Helado para el Alma

La semana pasada llevé a mis niños a un restaurante. Mi hijo, de 6 años de edad, preguntó si podía dar gracias. Cuando inclinamos nuestras cabezas él dijo:

  • Dios es bueno, Dios es grande. Gracias por los alimentos, yo estaría aún más
    agradecido si mamá nos diera helado a la hora del postre.
    Libertad y Justicia para todos. Amén.

Junto con las risas de los clientes que estaban cerca, escuché a una señora comentar:

  • Eso es lo que está mal en este país, los niños de hoy en día no saben cómo orar; pedir
    a Dios helado… ¡Nunca había escuchado esto antes!

Al oír esto, mi hijo empezó a llorar y me preguntó: -¿Lo hice mal?, ¿está
enojado Dios conmigo?

Sostuve a mi hijo y le dije que había hecho un estupendo trabajo, y Dios seguramente no estaría enojado con él.

Un señor de edad se aproximó a la mesa. Guiñó su ojo a mi hijo, y le dijo:

Llegué a saber que Dios pensó que aquélla fue una excelente y hermosa oración.

¿En serio? - preguntó mi hijo. ¡Por supuesto!

Luego, en un susurro dramático añadió, indicando a la mujer cuyo comentario había iniciado aquel asunto:

  • Muy mal, ella nunca pidió helado a Dios. Un poco de helado a veces es muy bueno para el alma.

Como era de esperar, compré a mis niños helados al final de la comida. Mi hijo se quedó mirando fijamente el suyo por un momento, y luego hizo algo que nunca olvidaré por el resto de mi vida. Tomó su helado y, sin decir una sola palabra, avanzó hasta ponerlo frente a la señora. Con una gran sonrisa le dijo:

  • Tómelo, es para usted. El helado es bueno para el alma, y mi alma ya está bien.

Guardias

¿Alguna vez has sentido una fuerte necesidad de orar por alguien, pero has decidido ponerlo en tu lista de "cosas por hacer" y te has dicho: "Oraré por él más tarde"? ¿O te ha llamado alguien alguna vez, y te ha dicho "Necesito que ores por mí, tengo esta necesidad"?

Lee la siguiente historia, que podría cambiar tu forma de pensar con respecto a las oraciones y la forma de orar. Estoy seguro que recibirás muchas bendiciones con esto…
Un misionero en vacaciones, contó la siguiente historia cuando visitaba su Iglesia local en Michigan, EUA:

  • Mientras servía como misionero en un pequeño hospital en el área rural de África, cada dos semanas viajaba a la ciudad en bicicleta, para comprar provisiones y medicamentos. El viaje era de dos días, y debía de atravesar la jungla. Debido a lo largo del viaje, tenía que acampar en el punto medio, pasar la noche y reanudar mi viaje temprano al siguiente día.
    En uno de estos viajes llegué a la ciudad, donde planeaba retirar dinero del banco, comprar las medicinas y los víveres, y seguir con mi viaje de dos días de regreso al hospital. Cuando llegué a la ciudad, observé a dos hombres peleándose, uno de los cuales estaba bastante herido. Le curé sus heridas, y al mismo tiempo, le hablé de Nuestro Señor Jesucristo. Después de esto, seguí mi viaje de regreso al hospital. Esa noche acampé en el punto medio, y a la mañana siguiente reanudé mi viaje, y llegué al hospital sin ningún incidente.

Dos semanas más tarde repetí mi viaje. Cuando llegué a la ciudad, se me acercó el hombre al cual yo había atendido en mi viaje anterior, y me dijo que la vez pasada, cuando lo curaba, él se dio cuenta que yo traía dinero y medicinas. El agregó:

  • Unos amigos y yo te seguimos mientras te adentrabas en la jungla, pues sabíamos que tenías que acampar. Planeábamos matarte y tomar tu dinero y medicinas. Pero en el momento que nos acercamos a tu campamento, pudimos ver que estabas protegido por 26 guardias bien armados.

Ante esto, no pude más que reír a carcajadas, y le aseguré que yo siempre viajaba solo. El hombre insistió, y agregó:

No, señor, yo no fui la única persona que vio a los guardias armados; todos mis amigos también los vieron, y no sólo eso, sino que entre todos los contamos.
En ese momento, uno de los hombres en la Iglesia se puso de pie, interrumpió al misionero y le pidió que por favor le dijera la fecha exacta cuando sucedió ese hecho. El misionero les dijo la fecha, y el mismo hombre le contó la siguiente historia.

  • En la noche de tu incidente en África, era de mañana en esta parte del mundo, y yo me
    encontraba con unos amigos, preparándome para jugar golf.

Estábamos a punto de comenzar, cuando sentí una gran necesidad de orar por ti; de hecho, el llamado que el Señor hacía era tan fuerte, que les llamé a algunas personas de nuestra Iglesia para que se reunieran conmigo en este templo lo más pronto posible.
Entonces, dirigiéndose a los presentes, les dijo: - Todos los hombres que vinieron en esa ocasión a orar, podrían por favor ponerse de pie.

Todos los hombres que habían acudido a orar por él se pusieron de pie; el misionero no estaba tan preocupado por saber quiénes eran ellos, más bien se dedicó a contarlos a todos… en total eran 26 hombres.

Esta historia es un ejemplo vivo de cómo el Espíritu del Señor se manifiesta en formas tan misteriosas. Si en alguna ocasión sientes esa necesidad de orar por alguien, deja lo que estés haciendo, y hazlo. Nada ni nadie será lastimado por una oración, excepto por los portales del infierno.

Si tomamos este ejemplo con el corazón, podemos voltear este mundo hacia Jesucristo de nueva cuenta.
Jesús te ama. Sigue orando… AUNQUE NO SEPAS POR QUIÉN.

“Pues bien, yo /es digo: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a ¡a puerta y ¡es abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llame a la puerta se le abrirá.” (Le. 11,9-10)

Fuimos Niños

Al contemplar la relación de algunas personas con sus hijos pequeños, me pongo a pensar en qué momento se nos olvidó que los niños son tan listos y resistentes como nosotros lo fuimos alguna vez, y que es nuestra responsabilidad hacer que ellos mismos generen sus propios recursos para sobrevivir…

Pensando en retrospectiva, bajo los parámetros de la época actual, si fuimos niños en los 50's, 60's y 70's, es difícil de creer que hayamos logrado vivir tanto como lo hemos hecho…
Cuando niños, nos subimos a automóviles sin cinturón de seguridad ni bolsas de aire, y cuando subíamos a la caja de una camioneta pick up en un día soleado, era un evento especialmente divertido.

Nuestras cunas de bebés estaban pintadas con pinturas de colores brillantes con base de plomo. No teníamos botes ni tapas de medicinas, puertas o gabinetes a prueba niños y cuando montábamos en nuestras bicicletas no usábamos cascos (sin mencionar el hecho de ¡pedir un aventón a alguna parte cuando éramos pequeños!).

Bebíamos agua de la manguera del jardín, y no agua embotellada. ¡Horroroso!
Podíamos pasar horas construyendo nuestros go-carts con desperdicios, para deslizamos después colina abajo, sólo para descubrir que habíamos olvidado los frenos, y después de caer en los arbustos unas cuantas veces, aprendimos a solucionar el problema.
Salíamos de la casa por la mañana, jugábamos todo el día y no regresábamos hasta que se encendían las luces de la calle. Nadie era capaz de localizarnos en todo el día. No había teléfonos celulares. Era impensable.

Jugábamos, y a veces realmente nos lastimábamos. Nos cortábamos y nos rompíamos huesos y dientes, y no había demandas legales por esos accidentes.
Había accidentes y no había a nadie a quien culpar, sino a nosotros mismos.
¿Recuerdas los accidentes?

Nos peleábamos y nos golpeábamos los unos a los otros, y nos poníamos negros y luego azules, y aprendimos a superarlo.
Comíamos pasteles, pan con mantequilla, y bebíamos refresco con azúcar sin que engordáramos… siempre estábamos afuera jugando.
Compartíamos un refresco de uva con cuatro amigos, tomando todos de la misma botella y nadie murió por ello.

No teníamos Playstations, Nintendo, X-Boxes ni ningún otro tipo de juego de video, tampoco 99 canales de televisión por cable, películas en video, sonido surround, teléfonos celulares personales, computadoras personales ni internet… teníamos amigos. Salíamos a buscarlos, íbamos en bicicleta o caminando hasta la casa de un amigo; tocábamos su puerta o el timbre, o solamente entrábamos a su casa, y hablábamos con ellos. Imagínate algo como eso. ¡Sin pedirle permiso a nuestros padres! ¡Por nosotros mismos!

¡Ahí afuera en el mundo cruel y frío! ¡Sin ningún guardián! ¿Cómo sobrevivimos?
Inventábamos juegos con palitos y pelotas de tenis, y comíamos lombrices, y aunque nos dijeron qué pasaría, nunca nos salieron varios ojos, ni las lombrices vivieron dentro de nosotros por siempre.

Las pequeñas ligas hacían eliminatorias y no todos entraban al equipo. Aquéllos que no entraban, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción…
Crecimos como niños…

Fracaso

FRACASO… no significa que somos unos fracasados. Significa que todavía no hemos tenido éxito.
FRACASO… no significa que no hemos logrado nada. Significa que hemos aprendido algo.
FRACASO… no significa que hemos actuado como necios. Significa que hemos tenido mucha fe.
FRACASO… no significa que hemos sufrido el descrédito. Significa que estuvimos dispuestos a probar.
FRACASO… no significa falta de capacidad. Significa que debemos hacer las cosas de distinta manera.
FRACASO… no significa que somos inferiores. Significa que no somos perfectos.
FRACASO… no significa que hemos perdido nuestra vida. Significa que tenemos buenas razones para empezar de nuevo.
FRACASO… no significa que debemos echarnos para atrás. Significa que tenemos que luchar con mayor ahínco.
FRACASO… no significa que jamás lograremos nuestras metas. Significa que tardaremos un poco más en alcanzarlas.
FRACASO… no significa que DIOS nos ha abandonado.
¡Significa que DIOS tiene una idea mejor!

Fortaleza

Cierto día, un guardia se encaminaba hacia las montañas, buscando una piedra preciosa para agradar a su Rey, y teniendo suerte encontró una que complació al Rey.
Este guardia siempre tenía problemas en su vida pero lograba resolverlos, ya que había aprendido mucho de la gran sabiduría de su Rey.

Un día, después de haber caminado largo rato, decidió descansar debajo de un árbol que daba mucha sombra. El clima le resultaba sumamente familiar, ya que él vivía por esos lugares desde hace muchos años.

De pronto, el sueño lo invadió, y recostándose sobre el pasto empezó a roncar como un león; su siesta fue tan larga, que poco a poco fue atardeciendo.
En eso, un guerrero herido y sangrando se acercó a él. Se sentía abatido; venía de un largo viaje y se encontraba cansado y perdido.

El guerrero despertó al guardia, y le dijo: - Por favor, auxilíame.
Entonces el guardia, con voz firme contestó:

  • No te preocupes, porque te aseguro que encontrarás lo que buscas; yo vivo con un Rey muy sabio y bondadoso, y sé que no me negará lo que le pida.

Enseguida llevó al guerrero al castillo y pidió para él un refugio, y al ver concedida su petición, agradeció profundamente al Rey, para después retirarse a reposar en su habitación.

No pasado mucho tiempo, el guerrero y el guardia se presentaron ante el Rey y éste último notó un gran cambio en el rostro de su recién encontrado amigo. Lo miró alegre y fortalecido, i no parecía el mismo! Tal parecía que en ese corto tiempo, había sanado de las heridas que lo aquejaban.

Entonces, el guardia, al oír hablar al guerrero, se dio cuenta que era una persona con gran sabiduría y nobleza. El Rey, al notar su sorpresa, sentenció:

  • La confianza no se gana sólo por las palabras, sino por los hechos.
  • ¿Pero cómo es que un hombre fuerte y lleno de sabiduría puede parecer de pronto tan débil? Entonces el guerrero exclamó:
  • Aquel hombre que se deja instruir por la sabiduría fortalece su alma, y no será encontrada en él debilidad alguna, porque en su corazón encontrará la fuerza necesaria para ser una persona leal consigo misma y con los demás. Al oír estas palabras, el guardia aprendió que la fortaleza no se encuentra en el exterior, sino en el interior de la persona, y es a través del alma y del corazón, fortalecidos por el amor y la generosidad, que los seres humanos pueden salir adelante.

El guerrero abandonó el castillo, agradeciendo la hospitalidad del Rey y de su guardia.
El guardia jamás volvió a ver a aquel guerrero, pero comprendió que al ayudarlo también se había ayudado a sí mismo, al engrandecer la sabiduría que le había sido concedida.

A partir de ese momento no perdió la oportunidad de transmitir a cada persona que conocía, que la verdadera fortaleza del hombre se encuentra en su interior, pero que algunas veces es necesario ayudarnos unos a otros a recuperarla.

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