por Makf | 24 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Oscar Fernández Espinoza de los Monteros
4 MITO. El aborto debe permitirse porque la mujer tiene derecho a disponer de su cuerpo.
REALIDAD. Tratándose del aborto no se está manipulando el propio cuerpo, sino que se acaba con la vida de otra persona sobre la que no tiene derecho, menos aún de eliminarla.
Además, el derecho al propio cuerpo tiene sus límites; por ejemplo, no es permitido manejar en estado de ebriedad, venderse como esclavo, o desvestirse en vía pública, y esto ¿por qué? porque ser dueños del propio cuerpo no justifica cualquier acción.
En años recientes, ciencias como la genética, la inmunología y la fecundación in vitro (fivet) lo han demostrado cada una por su cuenta: madre e hijo son seres distintos. De ella recibe alimento y espacio para vivir. En efecto, la posibilidad misma de la fivet representa una prueba contundente de que el embrión no constituye un apéndice de la madre.
A la mujer que ha consentido acabar a su propio hijo, una sociedad permisiva quizá no encuentre gran dificultad en dejar pasar esa acción, lo peor es que ella misma no se lo perdonará fácilmente. Y si efectivamente se sobrepone y hace callar a su conciencia, lo hace a base de insensibilizarse, de destruir su sentido de valores, de desfeminizarse, de deshumanizarse.
De hecho, en principio, ningún tipo de mujer normal persiste en apoyar la muerte de los hijos, en todo caso buscaría otras alternativas no violentas o menos brutales.
En una entrevista a Norma Mc Corvey, la mujer cuyo caso -en el que intervino con el seudónimo de Jane Roe- dio origen a la sentencia del Tribunal Supremo Roe versus Wade (1973), que liberalizó el aborto en E.U.A., comentó que en 1991 empezó a trabajar en una clínica abortista y conoció de cerca la realidad del aborto. En 1995 anunció que había cambiado de mentalidad, y dijo: conozco muy poca gente que pueda presenciar un aborto y después seguir estando a favor de él.
Ante la pregunta de si ¿no hay entre ellas personas sinceras que piensan que de esta forma ayudan a las mujeres? contestó: algunas quieren tal vez convencerse de que trabajan por una buena causa, pero para ellas es sólo un debate intelectual. Todo lo que quieren es hacer progresar su causa. Si sintieran verdaderamente algo por las mujeres, intentarían ayudarlas de otra forma.
El caso también es paradójico, porque esta mujer, relacionada con la muerte de millones de no nacidos, nunca ha abortado. McCorvey era una mujer soltera, de 21 años, embarazada por tercera ocasión, pobre e inculta. Cuando la sentencia fue favorable al aborto, ya había nacido su hija, así que la dio en adopción, al igual que las dos niñas anteriores. Ahora está en contra del aborto en cualquier periodo del embarazo.
Cada vez se lucha más contra la violencia intrafamiliar, por lo que se puede preguntar: ¿Cabe peor violencia que matar a un hijo en el seno materno?
por Makf | 24 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Fernando Pascual
El aborto no es un problema ligado a la pobreza, sino al nivel ético de los pueblos.
Algunos piensan que el fenómeno del aborto está relacionado con la pobreza en la que viven tantísimos seres humanos. Nos dicen, mirando especialmente a América Latina, que millones de familias sufren por culpa de crisis económicas y desequilibrios sociales, marginadas por un sistema que genera injusticias y mantiene en la indigencia a pueblos enteros.
En esas condiciones socioeconómicas, miles de mujeres abortan a sus hijos. Muchísimas veces, nos repiten, en casas o centros carentes de higiene, sin ninguna “seguridad”, con grave peligro para la vida de esas madres.
Por lo mismo, no faltan quienes proponen que se pueda garantizar, al menos por ahora, una asistencia sanitaria adecuada para que estas mujeres puedan tener “abortos seguros”. Más aún, algunos ejercen una fuerte presión para que se despenalice o legalice el aborto en aquellos países latinoamericanos que todavía consideran el aborto como un delito.
Hay que decir, sin embargo, que estos análisis están llenos de errores, y que la “solución” que proponen es completamente injusta y engañosa.
En primer lugar, porque es falsa la ecuación “pobreza = aborto”. Basta con mirar las tristes estadísticas de aborto en el mundo para reconocer que millones de mujeres de los países más desarrollados eliminan a sus hijos antes de nacer. El aborto, por lo tanto, toca a todos: ricos y pobres, personas instruidas y personas sin titulación escolar, adolescentes, jóvenes y mujeres ya adultas, casadas y solteras.
En segundo lugar, porque la verdadera causa del aborto no es la situación económica en la que uno viva, sino la carencia de amor y de principios éticos. Millones de mujeres pobres de todo el mundo que inician el embarazo tienen una gran capacidad de amar y una clara rectitud moral. Gracias a sus principios hacen todo lo posible para proteger y cuidar al hijo antes de nacer, y para darle todo lo que esté a su alcance (a veces muy poco, por culpa de la indiferencia de los más ricos y potentes del planeta) para alimentarlo y cuidarlo una vez nacido.
A la vez, por desgracia, millones de mujeres con un alto nivel de instrucción, incluso con títulos universitarios, con facilidad de acceso a una excelente atención médica, con dinero suficiente para mirar con seguridad hacia el futuro, abortan. Lo hacen porque el amor está herido, porque la esperanza flaquea, porque la vida del hijo es vista no como un don, sino como un obstáculo a otros proyectos o intereses. Como si la vida de un ser humano estuviese sometida a los deseos de otros, como si el hecho de que el hijo aún no haya nacido fuese una especie de licencia para asesinarlo en el seno de su misma madre.
En tercer lugar, es absurdo considerar envidiables a las mujeres de algunos países por tener acceso a un “aborto seguro”, y ver el aborto clandestino o “inseguro” como una injusticia que padecerían las mujeres pobres. Un delito no deja de ser delito si el delincuente lo comete en condiciones de mayor seguridad para su vida física. Terminar con la vida de un hijo, como recordó con valentía el Papa Juan Pablo II, es siempre un delito, aunque algunas leyes lo presenten como un “derecho” (cf. “Evangelium vitae” nn. 68-74), aunque se haga en hospitales con excelente instrumental médico y con un alto nivel de higiene. Terminar con la vida de un hijo, en una barraca o en una clínica situada en un barrio de ricos, será siempre una de las mayores desgracias que pueda ocurrir en la vida de una madre.
Frente al fenómeno del aborto no cabe más que una actitud firme y clara a favor de las madres y de sus hijos. La mejor ayuda que podemos ofrecer a las mujeres pobres no es permitirles, mediante leyes o mediante “ayudas” internacionales, un “aborto seguro”, sino un embarazo seguro. No hay verdadero progreso ni verdadera justicia allí donde a las mujeres pueda resultarles más fácil abortar que tener y cuidar dignamente a sus hijos.
Igualmente, hay que promover aquellos principios y valores que tanto sirven para el verdadero crecimiento ético de los pueblos. Donde haya familias sanas y estables, donde haya padres y madres abiertos a la vida, donde haya una actitud profunda de amor y de esperanza ante la llegada del nuevo hijo, no podrá existir el aborto. Esto vale para todos: para los ricos y para los pobres.
En justicia hemos de reconocer, a pesar de la ceguera y de la manipulación de algunos, que millones de mujeres pobres son mucho más “desarrolladas” y humanamente dignas que millones de mujeres de los países ricos que viven un auténtico “subdesarrollo” ético. Porque las primeras saben que lo más hermoso y grande que pueden hacer es amar a sus hijos, aunque no puedan darles todo lo que desearían. Porque las segundas, pudiendo hacer tanto por sus hijos, a veces prefieren los propios proyectos personales que ese mínimo gesto de amor y justicia con el que están llamadas a acoger a cada uno de sus hijos.
El aborto no es un problema ligado a la pobreza, sino al nivel ético de los pueblos. En la medida en que un pueblo sea promotor del amor, de la justicia y de la vida, el número de abortos disminuirá drásticamente. Porque habrá en el mundo muchas más mujeres con ese rostro infinitamente bello que tienen las madres cuando abrazan con cari_o a cada uno de sus hijos más pequeños.
por Makf | 24 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: P. Jorge Loring
Jamás se puede legitimar el quitar la vida a un inocente».
(Conferencia pronunciada en la Escuela de Magisterio de Son Serra. Palma de Mallorca)
El Papa Juan Pablo II, en sus palabras de la misa celebrada en el Paseo de la Castellana, de Madrid, ante más de un millón de personas,1 dijo: «Jamás se puede legitimar el quitar la vida a un inocente».
En efecto, condenar a muerte a un criminal profesional, que es un peligro para la sociedad, será una cosa discutible. Unos opinan que basta con la cadena perpetua. Otros opinan que de la cárcel se puede escapar y por lo tanto, la pena de muerte es el único modo de evitar que haya nuevas víctimas inocentes a quienes la autoridad civil tiene la obligación de proteger.
Hay razones en pro y en contra. Por eso es una cosa opinable. Pero condenar a muerte a un inocente, es una monstruosidad tal, que nadie puede considerarlo moral. Ni católico, ni no católico.
Pues eso es el aborto.
Por eso el Concilio Vaticano II lo llama «crimen abominable2. Y la Comisión Permanente de los Obispos Españoles dice, en el número 11 de su Declaración, «que la Ley que justifique el aborto es gravemente injusta»3.
Los abortistas se escudan en que en los primeros meses del embarazo no se sabe si es o no persona humana. Pero ni en caso de duda puede ser lícito el aborto.
En efecto, si a ti te dan un envoltorio para que lo tires al mar, diciendo que se trata de un gato muerto y tú sospechas que es un niño vivo, no puedes tirarlo al mar sin salir de la duda. Y si lo tiras con la duda de que quizás sea un niño vivo, y resulta que era así, serías responsable de su muerte.
De igual modo, un cazador no puede disparar sobre un objeto que se mueve entre unas matas con la duda de si es un hombre o un animal. Y si dispara sin salir de la duda y resulta que es un hombre, será responsable de un homicidio.
Para que el aborto fuera lícito, los abortistas tendrían que estar seguros de que no hay vida humana desde el primer momento. Y esto es imposible, pues los científicos afirman, que la vida humana comienza en el momento de la concepción.
El Dr. D. Ramiro Rivera, Presidente del Consejo General de los Colegios Médicos de España, dijo por Televisión Española la noche del 5 de enero de 1983, en el espacio «Estudio abierto»: «Para un médico es indiscutible que desde el primer momento de la concepción tenemos un nuevo ser humano».
El 19 de febrero de 1983 se reunió en Madrid el Consejo General de los Colegios Médicos de España. En esta asamblea se elaboró un documento que se presentó a los medios informativos. El manifiesto fue aprobado por los Presidentes de todos los Colegios Médicos de España, por 47 votos a favor y una sola abstención.
En la declaración se recoge una serie de resoluciones y estudios internacionales sobre aspectos científicos relacionados con el aborto, en los que se ratifica la existencia de vida humana independiente de la de la madre desde el primer momento de la concepción4.
Lo mismo opina el Dr. D Jerónimo Lejeune, especialista en el estudio de los cromosomas y una de las más altas autoridades en el mundo actual sobre genética y biología humana, Catedrático de Genética de la Universidad de la Sorbona de París, y Director del Centro de Investigación Científica de Francia5 dice: «La condición humana del nuevo ser desde la concepción, no es opinable, es una evidencia experimental»6.
El Premio Nobel de Medicina, Dr. Alfredo Kastler, afirma: «Desde el primer momento de la concepción empieza una nueva vida. El feto es un ser humano, un ser completo, con un código genético irrepetible»7.
Apoyando esta idea, dijo el Dr. Botella Llusiá, Catedrático de Ginecología de la Universidad Complutense de Madrid, en el periódico YA: «Desde el primer momento el nuevo ser tiene su código genético individual distinto de los códigos genéticos de los padres». En ese código genético está programado ya si esa nueva persona va a ser hombre o mujer, alta o baja, rubia o morena, ojos azules o negros, sus enfermedades, su carácter, etc.
El Dr.D. Luis Zamorano, Catedrático de Histología y Embriología General de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, ha dicho en la Revista del Consejo General de los Colegios Médicos de España: «El óvulo fecundado es un ser vivo que pertenece a la especie de sus progenitores. Es por lo tanto un individuo completo de esa especie en fase de embrión. Tiene su personalidad biológica propia. Es un individuo como puede serlo un adulto de su especie.
Querer justificar el aborto basándose en que el embrión o el feto no es un ser humano vivo es muestra de incultura, de hipocresía o de cinismo, cuando no de las tres cosas»8.
Esta confirmación científica de que la persona humana se constituye en el momento de la concepción, es lo que ha hecho rectificar al Dr. Bernard Nathanson, que ha realizado personalmente cinco mil abortos y ha estado al frente de una clínica en Nueva York en la que durante su dirección se han practicado setenta mil abortos; aproximadamente 120 diarios. En una conferencia que ha pronunciado en Camberra (Australia), en febrero de 1981, dijo:
«Ahora veo el aborto como un mal. Indefendible éticamente a la luz de los conocimientos actuales sobre el niño aún no nacido»9. Este mismo Dr. Nathanson que hoy es Catedrático de Ginecología de la Universidad de Cornell, de Nueva York, dijo por TVE, en el espacio «La Clave» del 30-IX-83: «Hoy sabemos de modo indiscutible que la vida comienza en el momento de la concepción». Y añadió: «La ley actual española da pie al aborto libre. En Estados Unidos, empezamos con una ley similar a la española, y hoy el aborto es libre.
La diferencia está en que cuando yo practicaba el aborto, no era claro que el aborto fuera un crimen, y hoy es indiscutible que lo es». Dijo también el Dr. Nathanson: «Por eso los argumentos a favor del aborto sólo son válidos si sirven para justificar la condena a muerte de un inocente».
Dice el Dr. Rubio: «Argumentar que sólo cuando llega a su nacimiento o sólo cuando adquiere capacidad de viabilidad, es ser humano, es una absoluta falacia. El ser humano existe con su propia y exclusiva identidad genética desde el primer momento de la concepción « Desde el primer instante de la concepción hasta la muerte el individuo humano está en etapas distintas de un mismo proceso evolutivo con sólo diferencias morfogenéticas cuantitativas, pero no cualitativas»10. Hay continuidad de naturaleza entre lo que hay en el útero y lo que después nace. Es una célula humana desde el primer momento. Tiene los 46 cromosomas característicos de la especie humana. Lo concebido por padres humanos es humano. Aunque no puede vivir fuera del seno materno hasta los 6 ó 7 meses, a los tres meses comienza la actividad cerebral; a los seis meses ya puede ser viable, y a los dos años podrá hablar. Pero siempre en línea humana de desarrollo.
Como dice el biólogo, padre jesuita Javier Gafo, Profesor de la Universidad de Comillas en Madrid: «La realidad que se constituye en la concepción es vida humana, ya que los factores genéticos del cigoto son indiscutiblemente humanos: los factores hereditarios contenidos en los 50.000 genes del cigoto son los característicos de la especie humana»11.
A veces se oye decir a alguno que se autodenomina católico e incluso a algún clérigo, palabras ambiguas sobre la despenalización del aborto. A este respecto es muy acertado lo que dice el periódico YA, en un editorial: «Los obispos han hablado como obispos de la Iglesia Católica. Y en materia gravísima de moral. Y en un tema en el que la unanimidad del magisterio católico es absoluta. Por consiguiente, nadie que se considere católico puede no compartir la norma recordada por los obispos españoles en materia de aborto... En la Iglesia Católica los maestros son el Papa, los Concilios y el Episcopado entero con el Papa. Y nadie más»12.
La Asamblea General de la Asociación Médica Mundial declaró en Ginebra y confirmó después en Sidney (Australia), como obligación del médico, la de «velar por la vida humana desde el primer momento de la concepción».
Y la ONU: «El niño necesita una apropiada protección legal antes y después de nacido».
La Organización Mundial de la Salud, en un documento que aprobó en el año 1979, invita a los gobiernos que reconozcan el derecho a la vida desde el momento de la concepción, en que comienza la vida humana13.
La Declaración del Parlamento Europeo sobre los derechos del niño (1980), dice en su Principio Primero: «El niño que va a nacer debe gozar desde el momento de su concepción de todos los derechos enunciados en la presente Declaración».
El artículo 15 de la Constitución del Consejo de Europa dice: «Que se promueva la defensa de la vida desde el momento de la concepción»14.
El artículo tercero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: «Todo individuo tiene derecho a la vida»15.
La Real Academia de Doctores de todas las Academias de España, en un documento publicado el 25 de abril de 1983, ha estudiado el aborto desde los puntos de vista biológico, jurídico, ético y político y emite su opinión contraria a la despenalización del aborto.
Por lo tanto es claro que desde el primer momento ese nuevo ser es una persona humana. Está amparada por los Derechos Humanos. Eliminarlo es eliminar a un hombre. Un homicidio.
Y un hombre que, además del derecho que él tiene a la vida, lleva en sí el derecho a vivir de toda una cadena de otros posibles seres humanos en el futuro; entre ellos puede haber genios, artistas, sabios y santos.
Esa muerte injusta de un niño inocente puede privar de grandes hombres a la Humanidad.
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En el artículo 29 del Código Civil Español se dice: «El concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables». Por ejemplo, recibir una herencia. ¿Es que el feto es persona humana para recibir una herencia y no lo es para tener derecho a vivir? ¡Esto es un contrasentido! «Vivir es el primero de los derechos humanos, raíz y condición de todos los demás» (nº 5), como dice la Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Español. El derecho a vivir es anterior al Estado. El Estado tiene obligación de proteger el derecho a vivir de los ciudadanos, pero no es el Estado quien le concede el derecho a vivir.
Y aunque no sea persona jurídica hasta después de nacer, no hay duda de que se es persona humana desde la concepción, según dicen los médicos, que son los que saben de esto.
Incluso puede decirse que el mismo Derecho considera persona humana al concebido no nacido, pues le concede el derecho a recibir una herencia.
Es paradójico que el niño tenga más derechos -se vea más protegido-, fuera del claustro materno que en el seno de su madre. ¿Podemos admitir que el cuerpo materno sea para el niño un patíbulo o pelotón de ejecución?
Decir que la mujer puede hacer de su cuerpo lo que quiera, es otra falacia. El nuevo ser que una mujer lleva en sus entrañas no es como una verruga que ella puede extirpar sin problema moral. Lo que esa mujer lleva en sus entrañas es un ser humano inocente a quien no se puede eliminar impunemente. Si se permite asesinar impunemente a un ser inocente e indefenso, ¿qué otra cosa más grave se puede castigar? Estarían de sobra todas las cárceles.
Y si se quiere dar permiso a una madre para que mate a su hijo no deseado, ¿por qué no dar también permiso a un hijo para que mate a su madre cuando ésta le estorbe?
Es una hipocresía que los mismos que niegan la pena de muerte para asesinos evidentes, que son un auténtico peligro para la sociedad, condenen a muerte a un inocente.
Está muy bien defender los pajaritos y las flores, como hacen los ecologistas; pero mucho más importante es defender la vida de un ser humano inocente.
Los medios de comunicación social bombardean al pueblo insistentemente, con viejos y manidos sofismas, para convencerle de que la despenalización del aborto es un signo de progreso. ¿Progreso condenar a muerte a un niño inocente por comodidad de los mayores? ¡Qué hipocresía!
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Y si quien desea la muerte de ese niño inocente es la propia madre, eso no lo hacen ni las fieras. Todas las fieras defienden a sus crías. Las madres que asesinan a sus propios hijos son peores que !as fieras. Es horrible el cuadro de Goya donde pinta a Saturno devorando a sus hijos.
Quizás esas madres asesinas no sean castigadas por las leyes de los hombres, pero lo serán por Dios. Porque las cosas malas no se convierten en buenas por leyes humanas. La calumnia seguirá siendo una injusticia aunque hubiera leyes humanas que la admitieran. Las cosas tienen un valor objetivo independientemente de lo que digan los hombres. Por mucho que repitieran algunos que los ríos corren del mar a la montaña, la verdad será siempre lo contrario. Por mucho que algunos quieran justificar el aborto, siempre seguirá siendo verdad que condenar a muerte a un inocente es una monstruosidad. Las leyes humanas podrán despenalizar el aborto, pero lo que jamás podrán hacer las leyes humanas es quitar el remordimiento a las mujeres que abortan.
Me decía una chica que había abortado: «Muchas noches me despierto sobresaltada y me parece ver al niño que asesiné».
Y un ginecólogo me dijo hace poco que era frecuente que muchas mujeres abortistas terminaran enfermas mentales.
De momento es fácil salir del niño que estorba. Pero cuando después ven a un niño bonito, un niño gracioso, un niño acariciando a su madre, es inevitable que piensen: «Así podría ser el mío, si yo no lo hubiera asesinado». Esto lleva a perturbaciones mentales.
Eso de que no hay derecho que las mujeres ricas puedan ir a Londres a abortar y las pobres no tengan ese privilegio, es una barbaridad. EI que una madre pueda asesinar a sus hijos no es ningún privilegio, sino una desgracia. La justicia no está en dar facilidades a todas las mujeres para que maten a sus hijos, sino que en todo el mundo se castigue a las madres que asesinan a sus hijos.
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Y que no se nos diga que la despenalización del aborto no obliga a nadie a abortar. ¡Faltaría más, que la ley obligara a las madres a que maten a sus hijos! Es ya una monstruosidad permitir a algunas madres que asesinen a sus hijos.
No se trata de imponer a todos los principios religiosos católicos, sino de defender el derecho a la vida de seres humanos inocentes. Derecho a la vida que deben proteger las leyes, atendiendo al bien común. Se trata de prestar nuestra voz a quienes carecen aún de ella, y no pueden hacer valer el primero y más elemental de sus derechos16.
Tampoco podemos decir que si de hecho hay abortos haya por eso que despenalizarlos. Eso es un error. Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes. En ese caso habría que permitir también los asesinatos de los terroristas y los atracos a los Bancos y comerciantes.
Aparte de que de todos es sabido que se exageran las cifras de los abortos clandestinos, para impresionar a la opinión pública. Dicen que en España se dan 300.000 abortos clandestinos al año. Pero los abortos clandestinos son difíciles de contabilizar, en cambio los nacimientos es muy fácil. Si las estadísticas dan 600.000 nacimientos al año,17 es evidente que en España no aborta una mujer por cada dos que dan a luz.
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Decir que hay que despenalizar el aborto, porque los abortos clandestinos suponen mayores riesgos para la mujer que aborta, es tan absurdo como decir que deban permitirse los asesinatos para evitar riesgos a los asesinos.
Ni siquiera se puede permitir eliminar la vida de un inocente en los casos límite, como son: peligro de muerte de la madre, posibilidad de que el niño nazca anormal o un embarazo consecuencia de una violación.
El mismo Dr. Rivera, antes citado, en el periódico YA del 5 de enero de 1983, dice que «hoy la técnica médica puede salvar cualquier situación difícil en una mujer embarazada». Y el Dr. Rubio, en el mismo artículo antes citado dice: «Tanto mi experiencia profesional, como las comunicaciones de las más prestigiosas autoridades nacionales e internacionales niegan rotundamente que tal circunstancia se dé en la medicina actual».
El Dr. D. Fernando Muñoz Ferrer, Jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Residencia de la Seguridad Social de Cádiz, que ha cumplido recientemente cuarenta años como profesional de la Medicina y ha asistido a unos 60.000 partos, afirma: «En mis cuarenta años de profesión, nunca he tenido que escoger entre la vida de la madre y del hijo»18. El peligro de vida para la madre es sólo una excusa para poder justificar el «aborto libre».
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El permitir una aborto cuando se teme un niño anormal es otra barbaridad. El modo de acabar con una enfermedad no es matar al enfermo. El mismo derecho a la vida tiene el niño no nacido que el ya nacido. Y, ¿es que vamos a quitar la vida a todos los niños enfermos o a los ancianos decrépitos? ¿Qué sociedad egoísta queremos montar? ¿Qué clase de sociedad es ésa que permite «liquidar» a todo el que nos estorbe?
Además, la previsión de la anormalidad en los fetos, según dicen los médicos, tiene un enorme margen de error. La prueba es que a las embarazadas de Seveso (Italia), cuando la nube tóxica, se les recomendó abortar. Pues las mil quinientas madres que no quisieron abortar dieron a luz hijos perfectamente sanos19.
Y en España, a las embarazadas enfermas de la colza se les recomendó el aborto, porque podían tener hijos anormales. Luego resultó, según el Dr. Zamarriego, Presidente del Consejo del Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, que de 450 partos de mujeres afectadas por el síndrome tóxico, ninguno de los nacidos ha presentado malformaciones. Si se hubiera hecho caso de las predicciones, se hubieran cometido 450 asesinatos de niños inocentes20.
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Incluso en caso de violación no es lícito el aborto.
¿Es que vamos a remediar una injusticia con otra mayor? Si la violación es una injusticia, que se castigue al violador, pero no condenar a muerte al niño que no tiene culpa de nada. Si el hijo no deseado traumatiza a la madre, puede entregarlo a un matrimonio que desee adoptarlo. Pero no matarlo, que ese pobre niño no ha hecho nada malo para que lo condenen a muerte.
La adopción traería la felicidad para todos: para la madre, a la que se libra del trauma de asesinar a su hijo; al hijo a quien se salva de la muerte, y finalmente a los adoptantes a quienes se les permite alcanzar la ilusión de tener un hijo.
Recuerdo la frase de la Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz: «Los hijos que vosotras no queráis, no los matéis. Dádmelos a mí. Yo los cuidaré».
El hijo no querido, puede ser acogido en una asociación para la adopción y entregarlo a uno de los muchos matrimonios que no pueden tener hijos y lo están deseando.
En Madrid, la Asociación para la Protección de la Adopción (A.E.P.A.), está en la calle Fernández de la Hoz, n.º 35, teléfono (91) 448 96 96.
Las madres solteras con problemas serán atendidas en ADEVIDA, calle Fuencarral n.º 41, 1º, 5, Madrid, teléfono (91 ) 231 93 15.
Todo católico está obligado a oponerse al aborto con todos los medios legales a su alcance. Así lo recomiendan los Obispos en su Declaración de la Comisión Permanente.
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Por lo tanto, está claro que es inmoral, injusto, egoísta y criminal el aborto voluntario. Por eso el nuevo Código de Derecho Canónico confirma la excomunión para los que provoquen un aborto voluntario. Los responsables del aborto tienen las manos manchadas de sangre inocente.
1 YA, 6-III-83.pg. 13.
2 Gaudium et Spes: 51,3
3 YA, 6-II-83.
4 YA, 21-IV-83, pg.3 y 44.
5 YA, 21-IV-83, pg.38.
6 YA, 8-V-84, pg.26.
7 YA, 17-II-83, pg.35.
8 YA, 11-II-83, pg.40.
9 La Voz del Bajo Ebro, Tortosa, 4-II-83
10 Diario de Cádiz, 11-III-83, pg.6.
11 YA, 5-VI-83, pg.5.
12 YA, 13-II-82, pg.5.
13 YA, 20-I-83, pg.21.
14 YA, 9-II-83, pg.32.
15 YA, 9-II-83, pg.32.
16 Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Español, nº3. YA, 6-II-83, pg.3.
17 Revista ECCLESIA nº 2218, 27-IV-85, pg.20
18 Diario de Cádiz, 30-I-83.
19 YA, 13-V-83, pg.28.
20 YA, 15-II-83, pg.25.
N.B.: Esta conferencia está disponible en vídeo. Todos los sistemas.
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