5. El Fin del Mundo

Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá 
Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe

Nadie sabe cuando será el fin del mundo. Antes de la venida de Cristo ha de producirse «la apostasía general», o sea, habrá una crisis religiosa a escala mundial.

Hay algunas personas a las que les gusta mucho meter miedo en los corazones de ustedes.

Por ejemplo les hablan del fin del mundo como si pronto los cielos y la tierra nos fueran a destruir. Escuchan de guerras, accidentes, catástrofes de la naturaleza, plagas o ven algunos signos raros en el cielo y dicen simplemente que es el fin del mundo.

En vez de dar un mensaje de esperanza, de amor, de solidaridad; en vez de animar, quieren verlos atrapados en el terror y el susto. Y lo peor de todo, es que estas personas dicen fundar sus teorías en la Biblia. El mensaje de Jesucristo no es un mensaje de miedo, sino que es una «buena noticia» del Reino de Dios que se acerca a nosotros con amabilidad, paz, justicia y alegría de corazón.

En esta carta les voy a hablar del fin del mundo, no con cuentos y fábulas de ciencia ficción, sino leyendo simplemente las Sagradas Escrituras.

Antes que nada el «fin de los tiempos» del cual nos habla la Biblia es el gran misterio de esperanza que aparece en todo el libro sagrado. Es el misterio de la historia humana que está en el corazón de Dios, guiada hacia «un nuevo cielo y una nueva tierra».

¿Qué dice la Biblia acerca del fin del mundo?

Para comenzar, las Escrituras nunca hablan del «fin del mundo», sino del «fin de los tiempos», como diciendo que este mundo no acabará del todo, sino que sería transformado en un «cielo nuevo y una tierra nueva» gracias a la Resurrección de Jesucristo.

En la Biblia también encontramos muchas expresiones que se refieren al «fin del tiempo», «día de Yahvé», «día del Juicio», «el día», «la Venida de Cristo», «la resurrección final», «la Parusía», «la llegada del Reino de Dios». Son todas expresiones que indican este «fin del tiempo».

¿Cuándo pasará esto?

«En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe ni los mismos ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo de Dios. Solamente el Padre lo sabe» (Mt. 24, 36 y Mc. 13, 32). Jesús no quiso dar la fecha, ni el día ni la hora. «A ustedes no les toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente El tiene autoridad para hacer» (Hch. 1, 1-7).

Con esto, Jesús condena enérgicamente la tendencia humana que todavía existe entre nosotros de fijar el día y el año del fin del mundo. Por supuesto que la fecha exacta tiene algo de excitante y llama siempre la atención; hasta es noticia en los diarios. Pero el fijarla es simplemente una mentira y un engaño, porque nadie la sabe. Jesús no quiso satisfacer nuestra curiosidad, sino que quiso comunicarnos algo mucho más profundo.

La Biblia, hablando del fin del mundo, siempre dice que debemos estar preparados. Aunque no sabemos la fecha, este día vendrá como un ladrón en la noche: «Ustedes, estén preparados, porque cuando menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre», dice Jesús (Mt. 24, 44). «El día del Señor vendrá cuando menos se espera, como viene un ladrón de noche» (2 Pedr. 3, 10; 1 Tes. 5, 2 y Apoc. 16, 15).

Ahora bien, leyendo la historia vemos que siempre hubo grupos religiosos que en todos los tiempos fijaron la fecha, el día y la hora, del fin de mundo, pero se equivocaron. Así que, hermanos católicos, no se dejen engañar.

Así pasó ya en el año 1.000 y pasará también en el 2.000. Algunos fanáticos predican que el fin del mundo está cerca. Pero esto no es así.

El fundador de los adventistas, William Miller, con el texto de Dan. 8, 14 y calculando los días de este texto como años, fijó la venida de Cristo a la tierra para el 21 de marzo de 1843 el día final. Llegó esta fecha y no pasó nada especial y luego dijo que se equivocó en sus cálculos en un año y proclamó otra vez la venida de Cristo para el 21 de octubre de 1844. Y viendo que Cristo no volvía a la tierra dijo simplemente que el juicio de los hombres comenzó en el cielo y pronto Cristo se manifestaría en la tierra.

Los Testigos de Jehová anunciaron la venida de Cristo y su Reino de mil años en la tierra para el año 1914, luego para 1925. Ahora no dan fecha y dicen simplemente que «pronto Cristo vendrá», y se limitan a escribir en todas partes «Cristo viene». Y no falta gente insensata entre nosotros que dice que el fin del mundo será el año 2000.

¿Cuándo será la venida de Cristo?

En algunas partes de la Biblia se habla de la pronta venida de Cristo. En otras partes se anuncia todavía un tiempo de espera.

Da la impresión de que los cristianos de la primera generación esperaban con ansias la venida de Cristo. «Pronto, muy pronto vendrá el que tiene que venir y no tardará» (Hebr. 10, 37).

«Dios que es el juez, está ya a la puerta». «Se acerca el fin de todas las cosas» (1 Ped. 4, 7). «Sí, ven pronto, amén. Ven, Señor Jesús» (Apoc. 22, 20).

Hasta Jesús mismo anuncia su pronta venida: «En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí presentes, que no morirán hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su Reino» (Mt. 16, 28).

Los cristianos de la Iglesia primitiva pronto se dieron cuenta de que la historia podía durar mucho más. Y hasta algunos se burlaron de la propia venida de Cristo diciendo:

«¿Qué pasó con la promesa de que Cristo iba a venir, pues desde que murieron nuestros antepasados todo sigue igual que desde que el mundo fue hecho?» (2 Ped. 3, 4). Y el apóstol Pedro les contestó: « Hermanos, no olviden que para el Señor un solo día es como mil años y mil años son como un solo día» (2 Ped. 3, 8).

Señales que precederán al fin del mundo

El apóstol Pablo, después de haber reflexionado mucho, anuncia también un tiempo de espera. Antes de la venida de Cristo deben pasar tres cosas:

1) El anuncio del Evangelio ha de llegar a todas las naciones.

«Y este mensaje del Reino será predicado en todo el mundo para que todas las naciones lo conozcan; es entonces cuando vendrá el fin» (Mt. 24, 14).

2) Al final de la historia, Israel se reconciliará con Cristo y se salvará. «Una parte de Israel se va a endurecer hasta que la totalidad de los paganos hayan entrado, entonces todo Israel se salvará» (Rom. 11, 25).

3) Finalmente, antes de la venida de Cristo ha de producirse «la apostasía general», o sea, habrá una crisis religiosa a escala mundial, ha de venir el Anticristo. «No se dejen asustar por ningún mensaje espiritual como si fuera el día del Señor que ya llegó.

Antes de este día tiene que venir primero la rebelión contra Dios, cuando aparezca el hombre del pecado que se sentará en el templo de Dios y será adorado, llegará con mucho poder y con señales y milagros mentirosos. Usará toda clase de maldad para engañar» (2 Tes. 2, 1 -12).

Nos damos cuenta de que la venida de Cristo no se realizará tan pronto como algunos esperaban; o mejor dicho, Dios no mide el tiempo como nosotros. El puede presentar algo como cercano y no realizarlo hasta cuando a El le plazca. Por otra parte, si el tiempo de espera se nos hace largo, no por eso podemos volver a una vida cómoda, ya sin esperar. El Señor vendrá para cada uno de nosotros como ladrón en la noche.

No olvidemos que el día de la muerte de cada uno de nosotros, el día del juicio particular, es el día del encuentro personal con Cristo. Ojalá que nos encuentre en actitud de espera.

¿Cómo vendrá Cristo al fin del tiempo?

La Biblia habla en forma bastante confusa de cómo se terminará la historia. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, los profetas veían a todas las naciones de la tierra unidas en un complot para destruir la ciudad santa de Jerusalén. Pero en el momento más desesperado Dios intervendrá en forma triunfal para instaurar el Reino (Joel 3, 14).

En el discurso de Jesús acerca del fin de los tiempos, habla «de guerras y grandes angustias en todo el mundo, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo y las estrellas caerán del cielo y los ángeles tocarán las trompetas» (Mt. 24, 29-31).

El libro del Apocalipsis (Caps. 13 y 17) habla del dragón y de los monstruos, de la gran batalla en el cielo, de Babilonia la grande, de la madre de las prostitutas y de los abominables ídolos de todo el mundo…

Todos estos textos acerca del fin del mundo fueron escritos en un estilo apocalíptico (revelaciones misteriosas). Era una forma de escribir muy común en aquel tiempo. Estos escritos misteriosos pretendían aclarar los acontecimientos últimos de la historia con visiones ficticias e imágenes fantásticas.

No debemos tomar al pie de la letra estas imágenes, sino que debemos tratar de descubrir el mensaje profundo que está detrás de estas visiones. El gran mensaje de estos escritos es: «Cristo Resucitado es el centro de toda la historia y este mundo es el escenario de la lucha entre los elegidos de Cristo (su Iglesia) y las fuerzas del demonio.

Estos escritos no son para amenazar ni dar miedo, como creen algunos, todo lo contrario: son escritos que quieren animarnos y exhortarnos a la fidelidad y a la confianza en Dios en momentos difíciles.

¿Cómo debemos prepararnos para el final de los tiempos?

Nuestro destino último y definitivo no está lejos, no es un futuro imposible de imaginar. Ya comenzó. Jesucristo con su persona, su Palabra y su actuación ya inauguró el Reino de Dios (Lc. 11, 20); ya comenzó a juzgar a los hombres (Juan 12, 31). Su Palabra, su amor y su muerte nos juzgan y a veces nos condenan.

Ya nos traspasó algo de su Resurrección (Col. 3, 1-4). Por eso el Nuevo Testamento nos habla del «tiempo» a partir de Jesús como «los últimos tiempos» (Hebr. 1- 2 y 1 Ped. 1-20). Desde entonces urge vivir conforme al Evangelio, urge para todos y cada uno, porque no sabemos cuánto falta para el fin (Mc. 13, 33-37 y Mt. 24, 42).

No podemos esperar pasivamente el retorno de Cristo, el juicio final, la Resurrección general, la instauración total del Reino de Dios. Esta esperanza es el motor de la historia. Lo que Dios comenzó en Jesucristo urge que lo pueda cumplir y nosotros debemos ahora remover los obstáculos.

La segunda Venida de Cristo al final de los tiempos (Mt. 24, 3) es el momento del juicio final, de la resurrección general y de la instauración definitiva del Reino de Dios.

Nuestra esperanza tiende hacia ese cielo nuevo y esa tierra nueva. Por eso la Biblia termina con estas palabras de espera: «¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 22, 20), que repetimos en cada celebración de la Eucaristía después de la consagración y en la que todo el pueblo contesta: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ven, Señor Jesús».

Dice EL CONCILIO VATICANO:

¿Sabemos cuándo y cómo llegará el fin del mundo?
No, no sabemos cuando será la consumación de la tierra y de la humanidad y la manera cómo se transformará el universo.

¿Qué prepara Dios para sus hijos?

La figura de este mundo está afeada por el pecado pero Dios nos prepara una nueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebosar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano.
El progreso material ¿interesa a Dios?

El progreso material en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana interesa en gran medida al Reino de Dios.

¿Hacia dónde caminamos los cristianos?

«Vivificados por el Espíritu, los cristianos caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio divino de restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra».

¿Cuándo será llevada la Iglesia a su total perfección?

La Iglesia será llevada a su total perfección cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas (Hch. 3, 21) y cuando, el género humano, con el universo entero, será plenamente renovado (Ef. 1, 10).

Cuestionario

¿Qué dice la Biblia con respecto al fin del mundo?¿Qué es el milenarismo? ¿Quiénes son profetas de calamidades? ¿Qué esperaban los cristianos de la primera generación? ¿Qué dijo Jesús con respecto al fin del mundo? ¿Hemos de vivir con temor o con esperanza? ¿Cómo debemos prepararnos para el fin del mundo? ¿Cómo hemos de esperar el año Dos Mil?

4. El Apocalipsis, ¿catástrofe o bienaventuranza?

Autor: Mauricio Israel Pérez López | Fuente: Apologetica.org 

Es importante la meditación de cada una de las bienaventuranzas, a fin de hacerlas actuales y participar de ellas.

Para la mayoría de la gente, la palabra Apocalipsis es sinónimo de catástrofe, de una etapa de destrucción.

Por ello, muchos quieren encontrar en el Libro de la Revelación una descripción del cataclismo que ha de poner fin a nuestra historia.

Esta errada ideas, basada en no otra cosa que la ignorancia bíblica, y apoyada por las producciones cinematográficas y las interpretaciones tendenciosas que sobre el libro hacen diversas sectas, provoca en la gente no solo confusión, sino peor aún, miedo y angustia.

Ciertamente que el Apocalipsis presenta un relato trágico, en cuanto a que hace referencia concreta a la persecución de la naciente iglesia por el Imperio Romano, pero el objetivo fundamental es más bien ilustrar cómo pese a esta persecución, el reino de Dios prevalecerá. De esta forma, el libro del Apocalipsis es en verdad un mensaje de buenas noticias.

Se trata de un conjunto de revelaciones expresadas bajo el género literario apocalíptico, que se caracteriza por la abundancia de simbolismos que hay que descifrar. Para el estudioso de este libro, no resulta tan complicado vislumbrar fuertes semejanzas entre los símbolos usados en la Revelación de Juan, y otros textos bíblicos, sobre todo el libro de Daniel.

Pero incluso sin adentrarse en las profundidades de la exégesis, basta una cuidadosa lectura para percibir el mensaje alentador de este libro: a lo largo del escrito, el autor del Apocalipsis –que se identifica a sí mismo como Juan-, expone siete bienaventuranzas. No sólo una, sino siete, nada menos que el número que representa la totalidad.

Así pues, es posible entender que el libro es un texto de total bienaventuranza. “Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella”.

En este artículo mostraré las siete bienaventuranzas del Apocalipsis, con un breve análisis que espero sirva al lector para comprender mejor su mensaje. Para desarrollar mi escrito, he empleado el texto de la Edición Española de la Biblia de Jerusalén.

Las siete bienaventuranzas que se encuentran a lo largo del Apocalipsis, son las siguientes:

1,3: Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca.

14,13: Luego oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí –dice el Espíritu–, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.»

16,15: Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos, para no andar desnudo y que se vean sus vergüenzas.

19,9: Luego me dice: «Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.» Me dijo además: «Estas son palabras verdaderas de Dios.»

20,6: Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.

22,7: Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de este libro.

22,14: Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida, y entrarán por las puertas en la Ciudad.

Primera Bienaventuranza

Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca. (1,3)

Así termina el autor el prólogo a las profecías que habrá de desarrollar. Una frase alentadora, que de inmediato deja sentir el gozo que se puede lograr al leer, escuchar, y poner en práctica lo prescrito en el resto del documento.

Esta idea de gozo es opuesta al sentimiento de angustia que mencionaba al inicio de este artículo. Si se tratara en verdad de un texto descriptivo de los horrores que el hombre ha de padecer, las primeras palabras del autor serían de advertencia sin lugar a dudas, mas nunca de bienaventuranza.

Los primeros versículos presentan pues, los parámetros bajos los cuales se ha de interpretar el resto del libro. El libro en conjunto está en consecuencia bajo el signo de la bienaventuranza. Lo que el autor del Apocalipsis ha de describir y revelar no pretende infundir inquietud ante la amplitud de la crisis, sino que por el contrario busca compartir la convicción de que la condición de discípulo de Cristo supone un llamado a la felicidad. El escrito está sembrado de promesas de felicidad para los que observen “las palabras de esta profecía”.

Segunda Bienaventuranza

Luego oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí –dice el Espíritu–, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.» (14,13)

Esta bienaventuranza es fácil de comprender: el contraste entre el castigo de los impíos y el descanso que espera a los fieles.

Tercera Bienaventuranza

Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos, para no andar desnudo y que se vean sus vergüenzas. (16,15)

Esta bienaventuranza se encuentra en el noveno capítulo del libro, que habla sobre “Las Siete Copas de la Ira de Dios” (15,1-6,21). Estas copas son derramadas por siete ángeles, y al derramarse la sexta copa sobre el Éufrates, sus aguas se secan para preparar el camino a los reyes de Oriente, refiriéndose el autor a los Partos.

Este pueblo fue un arduo enemigo para el Imperio Romano (criticado constantemente en el Apocalipsis, por su encarnada persecución al cristianismo), y el autor lo usa como prototipo de los invasores terrenos que amenazarán siempre a los imperios humanos.

Este pasaje concluye con la convocatoria de todos los reyes del mundo a reunirse en el lugar llamado en hebreo Harmaguedón (16,16b), es decir, en el monte de Meguiddó, donde murió el rey Josías. (2 R 23, 29s). Por ello, esta ciudad de la llanura que rodea la cadena del Carmelo, es usada como símbolo de desastre para los ejércitos que allí se reúnan (Za 12,11). Ante estos acontecimientos, Juan se vale de una glosa (v.15) para hacer eco a la advertencia de Cristo sobre la necesidad de “vigilar”: “Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.” (Mt 24, 42-44).

La actualización del versículo es sencilla: la muerte ha de venir, pero bienaventurado será el que viva cerca de Dios, pues no quedará en el desamparo.

Cuarta Bienaventuranza

Luego me dice: «Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.» Me dijo además: «Estas son palabras verdaderas de Dios.» (19,9)

La perícopa de los “Cantos triunfales en el cielo” (19) expresa el júbilo en el cielo tras la caía de Babilonia. Primero con un himno que concluye diciendo “¡Amén! ¡Aleluya!” (4d) y luego con un cántico que manifiesta su alegría porque un mundo nuevo va a comenzar:

“Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura –el lino son las buenas acciones de los santos-” (19,7-8).

La literatura apocalíptica siempre se refiere a un momento histórico específico, aunque siendo un mensaje de inspiración divina, siempre puede actualizare por todos los tiempos. En el caso concreto del Apocalipsis de Juan, el texto se ocupa de la persecución de la naciente iglesia por el Imperio Romano, representado entre otras formas por Babilonia, la Célebre Ramera (recomiendo la lectura de mi artículo al respecto de este tema, La célebre Ramera de Apocalipsis 17).

Pero de la misma forma que en los inicios de la iglesia, imperios y poderes van siendo derrotados por Cristo y sus seguidores, y las grandes Babilonias de todos los tiempos seguirán cayendo, pues su maldad y abuso, su deseo de lujo y desmedida acumulación de riquezas, sus persecuciones injustas, las llevarán a su ruina. Pero en medio y a pesar de todo, el reino de Dios y las bodas del Cordero han sido también una realidad patente a lo largo de nuestra historia, motivos que siguen haciendo estallar al pueblo de Dios en gritos de júbilo.

La iglesia, que es la esposa (pueblo de Dios), está lista para la boda definitiva, gracias al mismo Cordero que la desposa.

Bienaventurado sea el que esté invitado a participar de estas bodas. Y para que no quede duda, esta bienaventuranza es palabra verdadera de Dios, tal como indica el autor (cf 19,9b)

Quinta Bienaventuranza

Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años. (20,6)

Esta bienaventuranza se ubica dentro de uno de los pasajes más complicados de entender en el Apocalipsis, “El Reino de Mil Años”. Por ello, creo conveniente ahondar un poco en el análisis de la perícopa a fin de que la bienaventuranza tenga mejor sentido, y entender de paso cuáles interpretaciones del pasaje no resultan satisfactorias.

Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años.

Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección. Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años. (20,4-6)

La Bestia de quien se habla es nuevamente el Imperio Romano, que exigía el culto a la diosa Roma y al dios César. Los cristianos al no tener más que un Dios verdadero, se rehusaban a este culto, y por ello fueron perseguidos y martirizados. Todos ellos al morir siendo fieles a Jesús, culminan sentados en tronos, según la visión de Juan.

Esta es la primera resurrección, y bienaventurado sea quien participa de ella por tres razones: (1) no sufrirán la segunda muerte, es decir, la muerte eterna; (2) serán sacerdotes de Dios; y (3) reinarán con Cristo por mil años. El resto de los que han muerto no revivieron hasta terminar estos mil años.

Este pasaje del Apocalipsis tiene fuerte relación con Ezequiel, cuyo capítulo 37 habla de la “resurrección simbólica” de los huesos secos.

Al respecto de los mil años, existen diferentes opiniones. San Agustín por ejemplo, opinaba que los mil años comienzan con la resurrección de Cristo, por lo que la primera resurrección designaría el bautismo.

También existen interpretaciones milenaristas literales. El milenarismo puede dividirse en estricto y mitigado. Milenarismo estricto es el que admite un reinado triunfal de Cristo durante mil años, antes del juicio final. En este reinado estarían incluidos los cristianos que lograron la “primera resurrección”. Este tipo de milenarismo es declarado por nuestra iglesia como doctrina temeraria (es decir, no apoyada en datos reales) y errónea.

El milenarismo mitigado por su parte, opina que Cristo, antes del juicio final, previo o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra. La Congregación de la Doctrina de la Fe ha declarado que el milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad.

Sea como fuere, el hecho es que el que rechaza el culto a cualquier imperio terreno (llámese poder, hedonismo, o materialismo) por preferir al Reino de Cristo, será bienaventurado porque habrá de resucitar y permanecer con Cristo para siempre.

Sexta Bienaventuranza

Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de este libro. (22,7)

La Jerusalén Futura, cuarta y última parte del Libro de La Revelación, enmarca como contexto amplio esta bienaventuranza. El versículo sexto explica: «Estas palabras son ciertas y verdaderas; el Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto.» (22,6)

Se entabla un diálogo final entre el Ángel (o quizás Jesús) y Juan, el receptor de la visión. En este diálogo se comentan las visiones que se han registrado en el libro y el uso que de ellas ha de hacerse.

Muy similar en su sentido a la primera bienaventuranza del Apocalipsis, que sirvió como apertura al mensaje, esta otra prepara el final del libro, dejando claro el sentido de gozo para el que guarde lo que se ha escrito.

Recordando mi opinión al respecto de la primera bienaventuranza, en este caso final, si el libro del Apocalipsis tratara de desastres, no terminaría el autor expresando una bienaventuranza para el que guarde estas profecías, sino que por el contrario, más bien expresaría un lamento por su destino, recordando como ejemplo de este caso en la lamentación de Jesús sobre Jerusalén (Lc 19,41-44) al anticipar su destrucción que ocurriría en el año 70.

Séptima Bienaventuranza

Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida, y entrarán por las puertas en la Ciudad. (22,14)

El capítulo 22, último del Apocalipsis, describe la nueva Creación:

Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan su fruto doce veces, una vez cada mes y sus hojas sirven de medicina para los gentiles. Y no habrá ya maldición alguna. (22,1-3a)

En una palabra, el Cielo, donde habrá una vida sin término. El definitivo y perfecto reino de Dios. Y de este reino podrán ser parte aquellos que hayan lavado sus vestiduras, que se hayan purificado de sus pecados, como expresa la bienaventuranza. Resulta impactante la dureza del versículo siguiente a esta bienaventuranza:

«¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!» (22,15)

Me llama la atención el hecho de que los que participen del reino podrán disponer del árbol de la Vida, de aquél mismo árbol que Yahvé quiso preservar intacto en el Génesis, tras la caída de nuestros primeros padres. Nos narra la tradición yahvista en el libro del Génesis, que en medio del jardín del Edén Dios había sembrado dos árboles especiales: el árbol de la Vida, y el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

Yahvé prohibió a Adán y Eva comer del fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, pero ambos lo hicieron, y habiéndolos expulsado del jardín del Edén, puso Dios la llama de una espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida (Gn 3,24c) porque cuidado, no alargue (el hombre) su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre. (Gn 3,22b)

El árbol de la vida es simplemente el símbolo de la vida eterna, pero me llama la atención la bella manera en que el mismo símbolo es usado como hilo conductor que corre de principio a fin, cuando el hombre cae (en el Génesis) y cuando el hombre entra al reino de Dios (en el Apocalipsis). El árbol de la vida (eterna) que quedó privado para el hombre al principio de la historia de la Salvación, queda accesible nuevamente para él, al culminarse esta historia.

Conclusión

Tras este recorrido “exegético” (o sobrevuelo, diría yo) por las siete bienaventuranzas que expresa el Apocalipsis, sólo hay que dar el siguiente paso, que para la fe del cristiano tiene mayor relevancia: la meditación de cada una de las bienaventuranzas, a fin de hacerlas actuales y participar de ellas.

Después de meditar sobre las bienaventuranzas del Apocalipsis, no me queda más que repetir junto con su autor:

Dice el que da testimonio de todo esto: «Sí, vengo pronto. » ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. ¡Amén! (22,20-21)

3. 666 – La segunda bestia del Apocalipsis

Autor: Mauricio Israel Pérez López | Fuente: Apologética.org 

Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666!

La segunda bestia del Apocalipsis, más conocida entre la gente por su número 666, ha sido motivo de confusión motivada por la ignorancia bíblica, alentada además por las espectaculares producciones cinematográficas que gustan de tocar este tema con toda libertad.

Hay quienes se afanan en encontrar en nuestros tiempos algún “anti Cristo” al cual se le puedan atribuir los rasgos descritos en el Apocalipsis, y con inquieta curiosidad especulan sin cesar con audaz atrevimiento, pero sin fundamentar las supuestas coincidencias por ellos encontradas.

Y no sólo sobre la bestia, sino sobre todos los símbolos usados en este libro, se busca encontrar “la verdad” en los signos de nuestros tiempos, siendo que el auténtico significado está ubicado en un tiempo y contexto históricos precisos, y ajenos a nuestro tiempo.

Mi interés al escribir este artículo es desarrollar una breve exégesis sobre la perícopa de “El falso profeta al servicio de la Bestia”, a fin de aclarar desde el punto de vista exegético el verdadero significado de este pasaje bíblico.

El ejercicio expuesto en este artículo fue realizado de manera personal, manteniéndome siempre en el ámbito de la “sana doctrina” de nuestra Iglesia Católica, y en la línea de nuestra exégesis contemporánea.

Consideraciones teóricas

Para iniciar este trabajo exegético, considero importante explicar los elementos que sirven como material sólido (y correcto) para interpretar este pasaje. El texto bíblico está tomado totalmente de la Edición Española de la Biblia de Jerusalén.

Género literario

El Libro de la Revelación, o Apocalipsis de Juan, corresponde precisamente al género literario “apocalíptico”. Este género floreció en la literatura hebrea por cuatro siglos, desde el siglo II a.C, hasta el siglo II d. C. La apocalíptica depende de la literatura profética y de la sapiencial.

Pero a diferencia de la literatura profética, donde el elemento esencial es “la palabra”, en la apocalíptica el elemento esencial es “la visión”. Otra característica del género apocalíptico es el uso abundante de símbolos.

La estructura de un Apocalipsis se da siempre en estas tres fases:

  • Una etapa de opresión al Pueblo de Dios.
  • Una etapa de castigo y destrucción del enemigo.
  • Una etapa de liberación, victoria y dominio del Pueblo de Dios.

Es importante distinguir la enseñanza detrás de “la visión”, del relato que narra “la visión” en el Apocalipsis. El contenido apocalíptico es escatológico a la vez que histórico, por lo que su enseñanza perdura hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, al ser histórico, su relato siempre se refiere a un tiempo inmediato concreto, pues es escrito en un tiempo de fuerte opresión.

Con esta óptica ha de interpretarse el Apocalipsis (y en consecuencia la perícopa interpretada en este artículo) si se quiere tener un entendimiento acertado de su significado. No obstante, con una buena hermenéutica, se puede hacer una actualización de su contenido doctrinal.

En el Primer Testamento encontramos literatura apocalíptica en Is, Ez, Jo, Zac y Dn. En el Nuevo Testamento encontramos textos apocalípticos en Mc, Mt y Lc cuando narran el discurso escatológico de Jesús; en algunos pasajes paulinos en las epístolas a los Tesalonicenses y la Primera a los Corintios, y evidentemente, en el Apocalipsis.

Claves de interpretación

Para entender no sólo el contenido de la perícopa que analizo en este artículo, sino todo el contenido del Apocalipsis de Juan, es preciso primero conocer el contenido y los símbolos del Apocalipsis contenido en el libro del profeta Daniel. A su vez, para entender los símbolos de Daniel, es preciso conocer y entender los símbolos utilizados por el profeta Ezequiel.

Esto resulta de capital importancia, pues al comprender los simbolismos de Ez y Dn la exégesis del Apocalipsis de Juan resulta un proceso más sencillo y natural. Hacer un recuento y dar una interpretación a esta simbología, queda fuera del alcance de este trabajo. Sin embargo, lo menciono para el estudioso que guste profundizar por cuenta propia.

Igualmente, en el caso de esta perícopa resulta imprescindible comprender el significado de la Primera Bestia, descrita en la perícopa anterior. Sobre ello detallaré en el apartado “El Contexto Inmediato”.

Los Apocalipsis son desarrollados en una época de opresión. En el caso concreto del Apocalipsis de Juan, éste fue escrito en el año 95, según se piensa generalmente. En ese tiempo, Domiciano exigía el “culto imperial” aún más que sus predecesores Vespasiano y Tito. Es en este contexto histórico donde debemos buscar el verdadero significado de los simbolismos empleados por Juan.

Numerología apocalíptica

Todos los números utilizados en el Apocalipsis tienen un significado específico. Conocerlos ayuda a entender los símbolos del texto. Para interpretar la perícopa que nos ocupa, conviene conocer los siguientes:

Número 2. Se utiliza para dar solidez, para reforzar. Por ejemplo: dos testigos, dos cuernos.

Número 3. Perfección

Número 6. Uno menos que el 7, significa imperfección.

Número 7. Plenitud

Número 666. Tres veces seis, es decir la perfecta imperfección, la imperfección total.

La Perícopa

El falso profeta al servicio de la Bestia
Ap 13,11-18

(11) Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente.

(12) Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada.

(13) Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; (14) y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que les ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió.

(15) Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia.

(16) Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, (17) y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia, o con la cifra de su nombre.

(18)¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.

Delimitación

Contexto Inmediato

La perícopa de “El falso profeta al servicio de la Bestia” está delimitada por las perícopas “El Dragón transmite su poder a la Bestia” (12,18-13,10) y “El acompañamiento del Cordero” (14,1-13).

El Dragón transmite su poder a la Bestia
12,18-13,10

En esta perícopa Juan ve surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos. La bestia del mar era semejante a un leopardo con patas de osos y fauces de león, y recibió del Dragón su poder y su trono y gran poderío. (cfr 13,1-3).

La gente se postra ante el Dragón y la bestia, a quien alaban (cfr 13,4-8). Juan concluye advirtiendo “El que tenga oídos, oiga. El que a la cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de morir. Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos (13, 9-10).

“El mar” es en la literatura oriental, un elemento asociado con el caos, con el abismo, con la rebelión. La descripción de la bestia es similar a la visión de las cuatro bestias de Dn 7,3-8.

Al ubicar el texto en su contexto histórico, lo más coherente es relacionar esta bestia que surge del mar con el Imperio Romano, de gran poderío y avasalladora extensión, y prototipo de todos los poderes que se levantarán contra la Iglesia a través de los siglos.

Los diez cuernos y las diez diademas representan a diez reyes romanos. Las siete cabezas con títulos blasfemos simbolizan a siete emperadores. Hay que notar que las cifras usadas son símbolo de la totalidad.

El poder de la Bestia se extiende sobre toda raza, pueblo, lengua y nación, y le viene del Dragón. De la misma forma el Imperio Romano se va extendiendo cada vez más. El versículo tres menciona una cabeza herida de muerte, pero sanada, lo cual puede ser una alusión a un momento determinado en que el Imperio Romano se vio en peligro, pero subsistió. Otros autores prefieren entender aquí un símil con la leyenda según la cual Nerón, después de suicidarse, regresaría a tomar el poder sobre Roma.

La Bestia profiere con su boca blasfemias contra Dios, hace la guerra a los santos, es adorada por todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no están escritos, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado.

El Imperio Romano perseguía ardientemente a los cristianos por el hecho de que éstos, por su única fe en Cristo Jesús, se negaban a dar culto tanto al Imperio como al César.

Esta situación de rechazo a Dios y cruel persecución requiere “la paciencia y la fe de los santos”.

Entender que esta bestia del mar representa al Imperio Romano, es quizás la pista más sólida para entender a la segunda bestia, surgida de la tierra, como explicaré en su momento.

El acompañamiento del Cordero
(14,1-13)

En esta perícopa Juan encuentra un cordero sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevan escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

Una interpretación fundamentalista y errónea de este número, como la que proponen los Testigos de Jehová, pretende asegurar que solamente 144,000 almas iran al cielo. Nada más equivocado.

A los partidarios de la Bestia, marcados con su nombre, Juan opone los seguidores del Cordero, agrupados de forma simbólica en el Sión, Jerusalén, la ciudad Santa elegida por Dios. Ellos representan al nuevo Israel. El número 144,000 equivale a 12 x 12 x 1000, que significa la exageración de un número que representa totalidad, y no una cantidad como tal.

Habla de los rescatados, es decir, de los que han alcanzado la salvación. Las cualidades de estos rescatados según la perícopa son: hombres que no se han manchado con mujeres, son vírgenes; siguen al Cordero adondequiera que va; han sido rescatados de entre los hombres; son primicias para Dios y para el Cordero; no se halló en su boca falsedad; no tienen mancha (cfr Sal 30).

Es significativo el hecho de que son “primicias”, por lo que se puede pensar que no se trata en este caso de todos los redimidos, sino de un grupo representativo. Probablemente, aquellos que ya han dado su vida por la fe.

Contexto Inmediato

La perícopa en cuestión está contenida en la primera parte, “Los Preliminares del “Gran Día” de Dios” del segundo título del Apocalipsis, “Las Visiones Proféticas”, que está conformado por las siguientes perícopas:

Dios entrega al Cordero los destinos del mundo (4 – 5)

El Cordero rompe los siete sellos (6)

Los servidores de Dios serán preservados (7,1-8)

El triunfo de los elegidos en el Cielo (7,9-17)

El séptimo sello (8,1)

Las oraciones de los santos apresuran la llegada del Gran Día (8,2-5)

Las cuatro primeras trompetas (8,6-13)

La quinta trompeta (9,1-12)

La sexta trompeta (9,13-21)

Inminencia del castigo final (10,1-7)

El librito devorado (10,8-10)

Los dos testigos (11,1-13)

La séptima trompeta (11,14-19)

Visión de la Mujer y del Dragón (12,1-17)

El Dragón transmite su poder a la Bestia (12,18-13,10)

El falso profeta al servicio de la Bestia (13,11-18)

El acompañamiento del cordero (14,1-13)

La siega y la vendimia de las naciones (14,14-20)

El cántico de Moisés y del Cordero (15,1-4)

Las siete plagas de las siete copas (15,5 – 16,21)

Personajes

Juan

El autor del Apocalipsis se da a conocer como Juan (1, 1.4.9; 22,8), un hombre que debido a su fe cristiana sufría el exilio en la isla de Patmos, una colonia penal de Roma. Pese a su nombre, es difícil pensar que el autor de este libro es Juan el Apóstol, o el mismo (o los mismos) autor del cuarto Evangelio o de las cartas joaninas. Él mismo no habla de sí como del apóstol ni como autor de estos textos.

Algunos Padres de la Iglesia lo identificaron con el apóstol, seguramente por la afinidad del nombre, incluyendo a Justino, Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano e Hipólito. Sin embargo, otros como Eusebio de Cesarea, Cirilo de Jerusalén e incluso Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo, negaron este hecho.

El vocabulario, la gramática y el estilo hacen dudoso que el Apocalipsis fuera compuesto por las mismas personas responsables de los demás textos neotestamentarios firmados por “Juan”. Por otro lado, existen similitudes lingüisticas y afinidades teológicas con el cuarto evangelio que hacen suponer que el autor del último libro de la Biblia bien pudiera haber sido discípulo de Juan el Apóstol.

En esta perícopa, Juan se muestra como el receptor de una nueva visión donde contempla la segunda Bestia.

La primera Bestia

Como he explicado anteriormente, el autor del Apocalipsis representa con el símbolo de la Bestia surgida del mar al Imperio Romano.

La segunda Bestia

Surgida de la tierra, a partir de esta perícopa, el Apocalipsis se habrá de referir a ella como “El falso profeta”, que está al servicio de la primera Bestia, es decir, del Imperio Romano.

Los habitantes de la tierra

Todos los habitantes de la tierra son seducidos por la Bestia.

Aquellos que no adoran a la primera bestia
Entendiendo que la primera bestia es el Imperio Romano, resulta evidente que aquellos que no adoran a la primera bestia son los cristianos, quienes desacataban el mandato del Culto Imperial que implicaba adorar al “Divus Caesar” y a la “Dea Roma”.

El hombre inteligente

Así califica Juan al que logre calcular la cifra de la Bestia.

Interpretación de la Perícopa

(11) Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente.

El cuerno es símbolo de autoridad en el Apocalipsis. Vemos que aquél que está simbolizado por la Bestia de la tierra tenía dos cuernos, es decir, se trataba de alguien con suma autoridad.

(12) Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada.

Comprendiendo que la primera Bestia es el Imperio Romano, es fácil entender que la segunda Bestia es el símbolo apocalíptico de un ministro de Roma, y que como explicaba recientemente, era alguien que tenía la suma autoridad.

Podemos pensar pues, que se trata de un emperador. Un emperador que tenía la misión del Imperio de asegurar su legendaria extensión territorial “haciendo que la tierra y todos sus habitantes adoren a la primera Bestia”.

(13) Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra;

Notamos aquí una señal de alerta contra las seducciones de la idolatría, según la segunda redacción de la Ley de Moisés.

El Deuteronomio ordena que si surge un profeta que propone una señal o un prodigio, y pide ir en pos de otros dioses desconocidos a servirles, este profeta no debe ser escuchado (cfr Dt 13,2-4).

Cristo mismo previene sobre la venida de estos falsos profetas que arrastran a sus seguidores a la perdición (cfr Mt 24,24). Es interesante notar que esta prevención (y predicción) de Cristo está contenida nada menos que en su Discurso Escatológico, es decir, en un texto eminentemente apocalíptico.

Lo mismo en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, donde Pablo anticipa que la venida del “Impío” estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros y prodigios. Todo tipo de maldades acabarán por seducir a los que no han aceptado el amor de la verdad salvadora (cfr 2 Ts 2,9-10). Otro pasaje apocalíptico.

Resulta evidente el paralelo entre estos tres pasajes y este versículo del Apocalipsis.

(14) y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que les ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió.

El Espíritu de Dios era el que realizaba prodigios en la Iglesia para provocar la fe en Cristo; la segunda Bestia imita al Espíritu, como la Serpiente y la primera Bestia imitan al Padre y al Hijo. Así pues, el Dragón, la primera y la segunda Bestia son una caricatura antitética de la Trinidad: Padre-Hijo-Espíritu Santo y Dragón-Primera Bestia-Segunda Bestia.

(15) Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia.

Los cristianos siempre rechazaron el culto al Imperio y al César. Vemos aquí que la segunda Bestia exterminaba a los cristianos, era un fuerte perseguidor de ellos. Esto va dando luz a la deducción de su nombre. Se trata pues de un emperador romano que persiguió encarnizadamente a los cristianos.

(16) Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente,

El tatuaje en la mano y en la frente hace pensar en el “culto imperial”.

Más adelante un ángel advertirá que el que se haga la marca en frente o en la mano, habrá de beber del vino del furor de Dios (cfr 14,9). Igualmente, sobrevendrá una úlcera maligna sobre los que se han hecho la marca (cfr16,2).

Y cuando la Bestia sea capturada, será arrojada viva junto con los que se hicieron la marca en el lago del fuego que arde con azufre (cfr 19,20). Sin duda, todos estos son simbolismos, pero resulta obvio lo deplorable de la actitud de aquellos que optan por seguir a la Bestia.

Por el contrario, todos los que no adoraron a la Bestia ni se hicieron la marca en la mano ni en la frente, es decir, los que no hicieron obras acordes con la Bestia, ni la aceptaron con su mente ni su actitud, revivieron y reinaron con Cristo mil años (cfr 20,4).

(17) y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia, o con la cifra de su nombre.

El no llevar la marca de la Bestia es motivo de privación de las actividades cotidianas en el Imperio Romano, y peor aún, es motivo de privación de derechos jurídicos y civiles.

(18) ¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.

En lugar de dar el nombre de la Bestia, Juan utiliza una cifra, 666, y explica que hay que calcularla. Para sumar 666, existe una gran cantidad de combinaciones. La base de la que hay que partir para hacer este cálculo, es el hecho de que en griego y en hebreo las letras del alfabeto tienen valor numérico, pues estas lenguas carecían de numerales.

La opinión más aceptada entre los exégetas, y con la cual coincido personalmente, es que Juan se refiere a Nerón, dado que su nombre en hebreo es NRWN QSR (Nerón César), recordando que en el hebreo no se escriben vocales entre las consonantes (y los puntos vocales, que de cualquier forma no tienen valor numérico, fueron adaptados varios siglos después de la escritura del Apocalipsis), y las equivalencias numéricas son:

Nombre Nun - Equivalente N - Valor……….50

Nombre Resh - Equivalente R - Valor……+ 200

Nombre Waw - Equivalente W - Valor………+ 6

Nombre Nun - Equivalente N - Valor……..+ 50

Nombre Qoph - Equivalente Q - Valor……+ 100

Nombre Samekh - Equivalente S - Valor…..+ 60

Nombre Resh - Equivalente R - Valor……+ 200

SUMA:………………………………= 666

En griego, la suma da 616, por lo que algunas versiones de la Biblia, muy pocas, utilizan esta otra cifra. En tal caso 616 no significa “Nerón César”, sino “Dios César”. Como sea, todo parece coincidir con mucha fuerza para confiar en que el pasaje se refiere a Nerón, uno de los más acérrimos perseguidores de los cristianos, que sabemos que entre sus “ingeniosos” tormentos, hacía amarrar en postes (crux simplex seguramente) a los cristianos en los senderos de los jardines de su palacio, y los hacía arder en llamas para que sirvieran como antorchas.

Hay que recordar además que el 6 es un número usado para representar la imperfección, por quedar detrás del 7, la plenitud. El hecho de repetir tres veces el 6, resulta significativo, pues 3 es símbolo de perfección. Repetir tres veces un adjetivo equivale al máximo superlativo posible. Así, repetir tres veces el 6, 666, el “tres veces Imperfecto”, el “totalmente imperfecto”, equivale de manera antitética al “tres veces Santo”, “Santo, santo, santo” que se usa para llevar al máximo la exaltación de la santidad de Dios, el “Todo Santo”.

Actualización

Falsos profetas, perseguidores del cristianismo y seducciones materiales y paganas siempre habrán de acosar a todos los habitantes del mundo. Sin embargo, los fieles cristianos que se mantienen con paciencia en la fe, habrán de superar estas pruebas.

Conclusión

Quien leyó este artículo buscando encontrar pistas o incluso nombres concretos de supuestos anticristos contemporáneos, seguramente quedó decepcionado. La Apocalíptica es un género difícil de comprender por la gran cantidad de simbolismos que emplea. Sin embargo, el conocer las claves de actualización acertadas, y la familiaridad con los textos de Ez y Dn facilitan el entendimiento del Apocalipsis.

El hebreo, al carecer de numerales, emplea sus mismas letras con fines aritméticos. De esta forma, el nombre de Nerón César escrito con caracteres hebreos, coincide en valor numérico con la cifra 666.

El Apocalipsis al estar escrito en el contexto de la persecución cristiana por el Imperio Romano, encuentra el verdadero significado de sus símbolos en esa situación histórica concreta. No obstante, el sentido y la enseñanza del texto, son escatológicos.

Por esta razón, si algo debemos aplicar de este libro en nuestros tiempos, que tantas veces ponen a prueba nuestra cordura cristiana, es la enseñanza de fe y esperanza desarrolladas en el texto, más que el pretender emplear los símbolos empleados en el texto como referencias a eventos cataclismicos que hemos de padecer.

© Mauricio Israel Pérez López, 2000

2. Sobre el fin del mundo y los tamales

Autor: Enrique Samson | Fuente: envivo.regnumchristi.org

Una mirada cristiana al fin del mundo.

Un cuate decidió visitar a una adivina un día que estaba aburrido. Llegó hasta la puerta, junto a un aparador repleto de estatuillas, inciensos, medias lunas, velas y demás cosas raras; como de película. La puerta estaba cerrada, así que tocó el interfón.

Una voz aguardientosa preguntó por la bocina: "¿Quién eeees?" Mi amigo respondió: "¡Vaya porquería de adivina!" Y se fue. Tengo razones teológicas de peso para dudar que alguien que tenga la conciencia en buen estado pueda predecir el futuro. Es más, si se lo encuentran en la calle, yo mejor me cambiaba de banqueta.

Pero parece que no. Queremos saber y nos viene como anillo al dedo la invitación de Cristo a no agobiarnos por querer saber cuándo es el fin del mundo (Mt 24,36). Y aún así, parece ser que algunos siguen preocupados todavía por la cuenta del ciclo largo del 13 de Bak´tun que termina el 21 de diciembre de 2012. No sé, pero la última vez que busqué, no había ningún registro histórico confiable de que los mayas resucitaran muertos, detuvieran tempestades con comandos de voz. No creo que los mayas supieran algo que Cristo no supiera. No creo que vaya por ahí.

Con toda la locura mediática alrededor del "cataclismo que nos espera en 2012", me da la impresión que los antiguos mayas, tan sabios y científicos como eran, hubieran hecho mejor uso de sus computadoras prediciendo el fin de su propia civilización que el del mundo entero. Y miren que quiero a la civilización maya y a las pruebas me remito.

Estoy convencido de que en el cielo debe haber tamales de hoja de plátano y seguirán siendo mis favoritos hasta el día que mi corazón deje de latir por ellos. Son muy, muy buenos.

Un amigo mío, muy estimado y muy viajero, se dedicó a hacer la ruta maya durante varias semanas y visitó con su mochila al hombro todo el sur de México y territorios de Centro América y el Caribe. En una semana que tuve de vacaciones lo acompañé por Chiapas y recorrimos San Cristóbal de las Casas y Palenque que es im-pre-sio-nante. Parece ser que más del 80% de Palenque queda sin explorar y lo que está excavado es majestuoso.

Me gusta el olor de la selva que devorándolo todo, nos muestra la majestad de Dios, más grande que la creación que se resiste a ser domada por completo. Aprendí algunas palabras en tzotzil y tzeltal, que ya se me olvidaron, pero no se me olvida la gente que nos recibió, nos paseó por sus aldeas y nos alimentó, a veces gratis. Llena de alegría por vivir como bien se nos da a la mayoría de los mexicanos que gracias a Dios no buscamos el mal ajeno, me acuerdo mucho de una señora que echaba tortillas en su jacal y nos invitó a sentarnos con ella a compartir unos tacos de semilla de calabaza.

Así que antes que me tachen de anti-maya, advierto que hice varios amigos por allá que se enorgullecen de llevar en las venas la savia de las ceibas Yucatecas.

Pero divago. Volviendo al punto. Siempre ha habido y siempre habrá predicciones sobre el fin del mundo. Para muestra basta un botón. Si tienen tiempo tecleen en su buscador las predicciones de Charles Taze Russell o Joseph Franklin Rutherford, cuyos errores todavía siguen "religiosamente" 7 millones de personas en el mundo. Se los dejo de tarea para no ofender a ninguna secta.

A la hora de la verdad, la escatología cristiana es más completa de lo que Hollywood, o Russell o Rutherford para lo que nos atañe, nos quieren dejar ver. A la hora de trabajar con escritores en la industria del entretenimiento, sabemos que la fantasía y el valor diversión generan más rating y dinero que la certeza teológica o científica. Lo cual se vale a la hora de contar un cuento; que aquí entre nos, yo creo que este cuento del 2012 es eso, sólo un cuento.

No creo que pase nada. Y si pasa, ya me vendrán a reclamar luego que el mundo se termine. Ojalá haya blogs en el cielo. Blogs y tamales de hoja de plátano.

La curiosidad y el miedo son pan de cada día en esto de ser humanos. Por eso buscamos revelaciones. Porque buscamos la paz que sólo podemos encontrar en la fuente de toda paz. Por esto Dios nos regaló un libro repleto de revelación, palabra que si traducimos al griego entendemos mejor: "apocalipsis".

En el video que les anexo, el padre José Antonio Caballero, L.C. nos da su opinión sobre las revelaciones mayas, el pánico que los medios parecieran querer sembrar en esta cultura de la nueva era, y nos comparte algunos puntos sobre la revelación cristiana en el último libro de la Biblia.

Hollywood también le ha dado mala fama a éste. Pero cuando lo estudiamos con atención, nos damos cuenta de que su mensaje es de paz. Yo creo que el mejor consejo que he recibido de mi madre es "no dejes que nada ni nadie te quite la paz" y "recuerda que nada que quita la paz viene de Dios" (Jn 14,27). OK, son dos consejos, hice trampa.

Pero el video sí les va a gustar.

1. Apocalipsis ¿qué es y a qué se refiere?

Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net 

Apocalipsis Jesús es el conquistador de Satanás y su reino.

Apocalipsis (Libro de las Revelaciones)

El Apocalipsis, del verbo "apokalypto", revelar, es el nombre dado al último libro de la Biblia. También se le llama libro de la Revelación.

Aunque es una obra cristiana, el Apocalipsis pertenece a una clase de literatura que tiene que ver con temas escatológicos, muy en boga entre los judíos del siglo I a. C. y del I después de Cristo.

Autenticidad

El autor del Apocalipsis se llama a sí mismo Juan. "Juan a las siete iglesias que están en Asia" (Ap. 1, 4). Y de nuevo, "yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación. . . me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios" (1, 9).

El Vidente no da más detalles sobre su personalidad. Pero por la tradición sabemos que el Vidente del Apocalipsis era San Juan, apóstol, hijo de Zebedeo, el Discípulo amado de Jesús. Al final del siglo segundo el Apocalipsis fue reconocido por los representantes históricos de las iglesias principales como una obra genuina del apóstol Juan. En Asia, Melitón, Obispo de Sardes, una de las Siete Iglesias del Apocalipsis, reconoció el Apocalipsis de Juan y escribió un comentario sobre él (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, IV, 26).

En la Galia, Ireneo cree firmemente en su autoridad Divina y Apostólica (Adversus Haer., V, 30). En África, Tertuliano cita frecuentemente el Apocalipsis sin dudas aparentes sobre su autenticidad (C. Marcion, III, 14, 25).

En Italia, el Obispo Hipólito asigna su autoría al apóstol Juan, y el Fragmento Muratoriano (un documento del principio del siglo tercero) lo enumera junto con las otras escrituras canónicas, añadiendo, ciertamente, el Apocalipsis apócrifo de San Pedro, pero con la cláusula, quam quidam ex nostris in ecclesia legi nolunt. El Vetus Itala, la versión latina común en Italia y Africa durante el siglo tercero, contenía el Apocalipsis.

En Egipto, Clemente y Orígenes creían sin vacilación en su autoría joánica. Ellos eran estudiosos y hombres de juicio crítico. Su opinión es aún más valiosa por cuanto ellos no simpatizaban con la enseñanza milenaria del libro. Ellos se contentaron con una interpretación alegórica de ciertos pasajes pero nunca se aventuraron a impugnar su autoridad. Acercándonos más estrechamente a la era apostólica tenemos el testimonio del mártir de san Justino, a mediados del siglo segundo.

De Eusebio, (Hist. Eccl., IV, xviii, 8), así como de su diálogo con el judío Trifón (c. 81), realizado en Éfeso, la residencia del apóstol, sabemos que él admitió la autenticidad del Apocalipsis. Otro testigo de alrededor del mismo tiempo es Papías, Obispo de Hierápolis, un lugar no lejos de Éfeso. Si no escuchó directamente a San Juan, al menos conoció personalmente algunos de sus discípulos (Eusebio, Hist. Eccl., III, 39). Su conocimiento es indirecto. Andreas, Obispo de Cesarea, en el prólogo a su comentario del Apocalipsis, nos informa que Papías admitió su carácter inspirado.

Indudablemente Papías sacó del Apocalipsis sus ideas sobre el milenio, por lo cual Eusebio desacredita su autoridad, declarándolo haber sido un hombre de comprensión limitada. Los escritos apostólicos no dan ninguna evidencia de la autenticidad del libro.

Argumentos en contra de su autenticidad

Los "Alogi", una secta del año 200 D.C., llamada así debido a su rechazo de la doctrina del Logos, negó la autenticidad del Apocalipsis y se lo asigna a Cerinto (Epifanio, Ll, ff, 33,; cf. Iren., Adv. Haer., III, 11, 9). Cayo, un presbítero romano, de aproximadamente la misma época, sostiene una opinión similar. Eusebio cita sus palabras tomadas de su Disputa: "Pero Cerinto por medio de revelaciones que él afirmó ser escritos por un gran Apóstol falsamente imaginaba cosas maravillosas, afirmando que después de la resurrección habría un reino terreno" (Hist. Eccl., III, 28).

El antagonista más formidable de la autoridad del Apocalipsis es Dionisio, Obispo de Alejandría, discípulo de Orígenes. Él no se opone a suponer que Cerinto es el escritor del Apocalipsis. "Pues", dice, "ésta es la doctrina de Cerinto: que habrá un reino terreno de Cristo y como él era un amante del cuerpo, soñaba que se manifestaría en la satisfacción del apetito de los sentidos".

Sin embargo, él mismo no adoptó la visión de que Cerinto fuera su autor. Él consideraba el Apocalipsis como la obra de un hombre inspirado pero no de un Apóstol (Eusebio, Hist. Eccl., VII, 25). Durante los siglos IV y V la tendencia a excluir el Apocalipsis de la lista de sagrados libros siguió aumentando en las iglesias Syro-palestinas.

Eusebio no expresa ninguna opinión definida. Él se manifiesta con la afirmación: "El Apocalipsis es aceptado por algunos entre los libros canónicos, pero otros lo rechazan" (Hist. Eccl., III, 25). San Cirilo de Jerusalén no lo nombra entre los libros canónicos (Catech. IV, 33-36); tampoco aparece en la lista del Sínodo de Laodicea, o en la de Gregorio de Nacianzo.

Quizás el argumento más contundente contra la paternidad literaria apostólica del libro es su omisión del "Peshito", la Vulgata siria. Pero aunque el hecho de que estas autoridades den evidencia contra la autenticidad del Apocalipsis merece ser considerado, ellos no pueden anular ni afectar el testimonio más antiguo y unánime de las iglesias.

La opinión de sus oponentes, además, no era libre de prejuicios. De la manera en la que el Dionisio sostuvo la cuestión, es evidente que él consideró el libro peligroso al ocasionar nociones crudas y sensitivas acerca de la resurrección. En el Occidente la Iglesia perseveró en su tradición de la autoría apostólica. Solo san Jerónimo parece haber sido influenciado por las dudas del Oriente.

El Apocalipsis comparado con el Cuarto Evangelio

La relación entre el Apocalipsis y el Cuarto Evangelio ha sido discutida por todos los autores, tanto antiguos y como modernos. Algunos afirman y otros niegan su parecido mutuo.

El sabio obispo alejandrino, Dionisio, hizo en su tiempo una lista de diferencias a la que los autores modernos han tenido poco para agregar. Él empieza observando que mientras el Evangelio es anónimo, el escritor del Apocalipsis da su nombre, Juan.

Enseguida señala cómo la terminología característica del Cuarto Evangelio, tan esencial a la doctrina joánica, está ausente en el Apocalipsis. Los términos, "vida", "luz", "gracia", "verdad", no aparecen en el último. Tampoco la crudeza de dicción por parte del Apocalipsis se le escapa.

El griego del Evangelio es correcto en su gramática, e incluso le da crédito al autor por una cierta elegancia de estilo. Pero el lenguaje del Apocalipsis le parecía bárbaro y desfigurado por incorrecciones. Él, por consiguiente, se inclina a atribuir las obras a autores diferentes (Hist. Eccl., VII, 25). Los que sostienen una paternidad literaria común replican que estas diferencias pueden ser consideradas teniendo en cuenta la naturaleza peculiar y el objetivo de cada obra.

El Apocalipsis contiene visiones y revelaciones. En conformidad con otros libros del mismo tipo, por ej., el Libro de Daniel, el Vidente dio su nombre a su obra. El Evangelio, por otro lado, está escrito en la forma de un recuento histórico. En la Biblia, obras de ese tipo no llevan la firma de sus autores. Así también en lo referente a la ausencia de terminología joánica en el Apocalipsis. El objeto del Evangelio es demostrar a ese Jesús es la vida y la luz del mundo, la plenitud de la verdad y de la gracia.

Pero en el Apocalipsis Jesús es el conquistador de Satanás y su reino. Se aceptan los defectos de gramática en el Apocalipsis. Algunos de ellos son bastante obvios. El lector puede notar el hábito del autor de agregar una aposición en el nominativo a una palabra en un caso oblicuo (cf. 3, 12; 9, 12; 20, 2). Además contiene algunos modismos hebreos: por ej., la palabra hebrea equivalente a "erchomenos": "el que ha de venir", en lugar de "esomenos", (1, 8). Pero debe tenerse en cuenta que cuando el Apóstol vino por primera vez a Éfeso, probablemente era totalmente ignorante de la lengua griega.

Los defensores de la identidad de autoría apelan además al hecho llamativo que en ambas obras Jesús es llamado el Cordero y la Palabra. La idea del cordero que hace expiación por el pecado por medio de su sangre se toma de Isaías (53). A lo largo del Apocalipsis el retrato de Jesús es el del cordero. A través del derramamiento de su sangre ha abierto el libro con siete sellos y ha triunfado sobre Satanás.

En el Evangelio Jesús es señalado por el Bautista como el "Cordero de Dios… que quita el pecado del mundo" (Juan 1, 29). Algunas de las circunstancias de su muerte recuerdan el rito observado al comer el cordero pascual, el símbolo de la redención. Su crucifixión tiene lugar en el día mismísimo en el que la Pascua era comida (Juan 18, 28). Aunque fue crucificado, sus ejecutores no rompieron los huesos de su cuerpo para que la profecía se cumpliera: "no se le quebrará hueso alguno" (Juan 19, 36).

El nombre "Logos": "Palabra", es muy propio del Apocalipsis, del Evangelio y de la primera Epístola de San Juan. La primera frase del Evangelio es, "En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios". La primera epístola de San Juan empieza, "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído. . . de la palabra de vida". Así también en el Apocalipsis, "Y su nombre es la Palabra de Dios" (19, 13).

Tiempo y lugar

El vidente testifica que las visiones que está a punto de narrar fueron vistas por él mientras estuvo en Patmos. "Yo Juan. . . estaba en la isla llamada Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús" (1, 9). Patmos es uno del grupo de pequeñas islas cerca de la costa del Asia Menor, aproximadamente doce millas geográficas de Éfeso.

La Tradición, como Eusebio nos dice, nos ha afirmado que Juan fue desterrado a Patmos durante el reinado de Domiciano por causa de su testimonio de la palabra de Dios (Hist. Eccl., III, 18). Él se refiere obviamente al pasaje "por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús" (1, 9). Es verdad que el significado más probable de esta frase es, "para oír la palabra de Dios", etc., y no "desterró debido a la palabra de Dios´´, etc., (cf. 1, 2). Pero era bastante natural que el Vidente habría considerado su destierro a Patmos como previsto por la Providencia Divina para que en la soledad de la isla pudiera oír la Palabra de Dios.

La tradición transmitida por Eusebio halla confirmación en las palabras del Vidente que se describe como "un hermano y compañero en la tribulación´´ (1, 9). Ireneo ubica el destierro del Vidente en Patmos al final del reino de Domiciano. "Paene sub nostro saeculo ad finem Domitiani imperii" (Adv. Haer., V, 4). El Emperador Domiciano reinó en los años 81-96 D.C. En todos lo referente a la tradición joánica Ireneo merece un crédito excepcional. Su vida fue muy cercana a la edad Apostólica y su maestro, San Policarpo, había estado entre los discípulos de San Juan.

Eusebio registrando la afirmación de Ireneo sin ningún error, agrega como el año del destierro del Vidente el decimocuarto del reinado de Domiciano. San Jerónimo también, sin reserva o vacilación, sigue la misma tradición. "Quarto decimo anno, secundam post Neronem persecutionem movente Domitiano, in Patmos insulam relegatus, scripsit Apocalypsim" (Ex libro de Script.
Eccl).

Contra el testimonio unido de estos tres testigos de la tradición la declaración de Epifanio, que pone el destierro del Vidente bajo el reinado de Claudio en los años 41-54 D.C, parece sumamente improbable (Haer., li, 12, 33).

Contenido

(1) LAS SIETE IGLESIAS

1, 1-3. Título y descripción del libro. La revelación hecha por Jesús el Mesías a Juan. 

1, 4-9. Saludo. Saludo introductorio a las siete Epístolas, deseando a las iglesias la gracia y la paz de Dios y de Jesús. 

1, 9-20. La visión de Jesús como Hijo de hombre. El retrato es tomado de Daniel 10 y Enoc 46. Cf. las frases, "uno como hijo de hombre" (Apocalipsis 1, 13, Daniel 10, 16; 7, 13); "ceñido con oro" (Apocalipsis 1, 13; Daniel 10, 5); "ojos como llamas de fuego" (Apocalipsis 1, 14; Daniel 10, 6); "a una voz como de una multitud" (Apocalipsis 1, 15; Daniel 10, 6); "caí como muerto" (Apocalipsis 1, 17; Daniel 10, 9); "y él me tocó" (Apocalipsis 1, 17, Daniel 10, 18); "pelo blanco como lana" (Apocalipsis 1, 14; Daniel 7, 9; Enoc 46, 1). 

2, 1-3, 22. Las Cartas a las siete Iglesias. Las Iglesias son Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia, y Laodicea. Las Epístolas son cortas exhortaciones a los cristianos a permanecer fieles a su fe, a estar atentos a los falsos apóstoles a abstenerse de la fornicación y de la carne ofrecida a los ídolos.

(2) EL LIBRO CON LOS SIETE SELLOS

Capítulos 4 y 5. La visión de Dios entronizado sobre los Querubines. El trono está rodeado por veinticuatro ancianos. A la derecha de Dios está un rollo sellado con siete sellos. En medio de los Querubines y de los ancianos el Vidente mira un cordero, "agnus tamquam occisus", llevando en su garganta la cicatriz de la incisión con la que fue degollado. El Vidente llora porque nadie ni en cielo ni en tierra puede romper los sellos. Es confortado al oír que el cordero era digno de hacerlo debido a la redención que había forjado por su sangre. El retrato del trono es tomado de Ezequiel 1. Compare en ambas relatos la descripción de las cuatro bestias.

Ellos se parecen a un león, un buey, un hombre, y una águila. Sus cuerpos están llenos de ojos (cf. Ap. 9, 8; y Ez. 10, 12). Los veinticuatro ancianos probablemente fueron sugeridos por las veinticuatro clases de sacerdotes que atienden en el Templo. El cordero degollado por los pecados de la humanidad es de Isaías 53. 

Capítulos 6 y 7. Los siete sellos y la enumeración de los Santos. Al abrir cuatro sellos, cuatro caballos aparecen. Su color es blanco, negro, rojo, y pálido, o verdoso ("chloros"), Ellos significan conquista, matanza, carestía y muerte. La visión es tomada de Zac. 6, 1-8. Al ser abierto el quinto sello el Vidente mira a los mártires que fueron asesinados y oye sus plegarias por el triunfo final. Al abrirse el sexto sello los predestinados a la gloria son contados y marcados. El Vidente los mira divididos en dos clases. Primero, 144,000 judíos, 12,000 de cada tribu. Después una multitud innumerable escogida de entre todas las naciones y lenguas. 

Capítulos 8 y 9. El séptimo sello. Después del intervalo de alrededor de media hora, el séptimo sello es roto; siete ángeles aparecen, cada una sosteniendo una trompeta. El sonido de las primeras cuatro primeras trompetas causa una destrucción parcial de los elementos de naturaleza. Uno tercio de la tierra es quemada, así como un tercio de los árboles y todo el césped. Uno tercio del mar se vuelve sangre (cf. Ex., vii, 17). Uno tercio de los ríos se ha convertido en agua ajenjo. Uno tercio del sol, la luna, y de las estrellas se oscurece, haciendo que un tercio del día se oscurezca (cf. Ex. 10, 21).

Al sonar la quinta trompeta langostas salen del abismo. Su trabajo es atormentar a los hombres por cinco meses. Se les pide encarecidamente no tocar el césped. Su forma es la de caballos (Joel 2, 4), sus dientes son como los de leones (Joel 1, 6), su pelo como el pelo de mujeres. Ellos tienen colas de escorpiones con los que castigarán al hombre. El mando ellos lo tiene el Ángel del Abismo, nombrado "Abaddon", el destructor.

Al sonido de la sexta trompeta, los cuatro ángeles encadenados al Éufrates son soltados. Ellos lideran un ejército de jinetes. Por el fuego que los caballos escupían y por sus colas que eran como serpientes, uno tercio de la humanidad es matada. Después de la sexta trompeta hay dos relatos. (1) El ángel que está de pie en la tierra y el mar. Él jura que al sonido de la séptima trompeta el misterio estará completo. Él da al Vidente un librito. Cuando lo come, lo siente dulce al paladar, pero amargo una vez devorado. Tomado de Ezeq., 2, 8; 3, 3. (2) La contaminación de la corte del Templo por los paganos. Dura tres años y media. Tomado de Dan. 7, 25; 9, 27; 12, 7-11.

Durante ese tiempo dos testigos son enviados a predicar en Jerusalén. Ellos son los dos olivos de Zac, 4, 3.11. Al final de su misión son asesinados por la bestia. Ellos son resucitados después de tres días y medio (= años). La séptima trompeta suena ahora, las naciones son juzgadas y el reino de Cristo es establecido. 

(3) EL DRAMA DIVINO

Primer Acto. Capítulos 12-14. El cordero, la mujer, y su descendencia; y opuesto a ellos, el dragón, la bestia del mar, y la bestia de la tierra. La idea principal se toma de Gén. 3, 15. "Yo pondré enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer, entre tu descendencia y la suya". La mujer está envuelta en esplendor celestial; una corona de doce estrellas sobre su cabeza y el sol y la luna bajo sus pies (cf. Gén. 37, 9. 10).

Ella está con los dolores del parto. Su primogénito está destinado a gobernar todas la naciones (Sal. 2, 8. 9). Ella, y su otra descendencia, es perseguida durante tres años y medio por el gran dragón que intenta matarlos. El gran dragón es Satanás (Gén. 3, 1).

Él es expulsado del cielo. Con su cola arrastra con él un tercio de las estrellas. Tomado de Dan. 8, 10. Las estrellas caídas son los ángeles caídos. La bestia del mar está en gran parte tomada de la descripción de Daniel de las cuatro bestias. Se levanta del mar (Dan. 7, 3); tiene siete cabezas marcadas con blasfemias por todas partes. También tenía diez cuernos, como la cuarta bestia de Daniel (7, 7); se parece a un leopardo, la tercera bestia de Daniel (7, 6), tenía pies como de oso, la segunda bestia de Daniel (7, 5); y dientes como de león, la primera bestia de Daniel (7, 4).

El gran dragón da pleno poder a la bestia, después de lo cual todo el mundo le rinde culto (aquéllos cuyos nombres no están en el libro del cordero). Los seguidores de la bestia tienen su marca en la cabeza y en la mano. La bestia de la tierra tiene dos cuernos como de carnero. Su poder yace en su arte de engañar por medio de fichas y milagros.

A lo largo del resto del libro se le llama el falso profeta. Su oficio es ayudar la bestia del mar, e inducir a los hombres a adorar su imagen. El primer acto del drama concluye con una promesa de victoria del Cordero de Dios sobre la bestia. 

Segundo Acto. Capítulos 15-16. Las siete copas. Son las siete plagas que preceden la destrucción de la gran ciudad, Babilonia. Son en gran parte sugeridas por las plagas egipcias. La primera copa se vierte sobre la tierra.

Úlceras afectan violentamente a hombres y bestias (Ex. 9, 9. 10). La segunda y tercera copa son vertidas en los mares y ríos, que se convierten en sangre (Ex. 7, 17-21). La cuarta copa es derramada en el sol, que quema a los hombres hasta la muerte. La quinta copa es vertida en el trono de la bestia, lo que causa gran oscuridad (Ex. 10, 11-29).

La sexta copa es derramada en el Éufrates, cuyas aguas se secan y forman un paso para los reyes del Este (Ex. 14). La séptima copa es vertida en el aire, y una tormenta y un terremoto destruyen Babilonia.

Tercer Acto. Capítulos 17-18. La gran ramera. Está sentada sobre la bestia de color escarlata con las siete cabezas y diez cuernos; está vestida de escarlata y engalanada con oro. En su cabeza está escrito: Misterio, Babilonia la grande. Los reyes de la tierra cometen fornicación con ella. Pero el día de su visita ha llegado. Es convertida en un lugar desolado, morada de animales inmundos (Ls. 13, 21. 22). Su caída es lamentada por los gobernantes y comerciantes de la tierra.

Cuarto Acto. Capítulos 19-20. La victoria sobre la bestia y el gran dragón. Un caballero aparece montado en un caballo blanco. Su nombre es "Palabra de Dios". Él derrota a la bestia y al falso profeta, los cuales son tirados vivos al lago de fuego.

Su derrota es seguida por la primera resurrección y el reinado de Cristo por mil años. Los mártires resucitan y participan de la gloria y felicidad de Cristo. Durante estos mil años, el gran Dragón es encerrado con cadenas. Cuando termina el plazo es liberado para atormentar la tierra. Él engaña a las naciones Gog y Magog.

Estos dos nombres son tomados de Ezeq., caps. 28-29, donde, sin embargo, Gog es el rey de Magog. Por último es lanzado también por toda la eternidad al lago de fuego. Aquí es cuando el juicio universal y la resurrección tienen lugar. 

Quinto Acto. Capítulos 21-22. La nueva Jerusalén (cf. Ezequiel 40-48). Dios mora en medio de sus santos que disfrutan total felicidad. La nueva Jerusalén es la esposa del cordero. Los nombres de las Doce Tribus y de los Doce Apóstoles están escritos en sus portones. Dios y el cordero son el santuario de esta nueva ciudad.

Epílogo. Versículos 18-21. La profecía del libro se cumplirá pronto. El Vidente advierte al lector que no le añada ni le quite nada, so pena de perder su puesto en la ciudad celeste. 

Propósito del libro 

De esta lectura del libro es evidente que el Vidente estaba influenciado por las profecías de Daniel más que por cualquier otro libro. Daniel fue escrito con el objeto de confortar a los judíos bajo la cruel persecución de Antíoco Epifanio.

El Vidente en el Apocalipsis tenía un propósito similar. Los cristianos eran perseguidos furiosamente en el reino de Domiciano. El peligro de apostasía era grande. Los falsos profetas anduvieron tratando de seducir al pueblo para aceptar las prácticas paganas y tomar parte en el culto al César. El Vidente insta a sus cristianos a permanecer fieles a su fe y enfrentar sus problemas con fortaleza.

Él los anima con la promesa de una recompensa amplia y rápida. Él les asegura que la Venida triunfante de Cristo está a las puertas. Tanto al principio como al final de su libro el Vidente es muy enfático diciéndole a su pueblo que la hora de la victoria está cercana. Él comienza diciendo: "Bendito es el que. . . guarde lo escrito en ella; pues el tiempo está cerca" (1, 3). Él cierra sus visiones con las palabras patéticas: "El que da testimonio de estas cosas dice: Seguro que sí, vengo pronto: Amén.

Ven, Señor Jesús". Con la venida de Cristo serán vengadas las penas de los cristianos. Sus opresores serán entregados al juicio y a los tormentos eternos. Los mártires que han caído resucitarán, de modo que ellos puedan compartir los placeres del reinado de Cristo, el milenio. Aunque esto no es sino un preludio a la bienaventuranza eterna que sigue después de la resurrección general. 

Es un artículo de fe que Cristo retornará al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos. Pero el tiempo de su segundo advenimiento es desconocido. "Pero de ese día y hora nadie sabe, no, ni los ángeles del cielo, sino sólo el Padre" (Mt. 24, 36). Aparecería, y es sostenido así por muchos que los cristianos de la edad Apostólica esperaron que Cristo volvería durante su propia vida o generación. Este parece ser el significado más obvio de varios pasajes ambos en las Epístolas y Evangelios (cf. Juan 21, 21-23, Tes. 4, 13-18).

Los cristianos de Asia Menor y el Vidente con ellos, parecen haber compartido esta expectativa engañosa. Su esperanza equivocada, sin embargo, no afectó la integridad de su fe en la parte esencial de la dogma. Su visión de un periodo milenario de felicidad corpórea era igualmente erróneo. La Iglesia ha desechado totalmente la doctrina de un milenio anterior a la resurrección.

San Agustín ha sido quizás quien más que ningún otro ha ayudado a librar la Iglesia de todas las imaginaciones crudas como referidas a sus placeres. Él explicó el milenio alegóricamente y lo aplicó a la Iglesia de Cristo en tierra. Con la fundación de la Iglesia el milenio empezó. La primera resurrección es la resurrección espiritual del alma del pecado (De Civ. Dei Lib. XX). Así el número 1,000 debe ser tomado indefinidamente. 

Estructura del libro y su composición literaria 

La estructura del Apocalipsis requiere una división en tres partes. 

La primera parte comprende las siete cartas de exhortación. La segunda tiene como idea principal la sabiduría de Cristo. Es simbolizada por el libro con siete sellos. En él están escritos los decretos eternos de Dios tocante al fin del mundo y a la victoria final del bien sobre el mal. Nadie excepto Jesús, el cordero degollado por los pecados del mundo, es digno de romper los sellos y leer su contenido. 

La tercera parte describe el poder de Cristo sobre Satanás y su reino. El cordero derrota el dragón y la bestia. Esta idea se desarrolla en un drama de cinco actos. En cinco escenas sucesivas vemos ante nosotros la batalla, la caída de Babilonia la ramera, la victoria y la bienaventuranza final. 

La tercera parte es no sólo la más importante, sino también la mejor lograda desde un punto de vista literario. El drama del cordero contiene varios pensamientos bellos de valor duradero. El cordero, simbolizando afabilidad y pureza, conquista la bestia, la personificación de lujuria y crueldad. La ramera significa idolatría.

La fornicación que los gobernantes y las naciones de la tierra cometen con ella significa el culto que rinden a las imágenes de César y a las monedas de su poder. La segunda parte es inferior en belleza literaria. Mucho de su contenido es tomado del Antiguo Testamento, y está lleno de un simbolismo extravagante. El Vidente muestra un sabor imaginativo para todo lo raro y grotesco. Él se deleita describiendo langostas con pelo como de mujeres y caballos con colas como de serpientes.

Hay pasajes ocasionales que revelan un sentido de belleza literaria. Dios quita la cortina del firmamento como un escriba enrolla sus pergaminos. Las estrellas caen de los cielos como higos de una higuera agitada por la tormenta (6, 12-14). En general, sin embargo el Vidente muestra más amor por el esplendor oriental que una apreciación de verdadera belleza.

Interpretación

Sería igualmente fatigoso e inútil enumerar aún las aplicaciones más prominentes hechas del Apocalipsis. El odio racial y el rencor religioso han encontrado en todas las épocas en su visión materia muy conveniente y satisfactoria. Personas tales como Mahoma, el Papa, Napoleón, etc., han sido identificadas a su tiempo con la bestia y la ramera. Particularmente para los "reformadores" el Apocalipsis era una cantera inagotable de dónde extraer invectivas que podrían lanzar entonces contra la jerarquía romana.

Las siete colinas de Roma, las túnicas de color escarlatas de los cardenales, y los abusos infortunados de la corte papal provocaron una aplicación fácil y tentadora. Gracias a la investigación paciente y activa de estudiosos, la interpretación del Apocalipsis ha sido transferida a un campo libre de "odium theologicum". Pero entonces el significado del Vidente es determinado por las reglas de exégesis común.

Aparte de la resurrección, el milenio, y las plagas que preceden la consumación final, ellos ven en sus visiones una referencia a los acontecimientos principales de su época. Su método de interpretación puede llamarse histórico comparado con la aplicación teológica y política de edades anteriores. La clave para los misterios del libro la encuentran en 17, 8-14. Pues así dice al Vidente: "El que pueda entender que entienda." 

La bestia del mar que había recibido plenitud de poder del dragón, o Satanás, es el Imperio romano, o más bien, César, su representante supremo. La imagen de la bestia con la que sus siervos son marcados es la imagen del emperador en las monedas del reino. Este parece ser el significado obvio del pasaje: que todas las transacciones comerciales, todas las compras y ventas eran imposibles si no se tenía la marca de la bestia (Ap. 13, 17).

Contra esta interpretación se objeta que los judíos en el tiempo de Cristo no tenían ningún escrúpulo manejando dinero en el que la imagen de César estaba grabada (Mt. 12, 15-22). Pero debe tenerse presente que el horror de los judíos hacia las imágenes imperiales era principalmente debido a la política de Calígula.

Él confiscó algunas de sus sinagogas, y las transformaba en templos paganos poniendo su estatua en ellos. Él incluso intentó erigir una imagen de él en el Templo de Jerusalén (Jos. Ant., XVIII, viii, 2).

Las siete cabezas de la bestia son siete emperadores. Cinco de ellos el Vidente dice que son caído. Ellos son Tiberio Augusto, Calígula, Claudio y Nerón. El año de la muerte de Nerón es el 68 D.C. El Vidente continúa diciendo: "Uno es", a saber Vespasiano, años 70-79 D.C; es el sexto emperador. El séptimo, nos dice el Vidente, "no ha venido todavía, pero cuando venga, su reino será corto".

Así se prevé a Tito, quién reinó apenas dos años (79-81). El octavo emperador es Domiciano (81-96). De él, el Vidente tiene algo muy peculiar que decir: Lo identifica con la bestia y lo describe como aquel que "era y no es, y que saldrá del pozo sin fondo" (17, 8). En el versículo 11 agrega: "Y la bestia que era y no es: ella misma también es la octava, y es de los siete, y va a la destrucción". Todos esto suena como lenguaje de los oráculos. Pero la pista para su solución es preparada por una creencia popular muy difundida en aquel momento.

La muerte de Nerón había sido atestiguada por pocos, de modo que sobre todo en el Este había la idea de que Nerón todavía estaba vivo. Gentiles, judíos y cristianos estaban bajo el engaño de que él estaba escondiéndose, y como se creía normalmente, que se había ido con los enemigos más problemáticos del imperio. De ahí que esperaban que volvería a la cabeza de un ejército poderoso para vengarse de sus enemigos. La existencia de esta creencia imaginativa es un hecho histórico bien atestiguado.

Tácito habla de él: "Achaia atque Asia falso exterrit velut Nero adventaret, vario super ejus exitu rumore eoque pluribus vivere eum fingentibus credentibusque" (Hist., II, 8). Así también "Dio Chrysostomus: kai nyn (alrededor del año 100 D.C.) eti pantes epithymousi zen oi de pleistoi kai oiontai (Orat., 21, 10,; cf. Sebo., "Vit. Caes". s.v. Nero, 57, y los Oráculos de la Sibilina, V, 28-33). Por tanto, los contemporáneos del Vidente creían que Nerón estaba vivo y esperaban su retorno. El Vidente o bien compartió su creencia o la utilizó para su propio propósito. Nerón había hecho un nombre para sí por su crueldad y libertinaje. Los cristianos en particular tenían razones para temerle. Bajo él tuvo lugar la primera persecución.

La segunda ocurrió bajo Domiciano. Pero diferente a la anterior, no se limitó a Italia, sino que se extendió a lo largo de las provincias. Muchos cristianos fueron llevados a la muerte, otros desterrados (Eusebio, Hist. Eccl., III, 17-19). De esta manera el Vidente fue llevado a considerar Domiciano como un segundo Nerón, "Nero redivivus". De allí que lo describiera como "el que era, que no, y que había de volver". De ahí que lo cuenta como el octavo y al mismo tiempo le hace uno de los siete precedentes, el quinto, Nerón.

La identificación de los dos emperadores era fácil de hacer pues incluso autores paganos llamaron a Domiciano un segundo Nerón (calvus Nero, Juvenal. IV, 38). La creencia popular acerca de la muerte de Nerón y su retorno parece ser referida también en el pasaje (13, 3): "Y yo vi uno de sus cabezas como si fuera cortada hasta la muerte: y su herida de muerte fue sanada." 

Los diez cuernos son explicados comúnmente como los gobernantes vasallos bajo la supremacía de Roma. Son descritos como reyes (basileis), en un sentido más amplio, pues ellos no son reyes verdaderos, sino que recibieron poder para gobernar con la bestia. Su poder, además, es apenas para una hora, significando su corta duración e inestabilidad (17, 17). El Vidente ha marcado la bestia con el número 666. Su propósito era que por este número la gente lo conociera.

El que entienda, que cuente el número de la bestia. Porque es el número de un hombre: y su número es seiscientos y sesenta y seis. Un número humano, es decir inteligible por las reglas comunes de investigación. Nosotros tenemos aquí un caso judío de gematría. Su objeto es ocultar un nombre sustituyéndolo con una cifra de igual valor numérico a las letras que lo componen.

Por mucho tiempo intérpretes intentaron descifrar el número 666 por medio del alfabeto griego, por ej., Ireneo, "Adv. Haer"., V, 33. Sus esfuerzos no han dado ningún resultado satisfactorio. El éxito mejor ha sido obtenido usando el alfabeto hebreo. Muchos estudiosos han llegado a la conclusión de que su significado es Nerón. Pues cuando el nombre que "César Nerón" es deletreado con letras hebreas, da la cifra 666. 

La segunda bestia, la de la tierra, el seudoprofeta cuyo oficio era ayudar a la bestia del mar, probablemente significa el trabajo de seducción continuado por los cristianos apóstatas. Ellos se dedicaron a hacer que sus compañeros cristianos adoptasen las prácticas paganas y se sometiesen al culto del César.

Parece que no son los Nicolaítas de las siete Epístolas. Porque ellos son comparados allí a Balaam y Jezabel que seducen los Israelitas a la idolatría y fornicación. La mujer con dolores de parto es una personificación de la sinagoga o la iglesia. Su primogénito es Cristo, su otra descendencia es la comunidad de los creyentes.

En esta interpretación, de la que hemos dado un resumen, hay dos dificultades: 

En la enumeración de los emperadores tres son pasados por alto, Galba, Otto, y Vitelio. Pero esta omisión puede ser explicada por la brevedad de sus reinos. Cada uno de los tres reinó apenas unos meses. 

La Tradición ubica el Apocalipsis en el reino de Domiciano. Pero según el cómputo dado antes, el Vidente mismo ubica su obra en el reino de Vespasiano. Pues si este cómputo fuera correcto, Vespasiano es el emperador a quien él designa como "el que es". A esta objeción, sin embargo, puede contestarse que era la costumbre de escritores apocalípticos, por ej., Daniel, Enoc, y los libros Sibilinos, lanzar sus visiones en la forma de profecías y darles la apariencia de ser la obra de una fecha más temprana.

Ningún fraude literario se pretendía con ello. Era meramente un estilo peculiar de escritura adoptado como más adecuado al asunto. El Vidente del Apocalipsis sigue esta práctica.

Aunque realmente desterrado en Patmos en el reino de Domiciano, después de la destrucción de Jerusalén, él escribió como si él hubiera estado allí y visto sus visiones en el reino de Vespasiano quizá cuando el templo todavía existía. Cf. 2, 1. 2.

Categorías