Trece Principios para la Vida

  1. La verdad
    Se sincero al hablar. No digas nada, a menos de que tengas pruebas de lo que
    hablas.
  2. Agilidad
    Aprovecha el tiempo. Lo que debe ser hecho, hazlo inmediatamente. El tiempo es muy valioso para ser malgastado.
  3. La Diligencia
    Toma decisiones conscientemente. Decide qué es lo que debes hacer, y luego
    hazlo con entusiasmo. En caso de duda, pide consejo. No permanezcas en estado de confusión.
  4. El Respeto
    Debes tener mucho cuidado con los sentimientos de otras personas. Todo ser humano es precioso, por haber sido creado a la imagen de Dios. Se pues, amable con todas las personas.
  5. La Tranquilidad
    No dejes que pequeñas cosas te saquen de tu tranquilidad. Conserva la calma, y ten serenidad. Demuestra sosiego en todo lo que hagas.
  6. La Serenidad
    Acuérdate del consejo del rey Salomón: "las palabras del sabio son dichas
    calladamente"
    Los sabios hablan pausadamente. Fomenta ese hábito, te comprenderán y te comprenderás mejor.
  7. La Higiene
    Es importante que mantengas tu higiene personal; ropas, casa, vehículo y lugares públicos, limpios. Respeta tanto a tu cuerpo, como a tus vestimentas.
  8. La Paciencia
    Es necesario que cultives la paciencia, sea cual sea tu situación. Hay un momento para todo en la vida, no pretendas adelantarlo.
  9. El Orden
    Es importante concentrarte en todo lo que hagas, sin distraerte.
    Guarda cada cosa en su respectivo lugar. Evitarás pérdida de tiempo y de paciencia. Maneja tu tiempo y tus objetos con orden. Planifica y organiza; así concretarás tus proyectos con éxito.
  10. La Humildad
    Reconoce tus propias limitaciones, e ignora los errores del prójimo. Aprende de todos. Cada persona tiene algún conocimiento o virtud que no poseemos. ¡No eres perfecto!
  11. La Rectitud
    Acuérdate: "No hagas a otros lo que es desagradable para ti" Aquel que ama y practica la justicia es justo, y su conciencia es limpia. Haz siempre lo que es correcto, especialmente en lo que respecta a tus obligaciones.
  12. La Austeridad Moderada
    Acuérdate de lo que enseñó Ben Zoma: "¿quién es rico?, aquel que está satisfecho con
    lo que tiene".
    El dinero es para ser usado, no amado. Es un medio, y no un fin en sí mismo. No malgastes el dinero innecesariamente. A otras personas les será de vital importancia.
  13. El Silencio Juzga el valor de las palabras antes de hablar. Hablar es una de las armas más poderosas. Es la única característica humana.
    El silencio es expresión de sabiduría.
    Piensa antes de hablar, y no hables a menos que tengas algo importante para decir.

Toda Oportunidad es Única

Un campesino humilde y su esposa eran personas muy piadosas, a quienes Dios decidió bendecir de una manera especial por la recta intención de su corazón.

Un día, de regreso del campo y de sus labores, el hombre se encontró con un bello ángel que le dijo: "Recoge en el camino toda piedra que encuentres; al llegar a casa tendrás una alegría muy grande, y luego una tristeza muy profunda".

El campesino, impactado por la visión, caminó y recogió cuanta piedra encontró a su pasó, sin importar el tamaño, ni la dificultad para obtenerla. A pocos pasos pensó que era mucha carga para el camino, el cual era bastante largo… así que decidió sólo llevar lo que le parecía razonable.

Llegado a casa, contó a su mujer lo sucedido, y vació en frente de ella el morral, con las piedras que pudo recoger… Estallaron de alegría al darse cuenta que las piedras ahora eran oro del más fino…. ¡Eran ricos, inmensamente ricos!

Luego, el campesino empezó a llorar amargamente, al darse cuenta que sólo recogió lo mínimo… y no todo lo que pudo… Ahora comprendió las palabras del ángel:

  • En la vida, toda oportunidad es única.
  • Para quien confía en Dios, toda situación es de provecho.
  • No tratemos de comprenderlo todo ahora; mañana Dios dará el porque de muchas cosas.

Tienes Libertad para Elegir

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.

Al terminar la clase ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos, y en forma desafiante le dijo:

  • Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase, es que no tendré que escuchar más sus tonterías, y podré descansar de verle esa cara aburridora.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante, y en forma muy tranquila le preguntó:

  • Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?
    El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
  • Por supuesto que no - contestó de nuevo el muchacho, en tono despectivo.

Bueno, -prosiguió el profesor- cuando alguien intenta ofenderme, o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso; una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.

  • No entiendo a qué se refiere. - dijo el alumno, confundido. Muy sencillo, -replicó el
    profesor- tú me estás ofreciendo rabia y desprecio, y si yo me siento ofendido o me pongo
    furioso, estaré aceptando tu regalo y yo, mi amigo, en verdad, prefiero regalarme mi propia
    serenidad.

Muchacho, -concluyó el profesor en tono gentil- tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargue en el mío.

Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón, y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da la vida, que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.
¿Qué escoges tú?

“Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como
los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir
juntos como hermanos.”Martín L. King

Te Deseo lo Suficiente

Estando en un aeropuerto escuché a un padre con su hija, en sus últimos momentos juntos.
Se anunciaba la salida del vuelo de la chica, y junto a la puerta la escuché decir: "papá, nuestra vida juntos ha sido más que suficiente."

"Tu amor es lo que siempre necesité. Te deseo lo suficiente a ti también".
Se besaron, y ella partió.

El caminó hacia la ventana donde yo estaba sentado… ahí observé que quería y necesitaba llorar. Intenté no ser un intruso en su privacidad, pero él me preguntó:

  • ¿Alguna vez dijo adiós, sabiendo que será para siempre? Sí lo he hecho. Perdone por preguntar, pero ¿por qué es éste un adiós para siempre?, le pregunté.
  • Soy viejo y ella vive muy lejos, tengo desafíos por delante y la realidad es que su próximo viaje será para mi funeral, dijo.
  • Cuando decía adiós le escuché decir "te deseo lo suficiente", ¿podría preguntarle
    qué significan estas palabras ?.
  • Ese es un deseo que ha pasado de generación en generación. Mis padres lo decían
    a todo el mundo.
    Hizo una pausa, miró hacia arriba, como tratando de de recordar, sonrió una vez más, y agregó:
  • Cuando nosotros decimos "te deseo lo suficiente", estamos deseándole a la otra persona que tenga una vida llena de suficientes cosas buenas que lo sostengan. Volteó hacia mí, y como si estuviera recitando, continuó:

Te deseo el suficiente sol, para mantener tu actitud brillante.
Te deseo la suficiente lluvia, para apreciar más el sol.
Te deseo la suficiente felicidad para mantener tu espíritu vivo.
Te deseo el suficiente dolor, para que los pequeños logros de la vida te parezcan más grandes.

Te deseo la suficiente ganancia, para satisfacer tus deseos.
Te deseo la suficiente pérdida, para apreciar todo lo que posees.
Te deseo los suficientes "holas", para que te lleven a través del "adiós final ".

Entonces, comenzó a sollozar y se alejó.
Dicen que, "toma un minuto encontrar a la persona especial, una hora para apreciarla, un día para amarla, pero una vida entera para que llegue el olvido ".

Sufrir por Alguien

Algo que me sorprende es la capacidad que tenemos para sufrir, y aguantar por amor los desprecios de la persona supuestamente amada.

¿Qué necesitamos o qué nos hace falta, para estar aferrados a alguien que sabemos no nos conviene?

¿Qué en nuestro interior nos motiva a no dejar ir a alguien que su sola presencia nos lastima, y hace que perdamos poco a poco nuestra propia identidad y autoestima?

¿Por qué sufrimos por alguien que perdimos, aún y cuando ya nos habíamos convencido de que su partida era lo mejor para nosotros?

En alguna parte, alguna vez leí "El amor verdadero libera, no te hace esclavo de la voluntad ni del estado de ánimo de la otra persona.

El amor verdadero te hace ser tú, y te lleva a límites inimaginables. Te impulsa a dar lo mejor de ti, no porque tengas a la otra persona a tu lado, sino porque esa persona te ayuda a descubrirte".

¿Vale la Pena Sufrir por Alguien?

¿Qué tan dispuestos estamos a sufrir por alguien?
Cuentan que una bella princesa estaba buscando esposo.

Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes, para ofrecer sus maravillosos regalos; joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios, para conquistar a tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riqueza que amor y perseverancia.

Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:

-Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor.

Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia, y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa es mi dote…

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:

  • Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas.

Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento.

De vez en cuando, la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.

Todo iba a las mil maravillas, incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de zona habían salido a animar al próximo monarca.

Todo era alegría y fiesta, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la joven princesa, se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño lo alcanzó y le preguntó:

-¿Qué fue lo que te ocurrió?…
Estabas a un paso de lograr la meta… ¿Por qué perdiste esa oportunidad?… ¿Por qué te retiraste?…

Con profunda consternación, y después de derramar algunas lágrimas, contestó en voz baja:

-Si ella no me ahorró un día de sufrimiento… Ni siquiera una hora, es porque no merecía mi amor.

El merecimiento no siempre es egolatría, sino dignidad.

Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par, y desnudamos el alma hasta él último rincón; cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión.

Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, desinterés o ligereza.

Cuando amamos a alguien que, además de no correspondemos, desprecia nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado. Esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos.

La cosa es clara: si no me siento bien recibido en algún lugar, empaco y me voy.

Nadie se quedaría tratando de agradar, y disculpándose por no ser como les gustaría que fuera.

No hay vuelta de hoja: en cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime.

Y si alguien te hiere reiteradamente sin "mala intención", puede que te merezca, pero no te conviene.

Retirarse a tiempo, con la satisfacción de haber dado lo mejor de nosotros mismos, ¡no tiene precio!

¡ÁNIMO… ESFORCÉMONOS POR SER FELICES!

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