por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
El Capitán Ulrich, piloto de un gran avión de propulsión a chorro, tomó el micrófono para comunicarse con el aeropuerto. Se acercaba a la isla de Mauricio y llevaba a bordo 160 pasajeros procedentes de Taiwan. Iba a aterrizar para reponer combustible antes de continuar el vuelo a Sudáfrica, pero algo andaba mal en el avión. En vez de solicitar autorización para aterrizar y esperar confirmación, como es de rigor, anunció desesperadamente:
- ¡Hay fuego en la cabina! Trataré de descender.
Estas fueron sus últimas palabras. Dichas éstas, todo quedó en silencio. Poco después, el avión cayó al Océano índico. El Capitán Ulrich, con toda su tripulación y los 160 pasajeros que iban a bordo, perecieron en el accidente. El caso fue más trágico aún cuando se supo que éste era el último vuelo que hacía el Capitán antes de retirarse.
Toda muerte prematura nos conmueve, porque se supone que cada ser humano debe completar su ciclo normal de vida antes de morir. Pero cuando la muerte prematura ocurre en un accidente y le ocurre a una persona, como a este piloto que hacía el último viaje antes de jubilarse, para descansar, parece que fuera aún más impresionante.
Faltaban apenas diez minutos para que aterrizara normalmente, sólo diez minutos para llegar al aeropuerto con salud y con vida. Pero en ese breve lapso de tiempo, en esos escasos diez minutos, el fuego apareció en el avión y no hubo salvación para nadie.
¿Cuántas veces un hombre sale para su trabajo y le da un beso de despedida a su esposa y resulta que es éste su último beso? ¿Cuántas veces un hombre, despreocupado, dice: Esta es mi última borrachera? ¡Después de ésta, no beberé más! Y esa última copa de licor es la que colma la medida. Es en realidad su última copa, porque muere de un paro respiratorio.
La muerte acecha a la vuelta de cada esquina. Cada día que vivimos puede ser el último de nuestra vida.
Bien dijo el sabio Salomón:
- "No hay quién tenga poder sobre el aliento de vida como para retenerlo, ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte, sino sólo Dios".
“No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.”
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Hoy, viajando en autobús vi una hermosa muchacha con cabellos de oro y expresión de alegría; envidié su hermosura.
Al bajarse, la vi cojear…, tenía una sola pierna, y apoyada en su muleta sonreía.
PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo. ¡Tengo dos piernas y el mundo es mío!
Fui a comprar después unos dulces. Me atendió un muchacho encantador, hablé con él; parecía tan contento que aunque se me hubiera hecho tarde no me habría importado. Ya, al salir, oí que me decía:
- "Gracias por charlar conmigo… es usted tan amable. Es un placer hablar con gente como usted… ya ve, soy ciego".
PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo. ¡Yo puedo ver y el mundo es mío!
Más tarde, caminando por la calle vi un pequeño de ojos azules que miraba jugar a otros: niños; sin saber qué hacer me acerqué y le dije:
- "¿Por qué no juegas con ellos?- Siguió mirando hacia adelante, sin decir una palabra. Entonces comprendí que no me oía.
PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo. ¡Yo puedo oír y el mundo es mío!
Tengo dos piernas, para ir a donde quiero…
Ojos, para ver los colores del atardecer…
Oídos, para escuchar las cosas que me dicen…
PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo.
¡Lo tengo todo y el mundo es mío!
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Un abuelo le dice a su nieto: - "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos, es un lobo enojado, violento, impaciente, intolerante y vengador. El otro está lleno de amor y compasión." El nieto le pregunta:
- "Abuelo, dime, ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"
El abuelo contesta: -"Aquel que yo alimente más".
Eleva a tal punto tu alma, que las ofensas no te puedan alcanzar.
Eleva a tal punto tu alma, que las ofensas no te puedan alcanzar.
Eleva a tal punto tu alma, que las ofensas no te puedan alcanzar.
René Descartes
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Roy Popkin cuenta la historia real de un anciano, que perdió el conocimiento en una calle de Brooklyn y lo llevaron de emergencia a un hospital. Después de hacer algunas indagaciones, una enfermera del lugar pareció localizar al hijo del anciano, un marino que trabajaba en otra ciudad.
Cuando el marino llegó al hospital, la enfermera le dijo al anciano:
-"Su hijo está aquí"-. El pobre anciano, sedado por tanta medicina, levantó su brazo tembloroso. El marino tomó su mano y la tuvo entre las suyas por varias horas. De vez en cuando, la enfermera le sugería al marino que se tomara un descanso, pero él se rehusaba. Cerca de la madrugada, el anciano falleció. Luego que murió, el marino le preguntó a la enfermera: -¿Quién era ese hombre?-. La enfermera le dijo:
-¿No era ese su padre?-.
"No"-, dijo el marino, -pero vi que se estaba muriendo y en ese momento él necesitaba a un hijo desesperadamente y por eso me quedé".
Oración de un niño: "Señor: que los malos se vuelvan buenos y que los buenos se vuelvan simpáticos".
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
¿Alguna vez te has levantado en la mañana como un acto reflejo, sin saber por qué o cuáles motivos tienes para vivir?
¿Alguna vez has dejado de lado tus sueños, para vivir tan sólo el acelerado ritmo de hoy, sin poder detenerte a pensar?
Tal vez hoy te levantaste sin tiempo, como siempre, sin dar gracias al Creador, o encomendar tu día a Dios. Tal vez porque sientes que no tienes motivos para vivir, más que el cumplir con tus obligaciones.
Existe una razón más allá del trabajo, la responsabilidad, o el simple hecho de estar vivo. Cada minuto que pasa es irrepetible, precioso, único e incomparable. Pasar por la vida sin vivir, es algo que a muchos les sucede hoy.
Por eso, toma tu tiempo, mira el cielo, disfruta de las aves, de tus amigos, hasta de los embotellamientos. Disfruta de aquello que incluso te saque de tus casillas, sabiendo que, a fin de cuentas, el motivo principal por el que estás aquí… se llama: Jesús.