19» Oraciones a san José

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Oh Dios que con inefable providencia te dignaste elegir a san José para esposo de la Virgen María, te rogamos nos concedas que, así como lo veneramos como nuestro protector en la tierra, así merezcamos tenerle como protector en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

ORACIÓN DE LEÓN XIII:

A ti recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado José; y, después de haber implorado el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por el afecto que te unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios, y por el amor paternal, que profesaste a Niño Jesús, te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su sangre y que nos socorras con tu poder en nuestras necesidades.

Protege, prudentísimo custodio de la divina Familia, al linaje escogido de Jesucristo; presérvanos, padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción; sé propicio y asístenos desde el cielo, poderosísimo protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas.

Y, del mismo modo que en otra ocasión libraste del peligro de la muerte al Niño Jesús, defiende ahora a la santa Iglesia de Dios contra las asechanzas del enemigo y contra toda adversidad.

Ampara a cada uno de nosotros con tu perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo tus ejemplos y sostenidos con tu auxilio, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del cielo.
Amén.

ACORDAOS

Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María, amado san José, que jamás se oyó decir que ninguno que haya invocado vuestra protección y pedido vuestro auxilio haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos acudo y a Vos me encomiendo con todo el fervor de mi alma. No desechéis mis humildes súplicas, antes bien acogedlas benignamente. Amén93.

Oh san José, padre adoptivo de Jesucristo y verdadero esposo de la Virgen María, ruega por nosotros y por todos los agonizantes de este día o de esta noche.

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

No hay gloria como la gloria, ni santo de tal valía
como el padre de Jesús y el esposo de María.
93 Oración de Pío IX, año 1863.

Para ir a Cristo y María, san José es el mejor guía.

Mientras José trabajaba, en Jesús siempre pensaba.

José es maestro y patrón, de las almas de oración.

Sin cesar pide a José, que al morir contigo esté.

Pide a José cada día, que te asista en tu agonía.

Con Jesús, José y María, feliz es la travesía.

18» Letanías a san José

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
R) ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo,
R) ten piedad de nosotros. Espíritu Santo Dios
R) ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios,
R) ten piedad de nosotros.

Santa María, R) ruega por nosotros.
San José Ilustre descendiente de David
Lumbrera de los patriarcas
Esposo de la Madre de Dios
Custodio casto de la Virgen María
Padre nutricio del Hijo de Dios

Solícito defensor de Jesucristo
Jefe de la Sagrada Familia
José castísimo
José prudentísimo
José fortísimo

Espejo de paciencia
Amante de la pobreza
Modelo de los obreros
Custodio de las vírgenes
Amparo de las familias
Esperanza de los enfermos

Abogado de los moribundos
Patrono de la buena muerte
Protector de la Iglesia
Terror de los demonios

Imagen del Padre
Padre de Dios Hijo
Santuario del Espíritu Santo


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

Dios te ha constituido señor de su casa. Y dispensador de todos sus bienes.

Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

Ten misericordia de nosotros.

17» Dolores y gozos de san José

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  ORACIÓN: Glorioso san José, que fuiste destinado por Dios a compartir en la tierra las alegrías y las penas de Jesús y de María, te pedimos la gracia de santificar las alegrías y sufrimientos de nuestra vida, y poder gozar de tu dulce compañía en la hora de nuestra muerte. Amén.

Primer dolor y gozo

José, con un rasgo de sinceridad y nobleza, quieres dejar a María, porque no te explicas su misteriosa maternidad, pero iluminado por el ángel, conoces gozoso el misterio de la Encarnación. Concédenos, glorioso santo, imitar siempre tu sinceridad y lealtad en el trato con Dios y con los hombres (Se reza Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

Segundo dolor y gozo

Las dificultades de tu viaje a Belén y la pobreza del establo donde nace Jesús, afligieron con profunda angustia tu sensible corazón; pero, para consolarte, Dios envía a sus ángeles para que te llenen de alegría con sus canciones aquella noche de Navidad. Te pedimos, santo patriarca, que no temamos las limitaciones de la pobreza con tal de seguir y amar cada día más a Jesús, pobre, humilde y obediente.

Tercer dolor y gozo

El nombre de Jesús, Salvador, que impusiste al niño, te hizo olvidar la pena de ver al recién nacido derramar su sangre inocente en la circuncisión. Otórganos, bendito José, la gracia de trabajar y padecer siempre, pronunciando con amor el nombre de Jesús.

Cuarto dolor y gozo

Cuando presentabas al Niño al templo, la profecía de Simeón, al anunciar la pasión de Jesús y las penas de María, te hizo sufrir mucho; pero también recibiste consuelo al saber que la sangre de Jesús iba a ser causa de salvación para el mundo. Te pedimos, protector nuestro, que sepamos estimar el valor de la Redención y la eficaz cooperación de María.

Quinto dolor y gozo

Aceptaste, oh José bendito, las incomodidades de la fuga y destierro en Egipto para salvar a Jesús; pero, a la vez, sentiste el consuelo y la alegría de vivir constantemente en su compañía. Dame la gracia de querer estar siempre en compañía de Jesús Eucaristía, que siempre me espera como un amigo en este sacramento.

Sexto dolor y gozo

Sufriste en unión con María, los tres días que Jesús estuvo como perdido en el templo, pero sentiste la gran alegría de encontrarlo y saber que él seguía aceptándote como padre y que te obedecía como hijo bueno y cariñoso. Enséñanos a amar y obedecer a Jesús, haciendo siempre su santa voluntad para que un día nos reciba, contigo y con María, en el reino celestial.

Séptimo dolor y gozo

¡Cuánto sufriste al sentirte enfermo y ver que se acercaba tu muerte, dejando en este mundo a Jesús y María, a quienes tanto querías! Pero ¡qué alegría sentir que, en el último momento, estabas rodeado de su cariño y los tres estabais más unidos que nunca, como tres corazones en UNO! Concédeme la gracia de vivir siempre dentro del Corazón de Jesús, dentro del Corazón de María y también dentro de tu castísimo Corazón.

Así, viviendo dentro de vuestros Corazones, en unión contigo y con Jesús y María, esperaré tranquilo el momento de la muerte, que desde ahora pongo bajo tu amparo y protección para que, como tú, tenga la gracia de morir en los brazos de Jesús y de María. Amén.

ANTÍFONA. - José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa, porque lo que ha concebido en su seno es obra del Espíritu Santo. Ruega por nosotros san José, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

ORACION FINAL

Te pedimos, Señor Dios nuestro, que las penas y alegrías de san José nos sirvan para amarlo cada día más y para que podamos ofrecerte nuestros sufrimientos y dificultades de la vida con amor, como lo hizo el glorioso patriarca san José. Amén.

16» Reflexiones

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Antes de terminar el presente libro, quisiera aconsejarte que tengas una gran devoción a san José. Una devoción sencilla, sin muchas complicaciones. Lo importante es el amor sencillo y puro hacia este santo, que ha vivido tan cerca de Jesús y de María, y que te puede enseñar el camino para amarlos cada día más. Él fue el padre nutricio de Jesús. Algunos lo llaman padre putativo, nutricio, adoptivo, legal o padre virginal. San Agustín lo llama padre de Cristo y san Bernardo padre de Dios.

Pero todos le dicen patriarca. Este título se daba antiguamente a los que eran padres de una numerosa descendencia. Los patriarcas del Antiguo Testamento como Abraham, Isaac, Jacob… son específicamente los que son antepasados del Mesías prometido. Y en esto nadie puede merecer mejor este título que san José, en cuanto que fue padre de Jesús y actuó como tal; teniendo una gran descendencia de fieles, que lo aclaman como padre y señor.

¿Eres tú uno de ellos? ¿Lo imitas en su amor a Jesús? ¡Cuántas veces lo tendría en sus brazos y lo besaría con todo cariño!

¡Cuántas veces habrá sufrido por no tener cosas mejores para darle de comer o para poder hacerle la vida más agradable!

Pero, de todos modos, fue un servidor fiel y prudente, callado, pero trabajador; siempre atento a las necesidades de Jesús y de María y siempre dispuesto a atenderles sin horarios y sin pensar en su comodidad personal.

Ser el padre de Jesús y el esposo de María es lo máximo que podemos decir de él, pues cumplió fielmente su misión y, por eso, Dios lo ha encumbrado sobre todos los santos. Una vez, a una viejecita le preguntaron:

  • ¿Por qué quiere usted tanto a san José?
  • ¿No ven ustedes que lleva al niño en sus brazos?

¿Qué más podríamos decir de José?

Vivir con Jesús todos los días, besarlo, jugar con él, trabajar con él, vivir para él… No ha habido misión más grande, después de la de María. Por eso, como decía el Papa Juan Pablo II, fue ministro de salvación, pues Dios lo escogió como especial ministro y testigo de la Obra de la Redención.

Si quieres encontrarte personalmente con él, vete a la Eucaristía. La Eucaristía es el lugar de encuentro con Jesús, José y María.

Allí están los tres; junto a Jesús Eucaristía está José y María, como en la cueva de Belén. Así que ya sabes, tienes una cita con Jesús, José y María, cada día, en el sagrario, o en la misa de la iglesia más cercana. Allí nos vemos. Jesús nos espera, acompañado de José y María.

15» Algunos santuarios de san José

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  El santuario más famoso e importante, dedicado a san José es el santuario fundado por el beato André en Mont Royal, una colina de Montreal. Allí el beato André construyó un pequeño oratorio, que con el tiempo ha dado lugar a un santuario enorme, terminado en 1966.

Es el santuario más grande de la Iglesia católica después de la iglesia del Vaticano de Roma. Tiene capacidad para 3.000 personas sentadas y 10.000 de pie. Anualmente, lo visitan unos tres millones de fieles. Y Dios sigue haciendo maravillas por intercesión de san José, como las hacía en vida del beato André.

Otro famoso santuario es del Kalisz en Polonia. Es una iglesia que, fue dedicada a la Virgen en el misterio de la Asunción; pero, desde hace más de tres siglos, se le llama Santuario o Colegiata de san José, a causa de un cuadro de la Sagrada Familia, al que se llama la imagen milagrosa de san José por los milagros realizados por intercesión de este santo.

El 31 de mayo de 1873, el Papa Pío VI permitió coronar esta imagen milagrosa, colocando una corona en la cabeza de los tres miembros de la Sagrada Familia.

Durante la primera sesión del concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII envió su anillo papal para que fuera colocado en la mano de san José. Esto se realizó el 13 de enero de 1963.

En Barcelona existe el santuario de san José de la Montaña, que desde 1895 irradia amor a san José a toda España y al mundo entero. Lo fundó la sierva de Dios Madre Petra de san José. A los pies de la bella imagen de san José, se ven millares de cartas llegadas de todo el mundo. Son mensajeras de agradecimiento, de angustias de urgente solución y de dulces esperanzas puestas en el padre que tanto concede92.

Otro templo famoso de la misma ciudad de Barcelona es el templo de la Sagrada Familia. El templo se empezó a llamar L´Església de sant Joseph, que después amplió el título y ahora se llama el Templo de la Sagrada Familia; es famoso en el mundo entero por su arquitectura sin igual, obra del gran arquitecto Antonio Gaudí y que, aunque está sin terminar, irradia ya el amor de los tres miembros de la Sagrada Familia.

Otro santuario famoso, especialmente en Francia, es el del monte Bessillon, donde tuvo lugar la aparición de san José al pastor Gaspar Ricard en 1660. Actualmente, hay un bello santuario a san José, donde se encuentran los padres benedictinos, expulsados de Argelia después de la guerra de independencia de ese país.

Por supuesto que hay muchas iglesias y santuarios dedicados a san José en el mundo entero y no tenemos espacio para hablar de todos ellos. Lo importante es saber que el amor a san José está aumentando en el mundo entero y cada día hay más Congregaciones religiosas fundadas bajo su advocación y protección.

¡Que el amor a san José nos estimule a amar, como él, cada día más a Jesús y María.

¡José no es la meta, sino el camino hacia María y Jesús!
92 Gilbert, San José, Ed. Balmes, Barcelona, 1972, p. 245.

14.4» Palabras de algunos santos – Parte 4

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Cuando nombraron a la Madre Teresa de Jesús Priora del convento de la Encarnación de Ávila, tuvo que recurrir a todos sus santos protectores para poder aquietar a las religiosas descontentas. En la silla de la Priora, colocó la imagen de la Virgen Nuestra Señora de la Clemencia, con las llaves del convento en las manos.

El sitial de la subpriora estaba ocupado por una imagen de san José86. Y dice ella misma: La víspera de san Sebastián (19 de enero de 1572) el primer año que vine a ser priora en la Encarnación, comenzando la Salve, vi en la silla prioral, adonde está puesta Nuestra Señora, bajar con gran multitud de ángeles la Madre de Dios y ponerse allí.

A mi parecer, no vi la imagen entonces, sino esta Señora que digo. Estuvo así toda la Salve y me dijo: Bien acertaste en ponerme aquí. Yo estaré presente a las alabanzas que hicieren a mi Hijo y se las presentaré87.

Dice el padre Jerónimo Gracián, gran amigo de santa Teresa de Jesús:

Ella puso sobre la portería de todos sus monasterios que fundó, a Nuestra Señora y al glorioso san José; y en todas las fundaciones llevaba consigo una imagen de bulto de este glorioso santo, que ahora está en Ávila, llamándole fundador de esta Orden… Otras muchas cosas pudiera decir que han acaecido a esta misma Madre con el glorioso san José por haberla confesado y haber sido su prelado mucho tiempo88.

Como se ve por los escritos de Santa Teresa, trataba a san José como a un verdadero padre. Y lo llamaba frecuentemente mi padre y señor san José, mi verdadero padre y señor, mi padre san José, gloriosísimo padre nuestro san José, mi padre glorioso san José…

San Alberto Magno (1193-1280) dice que la utilidad del matrimonio de María y José para el mundo es para que todos los cristianos tengan a la Virgen por madre y a san José por padre de sus almas89. Por eso, nosotros podemos llamar a san José nuestro padre, como lo han llamado muchos santos y nosotros podemos seguir su ejemplo.

El beato Juan XXIII, apenas elegido Papa, ordenó que en la basílica del Vaticano, el altar de san José fuera especialmente adornado y embellecido. En ese altar se celebra cada día una misa por la paz del mundo. Durante el concilio Vaticano II lo nombró patrono del concilio y estableció que en el canon romano de la misa, memorial perpetuo de la redención, se incluyera su nombre junto al de María, y antes de los apóstoles, de los sumos Pontífices y de los mártires90.

El padre Esteban Gobi, un verdadero santo, fundador del Movimiento sacerdotal mariano, aprobado por la Iglesia, recibió un mensaje en el que le decía la Virgen María:

José fue para mí un esposo casto y fiel, un colaborador inestimable de la custodia amorosa del Niño Jesús; silencioso y providente, trabajador, pendiente de que nunca nos faltara los medios necesarios para nuestra humana existencia, justo y fuerte en el diario cumplimiento de la misión a él confiada por el Padre celestial.

¡Con cuánto amor seguía cada día el admirable crecimiento de nuestro divino hijo Jesús! Y Jesús le correspondía con un afecto filial y profundo. ¡Cómo lo escuchaba y le obedecía, cómo lo consolaba y le ayudaba!… Imiten a mi amadísimo esposo José en su oración humilde y confiada, en el fatigoso trabajo, en su paciencia y en su gran bondad91.
86 Efrén de la Madre de Dios, Tiempo y vida de santa Teresa, BAC. Madrid, 1977, p. 535.
87 Efrén de la Madre de Dios, Tiempo y vida de santa Teresa, BAC. Madrid, 1977, p. 535. 87 Cuentas de conciencia 22. 88 Gracián Jerónimo, Josefina: excelencias de San José, Madrid, 1944, p. 209. 89 q.13 a.4, super missus est. 90 RC 6. 91 19 de marzo de 1984. Cuentas de conciencia 22.
88 Gracián Jerónimo, Josefina: excelencias de San José, Madrid, 1944, p. 209.
89 q.13 a.4, super missus est.
90 RC 6. 91 19 de marzo de 1984.

14.3» Palabras de algunos santos – Parte 3

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Santa Teresa de Jesús es quizás la santa más conocida como gran devota de san José. Siendo de votos solemnes en el monasterio de la Encarnación de Ávila, estuvo cuatro días en coma en casa de su familia y todos pensaron que iba a morir.

Dice ella: Ya tenía día y medio abierta la sepultura en mi monasterio, esperando el cuerpo allá y hechas las honras en uno de nuestros conventos de frailes fuera de aquí, pero quiso el Señor tornase en mí (Vida 5, 10). La recuperación le costó tres largos años de sufrimiento.

Pero se recuperó totalmente y esto se lo atribuía a san José. Dice:

  • Tomé por abogado y señor al glorioso san José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así en esta necesidad como en otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío, me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado así del cuerpo como del alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hace cuanto le pide…

Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios; no he conocido persona que de veras le sea devota y le haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud… Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que me ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas…

Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción… Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará de camino… él hizo que pudiese levantarme y andar y no estar tullida (Vida 6, 6-8).

En el día de la Asunción (1561), estando en un monasterio de la Orden del glorioso santo Domingo… vínome un arrobamiento tan grande que casi me sacó fuera de mí… Parecióme que me veía vestir una ropa de mucha blancura y claridad, y al principio no veía quién me la vestía; después vi a Nuestra Señora hacia el lado derecho y a mi padre san José al izquierdo…

Díjome Nuestra Señora que le daba mucho contento que sirviera al glorioso san José, que creyese que lo que pretendía del monasterio se haría y en él se serviría mucho el Señor y ellos dos82.

Una vez, estando en una necesidad que no sabía qué hacer ni con qué pagar unos oficiales, me apareció san José, mi verdadero padre y señor, y me dio a entender que no faltarían, que los concertase y así lo hice sin ninguna blanca, y el Señor, por maneras que espantaban a los que lo oían, me proveyó83.

Por eso, recomendaba encarecidamente a cada una de sus monjas: Aunque usted tenga muchos santos por abogados, séalo en particular de san José que alcanza mucho de Dios84. Y les decía: Hijas, sean devotas de san José, que puede mucho85.
82 Vida 33, 14.
83 Vida 33, 12.
84 Aviso 65.
85 Cuentas de conciencia 28.

14.2» Palabras de algunos santos – Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Santa Teresita del Niño Jesús dice en su Autobiografía: Rogué a san José que fuese mi custodio. Desde mi infancia había sentido hacia él una devoción que se confundía con mi amora la Santísima Virgen. Con esto emprendí sin miedo mi largo viaje. Iba tan bien protegida que me parecía imposible tener miedo73.

Santa Bernardita Soubirous, la vidente de la Virgen en Lourdes, era muy devota de san José. Cuando murió su padre en 1870, escogió a san José como su padre en la tierra.

Un día, una hermana la sorprendió rezando una novena a la Virgen delante de una imagen de san José, y le dijo que eso estaba muy mal, porque debía rezar la novena delante de la imagen de la Virgen. Pero ella le respondió:

  • La Santísima Virgen y san José están perfectamente de acuerdo y en el cielo no hay celos ni envidias.

Un día de 1872, se fue a hacer una visita a la iglesia y les dijo a las hermanas de la enfermería:

  • Voy a hacer una visita a mi padre.
  • ¿A vuestro padre?
  • Sí, ¿no sabéis que ahora mi padre es san José?74

Y decía: Cuando no se puede rezar, es bueno encomendarse a san José75.

Cuando la enterraron el 30 de mayo de 1879, lo hicieron en la cripta subterránea de la capilla de san José, en el jardín del convento y no en el cementerio público. En las Actas del proceso de beatificación, una de las religiosas declaró que repetía frecuentemente la invocación: San José, dame la gracia de amar a Jesús y a María como ellos quieren ser amados. San José, ruega por mí y enséñame a rezar76.

Dice santa Faustina Kowalska (1905-1938): San José me ha pedido tenerle una devoción continua. Él mismo me ha dicho que rece diariamente tres veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria y el “Acordaos” (que se reza en la Congregación). Me ha mirado con gran cordialidad y me ha hecho conocer lo mucho que apoya esta Obra (de la misericordia) y me ha prometido su ayuda especialísima y su protección. Rezo diariamente estas oraciones pedidas y siento su especial protección77.

San Josemaría Escribá de Balaguer, el fundador del Opus Dei dice: Tratad a José y encontraréis a Jesús. Tratad a José y encontraréis a María, que llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret78.

  • Rezad por mí, invocando como intercesores a nuestra Madre santa María y a san José, nuestro padre y señor, para que yo sea un sacerdote bueno y fiel79.
  • Si queréis un consejo, que repito incansablemente desde hace muchos años: Id a José (Gén 41, 55). Él os enseñará caminos concretos y modos humanos y divinos de acercarnos a Jesús. Tratándole se descubre que el santo patriarca es además maestro de vida interior, porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con Él, a sabernos parte de la familia de Dios.

San José da esas lecciones siendo, como fue, un hombre corriente, un padre de familia, un trabajador, que se ganaba la vida con el esfuerzo de sus manos80.
Yo le llamo mi padre y Señor y, además, no me da vergüenza decir que lo quiero mucho.81
73 MA fol 57.
74 Dozé André, Giuseppe una paternità discreta, Ed. Piemme, 1998, p. 102.
75 ib. p. 104.
76 Messori Vittorio, Ipotesi su Maria, Ed. Ares, Milán, 2005, p. 380.
77 Diario, 29 de Julio de 1937, cuaderno III Nº 55.
78 Es Cristo que pasa 56.
79 Carta dirigida a sus hijos con motivo de sus 50 años de ordenación sacerdotal.
80 Es Cristo que pasa 38-39.
81 En una tertulia en Pozoalbero, el 9 de noviembre de 1972.

14.1» Palabras de algunos santos – Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  CDecía san Efrén (306-372): Nadie puede alabar dignamente a José67.

San Juan Crisóstomo (+407) afirma con relación a san José: No pienses, oh José, que por haber sido concebido Cristo por obra del Espíritu Santo, puedes tú ser ajeno a esta divina economía. Pues, aunque es cierto que no tienes parte alguna en su generación y la madre permanece Virgen intacta, sin embargo, todo cuanto corresponde al oficio de padre, sin que atente en modo alguno contra la virginidad, todo te es dado a ti. Tú le pondrás el nombre al hijo, pues tú harás con él las veces de padre. De ahí que, empezando por la imposición del nombre, te uno íntimamente con el que va a nacer68.

Santa Brígida (+1373), la gran mística, en sus Revelaciones, dice que un día le dijo la Virgen María: José me sirvió tan fielmente que jamás oí de su boca una sola palabra de lisonja ni de murmuración ni de ira, pues era muy paciente, cuidadoso en su trabajo y, cuando era necesario, suave con los que reprendía, obediente en servirme, pronto defensor de mi virginidad, fidelísimo testigo de las maravillas de Dios. Igualmente, estaba tan muerto al mundo y a la carne que no deseaba más que las cosas celestiales69.

San Francisco de Sales escribía a santa Juana de Chantal el 19 de marzo de 1614: San José es el santo de nuestro corazón, el padre de mi vida y de mi amor.

San Leonardo de Puerto Maurizio (+1751) decía: Honrad a Jesús, José y María. Grabad en vuestro corazón con letras de oro esos tres nombres celestiales, pronunciadlos a menudo, escribidlos en todas partes. Repetid, muchas veces al día esos nombres sagrados, y que estén también en vuestros labios en el último suspiro.

San Alfonso María de Ligorio (+1787) escribió: Oh José, me alegro, porque Dios os ha juzgado digno de ser padre de Jesús y habéis visto someterse a tu autoridad al que obedecen los cielos y la tierra. Dios ha querido obedeceros. Por eso, yo quiero ponerme a tu servicio, honraros y amaros como mi Señor y Maestro70.

San Juan Bosco según se nos cuenta en sus Memorias biográficas, era muy devoto de san José. Lo eligió como uno de los patronos del Oratorio, colocó a los alumnos artesanos bajo su protección y lo proclamó protector de los exámenes de los estudiantes. A él recurría en sus apuros y exhortaba a los demás a invocarlo. Varias veces al año, hablaba en la plática de la noche sobre la eficacia de su intercesión, hacía celebrar la fiesta del patrocinio de san José el tercer domingo después de Pascua y solía preparar a los alumnos con breves charlas llenas de fervor.

Los jóvenes santificaban el mes dedicado a este santo en la Iglesia, individualmente o por grupos libres, pues no había prescripción reglamentaria, pero era tan grande la devoción que les había inspirado que casi todos tomaban parte en aquella piadosa práctica.

Don Bosco quiso siempre que hubiese un altar dedicado a san José en todas las iglesias que él levantó. Tuvo una gran alegría y exteriorizó su contento, cuando el Papa Pío IX lo proclamó patrono de la Iglesia universal; y estableció en 1871 que, en todas sus casas, lo mismo los estudiantes que los aprendices, debían celebrar su fiesta el diecinueve de marzo, guardando completo descanso de todo trabajo, pues por aquellos años el diecinueve de marzo no era día festivo.

En 1859 daba Don Bosco una prueba de su constante devoción a san José, añadiendo en el devocionario “El joven cristiano” una práctica piadosa, memoria de los siete dolores y gozos de san José; una oración al mismo santo para obtener la virtud de la pureza y otra para impetrar una buena muerte con hermosas canciones religiosas en su honor71.

Y Don Bosco contaba lo siguiente: Hace pocos años, un pobre muchacho de Turín, que no había recibido ninguna instrucción religiosa, fue un día a comprar una cajetilla de tabaco. Al volver donde su compañeros, quiso leer la parte impresa en el envoltorio del tabaco. Era una oración a san José para obtener la buena muerte… Tanto la estudió que se la aprendió de memoria y la rezaba cada día, casi materialmente, sin intención alguna de alcanzar ninguna gracia.

San José no quedó insensible ante aquel homenaje, en cierto modo involuntario; tocó el corazón del pobre joven, se presentó a Don Bosco y él le proporcionó la inestimable fortuna de llevarlo a Dios. El joven correspondió a la gracia, tuvo oportunidad de instruirse en la religión que había descuidado hasta entonces por ignorarla y pudo hacer bien su primera comunión. Al poco tiempo, cayó enfermo y murió, invocando el nombre de san José, que le había obtenido la paz y el consuelo de aquellos últimos momentos72.
67 Op. Sir. 3,600.
68 Homilía sobre el Evangelio de san Mateo 4, 6.
69 Revelaciones libro 6, cap. 59.
70 San Alfonso María de Ligorio, Une année de méditations, Ed. Avon, 1887, p. 587.
71 Memorias biográficas tomo VI, pp. 152-153.
72 Ib. p. 152.

13.4» Milagros de san José Parte 4

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Decía la Madre Teresa de Calcuta: Confiamos en el poder del nombre de Jesús y también en el poder intercesor de san José. En los comienzos de nuestra Congregación, había momentos en los que no teníamos nada.

Un día, en uno de esos momentos de gran necesidad, tomamos un cuadro de san José y lo pusimos boca abajo. Esto nos recordaba que debíamos pedir su intercesión. Cuando recibíamos alguna ayuda, lo volvíamos a poner en la posición correcta.

Un día, un sacerdote quería imprimir unas imágenes para estimular y acrecentar la devoción a san José. Vino a verme para pedirme dinero, pero yo tenía solamente una rupia en toda la casa. Dudé un momento en dársela o no, pero finalmente se la di. Esa misma noche, volvió y me entregó un sobre lleno de dinero: cien rupias. Alguien lo había parado en la calle y le había dado ese dinero para la Madre Teresa65.

Monseñor Amancio Escapa, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Santo Domingo en la República Dominicana, cuenta el milagro, ocurrido el año 2001, a su hermano gemelo. Dice: Mi hermano llega al hospital de Valladolid con respiración asistida a tope, más muerto que vivo. El primer diagnóstico fue neumonía doble producida por legionella. Esto le provoca hemorragia interna.

Después de varios estudios, se deciden a operarlo de estómago. A los tres días, le someten a hemodiálisis, porque el riñón comenzaba a dar señales de fallo. Le practican la traqueotomía. Durante los cuarenta y ocho días que permaneció en la UVI (Cuidados intensivos), en dos ocasiones, hay infección de virus hospitalario. Permaneció en el hospital durante setenta y un días.

Pedí oraciones a cuantos conocía. Puedo decir que mi vida en esos momentos era una oración continua. El centro de la misma siempre fue el sagrario. Le pedía a Jesús con toda mi alma conformidad con su voluntad. Había puesto a mi hermano en las manos de Dios. Y, como es natural, consciente de mi pobreza, busqué mis intercesores ante Jesús. Estos fueron la Virgen María y san José.

A la Virgen le rezaba dos rosarios diarios. A san José comencé con mis primas a bombardearle con sendas y continuadas novenas. No habíamos terminado una, cuando a mi hermano se le presentaban nuevas complicaciones. A cada complicación, una nueva novena; cinco en total. En todas las peticiones dirigidas a san José, la situación difícil se superaba.

Creo que mi hermano es fruto de un milagro de Dios y dispongo de los testimonios de los mismos médicos que lo atendieron. ¿Quiénes fueron los autores del milagro?

Para mí, Jesús Eucaristía, el jefe, como les decía a mis primas, y que era el centro. María, mi abogada. Y san José, mi intercesor. Por eso, mi corazón está lleno de gratitud, primero a Dios, después a mis grandes intercesores, la Virgen María y san José, y a todos los que se unieron a mí y me apoyaron con su oración. A todos gracias66.
65 Madre Teresa de Calcuta, Los cinco minutos de la Madre Teresa, Ed. Claretiana, Buenos Aires, 2000, p. 60.
66 Testimonio extraído de la revista Alabanza de la Renovación carismática de la República Dominicana, Nº 147 del año 20

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