por Makf | 29 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Marta dijo a su hermana María:
El Maestro está ahí y te llama (Jn 11, 28). Sí, Jesús está esperándote todos los días y todas las noches.
¿No tendrás al menos cinco minutos cada día para ir a visitarlo?
¡Qué solo se encuentra Jesús en tantos sagrarios del mundo, donde se pasa horas y horas sin que nadie lo visite!
¡Qué pocos se dan cuenta del enorme deseo que tiene de ser visitado y amado en este Santísimo Sacramento del altar!
No olvidemos que en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos verdaderamente, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre junto con el alma y la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y, por consiguiente, Cristo entero (Cat 1374).
La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia (Cat 1407).
Por eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el santo sacramento (Cat 1379).
El sagrario es el trono de Dios en la tierra, es el lugar más hermoso del mundo. Allí el Dios omnipotente, el autor de todo la creación, está habitando en una pequeña casita de cuatro tablas, humilde como la pequeña cueva de Belén.
Por eso, el sagrario nos trae el recuerdo de la Navidad, pues Jesús está como un niño pequeñito, oculto en la hostia santa.
El sagrario es el lugar donde habita Dios en medio de los hombres. Es su casa, siempre abierta para nosotros, y a la que estamos invitados cada día, pues nos espera con los brazos abiertos.
¡Qué dicha para nosotros saber que Jesús, para estar con nosotros, no escogió el rayo, que es la fuerza cumbre de la naturaleza y que sólo aparece de vez en cuando y no en todas partes; tampoco escogió el diamante, cuyo brillo cautiva los ojos.
No escogió la rosa ni ninguna otra bella flor. Quiso escoger un pedazo de pan y algunas gotas de vino para que todos los días pudiera estar con nosotros y pudiéramos asimilarlos para ser UNO con Él!
Por eso, aunque escasee el tiempo, aunque solo dispongas de unos minutos, no dejes de entrar cada día a visitar a Jesús.
Y, si algún día no puedes, suple tu visita con amor; porque Jesús, desde el sagrario, te está preguntando como a Pedro:
¿Me amas? Cuantas más veces visites a Jesús sacramentado, más robusta estará tu alma.
¡Qué momentos tan sublimes serán los que pases delante de Jesús! La luz roja de la lámpara parpadea como si fuera un corazón que late de amor por Jesús.
Ofrécele toda tu vida y tu amor y déjate bañar por sus benditos rayos de luz y de amor invisibles, pero reales.
Lo que es el sol para la vida física eso es el sol de la Eucaristía para la vida espiritual. El mismo Papa Benedicto XVI decía: Dios nos espera en Jesucristo, presente en el santo sacramento.
¡No le hagamos esperar en vano! No pasemos de largo…
Tomémonos algún tiempo durante la semana, entremos al pasar y permanezcamos un momento ante el Señor que está tan cerca.
Nuestras iglesias no deberían ser durante el día casas muertas, que están ahí vacías y, aparentemente, sin ninguna finalidad. Siempre sale de dentro de ellas una invitación de Jesucristo.
Lo más hermoso de las iglesias católicas es, justamente, que en ellas siempre hay liturgia, porque en ellas siempre permanece la presencia eucarística del Señor24.
El sagrario es, en una palabra, la locura de un Dios omnipotente que ha querido vivir entre los hombres con un corazón humano. Y Jesús te sigue diciendo desde el sagrario:
Dame, hijo mío, tu corazón y que tus ojos hallen deleite en mis caminos (Prov 23, 26).
Jesús no necesita cosas materiales, Jesús sólo busca nuestro cariño y nuestro amor.
¡Cuán consoladores y suaves son los momentos pasados con este Dios de bondad! ¿Estás dominado por la tristeza? Ven un momento a echarte a sus plantas y quedarás consolado.
¿Eres despreciado del mundo? Ven aquí y hallarás un amigo, que jamás quebrantará la fidelidad.
¿Te sientes tentado? Aquí es donde vas a hallar las armas más seguras y terribles para vencer al enemigo.
¿Temes el juicio de Dios? ¿Estás oprimido por la pobreza?
Ven aquí, donde hallarás a un Dios inmensamente rico, que te dirá que todos sus bienes son tuyos25.
¡Cuántos, en el silencio del sagrario, han encontrado la fe perdida! ¡Cuántos han regresado a la fe católica abandonada!
En tu sagrario, Señor, hay plenitud de vida. ¿Qué haces ahí solitario tantos días y tantas noches? ¿Esperándome?
¿Tanto me quieres? Señor, yo te amo y quiero amarte con todo mi ser. Te ofrezco mi amor, con todos los besos y flores de mi corazón.
24 Eucaristía centro de la vida, o.c., p. 114.
25 Cura de Ars, Sermón sobre el Corpus Christi..
por Makf | 29 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Entre los primeros cristianos, el sagrario fue ocupando el lugar del arca de la alianza (del antiguo Testamento).
Efectivamente, el sagrario cumple plenamente la función asignada antaño al arca de la alianza.
Es la sede del “Santísimo”. Es la tienda de Dios, el trono que lo coloca en medio de nosotros… Esto ocurre en las iglesias rurales más humildes, lo mismo que en las catedrales más suntuosas…
Que nadie diga que la Eucaristía existe sólo para ser comida. No se trata de un “pan ordinario”…
Comerlo significa adorarlo, dejarlo entrar dentro de mí. La adoración no está reñida con la comunión.
La comunión sólo alcanza un auténtico grado de profundidad en el momento en que halla justificación y contexto en la adoración.
La presencia eucarística en el sagrario no tiene por qué dar lugar a una interpretación contraria o yuxtapuesta a la Eucaristía celebrada.
Significa, por el contrario, su plena realización. Y es que esa celebración es el origen de que la Eucaristía siempre pueda conservarse en la iglesia.
Así una iglesia jamás aparecerá como un recinto muerto, sino que se verá siempre vivificada por la presencia del Señor.
Él viene a nosotros en la celebración eucarística, la cual coloca en medio de nosotros su presencia y nos da la oportunidad de tomar parte en la Eucaristía cósmica.
¿Qué fiel no ha experimentado esto alguna vez?
Una iglesia sin la presencia de Cristo se halla de algún modo muerta, aunque pretenda invitar a los hombres a la oración.
Pero una iglesia, en la cual hay un sagrario ante el cual luce la lamparita, está siempre viva y es algo más que una edificación de piedra.
Yo sé que, en ese recinto, siempre me espera el Señor; me llama desde allí, y allí quiere hacerme “eucarístico”.
Por eso, el sagrario debe tener un lugar digno dentro de la planificación arquitectónica del templo, a fin de que la presencia del Señor nos toque el alma22.
Veamos un caso concreto.
En una misión de África del Sur, una tarde conversaban juntos una madre con su hijo pequeño, que ya era catecúmeno y se preparaba para recibir el bautismo en la misión católica.
La madre le preguntó a su hijo:
- ¿Por qué en la iglesia siempre hay una luz roja que brilla?
- Porque es la lámpara de Jesús, que está allí.
- Pero por la noche no hay nadie en la iglesia.
- Sí, mamá, allí siempre está Jesús, que nos espera y la lámpara nos indica su presencia.
La madre se quedó pensativa y, pasado un tiempo, le comunicó al misionero que ella también quería ser cristiana, y le dijo:
¿Ves aquella luz roja? Todos los días la veía desde mi cabaña y parecía que me llamaba. No quería hacer caso de esa llamada, pero no me dejaba tranquila.
Ayer quise visitar el pesebre de Navidad con mi hijo y allí estaba la luz que me iluminaba.
No he podido resistir más a la llamada de Jesús. Quiero ser cristiana para amar a Jesús que me espera todos los días en la iglesia23.
El amor de Jesús se proyecta desde el sagrario sobre todos los que vienen con fe a visitarlo.
Su amor es como un soplo de brisa fresca en las horas de intenso calor, como un rayo de luz en los días fríos de invierno del alma.
Del sagrario sale una luz poderosa que ilumina nuestra vida para ver el camino que debemos seguir, eliminando así las tinieblas y las dudas.
El amor de Jesús Eucaristía no tiene comparación con nada de este mundo.
Podemos juntar en una caricia todos los cariños de los padres a sus hijos, todos los besos que han brotado de los labios de las madres para sus hijos a lo largo de los siglos, o todo el fuego de amor de todos los corazones amantes que han existido en la tierra.
Y todo ello no será ni una sombra de todo lo que nos ama Jesús. Jesús, en el sagrario, tiene un corazón que palpita de amor por nosotros, tiene ojos que nos miran con amor y tiene oídos para oír nuestras súplicas.
¡No lo dejemos abandonado! ¡No nos perdamos tantas bendiciones que tiene reservadas para nosotros!
Como diría el Papa Juan Pablo II: Jesús Eucaristía es el corazón palpitante de la Iglesia.
Por eso, ir todos los días al sagrario es como ir a un mundo de infinitas maravillas, pues nos encontramos con Jesús, el Dios Amor, el Dios de las maravillas y de las divinas sorpresas.
Cada día tendrá un regalo especial para nosotros, aunque no nos demos cuenta de cuál es. Pero, sin duda alguna, cada día recibiremos inmensas bendiciones, que no hubiéramos recibido de haber faltado a la cita con Jesús.
Él espera que tú seas como una lámpara ardiente, que está siempre vigilando ante el sagrario, para decir a todos los que pasen: Aquí está Jesús.
Debes ser un ángel del sagrario, asociándote a todos los ángeles que lo adoran y asemejarte a ellos en la pureza, alegría y amor.
22 Ratzinger Joseph, Introducción al espíritu de la liturgia, Ed. san Pablo, Bogotá, 2005, pp. 75-76
23 Tomado del libro del padre Victorino Capánaga, El milagro de las lámparas, Ed. Augustinus,
Madrid, 1958, p. 112.
por Makf | 29 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
San Antonio María Claret se acercaba todo lo que podía al sagrario, permaneciendo allí como extático.
Y decía: Delante del Santísimo Sacramento siento una fe tan viva que no lo puedo explicar. Casi se me hace sensible18.
Proháskza escribió:
Hay quienes dicen: Voy al bosque para rezar mejor; voy a la orilla del mar, porque allí siento la infinidad de Dios…
Yo os digo: Me voy delante del Santísimo Sacramento; porque, si rezo, quiero sentir más cerca a Dios y esto en ninguna parte lo experimento tanto como aquí delante del sagrario19.
Ciertamente, uno puede rezar en cualquier parte; pero, como dice el Papa Benedicto XVI:
Si sólo se diera esto, la iniciativa de la oración sería solamente nuestra y Dios sería, en ese caso, un postulado de nuestro pensamiento y, aunque contestara, aunque quisiera y pudiera contestar, el horizonte permanecería abierto.
Pero la Eucaristía significa que Dios ha respondido y que la propia Eucaristía es Dios hecho respuesta, ella es su presencia que responde.
Ahora la iniciativa de la relación entre Dios y el hombre ya no se encuentra en nosotros, sino en Él y, por eso, solamente ahora podemos considerarla realmente en serio.
Por ello, la oración, en el marco de la adoración eucarística, alcanza una dimensión completamente nueva: Sólo ahora reúne los dos planos (hombre y Dios) y sólo ahora es realmente auténtica…
Y, al orar ante la presencia eucarística, nunca estamos solos, pues con nosotros siempre estará orando toda la Iglesia20.
Antes de que existiera la cercanía de Dios en la Eucaristía, el hombre debía tener la iniciativa y buscar a Dios.
En todos los pueblos había templos para orar o lugares sagrados, pero sin la presencia viva de Dios.
Ahora Dios nos ama tanto que ha querido ser Él quien nos busque y nos espere. Por eso, se pasa tantas horas y tantos días, esperándonos tan cerca, en nuestras iglesias.
En el libro del Éxodo ya manifiesta Dios su deseo de estar cerca de nosotros.
Se manifestaba a Moisés en la tienda del encuentro, que él instalaba fuera del campamento. Y Dios se manifestaba por medio de una columna de nube y Yahvé hablaba con Moisés cara a cara como habla un hombre con su amigo (Ex 33, 11).
Esta tienda del encuentro podemos considerarla como una figura de lo que sería el sagrario de nuestras iglesias, donde podemos ir a encontrarnos cara a cara con nuestro Dios, sin necesidad de sacar cita previa.
Antes de ir, Él ya nos está esperando. Por esto mismo, podemos decir nosotros lo que decían aquellos judíos del antiguo Testamento:
¿Qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella como lo está de nosotros nuestro Dios? (Det 4, 7).
Por supuesto que nosotros no somos santos y, a veces, podemos estar delante de Jesús sacramentado y no sentir nada; quizás, porque nuestra fe es pequeña o también porque Dios permite que estemos insensibles para vivir sólo de la fe.
Pero lo cierto es que, con mucha frecuencia, se siente la presencia viva de Jesús a través de una gran paz interior.
Por eso, los católicos que visitan frecuentemente a Jesús Eucaristía se sienten atraídos por él como por una fuerza invisible y ya no lo pueden dejar. Poco a poco, se enamoran de Jesús sacramentado.
Sin embargo, no hay que esperar siempre consolaciones sensibles o experiencias de amor de Jesús. Basta con saber que Él está ahí como nos lo dice el mismo Jesús, que no puede mentir:
Éste es mi cuerpo… Ésta es mi sangre (Mt 26, 26-28). Yo soy el pan de vida…, el que come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo (Jn 6, 48-51).
Es triste que haya muchos católicos que son vecinos de Jesús, que viven muy cerca de Jesús, y no tengan tiempo para ir a visitarlo.
Por eso, al menos, al pasar delante de una iglesia, tengamos el detalle de saludar a distancia a Jesús.
Y, cuando por enfermedad o vejez no podamos salir de casa, pensemos que podemos hacerle visitas espirituales, pensando en el sagrario más cercano. E, incluso, podemos pedir que algún ministro extraordinario de la comunión venga a nuestra casa para poder recibir a Jesús en comunión.
En ese momento, pensemos que debemos hacerle un recibimiento lo mejor posible, colocando una mesita con un mantel nuevo, una vela encendida… Y todo aquello que nos dicte nuestro amor a Jesús.
¡Cuántas gracias reciben los ministros de la Eucaristía que llevan a Jesús a los enfermos por la calle, acompañados de millones de ángeles!
Y ¡cuántas gracias recibirán también los sacerdotes, religiosas y empleados, que viven bajo el mismo techo de Jesús, en las parroquias y conventos!
El Papa Pablo VI, en la encíclica Mysterium fidei, decía que Cristo está presente en la Palabra de Dios y en la Iglesia, pero es muy distinto el modo verdaderamente sublime con el que Cristo está presente en el sacramento de la Eucaristía.
Tal presencia se llama real; no por exclusión, como si las otras no fueran reales, sino por antonomasia, porque es también corporal y sustancial, ya que por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro (No. 21-22).
Por eso, podemos decir: Las devociones de la Iglesia católica son todas bellas, todas santas, pero la devoción al Santísimo Sacramento es, entre todas ellas, la más sublime, la más tierna y la más eficaz21.
De ahí que todo lo que hagamos para demostrarle a Jesús sacramentado nuestro amor será poco. Él se merece más, porque es nuestro Dios y Señor.
Él nos espera cada día en el sagrario con la puerta abierta y los brazos abiertos ¿Hasta cuándo?
18 Autobiografía, Ed Claret, Barcelona, 1985, p. 367.
19 Tihamer Toth, Eucaristía¸Ed. Atenas, Madrid, 1994, p. 229.
20 Ratzinger Joseph, Eucaristía, centro de la vida, Ed. Edicep, Valencia, 2003, p. 99.
21 San Pío X a la adoración nocturna española el 6-VIII-1908.
por Makf | 29 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Hay quienes dicen que no necesitan ir a la iglesia para orar y hablar con Dios.
Ciertamente, Dios está en todas partes y nos escucha, pero su presencia no es la misma en todas partes.
Hay diferentes clases de presencias de Dios como las hay entre las personas.
Por ejemplo, una persona puede hacerse presente a otra, pensando en ella. Si la llama por teléfono, su presencia será mucho más fuerte.
Si, además de hablar por teléfono, la puede ver en una pantalla, será aún más intensa esta presencia; pero, sobre todo, si va a visitarla a su misma casa, su presencia será total, porque entonces podrá abrazarla y hablar privadamente con ella, confiándole todos sus secretos sin temor a ser escuchada.
Pues bien, pensemos en Dios hace dos mil años. Si alguien quería rezar y se iba al campo para hablar con Él ante la naturaleza, Dios escuchaba su oración. Si iba al templo de Jerusalén, la presencia de Dios era más cercana y profunda.
Pero, si iba a visitar a Jesús personalmente para escuchar directamente sus enseñanzas y poder abrazarlo, sería la mayor cercanía posible que podía tener con Dios, a través de la persona de Jesús. Ahora pasa lo mismo. Uno puede rezar en su casa o en el campo.
Puede ir con fervor a una procesión o asistir a una ceremonia religiosa o asistir a un grupo de oración y allí sentirá la presencia de Dios más fuerte y profunda, pues donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20).
Pero la máxima presencia posible, la presencia total, sólo podrá vivirla ante la presencia real de Jesús, como hombre y como Dios, que se da en la Eucaristía.
Y esta presencia llega a su punto culminante en el momento sublime de la comunión eucarística, de la común unión con Cristo, que es como si recibiéramos un abrazo personal de Jesús con todo su cuerpo, alma y divinidad, con todo su cariño, como lo recibían los niños y quienes se acercaban a Jesús hace dos mil años.
Una religiosa me cuenta el siguiente testimonio, ocurrido a una niña de cuatro años. Esta niña había sido bautizada, pero sus padres eran no creyentes y no practicantes.
Apenas si la niña podía conocer el nombre de Jesús por haberlo oído ocasionalmente alguna vez a otras personas.
Un día, la familia va en gira turística a otra ciudad. Entre los lugares turísticos desean visitar una iglesia. Pero, en el momento en que llegan, el párroco está cerrando la puerta y piensan retirarse para no ser inoportunos.
Sin embargo, la niña se pone a llorar, diciendo: Jesús, Jesús, Jesús...
El párroco, al escucharla llorar, se acerca a la familia y accede a abrir la puerta y a explicarles las obras de arte de la iglesia. Pero a la niña no le interesa lo que dice, sino que apunta con el dedo al sagrario y sigue diciendo:
Jesús, Jesús, Jesús..., dejando asombrados a sus padres, que nunca le habían hablado de que allí en la Eucaristía estuviera Jesús.
La niña sentía una misteriosa fuerza de atracción hacia el sagrario y no se detuvo hasta que estuvo delante de él y pudo sonreír a Jesús, y mandarle besos con amor. El párroco se quedó asombrado y su familia mucho más.
La Eucaristía es la máxima cercanía de Dios a los hombres, es la presencia más cercana, más intensa y más profunda.
Ninguna otra presencia de Dios en el mundo, ni siquiera a través de su Palabra, puede ser mayor y más eficaz para nosotros.
De ahí que los católicos y ortodoxos, que son los únicos que tienen esta presencia, deben dar inmensas gracias a Dios y aprovechar esta presencia del mejor modo posible.
Además, al estar en oración delante de Jesús sacramentado, no estamos solos, como podemos estar en nuestra casa, acompañados sólo de nuestro ángel.
En la Eucaristía hay millones de ángeles y santos que, junto con María, nos acompañan en nuestra oración.
por Makf | 29 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La Eucaristía es fuente de luz y de amor para los que se acercan a Jesús.
También es fuente de salud para los que se acercan con fe, como la mujer hemorroísa del Evangelio.
La hermana Briege McKenna nos cuenta algunos de estos milagros en su libro Los milagros sí ocurren.
Dice: Un día me telefoneó un sacerdote muy angustiado y asustado. Acababa de saber que tenía cáncer en las cuerdas vocales y que, dentro de tres semanas, tendrían que extirparle la laringe. Me dijo que estaba desesperado, había sido ordenado apenas hacía seis años.
Al orar con él, sentí que el Señor quería que yo le hablara de la Eucaristía.
Le dije: “Padre, yo puedo orar por usted ahora por teléfono y lo haré. Pero ¿esta mañana no tuvo un encuentro con Jesús? ¿No se encuentra con él cada día?
Padre, cada día, cuando celebra la misa, cuando toma la hostia sagrada, usted se encuentra con Jesús.
¿Se da cuenta de que Jesús pasa a través de su garganta?
No hay nadie mejor a quien ir sino a Jesús. Pídale a Jesús que lo sane”. Lo oí llorar por teléfono. Y se despidió dándome las gracias.
Tres semanas después, ingresó al hospital para ser operado. Me llamó más tarde para decirme que la cirugía no se realizó.
Los médicos descubrieron que el cáncer había desaparecido y que sus cuerdas vocales estaban como nuevas. Nunca supe su nombre. Pero un año después, tuve noticias de él a través de un amigo suyo.
Antes de su enfermedad, este sacerdote joven había dejado de celebrar la misa diaria excepto los domingos.
Él tomaba la misa muy a la ligera. Y Dios usó esta experiencia del cáncer para transformar su vida. Este sacerdote fue sanado completamente, no sólo físicamente.
Se volvió un sacerdote centrado en la Eucaristía. La Eucaristía se volvió para él, un momento de encuentro con Jesús vivo14.
Otra sanación ocurrió en Sydney, Australia. Una mujer fue a un lugar, donde el padre Kevin y yo estábamos hablando. Ella se me acercó en un pasillo para pedirme que orara por ella. Estaba desesperada, porque padecía un cáncer al estómago.
Tenía un tumor que le causaba una gran hinchazón. Los médicos le dijeron que no tenía caso operarla, porque el tumor se había extendido demasiado.
Yo sabía que habría una misa esa tarde, así que le dije que iba a orar por ella, pero que asistiera también a la misa y le pidiera a Jesús que la sanara.
Su preocupación más grande era el miedo a la muerte. Yo le dije: “Vaya a encontrarse con Jesús en la Eucaristía.
Jesús le dará la fortaleza para enfrentar cualquier cosa que se presente en su vida.
Si Él ha decidido que cruce el umbral de la muerte, Él le dará la gracia de atravesar la puerta sin ese miedo terrible. Y, si ha de vivir, Él le dará la gracia de vivir”…
Por la noche, cuando teníamos un encuentro con una gran multitud, vino corriendo por el pasillo, se arrojó en mis brazos y me dijo:
- Hermana, sucedió, sucedió. - ¿Qué sucedió? - Míreme.
Vine esta mañana. Asistí a la misa como me dijo. Cuando me levanté para comulgar, me dije: En unos minutos voy a encontrarme con Jesús. Voy a recibirlo en mi corazón y le pediré que me ayude…
Tan pronto como sentí la hostia en mi lengua, sentí como si algo me quemara la garganta y me llegara hasta el estómago. Miré mi estómago y la protuberancia había desaparecido15.
El padre Emiliano Tardif, estando predicando en Tahití, Polinesia francesa, dice:
El testimonio que más me impresionó fue el de un hombre que estaba completamente ciego de un ojo, con el otro veía muy poco, y dentro de poco tiempo tendría que operarse.
Durante la misa de los enfermos, precisamente en el momento de la elevación de la hostia, vio una gran luz en la iglesia y sus ojos se abrieron. ¡Había sanado!16.
Y sigue diciendo: Estando en Brazzaville, Zaire, durante la misa por los enfermos yo prediqué sobre la Eucaristía como sacramento de curación y el Señor vino a confirmar su presencia real en la hostia consagrada, curando a dos paralíticos.
Una mujer de unos 35 años había sido llevada en una camilla. Ella yacía paralítica en cama desde hacía dos años y medio. El Señor la levantó después de la comunión…
En ese momento, otro hombre paralítico, que había sido llevado en brazos por su familia, también se levantó y caminó solo, tranquilamente, avanzando hasta el altar.
Las curaciones de todo tipo se multiplicaban. Jesús volvía a decir a su pueblo: No teman. He aquí a su Dios17.
Ciertamente, Jesús está vivo y presente en la Eucaristía y puede hacer hoy los mismos milagros que hacía hace dos mil años.
14 McKenna Briege, Los milagros sí ocurren, Ed. Asociación Reina de la Paz, 1999, p. 108.
15 ib. pp. 109-110.
16 Tardif Emiliano, Jesús está vivo, Ed. Los apóstoles, Lima, 1984, p. 140.
17 ib. p. 149..
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Arzú de Wilson Mercedes, Amor y familia, Ed. Palabra, Madrid, 1998.
Crawley Mateo, Jesús, Rey de amor, Lima, 1948.
Hahn Kimberly, El amor que da la vida, Ed. Rialp, Madrid, 2006.
Hahn Scott, Lo primero es el amor, Ed. Rialp, Madrid, 2006.
Iceta Manuel, Vivir en pareja, Ed. Equipos de Ntra. Señora, Barcelona, 1979.
Larrañaga Ignacio, El matrimonio feliz, Ed. San Pablo, Buenos Aires, 2005.
Naranjo Nicomedes, Aprende a dialogar, Ed. Mensajero, Bilbao, 2007.
Polaino-Lorente Aquilino, En busca de la autoestima perdida, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003.
Sálesman Eliécer, Matrimonio feliz, Ed. Centro Don Bosco, Bogotá, 2002.
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Varios, Pensar en familia, Ed. Palabra, Madrid, 2001.
Varios, Un solo corazón, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2006.
Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Después de haber visto diferentes aspectos de la vida matrimonial, podemos concluir que no puede haber matrimonios felices sin la presencia de Dios en su vida.
La presencia de Dios no es optativa para el que lo desee, sino necesaria, porque sin Dios nadie puede ser feliz.
Muchos, por supuesto, no pueden entender esto. Pero lo que sí podrán entender es que no son felices.
Buscan el placer, la comodidad y las cosas materiales, como si ellas dieran la felicidad.
Quizás piensan que, trabajando mucho y teniendo mucho dinero, van a poder comprar la felicidad.
Pero la felicidad ni se compra ni se vende. La tenemos dentro o no la tenemos. Sólo quien tiene a Dios y lo ama podrá ser feliz.
Por mi parte, les recomiendo que nunca dejen la oración personal y familiar.
Que hagan la entronización del Corazón de Jesús en su hogar. Que recen el rosario en familia.
Que vayan todos los días posibles a visitar a Jesús Eucaristía y a recibir su abrazo en la comunión.
De esta manera, su amor irá creciendo día a día y podrán sentir la alegría de Dios en su corazón.
Y, cuando estén unidos y sean felices, en cuanto humanamente es posible, piensen en los demás y ayúdenlos también a ser felices.
Les deseo un matrimonio feliz con Jesús en su corazón y en su vida.
Que Dios los bendiga con una familia numerosa y que ustedes sean una luz brillante para todos aquellos matrimonios que no saben qué hacer para superar sus problemas y dificultades.
Que sean felices. Es mi mejor deseo para todos.
Su hermano y amigo del Perú. Saludos de mi ángel
P. Ángel Peña O.A.R.
Agustino Recoleto
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Sagrado Corazón de Jesús, queremos pedirte en este día que reines siempre en nuestro corazón, tuyos somos y tuyos queremos ser.
Queremos unirnos más íntimamente a ti por medio del Inmaculado Corazón de María, queremos que en nuestra familia reine siempre tu amor, tu alegría y tu paz.
Te consagramos nuestra familia con todo lo que somos y tenemos, y te pedimos que nos ayudes a crecer cada día en santidad.
Jesús, te confiamos nuestra familia por medio de María y de José, su castísimo esposo.
Amen
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Señor Jesús, queremos proclamarte en este momento coma el Rey y dueño de nuestro hogar y de nuestra familia.
Queremos que reines en nuestras mentes y en nuestros corazones por el amor.
Queremos amarte y adorarte a Ti, Jesús, que siempre nos esperas en la Eucaristía.
Queremos que reines en nuestra vida entera: en nuestros pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, miradas, obras...
Todo es tuyo y todo te lo entregamos para que reines en nuestro cuerpo y en nuestra alma, pues queremos hacer siempre tu santa voluntad.
Oh divino Corazón de Jesús, dirige nuestra familia por el camino del bien, bendice nuestro trabajo y nuestras empresas, nuestras diversiones, nuestras amistades y todas nuestras actividades para que Tú seas el primero en todo.
Cúbrenos a todos con tu sangre bendita y protégenos de todo poder del maligno.
Ayúdanos en los momentos difíciles y consuélanos en nuestras penas.
Sé tú la alegría de nuestras vidas, porque sin Ti no podemos ser felices.
Te pedimos por nuestros familiares difuntos para que los tengas en tu gloria.
Y, cuando a nosotros nos llegue el momento de la partida definitiva, reúnenos a todos en tu reino para gozar todos unidos contigo en la patria celestial.
Jesús, bendice nuestro hogar. Sé Tú nuestro Rey.
Establece en nuestra casa tu trono para siempre, porque no queremos que reine otro sino Tú.
Por eso, con toda la fuerza de nuestro corazón, queremos decir:
¡Viva por siempre amado, bendecido y glorificado en nuestro hogar el Corazón divino de Jesús!
¡Venga a nosotros tu reino!
¡Bendito y alabado seas por siempre, Jesús!
¡Bendito seas por siempre en el Santísimo sacramento de la Eucaristía!
¡A Ti el poder, el honor y la gloria por los siglos de los siglos! Amen.
Oh Jesús, por medio de María me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida.
Jesús, yo te amo y yo confío en Ti. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
A continuación, el sacerdote puede dar la bendición y se llevan con devoción los cuadros de Jesús y de María hasta la casa, donde se colocarán, con flores y luces, en el salón principal; y donde la familia unida rezará todos los días especialmente el rosario.
Así Jesús queda constituido como el Rey del hogar y María como la madre de la familia.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Oh María, Madre de nuestra familia, a tu Corazón Inmaculado queremos consagrarnos en este día.
Queremos ponernos bajo tu manto y protección para que siempre nos defiendas de todo mal y de todo poder del maligno.
Madre nuestra, Virgen María, defiéndenos de los peligros, ayúdanos a superar las tentaciones y presérvanos de todo mal.
Y, cuando lleguen los momentos de dolor, sé Tú nuestro consuelo y nuestro refugio.
Y, en los momentos de alegría, llévanos por el camino que nos conduzca a Dios para serle siempre agradecidos.
Madre nuestra, recibe nuestro humilde acto de consagración.
Tuyos somos y tuyos queremos ser para siempre.
Y danos la gracia de amar a Jesús con todo nuestro corazón y ofrecerle el homenaje de nuestro amor, especialmente en la Eucaristía.
Soy todo tuyo, Reina mía, madre mía, y cuanto tengo tuyo es.
Te entrego mi vida y mi amor, mi pasado, mi presente y mi futuro con todo lo que tengo y todo lo que soy para que todo ello se lo presentes a Jesús, que lo recibirá contento de tus manos.
Dulce Corazón de María, sed la salvación mía.
Amén.