por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Un niño quería conocer a Dios. Sabía que era un largo viaje hasta donde Dios vive, así que empacó su maleta con pastelillos y un paquete de seis refrescos, y empezó su jornada.
Cuando había caminado como tres cuadras, se encontró con una mujer anciana. Ella estaba sentada en el parque, contemplando algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta. Estaba a punto de beber su refresco, cuando notó que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelillo.
Ella, agradecida, aceptó el pastelillo y sonrió al niño. Su sonrisa era bella, tanto que el niño quería verla, así que le ofreció uno de sus refrescos. De nuevo, ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado!
Él se quedó toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de ellos pronunció ninguna palabra. Mientras oscurecía, el niño se sintió cansado, se levantó para irse, pero antes de seguir, dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana, y le dio un abrazo. Ella, después de abrazarlo, le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, abrió la puerta. Su madre estaba sorprendida por la cara de felicidad.
Entonces le preguntó:
"Hijo, ¿Qué hiciste hoy que te hizo tan feliz? El niño contestó:
"¡Hoy almorcé con Dios!"…, y antes de que su madre contestara algo, añadió:
"Y, ¿sabes que?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto!"
Mientras tanto, la anciana también, radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hijo quedó sorprendido por la expresión de paz en su cara, y preguntó:
"Mamá, ¿Qué hiciste hoy, que te has puesto tan feliz?". La anciana contestó:
"¡Comí pastelillos con Dios en el parque!". Y antes de que su hijo respondiera, añadió:
" Y, ¿sabes?, ¡es más joven de lo que yo pensaba!"
Muy seguido, no le damos importancia al poder del abrazo, la palmada en la espalda, una sonrisa, una palabra de aliento, un oído que te escucha, un cumplido honesto, o el acto más pequeño de caridad…, todos esos detalles, que tienen el potencial de cambiar la vida, o de darle un gran giro.
Las personas llegan a nuestra vida por alguna razón, ya sea por una temporada, o por toda la vida. ¡Recíbelos a todos por igual!
NO DEJES QUE NADA NI NADIE APAGUE LA VELA DE LA FE, DE LA ESPERANZA Y EL AMOR, QUE DIOS HA ENCENDIDO EN TU CORAZÓN.
"No se vive celebrando victorias, sino superando fracasos"
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Cuando pones la mano en su hombro, frente a la cama de tu hijo que acaba de tener un accidente, y le dices: "no te preocupes, te amo".
Cuando ven salir juntos el sol, y con cada amanecer, sienten renovado ese amor que nació con un "te amo".
Cuando tienen problemas económicos, los enfrentan juntos, y aún en la adversidad le dices: "no te preocupes, te amo".
Cuando al llegar a casa del trabajo, sientes el confortable abrazo, y el dulce beso de esa persona que con un "te amo", acelera tu pulso, y sientes que el corazón te late más aprisa.
Cuando en la madrugada sienten la preocupación por el hijo que no ha llegado, y en la cama sientes una voz que dice: "no te preocupes, te amo".
Cuando van a tener un hijo y en el momento del parto sientes sus manos, y su voz que te dice: "te amo".
Cuando ven crecer juntos a sus hijos, y a tu lado oyes la misma voz que hace años te enamoró con un "te amo".
Caminar juntos en la vida, superando los obstáculos que la misma vida les pueda presentar.
Crecer juntos espiritual e intelectualmente, permanecer unidos, fortalecer los lazos en común, con esos pequeños detalles que algunas veces nos parecen tontos e insignificantes, pero que sin embargo son tan importantes
para evitar la rutina, que es la más cruel enemiga del amor.
Cuanto te sientes triste, cuando te sientes feliz, cuando te sientes deprimido, cuando te sientes enfermo, cuando te sientes saludable, y siempre oyes a esa persona a tu lado, a quien le dices: "te amo" y ella respondiendo: "yo te amo más"..., en esos momentos puedes decir: "he hecho el amor".
Hacer el amor, es llegar al final de tu vida, al lado de esa persona que hace años te conquistó, y que te ha hecho sentir el ser más feliz y dichoso sobre la tierra...
"No te enamores del amor, enamórate de alguien que esté enamorado de tí"
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Hoy quiero darte las gracias, por todas aquellas pequeñas cosas que hiciste por mí, a lo largo de tu vida…
Gracias…, por haberme admitido en tu cuerpo durante nueve meses, por haber compartido conmigo tu espacio, tu aire y tu mundo, y por haber soportado, valientemente, todo el dolor que, en su momento, implicó para ti darme la vida.
Gracias…, por tu tiempo y atenciones mientras fui un bebé indefens@; por tus miles de cuidados, por alimentarme pacientemente cada día.
Gracias…, porque a medida que fui creciendo, siempre estuviste a mi lado, aún cuando yo no deseaba que estuvieras ahí; por tu útil consejo en los momentos difíciles, y por todas las veces que callaste, para que yo aprendiera con tu silencio.
Gracias…, por enseñarme el amor a la lectura, porque gracias a eso crezco día a día. Gracias por tu enorme fe en Dios, por inculcarla en mí desde pequeñ @, y porque siempre actuaste congruentemente con esa fe, aún en los momentos más difíciles de tu vida.
Gracias…, por enseñarme a dar, a compartir, sin importar si la otra persona merecía recibir o no, porque con tu ejemplo aprendí a cuidar de los demás y a procurarles siempre lo mejor.
Gracias también, por enseñarme a escuchar; a veces eso ayuda más que todo el oro del mundo.
Gracias…, por darme tu mano cuando lo necesité; por estar siempre cerca, y aún así permitir que tomara mis propias decisiones, mis propios riesgos.
Gracias…, por dejarme decidir, por respetar mis decisiones, por estar ahí cuando tuve descalabros.
Gracias…, porque hoy, aunque ausente, tu recuerdo me acompaña, me guía y me da fuerzas en los momentos difíciles.
Gracias…, por ser mi madre; eres es el ser más maravilloso que he conocido. No tengo palabras para agradecerle a Dios el que me haya permitido ser tu hij@, y todo el tiempo que nos permitió estar junt@s.
"La Fe es el pájaro que canta cuando el amanecer está todavía oscuro"
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Una mujer dijo a un confesor:
«Tengo un hábito que sé que daña mi testimonio: la exageración. Empiezo a decir algo, y luego agrando la historia. La gente sospecha que no es verdad, y me pierde la confianza. Estoy tratando de superarlo. ¿Me puede ayudar?» Él respondió:
«Hablemos con el Señor».
Ella oró: «Señor, Tú sabes que tengo el hábito de la exageración».
En ese momento el confesor la interrumpió: «Si lo llama "mentir" puede que lo supere». La mujer se sintió profundamente convencida y confesó su pecado.
Muchas veces excusamos nuestros pecados dándoles nombres más aceptables. A nuestro mal genio le llamados «nervios»; a nuestra falta de veracidad, «exageración»; a nuestra falta de honestidad le decimos «buen negocio».
Al tratar de superar estos pecados tenemos que exponerlos abiertamente, llamarlos honestamente por sus nombres, y arrepentimos con sinceridad
(Prov.28:13).
Un hombre fue al consultorio de un dentista, para que le arreglaran los dientes.
«Siento con la lengua que tengo una caries grande» -dijo. El dentista lo examinó, y dijo: «Será un empaste pequeño». «Pero, ¿por qué se siente tan grande?» -preguntó el paciente.
«Es la tendencia natural de la lengua a exagerar» -contestó el dentista con un guiño de los ojos.
Puede que sonriamos, pero ¿no somos todos propensos a desproporcionar las cosas? Sí, «la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes
COSaS» (Santiago 3:5).
Señor, perdónanos por usar mal la lengua.
ESTIRAR LA VERDAD, ES DECIR UNA MENTIRA.
"La 'exageración' es la mentira de las personas
honradas". Cesáreo Gil Atrio
Lectura: Santiago 3:1-13 y 2 Reyes 1-3
El que encubre sus pecados no prosperará, más el que los confiesa, y los abandona, hallará misericordia. (Prov. 28:13)
"Las personas jóvenes bonitas son accidentes de la
naturaleza; pero las personas viejas bonitas, son
unas obras de arte"
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Esto lo platicó un testigo del hecho.
Un día de frío de diciembre, un pequeño niño de unos 10 años estaba parado frente a una zapatería, descalzo, viendo a través del aparador, estremeciéndose de frío.
Una señora se acercó al muchacho y dijo: -"Mi pequeño ¿Por qué estás parado viendo fijamente al aparador tan pensativo?"
"Estaba pidiéndole a Dios que me diera un par de zapatos", -fue la contestación del muchacho.
La señora, tomándolo de su mano, entró a la tienda y le dijo al empleado que le diera media docena de calcetines para el muchacho. Después le preguntó si le podía prestar una cubeta con agua, y una toalla. El los trajo rápidamente. Y ella pasó a la parte de atrás de la tienda y quitándose los guantes se arrodilló, le lavó los pies y los secó. Para entonces, el empleado había vuelto con los calcetines.
Ella puso un par en los pies del muchacho, luego le compró un par de zapatos, se los puso y los ató. Después, tomó el resto de los calcetines, y se los dio. Ella le dio unos pequeños golpecitos en la cabeza, diciéndole: -"No hay duda, te sientes más cómodo ahora, ¿verdad?". Cuando ella se volvió para irse, el pequeño la sorprendió y tomándola de la mano, con lágrimas en su cara le preguntó: "¿Es usted la esposa de Dios..?