por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologética 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio que continua la conversación anterior donde se analizaban las diferencias en la Biblia que utilizamos los católicos y nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones. Como se había mencionado, a la Biblia protestante le faltan 7 libros que llamamos deuterocanónicos y que son: Tobías, Judit, Ester, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (también llamado "Sirac") y Baruc. Como de costumbre los argumentos los he recogido de conversaciones que he tenido de este tema a lo largo de los años. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: Hola José:, me gustaría continuar con nuestra conversación sobre el canon, ya que quedaron algunos puntos a analizar y me gustaría tener tu opinión.
José:: Adelante.
Miguel: Otra de las razones por las cuales he podido averiguar que la Iglesia Evangélica rechaza los libros que llamas deuterocanónicos y no los incluyen en sus Biblias, está en que estos libros no dicen ser inspirados por Dios. No se encuentran en ellos frases como "Así dice Jehová", "Vino a mí palabra de Jehová", "Habló Jehová a…" sino que por el contrario confiesan su inspiración humana, tal y como aparece en el segundo libro de los Macabeos: "…yo también terminaré aquí mismo mi relato. Si ha quedado bello y logrado en su composición, eso es lo que yo pretendía; Si IMPERFECTO Y MEDIOCRE, he hecho cuanto me era posible." (2 Macabeos 15,37-38). ¿Cómo podría ser Palabra divina un libro que reconoce la posibilidad de ser imperfecto y mediocre?
José: No debes perder de vista que si bien en la Biblia el autor principal es Dios, el autor secundario es el hombre, y este, aunque escribe bajo inspiración divina, no siempre ni necesariamente está consciente que lo hace.
Hay muchos ejemplos donde esto se observa en otros libros que si aceptan las iglesias evangélicas. Allí tienes el caso del evangelio de Lucas, que reconoce que escribe no bajo la orden de Dios, sino para transmitir los sucesos ocurridos en tiempos de Jesús a Teófilo. Lo que escribe tampoco lo asume como palabra de Dios, sino como simple fruto de su investigación al consultar a los testigos oculares de aquellos acontecimientos: "Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido." (Lucas 1,1-4).
Otro ejemplo lo vemos en el libro del Eclesiastés que reconoce de plano ser palabra de un hombre, un hijo de David: "Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén" (Eclesiastés 1,1), y más adelante reconoce desconocer cosas que Dios sabe: "¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra? Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?" (Eclesiastés 3,21-22). Te invito a hacer un ejercicio: revisa cada libro de la Biblia y cuenta cuantos no dicen ser palabra de Dios. Te sorprenderás.
Por otro lado, el que un libro afirme ser palabra de Dios no hace que lo sea. El Corán y el libro de Mormón afirman ser Palabra de Dios y ustedes no los aceptan como tal.
Miguel: Es cierto no los aceptamos.
José: Entonces, si ustedes aceptan como parte de sus Biblias libros que no afirman ser Palabra de Dios, y no necesariamente aceptan cualquier libro que diga serlo, no es coherente rechazar los deuterocanónicos por esta causa. Nosotros en cambio, razonamos distinto: no aceptamos la Biblia como inspirada divinamente porque ella misma lo diga, lo hacemos porque creemos que Cristo, que es Dios y Hombre verdadero, fundó una Iglesia y esa Iglesia da testimonio de que esos libros están inspirados por Dios.
Miguel: Pero si la Iglesia se corrompe ¿Que garantía pueden tener que el discernimiento que hacen es correcto?
José: Lo que sucede es para nosotros es dogma de Fe que la Iglesia es indefectible, un tema que podemos conversar luego, y quiere decir que aun estando formada por seres humanos, débiles y pecadores será siempre "la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad" y esto incluye su imposibilidad de fallar en la consecución del fin sobrenatural para el que ha sido fundada por el Señor Jesús: para hacer perennemente presente la obra de la salvación.
Pero he aquí precisamente una contradicción en el núcleo del protestantismo, ya que la mayoría cree que la Iglesia se corrompió a raíz del edicto de Milán en el año 313 d.C, y si realmente esto ocurrió tanto ustedes como nosotros tenemos un canon del Nuevo Testamento definido por una Iglesia corrupta [1] ya que la definición del Canon ocurrió después.
Miguel: Puedo aceptar que en la Biblia haya libros que no digan ser Palabra de Dios, pero eso es una cosa y otra es aceptar libros que enseñan errores e incluso contradicen el resto.
Allí tienes el eclesiático, que afirma que Dios aborrece los malvados, además pide ayudar al bueno y no al malvado: "Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza. Da al hombre de bien, y del pecador no te cuides." (Eclesiástico 12,6-7). ¿Tú mismo no has dicho en alguna ocasión que Dios odia al pecado pero ama el pecador?. En el Nuevo Testamento encontramos también que Dios nos manda a ayudar al que nos pide (Mateo 5,42)
José: Al ser el hombre el autor secundario de la Biblia, muchas veces queda en ella rastros de su parte humana que deben ser interpretadas en su contexto, al igual que hay otros textos que deben ser entendidos en sentido espiritual. Cristo vino precisamente a clarificar y dar plenitud a la Revelación. En esos textos vemos como el cristiano debe rechazar a los enemigos de su alma, no a las personas, porque "nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas." (Efesios 6,12)
Si no entendemos esto de esta manera, tendríamos que excluir no solamente ese texto que me dices, sino otros que también están en la Biblia protestante: "Derrama sobre ellos [mis enemigos] tu ira, Y el furor de tu enojo los alcance. Sea su palacio asolado: En sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron al que tú heriste; Y cuentan del dolor de los que tú llagaste. Pon maldad sobre su maldad, Y no entren en tu justicia" (Salmo 69,22-28). Y así como estos hay muchos otros textos similares.
Miguel: Pero inclusive en algunos deuterocanónicos se aprueba el mentir o el suicidio que ambos estamos de acuerdo en que son pecado. ¿Es que acaso esos también hay que interpretarlos en sentido espiritual?. Observa que Judit por ejemplo pide a Dios palabras para engañar "Dame palabras para poder engañarlos y causarles el desastre y la muerte, pues tienen planes perversos contra tu alianza, contra el templo consagrado a ti, contra el monte Sión y contra la ciudad que es hogar y propiedad de tus hijos" (Judit 9,13).
El segundo libro de los Macabeos justifica el suicidio: "Las tropas estaban ya a punto de tomar la torre donde se encontraba Razís, y trataban de forzar la puerta de fuera, habiendo recibido órdenes de prender fuego y quemar las puertas, cuando Razís, acosado por todas partes, volvió su espada contra sí mismo, prefiriendo morir noblemente antes que caer en manos de aquellos criminales y sufrir injurias indignamente". (2 Macabeos 14,41-42).
José: Analizar en detalle la moralidad de los actos que mencionas podría desviarnos bastante del tema. En el caso de Judit, ella oraba para poder salvar al pueblo de una inminente aniquilación, y lo logró. No es muy distinto a lo que hizo la prostituta Rajab, al mentir al rey para salvar a los espías judíos que exploraban la tierra prometida (Josué 2,1-6), y a la que el apóstol Santiago alaba y afirma que fue justificada por sus obras (Santiago 2,25). El libro del Éxodo alaba a las parteras egipcias que mintieron al Faraón para salvar a los judíos recién nacidos (Éxodo 1,15-21).
El suicido de Razías ocurre cuando iba a ser apresado, torturado y asesinado. No es una situación distinta a la de Sansón, quien aprisionado pide ayuda a Dios para que le de fuerzas y pueda derrumbar las columnas del lugar donde estaba causándose a sí mismo la muerte, junto con los filisteos que estaban en la casa. Y lo más llamativo de todo, es que efectivamente Dios le auxilia y le ayuda a lograrlo: "Sansón invocó a Yahveh y exclamó: «Señor Yahveh, dígnate acordarte de mí, hazme fuerte nada más que esta vez, oh Dios, para que de un golpe me vengue de los filisteos por mis dos ojos.» Y Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba la casa, se apoyó contra ellas, en una con su brazo derecho, en la otra con el izquierdo, y gritó: «¡MUERA YO CON LOS FILISTEOS!» Apretó con todas sus fuerzas y la casa se derrumbó sobre los tiranos y sobre toda la gente allí reunida.." (Jueces 16,28-30).
Por supuesto, podemos ponernos a discutir si esos actos fueron objetivamente buenos o malos, pero el hecho es que si rechazan unos libros por esa causa también tendrían que rechazar los otros que si aceptan.
Miguel: Si, es para pensarlo. Ahora bien, también he investigado sobre otra objeción que me pareció importante. En el libro de Tobías, uno de los libros que llamas deuterocanónicos, se apoyan las prácticas de brujería: "Cuando terminaron de cenar, decidieron ir a acostarse. Llevaron al muchacho a la habitación. Tobías se acordó entonces de lo que le había dicho Rafael. Sacó de su bolsa el hígado y el corazón del pescado, y los puso sobre las brasas en las que se quemaba incienso. El olor del pescado no dejó acercar al demonio, y este salió huyendo por el aire hasta la parte más lejana de Egipto. Rafael fue y lo encadenó allá, y volvió inmediatamente". (Tobit 8,1-3). ¿Cómo podría el olor a pescado quemado ahuyentar a un demonio? ¿No parece más bien una práctica pagana?
José: Vale la pena tomarse el tiempo de leer todo el libro que no es muy largo y destaca por su hermosura. Si lo haces verás que más que asumir que el demonio fue ahuyentado por el olor a pescado, se señala allí la obediencia específica a las instrucciones del ángel, y de hecho la primera cosa que hizo Tobías al entrar en la pieza matrimonial fue poner en práctica lo que él le aconsejó. Dudo que el olor del pez deba ser interpretado en su sentido literal, como si el demonio huyera del mal olor, sino en sentido simbólico y espiritual: el bien vence al mal. Con esta victoria del ángel Rafael sobre Asmodeo se cumple una parte principal del plan de Dios sobre Sara: su curación, encomendada por Dios al ángel, y la lección más que una promoción de prácticas de brujería, es enseñar que para quien ama a Dios, la obediencia al Señor y la oración en familia espantan todos los males (Tobías 6,18; 8,5). Todo esto da unificación al relato donde la figura de un pez es el instrumento que Dios elige para sanar y liberar.
Dios, cuando y como le parece, hace que las más mínimas cosas sirvan de instrumentos para sus milagros. Así como el Señor Jesucristo con un poco de barro mezclada con saliva curó a un ciego de nacimiento (Juan 9,6), el agua del bautismo (1 Pedro 3,21) es el elemento visible que Dios ha elegido para regenerarnos por medio del Espíritu Santo, Dios obraba por medio de los mandiles y pañuelos de Pablo también milagros (Hechos 19,12), y para que se curara Naamán el sirio se le requirió bañarse en las aguas del Jordán (2 Reyes 5,9), lo mismo Dios puede utilizar un pez o cualquier otro elemento visible.
Miguel: Me parece interesante lo que dices, lo tengo que reflexionar.
José: Lo importante es tener claro que no es cada persona individualmente quien decide qué libro forma parte de la Biblia conforme a sus concepciones personales [2]. Si eso fuera así, con las diversas interpretaciones de la Biblia que hay, cada quien tendría una Biblia distinta acomodada a sus gustos y propias interpretaciones.
El propio Lutero reconocía que había recibido las Escrituras de la Iglesia Católica pero terminó rechazando libros que todos los concilios realizados por los únicos cristianos que existían antes que él aprobaron, como si su opinión valiera más que la de ellos. A mí siempre me ha parecido curioso que la Biblia protestante terminara por tener 66 libros, y la nuestra 73.
Miguel: ¿Por qué curioso?
José: No lo tomes muy en serio porque puede ser una simple casualidad, pero en la Biblia los números suelen tener un significado simbólico. El número 7 por ejemplo simboliza la perfección, el 6 en cambio representa la imperfección (de hecho el número de la bestia es el 666).
Miguel: Si, pero no entiendo a dónde vas.
José: Pues que la Biblia protestante tiene 66 libros. SEIS - SEIS, recuerda que acabamos de decir que el 6 es el número de la imperfección. Si le sumamos los 7 deuterocanónicos (SIETE - número de la perfección) suman 73, los libros que tiene la Biblia Católica. Mientras no los tenga será una Biblia incompleta e imperfecta, una Biblia de SEIS - SEIS libros.
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NOTAS
[1] Martín Lutero en su comentario sobre el evangelio de San Juan reconoció: "Estamos obligados de admitir a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta"
[2] Es común que en el protestantismo se aleguen otras razones similares para rechazar los deuterocanónicos porque chocan frontalmente con en su teología. Por ejemplo, rechazan Tobías por enseñar que se puede obtener el perdón de los pecados por medio de la limosna "Dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosna gozarán de larga vida" (Tobías 12,9), aunque la epístola de Pedro dice esencialmente lo mismo: "Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados" (1 Pedro 4,8). El rechazo de los libros de los Macabeos (analizado en la conversación anterior) por su apoyo implícito a la doctrina del purgatorio es otro ejemplo.
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologética 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio que aborda las diferencias entre la Biblia que utilizamos los católicos y nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: En nuestra conversación mencionabas un texto del libro de los Macabeos para justificar la conveniencia de la oración por los difuntos. He investigado un poco y ya sé por qué no se encuentra en nuestras Biblias. Lo que sucede es que es un libro apócrifo que no pertenecía al canon judío del Antiguo Testamento y por ende, tampoco debe pertenecer a la Biblia.
José: Antes que nada una aclaración: nosotros no les llamamos apócrifos, porque así les llamamos a otros escritos que si quedaron fuera del Canon bíblico, les llamamos "deuterocanónicos" [1], por ser libros cuya canonicidad fue puesta en duda en diversas ocasiones, incluso mucho más que el resto de los libros sagrados que llamamos "protocanónicos". Pero dejemos a un lado la terminología para centrarnos en lo importante.
Miguel: De acuerdo. Llamémosles "deuterocanónicos" por esta ocasión para utilizar una terminología en común.
José: Gracias. Ahora bien, lo que sucede es que inclusive entre los judíos había un doble canon: el que se suele llamar el canon palestino, que seguían los judíos palestinenses y que solamente contaba con los libros protocanónicos [2], y el canon alejandrino, que seguían aquellos judíos que habían sido deportados y vivían en el extranjero [3]. Ellos utilizaban una traducción en la Biblia, que fue mandada a hacer por el emperador Tolomeo para la biblioteca de Alejandría, conocida como la Septuaginta [4]. Esta traducción de la Biblia llamada así porque fue hecha por aproximadamente 70 eruditos judíos, si contaba con todos los deuterocanónicos. Esta por cierto, era la Biblia que utilizaron Jesús y sus discípulos.
Miguel: ¿Cómo lo sabes?
José: Porque de unas 350 citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo, unas 300 concuerdan con el texto de los Setenta [5]. Es un hecho aceptado fue el texto utilizado por no solo por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, sino por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griega [6].
Miguel: Está bien, pero que los judíos y los cristianos hicieran uso de esa versión no quiere decir necesariamente que aceptaran la canonicidad de todos esos libros. Observa por ejemplo, que los judíos actualmente no los aceptan, e incluso en la antigüedad tenemos dos testimonios importantes de parte del judaísmo: 1) Flavio Josefo [7], el gran historiador judío, testifica que los libros que llamas deuterocanónicos no se hallaban en el canon judío, y Filón, el gran filósofo judío de Alejandría y la comunidad judía alejandrina de habla griega, que solía usar la versión de los Setenta, no los llegó a citar nunca.
José: No te niego que los judíos finalmente terminaron por rechazar los libros deuterocanónicos, y ya llegaremos a analizar las causas de eso. Respecto a Josefo no hay que perder de vista el hecho de que él escribe en un momento histórico donde este rechazo comenzaba a verse más marcado y que se hizo definitivo a finales del siglo I, comienzos del II. Ahora bien, en cuanto a Filón de Alejandría, si bien es cierto que no cita los deuterocanónicos, también es cierto que tampoco cita algunos protocanónicos que si están en las Biblias protestantes. En las obras que han sobrevivido de Filón no se encuentran citas tampoco de Ruth, Cantar de los cantares, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel [8]. El que haya omitido citar de algún libro no demostraría que rechazara su canonicidad, simplemente que no consideró relevante comentar algo en sus textos.
Miguel: Pero si es un hecho que los judíos los terminaron rechazando, ¿no implica eso que deberían estar fuera del canon? Después de todo el propio apóstol Pablo reconoce que a los judíos "les fueron confiados los oráculos de Dios" (Romanos 3,2). Ellos en lo referente al Antiguo Testamento tenían la autoridad de decidir.
José: No creo que haya que sobredimensionar ese pasaje para hacerle decir algo que no dice. Los judíos, como el pueblo escogido por Dios, se les confió inicialmente la Revelación, pero luego fue confiada a la Iglesia, quien en última instancia podría discernir de manera autorizada y definitiva sobre el canon.
Miguel: Entiendo que la Iglesia Cristiana recibió la autoridad de parte de Dios luego de que los judíos no creyeran en el Mesías, pero en lo referente al Antiguo Testamento, que fue escrito antes de la era de la Iglesia, ellos si tenían la autoridad de decidir.
José: El problema es que estás dividiendo los libros de la Escritura en base a una división humana y organizativa. Antiguo Testamento y Nuevo Testamento son títulos que les damos para agrupar aquellos libros que fueron escritos antes y después de la venida de Cristo, pero todos y cada uno son parte de una misma Revelación progresiva. Respecto al discernimiento definitivo de que libros formarían parte del canon correspondía a la Iglesia por ser la portadora de las llaves del Reino de los cielos (Mateo 16,19). ¿O es que en alguna parte de la Biblia se menciona esta subdivisión y se dice cuando se terminaría de definir el canon? [9]
No podemos colocar la palabra del judaísmo, que en su mayoría terminó por rechazar al Mesías, sobre la del cristianismo en esto. Sobre todo porque se sabe que las principales razones por las cuales ellos terminaron de rechazar esos libros, es porque los apologistas cristianos los utilizaban para demostrarles que Jesús era el Mesías.
Miguel: ¿Que apologistas?
José: Está el testimonio de Justino Mártir, el más célebre apologeta del Siglo II, del cual se conserva un debate con un judío de la época, en el cuál le reclama a su oponente, Trifón, que los judíos habían rechazado la versión de los Setenta por esta causa [10]. La razón es bastante obvia porque hay unos textos tan claros respecto al Mesías en los deuterocanónicos que movían a muchos judíos a hacerse cristianos.
Miguel: ¿Recuerdas alguno de esos textos?
José: Mira el siguiente texto en el libro de la Sabiduría:
"TENDAMOS LAZOS AL JUSTO, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. Se gloría de tener el conocimiento de Dios y SE LLAMA A SÍ MISMO HIJO DEL SEÑOR. Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y SE UFANA DE TENER A DIOS POR PADRE. Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. PUES SI EL JUSTO ES HIJO DE DIOS, ÉL LE ASISTIRÁ y le librará de las manos de sus enemigos. Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. CONDENÉMOSLE A UNA MUERTE AFRENTOSA, PUES, SEGÚN ÉL, DIOS LE VISITARÁ" (Sabiduría 2,12-20)
La similitud con lo que le ocurriría a Jesús, el "justo" por excelencia es tan asombrosa que difícilmente puede ser tenida por coincidencia. Observa que allí se habla de un justo que se hace llamar a sí mismo "hijo de Dios", que era precisamente una de las razones por las cuales los judíos querían matarle: "Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios." (Juan 5,18). Planean además someterlo al ultraje y a una muerte afrentosa y burlarse de él precisamente como se burlaron de Jesús en la cruz: "Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: Soy Hijo de Dios" (Mateo 27,43; Marcos 15,32)
Miguel: Definitivamente el pasaje parece profetizar lo que le sucedería a Jesús.
José: Y lamentablemente no está en sus Biblias.
Miguel: Está bien, podemos estar de acuerdo en que el criterio de los judíos no puede ser colocado sobre el de la Iglesia Cristiana, pero también he podido averiguar que muchos padres de la Iglesia también rechazaron los libros que llamas deuterocanónicos, y cuando digo muchos, es que eran MUCHOS.
José: Como te decía al comienzo, los deuterocanónicos han estado sometidos en diversas ocasiones a dudas sobre su inspiración y canonicidad, cosa que también ha pasado en menor medida con los protocanónicos. Para ponerte un ejemplo: del Canon del Nuevo Testamento el catálogo más antiguo que ha sobrevivido es el Fragmento de Muratori, datado a finales del siglo II. Allí no son nombradas las epístolas a los Hebreos, Santiago y la 2 Pedro, pero hoy día todos, católicos y evangélicos las aceptamos como parte de la Biblia. Esto demuestra que incluso en una época así de tardía la cuestión del canon no estaba totalmente definida[11].
Si uno estudia la historia del Canon, verá que el acuerdo se fue produciendo paulatinamente, pero este ni siquiera era definido en base a opiniones particulares, sino a decisiones autorizadas en la Iglesia. Allí está el caso de dos ilustres padres de la Iglesia de la talla de San Jerónimo y San Agustín. El primero inicialmente rechazó los deuterocanónicos y el segundo en cambio los defendía. El rechazo inicial del primero cedió ante la solicitud del Papa que los incluyera en la Biblia que utilizó desde aquella época la Iglesia Católica: La Vúlgata latina.
Las primeras decisiones autorizadas del Canon se encuentran en dos documentos. Uno de ellos es el llamado Decretales de Gelasio, cuya parte esencial se atribuye hoy día a un Concilio convocado por el Papa Dámaso en el año 382 d.C. El otro es el canon del Papa Inocencio I, enviado en 405 d.C. a un obispo gálico como respuesta a una solicitud de información. Ambos documentos contienen a todos los deuterocanónicos, sin distinción alguna, y son idénticos al catálogo del Concilio de Trento.
Por eso, más que basarnos en opiniones particulares, que eran perfectamente respetables y comprensibles cuando el tema no estaba zanjado, en la Iglesia nos hemos acogido a decisiones autorizadas. Y no es casualidad que en absolutamente TODOS los Concilios que se han realizado en la Iglesia para definir el Canon (ya sea locales o ecuménicos) siempre se incluyó los deuterocanónicos, tal como sucedió en el Concilio de Hipona (año 393 d.C.) y los tres de Cartago (años 393,397 y 419 d.C.) hasta que fue definido formalmente de manera definitiva en el Concilio de Trento (año 1546 d.C.)
Y no podemos rechazar libros que estuvieron en la Biblia que tuvo la Iglesia durante 16 siglos[12] solo porque en pleno siglo XVI a Martín Lutero se le ocurrió rechazarlos. En su caso, al igual que los judíos, porque le incomodaba lo que decían estos libros, al contradecir su doctrina de la Salvación por la Sola Fe, las oraciones por los difuntos, el purgatorio, etc.
De hecho, aunque muchas personas no lo saben, Lutero intentó sin éxito excluir del Canon del Nuevo Testamento también cuatro libros: Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis[13].
Miguel: No lo sabía, pero no veo por qué razón habría de hacerlo.
José: Si tuviera que suponer, diría que porque en Hebreos se menciona la posibilidad de perder la salvación (Hebreos 2,3; 5,9), en Santiago se dice que el hombre se justifica por las obras y no por la fe solamente (Santiago 2,24), en Judas se dice que los que crean divisiones en la Iglesia son impíos que carecen del Espíritu Santo (Judas 1,18-19), y en Apocalipsis porque dice que todos serán juzgados de acuerdo a sus obras (Apocalipsis 20,13), todas enseñanzas incompatibles con su doctrina.
Miguel: Muy interesante la conversación, pero quedaron algunos puntos en el tintero que quisiera que conversáramos en una próxima ocasión.
José: Con mucho gusto.
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NOTAS
[1] Los libros "deuterocanónicos" fueron excluidos de las Biblias protestantes y son: Tobías, Judit, Ester, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, (también llamado "Sirac") y Baruc.
[2] Aunque se discute si incluso los judíos de palestina habían excluido definitivamente los deuterocanónicos.
[3] La Diáspora es un término utilizado para referirse a las poblaciones judías expulsadas de su tierra y dispersas a raíz de diversas guerras. El primer exilio ocurrió en el año 586 a. C., cuando el rey de los babilonios, Nabucodonosor II, conquistó el Reino de Judá, destruyendo el primer templo y trasladando a los líderes judíos a Babilonia. Setenta años más tarde, el rey persa Ciro II el Grande permitió a los judíos retornar a la Tierra de Israel tras haber conquistado a los babilonios, sin embargo no todos retornaron. El segundo exilio se produjo en el año 70 d. C. cuando el general romano Tito, futuro emperador, derrotó una revuelta judía y destruyó el segundo templo.
Un mayor número de judíos fue expulsado después de que fuera aplastada la rebelión de Bar Kojba en el año 135 d. C. Desde entonces los judíos se dispersaron por todo el Imperio romano y posteriormente por el mundo, encontrándose en casi todos los países.
[4] La traducción de la Septuaginta o versión de los Setenta se inició a finales del siglo III (año 280 a.C.) y culminó a finales del siglo II.
[5] Cf. R. Cornely, Introductio generalis: CSS (París 1894) n.31;
H. H. Swete-R. R. Ottley, An Introduction to the Old Testament in Greek (Cambridge 1914) 381-405.
[6] Norman Davidson; Early Christian Doctrines, Continuum; Londres, Inglaterra, 1958, p. 53
[7] Flavio Josefo fue un importante historiador judío fariseo nacido aproximadamente en el año 37 d.C. y fallecido en el 101 d.C. Hecho prisionero y trasladado a Roma, llegó a ser favorito de la familia imperial Flavia. En Roma escribió, en griego, sus obras más conocidas: La guerra de los judíos, Antigüedades judías y Contra Apión gracias a las cuales se cuenta hoy con importante información histórica de la época. Fue considerado como un traidor a la causa judía.
[8] Herbert Edward Ryle, D.D., Philo and the Holy Scripture, Londres: Macmillan and Co. 1895
[9] Jesús y los apóstoles normalmente se refieren al Antiguo Testamento como "La ley y los profetas", pero nunca indican que libros eran canónicos ni que había sido definitivamente definido en algún momento antes de la venida de Jesús.
[10] En su Diálogo con Trifón en el n° 71 escribe: "A quien no presto fe alguna es a vuestros maestros, que no admiten esté bien hecha la traducción de vuestros setenta ancianos que estuvieron con Ptolomeo…,y quiero además que sepáis que ellos han suprimido totalmente muchos pasajes de la versión de los Setenta ancianos que estuvieron con el rey Ptolomeo, por los que se demuestra que este mismo Jesús crucificado fue en términos expresos predicado como Dios y hombre…Como sé que los de vuestra raza los rechazan, no me detengo a discutirlos, sino que paso a las pruebas tomadas de los que todavía admitís" (Daniel Ruiz Bueno, Padres Apologetas Griegos, BAC, Madrid MCMXCVI, p. 431). También escribe en el n° 120: "No voy a discutir con vosotros sobre una frasecilla, al modo que tampoco he tenido empeño en fundar mi demostración de Jesucristo sobre Escrituras no reconocidas de vosotros, como los pasajes, que os cité, del profeta Jeremías, Esdras y de David, sino sobre las que hasta ahora reconocéis" (Ibid., p. 512)
[11] A pesar de que todos los libros de la Biblia fueron escritos antes de finalizar el siglo I, el discernimiento y definición del canon, fue lo que llevó tiempo.
[12] Las Biblias que utilizó la Iglesia Cristiana durante los primeros 16 siglos fueron la Septuaginta y al Vulgata Latina.
[13] Para Lutero, el Nuevo Testamento estaba constituido principalmente por el Evangelio de San Juan y por las cartas de San Pablo y San Pedro, en cambio, los tres evangelios sinópticos no le merecían mucho aprecio. En el prólogo de una de sus ediciones del Nuevo Testamento escribe: "Hay que distinguir entre libros y libros. Los mejores son el evangelio de S. Juan y las epístolas de S. Pablo, especialmente la de los Romanos, los Gálatas y los Efesios, y la 1ª epístola de S. Pedro, estos son los libros que te manifiestan a Cristo y te enseñan todo lo que necesitas para la salvación; aunque no conozcas ningún otro libro. La epístola de Santiago, delante de éstas, no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico"( Prólogo del Nuevo Testamento de 1546, Bibel VI, 10). Por otra parte, niega que la epístola de los Hebreos pertenezca a San Pablo; y de la epístola de San Judas, dice que es un extracto de la de San Pedro, y que, por lo tanto, es innecesaria. Respecto al Apocalipsis, expresará su rechazo, pues le disgusta que Cristo actúe como un severo Juez: "Yo no encuentro en este libro nada que sea apostólico ni profético" (Bibel VII, 404). En cuanto a los libros del Antiguo Testamento utilizó el mismo procedimiento de aceptarlos o rechazarlos, según coincidieran o no, con sus propias interpretaciones teológicas.
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologética 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio en donde reflexionamos sobre la autoridad de la Biblia y su relación con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Como de costumbre los argumentos los he recogido de conversaciones que he tenido de este tema a lo largo de los años. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: Todo lo conversado ha sido muy interesante, y aunque hasta ahora todo los temas que hemos tratado lo hemos abordado con la Biblia en mano, no entiendo por qué los católicos dan tanta importancia a la tradición ¿No es acaso la Biblia la PALABRA DE DIOS, la única verdadera norma de Fe?
Marlene: Si, yo tampoco entiendo por qué le dan tanta importancia, y con todo respeto, pienso que es una de las razones por las cuales se han ido apartando de la verdad.
José: ¿Podrías explicarte mejor?
Marlene: En la propia Biblia se atestigua el riesgo de que las tradiciones vayan tomando más importancia que la palabra de Dios al punto de desplazarlas. Ya Jesús advirtió a la clase sacerdotal de la época, los fariseos como esto les había ocurrido: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres." (Marcos 7,6-8). El apóstol Pablo también nos prevenía de esto: "Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo" (Colosenses 2,8). Si esto le pasó a la clase sacerdotal de la época ¿No crees que le pueda pasar a la Iglesia Católica hoy?
José: Si lees con cuidado esos textos verás que se refieren a tradiciones de origen humano que contradecían la Palabra de Dios, pero cuando nosotros hablamos de la Tradición nos referimos a aquella que proviene de Cristo y los apóstoles[1] de las que también se habla en la Biblia y se ordenan mantener: "Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido" (1 Corintios 11,2), "Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que viva desordenadamente y no según la tradición que de nosotros recibisteis" (2 Tesalonicenses 3,6) o "Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros de viva voz o por carta" (2 Tesalonicenses 2,15). ¿Recuerdan esos textos?
Miguel: La verdad no recuerdo haberlos leído en mi Biblia[2], pero ¿no se refieren precisamente a enseñanzas contenidas en ella? Después de todo, la enseñanza que recibieron de los apóstoles quedó escrita en la Biblia. San Pablo por ejemplo, atestigua haberles escrito siempre las mismas cosas: "Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor… Volver a escribiros las mismas cosas, a mí no me es molestia, y a vosotros os da seguridad." (Filipenses 3,1)
José: Observa que el último texto que te mencioné deja claro que no se refiere solo a lo que les dejó escrito, porque habla de mantener "las tradiciones que habéis aprendido de nosotros DE VIVA VOZ o POR CARTA." (2 Tesalonicenses 2,15). Si San Pablo hubiese querido dar a entender que solamente había que mantener las tradiciones que quedarían escritas en la Biblia no pidiera mantener aquellas que se transmitieron de forma oral o "de viva voz". El texto que citas puede utilizarse para probar que San Pablo era insistente con las iglesias a las que escribía en algunos puntos, pero no que en sus cartas fuera a dar una completa explicación de todas las verdades reveladas[3]. De hecho, muchas cosas él da por hecho que los cristianos ya las conocen y no les deja una explicación escrita detallada.
Marlene: Pero un mensaje al pasar de boca en boca es vulnerable a que se le deforme, porque cada persona puede agregarle o quitarle algo como podemos observar en la vida diaria, en cambio lo que queda escrito nadie puede alterarlo y permanece intacto. Las tradiciones pueden ser tergiversadas e ir cambiando a lo largo de la historia, lo que no sucede con la Biblia que es Palabra de Dios, recuerda las palabras de Jesús: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." (Mateo 24,35; Marcos 13,31; Lucas 21,33).
José: La Tradición como la Escritura son formas de transmisión de un mismo mensaje que parte de una misma fuente: la Revelación divina. No creemos que la Tradición ha sobrevivido solo de manera oral, fue transmitida de esa manera en un primer momento[4], pero luego ha quedado atestiguada en los escritos de los primeros cristianos y padres de la Iglesia y en las decisiones de los Concilios.
Miguel: Si José, pero los padres de la Iglesia no siempre estaban de acuerdo en todo y se solían contradecir mutuamente. ¿Cómo encontrar entre tantas opiniones discordantes cual es la verdad?.
José: Porque para encontrar la interpretación correcta de la Revelación la Iglesia no acude a ellos individualmente sino a lo que llamamos consenso unánime de los padres[5]. Los Concilios por ejemplo, son un ejemplo perfecto para entender cómo los primeros cristianos llegaban a este consenso y es precisamente una de las maneras en que la Iglesia cristiana resolvía sus diferencias en algún problema doctrinal importante[6].
Miguel: Si, pero hoy que no tenemos los apóstoles vivos ¿no es más sensato simplemente quedarte con lo que enseña la Biblia? Después de todo el apóstol Pablo fue muy claro en advertirnos que "aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!ˮ (Gálatas 1,8)
José: La autoridad conferida por Jesús a sus apóstoles no murió con ellos, y de eso podemos hablar más adelante. Respecto al texto que mencionas, es precisamente para no apartarse del evangelio que originalmente fue anunciado que la iglesia se sirve de la Tradición, y para comprender su importancia hay que conocer la forma en que la Iglesia desde sus comienzos formuló la doctrina cristiana. Para ello se fundamentó en tres pilares que no pueden separarse entre sí: ESCRITURA, TRADICION, y MAGISTERIO. La Escritura y la Tradición son medios de transmisión de la Revelación que fungen como principio material de teología, y el Magisterio es la autoridad instituida por Jesucristo para interpretar auténticamente lo transmitido, y es para nosotros nuestro principio formal de teología.
Si solo tuviésemos un texto escrito, este pudiera ser interpretado de muchas maneras[7]. No es lo mismo leer un texto siglos después y ponerse a interpretarlo, que haber estado allá y tener a los apóstoles a la mano para explicarles todo a detalle. De esta manera la Tradición no solo ha permitido la transmisión del texto bíblico[8] sino la salvaguarda de su correcta interpretación. La intención de que esto fuera así queda clara en los textos paulinos: "y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros" (2 Timoteo 2,2). Así, si alguien incluso dentro de la propia Iglesia se apartaba en alguna doctrina importante para la Fe gracias a la Tradición se podía detectar que ese no era el sentido original del mensaje.
Por otro lado, no es bíblico el modelo donde el creyente define por sí mismo cada doctrina en base a su interpretación subjetiva de la Biblia. Recuerda que San Pedro nos advertía: "Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios" (2 Pedro 1,21)
Miguel: Pero José, la Biblia tampoco habla de ningún "magisterio".
José: Cuando hablamos de Magisterio estamos hablando del oficio que fue encargado a los apóstoles y sus sucesores (los obispos) de enseñar de manera autorizada. El término "Magisterio" proviene del latín magisterium, y designa la cualidad del magister, «el que enseña, el maestro», y sabemos que el enseñar fue uno de los oficios instituidos por Jesucristo en la Iglesia: "El mismo dió a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo" (Efesios 4,11-12).
Este oficio lo desempeñaron los apóstoles y posteriormente sus sucesores[9], y tenían bien claro que tenían la autoridad de parte de Cristo para ejercerlo "que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios." (1 Corintios 4,1), "Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con cariño de sus hijos" (1 Tesalonicenses 2,7)
Marlene: Pero de ser así, ¿Para qué Dios nos da el Espíritu Santo sino para interpretar la Biblia por nosotros mismos?. El apóstol Santiago nos dice que "Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará" (Santiago 1,5). Y hay muchos textos como estos: "El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14,26), "la unción que de El habéis recibido permanece en vosotros y NO NECESITÁIS QUE NADIE OS ENSEÑE. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas - y es verdadera y no mentirosa" (1 Juan 2,27)
José: No he querido decir que no podamos interpretar la Biblia nosotros mismos con la ayuda del Espíritu Santo, eso es bueno y saludable, pero lo que no tenemos es un derecho absoluto a juicio privado en aquellos puntos en donde la Iglesia ejerciendo su Magisterio ha tomado una decisión definitiva.
Un ejemplo de este ejercicio se vio en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15), en donde se resolvió el primer conflicto de peso en la Iglesia primitiva. Por un lado estaban los de tendencia judaizante que creían que los cristianos debían ser circuncidados (Génesis 17,9-12), por el otro estaban los apóstoles y presbíteros que determinaron asistidos por el Espíritu Santo que ya no era necesario[10].
Respecto a 1 Juan 2,27 si leemos el texto en su contexto vemos que el apóstol no pretende decir que la Iglesia no necesita maestros, un oficio que como hemos visto fue instituido por voluntad de Dios (Efesios 4,11-12) y estuvo presente siempre en la Iglesia primitiva, pues los cristianos "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hechos 2,42). Allí se habla específicamente de apóstatas que negaban que Jesús era el Mesías (1 Juan 2,18-26) y que no tenían nada que enseñar a los creyentes.
Miguel: Me parece muy interesante nuestra conversación, pero quizá luego podríamos hablar más sobre esas tradiciones que provienen de la Iglesia primitiva.
José: Con gusto.
NOTAS
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[1] El Catecismo de la Iglesia Católica distingue entre lo que se denomina Tradición Apostólica de las "tradiciones" particulares nacidas en el transcurso del tiempo: "La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Es preciso distinguir de ella las "tradiciones" teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia" (CEC 83).
[2] La razón por la cual muchos evangélicos y protestantes en general no recuerdan estos textos donde se manda mantener la tradición, es porque muchas traducciones protestantes (como la Reina-Valera en sus distintas versiones) sustituyen la palabra παράδοσις (parádosis) que significa literalmente tradición por sinónimos como "instrucciones", "doctrinas", etc., y lo hacen justamente en aquellos textos donde se hace referencia a tradiciones apostólicas que hay que mantener. El resultado es que los lectores cada vez que encuentran la palabra "tradición" en sus Biblias, solo la encuentran asociada a tradiciones humanas. Sin embargo no todas las traducciones protestantes tiene el mismo problema, una de más respetadas por los evangélicos de habla inglesa es la versión del King James, y esta si traduce correctamente todos esos pasajes.
[3] El que San Pablo diga que escribía siempre las mismas cosas, no significa que escribiera sobre todas las cosas. Si fuera así en sus cartas tendríamos repetidas también las enseñanzas de los evangelios (sermón del monte, el padre nuestro, etc. etc. y no es así).
[4] El Obispo San Ireneo (discípulo de San Policarpo, a su vez discípulo del apóstol San Juan) en el siglo II atestigua como incluso en algunas regiones el evangelio se difundió solo de manera oral:
"Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los Apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los Apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias?
Muchos pueblos bárbaros dan su asentimiento a esta ordenación, y creen en Cristo, sin papel ni tinta en su corazón tienen escrita la salvación por el Espíritu Santo, los cuales con cuidado guardan la vieja Tradición"
(San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses III, 4, 1-2)
[5] El Consenso Unánime de los Padres (unanimis consensum Patrum) se refiere a la enseñanza unánime de los Padres de la Iglesia en ciertas doctrinas como reveladas por Dios e interpretaciones de la Escritura como recibida por la Iglesia universal. Los Padres no son infalibles individualmente, y la discrepancia de algunos testimonios patrísticos no daña el testimonio patrístico colectivo. La palabra "unánime" se deriva de dos palabras latinas: unus, uno + animus, mente. "Consenso" en Latín significa consentimiento, acuerdo y armonía; compartir la misma idea u opinión. Donde los Padres hablan en armonía, con una mente general –no necesariamente uno y cada uno estando de acuerdo en cada detalle, sino estándolo en consenso y consentimiento general- tenemos el "consenso unánime". Las enseñanzas de los Padres nos proveen de un auténtico testimonio de la tradición apostólica, tal como explica San Ireneo de Lyon en el siglo II en su obra contra las herejías:
"Como antes hemos dicho, la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una creatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad. Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los jefes de la Iglesia predica cosas diferentes de éstas -porque ningún discípulo está sobre su Maestro, ni el más débil en la palabra recorta la Tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye."
(San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, I, 10, 2)
[6] Los primeros cristianos reconocían la autoridad del Concilio Ecuménico, tal como atestigua San Agustín de Hipona:
"Todo lo que observamos por tradición, aunque no se halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles o de los concilios plenarios, cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia."
(San Agustín, Carta 54 (A Jenaro), 1-3
Obras completas de San Agustín, Tomo VIII, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1986, p. 338)
[7] Que es lo que ocurre precisamente entre las distintas denominaciones protestantes, que difieren entre sí en innumerables doctrinas, porque interpretan la Biblia de manera diversa.
[8] No hay que olvidar que inclusive el Canon de las Escrituras fue transmitido por la Tradición, ya que en la Biblia no aparece el listado de los libros canónicos.
[9] A esta sucesión ininterrumpida en el ministerio del apostolado, que pasó desde los apóstoles a los obispos hasta hoy, se denomina SUCESIÓN APOSTÓLICA.
[10] No se conoce en detalle el detalle de lo debatido en el Concilio de Jerusalén, pero los judaizantes pudieron haber recurrido a la Biblia y alegado que la circuncisión era una obra de la ley instituida "como pacto perpetuo de generación en generación" (Génesis 17,12; Levítico 12,3) y alegado que Jesús no vino a cambiar ni una tilde de la ley: "No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda." (Mateo 5,17-18). Aunque argumentos bíblicos podían haber sido utilizados en uno y otro sentido, la decisión del Concilio fue la reconocida como auténtica interpretación de la Revelación.
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologética 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio que parte de la conversación anterior sobre la Tradición y de allí se profundiza en el concepto de desarrollo de la doctrina cristiana. Como de costumbre los argumentos los he recogido de conversaciones que he tenido de este tema a lo largo de los años. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: Sabes José, ha pasado algún tiempo desde nuestra última conversación y junto con mi amiga Marlene hemos tenido oportunidad de analizar algunos de los puntos que platicamos. Incluso le hemos pedido opinión a nuestro pastor, y él nos ha hecho observaciones muy lúcidas respecto.
José: Me parece muy bien.
Miguel: Si no recuerdo mal, tu decías que es importante la tradición porque la Biblia ordena mantenerla.
José: Efectivamente, San Pablo que es quien ordenaba no dejarse esclavizar por tradiciones humanas según el mundo (Colosenses 2,8) es el que también escribió:
"Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y CONSERVÁIS LAS TRADICIONES tal como os las he transmitido" (1 Corintios 11,2)
"Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que viva desordenadamente y no según LA TRADICION QUE DE NOSOTROS RECIBISTEIS" (2 Tesalonicenses 3,6)
"Así pues, hermanos, manteneos firmes y CONSERVAD LAS TRADICIONES que habéis aprendido de nosotros DE VIVA VOZ o por carta" (2 Tesalonicenses 2,15)
Marlene: Pues fíjate lo que nos ha dicho el pastor. Si es así, mira que San Pablo ordena conservar las tradiciones TAL COMO LAS HA TRANSMITIDO (1 Corintios 11,2) ¿De dónde se saca la Iglesia Católica que la tradición que mantienen es la misma Tradición que recibieron de los apóstoles?
Miguel: De hecho, hemos empezado a leer algunos escritos cristianos de los más antiguos, a los que ustedes llaman "padres apostólicos" y no me vas a negar que hay una diferencia ENORME entre lo que creen los católicos hoy y lo que creían ellos[1].
Marlene: ¿Donde encuentras por ejemplo tú allí por ejemplo la Misa, el Papa, un confesionario donde la gente confiese sus pecados a un hombre, los dogmas de la virgen, y tantas otras doctrinas católicas que se encuentran en catecismos, encíclicas, bulas, etc.?
José: Con gusto podemos tratar cada tema por separado, pero antes necesito explicarles lo que nosotros entendemos por crecimiento o desarrollo de la doctrina cristiana.
Miguel: Adelante.
José: Todo el ámbito de la doctrina cristiana y católica puede distribuirse en cuatro grados, a saber: 1) dato revelado; 2) dogmas; 3) verdades infalibles; 4) conclusiones teológicas.
El primer grado abarca todas las verdades o proposiciones expresamente reveladas o inspiradas por Dios a los apóstoles y entregadas por ellos a la Iglesia, antes que la Iglesia o la razón humana hiciera sobre ellas labor o especulación alguna. Abarca, por lo tanto, dos géneros de proposiciones: todas las proposiciones de la Sagrada Escritura y todas las proposiciones de la Tradición divina tal como salieron de la boca de Jesús, los apóstoles o los escritores sagrados. Este primer grado es el punto de partida de los otros tres.
El segundo grado, llamado dogmas de fe, comprende las proposiciones definidas por la Iglesia como reveladas o de Fe divina.
El tercer grado, incluye todas las proposiciones definidas por la Iglesia de manera infalible, pero sin ser definidas como reveladas.
Al cuarto grado pertenecen todas las proposiciones que están necesariamente conexas con cualquiera de los tres grados anteriores, que es lo que comúnmente se entiende bajo el nombre de conclusiones teológicas y que se deducen de las anteriores. La gran parte de la doctrina que la Iglesia enseña al pueblo cristiano pertenece a este grado, y pueden pasar al tercero o al segundo si son producto de una declaración infalible o una definición dogmática[2].
Miguel: Si te entiendo bien, estás diciendo que gran parte de la doctrina católica ha surgido de conclusiones teológicas de lo que ustedes interpretan de la Escritura y la Tradición.
José: Por supuesto, pues no hay conclusión alguna verdaderamente teológica que no pueda ser definida por la Iglesia.
Recuerda que Jesús había anunciado a los apóstoles: "Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir." (Juan 16,12-13), corresponde a la Iglesia meditando sobre el Depósito de la Fe comprender gradualmente todo su contenido e ir explicitando la Revelación[3].
Es por esto que nosotros creemos que aunque ha habido un desarrollo en la doctrina cristiana, este es homogéneo y siempre en el mismo sentido y no una evolución transformista donde el dogma cambia de significado[4], de manera de que lo que era una verdad de fe en épocas pasadas no lo sea ya hoy.
Marlene: Entiendo lo que tratas de decir, pero tengo que volver sobre lo mismo: eso no es lo que ordenó San Pablo y repito el texto "Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones TAL COMO OS LAS HE TRANSMITIDO" (1 Corintios 11,2). Lo que tu sostienes parece realmente una excusa para justificar el cambio que ha habido en la doctrina católica, afirmando que ha "crecido" cuando más bien ha CAMBIADO a lo largo de la historia, a medida que la Iglesia Católica se fue paganizando por la influencia de otras culturas.
José: Ustedes, aunque quizá no conscientemente, no rechazan todo desarrollo de doctrina cristiana. Miguel, por ejemplo, es un firme defensor de la doctrina de la Santísima Trinidad, y él sostiene que es 100% bíblica. Sin embargo, la palabra "Trinidad" no aparece en la Biblia, ni vemos en ella una definición como la que aparece en el Credo Niceno-Constantinopolitano, y a pesar de esto ustedes no la rechazan[5].
Miguel: Por supuesto, pero aunque no use esas palabras en la Biblia dice en esencia lo mismo, vemos que hay un solo Dios, que tanto el Padre, como el Hijo, como el Espíritu Santo son también Dios.
José: No lo discuto, pero el hecho es tu individualmente has hecho lo mismo que la Iglesia hizo al sacar una conclusión teológica a partir del dato revelado y la has aceptado como Dogma de Fe. La diferencia es que la Iglesia, por su función de administradora de los misterios de Dios (1 Corintios 1,4) lo ha definido para ser creído por todo el pueblo cristiano, al mismo tiempo que la terminología se ha ido enriqueciendo para expresar mejor el misterio divino.
Marlene: No creo que Miguel crea en dogmas, así como yo tampoco lo hago, simplemente reconocemos una verdad tal como aparece en la Biblia que es la palabra de Dios viva y eficaz (Hebreos 4,12).
José: Un dogma no es más que la definición de manera explícita de una verdad de Fe. Por ejemplo, si tú crees y reconoces que Jesucristo es Dios, ya allí te adhieres a un dogma aunque no lo llames de esa manera. Lo que intento decir es que una verdad no es menos verdad solo porque no esté contenida de manera explícita en la Revelación Divina, y precisamente por eso he puesto el ejemplo de la doctrina de la Trinidad, porque es una verdad implícita que tanto ustedes como nosotros aceptamos.
Miguel: Si José, pero con todo respeto, creo que hay una diferencia bastante grande entre el ejemplo que pones de la Trinidad, que a todas luces está claro en la Biblia, y el resto de doctrinas católicas que no aparecen por ningún lado en ella.
José: Puede ser que para lo que para ustedes está bastante claro no lo esté para todos. Los testigos de Jehová, por ejemplo, no creen en la Trinidad y profesan una visión arriana[6] de la persona de Jesucristo. Tampoco lo hacen los unitarios, sabelianos, modalistas[7] y un sin número de herejías más. En nuestro caso ocurre lo mismo, y es allí donde yo les sugeriría tener la mente abierta a la posibilidad de que quizá en el resto de las doctrinas católicas también hay un legítimo desarrollo de doctrina cristiana.
En la Iglesia Católica tenemos un notorio caso de conversión desde el anglicanismo, John Henry Newman, quien posteriormente llegó a ser Cardenal. Él pensaba igual que ustedes y se dedicó durante aproximadamente 20 años, como estudiante y docente en la Universidad de Oxford, a estudiar los cambios en las doctrinas y prácticas de los cristianos a lo largo de los siglos. Durante muchos años aceptó la noción de que las doctrinas y prácticas católicas eran una corrupción del cristianismo primitivo, sin embargo terminó concluyendo que estos cambios tenían una explicación satisfactoria[8] para cuando terminó su Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana[9].
Miguel: Entiendo José, pero que él haya llegado a esas conclusiones, no significa que haya encontrado la verdad, y así como nosotros estamos abiertos a que realmente esos cambios tengas explicación, te sugiero estar también abierto a la posibilidad de que simplemente la Iglesia se fue corrompiendo al pasar el tiempo y fue incorporando doctrinas ajenas a la palabra de Dios que finalmente la terminaron desplazando. Y no sería la primera vez que ocurriera, recuerda que ya para tiempos de Jesús a la clase sacerdotal de la época le había sucedido.
José: Has tocado un tema muy interesante que podríamos conversar en una futura ocasión. ¿Pudo la Iglesia corromperse o es realmente indefectible como creemos los católicos?
Miguel: Con gusto José, hasta pronto.
NOTAS
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[1] Esta objeción muy válida. Tal como explica el P. Francisco Marín Sola O.P:
"Ante la vista de cualquiera que estudie sin prejuicios la historia de la Iglesia Católica y su doctrina, se destaca con evidencia dos hechos:
El primero es que la doctrina católica, aun en su parte estrictamente dogmática, ha crecido o se ha desarrollado, y en una escala grandísima, desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestros días. Para verlo no hay sino comparar sobre cualquier punto doctrinal los sencillos enunciados bíblicos con las complicadas definiciones de los últimos Concilios Ecuménicos, comparar el símbolo apostólico o primitivo con el símbolo llamado de Atanasio o con la profesión de fe de Pio IV; comparar cualquier documento de los Papas primitivos con el Syllabus, de Pio IV, o con la Encíclica Pascendi de Pio X, comparar cualquier catequesis de los Santos Padres con uno de los catecismos de nuestros días. La evidencia de tal hecho o crecimiento salta a la vista.
El segundo hecho patente, es que en ese crecimiento han tenido gran intervención o influencia las diversas filosofías o civilizaciones humanas, en especial la filosofía griega en la Edad Patrística y la filosofía escolástica en la Edad Media y Moderna. Esa influencia se advierte en los escritos de los Santos Padres, que desarrollaron la doctrina primitiva, en las disputas y disquisiciones conciliares que precedieron en la definición de cada dogma, y aun en las mismas fórmulas dogmáticas, la cual llevan la marca clara de las diversas épocas en que fueron definidas"
Francisco Marín Sola O.P. La Evolución Homogénea del Dogma Católico, BAC, Madrid 1952 p.137
[2] Ibid. p. 136
[3] El Catecismo de la Iglesia Católica enseña a este respecto:
"La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (DV 4). Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos." (CEC 66)
[4] La evolución transformista del dogma ha sido rechazada por la Iglesia como herética. El Papa Pio X ordenó al clero un juramento antimodernista en donde se pedía declarar:
"Rechazo de plano la herética ficción de la evolución de los dogmas, según la cual podrían estos pasar de un sentido a otro diferente, diverso del que primero había profesado la Iglesia"
(Denzinger-Schönmetzer 3541)
[5] El Credo Niceno-Constantinopolitano fue definido en los Concilios Ecuménicos de Nicea (325) y Constantinopla (año 381 ) y establece la siguiente profesión de fe para la Iglesia:
"Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén".
[6] El arrianismo fue una antigua herejía condenada en el Concilio de Nicea originada por Arrio, que negaba la divinidad de Cristo. Para él, Cristo era el primer ser creado, no consubstancial con el Padre.
[7] El sabelianismo acepta que tanto el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un mismo Dios, pero rechaza que sean Personas Divinas distintas de una misma naturaleza. Para ellos son distintas manifestaciones del mismo Dios.
[8] El Concilio Vaticano II explica a que se refiere el desarrollo de la doctrina cristiana de la siguiente manera:
"Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree.
Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.
Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16)."
Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, 8. Cf. Concilio Ecuménico
[9] Su Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana fue comenzado a escribir por Newman cuando todavía era anglicano. En otra de sus más importantes obras Apología Pro Vita Sua el Cadenal explica más profundamente su camino de conversión.
por Makf | 15 Mar, 2026 | Apologética 1
Autor: P. Flaviano Amatulli Valente
La experiencia del P. Amatulli y el Movimiento Eclesial Apóstoles de la Palabra.
Origen de una vocación
El mes de agosto de 1971 tomé contacto con algunos obispos de México para escoger una misión entre los indígenas. Por fin me decidí por San Felipe Usila, Oax., porque el mismo párroco, a conclusión de un largo conflicto con sus feligreses y el clero de la región, acababa de dejar la Iglesia Católica para fundar una propia de tipo pentecostal: «La Iglesia Independiente de Usila».
Estando así las cosas, era necesario aclarar de inmediato la diferencia entra la Iglesia Católica y las sectas. Y salió un folleto de unas 20-30 páginas con un millar de ejemplares, edición costeada completamente por el mismo arzobispo de Oaxaca, Mons. Ernesto Corripio Ahumada, que después fue promovido a la sede principal de México y nombrado Cardenal por el Papa Juan Pablo II.
Tratándose de una región muy aislada, con gente no acostumbrada a la tolerancia, el factor religioso actuó por algunos años como catalizador de toda la problemática local, enfrentando un grupo en contra del otro y causando verdaderos trastornos en toda la sociedad.
Por fin, con el pasar del tiempo las cosas fueron tomando su cauce normal, especialmente con la desintegración de la nueva Iglesia, que dio origen a una docena de grupúsculos con líderes e ideologías muy variadas y contrapuestas.
Aunque durante mi estancia entre los indígenas chinantecos (febrero de 1972 - octubre de 1976) mi preocupación principal fue la evangelización, evitando que el asunto de las sectas acaparara mi atención, de todos modos aquellas experiencias sirvieron para crear en mi una cierta sensibilidad acerca de la problemática sectaria, con sus secuelas de divisiones, sufrimientos y trastornos, a nivel personal, familiar y comunitario.
Movimiento Eclesial «Apóstoles de la Palabra»
Sin embargo, lo que me impulsó a orientar definitivamente mi atención hacia el fenómeno de las sectas, fue la constatación del enorme vacío que existe en nuestra pastoral con relación al proselitismo sectario, como pude ir comprobando poco a poco en los continuos contactos con los Apóstoles de la Palabra. Se trata de muchachos y muchachas, que da un servicio a la Iglesia durante un año como misioneros, dejándolo todo e integrándose al Movimiento «Apóstoles de la Palabra». Su finalidad es evangelizar mediante la Biblia, como se desprender del mismo nombre.
Pronto me di cuenta de la necesidad de enfrentar al mismo tiempo el problema de las sectas, puesto que en la reuniones que teníamos cada dos meses los jóvenes me preguntaban acerca del sábado, los animales puros e impuros, la virginidad de María, las imágenes... para dar una respuesta a los mormones, los testigos de Jehová, los pentecostales, etc., que trataban de confundirlos. Así que pronto decidí enfrentar con seriedad la problemática creada por la presencia de las sectas.
Empecé con algunos apuntes sobre los temas más urgentes, hasta que en mayo de 1983 salió el primer libro y el más importante de todos: «Diálogo con los Protestantes». Recuerdo que mi obispo, Mons. Guillermo Ranzahuer, al extender el imprimátur, me preguntó qué opinaba acerca de mi libro con relación a los demás, que ya empezaban a salir sobre el problema de a las sectas. «Mi libro es el mejor», fue mi respuesta inmediata, teniendo presente la amplitud del contenido y la sencillez del lenguaje. El obispo quedó muy asombrado por la conciencia clara que tenía acerca de lo que estaba haciendo.
Conferencia Episcopal Mexicana
Tres años después, envié una carta a todos los obispos de México, invitándolos a tomar en serie el problema de las sectas, organizando algo a nivel nacional y bajo su responsabilidad. Rápido se comunicó conmigo el obispo de Tampico Mons. Simansky, felicitándome de parte suya e invitándome a ponerme en contacto con el obispo de Cuernavaca, Mons. Posadas Ocampo, presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe.
Lo mismo hizo Mons. Rafael García, obispo de Tabasco, diciéndome que había platicado el asunto con Mons. Posadas y que este quería verme lo más pronto posible. Lo que hice de inmediato. Conclusión: en la Asamblea de noviembre de 1986 los obispos de México decidieron que se estableciera un departamento ad hoc (para eso) en la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y que un servidor quedara al frente.
Menciono estos detalles por lo siguiente:
- Antes que nada, se trata del único caso que conozco que a nivel de Conferencia Episcopal, la pastoral relacionada con el problema de las sectas cuenta con un organismo específico, mientras normalmente esta pastoral está abocada al organismo dedicado al ecumenismo, con todas las dificultades que este hecho lleva consigo, al quererse dar el mismo tratamiento al protestantismo histórico y las sectas, que se encuentran en actitudes muy diferentes: ecumenismo para el protestantismo histórico y proselitismo para las sectas, aunque en nuestro ambiente la diferencia no es siempre tan marcada.- En segundo lugar, porque este hecho enseña que también desde la base se pueden lograr ciertos cambios dentro de la Iglesia y que, por lo tanto, no hay que esperarlo todo desde arriba.
Rápida difusión
Tratándose de un problema real y no de algo inventado por una cabeza calenturienta, pronto la chispa prendió en casi todas las diócesis de México y en unas treinta diócesis de Estados Unidos con una considerable presencia de latinoamericanos, especialmente mexicanos, que son los católicos más atacados por las sectas. En 1991 se empezó a trabajar en Italia, en 1993 en Centro América y a fines de 1994 en Sudamérica. En breve pensamos llegar a todos los países de América y del Caribe.
La manera de proceder es la siguiente: primero llega un servidor para tomar contacto con la jerarquía local, imprimir algún folleto y preparar el terreno para la llegada de un equipo de México. Al llegar este, empieza la labor propiamente dicha, como se señala en el Plan Despertar (Véase el folleto: Apologética y Ecumenismo, dos caras de la misma medalla; pág. 27).
Reacciones
Por lo general, los obispos se manifiestan muy conscientes acerca de la problemática creada por la presencia de las sectas y abiertos para una acción específica al respecto, aunque en la práctica su apoyo se limita a dar la aprobación y sugerir ciertas iniciativas.
A nivel de presbíteros, son minorías los que piensan en la necesidad de una acción específica para hacer frente al problema de las sectas; la mayoría cree que basta una evangelización genérica para resolver el problema, trabajando como si las sectas no existieran.
Las religiosas normalmente se limitan a quejarse de la presencia de las sectas, pero muy pocas sienten la necesidad de prepararse y hacer algo para ayudar a resolver el problema, y casi siempre a nivel personal y no de institución.
En realidad, su preocupación primordial consiste en atender las obras que ya tienen a su cargo y que generalmente son de tipo asistencial o educativo. Las que se dedican a la catequesis de todos modos se sienten ya sobrecargadas de trabajo y no quieren más responsabilidad.
Los que de veras sienten en carne propia el problema y quieren hacer algo para resolverlo, son los laicos comprometidos y los seminaristas. Su mismo contacto con la gente con motivo de apostolado les exige más preparación al respecto. Por lo tanto, son los más abiertos para una capacitación específica acerca del fenómeno de las sectas. Existen seminarios en los cuales ya se implantaron cursos especiales sobre ecumenismo y sectas.
Es aquí donde existen las mejores esperanzas para el futuro: seminaristas, laicos comprometidos y el pueblo en general.
Economía
Es el punctum dolens (punto que duele) de todo el asunto. Nadie quiere invertir en esto. A nivel de jerarquía solamente el arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, presidente del CELAM, Mons. Oscar Andrés Rodríguez, de inmediato puso a disposición del Movimiento Eclesial «Apóstoles de la Palabra» una casa de la diócesis como base para trabajar en el asunto de las sectas. Los demás, puras bendiciones. Así que, hay dinero para templos, escuelas, clínicas, huérfanos... pero no hay nada para preparar gente, que se dedique a poner un dique contra el avance de las sectas.
Y sin embargo, seguimos adelante. ¿Dónde está el secreto del éxito? En el autofinanciamiento. Pocos gastos, limitados a los pasajes y la edición del material. Con la poca ganancia que se logra y las limosnas que recibimos por los servicios que se logra y las limosnas que recibimos por los servicios que prestamos a las comunidades, avanzamos a otro país para implantar el sistema. Para hospedaje, sustento y salud provee la gente con la que se está trabando. En el fondo, es suficiente un cuarto en una casa parroquial, un colegio o casa particular.
Donde es posible, se hace el esfuerzo por contar con una sede propia, especialmente donde se maneja bastante material. Fuera de México, tenemos una sede propia solamente en la Ciudad de Guatemala, conseguida por la cooperación de todos los Apóstoles de la Palabra del Movimiento, y en Tegucigalpa (Honduras), prestada por el arzobispo, como se ha dicho anteriormente.
Material didáctico
Ya contamos con algo en folletos, libros, cassettes, videocasetes, programas de radio, etc. Se trata de un material práctico y sencillo, fruto de la experiencia más que de grandes investigaciones. Hay que ir adaptándolo y aumentándolo, según los lugares y las necesidades.
Aparte, y donde es posible, aprovechamos todas las oportunidades que se nos brindan para entrevistas y programas de radio o televisión. A veces grabamos programas (un servidor con los Apóstoles de la Palabra del lugar), que después son pasados al aire. No faltan organizaciones (por ejemplo, Lumen 2000, Prosan, El Minuto de dios, Hombre Nuevo, etc.), que nos invitan a grabar programas que después reparten a distintas estaciones.
Por lo general, nuestras intervenciones en los medio de difusión masiva tienen buena acogida y alcanzan un alto índice de audiencia por el mismo interés que suscita el problema.
A veces los seguidores de las sectas intervienen en los programas con preguntas hechas en forma agresiva. Al escuchar la respuesta quedan cuestionados y pronto dejan de molestar.
Naturalmente, se trata de unas cuantas gotas de agua en un inmenso océano. ¿Qué será si algún día podremos contar con más apoyo en este sector y con más gente preparada en el tema de las sectas y en el uso de los medio de comunicación masiva? Sin duda, será otro cantar para las sectas, que actualmente dominan el campo de la comunicación masiva.
Convicción y constancia
Lo que estamos haciendo para enfrentar directamente el problema de las sectas, sin duda es muy poco con relación a las necesidades del pueblo católico, que se siente acosado por todas partes por su acción proselitista y demoledora. Sin embargo, estamos satisfechos por el camino que hemos recorrido en tan poco tiempo. Si al principio hubiera podido existir alguna duda acerca de la conveniencia o eficacia de una acción específica de parte de la Iglesia con relación al problema de las sectas, ahora la experiencia ha demostrado que nos encontramos en el camino correcto, por donde tenemos que seguir, pase lo que pase.
Así que, bien vengan las burlas y los sarcasmos acerca de nuestra labor («¿De qué secta son ustedes?»; «¿De qué secta nos van hablar hoy?», «¿Cuál es la secta mejor?», etc.). Sepan que nos tienen sin cuidado. Sabemos perfectamente lo que estamos haciendo y hacia donde vamos.
Nos gusta soñar, pero con los pies bien puestos sobre la tierra. Día tras día, un paso tras otro, lograremos crear conciencia, despertar interés e inventar nuevos métodos para enfrentar al coloso que avanza siempre más y pretende arrasar con todo. Será la hazaña de David contra Goliat. En eso estamos y nadie nos va a detener. No hemos nacido hoy. Ya tenemos recorrido un buen trecho. Así que, sabemos lo que pretendemos y lo vamos a lograr.
Ni con las sectas, ni contra las sectas
A veces me preguntan: “Usted, ¿trabaja con las sectas o en contra de las sectas?” Respuesta: “Ni con las sectas ni en contra de las sectas”.
En realidad, lo que pretendo es ayudar al católico a tener ideas claras acerca de su identidad (miembro de la Iglesia fundada por Cristo) y a no dejarse confundir por las mañas y artimañas de las sectas (animales puros e impuros, inminente fin del mundo, milagros a cada rato, etc.).
Con esta conciencia clara acerca de su identidad y la preparación necesaria para descubrir los engaños de las sectas, el católico no se deje perturbar por su acción proselitista; al contrario siente celo por ayudar a otros hermanos a permanecer firmes en la fe auténtica que nos viene desde Cristo y los apóstoles.
Si no se aclara todo esto por un malentendido ecumenismo, entonces se deja al católico en la incertidumbre y la duda, fácil presa de cualquier ideología religiosa, que no tiene nada que ver con el evangelio auténtico.
¡Lástima que «no todos entienden esto» y muchos católicos “ingenuos” se vuelven en «quintas columnas» al interior de la misma Iglesia en favor de las sectas!
No estamos solos
Con eso no queremos decir que somos los únicos en trabajar en el campo de las sectas. De hecho, por todos lados están surgiendo múltiples iniciativas al respecto. Lo que nos distingue es contar con toda una organización ad hoc (para eso), con personal capacitado, métodos propios y metas bien precisas. No se trata solamente de lanzar una que otra iniciativa y a ver qué pasa.
De todos modos, bienvenidos sean todos los que quieran trabajar en esta línea. Ojalá que algún día podamos lograr algún tipo de encuentro entre todos para intercambiar experiencias y afinar objetivos. Por desgracia, los múltiples intentos hechos en el pasado han naufragado miseramente. Que por fin podamos concretar algo al respecto.
Centros de investigación y documentación
Por el momento, veo que se hace extremadamente urgente ir organizando por todos lados centros de investigación y documentación acerca del fenómeno de las sectas; y más en general, acerca del fenómeno de la religiosidad alternativa, para ayudar a las comunidades católicas y especialmente a los agentes de pastoral a ser más sensibles frente a este «signo de los tiempos».
Hoy en día, ya no basta hablar de ecumenismo. El fenómeno del pluralismo religioso y cultural se está haciendo siempre más un hecho universal e irreversible, que poco a poco va a alcanzar a todos los grupos humanos en todas las latitudes. Por lo tanto, es una utopía antihistórica seguir soñando en una sociedad completamente católica con símbolos, valores e ideales aceptados por todos.
Los discípulos de Cristo poco a poco tenemos que ir acostumbrándonos a vivir nuestra fe en una situación de diáspora, siempre alerta para no dejarnos seducir por los encantos de las sirenas en turno y siempre dispuestos a compartir los valores auténticos, vengan de donde vengan.
En esta perspectiva se ve indispensable el surgimiento en la Iglesia de un ministerio nuevo, que se aboque al fenómeno de la religiosidad alternativa con miras, entre otras cosas, a una consejería espiritual oportuna, que ayude a superar las inevitables crisis de una sociedad cultural y religiosamente pluralista.
Así que, cuando hablamos de apologética, nos estamos refiriendo a una actividad mucho más amplia, compleja, necesaria y urgente de lo que nos podemos imaginar.