10. A – Teología: La Reencarnación

Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va

En la parábola del rico Epulón (Lc 16,19-31), Jesús contó cómo al morir un pobre mendigo los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo.

Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.

No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra.

Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía pagar sus culpas (v25).

9. A – Teología: Confiar en Dios o en los brujos

Autor: Alex Rosal | Fuente: www.arbil.org 

Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material…

Confiar en Dios en los brujosQueremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo.

Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios"

Confiar en Dios o en los brujos

Cuando los hombres no creen en Dios, no es que no creen en nada, es que se lo creen todo (Chesterton)

Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material. Queremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo.

La fe en sí misma es oscuridad e incertidumbre. Cuando llega el sufrimiento y la cruz pedimos a Dios ayuda. Imploramos su poder. A veces Dios calla. Igual que con la peregrinación del pueblo elegido a Israel.

Entonces tenemos dos caminos: Dejar nuestras seguridades y sus muletas para andar, y abandonarnos así a las manos del Señor; o bien, poner nuestra confianza en los magos, mediums y quiromantes. Es la tentación de los hombres en todas las épocas. Caer en los cantos de sirena de las promesas de "otros dioses". Poner nuestra felicidad en los nuevos "becerros de oro", abandonando la confianza en Dios.

Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios". La ansiedad por un futuro incierto, nos arrastra a confiar en las artes del adivino de turno, dejando de lado al Dios vivo, Señor también de nuestro futuro.

Exactamente igual que las amenazas que acechaban a los judíos en su peregrinación por en desierto: ante los desalientos y dudas por los aparentes "eclipses" de la presencia de Dios, la mayoría, se lanzaba a adorar a los nuevos dioses, y a practicar las artes esotéricas que les prometían "seguridad en esta vida".

Poco hemos cambiado los hombres del siglo XXI. Son las mismas tentaciones e idénticas "teóricas" soluciones. Ya lo decía Chesterton, el famoso escritor inglés de principios de siglo: "cuando dejamos de creer en Dios, no es que no creamos en nada, sino que podemos creer en todo".

Es triste, pero los hay que creen que ser feliz es algo que deciden los astros o algún adivino. Consideran que deben "esperar" algo, más que "hacer" algo. Y esa inoperancia es una camino sin retorno. Delegan en el "destino" y en el brujo, echador de cartas o en el astrólogo de turno la posibilidad de ser felices. Y, claro, no avanzan. No consiguen la ansiada dicha, y frenéticamente siguen buscando más brujos o adivinos. Creen que con pagar una sesión de tarot, ya tienen acceso a lo que buscaban.

No se dan cuenta que la felicidad se encuentra en Dios. En poner nuestra confianza en Él, que quiere lo mejor de nosotros. Debemos aprender a descifrar el designio de Dios en nuestra vida. Saber lo que Él quiere de nosotros. Para ello sólo hay un camino: orar. Orar mucho. Tener un profundo diálogo con Dios para interpretar su voluntad..

8. A – Teología: La experiencia del mal y la idea de Dios.

Autor: Fernando Renau | Fuente: apologetica.org

Reflexiones sobre un gran misterio.

Si hay Dios, ¿porqué existe el mal y el sufrimiento?, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta.

El propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”

La experiencia del mal y la idea de Dios. Reflexiones sobre un gran misterio.

Si hay Dios, ¿porqué existe el mal y el sufrimiento? La historia de la humanidad es una interminable sucesión de sangre, sudor y lágrimas, de dolor, tristeza y miedo, de abandono, desesperación y muerte. Ante esa experiencia de sufrimiento es inevitable que el hombre se haya formulado desde antiguo esa pregunta. Es bien conocida la respuesta escéptica de Epicuro: o Dios quiere eliminar el mal, pero no puede, y entonces es impotente y no es Dios; o puede y no quiere, y entonces es malo, es el verdadero demonio; o ni quiere ni puede, lo que lleva a las dos conclusiones anteriores; o quiere y puede, pero entonces, ¿de dónde viene el mal? ¿Qué hemos de decir al respecto?

Como punto de partida, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta con la que hemos comenzado esta reflexión: ésta ha sido planteada también por parte de la teología católica. Es el mismo Catecismo de la Iglesia Católica el que afirma en su número 272 que “la fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento” y que “a veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal”, llegando a plantearse en su número 310 la pregunta de “¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en el no pudiera existir ningún mal?”. 

El teólogo y obispo católico Walter Kasper llega a señalar que “estas experiencias del sufrimiento inocente e injusto constituyen un argumento existencialmente mucho más fuerte contra la creencia en Dios que todos los argumentos basados en la teoría del conocimiento, en las ciencias, en la crítica de la religión y de la ideología y en cualquier tipo de razonamiento filosófico”.

El teólogo Hans Küng afirma que “el dolor es continua piedra de toque de la confianza en Dios”, tras lo que se pregunta “¿donde encuentra la confianza en Dios mayor desafío que en el dolor concreto?”. 

Y nada menos que el propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”, a lo que añade que “en algunos casos esta dificultad asume una forma radical, cuando incluso se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presente en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia” , todo ello por “la dificultad de conciliar entre sí la verdad de la Providencia Divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo creado, y la realidad del mal y el sufrimiento”.

Para dar respuesta a esta inquietante pregunta, hemos de distinguir claramente entre el mal “en sentido físico” y el mal “en sentido moral”. El mal moral se distingue del físico, sobre todo, por comportar culpabilidad y por depender de la libre voluntad del hombre; en cambio, el que estamos denominando mal físico no depende directamente de la voluntad del hombre, sino que se deriva de la propia naturaleza limitada, contingente y finita del hombre y de la creación. Las calamidades provocadas por terremotos, inundaciones y otras catástrofes naturales, las epidemias, las enfermedades, así como la muerte, serían ejemplos de este mal que hemos denominado “físico”; los desastres producidos por la guerra, el terrorismo, el odio, la violencia de todo tipo que tiene por origen al hombre serían ejemplos de ese mal que hemos llamado “moral”. A partir de esta diferenciación, cabe señalar lo siguiente:

a.- El mal físico es inherente a la condición del hombre y de la creación. El hombre es un ser finito que está sujeto a la enfermedad y a la muerte; además, ha de vivir en un universo en el que se producen determinados fenómenos naturales productores de daño y de sufrimiento. Las limitaciones y la caducidad propias de todas las criaturas es el origen último de este tipo de males, que son consustanciales a la propia estructura del hombre y del universo. En última instancia, puede decirse que este mal en el orden físico es permitido por Dios, como se señala en la catequesis de Juan Pablo II antes citada, “con miras al bien global del cosmos natural”,

b.- Algo bastante distinto sucede respecto al que hemos denominado mal moral. En palabras de Juan Pablo II, “este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere”. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios y su autor es exclusivamente el hombre, al haber hecho mal uso de su libertad. ¿Por qué tolera Dios este mal? Porque para Dios la existencia de unos seres libres es un valor más importante y fundamental que el hecho de que aquellos seres libres abusen de su propia libertad contra el propio Creador y que, por eso, la libertad pueda llevar al mal moral.

La anterior constituye la primera explicación que la teología nos ofrece de que la existencia del mal en el mundo no es incompatible con la idea de Dios. Pero esto no es todo. Debemos darle la vuelta al argumento que implícitamente se oculta detrás de la pregunta con la que se abre este artículo, para afirmar con Hans Küng que “sólo habiendo Dios es posible contemplar el infinito sufrimiento de este mundo”, que “sólo creyendo confiadamente en el Dios incomprensible y siempre mayor puede el hombre tener fundadas esperanzas de atravesar el ancho y hondo río del dolor de este mundo: consciente de que por encima del abismo, del dolor y del mal, una mano se extiende hacia él”.

El hombre moderno no puede por sí solo erradicar los múltiples sufrimientos de la humanidad, pese a los adelantos de la ciencia y de la técnica. El sufrimiento es inherente a la condición humana y solamente mediante la intervención redentora de Dios es posible que surja un hombre nuevo liberado de la muerte, del dolor y del sufrimiento. En concreto, es la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús la que implica la redención definitiva del dolor y del sufrimiento humano, la que transforma el dolor y la muerte en vida eterna. 

Es desde la perspectiva del sufrimiento y de la muerte de Jesús como el dolor y el sufrimiento de cada hombre cobra un nuevo sentido. El sufrimiento, el dolor y la muerte siguen acompañando al hombre; pero en la pasión y en la resurrección de Jesús ese sufrimiento recibe un sentido.

En palabras de Kasper, “el interlocutor de una teología actual es el hombre doliente que tiene experiencia concreta de la situación de infelicidad y es consciente de la impotencia y la finitud de su condición humana”. La existencia del hombre, como señala Küng, “es un acontecimiento marcado por la cruz: dolor, angustia, sufrimiento y muerte”. La conciliación entre el mal y el sufrimiento en el mundo y la Providencia Divina no es posible sin hacer referencia a Cristo. Con la pasión, muerte y resurrección de Jesús se confirma que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento. Y no sólo eso. Además, con Cristo el dolor, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, sino que son definitivamente vencidos mediante su resurrección que, como primicia de la de todos nosotros, supone una alegre promesa de vida eterna en la que no hay lugar para el dolor, ni para el sufrimiento y ni para la muerte.

Para conocer lo que el Beato Juan Pablo II nos enseñó sobre La Providencia y el mal en el mundo sigue este enlace

7. A – Teología: Bien y mal en este mundo

Autor: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizert

Ciclo A. Domingo 16 / Mt 13,24-43 - La historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas.

Jesús enseñó por meido de parábolas, recordemos la del buen grano y la cizaña (Mateo 13, 24-43).

Esta parábola es una figura de la historia y de la vida humana. Porque la historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas.

Dios nos da libertad, depende de nosotros el elegir entre el bien y mal en este mundo.

Bien y mal en este mundo

Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue.

Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: ´Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?´

El les contestó: ´Algún enemigo ha hecho esto.´ Dícenle los siervos: ´¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?´ Díceles: ´No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega.

Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.´» Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.

Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.» Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»

Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»

El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. 

Reflexión

De nuevo, Jesús nos enseña hoy por medio de una parábola. Se trata de la parábola del buen grano y la cizaña, una parábola tan sencilla que hasta los niños pueden entenderla.

Lucha en nuestro interior

Es una figura de la historia y de la vida humana. Porque la historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas. Como el buen grano y la cizaña crecen, uno al lado del otro, así también el Reino de Dios y el reino del diablo se desarrollan, uno junto al otro, en este mundo y en los corazones de los hombres.

Cada uno de nosotros experimenta esta tensión, este conflicto en su propio interior. Estamos entre las dos fuerzas y de ambas llevamos algo dentro de nosotros. Siempre habrá lo bueno en el hombre, porque Dios está actuando continuamente. Pero también habrá lo malo dentro de él, porque también el diablo está actuando permanentemente.

Pero pasa que el mundo moderno ya no cree en el demonio. Él ha conseguido realizar en nuestros días su mejor maniobra: hacer que se dude de su existencia. El Padre José Kentenich, Fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, tomó siempre muy en serio el poder del demonio. Para él existe una prueba evidente de la existencia del demonio: que la presencia y la acción del mal en nuestro mundo sobrepasa mucho la capacidad y la maldad de los hombres que lo realizan.

Existe en la actividad del mal en nuestro mundo, algo tan bien organizado, que denuncia irremediablemente a su autor, el demonio.

Probablemente también cada uno de nosotros hemos sentido ese tremendo poder del mal que trabaja en nosotros y que en determinados momentos irrumpe en nuestra vida. ¿Quién de nosotros nunca se ha sentido asombrado al ver de lo que era capaz, de lo que llegaba a pensar, a desear o hacer?

En nuestra parábola, Jesús responde sobre todo al escándalo que nace en nosotros al ver la paciencia, el silencio, la pasividad de Dios frente a la actividad y el triunfo del mal.

Conocemos la objeción clásica contra Dios: O Dios es todopoderoso, y entonces no es bueno, porque podría suprimir el mal y no lo hace. O Dios es infinitamente bueno y odia el mal, pero no puede oponerse a él, y entonces deja de ser todopoderoso.

El bien y el mal están inseparablemente ligados en este mundo

A este dilema hoy nos responde Jesús: El bien y el mal están inseparablemente ligados en este mundo. Actualmente no existe ningún medio de separar el uno del otro. Somos incapaces de distinguir todo lo que hay de bueno en las cosas malas y de malo en las cosas buenas.

Al suprimir el mal, tendría que sufrir el bien, lo mismo que al arrancar la cizaña, podríamos perjudicar el buen grano. Esta mezcla del bien con el mal sobre la tierra es un misterio, pero la reflexión puede hacer surgir en él mucha luz.

Por ejemplo, el mal físico, el sufrimiento, es inevitable en un ser sensible. El sufrimiento no es más que la consecuencia de nuestra capacidad de sentir. Todo lo que se quite a nuestra capacidad de sufrir, tendrá que quitarse necesariamente a nuestra facultad de gustar y gozar.

¿Y el pecado? El hombre es capaz de amar a Dios, de entregarse a Él, de poner en Él su confianza - porque es libre. Y es la misma libertad que le permite obrar el mal, que le permite pecar. Al arrancar la cizaña del pecado, suprimiríamos a la vez todo el buen grano de las virtudes.

¿Qué sucedería si el hombre sirviese a Dios solamente con una libertad de esclavo? ¿Qué sucedería si cada una de nuestras faltas fuesen sancionadas inmediatamente y nos enseñasen a servir a Dios por miedo, pero nunca jamás por amor?

Además, incluso el pecado está ligado con el bien mucho más íntimamente de lo que creemos. Porque la consecuencia del pecado generalmente es la humillación: se descubre nuestra debilidad, queda manifiesta nuestra impotencia, conocemos hasta qué punto tenemos necesidad de Dios.

Dios no se asusta del mal, no se escandaliza del pecado 

Dios sabe utilizarlo y hacer que sirva al bien. También de nosotros Dios espera esta misma actitud de paciencia y optimismo. Dios en este mundo no juzga a los malos, sino espera su conversión hasta el último momento. Entonces cuánto menos un juicio nos corresponde a nosotros.

Porque nosotros mismos todavía estamos en medio de esta lucha entre lo bueno y lo malo. Y si ya nos contamos entre los buenos, necesitamos un campo donde demostrar que lo somos. Así vamos a crecer y madurar hasta el día de la gran cosecha.

Queridos hermanos, con esta actitud de paciencia y confianza podemos esperar que en el día de la separación vamos a pertenecer definitivamente al buen grano, a los elegidos del Padre, para siempre.

¡Qué así sea! 
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre Nicolás Schwizer 
Instituto de los Padres de Schoenstatt

6. A – Teología: Ante la ciencia: ¿existe Dios?

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera y resuelve muchas preguntas del hombre.

E¿Es Dios un invento del hombre, producto de su ignorancia, su miedo a las fuerzas de la naturaleza y a lo desconocido? Esto y cosas semejantes dicen ateos, no creyentes (a algunos gusta esta diferenciación) y los enemigos de la religión.

Creer en Dios es de estricta lógica y no de la imaginación, o de la ignorancia científica o de debilidades y miedos humanos. Las ciencias nos dan conocimiento de la realidad física y de las leyes que gobiernan al universo, pero no explican su origen o su por qué; creer en Dios sí da esa respuesta.

Entre la ciencia y creer en Dios

¿Es Dios un invento del hombre, producto de su ignorancia, su miedo a las fuerzas de la naturaleza y a lo desconocido? Esto y cosas semejantes dicen ateos, no creyentes (a algunos gusta esta diferenciación) y los enemigos de la religión.

Preguntemos de otra manera, ¿por qué la gente de las diversas culturas humanas cree en la existencia de una o más deidades todopoderosas? ¿Por qué no se conforma con ir descubriendo las leyes de la naturaleza? Si la gente "inventa" o realmente descubre sistemáticamente un Dios, un ser todopoderoso, omnipresente, no es por miedo, sino al revés. La gente deduce la existencia de un ser semejante porque su conocimiento heredado y adquirido, no le dan ninguna otra explicación del mundo y de su ser humano espiritual.

Reconocer la existencia de Dios es producto de la razón, resultado de un proceso deductivo, es de estricta lógica y no de la imaginación, o de la ignorancia científica o de debilidades y miedos humanos. Por muchas razones también, el hombre descubre la trascendencia anímica sobre su muerte.

El hombre encuentra la respuesta a sus preguntas sobre el universo y la mente humana en la religión, después de que su conocimiento general y del llamado científico, no le dan respuesta a la existencia de ambas cosas. No la dan porque no la tienen. Las ciencias llamadas exactas, naturales, nos dan conocimiento de la realidad física y de las leyes que gobiernan al universo, pero no explican su origen o su por qué; no pueden, en cambio creer en Dios sí da esa respuesta.

La ciencia, así en general, -como usan el término quienes oponen el conocimiento científico a creer en Dios-, no es solamente limitada, sino que a través de los tiempos va cambiando sus enseñanzas, según se descubren tanto nuevas cosas como los errores en que habían caído sus creadores.

Así, la ciencia griega enseñó que había cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego; pero los científicos llegaron a descubrir muchos elementos de la materia, que el científico ruso Mendelejeff encuadró en su "tabla periódica de los elementos". Pero la misma ha sido enriquecida al descubrirse nuevos elementos.

La ciencia enseñó que la tierra es plana, que el sol gira alrededor de ella; hasta que nuevos científicos dedujeron que era al revés, como ahora sabemos "a ciencia cierta". Los científicos del siglo XIX afirmaban que había generación espontánea, pero Louis Pasteur, un científico creyente, demostró lo contrario. La ciencia enseñó que el átomo es indivisible -significado exacto del término. Ahora conocemos más y más elementos subatómicos.

La ciencia dice que la velocidad "terminal" es la de la luz, que nada puede moverse más rápido, pero otros lo ponen en duda; quizá en algunos años sepamos una nueva "verdad" científica al respecto. La duda es lo que ha llevado al hombre a adquirir nuevos conocimientos, cuando los de su entorno no responden a su raciocinio, y así descubre verdades antes ignoradas y/o rechazadas.

También el conocimiento mágico es superado por la racionalidad. La magia intenta explicar lo que no se entiende, pero sus intentos no son racionales, sino emocionales, y son tentativas (muy fructíferas, por cierto) de controlar voluntades ajenas, de crearse el mago, hechicero o brujo un halo de superioridad que infunde temor, respeto, veneración y dominio.

Cuando la ciencia, la magia y otros intentos de conocer la verdad del universo y de su origen, no responden a la sed de saber del hombre, de entender su entorno y sobre todo su propia persona, su ser, entonces, por racionamiento, deduce que debe haber alguien, un ser que tenga el poder de crear esa naturaleza, esas leyes que la humanidad aprende. Es entonces cuando deduce que Dios existe. Sí, creer en un Dios todopoderoso, omnipresente y creador, es producto de la deducción, no del miedo o debilidad mental. La gente temerosa prefiere no creer en nada, o saberse comprometida en responsabilidades con un Dios juzgador y exigente.

El gran centro de la creencia en Dios está en dos cosas básicamente: el origen del universo y el del espíritu humano, con toda su superioridad inmensa sobre otros seres vivientes. La ciencia enseña la realidad, pero no su origen, no puede, está fuera de sus fronteras; la teología sí, porque es su campo de conocimiento: Dios.

La ciencia no explica el espíritu humano, su inteligencia, su conciencia que distingue el bien del mal. Con la tecnología actual las ciencias: la anatomía, la fisiología, y otras, nos informan qué sucede en el cerebro humano cuando piensa, o tiene emociones, pero no nos dicen nada sobre la actividad inmaterial de la mente, sólo la del cerebro, la del sistema nervioso, es decir de las manifestaciones físicas de los procesos del sentir afectivo o del pensar, pero no sobre éstos en sí.

El ingenio humano, su creatividad, hacer poesía o música, y el arte en general, están fuera del ámbito científico; no son actos materiales, aunque para llevarlos a cabo el hombre utilice su cuerpo, son mentales. La afectividad humana no se comparte con los animales, cuyos "afectos" son instintivos; pero el hombre sobrepasa con creces sus instintos, como los de protección a la descendencia.

Las ciencias de la conducta intentan conocer las funciones de la mente humana, pero no explican el por qué de su existencia, sólo investigan su realidad, es todo. La mente humana, el espíritu del hombre, que están por encima del resto de los seres vivos, solamente tienen explicación cuando se deduce que fueron creados por "alguien", con ese poder y esa voluntad.

La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera y resuelve muchas preguntas del hombre. Así, creer en Él no es resultado ni del miedo, ni de debilidades, sino de la razón. Ciencia y religión no se oponen, se complementan en el ser humano, y por eso las gentes de diversos tiempos y culturas encuentran en la existencia de la deidad todopoderosa la respuesta a sus preguntas; la respuesta: Dios existe.

5. A – Teología: El retorno del gnosticismo

Fuente: Conoze.com || ApologeticaCatolica.org

Los creyentes católicos debemos conocer realmente estas nuevas sensibilidades religiosas que hablan de sincretismo, niegan la revelación cristiana y propugnan el culto del yo y de numerosas falsificaciones de la verdadera fe cristiana..

Me gustaría decir que yo inventé este diálogo, de este modo, podrían pensar "¡Qué poco imaginativo! nadie afirmaría algo como eso (por el argumento de Nora Eva", pero en realidad hubo una persona que envió este comentario a una página muy importante de apologética en inglés.

El gnosticismo en sentido estricto significa una corriente de espiritualidad e incluso una religión extracristiana o, cuando menos, heterodoxa, que se está poniendo "de moda" gracias al New Age.

El retorno del gnosticismo

El crecimiento continuo del movimiento New Age es una de entre tantas manifestaciones del retorno religioso en forma de neopaganismo y de gnosis. El New Age propone una forma nueva de religiosidad que, por algunas manifestaciones propias, que ya analizaremos, coincide con el sentimiento religioso contemporáneo.

Pero, ¿qué es exactamente el New Age? ¿Una nueva moda religiosa? ¿Una evasión del mundo real o la proyección de un mundo lleno de ilusión?, ¿Es aquello que algunos llaman el retorno al IV Reich? ¿O más bien es una nueva mentalidad religiosa que surge en el mundo científico, frío y sin sentido trascendental de Occidente?

En este escrito, quiero presentar las líneas filosoficoteológicas generales de lo que es en realidad el New Age y mediante qué signos o características se manifiesta al hombre de hoy.

Los creyentes católicos debemos conocer realmente estas nuevas sensibilidades religiosas que hablan de sincretismo, niegan la revelación cristiana y propugnan el culto del yo y de numerosas falsificaciones de la verdadera fe cristiana.

I. Definición y origen

A. ¿Qué es el New Age?


El New Age es un conjunto de prácticas aparentemente heteróclitas, pero unificadas por una visión de humanización total (holista): técnicas de ´´ampliación de la conciencia´´ y medicina del alma, astrología o channelling (comunicación con la entidad del mundo invisible), control del cuerpo por medio de artes marciales, y mediante el aislamiento sensorial o las terapias inocuas; control de la naturaleza con el arte foral, la ecología o el vegetarianismo. El New Age es un nuevo modo de ver la realidad de las cosas. Según lo definen los propios fundadores del New Age, este movimiento es ´´un nuevo paradigma´´.

Por otra parte, Donald Leonard afirma que es un ´´lago esotérico y misterioso donde fluyen las corrientes de los años ´60: Ecologistas, movimientos radicales, ambientalistas y pacifistas´´. El movimiento de la Nueva Era busca la liberación de la naturaleza humana y cósmica de sus múltiples dolencias y sufrimientos, no a través de paradigmas políticos o ideológicos, si bien el New Age de hecho está unido al partido verde, sino por medio de la meditación y del conocimiento. Hace que la humanidad penetre en el nivel de conocimiento espiritual-planetario, para entrar en una ´´nueva era´´ caracterizada por la paz y la felicidad.

La conocida newager Marilyn Ferguson, afirma que el New Age es una ´´red sin líderes, que trabaja para realizar cambios radicales en los Estados Unidos´´. Pero, según Franc Rodé, se trata de un ´´supermercado de religiones donde cada uno toma lo que le gusta y deja el resto´´. Y según los sondeos sociológicos, se trata de una religiosidad destinada a convertirse en fenómeno de masas por su ambigüedad, su fuerza y su capacidad de servir al romanticismo y al sentimentalismo religioso de la sociedad actual.

B. Origen y sus inspiradores

A la pregunta de cómo nace el New Age, podemos responder que posee dos fuentes principales de nacimiento: la corriente del Acuario con Paul Le Cour y la Sociedad Teosófica con Alice Balley, que más adelante veremos.

M. F. Jacques define con el nombre de ´´precursores de la era del Acuario´´ las corrientes esoteroocultistas, nacidas en la segunda mitad del siglo XIX. Este pensamiento esotérico trata sobre la transformación de la civilización: Cada vez que el sol entra en un nuevo signo zodiacal, esto es, alrededor de cada 2.160 años.

La última transformación acaecida fue la del cristianismo en la era de Piscis. Por esto, el próximo gran cambio que se acompañará al advenimiento de la era del Acuario corresponderá a una hecatombe, a la que seguirá la venida de un ´´gran Rey´´, el retorno del Cristo-Acuario, que marcará el inicio de una nueva edad de oro. La nueva religión, entonces, será un esoterismo cristiano y gnóstico, basado en el Evangelio de San Juan, el verdadero evangelio del Acuario.

También, Alice Bailey (1880-1949), discípula de la Sociedad Teosófica, esperaba la transición hacia una nueva era, donde se reconciliarían todas las religiones en la identidad de sus orígenes, basados en lo que ella denominaba la verdad eterna. Bailey desarrolló las ideas gnósticas de Helena Blavatsky (1831-1891), como la nueva encarnación del Cristo cósmico.

´´La doctrina teosófica de la Sra. Blavatsky estriba en un esquema de tipo gnóstico-neoplatónico; unidad esencial de todo, ley cósmica (karma), manifestaciones del espíritu en la materia (avatara) y el regreso del hombre al espíritu´´. Se creará una religión mundial donde Dios será similar al Brahman hindú, anunciado por todos los avatares, como Cristo, era tras era. El espíritu de la Nueva Era está en la ley de la reencarnación y continuará la revelación por el nuevo Salvador o avatar.

II. Características

La característica principal del New Age es su preferencia por la reflexión oriental de estilo panteísta, como camino para vivir una nueva religiosidad. Propugna un sistema religioso donde Dios se disuelve en lo Divino y viene a ser una ´´energía cósmica´´. Dios se identifica con lo último de la realidad de las cosas, especialmente con la psique humana. El movimiento de la Nueva Era busca lo trascendente, y no lo sensible, para liberarse en su totalidad de lo terreno, y se une a la conciencia cósmica o conciencia colectiva. Excluye la noción de creación y refuta toda visión dualista de la realidad.

También se trata de una visión ´´científica´´ de la realidad basándose en el holismo y en la evolución. El holismo de la física moderna, que identifica la materia con las ondas de la energía, hace del universo, según Fritjof Capra, un ´´océano de energía´´ donde todo nace, participa de la misma realidad y se halla en evolución constante.

Como técnicas, el New Age adopta la música, la danza, el arte en general, las artes marciales, el yoga, el budismo zen, el misticismo, la búsqueda de la sabiduría en las civilizaciones antiguas, la magia, la droga, el contracto con la naturaleza (la diosa Gaia) y otros métodos y técnicas. Utiliza la psicología de Jung (conciencia colectiva) y la psicología humanística de Maslow, que se basa en la experiencia de la unidad con el cosmos.

El New Age busca una transformación cultural de la sociedad, que incluye la sustitución de todas las religiones en nombre de una Nueva Era (tal y como es la traducción propia en lengua inglesa: new age). Este movimiento también niega las verdades más fundamentales de la fe cristiana, si bien tiene como texto básico de estudio la Biblia, especialmente el Evangelio según San Juan.

III. La fe del New Age

El New Age expresa una concepción innovativa del mundo (del cosmos, en su concepción más extensa) con los siguientes adjetivos:

· holística (la realidad de las cosas se encuentra en el Todo),

· ecológica (la diosa Gaia es la madre Tierra, que debe ser adorada),

· andrógina (el mundo es una unión de lo masculino y lo femenino),

· mística (lo divino pertenece a un Todo),

· mundial (conciencia colectiva).

En el movimiento de la Nueva Era, se transita de la fe sencilla a lo gnóstico o creencias ocultas, de la religión a la espiritualidad, de la oración-súplica a la oración-mantra, de la obediencia a la experiencia... La fe está fundamentada en una espiritualidad esotérico-mística, donde se busca la unidad con una visión totalizante de la realidad de las cosas. También, se promueven un complejo de técnicas para explorar las fuentes del Ser y del Uno donde se refuerza el narcisismo del ego.

En la fe del New Age hay un sentido de profundo vacío existencial y de un deseo divino no colmado, donde se buscan las razones para vivir. Lo espiritual se identifica con lo emocional, aparece el culto de uno mismo, y existe un misticismo pagano, en donde se adora una divinidad sin nombre.

Según el New Age, el mundo va ´´hacia una mayor unidad´´ (en palabras de Teilhard de Chardin). La cosmogénesis, o la organización de la materia en aglomeraciones siempre diversificadas, con el paso del tiempo produce la biogénesis, o la vida en la tierra.

La vida crea la biosfera, que se desarrolla en formas más complejas hasta llegar a la creación del cerebro. Aquí nos encontramos con la antropogénesis, la ascensión hacia el hombre. El hombre es el resultado final por encima de todos los seres del universo. Por ello, el hombre es persona en cuanto es conciencia pensante a sí misma. Después se origina un desarrollo de nivel cósmico: la conciencia no es solamente vida, sino reflexión. Entonces, la unidad logra el dominio absoluto sobre la propia evolución, y puede decidir sobre sí misma. Posteriormente, el hombre evoluciona hacia la noegénesis, o la génesis del espíritu, creando una nueva era de luz y de amor.

El objetivo planetario del New Age es la creación de un verdadero y propio sistema nervioso de la nueva humanidad: la comunidad científica mundial (educación mundial). Ésta es la transformación de la era del Acuario que nos llevará a la Omega, que es la realidad total y totalizante, el primer motor de la actividad humana que posee dimensiones universales. También es incorruptible, trascendente, unificadora, es el Amor divino.

Gnosis y razón se encuentran relacionadas entre sí, y esto se debe a una duda fundamental contemplando la capacidad de la razón y de la conciencia moderna de responder a los más profundos interrogantes del hombre. El objetivo de los neognósticos del New Age es reconducir el desgarrón que el saber puramente racionalista (positivismo y materialismo ateo) ha producido en un mundo todavía desilusionado y sin esperanza.

El semanario NEWSWEEK publicaba no hace mucho tiempo un análisis sobre las inclinaciones espirituales y religiosas en Estados Unidos, indicando que la ley de la oferta y de la demanda y los trucos comerciales se están aplicando ya a las diferentes comunidades religiosas cristianas.

De este modo la ley del mercado hace que la eficacia de un pastor protestante o de un sacerdote católico no se mida por su ejemplo fiel a las Sagradas Escrituras o a la predicación propia, sino a la cantidad de gente que acude a la iglesia y a la cantidad de dólares recaudados en las ceremonias religiosas. Así, para que la religión convenza deberá observar las ´´prescripciones de calidad´´ propias de un mercado competitivo, porque aparentemente esto es de lo que se trata, de ganar clientela. NEWSWEEK anota tres:

1. Se presenta como un menú de restaurante. Las diversas confesiones e iglesias ofrecen doctrinas entre las que cada persona escoge, según sus gustos. No se trata de pertenecer a una fe determinada, sino de írsela haciendo a la medida, escogiendo un poco de esta religión y un poco de la otra.

2. Religiosidad entendida como feeling, sentimiento. No existe ningún interés por la formación religiosa ni por la profundización en la fe o en los fundamentos propios de la religión. Las creencias que se admiten son epidérmicas y no exigen una adhesión comprometedora a ninguna religión en concreto.

3. Religión fácil. Es una religiosidad basada en una intensa vida social, en vistas a satisfacer el sentimiento religioso propio de todos los hombres.

Por otra parte, el Credo del New Age es ambiguo y busca la satisfacción de todos los gustos y medias espirituales a elegir. Evidentemente, posee ´´dogmas´´ o directrices adoctrinales, aunque no se sostienen como tales, y son éstos los que fundamentan su Credo:

1. Rechazo radical de la filosofía y la religión de la ´´Old Age´´, Era Antigua. Esto significa una oposición frontal frente a la civilización judeocristiana. Promueve las religiones paganas (ritos celtas, mitología germánica...).

2. Se enfrenta al dualismo creado por Occidente denominado ´´Dios y hombre´´, considerando que la humanidad es una, la naturaleza y la humanidad son una sola realidad, el Universo y Dios son uno.

3. Propone el libre examen de la percepción de la realidad, donde cada uno interpreta como quiere las religiones y la realidad existencial que las rodea, frente al dogmatismo religioso de las religiones tradicionales.

4. Predica la Era del Acuario, que teóricamente nos traerá una era de armonía y paz cósmica a lo largo del Tercer Milenio. Nacerá así una nueva religión, bajo la llegada de un Cristo Aquarius liberador.

Frente a este Credo, nos encontramos con otra realidad, y es el hecho palpable de la expansión vertiginosa del New Age por todo el globo terrestre: múltiples seminarios, un sin fin de cursos, revistas y librerías. Concretamente se han creado unos 50.000 centros y librerías New Age que, con imágenes y rótulos diversos, se reproducen por doquier, comercializando todo tipo de objetos, plantas, curiosidades diversas. Existen actualmente más de 100.000 libros publicados sobre cualquier tema que desarrolle el pensamiento newager, como si se tratara de un apostolado escrito. Además de poseer numerosos supermercados y farmacias especializados en alimentos newagers (alimentos ecológicos, vegetarianos, de relajación...) y medicina alternativa.

Conclusión

He realizado una explicación breve de la Era de Acuario, del New Age. Debido al factor tiempo no ha sido una explicación completa ni exhaustiva. Esto podría hacerse en un Seminario sobre esta temática. Sí que hay abundante bibliografía. Precisamente en una colección que dirige Mons. González se publicará un trabajo mío sobre el New Age y su relación actual con el cristianismo.

A lo largo de esta conferencia hemos caminado por el sendero de la Nueva Era. Conocemos las ideas básicas de la espiritualidad del New Age, cuáles son sus características fundamentales y cómo se manifiesta al hombre y mujer del siglo XXI. Pero me surge una pregunta que me inquieta: ¿cómo podemos vivir nuestra religión católica ante el influjo irremediable de este nuevo movimiento sincrético, esotérico y ocultista?

Por una parte, conviene reconocer que la Era del Acuario nos propone una visión ambigua del mundo en lo espiritual y en lo religioso. Intrínsecamente, es una respuesta a las preguntas y a la sed de trascendencia del hombre actual. Pero el agua que presenta el New Age es un agua no potable, contaminada de lo pagano, lo gnóstico y lo sincrético.

Por otra parte, Juan Pablo II insiste en una nueva evangelización que supere al New Age, y también a todos los nuevos movimientos religiosos denominados ´´sectas´´.

Urge defender la fe frente a estas nuevas concepciones descristianizadoras. Considero que tal defensa consiste en efectuar un refuerzo de la identidad cristiana, ligar de nuevo la relación auténtica entre fe y obras (praxis), fe y vida cristiana, y una conciencia vital de aquello a lo que oramos y en lo que cristianamente creemos. Potenciar nuestras creencias cristianas básicamente desde la reflexión del Credo de nuestra fe católica, completada a través de una catequesis profunda y desde la vivencia de la fe personal, que logre adentrar a todo creyente en la auténtica senda del itinerarium Dei. La catequesis está destinada a llevar a cabo esta función evangelizadora, frente al mundo actual, necesitado de dar respuesta a cuestiones inquietantes de la existencia humana.

En este sentido, Francesc Torralba afirma: ´´Hay un redescubrimiento de la dimensión invisible del ser humano, de la interioritas agustiniana. (...) Después del eclipse de Dios que ha caracterizado el siglo XX, el hombre contemporáneo parece abrirse, desde múltiples perspectivas, al Reino del Espíritu, a la esfera de lo sagrado, pero le faltan pedagogos, maestros espirituales´´.

Y podemos añadir: Tales pedagogos o maestros espirituales los encontramos en Edith Stein, John Henry Newman, Teresa de Lisieux, von Balthasar, Henry de Lubac, Teresa de Calcuta... y tantos otros. Estos pensadores y testimonios cristianos del siglo XX nos ofrecen su peculiar espiritualidad, madurada tras la experiencia personal con el Dios-Amor, y tras los duros golpes de la vida. Nos presentan una catequesis desde la vivencia coherente de la fe, llevada incluso hasta el extremo de dar la vida heroicamente, como Edith Stein al morir en la cámara de gas de Auschwitz en 1942. Urge una nueva proclamación entusiasta y con convicción clara del Evangelio, sin miedos, escuchando constantemente en nuestro interior el mensaje esperanzador del Papa Wojtyla: ´´Abrir las puertas de vuestros corazones a Cristo´´.

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