por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Cuando sintió sus primeros dolores de parto, nos fuimos apresuradamente al hospital con la ilusión de que el bebé estaría pronto en nuestros brazos. Sin embargo, el parto de Kimberly fue difícil desde el principio.
Las horas se prolongaron, horas de duro parto, y el dolor de Kimberly se hizo cada vez más intenso.
Tras treinta horas de parto, el médico observó poco progreso y recomendó hacer una cesárea.
No era así como nos habría gustado que fueran las cosas, pero nos dábamos cuenta de que la elección no estaba en nuestras manos.
Exhausto, vi cómo las enfermeras ponían a Kimberly en una camilla y la llevaban a otra habitación. Iba a su lado, cogiéndola de la mano, rezando con ella.
Cuando llegamos a la sala de operaciones, las enfermeras levantaron a Kimberly de nuevo y la pusieron en una mesa; allí la sujetaron y la sedaron.
Kimberly estaba congelada, tiritando y con mucho miedo.
Permanecí junto a mi esposa; su cuerpo estaba atado, puesto en forma de cruz sobre la mesa y rajado para traer una nueva vida al mundo.
Nada de lo que me había enseñado mi padre sobre los detalles de reproducción, nada de lo que había aprendido en las clases de biología del Instituto podría haberme preparado para ese momento.
Los médicos me dejaron quedarme a ver la operación...
Entonces, llegó el momento en que de entre aquellos órganos, con unos pocos movimientos cuidadosos de las manos del médico, apareció el hermoso cuerpo de mi hijo, mi primer hijo, Michael.
Pero fue el cuerpo de Kimberly lo que se convirtió en algo más hermoso para mí.
Ensangrentado, con cicatrices, y retorcido de dolor, se convirtió en algo sagrado, un templo vivo, un sagrario, un altar de sacrificio que daba vida7.
Su esposa Kimberly nos dice en su libro “El amor que da vida”:
Hasta ahora he tenido siete cesáreas y cuatro legrados para detener la hemorragia después de los partos o de abortos espontáneos.
Me han cortado de arriba abajo y de lado a lado. La cicatriz parece un ancla.
Scott dice que son heridas sufridas por Cristo ¡Así probablemente las tendré en mi cuerpo glorioso!
El número de cesáreas que he tenido no han hecho todavía imposible tener más bebés, porque el médico es capaz de abrir tejido cicatrizado.
¡El récord de cesáreas está en catorce en Texas!
Además, los sufrimientos físicos no acaban con el parto.
La lactancia, a pesar de lo maravilloso que es, tiene sus propias molestias...
¿Impresiona leer esto? No lo cuento para desanimar a nadie.
De hecho, quiero demostrar cómo a través del acto conyugal, elegimos ser un sacrificio vivo…
Antes de tener mi cuarto parto por cesárea, una enfermera me sugirió:
“Deberías ligarte las trompas, aprovechando que el médico te va a abrir”.
Rápidamente respondí: “No me toquen. Me encantaría volver aquí y tener otro hijo, aunque implique otra cesárea”.
Mientras me llevaban al quirófano, oí que la enfermera les decía sus compañeras: “Lleva cuatro cesáreas y quiere volver a tener otra”.
No se lo podían creer; no porque no hubieran visto una mujer con cinco cesáreas, sino porque yo quería que ocurriese a sabiendas del sacrificio que suponía8.
Vale la pena hacer cualquier sacrificio por los hijos, que serán el apoyo y el consuelo de los padres en su ancianidad.
Además, como dice la Biblia, los hijos son un regalo de Dios.
7 Hahn Scott, Lo primero es el amor, Ed. Rialp, Madrid, 2006, pp. 25-27.
8 Hahn Kimberly, El amor que da vida, Ed. Rialp, Madrid, 2006, pp. 140-142.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Hoy día son muchas las parejas de esposos que sólo quieren tener un hijo o máximo dos.
Muchos esposos ven a los hijos como un estorbo para sus diversiones y comodidades.
Con frecuencia, deciden tenerlos después de algunos años de matrimonio.
Eso quiere decir que usan anticonceptivos, incluso abortivos, sin problemas de conciencia.
Pero la realidad es que, cuando se usan anticonceptivos abortivos, se está matando la vida de un ser humano y el amor de los esposos se va apagando más y más.
Los mismos esposos se están fabricando así la tumba de su amor.
Por ese camino, fácilmente se pueden pronosticar problemas insolubles y, al final, el divorcio, con el consiguiente sufrimiento para ambos y, sobre todo, para los hijos que hayan podido tener.
Los hijos no son un estorbo, aunque sean enfermos.
Cada ser humano es un regalo maravilloso de Dios, aunque suponga muchos sacrificios para educarlo y atenderlo, especialmente si es enfermo.
¡Cuántos matrimonios dejan morir a sus hijos recién nacidos, cuando se dan cuenta de que estarán enfermos de por vida!
¿Lo hacen para que el niño no sufra o para evitarse sufrimientos?
¡Cuántas madres se hacen la prueba del líquido amniótico a ver si el niño está sano, para que, en caso de que le digan que puede nacer enfermo, lo pueda abortar!
¿Dónde está la fe y el amor para ese hijo?
Cuando falta Dios en la vida de un matrimonio, todo es posible; el aborto se ve sólo como una interrupción del embarazo, como si fuera un trozo de carne sin valor.
Otros esposos planean el tener sus hijos, como si se tratara de comprar un coche o una casa. Se pesan los pros y los contras, como si estuvieran rellenando la hoja de un balance de empresa.
Si el balance es positivo, es el momento de tener el hijo; si no, debe esperar. ¿Y dónde está la fe para confiar en Dios?
¿Y si Dios en su plan divino quiere que tengan seis hijos, van a decirle que eso es imposible?
¿Acaso Dios no es poderoso para ayudarlos y sacarlos adelante?
Dice la Biblia: Dios proveerá (Fil 4, 19). ¿Lo creemos?
Veamos lo que nos dice Scott Hahn, un pastor presbiteriano, convertido al catolicismo, que ha escrito el testimonio de su conversión en su libro: Roma, dulce hogar.
Me casé con Kimberly Kick el 8 de agosto de 1979. Creamos nuestro hogar y disfrutamos del placer y la alegría de la unión de un hombre y una mujer.
Sin embargo, no fue en el éxtasis de nuestra unión corporal, cuando vislumbré por vez primera que una familia manifiesta del modo más vívido la vida de Dios.
Empecé a comprenderlo, cuando Kimberly estaba embarazada de nueve meses y medio de nuestro primer hijo.
Su cuerpo había ido tomando nuevas proporciones y me di cuenta más que nunca de que su carne no había sido creada exclusivamente para mi deleite.
Lo que yo había disfrutado como algo hermoso se estaba convirtiendo ahora en un medio para un fin más grande.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Los hombres deben entender que la mayor necesidad de una mujer es el amor. Que hay que ganársela con detalles de cariño. Y, entonces, ella se sentirá feliz de hacerlo feliz. Ciertamente que puede haber otros factores.
Hay esposas para quienes el sexo no es ninguna necesidad o prioridad. Algunas esposas no querrían tener relaciones, sino muy de vez en cuando. Dejarían pasar semanas y quizás meses.
Por eso, la excusa más común es decir: estoy cansada, me duele la cabeza, mejor para otro día...
Y, si la esposa deja pasar los días sin querer estar con su esposo, está rompiendo la voluntad de Dios. Por otra parte, si el esposo deja pasar mucho tiempo sin pedirlo, algo puede andar mal.
Es bueno que ella pida. Porque la solicitación sexual debe ser mutua. El sentirse buscado y deseado es fuente de seguridad y aumenta el cariño y la entrega, evitando la rutina.
En algunas ocasiones especiales, es bueno prepararse con tiempo: bañarse, un poco de perfume y muchas caricias para satisfacción de ambos. Que no exista el miedo a tener un hijo más.
En esto sean generosos con Dios. Que no usen anticonceptivos, que son como trampas. A Dios no le gustan las trampas, hay que jugar limpio.
Si viene otro hijo, aceptarlo como venido de Dios. Sean generosos con Dios. Y Dios bendecirá su hogar. Dios quiere entrega mutua y total sin miedos, rencores ni condiciones.
Por eso, el mismo Dios dice claramente:
Que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer, de igual modo, a su marido. El cuerpo de la esposa no le pertenece, le pertenece al esposo. El cuerpo del esposo no le pertenece, le pertenece a su esposa.
No se nieguen el derecho del uno al otro, sino por breve tiempo para dedicarse a la oración y, después, vuelvan estar juntos para que Satanás no les tiente por su incontinencia…
En cuanto a los casados, les ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido y, en caso de separarse, que no vuelva a casarse o que se reconcilie con el marido y que el marido no despida a su mujer (1 Co 7, 3-5.10-11).
De esta manera, el mismo Dios habla de la necesidad de entregarse mutuamente. Y, al no hacerlo sin causa razonable, estamos yendo en contra de la voluntad de Dios.
La esposa o el esposo jamás deberá hacer una promesa o juramento de guardar continencia, mientras vive con el cónyuge en la misma casa.
Eso sería una contradicción al juramento que hicieron el día del matrimonio. Y, si uno se niega de por vida, por no saber perdonar al otro su infidelidad, igualmente está yendo contra la voluntad de Dios.
Otra cosa es, cuando el esposo no quiere dejar de ser infiel. En este caso, la esposa tiene derecho a negarse.
Si el esposo va a buscar prostitutas, también podría negarse, porque podría traerle enfermedades. Pero, hablando normalmente, el sexo es importante para afianzar el amor mutuo.
El acto sexual de los esposos es un acto sagrado que puede unirlos más a Dios, porque es algo querido por Dios con tal de que se realice por amor y con amor a su cónyuge.
De ahí que también el acto sexual debe estar abierto a la vida.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Un punto importante en la vida matrimonial es la relación sexual.
Para el hombre es muy importante la vida sexual y no encuentra explicaciones convincentes de por qué a su esposa le gusta tan poco (hablando en general).
Con cierta frecuencia, ocurren situaciones que llevan a la pareja a momentos de tensión por falta de comprensión.
Imaginemos que el esposo llega a casa y la esposa, que ha vivido alguna situación difícil, quiere contársela y desea que él le demuestre físicamente su afecto.
El esposo puede pensar que lo que ella está buscando es una relación sexual, pero lo que ella realmente busca es ser escuchada y estar en sus brazos, recibiendo sus caricias y su comprensión para sentirse querida y apoyada en esos momentos.
Quizás después de haber recibido esas muestras de cariño, ella pueda acceder a tener una relación sexual, si el esposo lo desea.
Hay que recordar que para la mujer el sexo viene después.
Si ha habido caricias previas y demostraciones de ternura, ella estará predispuesta a llegar hasta la máxima expresión de cariño en el acto sexual.
Para ella, el sexo sin ternura es algo mecánico que sólo satisface las necesidades fisiológicas, pero ella quiere satisfacer sus necesidades afectivas.
De otro modo, se sentirá usada como un objeto y rehuirá la relación sexual, porque no siente o siente muy poca satisfacción personal.
Tampoco hay que olvidar que el hombre también necesita del cariño y de las caricias de la esposa para sentirse bien.
No se puede decir que el hombre es pura razón y que es frío por naturaleza.
También necesita amor y la esposa debe estar siempre dispuesta a dárselo para que se sienta aceptado y querido tal como es, a pesar de las dificultades del trabajo o de la vida diaria.
Recuerdo cuando asistía a los retiros de Encuentros matrimoniales y se tocaba este punto.
Todos los hombres decían que, cuando la esposa les decía que no, sin motivos razonables, se sentían humillados. Y, si esto se repetía muchas veces, ¿cómo podrían sentirse?
Algunas esposas tienen un sentido tan materialista de la vida que aprovechan para negarse, mientras el esposo no les dé gusto en tal o cual cosa.
Es como un castigo o chantaje. Y eso crea malos antecedentes, pues el esposo podría rechazarla definitivamente y buscar cariño en otra parte. En esto no puede haber chantajes.
Es cierto que muchos hombres son bruscos y poco delicados, pero esto hay que hablarlo para que la relación sexual sea un momento de felicidad mutua, que fortalezca el amor y no lo disminuya.
Si el esposo la trata mal durante el día, ¿qué podría sentir ella por la noche?, ¡rechazo!
Muchas mujeres se vuelven frígidas y rechazan tener relaciones por la poca consideración del esposo, pues se sienten usadas. Y eso no lo pueden aceptar.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
¡Qué hermoso en cambio, es el testimonio de fidelidad de Penélope, la esposa de Ulises, tal como se narra en la Odisea!
Penélope es un ejemplo de esposa fiel para todas las generaciones. Habían pasado veinte años desde que Ulises había salido de la isla de Itaca donde vivían.
Primero, había participado en la guerra de Troya y, después, se había extraviado en el camino de vuelta, errando sin norte por los mares.
Mientras tanto, en esos veinte años, Penélope era acosada por muchos pretendientes; muchos de ellos ricos e importantes.
Muchos querían casarse con ella y la asediaban continuamente sin dejarla tranquila. Tan apremiada estaba que llegó a prometerle a uno que se casaría con él, cuando terminase la labor que tenía entre manos.
Durante el día, la veían tejiendo con diligencia su paño, pero durante la noche, ella misma deshacía cuanto había hecho durante la jornada.
Un día llegó la noticia de que había regresado su esposo Ulises. Ella no se lo cree y piensa que algún impostor quiere engañarla para suplantar a su esposo.
Habían pasado veinte años y Ulises estaba cambiado. Ya no era el jovencito hermoso que ella había conocido y duda de que sea Ulises, su esposo.
Hasta que él le relata un secreto que nadie podía saber sino él.
En ese momento, Penélope estalla en llanto; lo abraza, lo besa y le dice:
Perdóname, por no haberte creído desde el primer momento.
Mi pobre corazón se estremecía de horror al pensar que podía venir alguien y engañarme con falsas palabras. ¡Son tantos los malvados que querían engañarme!
El rey Agamenón la ensalzó, diciendo de ella:
Oh mujer, rica en virtudes sublimes, seguías pensando continuamente en Ulises, el esposo de tu juventud. La gloria de tu fidelidad no pasará jamás.
Y, ciertamente, su ejemplo es un testimonio de fidelidad para todas las esposas de todos los tiempos6.
¡Qué hermoso es también el caso de Rut la moabita, que sigue fielmente a su suegra hasta la muerte, para cuidarla y acompañarla!
Según el texto sagrado, Ruth le dice a su suegra Noemí:
No me pidas que te deje y que me separe de ti.
A donde tú vayas iré yo y, donde vivas, yo viviré.
Tu gente será mi gente y tu Dios será mi Dios.
La tierra que, muerta, te reciba en su seno, será la tierra donde yo muera y donde se abrirá mi sepultura.
Que el Señor así me lo otorgue y escuche mis votos; que sólo la muerte me separe de ti. (Rut 1, 16-18)
Es muy hermoso ver parejas de ancianos, tomados de la mano que dicen convencidos: Si mil veces naciera, la(o) escogería de nuevo. Ancianos que, a pesar de los pesares, siguen apoyándose y se sienten orgullosos de sus hijos, aunque estén lejos. Y ¿cuál es la clave?
Darlo todo. Como la viuda pobre del Evangelio, que dio todo lo que tenía para vivir. Esa es la clave de la felicidad en el matrimonio:
Cada uno debe darlo todo sin reservarse nada, sin esconder nada.
Así por la noche, cuando vayan a descansar, podrán mirarse a la cara y decirse:
Eres lo más hermoso del mundo para mí. Mi vida es tuya. Tú eres el amor de mi vida y la reina(o el rey) de mi corazón.
Yo admiro a las esposas que llevan de paseo a sus esposos en silla de ruedas. Acompañan con cariño al esposo que quedó ciego o paralítico.
O cuando ayudan y cuidan de su hija enferma durante años…
Estos esposos fieles, unidos y felices, son flores del jardín de la vida que nos entusiasman y nos dan aire puro para seguir viviendo con amor, a pesar de las dificultades de cada día.
Porque estos ejemplos de entrega y fidelidad hacen el mundo más puro, más alegre y más humano.
6 Toth Tihamer, Matrimonio Cristiano, Ed. Poblet, Madrid, 1942, pp. 85-86
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La fidelidad es una virtud que todo casado debe desear y debe pedir a Dios insistentemente todos los días de su vida. Es una gracia y un regalo de Dios, pero hay que pedirlo sin descanso.
En el mundo en que vivimos, son muchas las tentaciones que acechan por todas partes. Por ello, hay que poner los medios personales convenientes para alejarse de la tentación, es decir, de ciertos lugares o personas que pueden ser peligrosos.
La fidelidad no es algo añadido al matrimonio, sino su consecuencia natural. Sin embargo, ¡cuánto sufrimiento empaña la vida de las parejas a causa de la infidelidad de uno de los dos!
Hay un cuento, que habla de cierto lugar de la India en que vivía una pareja de novios, Lelia y Rama, separados por un río.
Un día, el novio se enfermó gravemente y la novia quiso ir a cuidarlo. Pero el río había crecido mucho y no podía vadearlo. Entonces, le pidió al barquero que le hiciera pasar.
Como no tenía dinero, el barquero le dijo que, si estaba con él íntimamente, podía pasarla gratis. Ella lo pensó y aceptó, porque el pensamiento de poder pasar y cuidar a su novio era lo más importante para ella en ese momento.
Quiso hacer aquel sacrificio por amor a él. Cuando llegó a la casa del novio, alguien ya se lo había comunicado. Y el novio, con rabia, le dijo:
Márchate de mi casa, no quiero verte nunca más. Has manchado nuestro amor con tu deshonra.
Ahora, pensemos en la mujer samaritana del Evangelio. Era una mujer con un gran deseo de ser feliz. Hoy diríamos que conocía bien sus derechos y no se dejaba mandar por su esposo.
Era una mujer temperamental y, por eso, siempre descubría defectos en cada marido. Tuvo seis y el último no era suyo. Parece que se lo había quitado a otra con sus dotes femeninas.
Jesús le dice: Cinco maridos has tenido y el que ahora tienes, no es tu marido (Jn 4, 18).
Pero con tantos cambios de marido no era feliz, no había encontrado al esposo perfecto. Por eso, cuando encuentra a Jesús, le pide:
Dame de esa agua para que no tenga sed ni tenga que venir aquí a buscarla (Jn 4, 15).
Ella buscaba, sobre todo, el agua de la felicidad, y su encuentro con Jesús cambió su vida, convirtiéndose en evangelizadora entre sus paisanos.
Les dice: Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será el Mesías?... Y muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer…
Y le decían a la mujer: Ya no creemos por tus palabras, pues nosotros mismos hemos oído y conocido que Él es verdaderamente el Salvador del mundo (Jn 4, 29.41). Cuando encontró a Jesús en su vida, comenzó a ser feliz.
Otro caso es el de la mujer adúltera. Era una buena mujer, trabajadora y preocupada por atender a sus hijos. Pero era débil y se enamora de otro hombre, porque su esposo parece que ya no la trataba como merecía. Y Jesús aparece en su vida.
Los fariseos y escribas se la presentaron para preguntarle qué debían hacer, porque la ley de Moisés mandaba apedrear a las adúlteras.
Ella estaba arrepentida y se sentía avergonzada delante de todos. Pero ya no había remedio. Ya no había vuelta atrás. Y Jesús la defiende y dice a sus acusadores:
El que esté sin pecado que tire la primera piedra (Jn 8, 7). Y, comenzando por los más ancianos, se retiraron uno a uno.
Probablemente, ellos eran más pecadores que ella y tuvieron miedo de enfrentarse a Jesús. Pero Jesús no la justificó. No le dijo: Pobrecita, tu esposo no te quiere y te maltrata. Bueno, de vez en cuando, puedes darte un paseo con tu vecino sin que nadie se entere. No.
Jesús le dice: ¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno, pero vete y no peques más. Jesús reconoce que ha pecado y, por eso, le dice: Vete y no peques más.
Jesús no la justifica ni le dice: Sepárate y vete con el vecino. No. Esas son soluciones humanas, cuando falta fe y compromiso.
El matrimonio es para toda la vida y el Sí que se dio ante Dios, es para toda la vida.