por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
¡Entonces: ¿Qué es el amor para ti?!, -me preguntó-.
¡No lo sé!, le contesté honestamente.
Y al ver que ella abría la boca para responderme, no me quise quedar atrás, y le dije.
Pero te propongo que lo aprendamos juntos, que partamos de darnos lo mejor de cada uno, que el dar no nos de tiempo para pensar en el quitar.
Que lo nuestro sea solamente eso, nuestro; que no sigamos modelos ni ejemplos externos, que nuestro encuentro sea algo diferente a los demás, que se base en el respeto, lealtad y perseverancia.
Que en nuestro vocabulario y relación nunca se escuche un: ¡Hasta aquí! o ¡Esto se acabó!, porque si empezamos este camino con esas palabras, no llegaremos juntos a su final; es más, no tiene ni caso que lo intentemos.
Pero que no falte el verbo perdonar y amar, que la rutina y la mediocridad no se agregue a la vida diaria; que el orgullo y el desdén queden fuera de nuestras conversaciones.
Y que la cereza que corone el pastel de nuestra relación, sea siempre la comprensión y la capacidad de ponernos en el lugar del otro, para acercarnos más a la forma de amar uno de otro.
¿Qué te parece?… le dije… y ella me contestó con los ojos brillantes: ¡Acepto!
No entendí la sonrisa de satisfacción en su rostro, hasta muchos años después.
Había pronunciado los mandamientos de nuestra vida juntos.
En un exceso de elocuencia, me comprometí a lo que las mujeres luchan toda su vida:
¡Hacer de sus hombres, buenos compañeros!
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Había una vez, hace mucho tiempo, una aldea en un país muy lejano. En esta aldea vivían cinco huérfanos. Ellos, como una solitaria familia de niños huérfanos, se habían unido para resguardarse contra el frío.
Un día, un Rey se enteró del infortunio de los niños, y decidió adoptarlos. Decretó que él sería el padre de ellos, y planeó ir a buscarlos. Toda la gente del país pensó que era raro que el Rey adoptara a esos niños. Él ya tenía bastante gente que cuidar. ¿Por qué los quiere el Rey? se preguntaba la gente. Pero el Rey tenía sus razones.
Cuando los niños supieron que tendrían un padre nuevo, y que éste vendría a visitarlos, se pusieron muy contentos y felices. Cuando la gente de la aldea supo que los niños tendrían un nuevo padre, y que su padre sería nada menos que "el Rey", y que éste vendría a la aldea, también se entusiasmaron mucho, y fueron a ver a los niños, para decirles lo que debían hacer:
- Ustedes tienen que impresionar al Rey -les decían-. Solamente los que tienen grandes regalos que dar, tendrán permiso para vivir en el castillo.
La gente no conocía al Rey. Ellos suponían que todos los reyes querían que los
impresionaran. Así que los niños trabajaron por mucho tiempo, y muy fuerte, en la preparación de sus ofrendas.
Un niño, que sabía tallar, decidió darle al Rey una maravillosa obra de arte en madera. Asentó su cuchillo contra la suave corteza del olmo, y talló. Los bloquecitos de madera cobraron vida con los ojos de un gorrión, o la nariz de un unicornio. Su hermana decidió regalarle al Rey una pintura que capturara la belleza de los cielos, (una pintura digna de ser colgada en su castillo). Otra hermana eligió la música, como manera de impresionar al Rey. Ella practicó durante largas horas con su voz y su mandolina. La gente de esa aldea se paraba ante su ventana, y escuchaba a medida que su música cobraba alas, y se remontaba al cielo.
Había otro niño, decidido a impresionar al Rey con su sabiduría. Tarde en la noche lo hallaban, con su vela encendida y sus libros abiertos: geografía, matemáticas, química, etc.. La amplitud de su estudio era equiparada solamente por la profundidad de su deseo. Seguramente que un sabio como el Rey apreciaría todo su duro trabajo.
Pero había una ninita que no tenía nada que ofrecer. Su mano era torpe con el cuchillo, sus dedos tiesos con el cepillo. Abría su boca para cantar, pero el sonido era áspero. Era demasiado torpe para leer. No tenía talento, y no tenía regalo que dar. Todo lo que tenía para ofrecer era su corazón, pues su corazón era bueno.
Ella se pasaba el tiempo en las puertas de la ciudad, mirando a la gente ir y venir. Ganaba algunos centavos cepillando sus caballos, o alimentando a los animales. Ella era una niña de establo (una niña de establo sin establo), pero tenía un corazón bueno. Ella conocía a los mendigos por su nombre de pila, se tomaba tiempo para acariciar a cada perro, le daba la bienvenida a los viajeros, y saludaba a los extranjeros.
- ¿Cómo le fue en su viaje? - preguntaba ella. ¿Cuénteme; qué aprendió en
su visita?
- ¿Cómo está su esposo? - ¿Le gusta su nuevo trabajo? Ella hacía muchas preguntas,
porque su corazón era grande, y se interesaba por la gente. Pero como no tenía talento ni regalo, se puso nerviosa, pues el Rey podría enojarse. Los aldeanos le decían que el Rey esperaría un presente, y que ella debía decidirse a hacer uno. Así que tomó un cuchillo, y fue donde su hermano, el tallador.
- ¿Me puedes enseñar a tallar? -preguntó-. Lo siento -respondió el joven
artesano, sin levantar la vista-. Tengo mucho que hacer. No tengo tiempo para ti. Tú sabes
que el Rey viene.
La niña guardó el cuchillo, tomó un pincel, y fue donde su hermana, la artista. La halló en una colina, pintando una puesta de sol en un lienzo.
- Pintas muy bien, -le dijo la niña, que no tenía regalo, sino un gran corazón.
- Lo sé, -respondió la pintora. ¿Podrías compartir conmigo tu don?
- Ahora no, -respondió la hermana con los ojos fijos en su paleta de colores-. Tú sabes que el Rey viene.
La niña recordó entonces a su otra hermana, la que cantaba.
- Ella me ayudará, dijo-. Pero cuando llegó a su casa con su hermana, encontró una
muchedumbre, a la espera de escuchar a su hermana cantando.
- Hermana, -llamó-, hermana, vine a oír y aprender. Pero su hermana no pudo oír. El ruido de los aplausos era demasiado fuerte.
Con el corazón apesadumbrado, la niña se dio vuelta y se marchó. Entonces se acordó de su otro hermano.
Tomó un libro con palabras pequeñas y letras grandes, y fue a verlo.
- No tengo nada qué ofrecerle al Rey, -dijo-. ¿Podrías enseñarme a leer, para que
pueda mostrarle mi sabiduría?
El futuro joven sabio no habló. Estaba perdido en sus pensamientos. La niña sin don volvió a decir: ¿Puedes ayudarme? No tengo talento.
- Vete, -dijo el estudioso-, apenas sacando sus ojos del texto. ¿No ves que me estoy
preparando para la llegada del Rey?
Y así, la niña se fue, apenada. No tenía nada qué dar. Volvió a su lugar, en las puertas de la ciudad, y reanudó su tarea de cuidar a los animales de la gente. Luego de unos días, llegó al pueblito un hombre vestido como comerciante, y le preguntó a la niña:
- ¿Puedes alimentar a mi burro?
La huérfana se puso de pie de un salto, y miró la cara tostada del hombre que había viajado de tan lejos. Su piel era correosa por el sol, y sus ojos eran profundos. Una cálida sonrisa sobre la barba, animó a la niña.
- Puedo, -respondió la niña, y llevó animosa, al animal al comedero. Déjemelo. Cuando
usted regrese, estará limpio y alimentado.
- Dígame, -preguntó ella mientras el burro bebía-. ¿Usted vino para quedarse?
- Sólo por un tiempo. ¿Está cansado de su viaje? Así es.
- ¿Desea sentarse y descansar? -Preguntó la niña, indicando por señas un banco que estaba cerca del muro-. El hombre alto de piel oscura, se sentó en el banco, se apoyó contra el muro, cerró los ojos y se durmió. Después de unas horas, abrió los ojos y se
encontró a la niña, sentada a sus pies, mirándole la cara. Ella se avergonzó de que él la hubiera sorprendido mirándolo fijo, y se dio vuelta.
- ¿Has estado sentada aquí por mucho tiempo? Sí ¿Qué buscas?
- Nada. Usted parece ser un hombre bueno de corazón. Es bueno estar cerca de usted.
El hombre sonrió, y tocó su barba. Eres una niña sabia -dijo-. Cuando vuelva, conversaremos más.
El hombre regresó bastante pronto, y la niña le preguntó:
- ¿Halló a quienes buscaba? Los encontré, pero estaban demasiado ocupados para mí.
- ¿Qué quiere decir?
a quienes vine a buscar estaban demasiado ocupados para verme. Uno estaba en una carpintería, apurado por terminar un proyecto. Me dijo que volviera mañana. Otra era una artista. La vi sentada en la ladera de una colina, pero la gente de abajo dijo que ella no quería que la distrajeran. La otra era músico. Me senté con los demás, y escuché su música. Cuando pedí hablar con ella, dijo que no tenía tiempo. El otro que buscaba, se había ido. Se fue a la ciudad para ir a la escuela.
Los ojos de la niña se ensancharon:
- Pero usted no parece Rey, boqueóla niña-. Trato de no parecerlo,
-explicó El-. Ser Rey puede ser algo solitario. La gente actúa de manera extraña a mi alrededor. Me piden favores. Tratan de impresionarme. Me presentan todas sus quejas.
- Pero ¿no es para eso un Rey? -preguntó la niña-. -Cierto, -respondió el
Rey, pero hay ocasiones en que solamente quiero estar con la gente. Hay veces que quiero hablar con ellos, saber cómo fue su día, reír un poco, llorar otro poco. Hay veces que solamente quiero ser el padre de ellos.
- ¿Por eso adoptó a los niños? Por eso. A los niños les gusta hablar. Los adultos piensan que tienen que impresionarme; los niños, no. Ellos solamente quieren conversar conmigo.
- Pero… ¿mis hermanos y hermanas estaban demasiados ocupados?
- Lo estaban. Pero yo volveré, quizás tengan más tiempo otro día. ¿Te gustaría ir en mi burro hasta el castillo?
Y así fue como los niños con muchos talentos, pero sin tiempo se perdieron la visita del Rey, mientras que la niña cuyo único talento era su tiempo para conversar, llegó a ser su hija.
Y tú… ¿quieres llegar a ser hijo de Dios?…
Max Lucado
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Que nadie haya sido tan afortunado de darse cuenta la mina de oro que tú eres, no significa que brilles menos.
Que nadie haya sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta que mereces estar en la cima, no te detiene para lograrlo.
Que nadie se haya presentado aún para compartir tu vida, no significa que ese día está lejos.
Que nadie haya notado los avances en tu vida, no te da permiso para detenerte.
Que nadie se haya dado cuenta de la hermosa persona que tú eres, no significa que no tengas virtudes.
Que nadie haya venido a alejar la soledad con su amor, no significa que debas conformarte con lo que sea.
Que nadie te haya amado con esa clase de amor que has soñado, no significa que tengas que conformarte con menos.
Que aún no hayas recogido las mejores cosas de la vida, no significa que la vida sea injusta.
Sólo porque tu situación no parece estar progresando por ahora, no significa que siempre será así.
Por eso:
Sigue soñando,
Sigue brillando,
Sigue viviendo,
Sigue sonriendo,
Sigue esperando,
Sigue buscando,
Sigue siendo lo que ya eres…
Una creación divina.
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Lo siento mucho papá, porque creo que ésta es la última vez que me podré dirigir a ti. En serio lo siento. Es tiempo de que sepas la verdad. Voy a ser breve y claro: la droga me mató, papá.
Conocí a mi asesino a eso de los 15 o 16 años de edad. Es horrible ¿No es cierto, papá? ¿Sabes cómo fue?. Un ciudadano elegantemente vestido, muy elegantemente y que se expresaba muy bien, me presentó a mi futuro asesino: la droga.
Yo intenté rechazarla, de veras lo intenté, pero este señor se metió en mi dignidad, diciéndome que yo no era hombre. No es necesario que diga nada más, ¿no es cierto? ingresé al mundo de las drogas.
No hacía nada sin que las drogas estuvieran presentes. Yo me sentía más que las demás personas, y la droga, mi enemiga, sonreía…
¿Sabes papá? cuando uno comienza, encuentra todo ridículo y muy divertido. Incluso a Dios lo encontraba ridículo.
Hoy, en este hospital, reconozco que Dios es lo más importante en el mundo, sé que sin su ayuda no estaría escribiendo lo que escribo.
Papá, no vas a creerlo, pero la vida de un drogadicto es terrible, y todos los jóvenes deben saberlo para no entrar en eso.
Ya no puedo dar tres pasos sin cansarme. Los médicos me dicen que me voy a curar, pero cuando salen del cuarto, mueven la cabeza.
Papá, sólo tengo 19 años y sé que no tengo chance de vivir. Es muy tarde para mí, pero tengo un último pedido para hacerte:
HABLA CON TODOS LOS JÓVENES QUE CONOCES, Y MUÉSTRALES ESTA CARTA.
Diles que en cada puerta de los colegios y en cada aula, en cada facultad, en cualquier lugar, hay siempre un hombre elegante, que va a mostrarles a su futuro asesino, el que destruirá sus vidas.
Por favor, haz eso, papá, antes de que sea demasiado tarde para ellos también. Perdóname por hacerte sufrir a ti también con mis locuras.
Adiós, mi querido Papá.
EL AUTOR DE ESTA CARTA MURIÓ A LOS POCOS DÍAS DE ESCRIBIRLA, POR SOBREDOSIS EN EL HOSPITAL DEBANFIELD, EN 1997.
“Dios sólo les habla a quienes están dispuestos a escucharlo.”
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Una chica esquiaba en el mar, jalada por una lancha. No sabía nadar, pero traía puesto el chaleco salvavidas. De repente, la mujer perdió el equilibrio y cayó al mar. Como pudo, alcanzó a sujetarse de una de las cuerdas que la jalaban.
Se aferró a ella, y fue arrastrada por la lancha al más puro estilo vaquero.
Los ayudantes le decían que soltara la cuerda, porque de lo contrario no podrían ayudarla.
La chica no lo hacía, porque tenía miedo de que le pasara algo si se soltaba. Pero a medida que pasaba el tiempo, se hacía más daño.
Finalmente, la chica comprendió que se estaba lastimando. Soltó la cuerda. Y fue entonces cuando la pudieron ayudar.