17.1» Historia de Ángeles – La Madre Angélica

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

La Madre Angélica, norteamericana, nacida en 1923, fundadora de un convento de adoración perpetua a Jesús sacramentado, ha fundado también la primera y principal cadena de televisión católica del mundo por cable, ha establecido una editorial católica con su imprenta, y ha fundado la mayor emisora de radio privada de onda corta.

Ella nos cuenta cómo Dios salvó su vida por medio de su ángel de la guarda:

Jamás olvidaré un incidente que tuvo lugar, cuando yo tenía diez u once años. Vivía todavía en Cantón, en Ohio, y ya avanzada la tarde había ido a la plaza mayor para hacer algunos encargos para mi madre…

Cruzaba tranquilamente la calle, cuando de pronto oí a alguien que chillaba, y al volver la cabeza, vi unos faros que se me acercaban.

Quedé momentáneamente cegada y, entonces, sentí dos manos que me agarraban, ayudándome a saltar la verja del aparcamiento.

Aquel coche había pasado un semáforo en rojo y seguía a toda velocidad. Gradualmente, comencé a comprender lo ocurrido.

Se acercó un montón de gente, preguntándome cómo me las había arreglado para saltar la verja. No tenía ni idea de cómo lo había logrado.

Al llegar a mi casa, mi madre estaba pálida y temblorosa.

Ella había sentido que corría peligro y se había puesto de rodillas para rezar, pidiéndole a Dios que me salvara la vida.

Estaba claro que aquello era precisamente lo que Dios le había ordenado a mi ángel que hiciera.

Jamás olvidaré la curiosa sensación de ser levantada, literalmente izada, por dos manos que me ayudaron a cruzar la verja, que me separaba de la muerte…

Desde entonces he mantenido una relación muy íntima con mi ángel. Le llamo Fidelis, que en latín significa fiel, y puedo decir que siempre lo ha sido65.

65 Madre Angélica, Respuestas, no promesas, Ed. EWTN, 1998, p. 185.

16.14» Historia de Ángeles – Ángeles en acción

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Hay ángeles cocineros, agricultores, traductores,…

Cualquier trabajo que desarrolla un ser humano lo pueden hacer ellos, cuando Dios se lo permite, especialmente con quienes los invocan con fe.

En la vida de san Gregorio Mayela, se cuenta que, estando encargado de cocinar a la Comunidad, un día, después de comulgar, se fue al oratorio y se quedó tan extasiado que, cuando se acercaba la hora de comer, un hermano fue a buscarlo para decirle que todavía no estaba ni siquiera encendida la cocina.

Y él le respondió: Los ángeles velan sobre ello.

Tocaron para ir al comedor y vieron que todo estaba preparadoy a punto61.

Algo parecido me cuenta una religiosa italiana contemplativa:

Estábamos yo y la hermana María en un pueblecito de Valencia (Venezuela), viviendo unos días en la casa del párroco, pues el pueblo no tenía párroco y el obispo nos había prestado la casa hasta que encontráramos un terreno para construir el monasterio.

Sor María estaba en la capilla, preparando las antífonas de la liturgia, y yo estaba preparando la comida.

A las 10 de la mañana me llama para que oiga su composición musical de la antífonas.

El tiempo va pasando sin darme cuenta y yo pienso en las vainitas, que todavía no he limpiado, en el agua que estará ya hirviendo…

Son las 11,30 y a las 12 tenemos el rezo de sexta y, después, la comida.

Cuando regreso preocupada a la cocina, me siento maravillada: las vainitas están preparadas y ya cocinadas en el “punto justo”. Todo limpio y los deshechos en la bolsa de la basura, el agua hirviendo… Me quedo estremecida.

¿Quién lo hizo, mientras yo estaba en la capilla con la hermana María, si sólo estamos las dos de Comunidad y nadie ha podido entrar?

¡Cómo le di las gracias a mi ángel, a quien siempre invoco! Estoy totalmente segura de que fue él quien hizo de cocinero en esta oportunidad. ¡Gracias, ángel de mi guarda!

San Isidro labrador iba a misa todos los días y dejaba el campo y los bueyes al cuidado de los ángeles y, cuando regresaba, el trabajo estaba ya hecho.

De modo que un día su amo fue a ver qué pasaba, pues le habían dicho que Isidro iba a misa todos los días y dejaba de trabajar.

El amo vio, según algunos, a dos ángeles trabajando con los bueyes y se quedó admirado.

El santo Padre Pío de Pietrelcina decía:

Si la misión del ángel guardián es grande, la del mío es ciertamente más grande, pues debe servirme de profesor y explicarme otras lenguas62.

En el caso de algunos santos confesores, el ángel les recordaba los pecados olvidados de los penitentes como se cuenta, especialmente, en la vida de san Pío de Pietrelcina y del santo cura de Ars.

En la vida de san Juan de Dios, y de otros santos, se refiere que, cuando estos santos no podían realizar sus tareas ordinarias por estar en éxtasis, dedicados a la oración o fuera de casa, su ángel les suplía y tomaba su figura.

La Venerable María de Jesús crucificado afirma que, cuando veía a los ángeles de las hermanas de su Comunidad, los veía con la figura de las hermanas que custodiaban.

Tenían su rostro, pero con una gracia y belleza celestial63.

Así pues, los ángeles nos pueden hacer infinidad de servicios y de hecho nos hacen muchos más de los que imaginamos, aunque no los veamos ni seamos conscientes de ello.

A algunos santos, como a santa Gema Galgani, cuando estaba enferma, su ángel le daba una taza de chocolate o algo que la mejorara, le ayudaba a vestirse y hasta le echaba las cartas al correo.

A ella le gustaba jugar con su ángel a ver quién decía con más amor el nombre de Jesús y ella ganaba casi siempre.

Algunas veces, los ángeles pueden actuar, inspirando a personas buenas a hacer ciertos trabajos que les han encomendado.

El padre José Julio Martínez relata dos sucesos históricos que le contó una señorita de la Institución Teresiana, profesora de un colegio de Castilla (España), protagonista del primero y muy conocedora del segundo:

Necesitaba viajar de Burgos a Madrid, llevando maleta y dos paquetes de libros bastante pesados.

Como era época en que los trenes circulaban llenos de viajeros, tuvo cierto miedo de viajar con aquel equipaje tan pesado y quizás sin encontrar un sitio vacío.

Entonces, le rogó a su ángel custodio: Vete a la estación, pues voy con el tiempo escaso, y ayúdame a encontrar un asiento vacío.

Cuando entró en el andén, ya estaba el tren preparado y lleno de viajeros. Pero desde una ventanilla, salió hacia ella una voz amable que le decía:

Señorita, va usted muy cargada. Ahora bajo a ayudarle a subir sus cosas.

Era un señor algo anciano, de mirada transparente y bondadosa, que se acercó a ella sonriente, como si la hubiera conocido de tiempos antiguos y la ayudó a subir los paquetes y después le dijo que había un asiento para ella. Él le dijo:

  • Yo no voy en este tren. Yo me encontraba paseando por el andén y se me ocurrió que acaso llegaría alguna persona tarde sin encontrar sitio para sentarse.

Entonces, tuve la buena idea de subir al tren y ocupar un asiento. Así que este asiento es para Ud. Adiós, señorita, y buen viaje.

Y aquel ancianito, con su bondadosa sonrisa y mirada dulce, se despidió de la teresiana y se perdió entre la gente. Ella sólo pudo decir: Gracias, ángel de mi guarda.

Otra compañera mía era profesora en un colegio de Palma de Mallorca y recibió la visita de su padre. Al tomar de regreso el barco para la península, se sintió algo enfermo.

La hija lo encomendó a su ángel y al ángel de la guarda de su padre para que lo cuidaran durante el viaje. Por eso, se sintió muy feliz, cuando a los pocos días, recibió carta de su padre que le decía:

Hija, cuando me acomodé en mi puesto en el barco, me sentía peor. Un sudor frío cubría mi frente y tenía miedo de estar enfermo dentro del barco.

En esto se me acercó uno de los pasajeros, de aspecto distinguido y amistoso, y me dijo:

  • Me parece que Ud. está un poco enfermo. No se preocupe, yo soy médico. A ver el pulso… Me atendió magníficamente y hasta me puso una inyección reconfortante.

Cuando llegamos al puerto de Barcelona, me dijo que él no podía tomar el mismo tren, pero me mostró a un amigo suyo que venía precisamente en ese tren y le pidió que me acompañara.

Este amigo era tan noble y generoso como el médico, y no me dejó hasta entrar en casa.

Te escribo esto para que estés tranquila y veas cuántas personas buenas nos pone Dios en el camino de la vida64.

En resumen, los ángeles están para servirnos, cuidarnos y ayudarnos en nuestro caminar por la vida.

Encomendémonos a ellos y todo será más fácil y rápido con su ayuda.

61 61 Miracles de saint Gèrard Majella, Ed. Benedictines, p. 40.
62 Allegri, L`Evangile de Padre Pio, Ed. Médiaspaul, p. 136.
63 Vie de Soeur Marie de Jésus crucifié, Ed. saint Paul, 1927, p. 112.
64 Martínez José Julio, Éstos dan con alegría, Ed. Edapor, Madrid, 1983, pp. 79-80.

16.13» Historia de Ángeles – Los ángeles acólitos

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Sucedió en Barcelona (España) en 1651.

Ese año se desató una terrible epidemia de peste bubónica. Mucha gente murió, incluso entre los sacerdotes.

El Padre Antonio de san Mateo, carmelita descalzo de la parroquia Santa María del mar, se salvó de la muerte, después de haber estado muy grave, dedicándose después con todas sus fuerzas a visitar a los enfermos en sus propias casas.

Y, desde el primer día en que salió a visitarlos, llevando el Santísimo Sacramento para darles la comunión, encontró a la puerta de la parroquia dos jóvenes apuestos con cirios encendidos, dispuestos a acompañarlo en el recorrido hasta que regresara a su casa. Esto sucedió casi a diario durante siete meses.

Nadie los conocía por ningún sitio y, por supuesto, nadie hubiera querido hacer aquel servicio por temor al contagio.

Por eso, se corrió la voz de que aquellos desconocidos habían sido ángeles, que habían querido acompañar a su Señor sacramentado por las calles de Barcelona, queriendo, a la vez, ayudar y dar consuelo al sacerdote59.

El Padre Coudere, jesuita, cuenta en su obra sobre la vida de san Juan de Ávila que, en 1530, avisaron al Padre Centenares que llevara la comunión a un enfermo, a un lugar de Sierra Morena (Sur de España).

Como no conocía el camino, se encomendó a Dios y salió con intención de preguntar a los caminantes.

Pero, al salir de la iglesia, se le presentaron dos jóvenes muy educados que se ofrecieron a acompañarlo con velas encendidas y a indicarle el camino.

Él se sintió muy contento de semejante compañía, pero, cuando regresaron a casa, desaparecieron sin dejar rastro.

El Padre Centenares quiso contarle el caso al santo Juan de Ávila, pero antes recibió una carta suya en la que le decía:

No te sorprenda lo que ha pasado. Los dos jóvenes que te han acompañado eran dos ángeles, enviados por Dios, para recompensar tu celo apostólico60.

59 Este caso esta recogido por fray Juan de san José en los Anales de la Provincia de Cataluña de los
carmelitas descalzos, libro 6, capítulo 43.
60 Traval y Roset Manuel, Milagros eucarísticos, Ed. Apostolado mariano, Sevilla, 2001, p. 180.

16.12» Historia de Ángeles – El ángel guardaespaldas

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Una religiosa contemplativa me escribía diciendo:

Cuando era jovencita, un día, debía regresar a mi casa de noche, después de haber tenido una reunión de Acción católica en la parroquia.

Estaba sola y debía caminar dos kilómetros por el campo. Tenía miedo.

De pronto, veo a un perro grande que me sigue. Sentí temor al principio, pero sus ojos eran tan dulces… Se detenía, cuando yo me detenía, y me seguía, cuando yo caminaba.

Además me movía la cola, lo que me dio mucha tranquilidad. Al llegar cerca de mi casa, sentí la voz de mi hermana, que venía a mi encuentro, y el perro desapareció.

Nunca lo había visto ni lo vi más después, a pesar de que hacía el mismo camino dos veces cada día y conocía muy bien a todos los perros de los vecinos.

Por eso, pensé que debió ser mi ángel custodio, que me protegió como un guardaespaldas.

Algo parecido sucedió en la vida de san Juan Bosco con un perro, a quien él llamaba Gris, y que se le aparecía cuando iba solo a su casa en medio de la noche.

Nunca lo vio comer y se le apareció por espacio de 30 años, tiempo muchísimo más largo que la vida normal de un perro.

San Juan Bosco también creía que era su ángel custodio, que se le aparecía para defenderlo de sus enemigos, que varias veces atentaron contra su vida.

Y, en ocasiones, el perro Gris tuvo que enfrentarse a los malhechores que lo espiaban y a quienes hubiera destrozado si no hubiera intervenido en su favor el mismo Don Bosco.

32 Wojt

16.11» Historia de Ángeles – El ángel libertador

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Un misionero de China contaba el siguiente caso, que fue publicado en la revista L`ange gardien de Lyon (Francia):

Entre las conversiones de paganos al catolicismo he visto una muy consoladora.

Se trata de un joven de veintiún años al que Dios le concedió el milagro de san Pedro, librado de la cárcel por su buen ángel.

Este excelente joven decidió hacerse cristiano secretamente y se deshizo de sus ídolos, a los que echó al fuego.

Pero su hermano mayor, al darse cuenta de lo que había hecho, se encolerizó, lo golpeó con crueldad y lo encerró en una habitación con cadenas en las manos, en los pies y en el cuello.

Así pasó dos días y dos noches sin comer, decidido a morir antes de renunciar a su nueva fe.

La segunda noche, mientras dormía, fue despertado por un desconocido, que mostrándole una abertura en la pared, le dijo: “levántate y sal de aquí”.

Al instante, se le cayeron las cadenas y salió sin pensarlo dos veces.

Apenas había salido a la calle, no vio más la abertura de la pared ni a su libertador.

Sin dudar, se fue a ver a los cristianos de la vecindad y, después, fue a contarle a su hermano lo que había sucedido.

Yo lo he bautizado y dentro de poco bautizaré también a su hermano, que por este milagro se ha convertido58 .

58 Revista L`ange Gardien, Nº 5, setiembre de 1891.

16.10» Historia de Ángeles – El ángel que ora

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

La beata Rosa Gattorno (1831-1900) dice:

El 24 de enero de 1889, estaba muy cansada y me fui a la capilla a hacer oración.

Me sentía disgustada, porque no encontraba aquella unión que deseaba y estaba un poco temerosa, pero tranquila.

Se me apareció un bellísimo ángel y rezaba cerca de mí. Le pregunté por qué hacía eso, pero no me respondió nada.

En cambio, una voz interior, me dijo:

Reza por ti. Él hace lo que tú no puedes hacer, él te suple. Le es muy agradable a Dios tu cansancio.

Por eso, este ángel Gabriel hace tus veces. Y quedé muy contenta en mi interior, como si hubiese gustado aquello que en la unión podía experimentar57.

El santo cura de Ars recomendaba:

Cuando no podáis rezar, encargad a vuestro ángel que lo haga en vuestro lugar.

De hecho, nuestro ángel tiene como oficio principal presentar nuestras oraciones a Dios y orar por nosotros.

Por eso, el Padre Danielou decía que al ángel guardián debíamos llamarlo el ángel de la oración.

¡Qué hermoso es saber que nuestro ángel custodio ofrece nuestras oraciones y ora por nosotros, especialmente, cuando nosotros, por enfermedad o cansancio, no podemos hacerlo!

Pero, si no fuera uno, sino millones los que rezaran por nosotros, ¿cuántas gracias recibiríamos de Dios?

Por eso, procuremos hacer un pacto con los ángeles, consagrémonos a ellos, como hermanos y amigos, para que ellos estén continuamente, las veinticuatro horas del día, orando por nosotros y adorando a Dios y amándolo en nuestro nombre.

57 57 Gattorno Rosa, Memorias, Ed Congregación Hijas de santa Ana, Roma, 2004, p. 893.

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