por Makf | 5 Ene, 2026 | 24 Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
Autora: Luisa Piccarretta
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz.
Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora…
Y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada dedicarme a mis deberes o a dormir.
Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar.
Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo…
por Makf | 28 Nov, 2025 | Angeles en Acción
Autor: P. Angel Peña O.A.R
SAN BASILIO, en el siglo IV, escribe:
Hay ángeles que custodian naciones enteras. Así lo enseñan Moisés y los profetas17.
SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, también del siglo IV, nos dice en una oración eucarística:
Ten piedad, Señor, de los fieles aquí presentes y por la virtud de tu santa cruz y por la custodia de los ángeles, líbralos de todo peligro y de toda necesidad:
Incendios, inundaciones, fríos, bandidos, serpientes, fieras salvajes, ataques, asechanzas del demonio y enfermedades18.
SAN ROBERTO BELARMINO afirma:
Los ángeles custodios protegen a los hombres de peligros físicos y morales. Nada de lo que afecta a los hombres deja de interesarles. Todo lo que, de un modo u otro, afecta a nuestro destino eterno, les afecta:
Desencadenamiento de las fuerzas de la naturaleza, ataques de animales, pasiones, intrigas, conspiraciones, guerras, todo puede ser objeto de una intervención decisiva del ángel, desde el momento en que el destino eterno de los amigos de Dios está en juego.
17 Adv Eunom 3, 1; PG XXIX, 657 A.
18 Prex eucarística, editada por Antón Haenggi y Irngard Pahl, Friburgo, 1968, p. 341.
por Makf | 28 Nov, 2025 | Catecismo Parte 3
1878 Todos los hombres son llamados al mismo fin: Dios. Existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor (cf GS 24, 3). El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios.
1879 La persona humana necesita la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido sino una exigencia de su naturaleza. Por el intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla sus capacidades; así responde a su vocación (cf GS 25, 1).
1880 Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. Asamblea a la vez visible y espiritual, una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y prepara el porvenir. Mediante ella, cada hombre es constituido “heredero”, recibe “talentos” que enriquecen su identidad y a los que debe hacer fructificar (cf Lc 19, 13.15). En verdad, se debe afirmar que cada uno tiene deberes para con las comunidades de que forma parte y está obligado a respetar a las autoridades encargadas del bien común de las mismas.
1881 Cada comunidad se define por su fin y obedece en consecuencia a reglas específicas, pero “el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana” (GS 25, 1).
1882 Algunas sociedades, como la familia y la ciudad, corresponden más inmediatamente a la naturaleza del hombre. Le son necesarias. Con el fin de favorecer la participación del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar, alentar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa “para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial” (MM 60). Esta “socialización” expresa igualmente la tendencia natural que impulsa a los seres humanos a asociarse con el fin de alcanzar objetivos que exceden las capacidades individuales. Desarrolla las cualidades de la persona, en particular, su sentido de iniciativa y de responsabilidad. Ayuda a garantizar sus derechos (cf GS 25, 2; CA 16).
1883 “La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” (CA 48; Pío XI, enc. Quadragesimo anno).
1884 Dios no ha querido retener para Él solo el ejercicio de todos los poderes. Entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabiduría de los que gobiernan las comunidades humanas. Estos deben comportarse como ministros de la providencia divina.
1885 El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional.
por Makf | 28 Nov, 2025 | Catecismo Parte 3
1943 La sociedad asegura la justicia social procurando las condiciones que permitan a las asociaciones y a los individuos obtener lo que les es debido.
1944 El respeto de la persona humana considera al prójimo como “otro yo”. Supone el respeto de los derechos fundamentales que se derivan de la dignidad intrínseca de la persona.
1945 La igualdad entre los hombres se vincula a la dignidad de la persona y a los derechos que de ésta se derivan.
1946 Las diferencias entre las personas obedecen al plan de Dios que quiere que nos necesitemos los unos a los otros. Esas diferencias deben alentar la caridad.
1947 La igual dignidad de las personas humanas exige el esfuerzo para reducir las excesivas desigualdades sociales y económicas. Impulsa a la desaparición de las desigualdades inicuas.
1948 La solidaridad es una virtud eminentemente cristiana. Es ejercicio de comunicación de los bienes espirituales aún más que comunicación de bienes materiales.
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Ya hemos dicho que la cercanía máxima de Dios en nuestra vida se da en el momento cumbre de la comunión. Es el momento de nuestra mayor identificación con Cristo.
Durante los momentos en que las especies eucarísticas están presentes en nosotros, hay entre Jesús y nosotros, una identificación plena, sobre todo, si el alma está abierta a Dios y a su santa voluntad; pues puede uno comulgar físicamente, y espiritualmente estar lejos de Jesús o, al menos, no muy cerca.
Hay muchas personas que comulgan por costumbre o porque es la fiesta de un santo o la misa de un familiar, pero no se han preparado y no dan gracias.
Es como comer sin provecho, porque no se asimila. Es como estar físicamente unidos en un autobús repleto de pasajeros, pero espiritualmente estar a kilómetros de distancia, porque cada uno piensa en sus cosas y no le interesa el vecino, a quien no conoce.
Comulgar es participar en la vida divina de Cristo, de esa vida que Él recibe del Padre y que el Espíritu Santo recibe del Padre y del Hijo.
En una palabra, comulgar es una participación real en la vida de la Trinidad por medio de la humanidad de Jesús, pues por Cristo-Hombre llegamos a la Trinidad. Él es el mediador entre Dios y los hombres.
Al comulgar con devoción, nuestro ser humano se eucaristiza, se funde con Cristo, como el hierro se une al fuego y se convierte en hierro rusiente; de modo que parecen dos cosas inseparables.
El cielo será precisamente una unión con Cristo y, por Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, para toda la eternidad.
Es por esto que, si las especies sacramentales fueran permanentes en nosotros, viviríamos, en cierta manera, un cielo adelantado, aunque no sintiéramos toda la felicidad de la unión con Cristo por vivir todavía atados a las cosas de la tierra. Esta gracia la han recibido algunos santos como san Antonio María de Claret.
Él dice: El día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario en la Granja (Segovia), a las 7 de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento interiormente31.
Decía san Pedro Julián Eymard: Jesús creó el hermoso cielo de la Eucaristía. La Eucaristía es un hermoso cielo…
Porque ¿no está el cielo allí donde está Jesucristo? Por eso, cuando comulgamos recibimos el cielo, puesto que recibimos a Jesucristo, causa y principio de toda felicidad y gloria del paraíso celestial32.
Hay una bella página del libro de las Actas de los mártires, en la que se cuenta que santa Felicitas lloraba, porque había dado a luz en la cárcel a su hijo y el guardián se reía de ella, diciéndole: ¿cómo vas a ir al martirio, si no eres capaz de soportar sin llanto los dolores humanos?
Y ella respondió: Es que ahora estoy sola; pero, cuando esté en el anfiteatro, estará Cristo conmigo y no tendré miedo alguno. Eso mismo podemos decir de Jesús Eucaristía.
Nosotros tenemos miedo de todo, pero, si comulgamos y tenemos a Jesús con nosotros, entonces, podremos superar cualquier dificultad. Por eso, decía san Pablo: Todo lo puedo en Aquel (Cristo) que me fortalece (Fil 4, 13).
Veamos un hecho concreto.
En una leprosería del Extremo Oriente, había un joven enfermero que era la admiración de todos por su alegría contagiante y por su espíritu de servicio y de caridad para todos sin excepción.
Se llamaba Marcos Vang. Él había sido leproso y, una vez curado, había querido quedarse para ayudar a tantos leprosos que necesitaban ayuda.
Un día, un cierto personaje chino visitó la leprosería, acompañado de la Madre Superiora, y se fijó en la sonrisa brillante de Marcos, que estaba curando las llagas purulentas de un enfermo.
La religiosa le dice al visitante: Eso lo hace todos los días y con una cara de alegría que contagia a todos.
Entonces, el personaje chino le pregunta con curiosidad:
- Muchacho, ¿por qué estás siempre alegre en medio de tanto sufrimiento y de tantos leprosos, que tienen la carne medio podrida? - Jesús es mi fuerza. Yo comulgo todos los días.
Y, mientras se retiraba del jardín, la religiosa le iba explicando al visitante qué era eso de comulgar y quién era Jesús, el amigo que nunca falla y nos da la fuerza necesaria para seguir viviendo, aun en medio de las mayores dificultades de la vida33.
31 Autobiografía, o.c., p. 339.
32 San Pedro Julián Eymard, o.c., p. 198.
33 Tomado del libro Éstos dan con alegría del padre José Julio Martínez, Ed. Edapor, Madrid, 1983, pp.
211-212..
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La Eucaristía es el milagro más maravilloso y el tesoro más grande del mundo.
¿Puede haber algo más grande y valioso que Cristo mismo, el Señor y Rey del universo, el Rey de reyes y Señor de los señores?
Sólo los santos han podido comprender en toda su profundidad el valor y el significado de la presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía.
Jesús Eucaristía es el mismo Jesús de Nazaret, que hace dos mil años paseaba por los caminos de Palestina, sanando a los enfermos y bendiciendo a los niños.
Jesús Eucaristía es la fuente de la vida, del amor y de la paz.
Jesús es el pan de vida, el pan para la vida, el pan que nos alimenta para darnos vida eterna.
Pero ¿supone algo para nosotros que Jesús, como hombre y Dios, nos esté esperando todos los días en el sagrario de nuestras iglesias?
¿Acaso es lo mismo rezar en la casa que ante Jesús sacramentado?
Son muchas las preguntas que podríamos hacer.
Para responder a algunas de ellas hemos querido escribir este libro; pero, sobre todo, para encender en los corazones de los verdaderos cristianos el amor a Jesús.
El año 1997 escribí el libro Jesús Eucaristía, el amigo que siempre nos espera.
Ahora quiero completar muchas de aquellas ideas, evitando repetirme en la relación de milagros o de otros temas que ya están escritos en dicho libro.
De todos modos, la Eucaristía es algo tan profundo que, aunque se escribieran miles de libros más, nunca se agotaría el tema.
Les deseo a todos una vida cristiana abundante y victoriosa, llenos del Espíritu Santo, amando a Jesús con todo su corazón, para hacer de su vida una continua alabanza al Padre Dios, como hijos queridos.
Nota.- Sobre los escritos del Papa Juan Pablo II:
RM se refiere a la encíclica Redemptoris mater;
RH a la encíclica Redemptor hominis;
EE a la encíclica Ecclesia de Eucharistia;
DD a la carta apostólica Dies Domini;
MND a la carta apostólica Mane Nobiscum Domine;
Cat al catecismo de la Iglesia católica.
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Debemos aclarar que en la Eucaristía está Jesús, el hombre-Dios, y no sólo el Verbo de Dios.
Hay una gran diferencia entre el Verbo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, y Jesús, el Verbo encarnado.
El Verbo de Dios estaba en el mundo con el Padre y el Espíritu Santo desde que el mundo existe.
Como segunda persona divina no necesitaba venir, porque ya estaba. Pero quiso venir como hombre y Dios, como Verbo encarnado, como Jesús, el hijo de María, para poder ser un hombre entre los hombres e insertarse así plenamente en la humanidad, teniendo una familia humana por medio de María.
Desde entonces, Jesús, el Dios-hombre, el hombre-Dios, Jesucristo, es el intermediario necesario entre el Padre y la humanidad.
Si queremos ir a Dios, debemos hacerlo por medio de Jesús.
Lo dice claramente san Pablo: Jesús es el mediador de la nueva alianza (Heb 12, 24). En Cristo habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente (Col 2, 9).
Uno es Dios y uno también es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús (1 Tim 2, 5).
San Pablo lo recalca muy bien, el hombre Cristo Jesús, no el Verbo de Dios.
Esto quiere decir que debemos dar la máxima importancia en nuestra vida a Cristo, el Dios-hombre, el puente para llegar al Padre.
Lo cual significa que debemos dar la máxima importancia en nuestra vida a la Eucaristía, porque Cristo como hombre y Dios, sólo está en el cielo, en forma gloriosa (con su cuerpo glorificado, el mismo que nació en Belén y murió en la cruz), y en la Eucaristía en forma sacramental, pero verdaderamente real, pues es el mismo Jesús.
Esto lo entendió muy bien santa Teresa de Jesús (1515 - 1582), la gran doctora de la Iglesia.
Ella nos dice: Cuán grande es el poder que tiene esta sacratísima humanidad junto con la divinidad1.
Yo veo claro que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta humanidad sacratísima de Jesús2.
Por eso, se alegraba tanto, cuando fundaba un convento, donde habría un sagrario más con Jesús sacramentado.
Dice: Para mí es grandísimo consuelo ver una iglesia más adonde haya Santísimo Sacramento3.
Y hablaba mucho a sus monjas de Jesús como compañero nuestro en el Santísimo Sacramento4.
Que Jesús Eucaristía es el mismo Jesús de Nazaret lo tenía muy claro, porque lo veía con sus propios ojos: Muchas veces, quiere el Señor que le vea en la hostia5.
Una vez, acabando de comulgar, se me dio a entender cómo este Sacratísimo cuerpo de Cristo lo recibe su Padre dentro de nuestra alma… y cuán agradable le es esta ofrenda de su Hijo, porque se deleita y goza con Él, digamos acá en la tierra, porque su humanidad no está con nosotros en el alma, sino la divinidad y así le es tan acepto y agradable y nos hace tan grandes mercedes6.
Y yo comencé a tomar amor a la sacratísima humanidad de Jesús7.
Y Jesús la sanaba con frecuencia de sus dolencias en el momento de la comunión.
Dice: Algunas veces (casi de ordinario, al menos lo más continuo) en acabando de comulgar descansaba y, a veces, en llegando al sacramento. Luego, a la hora, quedaba tan buena, alma y cuerpo, que yo me espanto.
No parece sino que en un punto se deshacen todas las tinieblas del alma y salido el sol, conocía las tonterías en que había estado.
Otras veces, con una sola palabra que me decía el Señor, con solo decir: “No estés fatigada, no tengas miedo”, quedaba del todo sana como si no hubiera tenido nada8.
¿Pensáis que no es mantenimiento, aun para estos cuerpos, este Santísimo Sacramento y muy grande medicina aun para los males corporales?
Yo lo sé y conozco persona de grandes enfermedades y estando muchas veces con graves dolores, como con la mano se le quitaban y quedaba buena del todo…
Y, cuando en algunas fiestas oía a personas que quisieran vivir en tiempo en que andaba Cristo en el mundo, se reía entre sí, pareciéndole que teniéndole tan verdaderamente en el Santísimo Sacramento como entonces, ¿qué más se les daba?9.
Jesús Eucaristía es el mismo Jesús de Nazaret de hace dos mil años, que nos espera como un amigo. No nos olvidemos de Él.
Y digamos con santa Teresita, la otra gran doctora de la Iglesia:
Es mi cielo, el que se esconde en la hostia pequeñita. Es Jesús, mi dulce esposo, que se esconde por mi amor…
¡Oh dulcísimo instante, cuando en tu inmensa ternura vienes a mí, Amado mío!… Es mi cielo para mí10.
1 Vida 28, 9.
2 Vida 22, 6.
3 Fundaciones 3, 10.
4 Vida 22, 6.
5 Vida 38, 19
6 Cuentas de conciencia 43.
7 Vida 24, 3.
8 Vida 30, 14.
9 Camino de perfección 61, 3.
10 Teresa de Lisieux, Obras completas, Ed. Monte Carmelo, Burgos, 1969, tercera edición, pp. 1003-
1004..
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Precisamente, porque Él está realmente presente en la Eucaristía y porque es nuestro Dios y Señor, debemos tratarlo con todo respeto y amor.
Lamentablemente, hay muchos católicos que no creen que es el mismo Jesús de hace dos mil años el que está presente en la Eucaristía.
Muchos no están seguros, dudan; pero otros ni creen verdaderamente en este grandioso misterio de nuestra fe. Por eso, le dan tan poca importancia en su vida. Sin embargo, el diablo sí que cree, al igual que todos sus seguidores.
Un clérigo italiano contaba la experiencia de su encuentro con dos hombres pertenecientes a una secta satánica.
Ellos le dijeron que en su secta no hacían actos vandálicos ni sacrificaban animales o niños como en otras sectas.
Ellos se hacían cortes para que saliera sangre, que recogían en cálices, para ofrecerla a Lucifer o la quemaban en su honor con otras sustancias. Esto sólo lo hacían en algunas fiestas como Año Nuevo o Todos los santos, Pascua…
Le hablaron de que, a veces, iban a comulgar a las iglesias para poder llevarse las hostias consagradas. Recibían la comunión en la mano y tenían otra hostia sin consagrar, con la que comulgaban para que nadie se diera cuenta del cambio; aunque, con frecuencia, iban a las misas de la tarde, donde había unas pocas viejecitas, que no se daban cuenta de nada.
De todos modos, hablaron de que, ciertamente, a veces, hay grupos que compran las hostias consagradas.
Después, las llevaban a sus reuniones y les clavaban cuchillos como para crucificarlas o las quemaban o profanaban con impurezas inexpresables.
También hablaron de que en sus ritos, dedicados a Lucifer, se sentía su presencia físicamente: se olía a azufre, las llamas de las velas se elevaban por sí solas y cada uno sentía en sí mismo su presencia como una exaltación o excitación11.
Ellos odian a Jesús y tratan de crucificarlo de nuevo. ¿Y nosotros? ¿No podemos demostrarle un poco más amor?
Por eso, es tan importante comulgar con el alma limpia y bien preparados.
Los sacerdotes deben celebrar la misa de acuerdo a las normas establecidas y con todo el respeto y todo el amor posible.
Jesús se lo merece todo. Pero, a veces, le faltamos al respeto en la misma iglesia, hablando demasiado o comiendo, o pasando delante del sagrario sin hacer la debida genuflexión…
Algún día nos pedirá cuenta de nuestra indiferencia y de nuestra poca fe. Así lo hizo con un religioso capuchino.
Cuenta san Pío de Pietrelcina: Una tarde, mientras estaba solo en el coro orando, vi a un fraile joven, quitando el polvo del altar mayor y colocando floreros; en una palabra, arreglando el altar.
Creyendo que era fray León, me asomo y le digo:
- Fray León, vete a cenar, no es momento de arreglar el altar. Entonces, una voz, que no era la de fray León, me responde:
- No soy fray León.
- Entonces, ¿quién eres? - Soy un hermano tuyo, que hice aquí el noviciado. La obediencia me dio el encargo de limpiar el altar mayor durante el año de noviciado.
Pero, muchas veces, falté al respeto a Jesús sacramentado, pasando delante del altar sin hacer la genuflexión ni reverenciar a Jesús que estaba en el sagrario.
Por estas graves faltas estoy todavía en el purgatorio.
Ahora el Señor, en su infinita bondad, me ha enviado a ti para que pueda salir de aquí, cuando celebres una misa por mí12.
Creo que, si en vez de faltas de respeto, le diéramos a Jesús muestras de amor, trayéndole flores o velas para el altar…, si al estar en la iglesia estuviéramos con más respeto, amor y devoción, recibiríamos muchas más bendiciones en alegría, paz y amor para ser más felices; porque Jesús no se dejará ganar en generosidad.
11 Testimonio que puede encontrarse en www.tutelaeucarestia.org/testimonianze.htm.
12 Scozzaro Giulio Maria, Adorazione eucaristica, Ed. Associazione cattolica Gesù e Maria, 1997, p. 40.
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La Eucaristía no sólo es un gran tesoro, podríamos decir que es el tesoro más grande del mundo. Mucho más importante que el oro o las piedras preciosas. Vale más que todo el universo con todas las estrellas y galaxias.
Vale más que los ángeles y que todos los santos, incluida la misma Virgen María, porque la Eucaristía es Jesucristo, el Dueño, Señor y Creador de todo lo que existe.
Sin embargo, hay quienes no entienden que, al hablar de la Eucaristía, no estamos hablando de un pan bendito o de una cosa buena, sino de Alguien, de una persona, de Jesús.
Por eso, quizás no lo valoran lo suficiente y su fe es demasiado pequeña para reconocerlo bajo la apariencia de un pequeño pedazo de pan.
Muchos católicos no lo aman, no le dan importancia, y para ellos Jesús Eucaristía es como si no existiera, porque no se aprovechan de su presencia cercana en este sacramento.
Es lo que les pasaba a tantos judíos del tiempo de Jesús, que lo tenían muy cerca, pero no creían en Él o simplemente no se daban tiempo para ir a oír sus palabras o visitarlo.
Los reyes magos hicieron un largo y peligroso camino para encontrar a Jesús y quedaron felices de haberlo encontrado. Había valido la pena todo su esfuerzo; porque, al fin, lo encontraron y descubrieron que Él era su Dios.
Fueron los primeros no judíos que lo reconocieron como Dios y lo adoraron.
Los pastores también hicieron un esfuerzo para ir en plena noche a visitarlo, llevándole algunos regalos y no quedaron defraudados.
¿Y nosotros? ¿No valdrá la pena hacer cualquier esfuerzo para visitar a Jesús? ¿No valdrá un poco de nuestro tiempo?
¿O acaso nuestra fe es tan escasa que no creemos que verdaderamente en la hostia consagrada está el mismo Jesús de Nazaret, el mismo Jesús, que nació en Belén y murió en la cruz?
Si supiéramos que en una isla perdida hay un gran tesoro y nos dieran la oportunidad de ir a encontrarlo con la garantía de que sería todo para nosotros, ¿no valdría la pena arriesgarse para encontrarlo y ser ricos para toda la vida?
¿Y Jesús no es el tesoro más grande del mundo?
La isla del tesoro no está muy lejana, no necesitamos viajar a países lejanos y desconocidos.
Jesús está muy cerca, en el sagrario de nuestras iglesias, pero hay que tener fe para verlo con los ojos del alma, con los ojos de la fe.
Dice santa Ángela de Foligno:
A veces, veo la hostia con un resplandor y una belleza muy grandes, más que si fuese el resplandor del sol.
Por esa belleza, comprendo con certeza que estoy viendo a Dios sin ninguna duda... En la hostia aparece una belleza más hermosa y más grande que la del sol...
En ocasiones, veo en la hostia dos ojos luminosísimos tan grandes que de la hostia sólo parecen quedar los bordes.
Una vez, me fueron mostrados esos ojos y disfruté de tanta belleza y de tanto deleite que jamás podré olvidarlo por el resto de mi vida...
Jesús resplandecía de belleza y de gracia y parecía un niño de doce años. Me sentía tan colmada de alegría que creo que no me olvidaré de ella por toda la eternidad.
Y me comunicó tal certeza que no puedo dudar de nada y de ninguna manera. Todo mi gozo consistió en la contemplación de esa belleza inestimable13.
Jesús Eucaristía es el Rey de reyes y Señor de los señores, el Rey del universo, el Señor de la historia, el amigo de los hombres, el hijo de María, el niño de Belén, el Salvador del mundo, que se ha quedado junto a nosotros para ser nuestro compañero de camino y para que podamos acudir a Él fácilmente, cuando tengamos necesidad.
Y nos sigue esperando para sanarnos, bendecirnos, alegrarnos y darnos su amor y paz.
Su consultorio es el sagrario. Él es el mejor médico, siquiatra y sicólogo del mundo. Atiende gratis las 24 horas de cada día y no necesitamos sacar cita para ser recibidos por Él.
Además, Él lo sabe todo y sabe cuáles son nuestros males y necesidades antes de que se las digamos. Él nos espera.
¿Hasta cuándo? ¿Somos tan ricos que no necesitamos de su amor?
Dice Jesús: Donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón (Mt 6, 21).
¿Cuál es nuestro tesoro más importante? ¿Qué buscamos con más ansiedad y deseo en nuestra vida? ¿Es Jesús?
Pues en la Eucaristía lo encontraremos.
¿Y qué tesoro podemos desear que sea mejor y más importante que el mismo Jesús?
13 Angela de Foligno, Experiencia de Dios amor, Ed. Apostolado mariano, Sevilla, 1991, pp. 53-54.
por Makf | 26 Nov, 2025 | Catecismo Parte 4
2857 En el Padre Nuestro, las tres primeras peticiones tienen por objeto la Gloria del Padre: la santificación del nombre, la venida del reino y el cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro presentan al Padre nuestros deseos: estas peticiones conciernen a nuestra vida para alimentarla o para curarla del pecado y se refieren a nuestro combate por la victoria del Bien sobre el Mal.
2858 Al pedir: “Santificado sea tu Nombre” entramos en el plan de Dios, la santificación de su Nombre —revelado a Moisés, después en Jesús— por nosotros y en nosotros, lo mismo que en toda nación y en cada hombre.
2859 En la segunda petición, la Iglesia tiene principalmente a la vista el retorno de Cristo y la venida final del Reino de Dios. También ora por el crecimiento del Reino de Dios en el “hoy” de nuestras vidas.
2860 En la tercera petición, rogamos al Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida del mundo.
2861 En la cuarta petición, al decir “danos”, expresamos, en comunión con nuestros hermanos, nuestra confianza filial en nuestro Padre del cielo. “Nuestro pan” designa el alimento terrenal necesario para la subsistencia de todos y significa también el Pan de Vida: Palabra de Dios y Cuerpo de Cristo. Se recibe en el “hoy” de Dios, como el alimento indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía.
2862 La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo.
2863 Al decir: “No nos dejes caer en la tentación”, pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final.
2864 En la última petición, “y líbranos del mal”, el cristiano pide a Dios, con la Iglesia, que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el “príncipe de este mundo”, sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación.
2865 Con el “Amén” final expresamos nuestro “fiat” respecto a las siete peticiones: “Así sea”.