22. La misa explicada por San Pío de Pietrelcina

Autor: María Mensajera | Fuente: Adoraciòn Nocturna Española en Santander  

Testimonio del P. Derobert, hijo espiritual del Padre Pío.

El Padre Derobert, hijo espiritual del Padre Pío, explica el sentido que tenía la Misa para el Santo de Pietrelcina: “El me había explicado poco antes de mi ordenación sacerdotal que celebrando la misa había que poner el paralelo su cronología y la cronología de la Pasión de Cristo.

Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el altar es Jesucristo. Y desde ese momento Jesús en su sacerdote revive indefinidamente su Pasión”.

Y este es el itinerario de la cronología y orden en paralelo de la Misa y de la Pasión:

1.- Desde la señal de la Cruz hasta el Ofertorio: Es el tiempo de encuentro con Jesús en Getsemaní, sufriendo con Él ante la marea negra del pecado. Unirse a Él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que Él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica hay que escuchar las lecturas de la Misa que están dirigidas personalmente a mí y a nosotros.

2.- El Ofertorio: Evoca el arresto de Jesús. La Hora ha llegado…

3.- El Prefacio: Es el canto de alabanza, entrega y agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar a esta Hora.

4.- Desde el comienzo de la plegaria eucarística hasta la consagración: Empezamos encontrándonos con Jesús en prisión para después hacer memoria y celebración de su atroz flagelación y coronación de espinas. Seguimos con su Vía Crucis, el camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén –imagen de todo el mundo y de toda la humanidad-, teniendo presentes en el “memento” a los que están allí, en la Misa, y a todos.

5.- La consagración: Se nos da el cuerpo de Cristo, entregado de nuevo ahora. Es místicamente la crucifixión del Señor, y por eso el Padre Pío sufría atrozmente en este momento de la Misa, durante la consagración.

6.- Las plegarias inmediatamente posteriores a la consagración: Nos unimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante al Padre el sacrificio redentor. Es el sentido de la oración litúrgica inmediatamente después de la consagración.

7.- La doxología final, “Por Cristo, con Él y en Él…”: Corresponde al grito de Jesús “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu…”. Desde este momento, el sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombres desde ahora ya no están separados de Dios, se vuelven a encontrar unidos. Y esa la razón por la que a continuación de la doxología se reza el Padre Nuestro.

8.- La fracción del Pan: Marca la muerte de Jesucristo.

9.- La intinción y posterior comunión: La intinción es el momento en que el sacerdote, habiendo quebrado la sagrada hostia, símbolo de la muerte, deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el cáliz de su preciosa sangre. Marca el momento de la resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y a Cristo crucificado y resucitado a quien vamos a recibir en la comunión.

10.- La bendición final de la Misa: Con ella el sacerdote marca a los fieles con la cruz de Cristo como signo distintivo y, a su vez, escudo protector contra las astucias del Maligno. Es también signo de envío y de misión como Jesucristo, tras su Pasión y ya resucitado, envío a sus apóstoles a hacer discípulos de todos los pueblos.

21. 2012 y el fin del mundo

Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic.net

¿Cuándo será el fin del mundo?

Entrevista al P. José Antonio Caballero, profesor de Sagrada Escritura en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma) sobre el fin del mundo, el calendario maya y el año 2012.

-Usted ha escrito una tesis doctoral sobre el Apocalipsis de san Juan y es profesor de temas de Sagrada Escritura. ¿Cómo es que de la Biblia ha pasado a interesarse por la cultura maya?

-No he sido yo el que he pasado del interés en la Escritura a los mayas. Han sido determinados ambientes culturales y aun el mismo Hollywood quienes lo han hecho; este paso no es sino confusión de lo que es “apocalíptico” con el fin del mundo.

Podemos decir que en el fondo se trata de cierto ambiente cultural con visos de seriedad científica, arqueológica y astronómica. Me explico, en el habla normal se tiende a denominar apocalíptico todo lo relacionado con catástrofes o cataclismos.

Por ejemplo, en la película “2012” un curioso personaje llamado Charlie Frost, sugiere la construcción de astronaves para escapar del peligro de un inminente “arrebato”, “apocalipsis o fin de los tiempos”, que no sería para él sino algo vaticinado por la Biblia y por los mayas.

Ante esta confusión, que por lo que veo, es también difusión, recibí la invitación de impartir una conferencia –a la que han seguido varias– sobre el Apocalipsis de Juan y de paso contestar a ciertos interrogantes que han estado circulando desde hace tiempo. También me he percatado de que cunde mucho temor entre varias personas.

Al respecto, conviene tener en cuenta que el Apocalipsis no se compuso para instar al miedo, sino a la confianza en Dios. Donde hay temor no está Dios. El mensaje de Cristo resucitado es “la paz esté con vosotros” y la paz es lo más cercano que hay a la felicidad: de hecho en Jn 20,19-20, los apóstoles pasan del temor a la alegría al ver al Señor resucitado en medio de ellos.

-¿Desde hace cuánto tiempo pervive este ambiente cultural?

-Ya con el acercarse del año 2000 volvió a cundir esta psicosis sobre la inminencia del fin del mundo. Como en el año 2000 no se tuvo ningún fin, dado que la cuenta larga del calendario maya concluye en el solsticio de invierno de 2012, para algunos se ha tratado de una advertencia sobre todo un cúmulo de catástrofes que ocurrirían a partir del año 2012, a lo que suman algunos argumentos con base en el “calentamiento global”.

Sin embargo, el calendario maya concluye en 2012 no para significar el fin del mundo, sino porque ya no pudieron ir elaborando más su calendario, dada la llegada de los españoles. Para el maya el tiempo es cíclico, no linear. La idea de un inicio y un final de los tiempos es del todo ajena a la mentalidad maya.

-Entonces, ¿el fin del mundo no será en 2012?

-Solamente lo sabe Dios, y Él no quiere que estemos obsesionados por ese tema. A lo largo de la historia de los hombres, después de Cristo, muchos han pretendido predecir la inminencia del final de los tiempos, pero basta leer la segunda carta a los Tesalonicenses para darse cuenta de que no se trata sino de un escollo del que no siempre nos hemos sabido librar.

Así Pablo dice: “no os turbéis de ligero, ni no os alarméis ni por espíritu, ni por discurso, ni por epístola, como si fuera nuestra, como si el día del Señor fuera inminente. Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía, ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición” (cf. 2Cor 22,-3).

Muchos han olvidado el “nadie os engañe de Pablo” y han conservado sólo la manifestación del hombre de la iniquidad”. Por otro lado, en Mt 24,36 Jesús dice claramente: “de aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángel del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”.

-¿Puede citar más personajes que hayan intentado vaticinar el fin del mundo?

-Massimo Introvigne, famoso estudioso italiano de las religiones, en una de sus obras afirma con acierto que pocas enseñanzas de Cristo se han revelado de tan difícil aplicación como el pasaje de Mt 24,36 (M. Introvigne, “Le nuove religión”, Milano 1989, 109).

Él inicia así el estudio de la corriente adventista en la que han influido ciertas interpretaciones rabínicas, y talmúdicas medievales, que a su vez se esforzaban por calcular la fecha de la venida del “verdadero mesías”, esperado por grupos judíos milenaristas de los años 968, 1352, 1358, etcétera.

Sin embargo, ya para el siglo II d.C., a pesar de las advertencias de Pablo en 2Tesalonicenses, Montano se hacía pasar por el Espíritu Santo y afirmaba que la segunda venida sería inminente en el llano de Pepuza (lo que hoy es Turquía), sin que nada ocurriera.

Introvigne, sin embargo, observa que las premisas del adventismo moderno se remontan a las especulaciones en torno a la Revolución francesa que para muchos estuvieron cargadas de profundo significado profético. Como el Papa Pío VI fue puesto en prisión por los soldados franceses (el 15 de febrero de 1798), muchos veían en ello el final del pontificado romano, aplicando erróneamente al Papa la expresión de “hijo de la perdición”.

Así es como se llega a la figura de William Miller quien en al menos tres ocasiones pretendió basarse en la cifra de los mil 260 días/años de Ap 11,3 para predecir la fecha del fin del mundo sin que tampoco ocurriera nada. Luego fue el turno de otros personajes propios de los testigos de Jehová: Charles T. Russell y J. Rutherford; adujeron por escrito fechas para el final de los tiempos como 1914, 1925, sin que tuviera lugar la “parusía” de Cristo.

Ante la decepción de la llegada del Mesías, añadieron que Cristo habría diferido su segunda venida por motivos misteriosos. Finalmente, sus seguidores hicieron correr la voz de que la fecha indicada sería para el año 1975, pero el fracaso de la predicción fue claro.

-¿La Biblia habla entonces del fin del mundo sí o no?

-La Biblia habla del fin del mundo, claro está, pero nunca ha dicho cuándo será. Más aún es propio del pensamiento judeocristiano, el considerar que Dios crea las cosas con su palabra (Génesis 1-2; Isaías 40,26), de la nada (2Macabeos 7,28), que todo es bueno y tiene un inicio en Él, y que todo, su vez, tiene un fin en Él (Apocalipsis 21 y 22). Nadie puede saber más que Cristo, quien a las claras afirmó que no lo sabía. ¿Hemos de suponer que hay gente que sabe más que Él?

-¿Este modo de pensar aportando fechas para el fin del mundo es correcto según las enseñanzas de la Iglesia Católica?

-Se trata de una herejía denominada “milenarismo”; que se podría definir como especulación sobre la fecha precisa sobre el final de los tiempos, que tendría lugar al cabo de un periodo de paz y prosperidad (que duraría mil años), con base en algunos pasajes de la Escritura, interpretados de modo literal o fundamentalista y no en su sentido simbólico. Tales textos han sido Daniel 4,1-34; 7,25; 8,14; 12,7.11-12, y Apocalipsis 11,2-3; 20,1-10.

20. Puntos comunes para la reflexión teológica

Autor: Oscar Gerometta | Fuente: Cristiandad.org   

Introducción en las pautas esenciales de análisis y comprensión del problema sectario.

Informar y orientar a nuestras comunidades, en base a un lúcido discernimiento, acerca de las formas religiosas o para-religiosas … y las distorsiones que encierran para la vivencia de la fe cristiana
Documento de Puebla n. 1669

Hablar generalizando es una tentación permanente, sobre todo en un fenómeno como el que nos ocupa, las generalizaciones están al orden del día. Cuando nos ocupamos de las "sectas" una de las grandes tentaciones es hacer también una caracterización global de un fenómeno que es singularmente amplio, diverso y no de fácil comprensión.

La diversidad de origen histórico de los distintos grupos, la variedad de sus fuentes doctrinales y rituales, junto con la enorme variabilidad doctrinal que engendra todo sincretismo, hacen utópico todo intento de dar una visión unificada del fenómeno sectario.

Por esto mismo no es posible caracterizar sencillamente a las sectas, de un modo tal que todas puedan considerarse abarcadas por esas características. Esta dificultad la apuntamos y experimentamos al intentar elaborar una clasificación suficientemente abarcativa y clarificadora.

Pero por otro lado, no podemos ignorar que el fenómeno en su conjunto responde a una problemática cultural que sí es única, y por lo tanto, a partir del hecho de que la diversidad religiosa es síntoma de un mal social único, podemos referir algunos puntos comunes no a cada grupo en particular, sino al hecho social y religioso en su conjunto. Son esos puntos los que queremos ahora detenernos a enunciar brevemente, a modo de un borrador que sirva para una mayor profundización de la situación.

Un denominador común: el subjetivismo religioso
Un hecho sociológico transportado a la religión: el individualismo
Un fenómeno en expansión: la lectura heterodoxa de los textos sagrados
La lectura fundamentalista
La lectura ocultista

Al realizar nuestro recorrido histórico del desarrollo del fenómeno y repasar los acontecimientos que jalonaron el surgimiento de las iglesias protestantes alrededor del movimiento reformista del siglo XVI, hemos destacado el hecho de que la introducción del principio de "Libre Interpretación" de las Escrituras significó la introducción en la estructura eclesiológica de Occidente del subjetivismo religioso.

Según define el diccionario, el subjetivismo en materia filosófica es el punto de vista "según el cual lo decisivo para el valor del conocimiento no es el objeto, sino la constitución del sujeto…".

Trasladado al ámbito religioso, cuando hablamos de "subjetivismo religioso" nos referimos al fenómeno moderno que ha implicado que la búsqueda religiosa del hombre contemporáneo se haya desplazado de una búsqueda de comunión objetiva con la Trascendencia a la mera búsqueda de la experiencia íntima y personal de "lo divino".

Como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, "el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios". Esta búsqueda o deseo de Dios es lo que los hombres han expresado a lo largo de la historia bajo la forma de diferentes creencias y comportamientos rituales.

Esta búsqueda es la búsqueda de la comunión con la Trascendencia en la que anhelamos encontrar la cura para la angustia de nuestro ensimismamiento. Es la búsqueda de la unión con el Todopoderoso que nos permite trascender los límites de nuestra condición limitada. Es bucear en la realidad en busca de un Otro, de un Distinto del hombre que pueda dar respuesta a las angustias que brotan de su propia experiencia de contingencia.

Por esto a lo divino, lo misterioso, lo trascendente, se lo ha definido como lo "totalmente otro", en definitiva, como lo máximamente objetivo. De aquí que la experiencia básica del hombre religioso es la de lo divino como algo total y absolutamente distinto del hombre, como un Otro objetivo que se le impone: a la contingencia de la profanidad de lo humano se contrapone la absoluta necesidad de lo sagrado, como absoluta y totalmente distinto del hombre, y por lo tanto, como esperanza de solución para el dilema de la contingencia.

Este era, desde el principio de los tiempos y hasta el nacimiento de la modernidad, el denominador común de toda experiencia religiosa: lo divino como una realidad que se impone al hombre y que desde su objetividad es aceptada o rechazada por el individuo, siendo su aceptación el punto de partida para el desarrollo del hecho religioso de comunión con lo divino, y de allí para la experiencia subjetiva de comunión con la divinidad.

Esta misma es la objetividad de lo Cristiano: Jesús, el Cristo, es propuesto por su Iglesia a todos los hombres como Camino, Verdad y Vida, como única respuesta valedera a ese deseo de Dios inscrito por Él mismo en el corazón de todo hombre, un corazón humano que debe enfrentar, desde la intimidad de su respuesta libre, el desafío que el llamado evangélico supone.

En esta decisión libre, a la que llamamos "conversión", se funda la verdadera comunión con lo Divino:"Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo". A esa experiencia íntima y personal de Comunión, fruto de una conversión objetiva al Dios Trino que se descubre como totalmente Otro, es a la que llamamos "experiencia religiosa".

Esta experiencia religiosa es el eco subjetivo y personal de la realidad objetiva de la conversión. El "sentimiento" religioso es estable y profundo, cuando es consecuencia de el encuentro personal con Dios. De este modo, el objeto primero de la búsqueda religiosa es el encuentro objetivo con la Divinidad.

La modernidad en cambio, ha desplazado la objetividad de esta experiencia al plano de lo puramente fenomenológico y por ende subjetivo; convirtiendo en meta de la conversión no el encuentro con Cristo, sino la experiencia de "sentirse" salvado.

Ya no importa encontrar la respuesta a las expectativas más profundas del hombre en la objetividad del Dios que se manifiesta como respuesta verdadera a esos interrogantes, sino que la preocupación está puesta en alcanzar un sentimiento de redimido, sin importar en el fondo si tal sentimiento está fundado en la realidad objetiva e inconmovible de la Gracia o no.

De este modo se deja de lado toda referencia al ámbito de lo real para sumergirse en el lenguaje de lo experiencial y subjetivo. La preocupación no es ya conocer a Dios, sino solamente "sentirlo" y "sentirse" conocido y amado por Dios.

Este camino frustra esa expectativa de trascendencia que está encerrada en el corazón de todo hombre. La frustra, ante todo porque deja al hombre librado a su propia limitación y contingencia, limitación que por experiencia conoce como insalvable, y a la que se despoja de la esperanza que asegura la trascendencia y permanencia de lo divino.

Pero la frustra también, porque encierra al hombre en su soledad, aislándolo de la necesaria referencia a la experiencia objetiva comunitaria de salvación que funda al verdadero Pueblo de Dios: la comunión sólo puede fundarse en la experiencia común, y esto requiere un objeto común.

De este modo, el mismo sujeto que experimenta la omnipotencia de "sentirse salvado", sufre paralelamente la angustia de sentirse sumergido en la noche solitaria y triste del individualismo. Debe ahora buscar la experiencia de "sentirse" miembro de una comunidad. Pero el Pueblo de Dios es la comunidad de los que han sido salvados por Cristo, no de aquellos que se "sienten" salvados por Él.

Un hecho sociológico transportado a la religión: el individualismo

El subjetivismo inhabilita al hombre para la comunión, por eso está inevitablemente unido a otro fenómeno de la transición de este milenio: el individualismo.

En el ámbito sociológico este avance del individualismo se ha plasmado es una serie de estructuras sociales que, aún cuando se sigue definiendo a la familia como la célula de la sociedad, están privilegiando al individuo por encima de la familia.

Quizás el fenómeno cultural más evidente y a la vez el menos debatido es esta tendencia a considerar al individuo como un ente con sentido y razón en sí mismo, desgajado de su historia (su familia de origen) y de su futuro (su proyecto de familia).

Este fenómeno quizás sea necesario referirlo al rol creciente que se ha dado a partir de fines del siglo XVII, a la afirmación de la libertad individual muchas veces como contrapuesta y por encima del bien común. De este modo se ha eliminado progresivamente todo elemento que permita presumir al menos una mínima limitación al ejercicio de una libertad que se supone erróneamente absoluta.

De este modo el hombre se ha ido despojando progresivamente de su historia, luego de los nexos nacionales, más tarde de los esquemas culturales, y en este último tiempo de su referencia familiar. Así ha eliminando toda referencia a una comunidad verdadera, aún a la más elemental y primaria: la comunidad familiar.

Como consecuencia inmediata podemos observar una cultura en la que se presentan habitualmente como contrapuestos el bien común y la felicidad personal, y que por ende procura reemplazar la verdadera comunidad de vida por una libre asociación transitoria fruto de la comunidad de intereses.

El ejemplo más claro podemos encontrarlo en el intento de la década del ´90 de reemplazar la comunidad familiar por modelos alternativos en los que la convivencia se limita a la compañía eliminando radicalmente toda comunidad de proyecto de vida.

Pero esto no es sólo un problema social, sino que implica también un desafío directo para todos las propuestas religiosas. Toda religión supone una comunidad en la cual, desde la objetividad de la experiencia de lo divino, se comparte el recuerdo de la experiencia fundante y el esfuerzo por caminar hacia la comunión definitiva con la Trascendencia.

Esta comunidad religiosa podrá permanecer simplemente como tal o plasmarse en estructuras sociales que canalicen ese recuerdo y ese proyecto (estructuras a las que en el contexto del cristianismo denominamos "iglesias"), pero en todos los casos mantiene su identidad comunitaria; y, a la vez que ofrece al individuo una referencia estable y segura, exige también de este su aceptación y asimilación al proyecto que se manifiesta como común.

De este modo toda comunidad religiosa supone para el individuo que en ella se inserta ambivalencia: por una parte la seguridad que es consecuencia de la objetividad de la experiencia religiosa, por otra la limitación que supone aceptar una tradición heredada y la responsabilidad de un futuro común.

Esta ambivalencia se ha hecho difícilmente tolerable para el hombre contemporáneo infectado de individualismo.
Es que por un lado se ha desplazado la preocupación de la comunión objetiva a la subjetividad de la vivencia personal; por otro, la aceptación de una comunidad supone una renuncia libre para la que no estamos culturalmente preparados.

Es mucho más tentadora la posibilidad de poder construir, desde la que considero como mi experiencia personal de lo divino, una fórmula religiosa personal en la que combinen los elementos que más condicen con mi sentimiento personal sin ligarme necesariamente a normas o moldes comunitarios que limitan mi libertad.

Es así que nos encontramos con el fenómeno de que el fin de este milenio asiste por un lado a un reverdecimiento de la necesidad subjetiva de una referencia trascendente, y por otro a la negación sistemática de ligarse a una comunidad religiosa claramente estructurada. Esto explica también el fenómeno del tránsito fluido a través de grupos religiosos inmensamente diversos, y el clima general de "deísmo" que vive nuestra sociedad, de espiritualidad sin religión.

El hombre del tercer milenio se siente solo ante la inmensidad de lo divino, y ha perdido la seguridad que transmite la pertenencia al Pueblo de Dios. Hastiado de soledad busca la pertenencia a una comunidad, pero se niega a renunciar a algo de la ilusión de su libertad.

¿Cómo encajan en este planteo las numerosas "comunidades" que surgen cada día? Encajan como respuesta a la angustia de la soledad. El subjetivismo nos deja solos y sin pertenencia. Requerimos de un esquema de pertenencia pero ya no podemos encontrarlo en el hecho de compartir una experiencia objetiva. Aquí surgen las "comunidades" nucleadas no en la aceptación de una realidad común sino en el esfuerzo de compartir un afecto.

Son las comunidades de los que "se sienten salvados". Los nuclea el esfuerzo por alcanzar una experiencia, esto es lo que las hace particularmente peligrosas estas comunidades para la psiquis de sus miembros: las personas se engregan acríticamente buscando "experimentar" a Dios, y para lograr esa experiencia están dispuestos a abandonar todas sus defensas personales.

Pero por otro lado, como la experiencia personal es algo intransferible, y en el caso de que se alcance, lábil (no duradero), las comunidades tampoco son estables: sus miembros permanentemente migran por cansancio o rechazo, en busca de otra comunidad que prometa la "experiencia".

Un fenómeno en expansión: la lectura heterodoxa de los textos sagrados

Pero el drama de la libertad no sólo se expresa en el aspecto vivencial comunitario, sino que se vuelve mucho más terrible cuando se instaura en el orden intelectual y se quiere reivindicar como libertad para la interpretación del mensaje revelado. El fundamentalismo contemporáneo, en el ámbito del cristianismo, no es más que un hijo no querido del subjetivismo de la libre interpretación.

Es que, como señalara el Concilio Ecuménico Vaticano II en lo que se refiere a la interpretación de las Sagradas Escrituras:
"Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Él quiso comunicarnos, debe investigar con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y qué quiso Dios manifestar con sus palabras.

"Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a ´los géneros literarios´, puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: históricos, proféticos, poéticos o en otras formas de hablar.

Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia, según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época…"

Es decir, la recta interpretación de las Sagradas Escrituras exige que la pauta de interpretación sea la realidad histórica del momento en que el texto fue escrito. Pero en este sentido hay dos tentaciones fundamentales:

Hija del subjetivismo y de la libre interpretación, acunada en los brazos del pietismo, se ha gestado una forma de lectura del texto bíblico que prescinde totalmente del contexto histórico en que fueron escritos los distintos libros que lo componen, dejando de lado todo el instrumental de interpretación que hoy llamamos "exégesis" y, lo que es peor, la interpretación tradicional de los textos bíblicos dentro de la Iglesia, para simplemente procurar "entender lo que me dice el texto", ignorando de este modo la objetividad del texto y dejándolo librado al capricho del lector de turno. Esto es esencialmente lo que denominamos una "lectura fundamentalista". 

Por otro lado, siempre existe la tentación de lo novedoso, por lo que en los casos en que la interpretación tradicional de un texto no alcanza o no se ve como suficiente, y la interpretación fundamentalista resulta muy primitiva, no es extraño que se eche mano de elementos ajenos a la historia de la redacción del texto bíblico tales como los principios del ocultismo teosófico, o alguna pretendida revelación mantenida oculta desde tiempos inmemoriales, cuando no de los mensajes recibidos por algún canalizador, vidente o profeta de turno. 

Esta forma de interpretación totalmente espúrea y ajena al espíritu verdaderamente cristiano, constituye lo que podríamos denominar una "lectura ocultista" de las Escrituras.

Pero atención. Hasta aquí hemos descrito el fenómeno que denominamos "lecturas heterodoxas" tomando como base el texto bíblico. Nos ha parecido el modo más directo de explicar lo que entendemos por lectura fundamentalista y lectura ocultista.

Pero este fenómeno no se circunscribe a los textos fundantes del cristianismo. Se trata solamente de un modo de ejemplificar lo que podríamos llamar más genéricamente como "lecturas aberrantes de textos sagrados" y que se dan hoy en casi todas las religiones: islamismo, budismo, brahmanismo, etc.

El fundamentalismo y el ocultismo son dos estructuras mentales que hacen estragos en cualquier cultura y en todo contexto religioso. Dos de los gérmenes que carcomen las entrañas de nuestras culturas globalizadas.

La lectura fundamentalista

Denme una cita bíblica…
Dado que el propósito primero de la lectura bíblica debiera ser que el hombre se encuentre con lo que Dios quiere manifestar a quien lo busca con corazón recto, o lo que Pío XII llama "descubrir y exponer el sentido genuino de la Sagrada Escritura", el objeto primario de esa lectura tendría que ser la determinación de lo que llamamos el "sentido literal" de las Escrituras.

Para esto, según dice el mismo Papa, es preciso valerse "del conocimiento de las lenguas, ayudándose del contexto y de la comparación de otros pasajes análogos", pero como estos textos han sido redactados en el seno de una comunidad perfectamente identificada (el Pueblo de Dios), y para esa misma comunidad, alcanzar el recto significado de los mismos exige también tener en cuenta el sentido que ese Pueblo de Dios dio a esas palabras a lo largo de la historia, y cómo las enseñó.

Es decir, una recta interpretación del texto bíblico exige un doble parámetro de objetividad; por una parte una objetividad referida a lo que materialmente dice el texto mismo que lo que exige contextualizarlo en la cultura y el tiempo histórico en el que fue escrito; y por otra, una objetividad referida al autor y destinatario del texto, lo que requiere la consideración del modo particular en que ese texto ha sido leído a la largo de la historia por la Iglesia.

Esta doble objetividad es la que nos pone permanente a salvo de la tentación del fundamentalismo.

Pero el fundamentalismo arrebata el texto del seno de la comunidad desde la cual y para la cual fue concebido, convirtiéndolo en un libro sin autor y sin destinatario, desvinculándolo de la lectura que de él han realizado los cristianos a través de los siglos; convirtiéndolo de este modo también en un escrito atemporal, sin situación cultural e histórica concreta, sin otro parámetro de interpretación auténtico que no sea lo que este lector aislado en el tiempo y el espacio cree encontrar en el texto.

Por eso toda lectura fundamentalista, tanto de la Biblia como de cualquier otro texto sagrado (p.e. el Corán) se reduce a una lectura del libro por o a través del mismo libro. Esto quiere decir que el único parámetro de interpretación auténtico que se reconoce en toda lectura fundamentalista son los textos paralelos, las menciones posteriores, las citas cruzadas, etc..

Sin duda que estos elementos constituyen una herramienta importante para la interpretación de todo texto sagrado, pero de ningún modo son la única, ya que no se puede ignorar la importancia que tienen el contexto histórico y cultural en el cual fue escrito y para el cual está destinado, y por sobre todo, la lectura que realiza la la comunidad desde la fe.

Pero la dificultad no queda simplemente reducida a que el fundamentalismo conduce necesariamente a un empobrecimiento arbitrario de la lectura del texto sagrado. Si tenemos en cuenta la amplitud y vastedad del texto bíblico, así como la variedad de géneros literarios y épocas de composición de los distintos textos, y se lo combina con una lectura fuera del debido contexto, el resultado será la posibilidad de fundamentar prácticamente cualquier opción personal a partir de un texto bíblico.

Y esto no es una mera hipótesis… el "flirty fishing" de los Niños de Dios, la negativa a recibir transfusiones de sangre de los Testigos de Jehová, el frenesí paramilitar de grupos apocalípticos como el de Waco, no se pueden justificar solamente a partir de una presunta actitud de fanatismo religioso, sino que encuentran un sostén religioso a partir de una lectura fundamentalista de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

El fundamentalismo ha sido y será siempre la tentación para el espíritu religioso simple que tiende a rechazar los artilugios muchas veces vanamente artificiosos de la especulación racional, tentación que abre la puerta al fanatismo y al sectarismo de cualquier tipo. Si se acepta el punto de partida del fundamentalismo, parafraseando a Arquímedes podríamos decir: "…denme una cita bíblica y justificaré lo que sea".

La lectura ocultista

Busca la sabiduría y corre tras ella…
El fundamentalismo es la tentación de rechazar todo elemento interpretativo que no sea el mismo texto sagrado.

Pero hay otra tentación que evidentemente ha rondado los ambientes cristianos desde la época de los mismos apóstoles: la introducción de elementos parcial o totalmente ajenos a la fe y el contexto cultural bíblico, como pautas de interpretación del texto bíblico; a esto parece referirse la carta a los Gálatas cuando afirma:"… aún cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema! Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!".

Estas formas de lectura heterodoxa contemplan la introducción de todo tipo de elementos realmente ajenos a la tradición religiosa de origen.

En algunos casos se introducen escritos de un estilo pretendidamente semejante al de los escritos bíblicos, surgidos en un contexto cultural relativamente cercano al de los hagiógrafos, aunque totalmente ajenos al canon de las Escrituras.

Escritos antiguos, redactados en los últimos siglos del período del Antiguo Testamento o los primeros de la Era Cristiana, muchos de ellos de origen claramente heterodoxo, que pudieron en algún momento haber tenido cierta aceptación dentro de la iglesia primitiva aunque nunca fueron aceptados como verdadera Revelación. 

Es el caso de los escritos denominados Apócrifos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. En su momento muchos de ellos fueron elaborados a partir de sectas heréticas de los primeros siglos que pretendían dar su propia versión de los dichos y hechos de Jesús de Nazaret. 

Hoy en día su uso es particularmente habitual entre algunos grupos ocultistas o gnósticos que reivindican ser la verdadera continuidad del cristianismo, los poseedores de la verdadera doctrina cristiana que se hallaría corrompida en la predicación de la Iglesia.

Escritos modernos, casi contemporáneos, que plagian burdamente el estilo sobre todo del Antiguo Testamento, y que son presentados como un complemento necesario del texto bíblico que ha permanecido oculto hasta ahora por algún designio particular. 

Tal es el caso del Libro de Mormón de la Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día, especie de tercer testamento que la humanidad ha recibido a través de José Smith. Es habitual que en estos casos el escrito nuevo se considere como más importante para la vida del grupo que la Biblia misma.

En otros casos se trata de verdaderos escritos modernos, frutos de alguna revelación o iluminación particular que recibe el vidente, y que se convierten en la clave de interpretación necesaria del texto bíblico sin la cual toda interpretación bíblica es considerada falsa. 

Este es el caso de tanta profecía que se convierte en "oficial" dentro de muchas sectas, también el del Principio Divino de la Secta Moon, Ciencia y Salud como clave de las Escrituras de Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, etc.. Según algunos especialistas tendrían un rango semejante las interpretaciones bíblicas que realiza la revista Atalaya para los Testigos de Jehová. 

Esta misma jerarquía adquieren las visiones, revelaciones o interpretaciones de textos sagrados que hacen diversos videntes o profetas en cuyo entorno se cultivan conductas de corte sectario dentro de muchas comunidades cristianas. 

Tanto los grupos adscriptos al Movimiento de la Nueva Era, como los grupos de doctrina de origen oriental que se desempeñan en un medio culturalmente cristiano, suelen afirmar que su doctrina o enseñanza es perfectamente compatible con la fe cristiana. A partir de aquí, si bien aceptan y "veneran" el texto bíblico, no lo consideran propiamente como Palabra de Dios, y colocan junto a él algunos de los libros sagrados de las grandes religiones de Oriente cuya lectura e interpretación ocupa casi toda su atención. Este es el caso por ejemplo del Bhagavad Gita en el Hare Krishna.

Dentro de la predicación de los grupos ocultistas existe la creencia en que la sabiduría que ha de posibilitar a los seres humanos alcanzar la verdadera felicidad ha sido revelada a los hombres (bien sea en los tiempos primordiales, o modernamente a algunos elegidos) por seres divinos, y que es transmitida a lo largo de la historia por ciertos "maestros" o "iluminados". 

Esta transmisión se daría originalmente dentro de las órdenes mágicas, las logias u otras asociaciones semejantes, a las que sólo pueden ingresar los iniciados. 

Esta "sabiduría", mantenida oculta a lo largo de los siglos y transmitida dentro de estos grupos iniciáticos, es a su criterio la verdadera clave de interpretación de toda la realidad, y por supuesto que también de la Biblia (cuando se la acepta como un libro sagrado). 

Esta es la modalidad de lectura bíblica a la que asistimos dentro de muchas sectas platillistas (que pretenden encontrar en la Escritura rastros de antiguas visitas alienígenas), y de la vanguardia New Age que apela a fuentes como Isis Desvelada de Madame Blavatsky, o a los escritos de Saint Germain, Eliphas Levi, o Papus como herramienta de interpretación de la verdad revelada.

Sin duda que el término de "lectura ocultista" se aplica con mayor propiedad a la última modalidad descripta, pero podemos generalizar el término a todo este grupo ya que en todos los casos se está apelando a una "verdad revelada" exterior al mismo texto sagrado para su interpretación.

Estas formas de lectura son inaceptables para un cristiano. Como se manifestara ya a través del mandato de Jesús al enviar a sus discípulos: "Id por todo el mundo proclamando la buena noticia a toda la humanidad", el designio salvador de Dios es universal, es decir, alcanza a todos los hombres de todos los tiempos y desde la perspectiva del amor de Dios no conoce otra restricción que la voluntad misma del hombre que puede responder o no a su Amor Redentor.

Por lo tanto, la introducción de una revelación secundaria, conocida sólo por un grupo de iniciados, iluminados, o favorecidos de algún otro modo, que deba complementar necesariamente al texto bíblico para que el individuo pueda alcanzar la Verdad, contradice no sólo la advertencia del Apóstol a la que hiciera referencia más arriba, sino también a esta designio universal de salvación.

Además, en este camino de interpretación del texto bíblico se suele perder la verdadera perspectiva. Para el fiel cristiano, sabiduría no es un don en sí mismo, el objeto de su búsqueda no es la ciencia racional en sí, sino la sabiduría como un instrumento para alcanzar la unión con Dios, la paz… "apártate del mal, obra el bien, busca la paz, persíguela´

19. Los 144.000

Autor:  Xavier Villalta 

Cómo interpreta la iglesia católica los 144.000 elegidos para la salvación que menciona el libro del Apocalipsis?.

Respuesta de APOLOGETICA.ORG.

Dicen los Testigos de Jehová:

Los que son llamados por Dios para participar en el servicio celestial son pocos. Como dijo, son "un pequeño rebaño". Años después de su regreso al cielo, Jesús dio a saber el número exacto en una visión dada al Apóstol Juan, quien escribió: "Vi, y,¡miren! el cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil… que han sido comprados de la tierra" (Revelación 14, 1-3).

El "Cordero" al que se hace referencia aquí es, por supuesto, Jesucristo; el "monte Sión " no está en la tierra, sino en el cielo donde Jesús está (Jn 1, 29; Heb 12, 22). De modo que los 144.000 son personas que mueren en la tierra como hermanos y son resucitados a la vida celestial como criaturas espíritus, tal como le sucedió a Jesús (Rom 6, 5). Cuando se les compara con los miles de millones de personas que viven en la tierra, son, verdaderamente, un "rebaño pequeño".

(La verdad que lleva a vida eterna, 77). Taze Russell dice más. De esos 144.000, doce mil pertenecen a su grupo de Testigos de Jehová, y el resto pertenecieron a los siglos pasados. Dice literalmente:

En la tierra hoy día sólo sobrevive un resto de los 144.000 escogidos quienes son cristianos dedicados, bautizados, engendrados por el espíritu de Jehová Dios para ser coherederos con su Hijo Jesucristo en el reino celestial (Rom 8, 14-17). Los informes muestran que ahora hay menos de 12.000 de estos sobrevivientes. No todos los "Testigos de Jehová" esperan ir al cielo. Verdaderamente, sólo una porción pequeña esperan esto (Lc 12, 32). El todopoderoso Dios, quien coloca a todos los miembros en su organización como a él le place, ha limitado a 144.000 el número del "´Cuerpo de Cristo", cuyos miembros reinarán con Cristo Jesús en el reino celestial de Dios.

(Cosas en las cuales es imposible que Dios mienta, 337).

Dice la Biblia:

a) Jesús es nuestro Salvador Jesús de Nazaret ha venido a dar la respuesta definitiva a las esperanzas de salvación que alimentaba el Antiguo Testamento. Esta convicción expresa ya con toda claridad el anciano Simeón (Lc 2, 29-32): Ahora, Señor, dejas marchar a tu siervo… mis ojos han visto tu salvación… El mismo nombre de Jesús significa "Salvador" (Mt 1, 21; Hech 4,12). Somos herederos de la salvación y estamos plenamente justificados (Rom 5, l). Sin embargo, sólo en esperanza estamos salvados (Rom, 8, 24). Dios nos destina a la salvación, pero se trata de una herencia que sólo se manifestará plenamente al fin de los tiempos (1 Tes 5,9): "Dios no nos ha destinado al castigo, sino a obtener la salvación por medio de nuestro señor Jesucristo".

De manera parecida se expresa 1 Ped 1, 4-5. Cristo aparecerá para damos la salvación. Así lo dice Heb 9, 28: "Cristo, después de ofrecerse una sola vez para quitar los pecados de muchos, se presentará por segunda vez, sin pecado, a los que le esperan para la salvación ".

b) Dios quiere que todos se salven 1 Tim 2, 3-4: Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. La voluntad de Dios es la Salvación de todos los hombres. La obra de la Redención tiene un valor universal. No se trata de una voluntad absoluta que se cumplirá a pesar de todo, sino de un deseo ardiente, cuya eficacia está condicionada por la libertad del hombre.

El hombre, a quien se han aplicado todos los méritos del sacrificio de Cristo, de la predicación apostólica y de la oración de los hermanos, debe cooperar en la aceptación de la verdad. Llegar al conocimiento de la verdad es la condición indispensable para salvarse, y en cierto modo es la salvación misma, como enseña Jesucristo: "La vida eterna es ésta: que te conozcan a ti como el único Dios verdadero, y al que enviaste, Jesucristo" (Jn 17, 3).

c) El número de los que se salvan Lc 13,23-30: Cuando uno pregunta a Jesús si son pocos los que se salvan, Jesús no establece ninguna limitación en cuanto al número; exhorta a entrar por la puerta estrecha, antes de que esa puerta se cierre. El libro del Apocalipsis habla de los 144.000 que se salvan.

El libro del Apocalipsis tiene como tema fundamental nuestra lucha actual y la victoria que nos espera; aborda la cuestión de los que se salvan y, por dos veces, señala el número determinado de 144.000. ¿Se trata de un número matemático exacto? ¿Tan reducido es el número de los que se salvan? Habrá que tener en cuenta que el Apocalipsis utiliza con frecuencia el simbolismo de los números y de los colores. Por ejemplo: 7 es el número perfecto;
8 (7+1) es la superabundancia de la perfección;
6 (7-1) es la deficiencia, el mal: la bestia está expresada por 666;
3 1/2 (7/2) = tres años y medio = 42 meses = 1.260 días. Significa un período corto, un tiempo escaso;
1.000 es número inmenso, infinito.
12 es cifra santa, indica plenitud;
Blanco = victoria, pureza;
Rojo = sangre, crueldad, guerra;
Púrpura = poder imperial;
Negro = miseria;
Verde (o amarillo) = peste;
Arco iris (descomposición de colores) = presencia divina.

Apoc 7,4-10: Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados.

Después de esto apareció en la visión una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, pueblo y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el cordero, vestidos de blanco y con palmas en la mano; aclamaban a gritos: La victoria pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero. Apoc 14, 1-13: En la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban inscrito en la frente el nombre del cordero y el nombre de su Padre. Oí también un fragor que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano y al estampido de un trueno fuerte: era el son de citaristas que tañían sus cítaras delante del trono, delante de los cuatro vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo.

Nadie podía aprender aquel cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que no se pervirtieron con mujeres, porque son vírgenes; éstos son los que siguen al Cordero adonde quiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta. Vi otro ángel que volaba por mitad del cielo; llevaba un mensaje irrevocable para anunciarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo… Oí una voz del cielo que decía: Escribe: Dichosos los que en adelante mueran en el Señor.

Cierto, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan. ¿Cómo interpretar estos textos? -Los ciento cuarenta y cuatro mil marcados son todos del pueblo de Israel. A continuación se habla de una multitud incontable de todos los demás pueblos y razas. -El número ciento cuarenta y cuatro mil hay que entenderlo en sentido simbólico, de acuerdo con el carácter del Apocalipsis, y no con un valor matemático exacto. De cada una de las tribus son sellados doce mil. El doce es número sagrado que indica plenitud; el mil es número de inmensidad.

Quiere, pues, decir, que de cada tribu son muchos los que se salvan. En la enumeración de las tribus, se omite la de Dan. Tal vez porque -según una tradición judía- de ella nacería el anticristo; por eso era considerada como maldita. No obstante, hay que mantener el número de doce por su simbolismo; para ello, además de nombrar a José, nombra a su hijo Manasés.

-La multitud incontable (a la que podemos pertenecer los que no somos descendientes de Israel) alcanza igualmente la Salvación, pues: -tienen vestiduras blancas (color de victoria), -tienen palmas en la mano (símbolo de triunfo), -están delante del trono y del Cordero. -En el capítulo 14 esta muchedumbre está en la tierra, mientras que los ciento cuarenta y cuatro mil están en el cielo. Es decir, "el Resto de Israel" ya se ha salvado y está en el cielo cuando Juan escribe este libro, porque Israel como pueblo religioso ha acabado.

En cambio, hay muchas gentes que se han de salvar y están todavía en la tierra, en la tribulación, en la lucha. A éstos exhorta el ángel para que se mantengan fieles, reconozcan y teman a Dios … porque "dichosos los que en -adelante mueran en el Señor". Se trata de una diferencia actual: unos salvados están ya en el cielo, mientras que otros que se han de salvar están todavía en la tierra.

No hay nada en el texto que haga pensar que unos alcanzan una salvación plena en el cielo, mientras que la salvación de otros es de menor valor, permaneciendo para siempre en la tierra. Esta distinción no estaría de acuerdo tampoco con los muchos textos que hablan de la salvación, y nunca mencionan una categoría diversa en los salvados. -La virginidad de los ciento cuarenta y cuatro mil, de que habla el capítulo 14, hay que entenderla igualmente en sentido simbólico. Si sólo se salvaran los "vírgenes" en sentido fisiológico, habría que excluir de la salvación a todos los Patriarcas comenzando por el mismo Abraham.

En el AT se habla con frecuencia de la Alianza de Dios con Israel con el simbolismo de la alianza matrimonial. El pueblo debe mantenerse fiel a estos desposorios. Si abandona a Yahveh, su legítimo esposo, para servir a otros dioses, comete adulterio. La virginidad, en consecuencia, es la fidelidad a Dios, evitando toda idolatría. Viene, pues a decir el Apocalipsis: Muchos judíos han alcanzado la salvación ya. Muchos más de la gentilidad la alcanzarán, pero todavía están en la lucha, todavía han de esforzarse por alcanzar esta salvación.

Fr. Nelson M.

18. ¿Debo Quedarme?

Autor: Bryan López Huarhua | Fuente: Catholic.net 

Texto que Martín Lutero no conocía de la Biblia…

Con respecto a si debo o no quedarme…..Dios dio libertad al hombre ….así que puedes hacer lo que desees ..pero te doy un texto que Martín Lutero desconocía de la Biblia antes de que saliera del Catolicismo y fuera el iniciador de las 35500 denominaciones protestantes de la actualidad …todas profesando ser las verdaderas ……cuando solo hay una que Fundo Cristo mismo!!!…

"Obedeced a vuestros superiores y sujetaos a ellos, porque velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta, a fin de que lo hagan con alegría y no con pena, pues esto no os sería provechoso." Hebreos 13:17

Texto que Martín Lutero no conocía de la Biblia y Propicio la "sola escritura" o "solo Biblia" interpretando a la ves lo que le gustaba para hacer el mismo su sola autoridad, a lo cual la Biblia dice…."Entiendo ante todo: Que ninguna profecía de la Escritura es objeto de interpretación propia (personal), porque la profecía no ha sido jamás proferida por humana voluntad, sino que llevados por el Espíritu Santo hablaron los hombres (de parte) de Dios."
2Pedro 1:20-21, en la actualidad también texto desconocido por muchos protestantes.

Cuando todo comenzó en 1520, la Iglesia Católica era la institución más antigua de la tierra, habiendo existido por casi 1500 años. La Iglesia, descansaba, como lo hace actualmente, soportada en tres poderosos pilares:

  1. La Sagrada Escritura,
  2. La Santa Tradición Apostólica,
  3. El Papa y el Magisterio, autoridad de la enseñanza.

Por sus propias acciones al separarse de la única Iglesia legítima fundada por Cristo Jesús, Lutero perdió el soporte que otorga autoridad, puesto que no podía reclamar el Papado y el Magisterio por él mismo.

Seguidamente puesto que formó su propia iglesia, no podía reclamar la Santa Tradición Apostólica, dado a esto, dictaminó todo como tradición humana condenando así toda tradición. Al hacerlo así, volvió a infraccionar otro versículo de la Sagrada Escritura:
"Así pues hermanos, estad firmes y guardad las tradiciones que habéis recibido, ya de palabra, ya por carta nuestra." 2 Tesalonicenses 2:15

¡Dos pilares de apoyo perdidos inmediatamente! El único a salvo fue la Sagrada Escritura, la cual recibió de la Iglesia Católica pretendiendo que solamente eso era necesario, y así principiando la doctrina falsa de Sola Scriptura. Inmediatamente después mutiló la Biblia, agregándole a Romanos 3:28, y eliminando siete libros del Antiguo Testamento simplemente por no estar de acuerdo con sus enseñanzas. Igualmente atacó varios libros del Nuevo Testamento.

Después de algunos años comenzó la Reforma, Lutero examinó el daño causado a su movimiento por Sola Scriptura, y la interpretación individual de la Sagrada Escritura. Shards se separó de su iglesia Luterana con Munzer yendo por un lado, Calvin por el otro, Zwingli por otro mas y todos dispersando al rebaño.

"Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no amontona conmigo, desparrama." Mateo 12:30, Lucas 11:23

Inmediatamente los errores del Protestantismo surgieron, pues ¿quién originó la desunión? El daño causado por la interpretación individual de la Sagrada Escritura inmediatamente cobró su pérdida. Percibimos el lamento de Lutero al decir lo siguiente:

"Este no escuchará del bautismo, aquél niega el sacramento, el otro pone un mundo de diferencia entre éste y el ultimo día: Algunos enseñan que Cristo no es Dios, otros enseñan esto y aquellos lo otro: existen tantas sectas y credos como hay cabezas. Ningún patán es tan rudo como cuando tiene sueños y fantasías, cree haber sido inspirado por el Espíritu Santo y ser un profeta."
De Wette III, 61. Dicho en O’Hare, LOS HECHOS DE LUTERO, 208.

"Hombres de alcurnia, ciudadanos, campesinos, todas las clases entienden el Evangelio mejor que yo o San Pablo; ahora son sabios y se piensan más educados que todos los ministros."
Walch XIV, 1360. Dicho en O’Hare, Ibíd. , 209.

A estas alturas, Lutero se dio cuenta de haber abierto la puerta al error y era impotente para poder cerrarla. Liberó al genio de su botella, encontrando después que el genio había crecido tanto que ya no cabía de regreso en la misma.

Amigo puedes quedarte o no dentro de la Iglesia Católica estas en tu libertad y si Dios lo respeta pues nosotros también……. pero fuera de la Iglesia te encontraras con 35500 doctrinas dadas por hombres "el evangelio de la prosperidad""salvo siempre salvo""el famoso diezmo"..etc,etc…. es mas ni siquiera hay autoridad !! por ello cada pastor hace lo que quiere con respecto a la doctrina….. que nos dice Pablo…Efecios2,20 edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo …… ahora algún pastor puede justificar con Biblia en mano (ya que son muy apegados a la Biblia) el fundar "iglesias" con diferente doctrina? ….pues no verdad?

Ciertamente hay de todo en la Viña del Señor!!…Mt13,24 Y les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27 Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?". 28 Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?". 29 "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. 30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero"".

En esta Viña hay de todo ya que esta conformada por hombres pecadores, pero sigamos el ejemplo de los Santos que con su testimonio de Vida fueron transformando la iglesia desde adentro por ejemplo San Francisco de Asis, Don Bosco, hace poco Madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II….uffff muchos verdaderos Siervos !!! pero fuera de la Iglesia quebrantamos la oración de Jesús!!!…para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí» (Jn 17, 21-23).

Bueno hermanos solo quise poner un pequeño aporte ……Dios los bendiga grandemente y los Guarde en la Unidad con su Iglesia !!, y como dijo el Papa Juan Pablo II …. " Es una necesidad del Cristiano pedir Espíritu Santo Todos los días y en Cada monento!! "

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