4. A – Teología: ¿Qué es la idolatría?

Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va

Ateos, Nueva Era, Agnósticos y otros que siguen tan sólo lo que ellos mismos quieren ver. Cómics con contenido doctrinal y apologético Católico.

"Idolatría" es una palabra que le gusta mucho a los protestantes.

¿Qué es la idolatría? Es poner algo que no es Dios, en el lugar de Dios.

Cada vez que ponemos nuestra fe en algo que no es Dios (estamos siendo idólatras, con supersticiones, rituales, etc).

Así mismo cada vez que ponemos como centro de nuestra atención algo que no es Dios, estamos siendo idólatras (Centrando nuestra vida en el trabajo, el deporte, etc.).

3. A – Teología: ¿Es malo creer en los horóscopos?

Autor: Alejandro García del Olmo | Fuente: Catholic.net

Comienza hoy a hacer las cosas que harías si supieras tu futuro. Nuestros actos no están dirigidos por las estrellas....

El horóscopo no sólo es una pseudociencia sin mucho sentido, sino que también es pecado =O

Aunque los fanáticos de la nueva era opinen diferente, los astros no rigen nuestra vida, sino Dios.

Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios -la tentación de la serpiente en el paraíso-. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es.

¿Es malo creer en los horóscopos?

Es muy normal que tengamos curiosidad por saber qué pasará en el futuro, pero dime ¿qué harías si supieras qué va a ser de ti mañana? 

Quizá si supieras que vas a ser un gran empresario, empezarías a ver de qué manera manejar mejor tu dinero; o si supieras que te enfermarás, comenzarías con poner todos los medios para prever dicha enfermedad y, si en el peor de los casos, te dicen que morirás, seguramente comenzarías de inmediato a dejar listos esos pendientes que tienes, y sobre todo te acercarías a la confesión para estar en gracia. 

¡Cuántas cosas haríamos, ¿verdad?! Nosotros, cristianos, no consultamos horóscopos o personas que supuestamente dicen el futuro, porque ello contradice el honor y el respeto que debemos a Dios. 

Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios, pretensión tan soberbia como absurda. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es.

Así que olvídate de andar por ahí con consultas a los astros, horóscopos y adivinos. 

Lo que te recomiendo es que comiences hoy por hacer todas esas cosas que harías si supieras tu futuro. No te preocupes del mañana, mejor ocúpate del presente.

La ciencia que responde a los interrogantes que nos provocan las estrellas es la astronomía. Esta disciplina nació entre los caldeos hace unos treinta o cuarenta siglos y sigue progresando hoy gracias a los programas espaciales de Estados Unidos y Rusia. 

Junto a este saber, como hongo nacido en medio de un hermoso jardín, apareció la astrología, ficción que pretende determinar una supuesta influencia sobre nuestras vidas por parte de los cuerpos celestes.

La palabra "horóscopo" se utilizaba en los siglos pasados para designar a los sacerdotes encargados de observar el curso de las estrellas. Luego pasó a significar la influencia que los astros habrían de tener sobre nuestras vidas. Esta creencia tan absurda, sigue influyendo en algunas personas de nuestro nuevo siglo XXI.

El zodiaco es una franja imaginaria del firmamento donde aparecen doce constelaciones que se pueden observar a simple vista. Las doce constelaciones del zodiaco son Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

Estos doce nombres provienen de palabras latinas que indican diversas divinidades mitológicas veneradas entre los antiguos caldeos. Los horóscopos dicen que nuestra vida depende de la constelación zodiacal que hace sentir su influencia en el mes de nuestro nacimiento. Si nací en enero soy Acuario; si nací en agosto, soy Leo... etc. 

La creencia en los horóscopos es peligrosa. Casi es como creer en otra religión. Porque intentan hacernos creer que no somos libres sino que estamos determinados en todo por nuestro signo zodiacal. No sería yo quien realiza su propia vida, sino que todo mi obrar estaría dirigido por una extraña fuerza proveniente de las estrellas.

Pero nada de lo que dicen los horóscopos está científicamente fundado. Lo que afirman sobre Sagitario hoy, lo dirán mañana de Piscis y viceversa. Es un triste problema que los horóscopos sigan haciéndose y, peor aún, que haya quienes se creen todo lo que leen.

No es lícito ni conveniente, pues puede robar nuestra confianza en Dios.

Por otra parte, el que verdaderamente confía , cree y ama a Dios no busca símbolos o signos del cielo ni de la tierra, como bien lo explica Nuestro Señor: ¿Sabéis interpretar el aspecto del cielo y de la tierra y no sabéis distinguir los signos de los tiempos...? (Mt. 16, 1-4).

A veces nos puede ganar la curiosidad de saber lo que dirán de nuestro futuro; pero lo único que conseguimos es poner nuestro mayor tesoro, la vida, en manos de suposiciones tan genéricas y ambiguas que le podrían pasar a cualquiera.

Dios te cuida y te ama personalmente, ¿por qué quieres encerrarte en 12 símbolos?, que si los dividimos entre la población mundial, 6 mil millones de habitantes, a 500 millones de personas les pasaría lo mismo, lo cual no sólo es aburrido sino incluso contrario a nuestra experiencia ¿no crees?

Los cristianos debemos más bien dedicar nuestro tiempo a pedir a Dios que nos aumente la fe y que nos ayude a evitar todo lo que nos aparte de Él.

2. A – Teología: ¿Existe realmente el infierno?

Autor:  Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net 

El infierno es un estado que corresponde, en el más allá, a los que mueren en pecado mortal y enemistad con Dios...

Probablemente muchos hemos llegado a este razonamiento, conversando con ateos, bueno, esto ya lo había popularizado Pascal.

Aún así, es un razonamiento que vale la pena comentarlo en un Cómic.

¿Crees que si no existiera el infierno, Jesús hubiera empleado su tiempo, que Él sabía muy valioso, hablando de una mentira, algo ficticio, sólo para asustar a los hombres?

¿Qué es el infierno?

El infierno es un estado que corresponde, en el más allá, a los que mueren en pecado mortal y enemistad con Dios, habiendo perdido la gracia santificante por un acto personal, es decir, inteligente, libre y voluntario.


¿En verdad existe el infierno?

Jesucristo habla del infierno muchísimas veces en el Evangelio y expresa claramente su carácter de castigo doloroso y eterno.

¿Crees que si no existiera el infierno, Jesús hubiera empleado su tiempo, que Él sabía muy valioso, hablando de una mentira, algo ficticio, sólo para asustar a los hombres?

Jesucristo sabía lo que es el infierno y por eso vino al mundo: a librarnos de ese castigo, a enseñarnos el camino para llegar al Cielo.

Por otra parte, si el infierno no existiera, ¿qué sentido tendría la salvación? ¿A qué hubiera venido Jesús al mundo? ¿A salvarnos de qué?

No podemos escapar de creer que el infierno es algo real. Debemos tomar en serio la posibilidad de ser desgraciados para siempre. La existencia del infierno y de que es eterno, fue definido dogma de fe en el IV Concilio de Letrán.


¿Cómo es posible que exista el infierno si Dios es infinitamente misericordioso?

"Dios quiere que todos los hombres se salven" nos lo dice San Pablo en la primera carta a Timoteo. Esto nos puede llevar a pensar que si Dios quiere que todos nos salvemos entonces no debería existir el infierno. Pero el apóstol nos dice que Dios "quiere", no que Dios "afirma" que todos los hombres se salvarán. Es como si yo dijera: "quiero aprobar mi examen final", ese "quiero" no significa que aprobaré. De mí depende el que pase o no. 

Muchas veces se oye entre estudiantes: "El profesor me reprobó". Pero no es verdad, el profesor no le reprobó, él se reprobó a sí mismo al no estudiar lo suficiente para pasar el examen. Y así sucede con Dios. Él no nos condena. Respeta nuestra libertad. De nosotros depende si queremos prepararnos para el examen final o seguir tan campantes esperando aprobarlo sin tocar un libro. Dios cuando nos crea, nos crea para que nos salvemos, puso dentro de nosotros unas leyes que debemos respetar y nos mandó a su Hijo para enseñarnos cómo respetarlas, pero no puede hacer nada si nosotros no queremos colaborar. 

Si a un automóvil no le cambiamos el aceite, si en vez de ponerle gasolina le ponemos alcohol o agua, si no le revisamos el motor... seguramente se descompondrá. Lo mismo sucede con el hombre, si no respeta las leyes inscritas en su naturaleza, no podrá cumplir con su fin último que es la salvación eterna. Ojalá que todos nos preparemos para pasar el examen final, el más importante que haremos en toda nuestra vida, ante el tribunal de Dios, pues si lo pasamos podemos decir que nuestra vida ha tenido un sentido.


¿En qué consistirán las penas del infierno?

Así como en el Cielo disfrutaremos plenamente como hombres formados de cuerpo y alma, en el infierno también habrá dos elementos de sufrimiento:

  • El sufrimiento del alma por no poder ver a Dios, llamado pena de daño. Este sufrimiento se deriva de que los que fueron condenados ya vieron a Dios, con toda su belleza y grandiosidad, en el día del juicio y… ya no lo podrán ver jamás. Es el sufrimiento ocasionado por sentirse irresistiblemente atraídos hacia Dios sabiéndose eternamente rechazados por Él.

  • El sufrimiento del cuerpo o pena de sentido. Aquí se trata de un elemento material que causa un daño físico, un dolor intensísimo en el cuerpo. Para significar este gran sufrimiento, Cristo habla en el Evangelio de "fuego", y aunque no necesariamente es un fuego como el que conocemos en la Tierra, ésta es la imagen que comúnmente tenemos de las penas del infierno.


    ¿Puede un condenado arrepentirse?

    ¡Ojalá pudiera, pero ya no tiene esta posibilidad! El hombre que ha rechazado en su vida la amistad con Dios, ya no es admitido a ella.

    En el momento de la muerte, el alma separada, por ser espíritu puro, queda fija para siempre en la posición a favor o en contra de Dios que tenía en el último momento de vida. Dios rechaza eternamente al condenado, pero no porque lo odie, pues su amor es siempre fiel, sino porque el condenado está eternamente cerrado a recibir el perdón. ¿Cómo poder perdonar a alguien que no quiere ser perdonado?

    Esta conciencia de no admisión y el saber que ya no tiene remedio, que ya no hay posibilidad de conversión, hace que surja en el condenado el odio y el endurecimiento. Sufren por no estar con Dios, pero ese sufrimiento se transforma en envidia y en odio. Se convierten en enemigos de Dios.

    Santa María Magdalena de Pazzi oyó una vez la voz de Dios que le dijo: 
    Entre los condenados reina el odio, pues cada uno ve ahí a aquél que fue la causa de su condenación y lo odia por haberlo llevado ahí. De esta manera, los recién llegados aumentan la rabia que ya existía antes de su llegada.


    ¿Podemos imaginar el infierno?

    Si hacemos la operación inversa a pensar en el Cielo podemos darnos una idea aproximada acerca de cómo podrá ser el infierno, aunque será una analogía, pues el cuerpo resucitado no será un cuerpo como el que ahora tenemos, sino diferente, que ya no estará sujeto al espacio y al tiempo.

    Para hacerte una idea de lo que es el infierno, imagina el lugar más horrible que puedas, quítale lo poco bello que le quede y llénalo de las cosas más repugnantes y aterradoras. Imagínate haciendo lo que más aborreces, sufriendo unos dolores indecibles en todo el cuerpo: contemplando imágenes espantosas; escuchando sonidos estridentes y desafinados; experimentando los sabores más amargos; sufriendo con los olores más desagradables y sintiendo en tu corazón los peores sentimientos: envidia, celos, remordimiento, rencor, odio. Después, rodéate de las personas más abominables que te puedas imaginar: orgullosas, envidiosas, egoístas, criticonas, sarcásticas, sádicas y degeneradas. Y lo peor de todo… te sientes irresistiblemente atraído hacia Dios y sabes que nunca podrás llegar a estar con Él. Piensa que en ese lugar estás aprisionado para siempre, sin posibilidad alguna de escapar. Esta puede ser una imagen semejante al infierno, pero debes tener la seguridad de que cualquier cosa que te imagines será mínima frente a la realidad, pues nuestra condición humana nos hace incapaces de imaginar un sufrimiento sin límites.


    ¿Hay alguien que realmente esté en el infierno?

    Eso no lo podemos afirmar. Sabemos que existe el infierno con tanta certeza como sabemos que existe el Cielo. La Iglesia nos asegura que hay gente en el Cielo y que son aquellas personas que han sido canonizadas, pero nunca se ha hecho una "canonización al revés", que nos asegure que cierta persona está en el infierno.

    Sin embargo, hay muchos santos a quienes Dios les ha concedido una visión del infierno y que nos han dicho: Ví almas que caían al infierno como hojas que caen en el otoño.


    ¿Puedo salvarme si me arrepiento en el último momento?

    Es demasiado arriesgado pensar que puedes vivir como quieras y arrepentirte en el momento de la muerte, pues ese momento será muy difícil para ti. 

    Como dice la Madre Teresa: En el momento de la agonía, el hombre sufre tanto, que es muy fácil que se sienta invadido por la desesperación y la angustia, y estos sentimientos lo vuelvan incapaz de arrepentirse y recibir el perdón de Dios.

    Será muy difícil que en el último momento tengas la fuerza y la valentía para arrepentirte, si viviste toda tu vida lejos de Dios. Sin embargo, si te empeñas en arriesgarte, es verdad que Dios te da la posibilidad de arrepentirte hasta el último instante de vida y puedes salvarte con ese único acto de arrepentimiento.


    Algunas citas evangélicas sobre el infierno:

    Mt 5,22: ...y quien dijere a su hermano "insensato", será reo de la gehena del fuego. 
    Mt 10,28: No temáis a los que matan el cuerpo… temed más bien a los que pueden arruinar el cuerpo y el alma en el fuego eterno.
    Mc 9,43-48: ...más te vale entrar manco al Cielo, que entrar con las dos manos a la gehena, al fuego inextinguible. 
    Mt 13,50: ...y los echarán al horno de fuego; allí llorarán y les rechinarán los dientes.
    Mt 25,41: Apartaos de mi malditos al fuego eterno. 
    Mt 22,13: ...atadlo y echadlo fuera a las tinieblas, donde habrá llanto y crujir de dientes.
    Mt 25,30: ...y el siervo inútil será arrojado a las tinieblas. 
    Lc16,28: ...para que no vengan también ellos a este lugar de tormento…
    Mt 25,46: ...e irán estos al tormento eterno.

1. A – Teología: No me impongas tu verdad

Autor: Interrogantes.net | Fuente: Interrogantes.net

¿Tiene alguien derecho a imponerme sus valores?.

¿Existen valores absolutos?

Cuenta Peter Kreeft que un día, durante una de sus clases de ética, un alumno le dijo que la moral era algo relativo y que él como profesor no tenía derecho a "imponerle sus valores".

Bien -contestó Kreeft, para iniciar un debate sobre aquella cuestión-, voy a aplicar a la clase tus valores y no los míos.

Tú dices que no hay valores absolutos, y que los valores morales son subjetivos y relativos. Como resulta que mis ideas personales son un tanto singulares en algunos aspectos, a partir de este momento voy a aplicar esta: todas las alumnas quedan suspendidas. 

El alumno se quedó sorprendido y protestó diciendo que aquello no era justo. 

Kreeft le argumentó: ¿Qué significa para ti ser justo?

Porque si la justicia es solo "mi" valor o "tu" valor, entonces no hay ninguna autoridad común a nosotros dos. Yo no tengo derecho a imponerte mi sentido de la justicia, pero tú tampoco puedes imponerme el tuyo... 

Por tanto, sólo si hay un valor universal llamado justicia, que prevalezca sobre nosotros, puedes apelar a él para juzgar injusto que yo suspenda a todas las alumnas. Pero si no existieran valores absolutos y objetivos fuera de nosotros, sólo podrías decir que tus valores subjetivos son diferentes de los míos, y nada más. 

Sin embargo -continuó Kreeft-, no dices que no te gusta lo que yo hago, sino que es injusto. O sea, que, cuando desciendes a la práctica, sí crees en los valores absolutos. 

No me impongas tu verdad

Los relativistas y los escépticos consideran que aceptar cualquier creencia es algo servil, una torpe esclavitud que coarta la libertad de pensamiento e impide una forma de pensar elevada e independiente. 

Sin embargo -como decía C. S. Lewis-, aunque un hombre afirme no creer en la realidad del bien y del mal, le veremos contradecirse inmediatamente en la vida práctica.

Por ejemplo, una persona puede no cumplir su palabra o no respetar lo acordado, arguyendo que no tiene importancia y que cada uno ha de organizar su vida sin pensar en teorías. Pero lo más probable es que no tarde mucho en argumentar, refiriéndose a otra persona, que es indigno que haya incumplido con él sus promesas. 

Cuando los defensores del relativismo hablan en defensa de sus derechos, suelen desprenderse de todo su relativismo moral y condenar con rotundidad la objetiva inmoralidad de quien pretenda causarle daño.

Y si alguien les roba la cartera, o les da una bofetada, lo más probable es que olviden su relativismo y aseguren -sin relativismo ninguno- que eso está muy mal, diga lo que diga quien sea (sobre todo si lo dice el ladrón o agresor correspondiente).

Porque si la palabra dada no tiene importancia, o si no existen cosas tales como el bien y el mal, o si no existe una ley natural, ¿cuál es la diferencia entre algo justo o injusto? ¿Acaso no se contradicen al mostrar que, digan lo que digan, en la vida práctica reconocen que hay una ley de la naturaleza humana? 

El relativismo, al no tener una referencia clara a la verdad, lleva a la confusión global de lo que está bien y lo que está mal. Si se analizan con un poco de detalle sus argumentaciones, es fácil advertir -como explica Peter Kreeft- que casi todas suelen refutarse a sí mismas:

- "La verdad no es universal"(¿excepto esta verdad?)
- "Nadie puede conocer la verdad" (salvo tú, por lo que parece)
- "La verdad es incierta" (¿es incierto también lo que tú dices?)
- "Todas las generalizaciones son falsas" (¿esta también?)
- "No puedes ser dogmático" (con esta misma afirmación estás demostrando ser bastante dogmático) 
- "No me impongas tu verdad" (tú me estás imponiendo ahora tus verdades)
- "No hay absolutos" (¿absolutamente?)
- "La verdad solo es opinión" (tu opinión, por lo que veo)
- Etcétera ad nauseam

El boxeador que nunca sube al ring

Cuando uno dice que es muy difícil o casi imposible saber lo que es verdad o mentira, o lo que es bueno o malo, porque asegura que todo es relativo, adopta una cómoda postura en la que apenas necesita argumentar nada. Elude cualquier debate o discusión seria, porque niega su presupuesto. Por eso decía Wittgenstein que es como un boxeador que nunca sube al ring. 

En vez de subir al ring, lo que suele hacer en la práctica es meter de tapadillo, en un descuido retórico, su propia verdad y su propio concepto de bien. Porque también él guarda muchas certezas, aunque quizá no las advierta por estar demasiado ocupado en acusar a los demás de dogmatismo. Lo que el relativista suele mirar con sospecha no son las certezas, sino más bien las certezas de los demás.

¿Se dejarían operar por un cirujano si no estuviera seguro de su competencia? ¿Se subirían a un avión de una compañía aérea que manifestara incertidumbres sobre la seguridad del vuelo? Todo hombre, por naturaleza, busca siempre certezas. 

Según Christopher Derrick, la apoteosis del relativismo puede deberse a esa impresión -vaga, pero persuasiva- de que expresar duda es un signo de modestia y de democracia, mientras que hablar de certidumbres se considera algo dogmático y casi dictatorial. 

Sin embargo, el relativismo no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias. Por eso Ortega decía que el relativismo es una teoría suicida, pues cuando se aplica a sí misma, se mata. La mayoría de las veces, el relativismo es una especie de pose académica, una cómoda evasión de la realidad. 

¿Da lo mismo una religión que otra?

Charles Moore, director del Sunday Telegraph, relató hace unos años su conversión al catolicismo. 

Moore buscaba la religión verdadera, ante el asombro de sus amigos que le decían que daba igual una religión que otra, y que lo único importante era el deseo de hacer el bien. Él disentía completamente y replicaba: «Eso sería como si unos médicos se reunieran en torno a un paciente y concluyeran: "Bueno, todos queremos que mejore, así que todos los tratamientos que propongamos serán igualmente buenos". Sin embargo, es evidente que no sucede así. Dar con el tratamiento adecuado puede ser cuestión de vida o muerte». 

Es cierto que personas de religiones distintas reciben de sus creencias aliento y enseñanza para ser mejores. Todas las religiones distintas de la verdadera contienen y ofrecen elementos de religiosidad, que proceden de Dios, y que reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Pero deducir de eso que todas las religiones son iguales, o que da igual una que otra, sería mucho deducir.

A la hora de elegir religión, hay que preguntarse sobre todo qué puerta es la verdadera, no cuál es la que más nos gusta por sus adornos o atractivos externos. No basta la buena intención, pues no se puede olvidar cuánto mal ha sucedido en la historia en nombre de opiniones e intenciones buenas.

Cada hombre tiene la obligación -y también el derecho- de buscar la verdad en materia religiosa, a fin de que, utilizando los medios adecuados, llegue a formarse rectos y verdaderos juicios de conciencia.

-Entonces, lo que importa para salvarse es vivir de acuerdo con la propia conciencia.

Cuando se habla de vivir de acuerdo con la conciencia, algunos lo entienden como un simple vivir conforme a lo que cada uno subjetivamente piensa, como si en las cuestiones religiosas y morales no hubiera nada objetivo. Pero no siempre basta con seguir la conciencia, pues a veces su voz puede ser ahogada, o puede ser errónea. Por ejemplo, Hitler escribió pocas horas antes de morir que no se arrepentía de nada, que de nada pedía perdón porque afirmaba seguir de buena fe su conciencia...

La conciencia no es un simple reducto del subjetivismo, sino el lugar donde se da la apertura del hombre hacia la verdad, hacia Dios. El hombre, si busca, tiene posibilidad de conocer el camino que le conduce a la verdad. 

Y obedecer a la conciencia en ese camino puede exigir un notable esfuerzo. Supone no dejarse guiar solo por lo que a uno le apetece, sino mirar alrededor, purificarse y tener el oído atento a la escucha de la voz de Dios para ponerse en camino hacia la verdad. 

Solamente así se puede entender en qué consiste la grandeza de la fe. Y las diferentes religiones pueden suministrar elementos que nos conducen hacia ese camino, pero también nos pueden desviar de él.

-¿Entonces, la Iglesia no admite que el cristianismo sea una vía de salvación entre otras muchas?

La Iglesia sostiene que Jesucristo no es un simple guía espiritual, o un camino más hacia Dios entre otros muchos, sino el único camino de salvación.

-¿Y eso no es una afirmación un poco arrogante por parte de la Iglesia?

Pienso que no. Lo natural es que un creyente musulmán reconozca a Mahoma como profeta, o que un fiel hebreo escuche la Torah como la palabra de Dios. Lo que dice la Iglesia católica no supone menosprecio ni falta de consideración hacia otras confesiones religiosas. Dice que Jesucristo es el único camino de salvación, pero también dice claramente que Dios salva a los no cristianos que se hacen merecedores de ello. 

La salvación -por decirlo de un modo un tanto informal- es monopolio de Dios, no de los cristianos. Dios da a todos los hombres luz y ayuda para salvarse, y lo hace de manera adecuada a la situación interior y ambiental de cada uno.

10. Católico a mi manera: ¿Son lo mismo todas las religiones?

Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va 

Muchas veces oís decir que todas las religiones son lo mismo, que todas llevan a Dios.¿Esta afirmación es razonable? ¿Cómo considerar categorías de verdad en las religiones?.

¿Son lo mismo todas las religiones?Si bien la sociedad actual nos dice que "todo es relativo" y que "todo da igual", los Cristianos no podemos caer en este pensamiento, especialmente cuando se trata de nuestra Fe.

Verdadera sólo puede haber una religión, aquella que Dios haya revelado.

No puede haber varias religiones distintas igualmente verdaderas por el principio de no contradicción: dos afirmaciones contrarias no pueden ser al mismo tiempo, ambas verdaderas, en el mismo sentido.

Si una es verdadera, la otra no lo será. Vayamos al artículo siguiente.

¿Son lo mismo todas las religiones?
P. Eduardo Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com

La respuesta inmediata a esta pregunta es bastante obvia: las diferentes religiones son distintas, ya que si no se diferenciaran entre sí serían la misma religión. De manera que las distintas religiones no son lo mismo.
Y a la pregunta de por qué no todas las religiones son lo mismo, habría que responder sencillamente ¡precisamente porque son diferentes!

El problema de fondo: el indiferentismo religioso

Pero en realidad la pregunta que estamos analizando no apunta a la identificación de todas las religiones entre sí. En realidad sugiere que, más allá de sus diferencias, sería lo mismo creer en una religión o en otra, practicar una u otra diferente, ya que todas ellas conseguirían el mismo objetivo: “todas llevan a Dios”.

La única manera de que todas las religiones fueran lo mismo
es que todas ellas fuesen falsas

Sólo se puede afirmar que todas las religiones son lo mismo desde algunas posiciones ideológicas:

  • El ateísmo dirá que todas son igualmente falsas.
  • El agnosticismo afirmará que ninguna tiene el menor fundamento.
  • El indiferentismo sólo considerará una cierta utilidad psicológica a la religión (paz interior, sentido de trascendencia, cierta fraternidad, etc.), que podría conseguirse con cualquiera de ellas (lo que supondría que la religión no fuera un camino hacia Dios, sino una medicina que el hombre se da a sí mismo para resolver sus ansias de infinito).

Quien acepte que Dios existe y que tiene un proyecto cognoscible para el hombre –cualquiera sea la religión que profese- nunca podrá aceptar la afirmación de que todas las religiones sean lo mismo.

¿Qué sentido tiene una religión?

Para responder a esta pregunta había que ver qué se entiende por religión y qué papel se le asigna en la vida de una persona.

Si las concibo como una creación humana (un invento del hombre), con una finalidad genéricamente espiritual, un refugio psicológico a la hora de los problemas y peligros de al vida, etc., posiblemente no me preocupará demasiado las diferencias entre las distintas religiones, y todas –dentro de ciertos límites- me parecerán igualmente válidas.

Pero si concibo la religión como un encuentro entre Dios y el hombre, en el cual Dios tiene la iniciativa, se ha mostrado al hombre y enseñado un camino de salvación, la cosa es diferente: me interesará mucho saber cuál es la verdadera.

Porque verdadera sólo puede haber una religión

Aquella que Dios haya revelado. No puede haber varias religiones distintas igualmente verdaderas por el principio de no contradicción: dos afirmaciones contrarias no pueden ser al mismo tiempo, ambas verdaderas, en el mismo sentido. Si una es verdadera, la otra no lo será.

¿Hay religiones falsas y verdaderas?

Quizá fuera mejor hablar de religiones reveladas y no reveladas. O de religión verdadera y religiones que se acercan más o menos a la verdad.

La gran mayoría de las religiones son buenas, en cuanto que enseñan un camino de aproximación al Creador. Responden a la religiosidad natural del hombre. Le proponen un ideal ético. Y tienen –en distintos grados- una mayor o menor aproximación a la verdad.

¿Cuánto contienen de verdad?

Al responder a la religiosidad natural del hombre todas contienen aspectos verdaderos. Hay religiones más cercanas a la verdad y otras menos cercanas.

No son todas lo mismo. Las hay más serias y menos serias, más profundas y más superficiales, más espirituales y más terrenales, trascendentes o inmanentes…

Unas más concordes a la dignidad de la persona humana (obviamente una religión que propugnara sacrificios humanos no sería aceptable racionalmente), y otras menos.

La Iglesia considera que las religiones no cristianas contienen semillas de verdad, que conducen a la verdad completa .

Religión verdadera sólo puede una que haya sido revelada por Dios mismo

Porque sólo Dios puede decirnos con precisión quién es y qué quiere de nosotros. Una religión no revelada por Dios, no pasará de ser un buen intento del hombre por acercarse al Creador: algo muy valioso, pero que resultará muy pobre si consideramos la infinita distancia que nos separa de Dios, distancia que el hombre no puede recorrer por su propios medios.

Si Dios existe y creó seres racionales –como somos nosotros-, no parece razonable que no les haga conocer cómo llegar hasta Él: que se quedase mirándonos mientras nosotros nos equivocamos tratando de encontrar el camino.
Si Dios existe, lo razonable sería que existiera una sola religión verdadera. En caso contrario todas son falsas.

¿Para qué sirve una religión?

Si la religión sirve para hacernos entrar en comunión con Dios y brindarnos la salvación –que de eso se trata-, es obvio que nos interesa mucho encontrar el camino que realmente lo realiza.

¿Qué es el sincretismo religioso?

Es la mezcla de elementos de diferentes religiones. En este caso nos encontramos claramente con una creación humana, fruto de la recolección de elementos religiosos variados según el propio gusto.

La adhesión a una religión no es como ir de compras a un supermercado: ver qué me ofrece el mercado de las religiones y elegir la que más me guste (o incluso armar una con los elementos que más me atraigan de muchas de ellas).

¿En qué consiste la libertad religiosa?

Es el derecho que tengo a obrar según mi conciencia en materia de religión.

Este derecho no se basa en que todo sea lo mismo –y entonces da igual qué elija-, sino en el derecho a no ser presionado en mis convicciones religiosas. La raíz es la dignidad de la persona humana.

Libertad religiosa y obligación de buscar la verdad

Hay dos aspectos complementarios: el derecho a la libertad religiosa (derecho exigible ante el Estado y los demás) y la obligación personal delante de Dios y de mí mismo de buscar la verdad.

Nadie debería coaccionarme en materia religiosa: el acceso a Dios supone la libertad.

Al mismo tiempo, mi honradez personal me exige personalmente buscar la verdad: no sería honesto si no lo hiciera. Evidentemente Dios me pedirá cuenta de cuánto lo he buscado, de cuánto de sincero he sido en esa búsqueda. Este es un asunto entre Dios y yo, del que rendiré cuentas después de mi muerte. Los demás podrán aconsejarme, pero no reemplazan mi libertad: es una cuestión entre Dios y yo.

El derecho a la libertad religiosa no consiste en que haya el derecho a profesar y practicar cualquier religión porque todas sean lo mismo. Consiste en que mi dignidad humana exige el derecho a no ser coaccionado en cuestiones religiosas.

Ambas cosas no sólo son compatibles, sino que complementarias. La misma dignidad humana que exige a los demás respetarme en mis convicciones religiosas, me “exige” a mí buscar la verdad.

9. Católico a mi manera: Perdí la fe, porque vi que un cura…

Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va

Lo que nos mantiene en la Iglesia es el amor personal a Cristo.

¿Qué me mantiene en la Iglesia? ¿El "cura" o mi amor personal a Cristo?

La pregunta es: ¿Cómo evitar que la gente pierda la fe por el mal ejemplo de algunos curas y religiosos?

Lo primero y lo más importante es activar nuestra fe y saber darla a los demás. Eso es lo que nos mantendrá fieles...

Profundiza este difícil tema.

"Perdí la fe, porque vi que un cura..."
Autor: Hector Sarabia 

¿Qué me mantiene en la Iglesia? ¿El "cura" o mi amor personal a Cristo?

La pregunta es: ¿Cómo evitar que la gente pierda la fe por el mal ejemplo de algunos curas y religiosos?

Lo primero y lo más importante es activar nuestra fe y saber darla a los demás. Eso es lo que nos mantendrá fieles no solamente cuándo percibimos testimonios negativos de la vivencia del cristianismo sino también en cualquier situación difícil personal.

Si nosotros tenemos una fe robusta, convencida de Jesucristo con un amor ardiente a Dios amante, ¿qué nos podría apartar de nuestro Padre celestial y de su Iglesia? ¿problemas?, ¿dificultades?, ¿mal ejemplo de los que nunca esperaríamos algo así?, ¿traición de los más cercanos y dignos de confianza? 

Tenemos que vivir en la seguridad de la fe tan sensiblemente que, también, los demás se den cuenta que no nos mantiene en la Iglesia buena atmósfera, amistades o curas simpáticos sino el conocimiento y amor personal a nuestro Señor Jesucristo.

Además seamos conscientes que el demonio está muy interesado por ganarse a los sacerdotes y religiosos. Con un mal ejemplo de las personas consagradas tendrá mucho más éxito que con mil tentaciones. Él lo sabe, pero nosotros también. ¿Queremos caer en la trampa? Todos somos pecadores, no veamos los pecados de los demás ante que los nuestros. Solamente con absoluta confianza en la Providencia de Dios podamos pasar estas pruebas de nuestra fe.

¿Podemos hacer algo para remediarlo o evitarlo? Claro que si.

Por un lado, trabajar con los sacerdotes y religiosos, para ayudarles a cobrar conciencia de la trascendencia de su testimonio.

Por otro lado, reforzar la fe de los fieles, para que sepan trascender las debilidades humanas y mantener su fe en Dios y en la Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo, por encima de todas las contrariedades.

Los curas y los religiosos tienen debilidades como cualquiera. Son hombres y mujeres como todos los demás. Ellos necesitan de nuestras oraciones para ser santos, buenos pastores de nuestras almas. Para que la formación recibida en los seminarios les ayude a reaccionar ante todas las tentaciones.

Además, nuestra fe no debe de estar sujeta al "cura" y lo que él hace. Somos miembros de la Iglesia por el amor personal a Cristo. Esto es lo importante, lo demás es secundario.

Para profundizar:
Catecismo de la Iglesia católica Nr. 2846-2849; la respuesta concreta se encuentra en los Nr. 1550 y 1584

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