por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 2
1 Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
2 Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia.
3 Unete al Señor y no se separes, para que al final de tus días seas enaltecido.
4 Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
5 Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.
6 Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él.
7 Los que temen al Señor, esperen su misericordia, y no se desvíen, para no caer.
8 Los que temen al Señor, tengan confianza en él, y no les faltará su recompensa.
9 Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, el gozo duradero y la misericordia.
10 Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?
11 Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona los pecados y salva en el momento de la aflicción.
12 ¡Ay de los corazones cobardes y de las manos que desfallecen, y del pecador que va por dos caminos!
13 ¡Ay del corazón que desfallece, porque no tiene confianza! A causa de eso no será protegido.
14 ¡Ay de ustedes, los que perdieron la constancia! ¿Qué van a hacer cuando el Señor los visite?
15 Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras y los que lo aman siguen fielmente sus caminos.
16 Los que temen al Señor tratan de complacerlo y los que lo aman se sacian de su Ley.
17 Los que temen al Señor tienen el corazón bien dispuesto y se humillan delante de él:
18 «Abandonémonos en las manos del Señor y no en las manos de los hombres, porque así como es su grandeza es también su misericordia».
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 1
1 Toda sabiduría viene del Señor, y está con él para siempre.
2 ¿Quién puede contar la arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?
3 ¿Quién puede medir la altura del cielo, la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría?
4 Antes que todas las cosas fue creada la sabiduría y la inteligencia previsora, desde la eternidad.
5 El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas, y sus canales son los mandamientos eternos.
6 ¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría y quién conoció sus secretos designios?
7 ¿A quién se le manifestó la ciencia de la sabiduría y quién comprendió la diversidad de sus caminos?
8 Sólo uno es sabio, temible en extremo: el Señor, que está sentado en su trono.
9 El mismo la creó, la vio y la midió, y la derramó sobre todas sus obras:
10 la dio a todos los hombres, según su generosidad, y la infundió abundantemente en aquellos que lo aman.
11 El temor del Señor es gloria y motivo de orgullo, es gozo y corona de alegría.
12 El temor del Señor deleita el corazón, da gozo, alegría y larga vida.
13 Todo terminará bien para el que teme al Señor, él será bendecido en el día de su muerte.
14 El principio de la sabiduría es el temor del Señor: ella es creada junto con los fieles en el seno materno.
15 Anidó entre los hombres para siempre y permanecerá fielmente con su descendencia.
16 La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor y ella los embriaga con sus frutos:
17 les colma la casa de bienes preciosos y con sus productos llena sus graneros.
18 La corona de la sabiduría es el temor del Señor: ella hace florecer el bienestar y la buena salud.
19 El Señor la vio y la midió, hizo llover la ciencia y el conocimiento, y exaltó la gloria de los que la poseen.
20 La raíz de la sabiduría es el temor del Señor y sus ramas son una larga vida.
21 El temor del Señor aleja los pecados: el que persevera en él aparta la ira divina.
22 Un arrebato indebido no puede justificarse, porque el ímpetu de la pasión lleva a la propia ruina.
23 El hombre paciente soporta hasta el momento oportuno, pero al fin se llenará de gozo:
24 él reserva sus palabras hasta el momento oportuno, y los sabios de muchos proclamarán su inteligencia.
25 En los tesoros de la sabiduría están los enigmas de la ciencia, pero el pecador aborrece la religiosidad.
26 Si deseas la sabiduría, observa los mandamientos, y el Señor te la dará abundantemente.
27 Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción: a él le agradan la fidelidad y la mansedumbre.
28 No seas reacio al temor del Señor ni te acerques a él con doblez de corazón.
29 No seas hipócrita delante de los hombres y presta atención a tus palabras.
30 No te exaltes a ti mismo, no sea que caigas y atraigas sobre ti el deshonor: el Señor revelará tus secretos y te humillará en medio de la asamblea, por no haberte acercado al temor del Señor y porque tu corazón está lleno de falsedad.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Sabiduria
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Capítulo 19
1 Pero sobre los impíos se abatió hasta el fin una ira despiadada, porque Dios tenía previsto lo que ellos harían:
2 después de dejar que el pueblo se fuera, y de ungirlos a partir apresuradamente, ellos, cambiando de idea, saldrían a perseguirlos.
3 En efecto, cuando todavía celebraban sus ritos fúnebres y se lamentaban junto a las tumbas de sus muertos, concibieron otro proyecto descabellado: a los que ellos mismos habían rogado que se fueran los comenzaron a perseguir como fugitivos.
4 La fuerza de las cosas los arrastraba con toda justicia a ese extremo y les hacía olvidar lo que había sucedido, para que terminaran de sufrir el castigo que aún faltaba a sus tormentos:
5 así, mientras tu pueblo emprendía una maravillosa travesía, ellos encontrarían una muerte insólita.
6 Porque la creación entera, obedeciendo a tus órdenes, adquiría nuevas formas en su propia naturaleza, para que tus hijos fueran preservados incólumes.
7 Se vio a la nuble cubrir el campamento con su sombra y emerger la tierra seca de lo que antes era agua; apareció en el Mar Rojo un camino despejado y una verde llanura, entre las olas impetuosas:
8 por allí paso todo un pueblo, protegido por tu mano, contemplando prodigios admirables.
9 Eran como caballos en un pastizal y retozaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su liberador.
10 Todavía recordaban lo que había sucedido en su destierro: cómo los mosquitos, en lugar de reproducirse naturalmente, fueron producidos por la tierra, y cómo las ranas, en lugar de nacer de otros animales acuáticos, fueron vomitadas por el Río en gran cantidad.
11 Más tarde, vieron también un nuevo modo de nacer las aves: cuando, excitados por la gula, ellos reclamaron manjares delicados,
12 para reconfortarlos, subieron codornices desde el mar.
13 Pero sobre los pecadores se abatieron los castigos, no sin antes ser preanunciados por la furia de los rayos: con toda justicia, ellos sufrían a causa de su maldad, ya que habían llevado al extremo su odio contra el extranjero.
14 Porque otros no recibieron a los desconocidos que llegaban, pero estos redujeron a servidumbre a huéspedes bienhechores.
15 Más aún, aquellos –y eso se les tendrá en cuenta– mostraron desde el principio hostilidad ante el extranjero;
16 pero estos, en cambio, después de recibir a tu pueblo con fiestas, y de hacerlo participar de sus mismos derechos, lo maltrataron con terribles trabajos.
17 Por eso fueron castigados con la ceguera, como aquellos otros a las puertas del justo cuando rodeados de profundas tinieblas, cada uno buscaba el acceso de su puerta.
18 Así, los elementos intercambiaban entre sí sus propiedades, como en un instrumento de cuerdas los sonidos cambian su ritmo, permaneciendo siempre la misma tonalidad. Esto es lo que se infiere claramente al examinar lo sucedido:
19 seres terrestres se volvían acuáticos, los que nadan se desplazaban sobre la tierra;
20 el fuego superaba en el agua su propia fuerza y el agua olvidaba su poder de apagar;
21 las llamas, por el contrario, no consumían la carne de los seres corruptibles que pasaban por ellas, ni tampoco derretían aquel alimento divino, parecido a la escarcha y tan fácil de disolverse.
22 Por todos los medios, Señor, tú has engrandecido y glorificado a tu pueblo, y no has dejado de asistirlo en todo tiempo y lugar.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Sabiduria
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Capítulo 18
1 Para tus santos, en cambio, brillaba una intensa luz. Los egipcios, que oían sus voces, sin distinguir su figura, los consideraban dichosos porque no tenían que sufrir como ellos,
2 les daban gracias porque no se vengaban de los daños recibidos, y les pedían perdón por su actitud hostil.
3 En lugar de esas tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego, para que les sirviera de guía en un camino desconocido y del sol inofensivo en su gloriosa emigración.
4 Pero merecían estar privados de la luz y prisioneros de las tinieblas los que habían retenido cautivos a tus hijos, por quienes debía transmitirse al mundo la luz incorruptible de la Ley.
5 Como ellos habían resuelto hacer perecer a los hijos pequeños de los santos y de los niños expuestos al peligro, uno solo se salvó para castigarlos, tú les arrebataste un gran número de sus hijos y los hiciste perecer a todos juntos en las aguas impetuosas.
6 Aquella noche fue dada a conocer de antemano a nuestros padres, para que, sabiendo con seguridad en qué juramentos habían creído, se sintieran reconfortados.
7 Tu pueblo esperaba, a la vez, la salvación de los justos y la perdición de sus enemigos;
8 porque con el castigo que infligiste a nuestros adversarios, tú nos cubriste de gloria, llamándonos a ti.
9 Por eso, los santos hijos de los justos ofrecieron sacrificios en secreto, y establecieron de común acuerdo esta ley divina: que los santos compartirían igualmente los mismos bienes y los mismos peligros; y ya entonces entonaron los cantos de los Padres.
10 Le hacía eco el clamor confuso de sus enemigos, y se propagaban los gritos lastimeros de los que lloraban a sus hijos.
11 Un mismo castigo hería al esclavo y al dueño, el hombre del pueblo sufría lo mismo que el rey.
12 Todos por igual tenían innumerables cadáveres, abatidos por el mismo género de muerte. Los sobrevivientes no daban abasto para sepultarlos, porque en un instante había sido destruido lo mejor de su estirpe.
13 Así, aquellos que a causa de los sortilegios se habían vuelto totalmente incrédulos, ante la pérdida de sus primogénitos, confesaron que ese pueblo era hijo de Dios.
14 Cuando un silencio apacible envolvía todas las cosas, y la noche había llegado a la mitad de su rápida carrera,
15 tu Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, como un guerrero implacable, en medio del país condenado al exterminio. Empuñando como una espada afilada tu decreto irrevocable,
16 se detuvo y sembró la muerte por todas partes: a la vez que tocaba el cielo, avanzaba sobre la tierra.
17 Entonces, bruscamente, las visiones de horribles pesadillas los sobresaltaron, y los invadieron terrores inesperados.
18 Tendidos medio muertos por todas partes, hacían saber cuál era la causa de su muerte,
19 porque los sueños que los habían agitado se lo habían advertido de antemano, para que no perecieran sin saber por qué padecían esos males.
20 También los justos experimentaron la muerte, y una multitud fue masacrada en el desierto. Pero la ira divina no duró mucho tiempo,
21 porque muy pronto un hombre irreprochable salió en su defensa, con las armas de su propio ministerio: la oración y el incienso expiatorio. El afrontó la cólera divina y puso fin a la calamidad, demostrando así que era tu servidor.
22 El venció la animosidad divina, no con la fuerza del cuerpo ni con el poder de las armas, sino que, por medio de la palabra, hizo entrar en razón al que infligía el castigo, recordándole las alianzas y los juramentos hechos a los Padres.
23 Cuando los cadáveres yacían amontonados unos sobre otros, él se interpuso, contuvo la cólera divina y le cerró el camino hacia los que aún vivían.
24 Porque sobre sus vestiduras sacerdotales estaba el mundo entero, sobre las cuatro hileras de piedras preciosas estaban grabados los nombres gloriosos de los Padres, y sobre la diadema de su cabeza estaba tu Majestad.
25 Ante esto, el Exterminador retrocedió lleno de temor, ya que bastaba con una sola prueba de tu ira.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Sabiduria
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Capítulo 17
1 Grandes e inenarrables son tus juicios, por eso, las almas ignorantes se extraviaron.
2 Porque cuando los impíos pensaban que podían oprimir a una nación santa, yacían encadenados en las tinieblas, prisioneros de una larga noche, encerrados bajo sus techos, excluidos de la providencia eterna.
3 Ellos pensaban mantenerse ocultos con sus pecados secretos, bajo el oscuro velo del olvido, pero fueron dispersados, presa de terrible espanto, y aterrorizados por fantasmas.
4 Porque el reducto que los protegía no los preservaba del miedo; ruidos estremecedores resonaban a su alrededor y se les aparecían espectros lúgubres, de rostro sombrío.
5 Ningún fuego tenía fuerza suficiente para alumbrar, ni el resplandor brillante de las estrellas lograba iluminar aquella horrible noche.
6 Solamente brillaba para ellos una masa de fuego que se encendía por sí misma, sembrando el terror, y una vez desaparecida aquella visión, quedaban aterrados y consideraban lo que habían visto peor de lo que era.
7 Los artificios de la magia resultaban ineficaces, y su pretendida ciencia quedaba vergonzosamente desmentida,
8 porque los que prometían liberar las almas enfermas de temores y sobresaltos, estaban, ellos mismos, enfermos de un temor ridículo.
9 Aunque nada terrorífico les infundiera temor, horrorizados por el paso de los bichos y el silbido de los reptiles,
10 se morían de miedo, y hasta rehusaban mirar el aire, del que nadie puede escapar.
11 Porque la maldad es cobarde y su propio testimonio la condena: acosada por la conciencia, imagina siempre lo peor.
12 El miedo, en efecto, no es sino el abandono de la ayuda que da la reflexión:
13 cuanto menos se cuenta con esa seguridad interior, tanto más grave se considera ignorar la causa del tormento.
14 Durante esa noche verdaderamente impotente, salida de las profundidades del Abismo impotente, sumergidos en un mismo sueño,
15 eran perseguidos a la vez por espectros monstruosos y paralizados por el desfallecimiento de su alma, porque un terror repentino e inesperado los había invadido.
16 Así, cualquiera que caía en ese estado quedaba prisionero, encerrado en esa prisión sin hierros.
17 Ya fuera labrador o pastor, o trabajara en lugares solitarios, al ser sorprendido, tenía que soportar la ineludible necesidad,
18 porque todos estaban atados por una misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el canto melodioso de los pájaros en la arboleda, el ruido cadencioso de las aguas en su impetuoso correr,
19 el violento estruendo de las rocas cayendo en avalanchas, la invisible carrera de animales encabritados, el rugido de las fieras más salvajes, el eco que retumba en los huecos de las montañas, todo los llenaba de terror y los paralizaba.
20 Porque el mundo entero estaba iluminado por una luz resplandeciente y se dedicaba libremente a sus trabajos;
21 solamente sobre ellos se extendía una pesada noche, imagen de las tinieblas que les estaban reservadas. Pero más que de las tinieblas, ellos sentían el peso de sí mismos.