"Estimado lector, lee detenidamente este pequeño libro con cuidado y bendecirás el día que cayó en tus manos."
Las benditas animas del purgatorio"Es incomprensible como algunos católicos, aún aquellos que de una u otra forma son devotos, vergonzosamente desatienden a las almas del Purgatorio."
"No hay mayor famelia, sed, pobreza, necesidad, pena, dolor, sufrimiento que se compare a los de las Almas del Purgatorio…"
"Es muy posible que algunos de nuestros más cercanos y queridos parientes estén todavía sufriendo las purificantes penas del Purgatorio y llamándonos entre lastimosos gemidos para que los ayudemos y aliviemos."
"Nuestros corazones están llenos de amor a sí mismos, duros. Tenemos hogares felices, espléndida comida, vestido, y abundancia de todas las cosas."
"Muchos de nuestros projimos viven en el hambre y la miseria, y le damos tan poco, mientras que vivimos en el despilfarro y gastamos en nosotros mismos sin necesidad."
"Hay un infinito numero de faltas en el amor, egoísmo, pensamientos, palabras, actos de sensualidad, también en cientos de variantes; faltas de caridad en el pensamiento, palabra, obra, y omisión. Holgazanería, vanidad, celos, tibieza y otras innumerables faltas."
"Ellos piensan y trabajan y descansan para satisfacerse a sí mismos. Dios ocupa un pequeñísimo espacio en sus días y sus mentes. Esto es un desaire a Su Amantísimo Corazón, el cual siempre piensa en nosotros."
"Todos esos pecados, mortales o veniales, se acumulan por 20,30,40,60 años de nuestras vidas. Todos y cada uno deberán ser expiados para después de la muerte."
"Entonces, ¿es de asombrarse que algunas almas tengan que estar en el Purgatorio por tanto tiempo?"
"La gente no se da cuenta de lo que es el Purgatorio. No conciben las espantosas penas, ni tienen idea de los largos años que las almas son retenidas en esas horribles llamas. Como resultado, hacen poco o nada para evitarse a sí mismos el Purgatorio, y aún peor, cruelmente ignoran a las pobres almas que ya están allí y que dependen enteramente de ellos para ser auxiliadas."
»Aprobación
»Prefacio
»¡Auxilio, auxilio, sufrimos mucho!
»Purgatorio
»¡Días y semanas y meses pasan sin que ellos reciban un Misa dicha por ellas!
APROBACION
Aprobación de Su Eminencia el Cardenal de Lisboa
Palacio Cardenalicio, Lisboa, 4 de marzo de 1936.
Aprobamos y recomendamos con todo el corazón este librito "Léeme o Laméntalo", por EDM (Engant de Marie, iniciales con las que se identifica el Padre O'Sullivan).
Aunque pequeño, está destinado a hacer grandes cosas entre los católicos, muchos de los cuales están increíblemente ignorantes acerca de la gran doctrina del Purgatorio.
Como consecuencia, ellos hacen poco o nada para evitarlo para sí mismos y tampoco ayudan a las Almas Sufrientes que están en terribles tormentos, esperando por las Misas y las oraciones ofrecidas por ellos.
Es nuestro mas caro deseo que cada católico debiera leer este librito y que lo comunicara por todas partes, tanto como le sea posible.
PREFACIO
Purgatorio: "Léeme o laméntalo". El título es algo alarmante. Aún, estimado lector, si tú escudriñas este pequeño libro, verás por tí mismo cuán merecido es.
El libro nos cuenta cómo salvarnos a nosotros mismos y a otros de un sufrimiento inenarrable. Algunos libros son buenos y algunos otros pueden ser de provecho. Otros son mejores y deben ser leídos sin falta.
Hay, sin embargo,libros de tan excelente mérito por razón de sus consejos, la convicción que acarrean y la acción urgente a la que nos impulsa, que sería cabalmente alocado no leerlos.
"Léeme o laméntalo" pertenece a esa clase de libros. Es por tu mayor interés, estimado amigo, que lo leas y releas, para ponderarlo bien y profundamente en sus contenidos. Nunca te arrepentirás de ello, por el contrario, grande y amargo será tu arrepentimiento si tu fallas en estudiarlo en sus sustanciosas páginas.
¡AUXILIO, AUXILIO, SUFRIMOS MUCHO!
I: Nunca llegaremos a comprender lo suficientemente claro que una limosna, pequeña o grande, dada en favor de las almas sufrientes, se la damos directamente a Dios.
El acepta y recuerda como si se la hubieran dado directamente a Él mismo.
Así, todo lo que hagamos por ellas, Dios lo acepta hecho para El.
Es como si lo aliviáramos o liberáramos a Él mismo del Purgatorio. En qué manera nos pagará!
II. No hay mayor famelia, sed, pobreza, necesidad, pena, dolor, sufrimiento que se compare a los de las Almas del Purgatorio, por lo tanto no hay limosnas más merecidas, ni más placenteras a Dios, ni mérito mas alto para nosotros, que rezar, pedir celebraciones de Misas, y dar limosnas en favor de las pobres Santas Almas.
III. Es muy posible que algunos de nuestros más cercanos y queridos parientes estén todavía sufriendo las purificantes penas del Purgatorio y llamándonos entre lastimosos gemidos para que los ayudemos y aliviemos.
IV. ¡¡¡¿¿No es terrible que seamos tan duros que no podamos pensar en ellos, ni tampoco podemos ser tan crueles que deliberadamente los olvidemos??!!!
Por el amor de Cristo, hagamos todo, pero todo, lo que podamos por ellas.
Cada católico debería unirse a la Asociación de las Animas Benditas.
PURGATORIO
San Nicolás Tolentino, abogado de las ánimas benditas del Purgatorio Estampa de San Nicolás Tolentino, abogado de las ánimas benditas del Purgatorio
"Tengan piedad de mí, tengan piedad de mí, por lo menos ustedes mis amigos, porque la mano del Señor me ha tocado" (Job 19:21).
Esta es la conmovedora súplica que la Iglesia Purgante envía a sus amigos en la tierra.
Tierra, comiencen, imploren su ayuda, en respuesta a la angustia mas profunda. Muchos dependen de sus oraciones.
Es incomprensible como algunos católicos, aún aquellos que de una u otra forma son devotos, vergonzosamente desatienden a las almas del Purgatorio. Pareciera que no creen en el Purgatorio. Ciertamente es que sus ideas acerca de ello son muy difusas.
¡Días y semanas y meses pasan sin que ellos reciban una Misa dicha por ellas!
Raramente también, oyen Misa por ellos, raramente rezan por ellos, raramente piensan en ellos!
Entretanto están gozando la plenitud de la salud y la felicidad, ocupados en sus trabajos; divirtiendose, mientras las pobres almas sufren inenarrables agonías en sus lechos de llamas.
¿Cuál es la causa de esta horrible insensibilidad? Ignorancia: gruesa, inexplicable ignorancia.
La gente no se da cuenta de lo que es el Purgatorio. No conciben las espantosas penas, ni tienen idea de los largos años que las almas son retenidas en esas horribles llamas.
Como resultado, hacen poco o nada para evitarse a sí mismos el Purgatorio, y aún peor, cruelmente ignoran a las pobres almas que ya están allí y que dependen enteramente de ellos para ser auxiliadas.
Estimado lector, lee detenidamente este pequeño libro con cuidado y bendecirás el día que cayó en tus manos.
Agreda Mª de Jesús, Mística ciudad de Dios, Ed. Villena, Madrid, 1985. Anderson Joan Ester, Where angels walk, Ed Ballantine Books, Nueva York, 1993. Anónimo, Le ciel parmi nous, Ed. Benedictines, 1997. Ayape Eugenio, Sor Mónica y el Padre Cantera, Ed. Augustinus, Madrid, 1986. Berzosa Raúl, Ángeles y demonios, Ed. BAC, Madrid, 1996. Biver Paul, Père Lamy, apôtre et mystique, Ed. du Serviteur, 1988. Bosc J. Anges, démons et êtres intermédiaires, París, 1968. Brunot Amedeè, Mariam, la petite arabe, Ed. Salvador, Mulhouse, 1984. Ciomei Fortunato, Edvige Carboni, Ed. Poligrafía, Alghero (Italia), 1993. Crisóstomo Juan San, El sacerdocio, Ed. apostolado mariano, Sevilla, 1990. Cuttaz, il nostro angelo custode, Ed Paoline. Danielou Jean, La misión de los ángeles, Ed Paulinas, Buenos Aires, 1998. Darbins Pascal, Vie et oeuvres de Soeur Marie Lataste, Ed. Tequi, Paris, 1974. Drahos Mary, Gli angeli di Dio, nostri cari custodi, Ed. Vaticana, 1999. Emmerick Ana Catalina, Visiones y Revelaciones, Ed. Guadalupe, México, 1944. Galgani Gema santa, Diario, Grafica Animobono, Roma, 1997. Giudici María Pia, Gli angeli, E. Città Nuova, Roma, 2004. Gozzellino G., Inchiesta sugli angeli, Ed. Elle di ci, Torino, 1987. Grün Anselm, Todos tenemos un ángel, Ed. Bonum, Buenos Aires, 1999. Huber Georges, Mi ángel marchará delante de ti, Ed. Palabra, Madrid, 1998. Jovanovic Pierre, Inchiesta sull’esistenza degli angeli custodi, Ed. Piemme, Asti, 1995. Lorient Marc, De l’angelité, Ed. Benedictines, 2002. Madre Angélica, Sons of light, Ed. EWTN, 1977. Marconcini, Amato, Tochetta Fiori, Angeli e demoni, Ed. EDB, Bologna, 1991. Maria Antonia, Devo narrar minha vida, Ed. Rosario, Curitiba, 1985. Molinaris M., Florecillas de don Bosco, Madrid, 1978. Montonati Angelo, Francesca Romana, Ed. Marconi, Genova, 1983. O’Sullivan Paul, All about the angels, Ed. Tan books, Rockford, 1990. Parente Alessio, Mandami il tuo angelo custode, Ed. P. Pío da Pietrelcina, San Giovanni Rotondo, 1999. Peterson E., Le livre des anges, Ed. Ad Solem. Philippi Julio, Ángeles y demonios, Ed Grijaldo, México, 1996. Revista L’ange gardien, Lyon (Francia) desde 1891. Puede verse en Internet. Salerno Giovanni, Misión andina con Dios, Ed. Edibesa, Madrid, 2002. Siena Giovanni, Padre Pio, ésta es la hora de los ángeles, Ed. L’arcangelo, S. Giovanni Rotondo, 1977. Tavard G., Los ángeles en la Historia de los dogmas, Ed. BAC, Madrid, 1973. Tentori M., Angeli custodi, Archivo storico di Padre somaschi, 1992. Traval y Roset Manuel, Milagros eucarísticos, Ed. apostolado mariano, Sevilla, 2001. Uribe Jaramillo Alfonso, Ángeles y demonios, Ed. Carrera séptima, Bogotá. Varios, Ma gli angeli esistono davvero?, Ed. Medjugorje-Torino, 7 edizioni. Von Lama Friederich, Les anges, Ed. Christiana, 1973. Weigl A., Convivendo com o anjo da guarda, Ed. Rosario, Curitiba (Brasil), 1996. Zamboni Doriana, Milagros cotidianos, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2003.
Un ángel es un miembro de aquella familia de seres maravillosos que, antes de que fuese creado el mundo hace millones de años, ha estado delante del trono de Dios y lo ha servido y adorado con amor apasionado. (Cardenal Henry Newman)
Después de haber visto la importancia de la amistad con los ángeles, considero que sería una buena decisión tomar en serio a estos hermanos nuestros, que tanto pueden y desean ayudarnos. Su amistad no nos hará daño, sino todo lo contrario.
Por eso, debemos comenzar por hacer con ellos un pacto de amor y ayuda mutua.
Después, hacer el propósito de pensar más en ellos, saludarlos y ofrecerles muestras de cariño, ofreciéndoles flores espirituales.
Ellos se sentirán agradecidos y nos responderán con su amor y ayuda más de lo que podemos imaginar.
Dios nos ha dado un ángel bueno para que nos cuide. Olvidarlo y no pedirle ayuda es algo que va en contra de la voluntad de Dios.
Allá los que no crean en su existencia o duden de su eficiencia.
Los santos nos hablan por su propia experiencia y yo puedo dar testimonio de la eficacia de esta realidad.
Ellos son tan reales como las cosas que nos rodean.
Ellos están más cerca que nuestros propios familiares.
Ellos nunca nos abandonan. Y, con mucha frecuencia, nos libran de peligros sin que nos demos cuenta.
Saludos de mi ángel y saludos a tu ángel.
Tu hermano y amigo del Perú. P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre-LIMA-PERÚ Teléfono 461-5894
Cuando perdido en la vida
y alejado de mi casa,
andaba por los caminos
sin saber por dónde andaba,
tú caminabas conmigo
al ritmo de mi sandalia.
Cuando perdido en la noche,
tenía frío en el alma,
tú caminabas conmigo
hasta el despertar del alba.
Cuando estrellado en el muro
y cercado por la valla,
me sentía prisionero
sin la libertad soñada,
tú caminabas conmigo,
deshaciendo la alambrada.
Siempre estuviste en mi vida
como el sol de la mañana,
como la luna en la noche,
como el mar sobre la playa,
siempre estuviste a mi lado,
animando mi esperanza.
Por ti volvió mi Jesús
a ser el centro de mi alma.
Y, por eso, te doy gracias
angelito de mi guarda.
Yo enviaré un ángel delante
de ti para que te defienda
en el camino y te haga llegar
a tu destino. Acátale y
escucha su voz.
(Ex 23, 20-21)
Ángel santo de la guarda,
compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas,
ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible,
sé que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones
y cuentas todos mis pasos.
En las sombras de la noche,
me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho
tus alas de nácar y oro.
Ángel de Dios, que yo escuche
tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo
hacia Dios, que me lo envía.
Testigo de lo invisible,
presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia,
gracias por tu compañía.
En presencia de los ángeles,
suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo. Amén.
(Himno de la Liturgia de las Horas)
Ángeles de Dios, espíritus puros y ministros del Señor, que presentáis ante su trono mis oraciones y sufrimientos, ayudadme para que pueda presentarme puro ante el trono de Dios para celebrar dignamente este santo sacrificio.
Ángel de mi guarda, ayúdame durante la misa y ofrece el sacrificio de mi vida y de mi amor al Señor todopoderoso, en unión con todos los ángeles y santos.
Arcángeles santos, ilustres capitanes del ejército celestial, ayudadme a comprender los grandes misterios que vamos a celebrar.
Principados del cielo, dadme la gracia de vivir enteramente para Dios en la salud o en la enfermedad, en la pobreza o en la riqueza, para que mi vida sea toda para Dios, cumpliendo siempre su santa voluntad.
Virtudes celestes, asistidme para que progresando cada día más en el ejercicio de las virtudes, sea digno de tocar con mis manos y recibir en mi corazón a Jesús, mi Señor y mi Dios.
Potestades invencibles del Señor, libradme de todos los ataques de los enemigos del alma y alejad de mí a todos los demonios durante esta celebración eucarística para que pueda servir dignamente a mi Señor.
Dominaciones poderosas, dadme la libertad de los hijos de Dios para que no esté sometido a los vicios ni apetitos carnales y pueda amar libremente y con todo mi amor a mi Señor, Dios todopoderoso.
Tronos sublimes y gloriosos, dadme la gracia de ser humilde y sumiso a la voluntad de Dios para servirlo con todo mi corazón, y mi alma pueda ser digna morada de la santa Trinidad.
Querubines excelsos y luminosos de la gloria celestial, iluminad mi alma para que pueda conocer la excelencia infinita del sacrificio que vamos a celebrar y pueda con vosotros alabar y glorificar ahora y por siempre el santo Nombre de Dios.
Serafines amorosos, que estáis ante el trono de Dios, envolvedme con vuestro fuego divino para que mi alma sea una llama de amor y pueda unirme a vosotros para amar ardientemente a Dios por toda la eternidad. Amén.
Todos los coros de los ángeles, acompañadme en esta celebración.
Todos los ángeles del universo, venid a cantar conmigo las alabanzas del Señor. Amén.
Ángel de mi guarda, tú que eres un ángel del Señor, un espíritu puro, más sabio que los sabios y más fuerte que todos los poderosos.
Tú que contemplas sin cesar la faz del Padre celestial, tú que me acompañas desde mi infancia y eres mi protector y mi guía por los caminos de la vida.
Te doy gracias por todo lo que me has ayudado, por haberme librado de muchas tentaciones y haberme consolado en muchas dificultades. Gracias, ángel mío.
Te quiero pedir en este momento que presentes mis oraciones y sufrimientos ante el altar de Dios por la salvación de mis hermanos.
Ayúdame a ser amigo de todos los ángeles del universo, quiero ser hermano y amigo de todos ellos.
Tú que eres amigo de todos los ángeles, úneme a ellos, saluda al ángel de mis padres, hermanos, amigos y de todos mis familiares.
Saluda también cada día a los ángeles de quienes se acerquen a mí; y haz que mi compromiso y mi pacto de amor, que hice un día con todos los ángeles, sea efectivo.
Quiero sentirme serafín con los serafines, querubín con los querubines, y ángel con cada uno de ellos.
Quiero que los ángeles virtudes fomenten en mí todas las virtudes y quiero unirme, especialmente, a todos los ángeles que adoran a Jesús sacramentado.
Ángel mío, ángel amigo, ángel de Dios, bendíceme y ora mucho por mí. Procura que en cada sagrario del mundo haya, al menos, un ángel que ama y adora y ora en mi nombre.
Que en todas las misas haya quien me represente ante el altar de Dios y, cuando alguno de mis familiares y amigos esté en dificultad, vete tú a ayudarle de mi parte en unión con otros ángeles.
Señor Jesús, hazme amigo de todos los ángeles para que todos tengan mi nombre escrito en su corazón y puedan amarte y adorarte en mi nombre, ahora y para siempre en unión con la Virgen María y todos los santos. Amén.
La Madre Amparo, fundadora del convento de clarisas de Cantalapiedra (Salamanca-España) nos habla en su Autobiografía de que el 17 de octubre de 1934, en la noche, soñó con santa Margarita María de Alacoque, la mensajera del Corazón de Jesús, de quien era muy devota, y dice:
Estaba toda vestida de blanco y os ha hecho a todas socias de la Sociedad… Es una Sociedad que tenemos: la Sociedad de los serafines. Ya sabéis a lo que esto os obliga: a ser serafines, a tener en la tierra el mismo oficio que ellos en el cielo: amar a Dios y alabarle y glorificarle en todo, lo mismo en las penas que en las alegrías, conformándonos siempre con su voluntad.
Santa Margarita María de Alacoque pertenecía también a la Asociación de los ángeles, adoradores de Jesús sacramentado. Ella cuenta en su Memoria, escrita a la Madre Saumaise:
Vi una multitud de ángeles que me dijeron que estaban destinados a honrar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar, que si yo quería asociarme a ellos me recibirían de buen grado, pero que era preciso que comenzara a vivir su misma vida.
Ellos me ayudarían cuanto pudieran para hacerlo así y suplirían mi incapacidad de rendir a Nuestro Señor los homenajes de amor que desea de mí.
Que era preciso, en cambio, que supliera yo su incapacidad de padecer y que así uniríamos el amor paciente (sufriente) a su amor gozoso. Y me hicieron leer nuestro pacto escrito en el Sagrado Corazón de Jesucristo.
¿No querrías tu pertenecer también a la Asociación de los ángeles adoradores de Jesús sacramentado y a la Asociación de los serafines y, en general, pertenecer a la Asociación de los ángeles para amar y adorar con ellos y por ellos a tu Dios y Señor?
¿Por qué no haces un pacto de amor con ellos para ser su hermano y su amigo?
Ellos, por su parte, tendrán tu nombre escrito en su corazón y rezarán siempre por ti, y adorarán y amarán a Dios contigo y de tu parte.
Piensa: Serás un hermano de los serafines y de los querubines, de los ángeles y de los arcángeles… Y ellos te aceptarán como hermano y te cuidarán como a un hijo querido.
Di ahora mismo:
Dios mío, Trinidad a quien adoro, en unión de los serafines y de todos los ángeles del universo, te adoro y te amo.
Me consagro a ellos como hermano y me asocio a ellos como un niño pequeño, que necesita su ayuda y protección.
Padre mío, por medio de Jesús y de María, con el poder del Espíritu Santo, une mi vida a la suya, mi amor a su amor y haz que, a partir de este momento, seamos UNO, para siempre.
Recibe este pacto de amor en el Corazón de Jesús por medio de María y sellado con la sangre de Jesús para que se haga realidad. Amén.
Era un 16 de diciembre de 1943, aquel día mi ángel estaba contento, porque a las ocho de la noche de un día frío y lluvioso de invierno vine al mundo y él me estaba esperando con amor.
Seguramente le ayudó a mi madre en aquellos momentos para que todo saliera bien según el plan de Dios.
Mi padre se alegró y quiso ponerme su nombre: Ángel.
Quizás, por eso, no es casualidad que, desde muy pequeño, haya tenido mucha devoción a los ángeles.
Desde que tengo uso de razón, recuerdo que encima de mi cama había una imagen grande de un ángel con alas que cuidaba a dos niños que estaban atravesando un puente rudimentario.
Es una imagen muy conocida y que a mí, desde muy niño, me hizo querer al compañero de mi vida e invocarlo con amor.
La devoción al ángel de la guarda ha sido en mi familia una nota característica y a mis hermanas les recuerdo siempre que no se olviden de rezar a su ángel.
A muchas personas, cuando les escribo, les digo: Saludos de mi ángel.
Cuando era joven seminarista, un día fuimos al monte y, en un descuido, casi me saco un ojo con un clavo, en una casa de campo abandonada.
Creo que mi ángel estaba allí y me cuidó para que no me pasara nada. Mi ángel cumplía órdenes y velaba por mí como lo ha hecho a lo largo de mi vida.
El plan de Dios era que fuera sacerdote y, por eso, me cuidaba de tantos peligros para el cuerpo y para el alma.
Cuando estaba de misionero en la Sierra del Perú, me libró de peligros de serpientes, de caídas del caballo, de enfermedades por causa del clima y de tantas otras cosas que sólo conoceré en el cielo. Por eso, estoy muy agradecido a mi ángel.
Cuando era capellán militar en el norte de África, estaba espiritualmente bajo de forma; estaba pensando en dejar el sacerdocio y fue, en aquellas dudas, en las que sentí la inspiración de mi ángel (así lo digo siempre) de escribir a cuatro conventos de vida contemplativa para pedirles ayuda.
Y creo que me sirvió, pues no tuve que retirarme y retomé mi vocación con más fuerza y fervor, cuando pasó la crisis de fe.
Estando en Arequipa, un día, estando en la sala de televisión, él me inspiró a escribir a muchos conventos de vida contemplativa para pedir oraciones, considerando que sería muy hermoso tener el apoyo espiritual de muchas buenas y santas religiosas.
Fue el 5 de diciembre de 1988, cuando escribí las primeras cartas a religiosas de clausura de distintos países, y cuya amistad dura hasta ahora. Creo que es una de las cosas que más beneficio espiritual me ha traído en mi vida.
En una oportunidad, iba a celebrar la misa con otros dos sacerdotes de mi Orden y no había nadie en la iglesia.
Mis hermanos me dicen: ¿Vamos a celebrar nosotros solos?
Les digo: No, la iglesia está llena de ángeles. Parece que no les convencía mucho esta idea, pero para mí era muy claro que nunca estamos solos.
Por eso, decía san Bernardo: Nunca estoy menos solo que cuando estoy solo. Siempre estamos rodeados de ángeles, que nos acompañan en todas partes.
Yo estoy convencido de ello. Por lo cual, saludo a los ángeles de los que me saludan y de los que me rodean.
Cuando celebro la misa, pienso en los ángeles de los presentes y les pido que vengan al altar a acompañarme, y lo mismo le digo al ángel de la iglesia, a los ángeles del acólito y de las religiosas, a quienes he pedido que me envíen cada día su ángel. A todos los ángeles del universo los invito a asistir a la misa.
En nuestra iglesia, a veces, cantamos una canción a los ángeles que comienza diciendo: Hay ángeles volando en este lugar. Esta canción me emociona y me hace pensar en su presencia.
Hace un tiempo, estaba paseando por un parque público cantando en voz baja una canción inventada, cuando vi a unos niños, que estaban jugando con su papá.
Me acerqué a saludarlos, pues soy muy amigo de los niños, y me sentí feliz de su cariño. Pensé en sus ángeles y les hablé de que rezaran a su ángel. Esto lo hago muchas veces con los niños grandecitos, para que no se olviden de rezar cada día la oración del ángel custodio.
Hay días en que, cuando despido a una persona, le digo: Te presto mi ángel hasta que llegues a tu casa. Creo que es algo afectivo, sobre todo, para evitar el miedo por las noches y por zonas peligrosas.
Cuando rezo el oficio divino o el rosario, pido a mi ángel que me acompañe en mi oración.
Frecuentemente, le pido que me ayude y me inspire lo que debo escribir, o lo que debo hablar, sobre todo, en la misa.
A veces, me uno a todos los ángeles de los sagrarios del mundo entero o a los que asisten a todas las misas del mundo para adorar con ellos a Jesús sacramentado.
Cuando visito a los enfermos, me gusta hacerles repetir la oración del ángel y se la recomiendo a todos los que puedo.
Cuando viajo, invoco a los ángeles de mis compañeros de viaje y especialmente del chofer.
Mi ángel es para mí un hermano, un amigo, un padre, que siempre vela por mí y siempre está conmigo.
¿Qué sería mi vida sin el ángel? Dios me lo ha dado para ayudarme y me privaría de muchas gracias que Dios ha querido darme por medio de él.
Por eso, pienso en los que no creen en el ángel o no lo invocan nunca o se olvidan fácilmente de él. ¡Cuántas bendiciones se pierden!
¡Es muy hermoso recibir la comunión acompañado de los ángeles!
Mi ángel me ayuda a hacer una buena comunión y, después de la misa, me acompaña a darle gracias al Señor por la misa celebrada.
Mi ángel ofrece todo lo que hago al Señor y reza por mí para que cumpla la misión que Dios me ha encomendado en este mundo.
Él quiere que sea un sacerdote santo y me lo recuerda muchas veces y me exige, porque es muy exigente, que sea fiel hasta en los más pequeños detalles.
Algunas personas me han preguntado alguna vez, si he visto a mi ángel. Les digo que NO, pero no hace falta verlo para estar seguro de su existencia y de su compañía.
Ahí está la vida de los grandes santos, que lo veían y nos cuentan cómo los ayudaba y consolaba. A veces, hasta les llevaba la comunión, cuando estaban enfermos.
Mi ángel es amigo de mis amigos y los ángeles de mis amigos son también mis amigos y puedo contar con ellos.
Entre los ángeles, no hay celos ni envidias. Todos nos aman, todos quieren ser nuestros amigos, y todos quieren ayudarnos.
Personalmente, me siento contento de ser amigo de todos los ángeles que existen, sin olvidarme de los santos y de las almas del purgatorio.
A todos los tengo presentes en la misa, especialmente, a todos mis familiares y antepasados.
Y, como he hecho un pacto con los ángeles, me siento feliz de saber que muchísimas bendiciones, que recibo de Dios, las recibo, porque ellos rezan por mí y aman y alaban a Dios en mi nombre.
Por mi parte, ofrezco algunas veces misas en su honor, especialmente, de mi ángel custodio y les doy mi bendición para que la repartan a los que la necesiten, porque ellos también me bendicen a mí de parte de Dios.
¡Que Dios sea bendito en sus santos y en sus ángeles! Amé