por makf | 16 Sep, 2025 | Samuel2
[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ]
Capítulo 2
David ungido rey en Hebrón
1 Después de esto, David consultó al Señor, diciendo: «¿Debo subir a una de las ciudades de Judá?». El Señor le respondió: «Sí, sube». David volvió a preguntar: «¿Adónde subiré?». «A Hebrón», le respondió el Señor.
2 Entonces David subió con sus dos mujeres, Ajinóam, de Izreel, y Abigail, la mujer de Nabal, el de Carmel.
3 Hizo subir también a los hombres que lo acompañaban, cada uno con su familia, y se establecieron en las ciudades de Hebrón.
4 Luego vinieron los hombres de Judá, y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá.
El mensaje de David a Iabés de Galaad
Cuando informaron a David que los hombres de Iabés de Galaad habían sepultado a Saúl,
5 él les envió unos mensajeros para decirles: «Que el Señor los bendiga por haber realizado este acto de fidelidad hacia Saúl, su señor, dándole sepultura.
6 Quiera el Señor tratarlos ahora con fidelidad y lealtad. Yo, por mi parte, los trataré con la misma bondad, ya que han obrado así.
7 Manténganse firmes y sean valientes, ahora que ha muerto Saúl, su señor, y la casa de Judá me ha ungido a mí para que sea su rey».
El reinado de Isbaal sobre Israel
8 Pero Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, había tomado a Isbaal, hijo de Saúl, y lo había hecho cruzar a Majanaim,
9 donde lo proclamó rey de Galaad, de los asuritas, de Izreel, de Efraím, de Benjamín, en una palabra, de todo Israel.
10 Isbaal, hijo de Saúl, tenía cuarenta años cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Sólo la casa de Judá seguía a David.
11 David fue rey de Judá, en Hebrón, durante siete años y seis meses.
El enfrentamiento de Israel y Judá en Gabaón
12 Abner, hijo de Ner, y los servidores de Isbaal, hijo de Saúl, salieron de Majanaim en dirección a Gabaón.
13 También salieron Joab, hijo de Seruiá, y los servidores de David, y los encontraron junto al estanque de Gabaón. Allí tomaron posiciones, unos a un lado del estanque y otros al otro lado.
14 Abner propuso entonces a Joab: «Que salgan unos cuantos muchachos y midan sus armas delante de nosotros». «Muy bien», replicó Joab.
15 Ellos se levantaron y avanzaron uno por uno: doce de Benjamín por Isbaal, hijo de Saúl, y doce entre los servidores de David.
16 Cada uno tomó por la cabeza a su adversario y le hundió la espada en el costado, de manera que cayeron todos al mismo tiempo. Por eso a aquel lugar, que está junto a Gabaón, se lo llamó «Campo de los costados».
17 Aquel día se libró un combate muy encarnizado, y los hombres de Israel cayeron derrotados ante los servidores de David.
18 Allí se encontraban los tres hijos de Seruiá: Joab, Abisai y Asael. Asael, que corría como una gacela del campo,
19 se lanzó en persecución de Abner, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.
20 Abner se dio vuelta y dijo: «¿Eres tú, Asael?». Sí, soy yo», respondió él.
21 Abner siguió diciendo: «Desvíate a la derecha o a la izquierda, agarra a uno de los muchachos y quédate con sus despojos». Pero él no quiso dejar de perseguirlo.
22 Abner le insistió, diciendo: «¡Deja de seguirme! ¿O tendré que dejarte tendido de un golpe? ¿Y cómo podría luego mirar de frente a tu hermano Joab?».
23 Pero Asael no quiso apartarse, y Abner lo hirió en el bajo vientre con la punta trasera de su lanza. Esta le salió por detrás, y él cayó muerto allí mismo. Todos los que llegaban al sitio donde Asael había caído muerto, se paraban.
24 Joab y Abisai persiguieron a Abner. Y al ponerse el sol, llegaron a la colina de Ammá, que está al este de Guíaj, sobre el camino del páramo de Gabaón.
El fin de la lucha
25 Los benjaminitas se concentraron detrás de Abner, formando un grupo bien compacto, y se apostaron en la cima de una colina.
26 Entonces Abner gritó a Joab: «¿Terminará alguna vez esta masacre? ¿No te das cuenta que al fin no habrá más que amargura? ¿Qué esperas para decirle a tu gente que deje de perseguir a sus hermanos?».
27 Joab respondió: «¡Por la vida de Dios, si tú no hubieras hablado, sólo por la mañana habría dejado esta gente de perseguir a sus hermanos!».
28 Luego Joab hizo sonar el cuerno, y todo el ejército se detuvo: ya no persiguieron más a Israel y desistieron del combate.
29 Abner y sus hombres caminaron toda aquella noche por la Arabá y cruzaron el Jordán. Luego recorrieron todo el Bitrón y llegaron a Majanaim.
30 Joab, por su parte, dejó de perseguir a Abner y reunió toda la tropa. Entre los servidores de David faltaban diecinueve hombres, además de Asael.
31 Los servidores de David, en cambio, habían matado a trescientos sesenta entre los benjaminitas y los hombres de Abner.
32 Joab y sus hombres se llevaron el cadáver de Asael y lo sepultaron en la tumba de su padre, que está en Belén. Después de caminar toda la noche, llegaron a Hebrón cuando despuntaba el día.
por makf | 16 Sep, 2025 | Samuel1
[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ]
Capítulo 31
El desastre de Gelboé y la muerte de Saúl
1 Los filisteos entablaron combate con Israel. Los hombres de Israel huyeron ante ellos y cayeron heridos de muerte en el monte Gelboé.
2 Los filisteos persiguieron de cerca a Saúl, y mataron a Jonatán, Abinadab y Malquisúa, los hijos de Saúl.
3 El peso del combate recayó entonces sobre Saúl. Los arqueros lo descubrieron, y fue herido gravemente por ellos.
4 Saúl dijo a su escudero: «Saca tu espada y traspásame, no sea que esos incircuncisos vengan a traspasarme, para vergüenza mía». Pero su escudero no quiso hacerlo, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada y se dejó caer sobre ella.
5 Al ver que Saúl estaba muerto, también su escudero se echó sobre su espada y murió junto a él.
6 Así murieron juntos, aquel día, Saúl, sus tres hijos y su escudero.
7 Los hombres de Israel que estaban al otro lado del valle y los que estaban al otro lado del Jordán, al ver que los israelitas huían y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y se dieron a la fuga. Luego vinieron los filisteos y se establecieron allí.
8 Al día siguiente, cuando llegaron los filisteos para despojar a las víctimas, encontraron a Saúl y a sus tres hijos tendidos sobre el monte Gelboé.
9 Entonces cortaron la cabeza de Saúl y lo despojaron de sus armas. Luego enviaron mensajeros por todo el país de los filisteos, para dar la buena noticia en los templos de sus ídolos y a todo el pueblo.
10 Depositaron las armas de Saúl en el templo de Astarté y colgaron su cadáver en los muros de Betsán.
11 Cuando los habitantes de Iabés de Galaad oyeron lo que los filisteos habían hecho a Saúl,
12 todos los hombres valientes emprendieron la marcha y, después de caminar toda la noche, retiraron de los muros de Betsán el cadáver de Saúl y los cadáveres de sus hijos; luego volvieron a Iabés y allí los quemaron.
13 Después recogieron sus huesos, los sepultaron bajo el Tamarisco de Iabés, y ayunaron siete días.
por makf | 16 Sep, 2025 | Samuel1
[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ]
Capítulo 30
La incursión de los amalecitas contra Siquelag
1 Al tercer día, cuando David y sus hombres llegaron a Siquelag, los amalecitas habían incursionado por el Négueb y contra Siquelag. Habían arrasado y prendido fuego a Siquelag,
2 llevándose cautivas a las mujeres y también a todos los que había allí, del más pequeño al más grande. Pero no habían matado a nadie, sino que se los habían llevado a todos, prosiguiendo luego su camino.
3 Al llegar a la ciudad, David y sus hombres vieron que había sido incendiada, y que sus mujeres, sus hijos y sus hijas habían sido llevados cautivos.
4 Entonces prorrumpieron en sollozos, hasta que se quedaron sin fuerzas para llorar.
5 Las dos mujeres de David –Ajinóam de Izreel y Abigail, la esposa de Nabal, el de Carmel– también habían sido capturadas.
La campaña de David contra los amalecitas
6 David se vio en un grave aprieto, porque la tropa amenazaba con apedrearlo, ya que todos estaban llenos de amargura por sus hijos y sus hijas. Pero David retomó coraje gracias al Señor, su Dios,
7 y dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélec: «Por favor, preséntame el efod». Abiatar presentó el efod a David,
8 y David interrogó al Señor, en estos términos: «¿Debo perseguir a esa banda? ¿La alcanzaré?». El Señor le respondió: «Persíguela. Seguro que la alcanzarás y librarás a los cautivos».
9 David partió con los seiscientos hombres que lo acompañaban, y llegaron al torrente Besor, donde se quedaron los rezagados.
10 Entonces continuó la persecución con cuatrocientos hombres; doscientos se habían detenido, por estar demasiado extenuados para cruzar el torrente Besor.
11 En pleno campo encontraron a un egipcio, y se lo llevaron a David. Le dieron pan para comer y agua para bebe,
12 y también le ofrecieron un trozo de torta de higos y dos racimos de pasas de uva. Con la comida él se reanimó, porque en tres días y tres noches no había comido ni bebido nada.
13 Luego David le preguntó: «¿De quién eres y de dónde vienes?». El respondió: «Soy un muchacho egipcio, esclavo de un amalecita. Mi dueño me abandonó hace tres días, porque caí enfermo.
14 Hicimos una incursión por el Négueb de los quereteos, contra el Négueb de Judá y contra el Négueb de Caleb. También incendiamos Siquelag».
15 David le preguntó: «¿Quieres llevarme adonde está esa banda?». El respondió: «Júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás en manos de mi dueño, y yo te llevaré adonde está esa banda».
16 El muchacho lo guió, y encontraron a los amalecitas desparramados por toda la comarca, comiendo, bebiendo y festejando por el gran botín que habían recogido en el país de los filisteos y en país de Judá.
17 David los masacró desde el alba hasta la tarde del día siguiente, y no escapó ni uno solo, con excepción de cuatrocientos jóvenes que huyeron montados en camellos.
18 David salvó todo lo que habían arrebatado los amalecitas y, en especial, libró a sus dos mujeres.
19 No les faltó nadie, ni grande ni pequeño, ni hijos ni hijas, ni nada del botín y de todo lo que les habían quitado los amalecitas. David lo recuperó todo.
20 Se adueñó además de ovejas y vacas, y los que iban delante, acarreando ese ganado, decían: «¡Este es el botín de David!».
El reparto del botín
21 David llegó al lugar donde estaban los doscientos hombres que no lo habían seguido, por estar demasiado extenuados, y se habían quedado atrás, junto al torrente Besor. Estos salieron al encuentro de David y de la tropa que lo acompañaba. David se acercó con la tropa y los saludó.
22 Pero entre los que estaban con David había unos hombres mezquinos, que levantaron la voz y dijeron: «¡Por no haber venido con nosotros, no les daremos nada del botín que hemos recuperado, salvo a cada uno su mujer y sus hijos! ¡Que se los lleven y se vayan!».
23 Pero David dijo: «No se comporten así, hermanos míos, con lo que nos ha dado el Señor. El nos ha protegido y ha puesto en nuestras manos a esa banda que vino a atacarnos.
24 ¿Quién puede estar de acuerdo con lo que ustedes proponen? Porque la parte que le toca al que baja a combatir le tocará también al que cuida el equipaje: juntos participarán del botín».
25 A partir de aquel día, David hizo de esto un precepto y una costumbre para Israel, que sigue en vigencia hasta el día de hoy.
David y los ancianos de Judá
26 Al llegar a Siquelag, David envió parte del botín a los ancianos de Judá y a sus amigos, con este mensaje: «Ahí tienen un obsequio del botín arrebatado a los enemigos del Señor». Se lo envió
27 a los de Betul, a los de Ramot del Négueb y a los de Iatir;
28 a los de Aroer, a los de Sifmot y a los de Estemoa;
29 a los de Racal, a los de las ciudades de Ierajmel y a los de las ciudades de los quenitas;
30 a los de Jormá, a los de Borasán y a los de Atac;
31 a los de Hebrón y a los de todos los lugares que David y sus hombres habían recorrido.
por makf | 16 Sep, 2025 | Samuel1
[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ]
Capítulo 29
David excluido del ejército filisteo
1 Los filisteos concentraron todas sus fuerzas en Aféc, y los israelitas acamparon junto a la fuente que está en Izreel.
2 Los príncipes de los filisteos avanzaban al frente de divisiones de cien y de mil, mientras que David y sus hombres marchaban a la retaguardia con Aquís.
3 Entonces los jefes filisteos preguntaron: «¿Qué hacen aquí esos hebreos?». Aquís les respondió: «¿No ven que es David, el servidor de Saúl, rey de Israel? Ya hace uno o dos años que está conmigo, y no lo he sorprendido en ninguna falla, desde que se pasó a mi servicio hasta el día de hoy».
4 Pero los jefes filisteos se irritaron contra Aquís y le dijeron: «¡Despide a ese hombre! Que se vuelve al lugar que le has asignado y no baje a combatir con nosotros, no sea que lo tengamos como adversario en pleno combate. ¿Con qué va a congraciarse con su señor sino con la cabeza de estos hombres?
5 ¿No es él acaso ese David de quien decían, cantando y bailando: «Saúl ha matado a miles y David a decenas de miles?».
6 Entonces Aquís llamó a David y le dijo: «¡Por la vida del Señor, tú eres un hombre derecho! Me gusta verte actuar conmigo en el ejército, porque no te he sorprendido en nada malo, desde que te presentaste a mí hasta el día de hoy. Pero tú no eres persona grata a los príncipes.
7 Por eso, vuélvete en paz, y así no harás nada que desagrade a los príncipes de los filisteos».
8 David dijo a Aquís: «¿Qué he hecho? ¿Has sorprendido a tu servidor en alguna falla, desde que entré a tu servicio hasta hoy, para que no pueda ir a combatir contra los enemigos de mi señor, el rey?».
9 Aquís respondió a David: «Sí, ya lo sé. Tú eres tan grato a mis ojos como un ángel de Dios. Pero los jefes filisteos han dicho que no subas con nosotros al combate.
10 Levántase entonces mañana bien temprano, tú y los servidores de tu señor que vinieron contigo, y váyanse de aquí apenas aclare».
11 David y sus hombres se levantaron bien temprano, para partir de madrugada y regresar al país de los filisteos. Estos, por su parte, subieron a Izreel.
por makf | 16 Sep, 2025 | Samuel1
[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ]
Capítulo 28
David en el ejército filisteo
1 En aquellos días, los filisteos concentraron sus fuerzas para entrar en batalla y combatir contra Israel. Aquís dijo a David: «Tienes que saber que irás conmigo al frente, tú y tus hombres».
2 «De acuerdo, le respondió David; ahora sabrás lo que hará tu servidor». «Muy bien, dijo Aquís a David; yo te haré para siempre jefe de mi guardia personal».
Saúl y la nigromante de Endor
3 Samuel había muerto. Todo Israel había estado de duelo por él y lo habían sepultado en Ramá, en su ciudad. Saúl, por su parte, había expulsado del país a los nigromantes y adivinos.
4 Los filisteos se reunieron y fueron a acampar a Suném. Saúl concentró a todo Israel y acamparon en Gelboé.
5 Pero al divisar el campamento filisteo, tuvo miedo y se estremeció su corazón.
6 Luego interrogó al Señor, pero él no le respondió ni por sueños, ni por el Urim, ni por los profetas.
7 Entonces Saúl dijo a sus servidores: «Búsquenme una nigromante, para que yo vaya a verla y la consulte». Sus servidores le dijeron: «Precisamente hay una nigromante en Endor».
8 Saúl se disfrazó, poniéndose otra ropa, y partió en compañía de dos hombres. Llegaron de noche, y Saúl dijo a la mujer: «Predíceme el futuro evocando a un muerto, y haz que se aparezca el que yo te diga».
9 Pero la mujer le respondió: «Tú sabes bien lo que hizo Saúl, cómo extirpó del país a nigromantes y adivinos. ¿Por qué me tiendes una trampa para hacerme morir?».
10 Entonces Saúl le juró por el Señor: «¡Por la vida del Señor, nadie te inculpará a causa de esto!».
11 La mujer le dijo: «¿Quién quieres que se te aparezca?». Que se me aparezca Samuel», respondió él.
12 La mujer vio a Samuel y lanzó un fuerte grito. Luego dijo a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!».
13 Pero el rey le dijo: «No temas. Dime qué has visto». La mujer respondió a Saúl: «Vi un dios que subía de lo profundo de la tierra».
14 «¿Qué forma tiene?», preguntó él. Ella respondió: «Es un anciano que sube, y está envuelto en un manto». Saúl comprendió entonces que era Samuel, y se postró con el rostro en tierra.
15 Samuel dijo a Saúl: «¿Por qué me has perturbado, haciéndome subir?». «Es que estoy en un grave aprieto, respondió Saúl; los filisteos me hacen la guerra, y Dios se ha apartado de mí; ya no me responde, ni por medio de los profetas ni en sueños. Por eso te llamé para que me indiques lo que debo hacer».
16 Samuel replicó: «Si el Señor se ha apartado de ti y se te ha vuelto hostil, ¿por qué me interrogas a mí?
17 El Señor ha obrado contigo conforme a lo que predijo por mi intermedio: él ha arrancado de tu mano la realeza, para dársela a otro, a David.
18 Porque tú no escuchaste la voz del Señor y no diste libre curso a su ira contra Amalec, por eso, el Señor te ha tratado de esta manera en el día de hoy.
19 Y junto contigo, el Señor entregará también a Israel en manos de los filisteos. Mañana, tú y tus hijos estarán conmigo, y también al ejército de Israel el Señor lo entregará en manos de los filisteos».
20 Al instante, Saúl se desplomó en tierra cuan largo era, aterrorizado por lo que había dicho Samuel. Además, estaba sin fuerzas porque no había comido nada en todo el día y toda la noche.
21 La mujer se acercó a Saúl y, al verlo tan abatido por el terror, le dijo: «Ya ves que tu servidora te ha hecho caso. Yo arriesgué mi vida y obedecí la orden que me diste.
22 Ahora tú tienes que hacerme caso: deja que te sirva un pedazo de pan y come. Así tendrás fuerza cuando vayas por el camino».
23 Pero él rehusó, diciendo: «¡No comeré!». Sus servidores, y también la mujer, le insistieron, y al fin Saúl les hizo caso; se levantó del suelo y se sentó en el catre.
24 La mujer tenía en casa un ternero cebado. En seguida lo mató, tomó un poco de harina, la amasó e hizo cocer unos panes sin levadura.
25 Después sirvió todo eso a Saúl y a sus servidores. Ellos comieron y se pusieron en camino aquella misma noche.