyó el segundo templo. Un mayor número de judíos fue expulsado después de que fuera aplastada la rebelión de Bar Kojba en el año 135 d. C. Desde entonces los judíos se dispersaron por todo el Imperio romano y posteriormente por el mundo, encontrándose en casi todos los países.
[4] La traducción de la Septuaginta o versión de los Setenta se inició a finales del siglo III (año 280 a.C.) y culminó a finales del siglo II.
[5] Cf. R. Cornely, Introductio generalis: CSS (París 1894) n.31; H. H. Swete-R. R. Ottley, An Introduction to the Old Testament in Greek (Cambridge 1914) 381-405.
[6] Norman Davidson; Early Christian Doctrines, Continuum; Londres, Inglaterra, 1958, p. 53
[7] Flavio Josefo fue un importante historiador judío fariseo nacido aproximadamente en el año 37 d.C. y fallecido en el 101 d.C. Hecho prisionero y trasladado a Roma, llegó a ser favorito de la familia imperial Flavia. En Roma escribió, en griego, sus obras más conocidas: La guerra de los judíos, Antigüedades judías y Contra Apión gracias a las cuales se cuenta hoy con importante información histórica de la época. Fue considerado como un traidor a la causa judía.
[8] Herbert Edward Ryle, D.D., Philo and the Holy Scripture, Londres: Macmillan and Co. 1895
[9] Jesús y los apóstoles normalmente se refieren al Antiguo Testamento como "La ley y los profetas", pero nunca indican que libros eran canónicos ni que había sido definitivamente definido en algún momento antes de la venida de Jesús.
[10] En su Diálogo con Trifón en el n° 71 escribe: "A quien no presto fe alguna es a vuestros maestros, que no admiten esté bien hecha la traducción de vuestros setenta ancianos que estuvieron con Ptolomeo…,y quiero además que sepáis que ellos han suprimido totalmente muchos pasajes de la versión de los Setenta ancianos que estuvieron con el rey Ptolomeo, por los que se demuestra que este mismo Jesús crucificado fue en términos expresos predicado como Dios y hombre…Como sé que los de vuestra raza los rechazan, no me detengo a discutirlos, sino que paso a las pruebas tomadas de los que todavía admitís" (Daniel Ruiz Bueno, Padres Apologetas Griegos, BAC, Madrid MCMXCVI, p. 431). También escribe en el n° 120: "No voy a discutir con vosotros sobre una frasecilla, al modo que tampoco he tenido empeño en fundar mi demostración de Jesucristo sobre Escrituras no reconocidas de vosotros, como los pasajes, que os cité, del profeta Jeremías, Esdras y de David, sino sobre las que hasta ahora reconocéis" (Ibid., p. 512)
[11] A pesar de que todos los libros de la Biblia fueron escritos antes de finalizar el siglo I, el discernimiento y definición del canon, fue lo que llevó tiempo.
[12] Las Biblias que utilizó la Iglesia Cristiana durante los primeros 16 siglos fueron la Septuaginta y al Vulgata Latina.
[13] Para Lutero, el Nuevo Testamento estaba constituido principalmente por el Evangelio de San Juan y por las cartas de San Pablo y San Pedro, en cambio, los tres evangelios sinópticos no le merecían mucho aprecio. En el prólogo de una de sus ediciones del Nuevo Testamento escribe: "Hay que distinguir entre libros y libros. Los mejores son el evangelio de S. Juan y las epístolas de S. Pablo, especialmente la de los Romanos, los Gálatas y los Efesios, y la 1ª epístola de S. Pedro, estos son los libros que te manifiestan a Cristo y te enseñan todo lo que necesitas para la salvación; aunque no conozcas ningún otro libro. La epístola de Santiago, delante de éstas, no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico"( Prólogo del Nuevo Testamento de 1546, Bibel VI, 10). Por otra parte, niega que la epístola de los Hebreos pertenezca a San Pablo; y de la epístola de San Judas, dice que es un extracto de la de San Pedro, y que, por lo tanto, es innecesaria. Respecto al Apocalipsis, expresará su rechazo, pues le disgusta que Cristo actúe como un severo Juez: "Yo no encuentro en este libro nada que sea apostólico ni profético" (Bibel VII, 404). En cuanto a los libros del Antiguo Testamento utilizó el mismo procedimiento de aceptarlos o rechazarlos, según coincidieran o no, con sus propias interpretaciones teológicas.
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio en donde reflexionamos sobre la autoridad de la Biblia y su relación con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Como de costumbre los argumentos los he recogido de conversaciones que he tenido de este tema a lo largo de los años. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: Todo lo conversado ha sido muy interesante, y aunque hasta ahora todo los temas que hemos tratado lo hemos abordado con la Biblia en mano, no entiendo por qué los católicos dan tanta importancia a la tradición ¿No es acaso la Biblia la PALABRA DE DIOS, la única verdadera norma de Fe?
Marlene: Si, yo tampoco entiendo por qué le dan tanta importancia, y con todo respeto, pienso que es una de las razones por las cuales se han ido apartando de la verdad.
José: ¿Podrías explicarte mejor?
Marlene: En la propia Biblia se atestigua el riesgo de que las tradiciones vayan tomando más importancia que la palabra de Dios al punto de desplazarlas. Ya Jesús advirtió a la clase sacerdotal de la época, los fariseos como esto les había ocurrido: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres." (Marcos 7,6-8). El apóstol Pablo también nos prevenía de esto: "Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo" (Colosenses 2,8). Si esto le pasó a la clase sacerdotal de la época ¿No crees que le pueda pasar a la Iglesia Católica hoy?
José: Si lees con cuidado esos textos verás que se refieren a tradiciones de origen humano que contradecían la Palabra de Dios, pero cuando nosotros hablamos de la Tradición nos referimos a aquella que proviene de Cristo y los apóstoles[1] de las que también se habla en la Biblia y se ordenan mantener: "Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido" (1 Corintios 11,2), "Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que viva desordenadamente y no según la tradición que de nosotros recibisteis" (2 Tesalonicenses 3,6) o "Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros de viva voz o por carta" (2 Tesalonicenses 2,15). ¿Recuerdan esos textos?
Miguel: La verdad no recuerdo haberlos leído en mi Biblia[2], pero ¿no se refieren precisamente a enseñanzas contenidas en ella? Después de todo, la enseñanza que recibieron de los apóstoles quedó escrita en la Biblia. San Pablo por ejemplo, atestigua haberles escrito siempre las mismas cosas: "Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor… Volver a escribiros las mismas cosas, a mí no me es molestia, y a vosotros os da seguridad." (Filipenses 3,1)
José: Observa que el último texto que te mencioné deja claro que no se refiere solo a lo que les dejó escrito, porque habla de mantener "las tradiciones que habéis aprendido de nosotros DE VIVA VOZ o POR CARTA." (2 Tesalonicenses 2,15). Si San Pablo hubiese querido dar a entender que solamente había que mantener las tradiciones que quedarían escritas en la Biblia no pidiera mantener aquellas que se transmitieron de forma oral o "de viva voz". El texto que citas puede utilizarse para probar que San Pablo era insistente con las iglesias a las que escribía en algunos puntos, pero no que en sus cartas fuera a dar una completa explicación de todas las verdades reveladas[3]. De hecho, muchas cosas él da por hecho que los cristianos ya las conocen y no les deja una explicación escrita detallada.
Marlene: Pero un mensaje al pasar de boca en boca es vulnerable a que se le deforme, porque cada persona puede agregarle o quitarle algo como podemos observar en la vida diaria, en cambio lo que queda escrito nadie puede alterarlo y permanece intacto. Las tradiciones pueden ser tergiversadas e ir cambiando a lo largo de la historia, lo que no sucede con la Biblia que es Palabra de Dios, recuerda las palabras de Jesús: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." (Mateo 24,35; Marcos 13,31; Lucas 21,33).
José: La Tradición como la Escritura son formas de transmisión de un mismo mensaje que parte de una misma fuente: la Revelación divina. No creemos que la Tradición ha sobrevivido solo de manera oral, fue transmitida de esa manera en un primer momento[4], pero luego ha quedado atestiguada en los escritos de los primeros cristianos y padres de la Iglesia y en las decisiones de los Concilios.
Miguel: Si José, pero los padres de la Iglesia no siempre estaban de acuerdo en todo y se solían contradecir mutuamente. ¿Cómo encontrar entre tantas opiniones discordantes cual es la verdad?.
José: Porque para encontrar la interpretación correcta de la Revelación la Iglesia no acude a ellos individualmente sino a lo que llamamos consenso unánime de los padres[5]. Los Concilios por ejemplo, son un ejemplo perfecto para entender cómo los primeros cristianos llegaban a este consenso y es precisamente una de las maneras en que la Iglesia cristiana resolvía sus diferencias en algún problema doctrinal importante[6].
Miguel: Si, pero hoy que no tenemos los apóstoles vivos ¿no es más sensato simplemente quedarte con lo que enseña la Biblia? Después de todo el apóstol Pablo fue muy claro en advertirnos que "aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!ˮ (Gálatas 1,8)
José: La autoridad conferida por Jesús a sus apóstoles no murió con ellos, y de eso podemos hablar más adelante. Respecto al texto que mencionas, es precisamente para no apartarse del evangelio que originalmente fue anunciado que la iglesia se sirve de la Tradición, y para comprender su importancia hay que conocer la forma en que la Iglesia desde sus comienzos formuló la doctrina cristiana. Para ello se fundamentó en tres pilares que no pueden separarse entre sí: ESCRITURA, TRADICION, y MAGISTERIO. La Escritura y la Tradición son medios de transmisión de la Revelación que fungen como principio material de teología, y el Magisterio es la autoridad instituida por Jesucristo para interpretar auténticamente lo transmitido, y es para nosotros nuestro principio formal de teología.
Si solo tuviésemos un texto escrito, este pudiera ser interpretado de muchas maneras[7]. No es lo mismo leer un texto siglos después y ponerse a interpretarlo, que haber estado allá y tener a los apóstoles a la mano para explicarles todo a detalle. De esta manera la Tradición no solo ha permitido la transmisión del texto bíblico[8] sino la salvaguarda de su correcta interpretación. La intención de que esto fuera así queda clara en los textos paulinos: "y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros" (2 Timoteo 2,2). Así, si alguien incluso dentro de la propia Iglesia se apartaba en alguna doctrina importante para la Fe gracias a la Tradición se podía detectar que ese no era el sentido original del mensaje.
Por otro lado, no es bíblico el modelo donde el creyente define por sí mismo cada doctrina en base a su interpretación subjetiva de la Biblia. Recuerda que San Pedro nos advertía: "Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios" (2 Pedro 1,21)
Miguel: Pero José, la Biblia tampoco habla de ningún "magisterio".
José: Cuando hablamos de Magisterio estamos hablando del oficio que fue encargado a los apóstoles y sus sucesores (los obispos) de enseñar de manera autorizada. El término "Magisterio" proviene del latín magisterium, y designa la cualidad del magister, «el que enseña, el maestro», y sabemos que el enseñar fue uno de los oficios instituidos por Jesucristo en la Iglesia: "El mismo dió a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo" (Efesios 4,11-12).
Este oficio lo desempeñaron los apóstoles y posteriormente sus sucesores[9], y tenían bien claro que tenían la autoridad de parte de Cristo para ejercerlo "que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios." (1 Corintios 4,1), "Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con cariño de sus hijos" (1 Tesalonicenses 2,7)
Marlene: Pero de ser así, ¿Para qué Dios nos da el Espíritu Santo sino para interpretar la Biblia por nosotros mismos?. El apóstol Santiago nos dice que "Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará" (Santiago 1,5). Y hay muchos textos como estos: "El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14,26), "la unción que de El habéis recibido permanece en vosotros y NO NECESITÁIS QUE NADIE OS ENSEÑE. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas - y es verdadera y no mentirosa" (1 Juan 2,27)
José: No he querido decir que no podamos interpretar la Biblia nosotros mismos con la ayuda del Espíritu Santo, eso es bueno y saludable, pero lo que no tenemos es un derecho absoluto a juicio privado en aquellos puntos en donde la Iglesia ejerciendo su Magisterio ha tomado una decisión definitiva.
Un ejemplo de este ejercicio se vio en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15), en donde se resolvió el primer conflicto de peso en la Iglesia primitiva. Por un lado estaban los de tendencia judaizante que creían que los cristianos debían ser circuncidados (Génesis 17,9-12), por el otro estaban los apóstoles y presbíteros que determinaron asistidos por el Espíritu Santo que ya no era necesario[10].
Respecto a 1 Juan 2,27 si leemos el texto en su contexto vemos que el apóstol no pretende decir que la Iglesia no necesita maestros, un oficio que como hemos visto fue instituido por voluntad de Dios (Efesios 4,11-12) y estuvo presente siempre en la Iglesia primitiva, pues los cristianos "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hechos 2,42). Allí se habla específicamente de apóstatas que negaban que Jesús era el Mesías (1 Juan 2,18-26) y que no tenían nada que enseñar a los creyentes.
Miguel: Me parece muy interesante nuestra conversación, pero quizá luego podríamos hablar más sobre esas tradiciones que provienen de la Iglesia primitiva.
José: Con gusto.
NOTAS __________________________________________
[1] El Catecismo de la Iglesia Católica distingue entre lo que se denomina Tradición Apostólica de las "tradiciones" particulares nacidas en el transcurso del tiempo: "La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Es preciso distinguir de ella las "tradiciones" teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia" (CEC 83).
[2] La razón por la cual muchos evangélicos y protestantes en general no recuerdan estos textos donde se manda mantener la tradición, es porque muchas traducciones protestantes (como la Reina-Valera en sus distintas versiones) sustituyen la palabra παράδοσις (parádosis) que significa literalmente tradición por sinónimos como "instrucciones", "doctrinas", etc., y lo hacen justamente en aquellos textos donde se hace referencia a tradiciones apostólicas que hay que mantener. El resultado es que los lectores cada vez que encuentran la palabra "tradición" en sus Biblias, solo la encuentran asociada a tradiciones humanas. Sin embargo no todas las traducciones protestantes tiene el mismo problema, una de más respetadas por los evangélicos de habla inglesa es la versión del King James, y esta si traduce correctamente todos esos pasajes.
[3] El que San Pablo diga que escribía siempre las mismas cosas, no significa que escribiera sobre todas las cosas. Si fuera así en sus cartas tendríamos repetidas también las enseñanzas de los evangelios (sermón del monte, el padre nuestro, etc. etc. y no es así).
[4] El Obispo San Ireneo (discípulo de San Policarpo, a su vez discípulo del apóstol San Juan) en el siglo II atestigua como incluso en algunas regiones el evangelio se difundió solo de manera oral:
"Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los Apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los Apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias?
Muchos pueblos bárbaros dan su asentimiento a esta ordenación, y creen en Cristo, sin papel ni tinta en su corazón tienen escrita la salvación por el Espíritu Santo, los cuales con cuidado guardan la vieja Tradición" (San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses III, 4, 1-2)
[5] El Consenso Unánime de los Padres (unanimis consensum Patrum) se refiere a la enseñanza unánime de los Padres de la Iglesia en ciertas doctrinas como reveladas por Dios e interpretaciones de la Escritura como recibida por la Iglesia universal. Los Padres no son infalibles individualmente, y la discrepancia de algunos testimonios patrísticos no daña el testimonio patrístico colectivo. La palabra "unánime" se deriva de dos palabras latinas: unus, uno + animus, mente. "Consenso" en Latín significa consentimiento, acuerdo y armonía; compartir la misma idea u opinión. Donde los Padres hablan en armonía, con una mente general –no necesariamente uno y cada uno estando de acuerdo en cada detalle, sino estándolo en consenso y consentimiento general- tenemos el "consenso unánime". Las enseñanzas de los Padres nos proveen de un auténtico testimonio de la tradición apostólica, tal como explica San Ireneo de Lyon en el siglo II en su obra contra las herejías:
"Como antes hemos dicho, la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una creatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad. Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los jefes de la Iglesia predica cosas diferentes de éstas -porque ningún discípulo está sobre su Maestro, ni el más débil en la palabra recorta la Tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye." (San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, I, 10, 2)
[6] Los primeros cristianos reconocían la autoridad del Concilio Ecuménico, tal como atestigua San Agustín de Hipona:
"Todo lo que observamos por tradición, aunque no se halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles o de los concilios plenarios, cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia." (San Agustín, Carta 54 (A Jenaro), 1-3 Obras completas de San Agustín, Tomo VIII, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1986, p. 338)
[7] Que es lo que ocurre precisamente entre las distintas denominaciones protestantes, que difieren entre sí en innumerables doctrinas, porque interpretan la Biblia de manera diversa.
[8] No hay que olvidar que inclusive el Canon de las Escrituras fue transmitido por la Tradición, ya que en la Biblia no aparece el listado de los libros canónicos.
[9] A esta sucesión ininterrumpida en el ministerio del apostolado, que pasó desde los apóstoles a los obispos hasta hoy, se denomina SUCESIÓN APOSTÓLICA.
[10] No se conoce en detalle el detalle de lo debatido en el Concilio de Jerusalén, pero los judaizantes pudieron haber recurrido a la Biblia y alegado que la circuncisión era una obra de la ley instituida "como pacto perpetuo de generación en generación" (Génesis 17,12; Levítico 12,3) y alegado que Jesús no vino a cambiar ni una tilde de la ley: "No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda." (Mateo 5,17-18). Aunque argumentos bíblicos podían haber sido utilizados en uno y otro sentido, la decisión del Concilio fue la reconocida como auténtica interpretación de la Revelación.