por Makf | 19 Nov, 2025 | Imitación de Cristo 4
Autor: Tomás de Kempis
El Alma:
- Estas son tus palabras, ¡oh buen Jesús, Verdad eterna! Aunque no fueron dichas en un tiempo, ni escritas en un mismo lugar. Y pues son tuyas, y verdaderas, debo yo recibirlas todas con gratitud y con fe. Tuyas son, pues, Tú las dijiste; y también son mías, pues las dijiste por mi bien. Muy de grado las recibo de tu boca, para que sean más profundamente grabadas en mi corazón. Despiértanme palabras de tanta piedad, llenas de dulzura y de amor; mas por otra parte mis propios pecados me espantan, y mi mala conciencia me retrae de recibir tan altos misterios. La dulzura de tus palabras me convida; mas la multitud de mis vicios me oprime.
2.Me mandas que me llegue a Ti con gran confianza, si quiero tener parte contigo, y que reciba el manjar de la inmortalidad, si deseo alcanzar vida y gloria para siempre.
Dices: Venid a Mí todos los que tenéis trabajos y estáis cargados, que yo os recrearé.
¡Cuán dulces y amables son a los oídos del pecador estas palabras, por las cuales Tú, Señor Dios mío, convidas al pobre y al mendigo a la comunión de tu Santísimo Cuerpo! Mas ¿quién soy yo, Señor, para que presuma llegarme a Ti? Veo que no cabes en los cielos de los cielos; y Tú dices: ¡Venid a Mí todos!
- ¿Qué quiere decir esta tan piadosa dignación, y este tan amistoso convite? ¿Cómo osaré llegarme yo que no reconozco en mí cosa buena en que pueda confiar? ¿Cómo te hospedaré en mi habitación yo que tantas veces ofendí tu benignísima presencia? Los ángeles y arcángeles tiemblan: los Santos y justos temen. Y Tú dices: !Venid a Mí todos! Si Tú, Señor, no dijeses esto, ¿quién lo creería? Y si Tú no lo mandases, ¿quién osaría llegarse a Ti?
- Noé, varón justo, trabajó cien años en fabricar una arca para guarecerse en ella con pocas personas: ¿pues cómo podré yo en una hora prepararme para recibir con reverencia al que fabricó el mundo? Moisés, tu gran siervo y tu amigo especial, hizo una arca de madera incorruptible, y la guarneció de oro purísimo para poner en ella las tablas de la Ley; ¿y yo, criatura podrida, osaré recibirte tan fácilmente a Ti, hacedor de la ley y dador de la vida? Salomón, el más sabio de los reyes de Israel, edificó en siete años, en honor de tu nombre, un magnífico templo. Celebró ocho días la fiesta de su dedicación, ofreció mil hostias pacíficas, y colocó solemnemente el Arca del Testamento, con músicas y regocijos, en el lugar que le estaba preparado. Y yo, miserable y más pobre de los hombres, ¿cómo te introduciré en mi casa, que difícilmente estoy con devoción media hora? Y ¡ojalá que alguna vez gastase bien media hora!
- ¡Oh Dios mío! ¿Qué no hicieron aquellos por agradarte? Mas ¡ay de mí! ¡Cuán poco es lo que yo hago! ¡Qué corto tiempo gasto en prepararme para la Comunión! Rara vez estoy del todo recogido, y rarísima me veo libre de toda distracción. Y en verdad, que en tu saludable y divina presencia no debiera ocurrirme pensamiento alguno poco decente, ni ocuparme criatura alguna; porque no voy a hospedar a algún ángel, sino al Señor de los ángeles.
- Además, hay grandísima diferencia entre el Arca del Testamento con cuanto contenía, y tu purísimo Cuerpo con sus inefables virtudes; entre aquellos sacrificios de la ley antigua que figuraban los venideros, y el sacrificio de tu cuerpo, que es el cumplimiento de todos los sacrificios antiguos.
- ¿Por qué, pues, no me inflamo más en tu venerable presencia? ¿Por qué no me dispongo con mayor cuidado para recibirte en el Sacramento, al ver que aquellos antiguos santos patriarcas y profetas, reyes y príncipes, con todo su pueblo, mostraron tanta devoción al culto divino?
- El devotísimo rey David bailó con toda su fuerza delante del arca de Dios, acordándose de los beneficios hechos en otro tiempo a los padres. Hizo diversos instrumentos músicos; compuso salmos, y ordenó que se cantasen con alegría; y aun él mismo los cantó frecuentemente el arpa, inspirado de la gracia del Espíritu Santo; enseñó al pueblo de Israel a alabar a Dios de todo corazón, y bendecirle y celebrarle cada día con voces acordes. Pues si tanta era entonces la devoción, y tanto se pensó en alabar a Dios delante del Arca del Testamento, ¿cuánta reverencia y devoción debo yo tener, y todo el pueblo cristiano, a presencia del Sacramento y al recibir el Santísimo cuerpo de Cristo?
- Muchos corren a diversos lugares para visitar las reliquias de los Santos, y se maravillan de oír sus hechos, miran los grandes edificios de los templos, y besan los sagrados huesos guardados en oro y seda. Y Tú estás aquí presente delante de mí en el altar, Dios mío, Santo de los Santos, Criador de los hombres y Señor de los ángeles.
Muchas veces los hombres hacen aquellas visitas por la novedad y por la curiosidad de ver cosas que no han visto; y así es que sacan muy poco fruto de enmienda, mayormente cuando andan con liviandad, de una parte a otra, sin contrición verdadera. Más aquí, en el Sacramento del Altar, estás todo presente, Jesús mío, Dios y hombre; en él se coge copioso fruto de eterna salud todas las veces que te recibieren digna y devotamente. Y a esto no nos trae ninguna liviandad ni curiosidad o sensualidad; sino la fe firme, la esperanza devora, y la pura caridad.
- ¡Oh Dios invisible, Criador del mundo, cuán maravillosamente lo haces con nosotros! ¡Cuán suave y graciosamente te portas con tus escogidos, a quienes te ofreces a Ti mismo en este Sacramento para que te reciban! Esto, en verdad, excede sobre todo entendimiento; esto especialmente cautiva los corazones de los devotos y enciende su afecto. Porque los verdaderos fieles tuyos, que se disponen para enmendar toda su vida, de este Sacramento dignísimo reciben continuamente grandísima gracia de devoción y amor de la virtud.
- ¡Oh admirable y escondida gracia de ese Sacramento, la cual conocen solamente los fieles de Cristo! Pero los infieles y los que sirven al pecado, no la pueden gustar. En este Sacramento se da gracia espiritual, se repara en el alma la virtud perdida, y reflorece la hermosura afeada por el pecado. Tanta es algunas veces esta gracia, que de la abundante devoción que causa, no sólo el alma, sino aun el cuerpo flaco siente haber recibido fuerzas mayores.
- Pero es muy mucho de sentir y de llorar nuestra tibieza y negligencia, porque no nos movemos con mayor afecto a recibir a Cristo, en quien consiste toda la esperanza y el mérito de los que se han de salvar. Porque El es nuestra santificación y redención, El nuestro consuelo en esta peregrinación y el gozo eterno de los Santos. Y así es muy digno de llorarse el poco caso que muchos hacen de este saludable Sacramento, el cual alegra al cielo, y conserva al universo mundo. ¡Oh ceguedad y dureza del corazón humano, que tan poco atiende a tan inefable don, y por la mucha frecuencia ha venido a reparar menos en él!
- Porque si este sacratísimo Sacramento se celebrase en un solo lugar y se consagrase por un solo sacerdote en todo el mundo, ¿con cuánto deseo y afecto acudirían los hombres a aquel sacerdote de Dios para verle celebrar los divinos misterios? Mas ahora hay muchos sacerdotes, y se ofrece Cristo en muchos lugares, para que se muestre tanto mayor la gracia y amor de Dios al hombre, cuanto la sagrada Comunión es más liberalmente difundida por el mundo. Gracias a Ti, buen Jesús, pastor eterno que te dignaste recrearnos a nosotros pobres y desterrados, con tu precioso cuerpo y sangre; y también convidarnos con palabras de tu propia boca a recibir estos misterios, diciendo:
Venid a Mí todos los que tenéis trabajos y estáis cargados, que yo os aliviaré.
por Makf | 18 Nov, 2025 | Imitación de Cristo 3
Autor: Tomás de Kempis
Jesucristo:
- Hijo, en cualquier cosa di así: Señor, si te agradare, hágase esto así. Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre. Señor, si vieres que me conviene, y hallares serme provechoso, concédemelo para que use de ello a honra tuya. Mas si conocieres que me sería dañoso, y nada provechoso a la salvación de mi alma, desvía de mí tal deseo. Porque no todo deseo procede del Espíritu Santo, aunque parezca justo y bueno al hombre. Dificultoso es juzgar si te incita buen espíritu o malo a desear esto o aquello, o si te mueve tu propio espíritu. Muchos se hallan engañados al fin, que al principio parecían inspirados por buen espíritu.
- Por eso siempre se debe desear y pedir con temor de Dios y humildad de corazón cualquier cosa apetecible que ocurriere al pensamiento, y sobre todo con propia resignación encomendarlo todo a Mí diciendo: Señor, Tú sabes lo que es mejor: haz esto o aquello, según te agradare. Da lo que quisieres, y cuanto quisieres, y cuando quisieres. Haz conmigo como sabes, y como más te agradare, y fuere mayor honra tuya. Ponme donde quisieres, dispón de mi libremente en todo. En tu mano estoy, vuélveme y revuélveme a la redonda. Ve aquí tu siervo dispuesto a todo; porque no deseo, Señor, vivir para mí sino para Ti. ¡Ojalá que viva dignamente y perfectamente! Oración para conseguir la voluntad de Dios.
- Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, y obre conmigo, y persevere conmigo hasta el fin. Dame que desee y quiera siempre lo que te es más acepto y agradable a Ti. Tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya, y se conforme en todo con ella. Tenga yo un querer y no querer contigo; y no pueda querer ni no querer lo que Tú quieres y no quieres.
- Dame, Señor, que muera a todo lo que hay en el mundo; y dame que desee por Ti ser despreciado y olvidado en este siglo. Dame, sobre todo lo que se puede desear, descansar en Ti y aquietar mi corazón en Ti. Tú eres la verdadera paz del corazón; Tú el único descanso: fuera de Ti todas las cosas son molestas e inquietas. En esta paz permanente, esto es, en Ti, Sumo y eterno Bien. Dormiré y descansaré. Amén
por Makf | 18 Nov, 2025 | Imitación de Cristo 3
Autor: Tomás de Kempis
El Alma:
- Señor, ¿cuál es mi confianza en esta vida? o ¿cuál mi mayor contento de cuantos hay debajo del cielo? Por ventura ¿ no eres Tú mi Dios y Señor, cuyas misericordias no tienen número? ¿Dónde me fue bien sin Ti? o ¿cuándo me pudo ir mal estando Tú presente? Más quiero ser pobre por Ti, que rico sin Ti. Por mejor tengo peregrinar contigo en la tierra, que poseer sin Ti el cielo. Donde Tú estás, allí está el cielo, y donde no, el infierno y la muerte. A Ti se dirige todo mi deseo, y por eso no cesaré de orar, gemir y clamar en pos de Ti. En fin; yo no puedo confiar cumplidamente en alguno que me ayude oportunamente en mis necesidades, sino en Ti solo, Dios mío. Tú eres mi esperanza y mi confianza; Tú mi consolador y el amigo más fiel en todo.
- Todos buscan su interés, Tú buscas solamente mi salud y mi aprovechamiento, y todo mi lo conviertes en bien. Aunque algunas veces me dejas en diversas tentaciones y adversidades, todo lo ordenas para mi provecho; que sueles de mil modos probar a tus escogidos. En esta prueba debes ser tan amado y alabado, como si me colmases de consolaciones espirituales.
- En Ti, pues, Señor Dios, pongo toda mi esperanza y refugio; en tus manos dejo todas mis tribulaciones y angustias; porque fuera de Ti todo es débil e inconstante. Porque no me aprovecharán muchos amigos, ni podrán ayudarme los defensores poderosos, ni los consejeros discretos darme respuesta conveniente, ni los libros doctos consolarme, ni cosa alguna preciosa librarme, ni algún lugar secreto y delicioso defenderme, si Tú mismo no me auxilias, ayudas, esfuerzas, consuelas y guardas.
- Porque todo lo que parece conducente para tener paz y felicidad, es nada si Tú estás ausente; ni da sino una sombra de felicidad. Tú eres, pues, fin de todos los bienes, centro de la vida, y abismo de sabiduría; y esperar en Ti sobre todo, es grandísima consolación para tus siervos. A Ti, Señor, levanto mis ojos; en Ti confió, Dios mío, padre de misericordias. Bendice y santifica mi alma con bendición celestial, para que sea morada santa tuya, y silla de tu gloria eterna; y no haya en este templo tuyo cosa que ofenda los ojos de tu majestad soberana. Mírame según la grandeza de tu bondad, y según la multitud de tus misericordias, y oye la oración de este pobre siervo tuyo, desterrado lejos en la región de la sombra de la muerte. Defiende y conserva el alma de este tu siervecillo entre tantos peligros de la vida corruptible; y acompañándola tu gracia, guíala por el camino de la paz a la patria de la perpetua claridad. Amén.
por Makf | 18 Nov, 2025 | Imitación de Cristo 3
Autor: Tomás de Kempis
JESUCRISTO:
- Hijo, guárdate de disputar de materias altas, y de los secretos juicios de Dios; por qué uno es desamparado y otro tiene tantas gracias; por qué está uno muy afligido y otro tan altamente ensalzado. Estas cosas exceden a toda humana capacidad; y no basta razón ni disputa alguna para investigar el juicio divino. Por eso, cuando el enemigo te trajere esto al pensamiento, o algunos hombres curiosos lo preguntaren, responde aquello del profeta: JUSTO ERES, SEÑOR, Y JUSTO TU JUICIO. Y también: LOS JUICIOS DEL SEÑOR SON VERDADEROS Y JUSTIFICADOS EN Sí MISMOS. Mis juicios han de ser temidos, no examinados; por que no se comprende con entendimiento humano.
- Tampoco te pongas a inquirir o disputar de los merecimiento de los Santos, cuál sea más Santo o mayor en el reino de los cielos. Estas cosas muchas veces causan contiendas y disensiones sin provecho; aumentan también la soberbia y la vanagloria, de donde nacen envidias y discordias, cuando uno quiere preferir imprudentemente un Santo, y otro quiere a otro. Querer saber e inquirir tales cosas, ningún fruto trae, antes desagrada mucho a los Santos; por que Yo no soy DIOS de discordia, sino de paz; la cual consiste más en la verdadera humildad, que en la propia estimación.
- Algunos con celo de amor se aficionan a unos Santos más que a otros; pero más por afecto humano que divino. Yo soy el que hice a todos los Santos; Yo les di la gracia; Yo les he dado la gloria. Yo sé los méritos de cada uno; Yo les previne con bendiciones de mi dulzura. Yo conocí mis amados antes de los siglos; Yo los escogí del mundo, y no ellos a Mí. Yo los llamé por gracia y atraje por misericordia; Yo les llevé por diversas tentaciones. Yo les envié grandes consolaciones, les di la perseverancia y coroné su paciencia. 4. Yo conozco al primero y al último.
Yo los abrazo a todos con amor inestimable. Yo soy digno de ser alabado en todos mis Santos, y ensalzado sobre todas las cosas; Yo debo ser honrado por cada uno de cuantos he engrandecido y predestinado, sin preceder algún merecimiento suyo. Por eso quien despreciare a uno de mis pequeñuelos, no honra al grande, porque yo hice al grande y al pequeño. Y el que quisiere deprimir alguno de los Santos, a Mí me deprime y a todos los demás del reino de los cielos. Todos son una misma cosa por vínculo de la caridad; todos tienen un mismo parecer y un mismo querer; y todos se aman recíprocamente.
- Y sobre todo, más me aman a Mí que a sí mismos y a todos sus merecimientos. Porque elevados sobre sí libres de su propio amor, se pasan del todo al mío; y en él descansan y se regocijan con gozo inexplicable. No hay cosa que los pueda apartar ni declinar; porque llenos de la verdad eterna, arden en el fuego inextinguible de la caridad. Callen, pues, los hombres carnales y animales, y no disputen del estado de los Santos, pues no saben amar sino los gozos particulares. Quitan y ponen según su inclinación, no como agrada a la eterna verdad.
- Muchos por efecto de ignorancia, especialmente los que se hallan con poca luz interior, con dificultad saben amar a alguno con perfecto amor espiritual. Y aun los lleva mucho el afecto natural, y la amistad humana, con la cual se inclinan más a unos que a otros; y así como sienten de las cosas terrenas, así imaginan de las celestiales. Mas hay grandísima diferencia entre lo que piensan los hombres imperfectos y lo que saben los varones espirituales por la revelación divina.
- Guárdate, pues, hijo, de tratar curiosamente de las cosas que exceden a tu alcance: de lo que debes tratar es de que puedas ser siquiera el menor en el reino de Dios. Y aunque uno supiese quién es más Santo que otro, o el mayor en el reino del cielo, ¿de qué le serviría el saberlo, si no se humillase delante de Mí por este conocimiento, y no se levantase a alabar más puramente mi nombre? Mucho más agradable es a Dios el que piensa en la gravedad de sus propios pecados, y la poquedad de sus virtudes, y cuán lejos está de la perfección de los Santos, que el que porfía cuál será mayor o menor Santo. Mejor es rogar a los Santos con devotas oraciones y lágrimas, y con humilde corazón invocar su favor, que escudriñar sus secretos con inútil investigación.
- Ellos están cumplidamente contentos, si los hombres saben contentarse y refrenar la vanidad de sus lenguas. No se glorían de sus propios merecimientos, pues que ninguna cosa buena se atribuyen a sí mismos; sino todo a Mí; porque yo les di todo cuanto tienen con mi infinita caridad. Llenos están de tanto amor de la divinidad, y de tal abundancia de gozos, que ninguna parte de gloria les falta, ni les puede faltar cosa alguna de bienaventuranza. Todos los Santos, cuanto más altos están en la gloria tanto más humildes son en sí mismos, y están más cercanos a Mí, y son más amados de Mí. Por lo cual está escrito que abatieron sus coronas delante de Dios, y se postraron sobre sus rostros delante del Cordero, y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
- Muchos preguntan quién es el mayor en el reino de Dios, que no saben si serán dignos de ser contados con los ínfimos. Gran cosa es ser en el cielo siquiera el menor, donde todos son grandes, porque todos se llamarán y serán hijos de Dios. El menor será grande entre mil, y el pecador de cien años morirá. Pues cuando preguntaban los discípulos quién fuese mayor en el reino de los cielos, tuvieron esta respuesta: Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por eso, cualquiera que se humillare como niño, aquel será el mayor en el reino del cielo.
- ¡Ay de aquellos que se desdeñan de humillarse de voluntad con los pequeñitos; porque la puerta humilde y angosta del reino celestial no les permitirá entrar! ¡Ay también de los ricos, que tienen aquí sus deleites; porque cuando entraren los pobres en el reino de Dios, quedarán ellos fuera aullando y llorando a lágrima viva! Alegraos los humildes, y regocijaos los pobres, que vuestro es el reino de Dios, si andáis en el camino de la verdad.
por Makf | 18 Nov, 2025 | Imitación de Cristo 3
Autor: Tomás de Kempis
Jesucristo:
- Hijo, más me agradan la humildad y la paciencia en la adversidad que el mucho consuelo y devoción en la prosperidad. ¿Por qué te entristece una pequeña cosa dicha contra ti? Aunque más fuera, no debieras inquietarte. Mas ahora déjala pasar, porque es la primera, ni nueva, ni será la última si mucho vivieres. Harto esforzado eres cuando ninguna cosa contraria te viene. Aconsejas bien, y sabes alentar a otros con palabras; pero cuando viene a tu puerta alguna repentina tribulación, luego te falta consejo y esfuerzo. Mira tu gran fragilidad que experimentas a cada paso en pequeñas ocasiones; mas todo este mal que te sucede, redunda en tu salud.
- Apártalo como mejor supieres de tu corazón, y si llegó a tocarte, no permitas que te abata, ni te lleve embarazado mucho tiempo. Sufre a lo menos con paciencia, si no puedes con alegría. Y si oyes algo contra tu gusto y te sientes irritado, refrénate, y no dejes salir de tu boca alguna palabra desordenada que pueda escandalizar a los inocentes. Presto se aquietará el ímpetu excitado de tu corazón: y el dolor interior se dulcifica con la vuelta de la gracia. Aún vivo Yo (dice el Señor) dispuesto para ayudarte y para consolarte más de lo acostumbrado, si confías en Mí y me llamas devoción.
- Ten buen ánimo, y apercíbete para trances mayores. Aunque te veas muchas veces atribulado, o gravemente tentado, no por eso está ya todo perdido. ¿Cómo podrás tú estar siempre en un mismo estado de virtud, cuando le faltó al ángel en el cielo, y al primer hombre en el paraíso? Yo soy el que levanta con entera salud a los que lloran y traigo a mi divinidad los que lloran y traigo a mi divinidad los que conocen su flaqueza.
EL ALMA:
- Señor, bendita ea tu palabra, dulce para mi boca más que la miel y el panal. ¿Qué haría yo en tantas tribulaciones y angustias, si Tú no me animases con tus santas palabras? Con tal que al fin llegue yo al puerto de salvación ¿qué se me da de cuanto hubiere padecido? Dame buen fin; dame una dulce partida de este mundo. Acuérdate de mí, Dios mío, y guíame por camino derecho a tu reino. Amén.