por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Cristiandad.org
El tema de la Cruz invertida es algo poco conocido entre los creyentes, se han hecho burlas y blasfemias varias; pero la realidad es otra.
San Pedro murió crucificado. El no se consideraba digno de morir en la forma de su Señor y por eso lo crucificaron con la cabeza hacia abajo.
La cruz invertida no es simbolo diabólico ni del anticristo, es símbolo de la pasión de un gran apostol.
Muerte de San Pedro y San Pablo
Los dos apóstoles se enfrentaron a Simón el Mago por los engaños que este último hacia a la gente, y tras un milagro que no da ahora lugar para relatar, quedó Simón tan avergonzado que tuvo que esconderse por un año antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.
A pesar de lo que había pasado, posteriormente Simón volvió a Roma y reanudó la amistad que desde antes tenía con Nerón. Dice san León que el mago, después de su regreso, convocó al pueblo y dijo:
- Los galileos me han ultrajado gravemente. He decidido abandonar definitivamente esta ciudad en la que tantos favores os he hecho. No quiero seguir viviendo en la tierra. Oportunamente os comunicaré la fecha de mi ascensión al cielo.
Algunos días después convocó nuevamente al público para que cuantos lo deseasen fuesen testigos de su viaje a la gloria, y coronado de laurel subió, según algunos, a una torre muy alta, y según la versión de San Lino, al Capitolio, y desde la altura se lanzó al espacio y empezó a volar. Al ver aquello, Pablo dijo a Pedro:
- A mi me corresponde orar, y a ti dar las órdenes debidas.
Nerón, que se hallaba presente, dirigiéndose a los apóstoles, hizo este comentario:
- Este hombre es sincero; vosotros sois los embaucadores.
Entonces Pedro dijo a Pablo, que estaba orando:
- Pablo, levanta la cabeza y fíjate.
Levantó Pablo la cabeza y al ver que Simón seguía volando, dijo a Pedro:
- Pedro ¿qué esperas? Acaba la obra que comenzaste, que ya nos llama el Señor.
Pedro inmediatamente exclamó:
- ¡Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire! ¡Yo os mando que no lo sostengáis más y que lo dejéis solo para que caiga y se estrelle!
En aquel preciso momento los demonios que lo sostenían, y llevaban volando por el aire, retiráronle su apoyo y Simón desde lo alto cayó al suelo, y al chocar contra él se rompió la cabeza y quedó muerto.
Entonces Nerón, lleno de dolor por el final trágico de aquel hombre, se encaró con los apóstoles y les dijo:
- No puedo fiarme de vosotros. Os daré un castigo conveniente para que os sirva de escarmiento.
Nerón cumplió su amenaza. Detuvo a Pedro y a Pablo y encargó su vigilancia a un ilustre romano llamado Paulino, el cual, a su vez, mandó a Mamertino que los llevara a la cárcel. Mamertino encerró a los dos apóstoles en un calabozo y confió la custodia de los dos presos a dos solados cuyos nombres eran Proceso y Martiniano, que, convertidos en seguida a la fe por San Pedro, abrieron las puertas de la prisión y dejaron en libertad a ambos prisioneros. Este hecho costó la vida a Proceso y Martiniano, pues Paulino, cuando Pedro y Pablo fueron martirizados, juzgó a ambos soldados y, al descubrir que eran cristianos, dio cuenta de ello a Nerón y mandó que fuesen inmediatamente decapitados.
Cuando Pedro salió de la cárcel, sus hermanos en la fe rogaron que huyera de la ciudad, y, aunque él al principio se resistió a hacerlo, finalmente convencido por ellos se dispuso a salir de Roma, y al llegar a una de las puertas de la muralla situada en el lugar que actualmente lleva el nombre de Santa María "ad passus", según San Lino y San León, vio a Cristo que venía hacia él. Pedro, al verlo, le dijo:
- Domine, quo vadis? O sea, Señor, ¿adónde vas?
- A Roma, para que me crucifiquen de nuevo.
- ¿Para que te crucifiquen de nuevo? – preguntó Pedro.
- Sí – contestó el Señor.
Entonces Pedro exclamó:
- En ese caso me vuelvo para que me crucifiquen también a mí contigo.
En aquel preciso momento el Señor subió al cielo ante la mirada atónita de san pedro que comenzó a llorar de emoción, porque repentinamente se dio cuenta de que la crucifixión de que Cristo había hablado era la que a él le aguardaba, es decir, la que el Señor iba nuevamente a padecer a través de su propia crucifixión. Inmediatamente volvió sobre sus pasos, se internó en la ciudad y refirió a los hermanos la visión que había tenido. Poco después, los soldados de Nerón lo detuvieron, y en calidad de prisionero lo condujeron a la presencia del prefecto Agripa. Según el relato de san Lino, la cara del apóstol, al comparecer ante el juez, brillaba como el sol.
Agripa al verle, le dijo:
- ¡De manera que tú eres ese sujeto que en determinadas reuniones con la plebe se da tanta importancia...! Tengo entendido que aprovechas tu influencia sobre las mujeres que te siguen para inculcarles que no se acuesten con sus maridos.
Pedro, encarándose con el prefecto, le respondió:
- Yo no me doy importancia ni presumo de nada ni de nada me glorío; pero sí te hago saber que lo único que de verdad me importa es ser fiel discípulo de mi Señor Jesucristo, el Crucificado.
Agripa condenó a Pedro a morir en una cruz; podía legalmente aplicársele este tormento, porque era forastero; en cambio, a Pablo, como era ciudadano romano y no podía según las leyes ser castigado con este procedimiento, lo condenó a muerte por el sistema de decapitación.
Dionisio, en carta escrita a Timoteo con motivo de la muerte de Pablo, habla de la condena recaída sobre uno y otro apóstol, y se expresa de esta manera: "¡Oh, hermano mío Timoteo! Si hubieses sido testigo de los últimos momentos de estos mártires, hubieras desfallecido de tristeza y de dolor. ¿Cómo oír sin llorar la publicación de aquellas sentencias en las que se decretaba la muerte de Pedro por crucifixión y la de Pablo por degollación? ¡Si hubieses visto como los gentiles y los judíos los maltrataban y lanzaban salivazos sobre sus rostros! Cuando llegó el momento en que deberían separarse para ser conducidos al lugar en que cada uno de ellos había de ser ejecutado, ¡momento verdaderamente terrible!, aquellas dos columnas del mundo fueron maniatadas entre los gemidos y sollozos de los hermanos que estábamos presentes. Entonces dijo Pablo a Pedro: "La paz sea contigo, ¡oh fundamento de todas las Iglesias y pastor universal de las ovejas y corderos de Cristo!". Pedro por su parte respondió a Pablo: "¡Que la paz te acompañe también a ti, predicador de las buenas costumbres, mediador de los justos y conductor de sus almas por los caminos de la salvación!". Una vez que separaron al uno del otro, pues no los mataron en el mismo sitio, yo seguí a mi maestro". Hasta aquí el relato de Dionisio.
León y Marcelo refieren que en el momento en que Pedro iba a ser crucificado, el apóstol dijo: "Cuando crucificaron a mi Señor, pusieron su cuerpo sobre la cruz en posición natural, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, en esto sus verdugos procedieron acertadamente, porque mi Señor descendió desde el cielo a la tierra; a mí, en cambio, debéis ponerme de manera distinta: con la cabeza abajo y los pies arriba; porque además de que no soy digno de ser crucificado del mismo modo que Él lo fue, yo, que he recibido la gracia de su llamada, voy a subir desde la tierra hasta el cielo; os ruego por tanto que, clavar mis miembros a la cruz, lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero. Los verdugos tuvieron a bien acceder a este deseo y, en consecuencia, colocaron el cuerpo del santo sobre la cruz de manera que sus pies pudiesen ser clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior, y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo".
El público que asistió a este espectáculo, en un momento dado comenzó a amotinarse, a proferir gritos contra Nerón y contra el prefecto, a pedir la muerte de ambos y a intentar la liberación de Pedro; pero éste les suplicó que no impidiesen la consumación de su martirio. Según los relatos de Hegesipo y de Lino, el Señor premió a cuantos llorando de compasión presenciaron la escena terrible, abriendo sus ojos y permitiendo que vieran a Pedro, ya crucificado, rodado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas y de lirios y a Cristo colocado a la vera del mártir mostrando al apóstol un libro abierto. Hegesipo dice que Pedro al ver junto a sí el libro que Cristo le mostraba, comenzó a leer en voz alta, para que todos lo oyeran, lo que estaba escrito en él, y que lo que leyó fue lo siguiente:
"Señor, yo he deseado imitarte; pero no me he considerado digno de ser crucificado en la posición en que a ti te crucificaron; porque tú siempre fuiste recto, excelso, elevado; nosotros, en cambio, somos hijos de aquel primer hombre que hundió su cabeza en la tierra; por eso, ya en nuestra manera de nacer representamos la caída de nuestro primer padre, puesto que nacemos inclinados hacia el suelo, tendiendo a derramarnos sobre él y con una naturaleza de condiciones tan cambiadas y tan propensa a incurrir en errores, que frecuentemente lo que juzgamos correcto en realidad no lo es. Tú, Señor, para mí significas todas las cosas; lo eres todo para mí; fuera de ti, no quiero nada. Mientras viva y sea capaz de razonar y pueda hablar, te diré siempre y con toda mi alma: ¡Gracias, mi Dios!".
De la oración que acabamos de transcribir se deduce que fueron dos los motivos por los que este santo apóstol no quiso ser crucificado en la posición normal, en que lo fue Cristo.
Tras la visión que hemos referido, considerando san Pedro que los fieles que asistían a su martirio habían sido testigos de aquella glorificadora escena, dio gracias a Dios, encomendó a su misericordia a los creyentes y expiró. Sus discípulos Marcelo y Apuleyo desenclavaron su cuerpo, lo ungieron con variados aromas, y lo sepultaron.
San Pablo por su parte empezó a caminar con sus verdugos cuando se encontró con Plantila, que era una de sus discípulas. Dionisio dice que esta cristiana se llamaba Lemobia. Lemobia o Plantila – probablemente esta mujer tenía dos nombres – comenzó entre sollozos a encomendarse a las oraciones del apóstol, quien tratando de tranquilizarla le dijo:
- Plantila, hija de la salvación eterna: dame el velo con que cubres tu cabeza; con él quiero vendarme los ojos; más adelante te lo devolveré.
Mientras se lo daba, los verdugos, riéndose, dijeron a Plantila:
- ¡Qué tonta eres! ¿Cómo te fías de este mago impostor y le das esa tela tan preciosa que vale sin duda su buena cantidad de dinero? ¿Crees que la vas a recuperar? Ya puedes darla por perdida.
Llegados al sitio en que Pablo iba a ser decapitado, el santo apóstol se volvió hacia oriente, elevó sus manos al cielo y llorando de emoción oró en su propio idioma y dio gracias a Dios durante un largo rato; luego se despidió de los cristianos que estaban presentes, se arrodilló con ambas rodillas en el suelo, se vendó los ojos con el velo que Plantila le había dado, colocó su cuello sobre el tajo, e inmediatamente, en esta postura, fue decapitado; mas, en el mismo instante en que su cabeza salía despedida del tronco, su boca, con voz enteramente clara, pronunció esta invocación tantas veces repetida dulcemente por él a lo largo de su vida: "¡Jesucristo!".
En cuanto el hacha cayó sobre el cuello del mártir, de la herida brotó primeramente un abundante chorro de leche que fue a estrellarse contra las ropas del verdugo; luego comenzó a fluir sangre y a impregnarse el ambiente de un olor muy agradable que emanaba del cuerpo del mártir y, mientras tanto, en el aire brilló una luz intensísima.
Sobre la muerte de San Pablo, Dionisio, en la carta a que nos hemos referido anteriormente, escribió a Timoteo lo siguiente: "En aquella tristísima hora, oh mi querido hermano, dijo el verdugo a Pablo: "Prepara tu cuello". Entonces el santo apóstol miró al cielo, hizo la señal de la cruz sobre su frente y sobre su pecho, y exclamó: "¡Oh Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!".
Dicho esto, serenamente, con naturalidad, estiró su cuello y, al descargar el verdugo el hachazo con que le amputó la cabeza, recibió la corona del martirio; pero, en el mismo instante en que recibió el golpe mortal, el santísimo mártir desplegó un velo, recogió en él parte de la sangre que brotó de su herida, plegó de nuevo la tela, la anudó y se la entregó a Lemobia".
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Por Martin Zavala M.P.D.
Boletín N° 24 ¡Ser discípulos!, Aprende a defender tu Fe.
Textos fuera de contexto, son un pretexto... En Mt. 23,8-10 Jesús simplemente quiso enseñar el evitarse considerar mas que los demás y el poner a Dios como el centro de nuestras vidas.
El contexto lo encontramos si seguimos leyendo el mismo pasaje de la Biblia en el versículo que viene después: "Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado". (Mt 23,12)
Jesús esta queriendo enseñar que nadie por tener un oficio, puesto, título o mayor autoridad se considere mas que los demás.
¿Esta mal llamarle "Padre" al sacerdote?
Pregunta:
Sr. Martín. Quisiera que explicara algo sobre el por que le llamamos Padre al sacerdote, pues hay muchos hermanos protestantes que nos dicen que eso esta muy mal. ¿Es cierto que la Sagrada Escritura lo prohíbe? O ¿Podemos contestar algo con la Biblia?
Respuesta:
Gracias por escribirnos, pues ese tema es uno de los ataques más comunes que muchos hermanos de grupos fundamentalistas hacen al católico. El error proviene de una mala interpretación del siguiente pasaje bíblico:
“«Ustedes, en cambio, no se dejen llamar "Rabbí", porque uno solo es su Maestro; y todos ustedes son hermanos. Ni a nadie llamen " Padre " en la tierra, porque uno solo es su Padre: el del cielo. Ni tampoco se dejen llamar "Directores", porque uno solo es su Director: el Cristo.” (Mat. 23:8-10).
Algunos hermanos separados, acostumbrados a leer y entender la Biblia literalmente, sacan en conclusión que la Biblia prohibe llamarle “Padre” al sacerdote, con la consecuencia de que los católicos estamos actuando en contra de la Biblia. Recuerdo que en una ocasión un hermano dijo que él nunca le llamaba “Padre” a nadie por cumplir con la Biblia, y cuando se le preguntó que como le llamaba al que enseñaba en la escuela dijo muy orgulloso que él no le llamaba maestro; entonces como le llamas se le preguntó de nuevo y de nuevo sonriendo dijo que él cumplía con la Biblia y que por eso solo le llamaba “teacher”... pobrecito, si “teacher” es lo mismo que maestro pero en ingles.
Pues bien, profundicemos en la Palabra de Dios y veamos cual es la respuesta a esta objeción y la correcta interpretación de este pasaje conociéndola por la misma Escritura:
1.- En la Biblia si se usa la palabra “ Padre ” en Sentido biológico.
Al estudiar la Biblia un poco mas atentamente notaremos rápidamente que al contrario de los que muchos protestantes dicen, en la Biblia si se le llama “ Padre ” a un hombre primeramente mostrando su paternidad biológica. Ejemplos de esto son:
“Honra a tu Padre y a tu madre” Lc 18,20
“Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo”. Ef 6,1
“Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió...” Gen 22,7
“Ella le respondió: « Padre mío, has abierto tu boca ante Yahveh...” Juec 11,36
Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: " Padre ...” Lc 15,11-12
Como notáste, es algo muy común en la Biblia el llamar “ Padre ” en este sentido e incluso puedes notar que se usó también en el Nuevo Testamento. Avancemos un poco más.
2.- En la Biblia si se usa la palabra “ Padre ” en Sentido de amistad y cuidado.
“Se acercaron sus servidores, le hablaron y le dijeron: «Padre mío...” 2 Rey 5,13
“... él me ha hecho a mi un padre para el Faraón, y señor de toda su casa ” (Gén. 45:8).
“Era el padre de los pobres, la causa del desconocido...”. Job 29,16
Así que mis estimados hermanos protestantes, es necesario leer mas la Biblia.
3.- En la Biblia si se usa la palabra “ Padre ” en Sentido espiritual.
Tal vez alguien que no es católico diría que esta bien, que si se puede llamar “ padre ” en sentido material pero no se debería hacer en el sentido espiritual que es como se hace en el caso de los sacerdotes. Pues bien, resulta que el uso de esta palabra en este sentido también es de lo más común en la Sagrada Escritura. Veámoslo:
“Eliseo le veía y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! ...” 2 Rey 2,12
“Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí...” Lc 16,24
“Él respondió: «Hermanos y padres, presten atención”. Hech 7,2 Esto lo dijo Esteban a los ancianos y escribas judíos. Además, según la Biblia, Esteban era un “hombre lleno de fe y de Espíritu Santo...” Hech 6,5 Entonces si estaba lleno de Dios no podía equivocarse.
4.- En la Biblia los Apóstoles se consideran a si mismos como “Padres” en el Sentido espiritual.
Hay algo mas que podemos compartir. La Biblia no solamente usa la palabra “Padre” en sentido fraternal, biológico y espiritual; Sino que incluso los mismos Apóstoles se consideraron como padres espirituales. Confirmemos esto con la Biblia en la mano y note usted las palabras que ellos usaron:
a) El Apóstol Pablo dijo: “a Timoteo, hijo querido. Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús Señor nuestro. 2 Tim 1,2 Si le dijo ‘hijo’ a Timoteo es porque el mismo se consideraba como su “Padre espiritual”. Fil 2,22
b) El Apóstol Juan igualmente dice: “Hijos míos, es la última hora...” 1 Jn 2,1 Note usted como él los considera sus ‘hijos’ por lo tanto el se esta considerando su ‘Padre’.
c) El Apóstol Pedro también lo hará diciendo: “Les saluda la que está en Babilonia, elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos. 1 Pe 5,13 Para Pedro, Marcos es visto por él como su ‘hijo’.
La razón bíblica por la que Pedro, Pablo y Juan se consideraban a si mismos como “Padres espirituales” la encontramos en la Biblia:
“No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos. Pues aunque hayáis tenido 10.000 pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, los engendré en Cristo Jesús”.
1 Cor 4,14-15
Directamente aquí San Pablo afirma que él es como un “Padre” para ellos pues fue él quien los engendró en Cristo Jesús. Es exactamente lo mismo con el sacerdote que nos hace “nacer en la fe” mediante la predicación y los sacramentos. Por eso los Apóstoles sentían el deber de cuidar de ellos como se hace entre un hijo y un padre. Al llamarle nosotros “Padre” al sacerdote y él considerarnos como sus hijos, estamos cumpliendo con la Biblia. Si hay hermanos “fundamentalistas” que no quieren cumplir con la Escritura los respetamos, pero nosotros preferimos obedecer la Palabra de Dios.
5.- En Mt. 23,8-10 Jesús simplemente quiso enseñar el evitarse considerar mas que los demás y el poner a Dios como el centro de nuestras vidas.
Después de ver todas las pruebas bíblicas queda claro que nunca en la Biblia se prohibió llamarle “Padre” a una persona. Si es así entonces como debemos de entender las palabras que Jesús dijo de no llamarle a nadie Padre en la tierra.
En realidad la respuesta es fácil si seguimos leyendo el mismo pasaje de la Biblia en el versículo que viene después:
“Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”.
Mt 23,12
Eso es simplemente lo que Jesús quería enseñar. Por eso cuando las sectas olvidan o no quieren leer este versículo es que se confunden tan fácilmente. Jesús esta queriendo enseñar que nadie por tener un oficio, puesto, título o mayor autoridad se considere mas que los demás. Eso era y es muy común que pase. De allí que Jesucristo no quiere que suceda lo mismo entres sus discípulos y por eso lo dijo así de fuerte.
En realidad Jesús lo dijo así porque estaba usando una “Hipérbola” es decir, una comparación donde se “exagera” algo con el fin de dar una enseñanza. Popularmente nosotros decimos también: “te lo dije mil veces” cuando en realidad al niño solamente se lo habíamos dicho tres veces. Esa es otra hipérbola. Jesús también había dicho: “Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo”. Mc 9,45 Es obvio que es otra hipérbola mas. Yo no he sabido nunca de un protestante que ande cojo, ciego o manco.
Resumiendo entonces digamos que la verdadera enseñanza de este pasaje es que Dios es nuestro Padre, Guía y maestro principal y que al mismo tiempo por ser todos sus hijos no debemos considerarnos unos mas que los demás. Así que eso de que la Biblia prohibe llamarle padre, director o maestro a una persona es simplemente una muy mala interpretación de algunas sectas fundamentalistas que toman la Biblia al ‘pie de la letra’ y que desconocen lo que la Escritura enseña en otras partes sobre el mismo tema.
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Dios te siga bendiciendo en abundancia.
Si eres católico, no olvides que como cristianos que somos, debemos de buscar como renovar nuestra vida en Cristo(Jn 15,1-7) e impulsar nuestro apostolado para traer a mucha gente a los pies de Jesucristo(Mt 28,18-20) y no dejar esa labor a las sectas o iglesias protestantes que no poseen la plenitud de los medios de salvación.
Si eres evangélico, mormón o testigo de Jehová te invito a que conozcas en serio lo que es la fe cristiana(Ef 4,13), la BIblia(2 Tes 2,15) y la Iglesia de Cristo(Ef 5,25). Estudia la historia del cristianismo y ora para que Dios siga actuando en tu vida. Dios te ama y espera en el redil de plenitud que ha dejado: La Iglesia católica(Mt 16,18).
Yo simplemente deseo cumplir la voluntad de Dios en plenitud.(Mt 7,21-23) ¿Y usted...?
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, VE. | Fuente: IVE
¿Por qué se adora si no es Dios?.
La Cruz, ¿Maldición? ¿Idolatría?Aquellos que critican nuestras cruces, no entienden su significado, pues si lo entendieran, cuando vean la cruz de Cristo simplemente su corazón se conmovería.
La cruz es símbolo por antonomasia de la pasión de Jesucristo, que en ella sufrió muerte para redimirnos del pecado, representa al mismo Jesucristo en el acto de su inmolación.
La cruz es para nosotros símbolo de salvación, no de muerte.
La cruz, ¿maldición? ¿idolatría?
Entre los símbolos católicos uno de los que más objeciones reciben es el de la cruz; no por todos los cristianos, por cierto, pero sí en algunas sectas, en particular los Testigos de Jehová, quienes incluso niegan que Jesucristo haya muerto en una cruz, afirmando que fue en un simple madero (un palo puesto en tierra).
Varias veces he recibido consultas como éstas:
¿Por qué los cristianos adoran la cruz? ¿No caen así en idolatría?
¿Por qué se adora la cruz si no es Dios?
Hay que decir que si bien en cuanto a la materialidad, la cruz no merece culto alguno, en cambio, considerada como símbolo por antonomasia de la pasión de Jesucristo, que en ella sufrió muerte para redimirnos del pecado, representa al mismo Jesucristo en el acto de su inmolación. Por eso debe ser adorada con un acto de adoración de latría “relativa”, en cuanto imagen de Cristo y por razón del contacto que con Él tuvo. Así explica la doctrina teológica de Santo Tomás, entre otros, quien escribe sobre el tema en su Suma Teológica1.
Evidentemente el concepto clave es aquí la distinción dentro de la adoración de latría (que es la que se debe a una cosa entitativamente divina, en contraposición con la adoración o veneración de dulía, que es debida a las cosas creadas pero sobrenaturalizadas, como los santos) entre latría absoluta y latría relativa: latría absoluta es la que se da a una cosa en sí misma (por ejemplo, a Dios, a Jesucristo, etc.); latría relativa es la que se da a una cosa no por sí misma sino por la relación que guarda con la persona divina adorada (la cruz, por ejemplo).
Generalmente en las sectas no se acepta la cruz porque, se dice, es el arma que mató a Jesús.
Sin embargo, la cruz es para nosotros símbolo de salvación, no de muerte. La Sagrada Escritura enseña que para los cristianos el hablar de “la Cruz” no era algo malo o relacionado con la muerte, sino todo lo contrario. Desde el principio fue adquiriendo un significado de vida y salvación, pues ésta es la llave por la que nosotros podemos entrar al Reino. De ahí que San Pablo llegue a afirmar: Nosotros predicamos a un Cristo crucificado… fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1,23-24); y: la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan es poder de Dios (1Co 1,18); En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo (Gal 6,14).
Es por eso que cargar una cruz o crucifijo no es algo antibíblico, como lo dicen algunas sectas, sino todo lo contrario. No es símbolo de muerte, sino de salvación. Ya para el siglo V, San Juan Crisóstomo comentaba que era muy común encontrar el símbolo de la cruz por todos lados, en caminos, casas, montañas y hasta en las vajillas. Era normal, pues para ellos era un signo de salvación. Tertuliano, San Teodoro, Félix y Octaviano son algunos autores de los primeros siglos que también hablaron acerca de la veneración del todo singular que se daba a la cruz.
1 Cf. Tomás de Aquino, Suma Teológica, Tercera Parte, cuestión 25, artículo 4.
Bibliografía: Armando Rolla, Cruz-Crucifixión, en: Francesco Spadafora, Diccionario Bíblico, Ed. Litúrgica Española, Barcelona 1968, pp. 136-138; E. Saglio, Croix, en: “Dictionnaire des Antiquités”, col. 1573-1575; V. Holzmeister, Crux Domini eiusque crucifixio ex archaelogia romana illustrantur, Verbum Domini 14 (1934) 139-155; 216-220; 244-249; 257-263; M.G. Pallete, Cruz y crucifixión, en: “Estudios Eclesiásticos” 21 (1947), pp. 85-109.
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por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Por Martin Zavala M.P.D. | Fuente: defiendetufe
Boletín N° 13 ¡Ser discípulos!, Aprende a defender tu Fe.
¿Qué dia hay que guardar?¿Qué día debemos guardar?, ¿el día Sabado o el día Domingo?.
Nosotros celebramos el Día de la resurrección de Cristo, porque somos cristianos. Lo del sábado es del Antiguo Testamento.
Vayamos ahora al Nuevo Testamento y aquí encontraremos que los cristianos muy pronto empezaron a celebrar el culto de la nueva alianza, o sea la Eucaristía, en Domingo, al que también llamaban primer día de la semana. Nuevo pacto, nuevo día de celebración.
¿Qué dia hay que guardar?
Pregunta:
Estimados Sres. Me gustaría que me explicaran sobre el día que los cristianos debemos de guardar.¿Es el día Sabado o el día Domingo? Tengo amigos sabatistas que me aseguran que nosotros estamos muy mal.
Respuesta:
Estimado Manuel. Gracias por llamarnos a la oficina y por este medio damos respuesta a tu inquietud que seguramente también mucha gente la tendrá y querrá saber la respuesta, pues hay algunas sectas religiosas que dicen que debe de ser el día Sabado el que se debe de guardar y que los que respetan el Domingo están en contra de la Biblia. Bueno, veamos que es lo que en realidad dice la Biblia y la historia.
1.- Atrapados en el Antiguo Testamento.
La razón por la que algunos creen que se debe de guardar el día Sabado es porque hay cientos de citas bíblicas en el Antiguo Testamento que dice que hay que guardar ese día, y se quedan con la idea de que si está en la Biblia, entonces hay que cumplirlo. Eso se oye bien, pero en realidad está muy mal. En la siguiente frase resumiremos por qué:
«La Biblia tiene dos partes principales: el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Antiguo fue una alianza de Dios con el pueblo de Israel(Ex 20,18.22) y la nueva alianza fue hecha con todos los hombres a través de Jesucristo(Lc 22,19-20). Los judíos guardan el Sabado, los cristianos el día Domingo».
Nosotros no somos judíos, sino cristianos, por eso celebramos principalmente nuestra fe en este día.
Algo que nos confirma esto es que no hay ni una sola cita del nuevo testamento donde se diga que los cristianos respetaban el sabado o celebraban la Eucaristía en ese día. Todo lo que está en la antigua alianza(testamento) lo debemos de ver a la luz del nuevo testamento, porque nuestro Señor y maestro no es Moisés sino JESUCRISTO. El mismo Jesucristo dice que no vino a abolir la Ley sino a darle su plenitud y cumplimiento (Mt 5,17); es por eso que al darle el verdadero significado Jesús nos deja una ley más interiorizada y perfecta.
De hecho en todo el capítulo cinco del Evangelio de San Mateo Él nos explica cómo perfecciona la antigua alianza en relación con el enojo, el adulterio, el divorcio, la venganza, etc. Es por esta razón principalmente porque como Él es nuestro maestro, a Él lo debemos de escuchar(Mc 9,4-7) y en los evangelios nunca aparece diciéndoles a sus discípulos que guarden el sabado.
Como ves, hermano Manuel, desafortunadamente hay muchas sectas que se quedaron como atrapadas en el antiguo testamento(Gal 3,23-26). « Por tanto, que nadie los venga a criticar por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de lunas nuevas o sabados. Todo esto es sombra de lo que ha de venir; pero la realidad es Cristo Jesús». Col 2,17. Nosotros pertenecemos a la Nueva Alianza.
2.- Obligaciones del sabado en el Antiguo Testamento.
Además, si alguien quiere guardar el sabado entonces debe de hacerlo como lo hacían los judíos en el antiguo testamento:
- No se debe de encender el fuego (Ex 35,3)
- No hay que llevar carga (Jer 17,21-22)
- No deben comprar ni vender (Neh 10,31-32)
- Deben ofrecer holocaustos (Num 28-9-10)
- Los Judíos actualmente dejan los elevadores encendidos todo el día, subiendo y bajando, para cumplir el precepto de no encender fuego, pues hay una chispa de fuego en el boton de encendido y en el motor eléctrico. ¿Acaso hacen esto los sabatistas? Por supuesto que no. La verdad es que ni ellos mismos lo creen, ni lo cumplen.
3.- Celebrando el Domingo en el Nuevo Testamento.
Vayamos ahora al Nuevo Testamento y aquí encontraremos que los cristianos muy pronto empezaron a celebrar el culto de la nueva alianza, o sea la Eucaristía, en Domingo, al que también llamaban primer día de la semana. Ellos respetaron el Domingo porque en este día ocurrieron los hechos más importantes relacionados con nuestra salvación.
De esta forma, así como los judíos guardaron el Sabado para recordar la obra de la creación, así los cristianos celebrarán el Domingo para recordar la obra de la redención. Comprobemos esto en la Sagrada Escritura:
- En Domingo Resucitó Jesús (Mt 28,1;Mc 16,2;Lc 24,1 Jn 20,1).
- En Domingo se apareció Jesús a dos mujeres (Mt 28,9), a los apóstoles(Jn 20,19-20), a los discípulos de Emaús (Lc 24,13-34).
- En Domingo el apóstol Tomás proclama su Fe en el resucitado (Jn19,26-28).
- En Domingo (primer día de la semana) se recibe el Espíritu Santo en Pentecostés.
Basándose en esto es por eso que muy pronto los primeros cristianos empezaron a guardar y celebrar el primer día de la semana, es por eso que le llamaron Domingo o día del Señor, del latín «Dies Domini». Así encontramos a los Apóstoles reunidos en este día:
"Primer día de la semana=Domingo" era también cuando los fieles de Tróada se encontraban reunidos "para la fracción del pan". Pablo les dirigió un discurso de despedida y realizó un milagro para reanimar al joven Eutico:
«El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche». Hch 20,7-12
También es el día que el Apóstol San Pablo les recomendara para que hagan la colecta:
«Cada Domingo, guarden ustedes todo lo que hayan podido ahorrar, de modo que no esperen mi llegada para recoger las limosnas» 1 Cor 16,2. De hecho San Pablo dice:
"Que nadie los venga a criticar por lo que comen o beben o por no respetar fiestas o el día sabado, pues eso no es sino sombras de la realidad que es Cristo Jesús" Col 2,16-17
Otro dato bíblico que nos confirma la importancia del Domingo, es que el libro del Apocalipsis testimonia la costumbre de llamar a este primer día de la semana el "día del Señor" (Ap 1,10). En ese día Juan tuvo la visión por la cual escribiría ese libro.
4.- Testimonios históricos.
Comprobemos también cómo es que la misma historia nos da testimonio y comprueba sobre la celebración e importancia no del día sabado, sino del día Domingo:
- Año 70-100 "Reúnanse el día del Señor, partan el Pan y celebren la acción de gracias" (La Didaké de los Apóstoles).
- Año 110 San Ignacio de Antioquía escribe: "Si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino viviendo según el día del Señor(Domingo), día en el que surgió nuestra vida por medio de él y de su muerte…
- Año 225 "Si se nos opone, que estamos acostumbrados a observar ciertos días, como por ejemplo, el día del Señor, primero de la semana…" (Orígenes).
- Año 300 Pedro, un obispo de Alejandría, dice: "Guardaremos el día del Señor, como día de regocijo, por causa de aquel que resucitó en ese día".
Así que hermano Manuel, ánimo y sigue adelante, seguramente que tu pregunta está respondida en este artículo.
Hay varias sectas, como los sabatistas, que sus creencias están basadas solamente en el Antiguo Testamento. Dicen ser muy cristianos, pero en la práctica no están obediciendo a Jesús, sino a Moisés. Yo digo que en vez de ser cristianos deberían de llamarse «moisesianos». Estamos para servirte y celebra cristianamente el Domingo =día del Señor.
Dios te siga bendiciendo en abundancia.
Oración de la fe
Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
El hecho de la Resurrección de Cristo en el día Domingo para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana.
La palabra «sábado» (descanso) tiene para los israelitas del A.T. un sentido religioso. El sábado les recordaba la creación de Dios en seis días con su descanso en el Séptimo día
El argumento fundamental para optar por el día Domingo procede de la Resurrección del Señor. Los cuatro evangelistas concuerdan en que la Resurrección de Cristo tuvo lugar en «el primer día de la semana», que corresponde al día Domingo de ahora.
¿El Sábado o el Domingo?
El otro día una familia me contó que recibió una visita de un señor muy educado. Y con la mejor de las sonrisas, el hombre les ofreció en venta unos hermosos libros de cultura general. Dicen que habló tan bonito de tantas cosas... pero al final terminó con un tema de religión, diciendo que los católicos están equivocados, que, según la Biblia, deben reemplazar la celebración del Domingo por la del sábado, pues el sábado es el día bíblico y el Domingo es una adulteración de los católicos.
Le expliqué que tal caballero seguramente era un misionero de la religión Adventista del Séptimo día. Pues son ellos quienes observan el día sábado y proclaman que ellos son los únicos que cumplen con la Biblia.
¿Qué debemos pensar de todo esto?
Bueno, antes que hablar del día Domingo o sábado, debemos decir que los hermanos adventistas son, en esta observancia del día sábado, tan escrupulosos como los fariseos que nos pinta el santo Evangelio. No han aprendido nada de la «libertad de espíritu» con que Jesús hablaba del día sábado.
Además los adventistas estudian la Biblia en base a textos aislados, y olvidan que la Revelación Divina sigue en la Sagrada Escritura una evolución progresiva; y, sin seguir esa evolución en los diversos libros inspirados, es prácticamente imposible comprender el verdadero sentido de una enseñanza bíblica.
No debemos quedarnos con unas pocas páginas de la Biblia, sino que debemos leer toda la Biblia.
¿Qué nos enseña el A. T. acerca del día sábado?
La palabra «sabat» (sábado)significa «descanso» «reposo» o «cesación.» Es decir, que «sábado» significa simplemente «un tiempo de descanso» y no tiene originalmente ningún significado como «el séptimo día de la semana»
De hecho se emplea en la Biblia la palabra «sábado» con diversas significaciones. A veces significa «un reposo» de un día (Ex. 20,10). Otras veces este reposo es de «un año» (Lev. 25,4). Alguna vez indica también un período de 70 años (2 Crón. 36, 21).
Ahora bien, ¿de dónde viene el día sábado como séptimo día consagrado a Dios? Leemos la Biblia: «Así fueron hechos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. Dios terminó su trabajo el séptimo día, y descansó en este día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el séptimo día y lo hizo santo porque ese día El descansó de todo su trabajo de creación». (Gén. 2, 2-3)
«En seis días Yahvé hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, pero el séptimo día Yahvé descansó, y por eso bendijo el sábado y lo hizo sagrado». (Ex. 20, 11).
«Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yahvé tu Dios» (Deut. 5, 13-14).
Nos damos cuenta de que en estos textos la palabra «sábado» (descanso) tiene para los israelitas del Antiguo Testamento un nuevo sentido, un sentido religioso. El sábado les recordaba la creación de Dios en seis días con su descanso en el Séptimo día; este último día es consagrado a Dios. Y el hombre también con su trabajo imita la actividad de Dios Creador y con su «descanso» («sabat») del séptimo día el hombre imita el reposo sagrado de Dios. (Ex. 31, 13).
Así el día sábado se convirtió para los israelitas en una señal, en una de sus prácticas más típicas e importantes. Esta señal del día sábado y la circuncisión eran características mediante las cuales el pueblo de Israel se distinguía de los otros pueblos que lo rodeaban. Y durante toda la historia del A.T. el pueblo de Israel guardó fidelidad a estas dos señales.
Con el tiempo la práctica del reposo del sábado fue asumida por la ley judía en forma muy estricta, con 39 prohibiciones de trabajo: prohibición de recoger leña (Núm. 15, 32); prohibición de preparar alimentos (Ex. 16, 23); prohibición de encender fuego (Ex. 35, 3); etc. Poco a poco la práctica del reposo del sábado se convirtió en una observancia escrupulosa e hipócrita. Los profetas del A.T. lanzan una dura crítica contra la práctica legalista del sábado que ha convertido a los israelitas en un pueblo sin devoción interior (Os. 1, 2 y Os. 2, 13).
¿Celebraba Jesús el día sábado?
Jesús no suprime explícitamente la ley del sábado. El, en día sábado, visitaba la sinagoga y aprovechaba la ocasión para anunciar el Evangelio (Lc. 4, 16). Pero Jesús, al igual que los profetas, atacaba el rigorismo formalista de los fariseos y de los maestros de la Ley: «El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.» (Mc. 2, 27). Para Jesús el deber de la caridad es anterior a la observancia material del reposo; por eso El hizo varias sanaciones en día sábado, obras prohibidas en este día. (Mc. 3, 1-6; Lc. 14, 1-6; Lc. 6, 1-5). Además Jesús se atribuyó poder sobre el sábado: «el Hijo del hombre es Señor del sábado.» (Mc. 2, 28). En otras palabras, Jesús es dueño del sábado. (Lc. 6, 1-5).
Por supuesto que esta nueva manera de observar el sábado chocó violentamente con la mentalidad legalista de los fariseos. Y éste era uno de los cargos graves contra Jesús (Jn. 5, 9). Pero El estaba consciente de que, haciendo el bien en día sábado, imitaba a su Padre, el cual habiendo reposado el sexto día, al final de la creación, continúa rigiendo el mundo y vivificando a los hombres. «Mi Padre ha trabajado hasta ahora, y yo también trabajo» (Jn. 5-17).
La actitud de Jesús frente al día sábado nos enseña que él actuó con libertad de espíritu frente a esa ley, y nunca consideró la observancia del sábado como algo esencial en su prédica, esto era para Jesús algo menos importante.
Pero Jesús dijo claramente«que no vino a suprimir la ley sino a darle su verdadero significado» (Mt. 5, 17). En su actitud no se trata de cumplir la ley al pie de la letra, sino que promueve una evolución de la ley hacia su perfección.
La Resurrección de Jesús
El argumento fundamental para optar por el día Domingo procede de la Resurrección del Señor. Los cuatro evangelistas concuerdan en que la Resurrección de Cristo tuvo lugar en «el primer día de la semana», que corresponde al día Domingo de ahora. (Mt. 28, 1; Mc. 16, 2; Lc. 24, 1; Jn. 20, 1 y 19). El hecho de la Resurrección de Cristo en el día Domingo para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana.
Hay dos razones fundamentales para celebrar este día de la Resurrección:
1) Con su Muerte y Resurrección, Jesús comenzó la Nueva Alianza y terminó la Antigua Alianza. Durante la última Cena, Jesús proclamó: «Esta copa es la Alianza Nueva, sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes.» (Lc. 22, 20). Los discípulos de Jesús poco a poco se dieron cuenta de que en esta Nueva Alianza la ley de Moisés y sus prácticas tendrían otro sentido.
La Muerte y Resurrección de Cristo significaban también para los primeros cristianos la Nueva Creación, ya que Jesús culminaba su obra precisamente con su Muerte y Resurrección justo en el día Domingo, que será desde entonces «el día del Señor».
Nosotros también hemos recibido la promesa de entrar con Cristo en este reposo (Hbr. 4, 1-16). Entonces, el día Domingo, «el día del Señor», será el verdadero día de descanso, en que los hombres reposarán de sus fatigas a imagen de Dios que reposa de sus trabajos (Hbr. 4, 10 y Apoc. 14, 13).
De ahí en adelante la fe de los cristianos tiene como centro a Cristo Resucitado y Glorificado. Y para ellos era muy lógico celebrar el «Día del Señor» (Domingo) como el «Nuevo día» de la Creación. (Is. 2, 12).
La práctica de los primeros cristianos
Los primeros cristianos siguieron en un principio observando el sábado y aprovechaban las reuniones sabáticas para anunciar el Evangelio en el ambiente judío. (Hch. 13, 14). Pero luego el primer día de la semana (el Domingo) empezó a ser el día del culto de la primitiva Iglesia. «El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan...» (Hch. 20, 7). Sabemos que «partir el pan» es la expresión antigua para designar la santa Misa o Eucaristía. Es entonces muy claro que los primeros cristianos tenían su reunión litúrgica -la Santa Misa- en el día Domingo, tal como se hace hoy. Escribe Juan, el autor del libro Apocalipsis: «Sucedió que, un día del Señor, quedé bajo el poder del Espíritu Santo» (Ap. 1, 10).
¿Qué nos enseña el apóstol Pablo?
Jesús había dicho: «Yo no vine a terminar con la ley , sino a completar la ley, dándole su última perfección» (Mt. 5, 17). San Pablo en sus cartas desarrolla esta misma idea: «El fin de la ley es Cristo» (Rom. 10, 4). Así para el apóstol la plenitud de la ley no se encuentra en el cumplimiento literal de la ley, sino en la fe en Cristo. Pablo dice que «la ley ha sido nuestro maestro hasta Cristo» (Gal. 3, 24) y con Cristo se inicia la Nueva Alianza (1 Cor. 11, 25).
El apóstol Pablo tuvo sus discusiones acerca del día del Señor. Al comienzo tenía la costumbre de predicar en las sinagogas el día sábado para los judíos, pero cuando le rechazaban sus enseñanzas, él se volvía a los gentiles. En este ambiente no judío, Pablo no daba importancia a las costumbres judías, como la circuncisión, el día sábado, etc. Pablo se reunía con los nuevos creyentes el primer día de la semana, y trasladaban las prácticas que los judíos solían hacer en día sábado, como la colecta de la limosna, al primer día de la semana. (1 Cor. 16, 1-2)
Esta actitud en favor de los gentiles convertidos provocó una fuerte discusión en la Iglesia. Luego, este asunto fue tratado en una reunión en Jerusalén, con los apóstoles y ancianos de esta Iglesia. Ahí tomaron la decisión de no imponer a los gentiles convertidos ninguna carga o práctica judía, salvo lo absolutamente necesario (Hch. 5, 28-29). Con esta decisión quedó abierta la puerta a los gentiles, sin obligarlos a la ley judía. Ahora bien, Pablo escribe a los Colosenses: «Que nadie los moleste a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta, lunas nuevas o días de descanso.» (Col. 2, 16) Además criticó el afán de dar demasiada importancia a ciertos días (sábado), meses, fechas y años (Gál. 4, 10). El siempre recomendó evitar estas polémicas secundarias y dar importancia a la caridad.
Consideración final
No cabe la menor duda de que los primeros cristianos santificaron, descansaron y celebraron el Domingo como «el día del Señor.» Esta práctica tiene pleno fundamento en la Biblia. Respetamos el hecho de que los judíos celebren el sábado en la forma indicada en el Antiguo Testamento (ellos no son una religión cristiana). En cuanto a algunos grupos, como los adventistas, que se dicen ser cristianos, y que defienden la celebración del sábado -no del Domingo- tenemos que decir que no interpretan bien toda la Biblia, ya que se quedan con una práctica judía del A. T. y no siguieron el cumplimiento del N. T. Esto sucede porque interpretan la Biblia en forma literal y parcial, y olvidan que Jesús completó y perfeccionó el A. T.
Los católicos, entonces, estamos en la verdad al celebrar el día Domingo. Para terminar, repito las palabras del apóstol Pablo: «Que nadie les critique por cuestiones de comidas o bebidas o con respecto a días de fiestas, lunas nuevas o días de descanso... Todo esto es sombra de lo venidero» (Col. 2, 16-17).
Me consta que muchos adventistas pasan como obsesionados casa por casa llamando a los católicos a cambiarse de religión por la cuestión del día sábado. ¡Como si esto fuera lo más importante de la Biblia! Y me consta que muchos adventistas al pasar por las casas de los católicos les piden la Biblia y les leen los textos aislados del A. T, donde el Señor llama al pueblo judío a santificar el sábado, y dicen a la gente: «Fíjense, en su misma Biblia católica Dios manda observar el sábado... ¿No ven que ustedes están equivocados?».
Esto es abusar de la Biblia y de la buena fe del pueblo sencillo. Es usar de una verdad a medias para sembrar dudas y perturbar a la gente sencilla. Por eso es conveniente que ustedes, amigos, lean varias veces este tema hasta que se empapen bien de lo que aquí se dice, y cuando pasen los adventistas sepan qué responderles, con caridad sí, pero también con energía y con claridad.
En definitiva, los católicos no hemos quedado petrificados en el Antiguo Testamento ni somos esclavos de frases sacadas de su verdadero contexto. Los católicos aceptamos este evolución querida por Dios entre Antiguo y Nuevo Testamento y aceptamos a Jesús como Amo y Señor de la Historia y tenemos muy claro que la realidad presente deja muy atrás los signos con que fue prefigurada. Es por eso que santificamos el día Domingo.
Cuestionario
¿Qué enseñan con insistencia los Adventistas sobre la observancia del sábado? ¿Qué dice la Biblia en el A. T.? ¿Cómo la Iglesia Católica pasó del Sábado al Domingo? ¿Hay una evolución entre A. T. y N. T? ¿Consideró Jesús la observancia del Sábado como algo esencial? ¿Qué dijo Jesús en Mc. 2, 28? ¿Por qué los católicos observamos el Domingo? ¿Cuál fue la práctica de San Pablo?
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: DAFNE | Fuente: blogdeazulmarina.blogspot.com
Los ángeles existen, eso es dogma de fe, pero debemos tener cuidado con la Nueva Era y sus falsos ángeles..
La falsa angelogía de la Nueva Era
Los Ángeles y la Nueva Era
Los Ángeles...es uno de ésos temas urgentes, ya que el material que anda circulando en librerías, audiolibros, cursos, talleres, cita con tu ángel, consulta con tu ángel, la visita del ángel a tu casa, etc, hay un enorme desorden en éste tema en el sentido de que lo que anda por ahí esparciéndose, dista años luz de ser lo que es la sana doctrina, de lo que enseña nuestra Iglesia Católica sobre los Ángeles, los verdaderos Ángeles de Dios.
Hoy desafortunadamente se habla de contacto con los ángeles por medio de canalizadores (espiritistas) y meditaciones, la nueva era enseña a los ángeles de una forma mágica y supersticiosa, mezclan nombres raros, rituales, velas, cuarzos, cadenas, incluso mezclan el rezo del Santo Rosario y como éste muchos casos más. En algunos libros y audiolibros mencionan hasta la Sagrada Escritura y luego revuelven espantosamente la verdad con la mentira.
Lo que enseña la Iglesia Católica: (Catecismo de la Iglesia Católica):
La existencia de los ángeles, una verdad de Fé.
328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
Quiénes son los ángeles
329 San Agustín dice respecto a ellos: "Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus" ("El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel"). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).
330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello. Cristo "con todos sus ángeles"
331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles... (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (Col 1, 16).
Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14).
332 Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal protegen a Lot, salvan a Agar y a su hijo, detienen la mano de Abraham, la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7, 53), conducen el pueblo de Dios, anuncian nacimientos y vocaciones, asisten a los profetas, por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús.
333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce "a su Primogénito en el mundo, dice: `adórenle todos los ángeles de Dios´" (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: "Gloria a Dios... (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús, sirven a Jesús en el desierto, lo reconfortan en la agonía, cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel. Son también los ángeles quienes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación, y de la Resurrección de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles, éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor.
Los ángeles en la vida de la Iglesia
334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles.
335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo; invoca su asistencia (así en el "Supplices te rogamus..." ["Te pedimos humildemente..."] del Canon romano o el "In Paradisum deducant te angeli..." ["Al Paraíso te lleven los ángeles..."] de la liturgia de difuntos, o también en el "Himno querúbico" de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (san Miguel, san Gabriel, san Rafael, los ángeles custodios).
336 Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida". Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.
Nuestra doctrina nos enseña que debemos comunicarnos con nuestro Angel de la guarda por medio de la Oración, pero No cumple deseos como lo promueve la Nueva Era. Nuestro Ángel de la guarda seguramente tiene un nombre pero no lo sabemos y no se nos ha revelado, le debemos decir así: “Ángel de la Guarda” como dice la oración.
Los seres humanos contamos con nuestro Ángel de la guarda desde que nacemos hasta que abandonemos el planeta, la fiesta de los ángeles custodios es el 2 de Octubre, después de Dios y la Virgen María son lo que mas nos cuidan, inspiran nuestras oraciones y animan nuestro fervor. Nos auxilian en nuestras necesidades más sencillas, nos protegen del peligro, nos sugieren motivos para huir de la tentación, nos anima a hacer el bien y evitar el mal, presenta nuestras oraciones a Dios y reza por nosotros.
San Bernardo enseñaba que podemos platicar con nuestro ángel de la guarda: "No calles, no guardes silencio en su presencia, háblale para que también él te hable..." (extraído del libro: Los Angeles del P.Julio Baduí Dergal, imu ediciones) Pero no nos habla de meditaciones y rituales, ni de conocer el nombre ni hacer contactos espiritistas.
Los Ángeles según la Nueva Era
El problema con el movimiento de la Nueva Era es que están desinformando mucho, son innumerables las publicaciones que hablan de personas con experiencias con ángeles y contactos angélicos, cartas de los ángeles a manera de baraja (adivinación), meditaciones con ángeles, canalización (channeling ó espiritismo), prendedores con angelitos con la piedrita del signo zodiacal, colgantes de ángeles para el feng shui, oraciones de los santos angeles incluyendo nombres bastante raros, Técnicas y prácticas con canalización de energía, eneagrama, astrología, ejercicios derivados del Yoga, utilización de mantras y mandalas, visualización creativa, metafísica de la nueva era, cábala, etc. ésta angelología se promueve también en películas y series de tv enfocados a la manera de la Nueva Era, material que confunde y desinforma a personas incluso cristianas que ignoran los detalles verdaderos de los Ángeles de Dios.
La Nueva Era presenta una Angelología no Bíblica, ofrecen contactos, talleres, cursos, formas para conocer el nombre, conferencias e infinidad de libros titulados "angeles del amor, angeles de protección", "angeles de la prosperidad", "mensaje de la Virgen María para la nueva era”, ésto confunde mucho a los creyentes que mencionan a la Virgen María y revuelven nombres de ángeles sacados desde los evangelios apócrifos hasta sacados de debajo de la manga, presentan también una devoción desordenada, es decir no veneran en un principio a la Reina de los Angeles: La Virgen María y a Nuestro Señor Jesucristo lo tienen por un "maestro" más. Los evangelios apócrifos no son aptos para enseñar doctrina cristiana.
¿De donde proviene el culto desordenado a los Ángeles?
Todo ésto se origina en el gnosticismo primitivo (Siglo I y II d.C), San Pablo preso en Roma, les escribió a los cristianos de Colosas denunciando sobre la confusión de doctrina entre ellos: la gnosis y su culto desordenado a los ángeles:
"Que nadie con afectada humildad o con el culto de los ángeles os prive del premio, haciendo alarde de visiones, hinchándose sin fundamento de su inteligencia carnal" Colosenses 2,18
"Al partir de Macedonia te rogué te quedaras en Efeso; debías advertir a algunos que no cambiaran la doctrina, ni se metieran en leyendas y recuentos interminables de ángeles. Ésas cosas alimentan discusiones" 1Timoteo 1,3
Los nombres de los Verdaderos Ángeles de Dios
Los Nombres de los Angeles que menciona la BIBLIA únicamente son:
El Arcángel Gabriel, El Arcángel Rafael y a San Miguel Arcángel. Todos los demás ángeles si tienen nombre pero no se nos han sido revelados y existen millones de Angeles (Dn, 7,10) (Ap 5,11), y existen también Jerarquías.
La Nueva Era enseña nombres de ángeles como Uriel, Barachiel, etc y otros como Jeliel, Caliel, etc son sacados de la cábala judía, pero éstos nombres no son doctrina católica ni enseñanzas de la Iglesia Católica, son revolturas.
Peligros para la Fé
Nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, no es un maestro más como Buda, Saint Germain y demás. Leer libros de angelología de la nueva era, asistir a talleres y cursos lo que sucede es que confunden mucho a los creyentes y les enseñan una doctrina errónea sobre los Ángeles, los contactos y canalizaciones son peligrosas porque puede haber infestación y obsesión diabólica, pues no se trata de los verdaderos Ángeles de Dios.
Lo mejor es ser obediente y seguir lo que nos enseña la Iglesia Católica que como una madre nos guía y nos enseña la verdadera y sana doctrina.
El espiritismo, las canalizaciones, los contactos con ángeles y channeling son contrarios al Primer Mandamiento.
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va
En la parábola del rico Epulón (Lc 16,19-31), Jesús contó cómo al morir un pobre mendigo los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo.
Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.
No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra.
Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía pagar sus culpas (v25).
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Alex Rosal | Fuente: www.arbil.org
Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material…
Confiar en Dios en los brujosQueremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo.
Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios"
Confiar en Dios o en los brujos
Cuando los hombres no creen en Dios, no es que no creen en nada, es que se lo creen todo (Chesterton)
Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material. Queremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo.
La fe en sí misma es oscuridad e incertidumbre. Cuando llega el sufrimiento y la cruz pedimos a Dios ayuda. Imploramos su poder. A veces Dios calla. Igual que con la peregrinación del pueblo elegido a Israel.
Entonces tenemos dos caminos: Dejar nuestras seguridades y sus muletas para andar, y abandonarnos así a las manos del Señor; o bien, poner nuestra confianza en los magos, mediums y quiromantes. Es la tentación de los hombres en todas las épocas. Caer en los cantos de sirena de las promesas de "otros dioses". Poner nuestra felicidad en los nuevos "becerros de oro", abandonando la confianza en Dios.
Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios". La ansiedad por un futuro incierto, nos arrastra a confiar en las artes del adivino de turno, dejando de lado al Dios vivo, Señor también de nuestro futuro.
Exactamente igual que las amenazas que acechaban a los judíos en su peregrinación por en desierto: ante los desalientos y dudas por los aparentes "eclipses" de la presencia de Dios, la mayoría, se lanzaba a adorar a los nuevos dioses, y a practicar las artes esotéricas que les prometían "seguridad en esta vida".
Poco hemos cambiado los hombres del siglo XXI. Son las mismas tentaciones e idénticas "teóricas" soluciones. Ya lo decía Chesterton, el famoso escritor inglés de principios de siglo: "cuando dejamos de creer en Dios, no es que no creamos en nada, sino que podemos creer en todo".
Es triste, pero los hay que creen que ser feliz es algo que deciden los astros o algún adivino. Consideran que deben "esperar" algo, más que "hacer" algo. Y esa inoperancia es una camino sin retorno. Delegan en el "destino" y en el brujo, echador de cartas o en el astrólogo de turno la posibilidad de ser felices. Y, claro, no avanzan. No consiguen la ansiada dicha, y frenéticamente siguen buscando más brujos o adivinos. Creen que con pagar una sesión de tarot, ya tienen acceso a lo que buscaban.
No se dan cuenta que la felicidad se encuentra en Dios. En poner nuestra confianza en Él, que quiere lo mejor de nosotros. Debemos aprender a descifrar el designio de Dios en nuestra vida. Saber lo que Él quiere de nosotros. Para ello sólo hay un camino: orar. Orar mucho. Tener un profundo diálogo con Dios para interpretar su voluntad..
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Fernando Renau | Fuente: apologetica.org
Reflexiones sobre un gran misterio.
Si hay Dios, ¿porqué existe el mal y el sufrimiento?, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta.
El propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”
La experiencia del mal y la idea de Dios. Reflexiones sobre un gran misterio.
Si hay Dios, ¿porqué existe el mal y el sufrimiento? La historia de la humanidad es una interminable sucesión de sangre, sudor y lágrimas, de dolor, tristeza y miedo, de abandono, desesperación y muerte. Ante esa experiencia de sufrimiento es inevitable que el hombre se haya formulado desde antiguo esa pregunta. Es bien conocida la respuesta escéptica de Epicuro: o Dios quiere eliminar el mal, pero no puede, y entonces es impotente y no es Dios; o puede y no quiere, y entonces es malo, es el verdadero demonio; o ni quiere ni puede, lo que lleva a las dos conclusiones anteriores; o quiere y puede, pero entonces, ¿de dónde viene el mal? ¿Qué hemos de decir al respecto?
Como punto de partida, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta con la que hemos comenzado esta reflexión: ésta ha sido planteada también por parte de la teología católica. Es el mismo Catecismo de la Iglesia Católica el que afirma en su número 272 que “la fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento” y que “a veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal”, llegando a plantearse en su número 310 la pregunta de “¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en el no pudiera existir ningún mal?”.
El teólogo y obispo católico Walter Kasper llega a señalar que “estas experiencias del sufrimiento inocente e injusto constituyen un argumento existencialmente mucho más fuerte contra la creencia en Dios que todos los argumentos basados en la teoría del conocimiento, en las ciencias, en la crítica de la religión y de la ideología y en cualquier tipo de razonamiento filosófico”.
El teólogo Hans Küng afirma que “el dolor es continua piedra de toque de la confianza en Dios”, tras lo que se pregunta “¿donde encuentra la confianza en Dios mayor desafío que en el dolor concreto?”.
Y nada menos que el propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”, a lo que añade que “en algunos casos esta dificultad asume una forma radical, cuando incluso se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presente en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia” , todo ello por “la dificultad de conciliar entre sí la verdad de la Providencia Divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo creado, y la realidad del mal y el sufrimiento”.
Para dar respuesta a esta inquietante pregunta, hemos de distinguir claramente entre el mal “en sentido físico” y el mal “en sentido moral”. El mal moral se distingue del físico, sobre todo, por comportar culpabilidad y por depender de la libre voluntad del hombre; en cambio, el que estamos denominando mal físico no depende directamente de la voluntad del hombre, sino que se deriva de la propia naturaleza limitada, contingente y finita del hombre y de la creación. Las calamidades provocadas por terremotos, inundaciones y otras catástrofes naturales, las epidemias, las enfermedades, así como la muerte, serían ejemplos de este mal que hemos denominado “físico”; los desastres producidos por la guerra, el terrorismo, el odio, la violencia de todo tipo que tiene por origen al hombre serían ejemplos de ese mal que hemos llamado “moral”. A partir de esta diferenciación, cabe señalar lo siguiente:
a.- El mal físico es inherente a la condición del hombre y de la creación. El hombre es un ser finito que está sujeto a la enfermedad y a la muerte; además, ha de vivir en un universo en el que se producen determinados fenómenos naturales productores de daño y de sufrimiento. Las limitaciones y la caducidad propias de todas las criaturas es el origen último de este tipo de males, que son consustanciales a la propia estructura del hombre y del universo. En última instancia, puede decirse que este mal en el orden físico es permitido por Dios, como se señala en la catequesis de Juan Pablo II antes citada, “con miras al bien global del cosmos natural”,
b.- Algo bastante distinto sucede respecto al que hemos denominado mal moral. En palabras de Juan Pablo II, “este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere”. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios y su autor es exclusivamente el hombre, al haber hecho mal uso de su libertad. ¿Por qué tolera Dios este mal? Porque para Dios la existencia de unos seres libres es un valor más importante y fundamental que el hecho de que aquellos seres libres abusen de su propia libertad contra el propio Creador y que, por eso, la libertad pueda llevar al mal moral.
La anterior constituye la primera explicación que la teología nos ofrece de que la existencia del mal en el mundo no es incompatible con la idea de Dios. Pero esto no es todo. Debemos darle la vuelta al argumento que implícitamente se oculta detrás de la pregunta con la que se abre este artículo, para afirmar con Hans Küng que “sólo habiendo Dios es posible contemplar el infinito sufrimiento de este mundo”, que “sólo creyendo confiadamente en el Dios incomprensible y siempre mayor puede el hombre tener fundadas esperanzas de atravesar el ancho y hondo río del dolor de este mundo: consciente de que por encima del abismo, del dolor y del mal, una mano se extiende hacia él”.
El hombre moderno no puede por sí solo erradicar los múltiples sufrimientos de la humanidad, pese a los adelantos de la ciencia y de la técnica. El sufrimiento es inherente a la condición humana y solamente mediante la intervención redentora de Dios es posible que surja un hombre nuevo liberado de la muerte, del dolor y del sufrimiento. En concreto, es la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús la que implica la redención definitiva del dolor y del sufrimiento humano, la que transforma el dolor y la muerte en vida eterna.
Es desde la perspectiva del sufrimiento y de la muerte de Jesús como el dolor y el sufrimiento de cada hombre cobra un nuevo sentido. El sufrimiento, el dolor y la muerte siguen acompañando al hombre; pero en la pasión y en la resurrección de Jesús ese sufrimiento recibe un sentido.
En palabras de Kasper, “el interlocutor de una teología actual es el hombre doliente que tiene experiencia concreta de la situación de infelicidad y es consciente de la impotencia y la finitud de su condición humana”. La existencia del hombre, como señala Küng, “es un acontecimiento marcado por la cruz: dolor, angustia, sufrimiento y muerte”. La conciliación entre el mal y el sufrimiento en el mundo y la Providencia Divina no es posible sin hacer referencia a Cristo. Con la pasión, muerte y resurrección de Jesús se confirma que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento. Y no sólo eso. Además, con Cristo el dolor, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, sino que son definitivamente vencidos mediante su resurrección que, como primicia de la de todos nosotros, supone una alegre promesa de vida eterna en la que no hay lugar para el dolor, ni para el sufrimiento y ni para la muerte.
Para conocer lo que el Beato Juan Pablo II nos enseñó sobre La Providencia y el mal en el mundo sigue este enlace
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizert
Ciclo A. Domingo 16 / Mt 13,24-43 - La historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas.
Jesús enseñó por meido de parábolas, recordemos la del buen grano y la cizaña (Mateo 13, 24-43).
Esta parábola es una figura de la historia y de la vida humana. Porque la historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas.
Dios nos da libertad, depende de nosotros el elegir entre el bien y mal en este mundo.
Bien y mal en este mundo
Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue.
Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: ´Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?´
El les contestó: ´Algún enemigo ha hecho esto.´ Dícenle los siervos: ´¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?´ Díceles: ´No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega.
Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.´» Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.
Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.» Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»
El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Reflexión
De nuevo, Jesús nos enseña hoy por medio de una parábola. Se trata de la parábola del buen grano y la cizaña, una parábola tan sencilla que hasta los niños pueden entenderla.
Lucha en nuestro interior
Es una figura de la historia y de la vida humana. Porque la historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas. Como el buen grano y la cizaña crecen, uno al lado del otro, así también el Reino de Dios y el reino del diablo se desarrollan, uno junto al otro, en este mundo y en los corazones de los hombres.
Cada uno de nosotros experimenta esta tensión, este conflicto en su propio interior. Estamos entre las dos fuerzas y de ambas llevamos algo dentro de nosotros. Siempre habrá lo bueno en el hombre, porque Dios está actuando continuamente. Pero también habrá lo malo dentro de él, porque también el diablo está actuando permanentemente.
Pero pasa que el mundo moderno ya no cree en el demonio. Él ha conseguido realizar en nuestros días su mejor maniobra: hacer que se dude de su existencia. El Padre José Kentenich, Fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, tomó siempre muy en serio el poder del demonio. Para él existe una prueba evidente de la existencia del demonio: que la presencia y la acción del mal en nuestro mundo sobrepasa mucho la capacidad y la maldad de los hombres que lo realizan.
Existe en la actividad del mal en nuestro mundo, algo tan bien organizado, que denuncia irremediablemente a su autor, el demonio.
Probablemente también cada uno de nosotros hemos sentido ese tremendo poder del mal que trabaja en nosotros y que en determinados momentos irrumpe en nuestra vida. ¿Quién de nosotros nunca se ha sentido asombrado al ver de lo que era capaz, de lo que llegaba a pensar, a desear o hacer?
En nuestra parábola, Jesús responde sobre todo al escándalo que nace en nosotros al ver la paciencia, el silencio, la pasividad de Dios frente a la actividad y el triunfo del mal.
Conocemos la objeción clásica contra Dios: O Dios es todopoderoso, y entonces no es bueno, porque podría suprimir el mal y no lo hace. O Dios es infinitamente bueno y odia el mal, pero no puede oponerse a él, y entonces deja de ser todopoderoso.
El bien y el mal están inseparablemente ligados en este mundo
A este dilema hoy nos responde Jesús: El bien y el mal están inseparablemente ligados en este mundo. Actualmente no existe ningún medio de separar el uno del otro. Somos incapaces de distinguir todo lo que hay de bueno en las cosas malas y de malo en las cosas buenas.
Al suprimir el mal, tendría que sufrir el bien, lo mismo que al arrancar la cizaña, podríamos perjudicar el buen grano. Esta mezcla del bien con el mal sobre la tierra es un misterio, pero la reflexión puede hacer surgir en él mucha luz.
Por ejemplo, el mal físico, el sufrimiento, es inevitable en un ser sensible. El sufrimiento no es más que la consecuencia de nuestra capacidad de sentir. Todo lo que se quite a nuestra capacidad de sufrir, tendrá que quitarse necesariamente a nuestra facultad de gustar y gozar.
¿Y el pecado? El hombre es capaz de amar a Dios, de entregarse a Él, de poner en Él su confianza - porque es libre. Y es la misma libertad que le permite obrar el mal, que le permite pecar. Al arrancar la cizaña del pecado, suprimiríamos a la vez todo el buen grano de las virtudes.
¿Qué sucedería si el hombre sirviese a Dios solamente con una libertad de esclavo? ¿Qué sucedería si cada una de nuestras faltas fuesen sancionadas inmediatamente y nos enseñasen a servir a Dios por miedo, pero nunca jamás por amor?
Además, incluso el pecado está ligado con el bien mucho más íntimamente de lo que creemos. Porque la consecuencia del pecado generalmente es la humillación: se descubre nuestra debilidad, queda manifiesta nuestra impotencia, conocemos hasta qué punto tenemos necesidad de Dios.
Dios no se asusta del mal, no se escandaliza del pecado
Dios sabe utilizarlo y hacer que sirva al bien. También de nosotros Dios espera esta misma actitud de paciencia y optimismo. Dios en este mundo no juzga a los malos, sino espera su conversión hasta el último momento. Entonces cuánto menos un juicio nos corresponde a nosotros.
Porque nosotros mismos todavía estamos en medio de esta lucha entre lo bueno y lo malo. Y si ya nos contamos entre los buenos, necesitamos un campo donde demostrar que lo somos. Así vamos a crecer y madurar hasta el día de la gran cosecha.
Queridos hermanos, con esta actitud de paciencia y confianza podemos esperar que en el día de la separación vamos a pertenecer definitivamente al buen grano, a los elegidos del Padre, para siempre.
¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt