por Makf | 26 Oct, 2025 | Regresando a Casa
REGRESANDO A CASA
Fue gran rabino, jefe de la Sinagoga de Roma.
Cuando se convirtió a católico, se dedicó a dar clases en la Universidad gregoriana de Roma, y a todos sus alumnos les decía:
“Vosotros, que habéis nacido en la religión católica, no sois conscientes de la riqueza que habéis recibido desde la infancia por la fe y la gracia de Cristo; pero yo, que he llegado a la fe después de un largo trabajo de años y años, aprecio la grandeza del don de la fe y siento toda la alegría de ser cristiano católico”155.
Cuando le preguntaron algunos por qué no se había hecho protestante, respondió:
“Protestar no es testimoniar. ¿Para qué han esperado 1500 años para protestar?
La Iglesia católica fue reconocida por el mundo cristiano como la verdadera Iglesia durante quince siglos seguidos. Después de estos quince siglos nadie puede decir que la Iglesia católica no es la Iglesia de Cristo sin plantearse serios problemas.
Yo admito la autenticidad de una sola Iglesia, aquella que fue anunciada a todos por mis propios antepasados, los doce apóstoles, que, como yo, han salido de la sinagoga”156.
Y defendió el primado del Papa en un libro titulado La confesión y el drama de Pedro, que dejó inconcluso a su muerte.
Aprendamos de él a amar a Jesús hasta las últimas consecuencias y dejarlo todo por él.
155 Dezza Padre, Eugenio Zolli, da gran rabino a testimone di Cristo, en revista Civiltà cattolica, 21 de febrero de 1981, pp. 340-347.
156 Comastri Angelo, Dov'è il tuo Dio, Ed san Paolo, Milano, 2003, p. 88.
por Makf | 26 Oct, 2025 | Regresando a Casa
REGRESANDO A CASA
Era un hombre rico, hijo de un banquero judío, y totalmente descreído, pero el día 20 de enero de 1842, entró por curiosidad en la iglesia de san Andrés delle Fratte, de Roma.
Allí se le apareció la Virgen María y, en un instante, cambió totalmente su vida, hasta el punto de dejar a su novia, con quien se iba a casar en poco tiempo, y hacerse sacerdote, llegando a ser un santo: san Alfonso de Ratisbona.
Él cuenta cómo conoció intuitivamente las verdades de la fe católica. Dice así:
“Todo lo que sé es que, al entrar en la iglesia, ignoraba todo; que saliendo de ella, veía claro. No puedo explicar ese cambio, sino comparándolo a un hombre a quien se despertara súbitamente de un profundo sueño; o por analogía, con un ciego de nacimiento que, de golpe, viera la luz del día; ve, pero no puede definir la luz que le ilumina y en cuyo ámbito contempla los objetos de su admiración.
Si no se puede explicar la luz física ¿cómo podría explicarse la luz que, en el fondo, es la verdad misma?
Creo permanecer en la verdad, diciendo que yo no tenía ciencia alguna de la letra, pero entreveía el sentido y el espíritu de los dogmas.
Sentía, más que veía, esas cosas; y las sentía por los efectos inexpresables que produjeron en mí.
Todo ocurría en mi interior; y esas impresiones, mil veces más rápidas que el pensamiento, no habían tan sólo conmocionado mi alma, sino que la habían como vuelto al revés, dirigiéndola en otro sentido, hacia otro fin y hacia una nueva vida.
A partir de ese momento, mis prevenciones contra el cristianismo se borraron sin dejar rastro, lo mismo que los prejuicios de mi infancia.
El amor de Dios ocupaba el lugar de cualquier otro amor”154.
154 Citado por André Frossard, ¿Hay otro mundo?, Ed Rialp, Madrid, 1981, p. 35-36.
por Makf | 26 Oct, 2025 | Regresando a Casa
REGRESANDO A CASA
Se ha dicho, frecuentemente, que todos los convertidos son “molestos”, porque toman la fe con tal fuerza que, a los católicos comunes, les parecen un poco fanáticos.
Pero es que, cuando uno se enamora de Cristo, no puede menos de sentir un fuego interior que lo lleva a compartirlo con todos los que le rodean. Incluso, hasta entregar su vida totalmente a su servicio.
Algunos de estos convertidos desde el primer momento de su conversión intuyeron por una gracia especial de Dios que la Iglesia católica era la Iglesia fundada por Jesucristo.
Veamos tres ejemplos significativos, dos judíos y un ateo.
por Makf | 26 Oct, 2025 | Regresando a Casa
REGRESANDO A CASA
A lo largo de mis años de sacerdote y misionero en el Perú, he podido relacionarme con hermanos separados. En muchos casos, he visto hombres buenos con deseo de amar a Dios y buscar la verdad en lo que dice la Biblia.
He apreciado su espíritu apostólico para compartir su fe y las bonitas canciones que cantan en sus iglesias.
Pero he podido también darme cuenta del gran vacío que hay en sus iglesias, que son salones de cine o carpas o salones llenos de sillas; pero donde falta el sentido de lugar sagrado. Además, sólo se abren cuando hay culto.
Por otra parte, con frecuencia, les falta caridad en su trato con los católicos. Cuando se convierten, rompen todas las imágenes de su casa, sin respetar los derechos y creencias de sus familias.
Son insistentes en decir que esto o lo otro no está en la Biblia, pero no se cuestionan, como hemos visto en las páginas anteriores, que los principios de la sola Escritura o la sola fe son principios que no están en la Biblia.
Además, muchas iglesias creen en cosas que no están claras en la Biblia y que las han recibido por tradición de sus propias iglesias desde sus fundadores.
Algunos creen que “una vez salvado, salvado para siempre”, o la predestinación o la necesidad de la Biblia para salvarse.
Hablan de que la salvación viene por la sola fe y no por las obras, pero exigen, después, oración, ayuno, ofrendas y diezmos o predicar su fe, como si no fueran obras buenas.
En algunos casos, usan mantos sagrados para curar o las manos “sagradas” del pastor o la oración “sagrada” del predicador.
Con frecuencia, se nota en muchas iglesias el afán del dinero y se predica con insistencia sobre dar ofrendas y diezmos.
En muchos telepredicadores se aprecia mucha exageración en sus gestos y en su doctrina.
Falta en sus reuniones esa majestad y belleza de la liturgia, el silencio en la oración, que es tan importante para comunicarnos con Dios, y, sobre todo, falta seguridad en su fe.
Pareciera que los predicadores fueran dueños de la verdad, cuando hablan con tanta seguridad de temas, muchas veces, controvertidos en sus mismas iglesias.
Insisten mucho en que la enfermedad no es querida por Dios, rechazando así el valor inmenso del sufrimiento ofrecido a Dios con amor. Por supuesto que hay que orar por la salud, pero si no se sanan, no necesariamente es por falta de fe.
En una palabra, quisiera decirles a todos mis hermanos separados que busquen tener más amor a los demás. Porque “ya podría conocer todos los secretos y todo el saber (y la Biblia entera), ya podría tener una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada y no valgo nada” (1 Co 13,2).
Si aman a Jesús de verdad, búsquenlo en la Eucaristía de las iglesias católicas y lo encontrarán junto a María su madre y nuestra Madre. Amén.
“El mayor tesoro de la Iglesia es Jesús Eucaristía”
por Makf | 26 Oct, 2025 | Regresando a Casa
Regresando a Casa
El símbolo de los apóstoles o Credo de los apóstoles se llama así, porque resume fielmente la fe de los apóstoles. Es el antiguo símbolo o credo bautismal de la Iglesia de Roma, que fue fundada por san Pedro.
San Ambrosio dice sobre él que “es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles y a la cual él llevó la doctrina común” (san Ambrosio, symb 7).
Este símbolo o credo, llamado también “primer catecismo romano”, fue estructurado en el siglo II, sobre una base que existía desde tiempos apostólicos, y se extendió rápidamente por todo el Occidente.
En su primera redacción, transmitida por san Hipólito en su Tradición apostólica (año 215) decía así:
"Creo en Dios, Padre todopoderoso y en Jesucristo, Hijo de Dios, que nació del Espíritu Santo y de la Virgen María, fue crucificado bajo Poncio Pilato, muerto y sepultado, resucitó al tercer día, subió a los cielos, está sentado a la derecha del Padre, vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia y en la resurrección de la carne...".
Pero en vista de algunas herejías, se añadió Creo en la comunión de los santos (algunos negaban la veneración a los santos), el perdón de los pecados (negaban la potestad de perdonar los pecados) y añadieron la palabra católica.
De modo que, en el siglo VI, existía ya el Credo tal y como lo recitamos actualmente en todas las iglesias del mundo y como lo aprenden de memoria todos los niños católicos desde la infancia.
Así nos lo transmitió san Cesáreo de Arlés en el Sermón. Y dice así: "Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo su único hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna". Amén.
¿Puedes tú recitar el Credo apostólico con nosotros?
¿Puedes decir con nosotros “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”, como lo afirma el concilio de Nicea del año 325 y el concilio de Constantinopla del año 391?