5.13» El ángel del consuelo

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Cuando Jesús estaba angustiado y sudando sangre en Getsemaní, se le apareció un ángel del cielo que lo consolaba (Lc 22, 43).

Nosotros también necesitamos consuelo en los momentos tristes y difíciles de la vida. Nuestro ángel será entonces nuestro consolador.

Y podemos invocar al ángel del consuelo, que consoló a Jesús en Getsemaní.

Por otra parte, no nos olvidemos de ser nosotros también como ángeles consoladores para los demás.

5.12» Los ángeles servidores

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Los ángeles nos ayudan y están puestos por Dios para servirnos y ayudarnos en todas nuestras necesidades.

Así lo hicieron con Jesús: Permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían (Mc 1, 13).

¿Cuántas veces nuestro ángel nos habrá servido en las más mínimas cosas de la vida o habrá hecho que alguien nos sirviera para hacernos felices?

¿Le pedimos ayuda frecuentemente?

Si no lo invocamos, podemos perdernos muchas bendiciones que Dios sólo nos dará a través del ángel, a quien ha puesto a nuestro lado, no para que tome nota de lo que hacemos o dejamos de hacer, sino para ayudarnos en nuestro caminar por la vida.

5.11» El ángel de la alegría

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Aquella noche de Navidad, un ángel se apareció a los pastores y les comunicó la gran noticia del nacimiento del Salvador.

El ángel estaba tan contento que se puso a cantar y a alabar a Dios con una multitud del ejército celestial, diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad (Lc 2, 13-14).

Cuando estemos especialmente alegres, unámonos a los ángeles para cantar y alabar a Dios con ellos y agradecerle por todos los beneficios recibidos.

No olvidemos que los ángeles anunciaron a María Magdalena y a las buenas mujeres la gran alegría de la resurrección de Jesús (Mt 28, 1-8; Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-10; Jn 20, 1-10).

Recordemos lo que dice Jesús: En el cielo hay mucha alegría entre los ángeles de Dios por un sólo pecador que se convierte (Lc 15, 10).

Por eso, procuremos mejorar nuestra vida y amar cada día más a Dios y digamos con el salmo:

En presencia de los ángeles cantaré para ti, Señor (Sal 138, 1).

5.10» El ángel del nacimiento

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Gabriel es el mensajero de Dios por excelencia, pues fue el encargado de comunicarle a María la gran noticia de que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1).

Algunos autores han considerado a Gabriel como el ángel de los nacimientos, como si tuviera un poder especial para que las mamás den a luz sin dificultad.

No estará demás invocarlo a él junto al ángel del niño por nacer y al ángel de la madre y del padre, para que haya un parto feliz.

5.9» El ángel poderoso

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

San Miguel es el príncipe de los ángeles y es poderoso defensor ante los ataques del enemigo de las almas, el demonio. Dice el Apocalipsis:

Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua, el seductor del mundo entero, fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él (Ap. 12, 7-9).

Está claro que san Miguel arcángel tiene un poder especial contra el demonio, que siempre nos ataca, queriendo apartarnos del amor de Dios.

Un día de diciembre de 1884 o de enero de 1885, en el Vaticano, en su capilla privada, el Papa León XIII, después de haber celebrado la misa, asistió a una segunda misa.

Hacia el final, se le vio levantar la cabeza de repente y mirar fijamente hacia el altar, encima del tabernáculo. El rostro del Papa palideció y sus rasgos se tensaron.

Acabada la misa, León XIII se levantó y, todavía bajo los efectos de una intensa emoción, se dirigió hacia su estudio. Un prelado de los que le rodeaban le preguntó:

Santo Padre, ¿se siente fatigado? ¿Necesita algo? No, respondió León XIII, no necesito nada.

El Papa se encerró en su estudio. Media hora más tarde, hizo llamar al secretario de la Congregación de Ritos. Le dio una hoja y le pidió que la hiciera imprimir y la enviara a los obispos de todo el mundo.

¿Cuál era el contenido de esta hoja? Era una oración al arcángel san Miguel, compuesta por el mismo León XIII. Una oración que los sacerdotes recitarían después de cada misa rezada, al pie del altar, después del Salve Regina ya prescrito por Pío IX.

León XIII confió más tarde a uno de sus secretarios, Mons. Rinaldo Angeh, que durante la misa había visto una nube de demonios que se lanzaban contra la Iglesia para atacarla. De ahí su decisión de movilizar a san Miguel Arcángel y a las milicias del cielo para defender a la Iglesia contra Satanás y sus ejércitos.

Invoquemos a san Miguel en esta lucha sin cuartel, que durará toda nuestra vida y recemos la oración:

San Miguel arcángel defiéndenos del enemigo y ampáranos de todas las asechanzas del maligno. Que Dios te reprima, espíritu maligno, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja con el divino poder a Satanás a lo más profundo del infierno y también a los otros espíritus inmundos que vagan por el mundo, buscando la perdición de las almas.

5.8» El ángel protector

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Dios nos dice en el salmo 91: Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu derecha, a ti no te alcanzará… No ha de alcanzarte el mal ni la plaga llegará hasta tu tienda.

Porque ha dado orden a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos. Te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra. Pisotearás leones y dragones, a ti no te alcanzará.

En medio de las dificultades más extremas, aun en plena guerra, cuando las balas silben a nuestro alrededor o la peste se extienda por la vecindad, Dios puede salvarnos por medio de sus ángeles.

En lo más duro de la pelea, se les aparecieron en el cielo a los adversarios cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando en medio de ellos al Macabeo, lo protegían con sus armas, le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra el enemigo, que, herido de ceguera y espanto, caía (2 Mac 10, 29-30).

Categorías