1.44» Steve Clifford

REGRESANDO A CASA
Testimonio

“Según los mormones o Iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, la Iglesia fundada por Cristo cayó en total apostasía el año 420 y se llamó hasta hoy Iglesia católica.

Pero, según ellos, la primitiva Iglesia, la verdadera, fue restaurada por Dios por medio de José Smith, el fundador de la Iglesia mormona.

Yo nací en una familia mormona y nosotros sabíamos que nuestra Iglesia era verdadera.

Mis padres procedían de los pioneros mormones, que se establecieron en Lago Salado. Nosotros vivíamos en Utah.

Y, desde los primeros tiempos, todos mis familiares habían sido mormones.

En Utah las actividades, deportes, música, escuelas... se desarrollan alrededor de la Iglesia.

Aproximadamente, el 77% de la población era mormona en mis tiempos jóvenes.

En el mundo hay unos 60.000 misioneros o misioneras jóvenes, de 19 ó 20 años, que trabajan gratuitamente en distintos países durante dos años. Y todos los mormones deben pagar religiosamente el 10% de sus ingresos a su iglesia.

Yo casi no tenía contacto con gente no mormona y a ellos los considerábamos como extraños.

Los mormones tienen cuatro libros considerados por ellos como Palabra de Dios: la Biblia, Libro del Mormón, Doctrinas y Convenios, y Perla de gran precio.

En ellos, se permite la poligamia, y se habla de que los buenos mormones llegarán a ser dioses en el más allá.

Cuando yo abandoné Utah en 1968 para ir al ejército, mi obispo me dio una medalla en la que decía: “Soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días”.

Estando en el ejército, conocí a Ana, una católica, con la que me casé en Alemania en 1971.

Con frecuencia, asistía a misa con mi esposa y mis dos hijas y apoyaba como músico al coro. Pero no tenía ninguna intención de hacerme católico.

A pesar de que no asistía a los servicios mormones, yo me proclamaba públicamente como mormón.

En enero de 1993, nos mudamos a Virginia y comencé de nuevo a asistir a misa regularmente.

Mi esposa me daba libros para que los leyera, pero yo le decía: Nací mormón, crecí mormón y moriré mormón.

Pero en noviembre de 1993, escuché la charla de un convertido del protestantismo a la Iglesia católica, que con sus investigaciones y estudios había llegado a convencerse de la verdad de la Iglesia católica.

Empecé como loco a leer libros sobre los mormones, sobre el protestantismo y el catolicismo, buscando la verdad.

Descubrí que era mentira que la Iglesia había llegado a la total apostasía y que había desaparecido en el año 420, como decían los mormones.

Estudiando la historia de la Iglesia, me di cuenta de que las enseñanzas de la Iglesia católica eran las mismas ahora que en el primer siglo.

No había evidencias de discontinuidad o de la total apostasía. Además, me di cuenta de otras incongruencias en las enseñanzas de los mormones.

José Smith había dicho, poco antes de morir, en 1844, en un sermón en el entierro de King Follet: “Hay pocos hombres que entienden el verdadero ser de Dios… Dios mismo fue una vez lo que ahora somos nosotros y es un hombre ensalzado”134.

“Cuando me di cuenta de que estaba equivocado como mormón, me quedé triste.

¿Cómo podía ser engañada tanta gente?

¿Qué podía decir de todos los sacrificios y sufrimientos de mis antepasados como mormones?

¿Cómo yo podía retirarme de la línea de mis antepasados?

Pero yo había encontrado la verdad y debía ser fiel a Dios y decidí hacerme católico, después de mucha oración y estudio.

Un día, antes de mi bautismo, me sentí lleno de gozo ante una imagen de la Virgen de Guadalupe y me convencí plenamente de la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

El 19 de febrero de 1994 recibí el bautismo, confirmación, confesión y comunión.

Soy el primero de mi familia en dejar la Iglesia mormona, ellos se han sentido defraudados, pero yo y mi esposa rezamos para que ellos también encuentren el camino de la verdad en la Iglesia católica”135.


134 Teachings of the Prophet, Joseph Smith, section 6.
135 Resumen del artículo escrito por el autor en Surprised by truth, (Vol 2), Sophia Institute Press, Manchester, (USA), 2000, pp. 103-117.

1.43» Michel Viot

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Francés, de la Iglesia evangélica luterana de Francia, se convirtió al catolicismo el 28 de junio del 2001. Había sido inspector eclesiástico, rango equivalente a obispo.

En una entrevista con Dominique Le Tourneau, decía que dio el paso definitivo a raíz de la declaración conjunta luterano-católica sobre la justificación, poco después de que el Sínodo de la Iglesia reformada francesa resolviera permitir la comunión eucarística también a los no bautizados.

Dice: “He dejado todos los grados de la masonería, altos y menos altos, por el juicio negativo que la Iglesia católica tiene sobre la masonería.

En efecto, mi deseo es llegar a ser sacerdote y creo que un sacerdote debe evitar ser motivo de división entre sus feligreses.

Soy feliz de la elección que he hecho, pero seré plenamente feliz, cuando haya sido ordenado sacerdote católico, porque es en el ejercicio del ministerio sacerdotal donde podré satisfacer los compromisos que he asumido en mi vida...

Siempre me he situado entre los luteranos que no se resignaban al cisma definitivo con Roma.

He seguido con mucho interés el diálogo teológico entre la Santa Sede y la Federación luterana mundial...

Decidí dar este paso, porque siempre he creído que la unidad completa no se dará nunca sin la comunión con el obispo de Roma, reconocido como primado...

Los luteranos deben descubrir que los dogmas marianos y eclesiológicos no afectan en nada a la mediación salvadora, única y universal, de Jesucristo. Al contrario, encuentra en ellos su sentido más pleno...

Gracias al Magisterio, la Iglesia católica cuenta con una doctrina oficial. Mantiene una Cristología fundada en la Escritura y la Tradición, pero también ilustrada por la veneración mariana.

Estoy convencido de que la mayor parte de las grandes herejías, por no decir todas, provienen de errores en Cristología.

Ahora bien, para acertar en Cristología hace falta no separar a Jesús de su Madre...

También la doctrina sobre los siete sacramentos me parece capital.

A pesar de la crisis del sacramento de la penitencia en el catolicismo, no es comparable con la ausencia de su práctica en la mayor parte de las confesiones protestantes.

Al menos, en el catolicismo se cuenta con una doctrina clara, que puede enderezar la situación.

Por otra parte, el hecho de que la ordenación sacerdotal sea un sacramento católico, ha impedido toda desviación en la celebración de la Eucaristía.

Sólo quien ha sido ordenado sacerdote puede consagrar el pan y el vino.

Nunca jamás, a pesar de la falta de sacerdotes, se podrá dar una “delegación pastoral” a un laico para celebrar la misa, cosa que se hace en número muy elevado de comunidades eclesiales protestantes”133.

Michel Viot ha escrito el libro de su conversión, titulado Du protestantismo a l’Église.


133 Testimonio publicado en la revista Palabra de noviembre del 2001. También se encuentra este testimonio en internet www.anit.es/palabra/viot.html.

1.41» Pam Forrester

REGRESANDO A CASA
Testimonio

“Yo crecí en una familia protestante. Durante años, fui una fervorosa creyente. Después de casada y, cuando ya tenía tres hijos, nos mudamos a vivir con mi esposo Mike a San Diego. Allí buscamos una iglesia, donde pudiéramos estudiar la Biblia y crecer como cristianos.

Encontramos una iglesia, en la que por primera vez en mi vida, oí hablar de la doctrina de la eterna seguridad. Es decir, una vez que uno es salvado (por haber recibido a Cristo como Salvador) siempre estará salvado, nunca podrá condenarse.

Así lo creían todos mis amigos y fieles de esta iglesia. Pero Mike y yo no estábamos muy convencidos de esto.

Algunos miembros de la iglesia nos consideraban herejes por no creer firmemente en esta doctrina.

Yo me preguntaba: ¿quién marca la diferencia y quién puede decidir dónde está la verdad y dónde está el error?

Por eso, busqué una Iglesia en la que hubiera una autoridad y seguridad en la fe.

Un día, después de leer el libro del convertido Tom Howard “Ser evangélico no es suficiente” (Evangelical is not enough), pensé que debería hacerme católica. Después leí el libro de Kart Keating Catolicismo y Fundamentalismo, y me convenció más aún.

Yo siempre me había cuestionado el por qué la fe personal debía basarse exclusivamente en la Biblia, cuando, durante muchos siglos, la gente no sabía leer y, cuando hay tantas traducciones diferentes.

Y empecé a buscar libros protestantes para ver sus razones y leí los escritos de la primitiva Iglesia, en la que aparece claramente y, sin dudas, la presencia real en Cristo en la Eucaristía. Continué leyendo libros católicos para convencerme más.

Vi un debate televisivo entre Fr. Mitch Pacwa, un jesuita, y dos eminentes apologistas protestantes (Walter Martin y John Ankerberg), en el que ellos no podían refutar las ideas católicas y no podían dar razones suficientes de sus propias opiniones.

Otro paso fue descubrir por qué algunos católicos se habían convertido en protestantes. Ninguno de ellos se había cambiado por la doctrina de la Iglesia católica, sino por razones prácticas y sin conocer a fondo su propia fe católica.

Un día, incluso, fui a escuchar a un ex-sacerdote católico, llamado Brewer, para escuchar sus razones, pero fueron los mismos viejos ataques a la Iglesia sin dar razones escriturísticas e históricas de peso.

Después de todas mis investigaciones, tuve que aceptar la verdad y en la Vigilia de Pascua de 1999 entré en la Iglesia católica.

Mis cuatro hijos pequeños entraron también en la Vigilia pascual del 2000 con el permiso de mi esposo.

Ahora es grande mi alegría y, cuanto más estudio la Biblia, más me doy cuenta de que la doctrina católica en nada contradice la Biblia, y me siento feliz de ser católica”131.


131 Esto es un resumen de su artículo publicado por Patrick Madrid en Surprised by truth, 3 vol, Sophia
Institute Press, Manchester (USA), 2002 pp. 111-127.

1.42» Stuart Swetland

REGRESANDO A CASA
Testimonio

“Yo crecí en una familia protestante con fuertes sentimientos anticatólicos. Fui bautizado como luterano a los pocos días de nacer.

Cuando tenía tres años, mis padres se mudaron Pennylvania y allí asistíamos a la iglesia metodista y a la iglesia bautista.

Pero, según iba creciendo me iba haciendo preguntas y cuestionando mi fe. Y empecé a estudiar para encontrar respuestas a mis inquietudes.

En 1981 me fui a la Escuela Naval, en donde me gradué como oficial.

En una ocasión fui con mi uniforme a la iglesia luterana y me dijeron que allí no era bien recibido, pues era una iglesia de paz y habían tomado una actitud contraria a la guerra de Vietnam.

Por otra parte, el capellán que teníamos, celebraba servicios generales, donde pudieran sentirse bien los cristianos de todas las iglesias. Yo me alejé un poco de las prácticas religiosas y sólo asistía, de vez en cuando.

Pero comencé nuevos estudios en Oxford y allí encontré algunos católicos, cuyas vidas me impresionaron favorablemente, a pesar de mis ideas anticatólicas.

Leí los escritos de san Agustín, santo Tomás de Aquino y Henry Newman. Estudié la Biblia en profundidad y encontré una iglesia anglicana, que me ayudó a entender mejor la Escritura.

Por otra parte, había un capellán católico en la Universidad y le pedí que me enseñara sus puntos de vista.

Durante dos años y medio, él, pacientemente, se reunía conmigo una vez por semana para enseñarme lo que dice la Iglesia católica y comencé a asistir a misa cada día.

Me encantaba rezar, antes y después de la misa, delante del sagrario. Llegué a convencerme de la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Los luteranos creen en la presencia real solamente durante el servicio de comunión.

Una vez, yo observé al pastor luterano, cómo después del servicio litúrgico, echaba en una bolsa las hostias consagradas que habían quedado, porque decía que Jesús estaba solamente presente durante el servicio.

En la vigilia de Pascua de 1984, fui recibido en la Iglesia católica en la pequeña capilla de la Universidad de Oxford.

Una vez convertido, sentí que no podía estar más tiempo en la Marina, donde no podía asistir a misa todos los días como yo quería.

Retirado de la Marina, sentí deseos de entregarme completamente al servicio de Dios y entré en el Seminario.

Fui ordenado sacerdote el 25 de mayo de 1991. Ahora sirvo como capellán en el Centro Newman de Oxford”132


132 Resumen del artículo publicado en el libro de Patrick Madrid, Surprised by truth, vol 3, Sophia Institute Press, Manchester (USA), 2002, pp. 3-21.

1.40» Steve Wood

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Dice sobre su conversión:

“Un amigo me aconsejó que leyera la Biblia. Pero ¿qué Biblia? Me decidí por la nueva versión inglesa (New English versión).

Yo estaba asombrado de lo que leía y me parecía que Dios me hablaba a mí personalmente a través de la lectura de la Biblia.

Acepté a Cristo como mi Salvador y me invadió una gran alegría y el sentimiento de que Él me había perdonado mis pecados.

Después de haber encontrado a Jesús, me pregunté: “¿Dónde encontrar la Iglesia de Jesús?”.

Yo no podía imaginar que necesitaría veinte años para contestar a esta pregunta.

Empecé a frecuentar diferentes iglesias, sobre todo, la iglesia presbiteriana, pues yo había nacido en una familia presbiteriana.

Pero me comprometí pronto con las Asambleas de Dios y después con la iglesia del Calvario (Calvary Chapel), que tenía una predicación poderosa y atractiva para los jóvenes.

Sin embargo, empecé a estar en desacuerdo con algunas de las enseñanzas del pastor Chuck Smith y me di cuenta de que no podía permanecer más tiempo en esa iglesia, con la que tenía enormes diferencias doctrinales.

Pronto llegué a ser pastor de una iglesia carismática interdenominacional y en 1978 fui ordenado ministro de esta iglesia, que no tenía unidad al ser miembros de diferentes iglesias, sin una base doctrinal común.

Quise estudiar más y fui con mi esposa Karen al Seminario teológico Gordon-Conwell de Massachusetts para aprender más teología.

Aprendí que el bautismo de los niños era, no sólo algo permisible, sino importante, y bauticé a mi primer hijo recién nacido.

Formé una iglesia propia y, como pastor de mi propia iglesia, podía tener libertad para introducir algunas innovaciones como la celebración semanal de la cena del Señor.

Empecé a estudiar los escritos de los Padres de la Iglesia primitiva de los tres primeros siglos y la doctrina de los primeros cristianos me pareció de la Iglesia católica.

Consideré la posibilidad de pertenecer a la Iglesia episcopal o a la Iglesia ortodoxa, pues todavía estaba lejos de la Iglesia católica.

Pero, cuando alguien me explicó la posición de la Iglesia católica en asuntos como la salvación, comprendí lo fácil que es malinterpretar y acusar sin motivos.

Cuando en 1986, Scott Hahn y Gerry Matatics, dos de los más brillantes y celosos anticatólicos, compañeros míos de Seminario, se hicieron católicos, yo no lo podía creer.

Empecé a leer libros católicos y a buscar sus respuestas a todas las preguntas que yo proponía.

Por este tiempo, me comprometí también con el movimiento pro-vida y encontré católicos por todas partes. Me di cuenta de que la Biblia habla de la indisolubilidad del matrimonio y muchos, en mi Congregación, eran divorciados, vueltos a casar, y algunos de ellos lo habían hecho con mi aprobación.

Estaba pensando en hacerme católico por muchas razones, pues estaba en contra también de los anticonceptivos; pero me daba miedo, pues tenía una familia con cinco hijos y no sabía qué sería de mi futuro, si dejaba mi cargo de pastor. Al fin, me decidí por la fidelidad al Señor.

A los pocos días de dejar mi iglesia y mi cargo de pastor, me condenaron a 60 días de prisión por haber participado en una marcha contra una clínica abortiva.

Mi abogado me trajo libros católicos para leer y recibí la visita del obispo católico Mons. John Nevins, que me invitó a una misa, que se celebraría en la catedral después de nuestra liberación. Acepté la invitación.

En 1990, mi esposa Karen y yo, pasamos muchas horas estudiando la fe católica. Fuimos recibidos en la Iglesia el 1 de julio de ese año por el obispo John Nevins.

Después de 20 años de búsqueda, por fin, había encontrado la Iglesia de Cristo, había llegado a casa.

Al poco tiempo, el Vaticano organizó una cumbre internacional pro-vida. Los líderes de este movimiento en USA fuimos invitados, especialmente, a una audiencia con el Papa Juan Pablo II. Yo me quedé impresionado por su sencillez y su sabiduría.

Yo le pedí que bendijera algunos rosarios para mi familia. Regresé a casa con la sed de trabajar en el apostolado a favor de las familias.

Ahora nuestro libro de estudio principal es la Familiaris consortio del Papa”130.

Steve Word, ex director del Instituto bíblico de Florida, ex-pastor interdenominacional, dice que cuanto más estudiaba las Iglesia primitiva, más se daba cuenta de que se parecía a la Iglesia católica.


130 Es un resumen del artículo escrito por el autor en el libro de Patrick Madrid, Surprised by truth, Basílica Press, San Diego, 1994, pp. 77-100.-127.

1.39» Antonio Carrera

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Fui católico durante los primeros 28 años de mi vida y, a partir de 1961, fui un enemigo enconado de ella, al hacerme testigo de Jehová.

Permanecí 13 años encadenado a esta secta y ocupé en ella altos cargos de dirigente.

Fui miembro del Comité de la Congregación, superintendente de campo, siervo de la escuela, conferenciante…

El primer contacto con los “testigos” suele ser deslumbrador. Te ofrecen ingresar a un mundo en el que todas las personas son excelentes, bondadosas y amorosas en grado máximo.

En las primeras reuniones te aturden con tanto saludo y amabilidades, pero esto dura poco tiempo. Después, nadie se preocupará de ti, a no ser para ver si faltas a las reuniones o si no haces el trabajo de visitar hogares y ofrecer su literatura.

Desde el principio, te llenarán la cabeza de folletos y revistas de la secta, cobrándotelos naturalmente. Un miembro de la misma te instruirá semanalmente para que aceptes todas sus enseñanzas, aunque sean tales como dejar morir a un familiar antes de ponerle transfusión de sangre o tener odio contra toda religión y gobierno.

En las cinco horas de reunión semanal, aparte de lo que estudies en tu casa, te inculcarán predicar más y repartir más libros, porque el fin del mundo está cerca y sólo se salvarán los que sean testigos.

Yo vendí 4.800 libros y revistas, trabajé unas 3.600 horas. Ellos dicen que son profetas (Atalaya, año 1962/212/15).

Pero son falsos, porque en sus mismos libros de años atrás anunciaban el fin del mundo, que nunca llegó. Ante tantos errores, cambios e incumplimientos de profecías, nunca van a decir que se equivocaron, sino que Dios les está revelando las cosas progresivamente.

Pero una cosa es revelación progresiva y otra revelación contradictoria.

El fin del mundo lo anunciaron en 1799, 1874, 1914, 1915, 1918, 1925 y 1975.

En el estudio de las Escrituras de 1889, segunda serie, página 356, profetizaban que venía la extinción total de toda jerarquía falsa y del Papado para el año 1914 y se equivocaron.

En el libro Millones, que ahora viven, nunca morirán, pp. 88-100, dicen que el año 1925 sería el regreso visible de Abraham, Isaac, Jacob y de los fieles profetas de antaño.

Lo creyeron de tal modo que construyeron una hermosa mansión para alojar a los patriarcas en California.

Este tema lo trato en mi libro El fraude del fin del mundo.

Desde 1879 a 1912, enseñaban, como verdad de Dios, que los judíos sí regresarían a Palestina.

Desde 1932 y, usando también a Dios como revelador, hablan de que los judíos ya nunca serían una nación en Palestina, lo que ha resultado totalmente falso, pues sí es una nación poderosa en Palestina.

Aseguraron que en la década 1970-1980 vendría sin falta el fin del mundo y Dios destruiría a todos los inicuos de la tierra. Lo esperaban concretamente para 1975.

En su libro Vida eterna, p. 29, dicen: “Los 6.000 años desde la creación del mundo, terminarán en 1975 y el séptimo período de mil años de la historia humana, comenzará en el otoño de 1975”. El milenio debía comenzar ese año 1975.

En su libro Asegúrese, página 443, se dice: “Reinado de mil años de Cristo, precedido por la destrucción de todos los inicuos de la tierra”.

Y en la revista Despertad, del 22 de abril de 1972, p 26, dicen: “A mediados de los años setenta hay una conmovedora esperanza de un magnífico alivio.

Justamente 1975. Entre los que vieron el engaño de la secta y la abandonaron conmigo estaban mi esposa e hijos, mi hermano Abel con su familia, y otros.

Todo comenzó, cuando un testigo de muchos años me dijo que, si yo pudiera leer los libros antiguos de la Organización, que ya no editan, podría comprobar una multitud de cambios y errores en sus enseñanzas, las cuales, según ellos, están inspiradas por Dios.

Esto me puso en graves dudas, que se confirmaron al examinar por mí mismo siete libros antiguos, del año 1918, que, por casualidad, cayeron en mis manos.

Otras enseñanzas falsas son que el cuerpo de Jesús no fue resucitado (Enseñanza en las Escrituras II, p. 129), que Satanás es el autor de la enseñanza del infierno eterno y de que el hombre tiene alma humana (Que sea Dios veraz, pp. 79 y 66).

Y así muchas otras como que Jesucristo es el arcángel san Miguel.

Al retirarme de la secta, para ellos soy como un muerto.

Han prohibido a todos los miembros hablarme, con la amenaza de ser ellos también expulsados.

De hecho, ya han excomulgado a dos por el solo hecho de hablarme.

Ahora doy gracias a Dios por conocer y vivir la verdad en la Iglesia católica”.

Antonio Carrera ha dado su testimonio en el Congreso de convertidos Camino a Roma, celebrado en Avila, en octubre de 2003.

Actualmente, dirige una Asociación de afectados por las sectas para ayudar a los que necesiten orientación.

1.38» Kenneth Guindon

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Ha escrito el camino de su conversión en su libro El Camino Real (The King’s Highway). Era de familia católica norteamericana, pero a los 16 años se convierte en testigo de Jehová128.

En su libro nos cuenta cómo se alejó de sus padres y comenzó a trabajar con todas sus fuerzas por propagar su nueva fe.

Trabajaba veinticinco horas a la semana, visitando casas y repartiendo propaganda.

Ya sabemos que los testigos, no pueden recibir transfusiones de sangre ni votar en las elecciones ni tomar vacaciones ni asistir a celebraciones como cumpleaños, Pascua, Navidad, día de la Madre, pues son cosas del mundo.

Tampoco aceptan ir al servicio militar ni honrar la bandera.

El Centro de su Organización está en Brooklyn, en Nueva York, donde tienen varios edificios con grandes imprentas en las que imprimen las revistas Atalaya y Despertad en 146 idiomas.

Ningún testigo puedo opinar en contra de lo que decide el consejo directivo de la Organización, que, supuestamente, recibe sus decisiones directamente de Dios y no pueden equivocarse.

Prohíben que lean otras Biblias fuera de la suya: Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras, que está traducida a propósito para negar que Jesucristo es Dios.

Tampoco pueden leer otros libros religiosos, que no sean de su organización.

Actualmente, en el mundo son unos 5 millones de miembros.

Dice Kenneth: “Yo estaba convencido, según nos decían, de que mis amigos católicos y protestantes serían destruidos para siempre en la batalla de Armagedón, de la que habla el Apocalipsis 16, 14-16.

Yo estaba ciego y creía sus mentiras y promesas. Me disuadieron para que no fuera a la Universidad, porque allí encontraría enseñanzas mundanas e influencias y tentaciones que pondrían en peligro mi fe.

Además, el tiempo era corto y en 1975 sería la gran batalla y el fin del mundo.

Por este motivo, muchos jóvenes fueron disuadidos de casarse o de tener hijos, porque quedaba poco tiempo y debían trabajar con todas sus fuerzas como testigos.

Yo estuve trabajando cinco años como pionero a tiempo completo en Houlton (Maine).

Después me llamaron a trabajar en los mismos cuarteles de Brooklyn para ayudar en la impresión de la propaganda a nivel mundial.

Yo trabajaba en el piso 7 de la Calle Adams Street. Me enamoré de Mónica, una testigo, que se fue de misionera a Costa de Marfil (África), pero el Presidente de la Organización, el Hermano Knorr, me dijo que debía esperar un año para ir de misionero donde ella estaba y me hizo firmar un compromiso por escrito para trabajar cuatro años más a tiempo completo antes de casarme.

Me hizo esperar cinco años para casarme. Después de estar siete meses en Costa de Marfil, un día me sentí muy enfermo con poliomielitis, sin poder caminar.

No tenía seguro médico y sólo disponía de 12 dólares.

¿Quién iba a pagar las cuentas? Y yo me seguía preguntando ¿cómo era posible que Dios me hiciera esto a mí, su misionero?

Mis compañeros me pagaron el viaje a Francia y allí estuve seis meses en un hospital, donde tenía un compañero de habitación, sacerdote católico, que tenía la misma enfermedad que yo, adquirida en la República centroafricana; tenía 48 años y estaba mucho peor que yo, pero no se quejaba como yo lo hacía.

Los testigos no quisieron hacerse cargo de mis cuentas y, al final, el Estado francés tuvo que condonarlas, a pesar de que los testigos hablan mucho de que la gente del mundo es gente de Satanás, porque no creen en la verdad.

Al estar mejor regresé a África y, después del tiempo previsto, me casé con Mónica. Al poco tiempo, ella quedó embarazada. Pensamos que era una catástrofe para nosotros, que debíamos dedicarnos a tiempo completo a trabajar.

Hablé con el Presidente de la Organización, el Hermano Knorr, pero ni siquiera me invitó a sentarme. Me dijo que no podía ayudarnos y que debía pedir ayuda económica a mis padres, de quienes me había alejado hacía 14 años.

Me aclaró que los misioneros debían ser solteros o no tener hijos para dedicarse completamente a la Organización.

Por eso, decidimos regresar con nuestros padres, que nos recibieron con los brazos abiertos. Pero todavía seguimos con los testigos durante dos años más, hasta que decidimos buscar otra iglesia. Yo tenía 32 años y les había servido durante 16 años.

Encontré un ex-testigo que me ayudó mucho a encontrar respuestas a las cuestiones que me planteaba y empezamos a asistir con Mónica a la primera iglesia bautista de Van Nuys.

El profesor de historia y apologética Ed Gruss, que había sido también testigo, me aclaró muchas cosas y me devolvióla fe en Cristo Dios. Esto ocurrió en 1973 y yo me entregué a Jesús, reconociéndolo como mi Señor, mi Dios y Salvador.

Para los testigos, al separarnos de ellos, éramos como muertos, nadie nos haría caso, éramos para ellos renegados.

Empecé a participar de la Iglesia bautista. Ellos dicen que el bautismo, para ser válido, debe ser por inmersión y sólo para adultos.

Yo lo creía así y, por eso, había rechazado a los luteranos, metodistas y episcopalianos, porque bautizaban niños.

A la Iglesia católica ni la consideraba, porque seguía creyendo, como dicen los testigos, que es la gran Babilonia y la gran Ramera de que habla del Apocalipsis.

Estudiando mi fe bautista, fui ordenado ministro en febrero de 1975. De mi testimonio como ex-testigo, repartieron unos 100.000 ejemplares.

Pero en mi iglesia bautista empezaron a haber muchos problemas, cambiaron de pastor y muchos no lo aceptaron.

Unas mil personas se retiraron para formar una nueva iglesia. Nosotros pedimos ser misioneros en Francia y allí fuimos a evangelizar.

Cuando estaba en Biarriz, empecé a conocer un poco a los católicos y varias veces fui a la Abadía de Nuestra Señora de Belloc, cerca de Bayona, para hacer retiro y oración.

Un día me encontré con una mujer católica, que había sido protestante y había escrito un libro donde ponía citas de los Padres de la Iglesia sobre la Eucaristía y el Bautismo, que me hicieron empezar a dudar y a investigar estos y otros temas.

Al leer la historia de la Iglesia, sentí enormes deseos de conocer la verdad del cristianismo primitivo. Empecé a comprar libros, unos dos mil quinientos, para investigar.

Uno de los libros que más me impresionó fue Conferencias sobre el protestantismo del cardenal Nicolás Wiseman.

Me hice amigo de un sacerdote católico, Claude Jean Marie, que me prestaba libros y trataba de aclararme mis dudas.

También, de vez en cuando, iba a orar a la abadía y asistía a misa con los monjes. Poco a poco, me fui convenciendo de que la verdadera Iglesia era la Iglesia católica y el 10 de setiembre de 1987 fui recibido en la Iglesia por Monseñor Jean Chabbert, que me confesó. Mónica y yo nos casamos por la Iglesia y ahora formamos una familia feliz.

Durante cuatro años, he estado trabajando en el programa de evangelización de la diócesis. Mi hijo menor, Daniel, ha estudiado en Salamanca y ahora está en Roma, preparándose para ser sacerdote.

Todavía amo a los bautistas, que son unos 33 millones en el mundo entero. Ellos me enseñaron a amar la Biblia, la familia, la Iglesia como institución, y a llevar una conducta moral digna.

Aprendí mucho con ellos y les estoy muy agradecido, pero Jesús Eucaristía llegó a ser el centro de mi vida.

Por eso, tuve que dejarlos, porque amo la verdad más que a cualquier otra cosa y debía ser fiel a Jesús”129.


128 Los testigos de Jehová, al igual que los mormones o los adventistas, son de los grupos más anticatólicos que existen. Entre sus doctrinas principales están:

- No creen en la Santísima Trinidad ni en Jesucristo Dios.
- La Virgen María no es virgen. Tuvo varios hijos, que algunos fijan en nueve.
- No existe el alma humana ni el infierno.
- La Iglesia católica es la gran Ramera o gran Babilonia, obra de Satanás.
- Cristo murió en un madero y no en una cruz.
- No se debe guardar ningún día de descanso semanal. No aceptan transfusiones de sangre.
- Hablan del clero católico como “clero apóstata”, “dioses clericales” y dicen que “el clero religioso es más reprensible que los comunistas de religión roja” (Véase su libro ¿Qué ha hecho la religión
para la humanidad?, pp. 345-347).

129 Puede verse su testimonio en internet www.ewtn.com/library/ANSWERS/BAPTHOPE y en la revista This Rock de febrero de 1994. También puede leerse su libro The King´s Highway, Ed Ignatius Press, San Francisco, 1996 de donde hemos sacado el anterior resumen.

1.37» Larry Blake

REGRESANDO A CASA
Testimonio

“Mi padre era metodista y mi madre de la Iglesia luterana sueca.

Yo nací en setiembre de 1951 y fue bautizado en la iglesia episcopal de Quincy, Massachussetts, USA, pero participábamos en la iglesia luterana.

Yo recuerdo, especialmente, la alegría de recibir la comunión. La comunión se daba una vez al mes, en Pascua y Navidad.

Me casé con mi esposa Diana en 1974 y empecé mis estudios para ser pastor luterano. Fui ordenado pastor luterano en octubre de 1978.

Siendo pastor en Deer River, Minnesota, hubo un encuentro ecuménico en una abadía benedictina y yo asistí.

Celebraban los 1.500 años de la fundación de la Orden de San Benito y yo asistí a la misa solemne, que dejó en mí un recuerdo imborrable por la belleza de la liturgia y la universalidad de aquellos monjes, venidos de distintos lugares del mundo.

Me interesé en conocer más sobre la Iglesia católica y me hice amigo del Padre Coghill, franciscano. También decidí recibir cursos de teología católica en el Seminario de San Pablo en Minnesota.

Seguí un curso sobre sacramentos, con especial acento en la Eucaristía, y leí lo que decían los Santos Padres de la Iglesia de los primeros tiempos.

Así me di cuenta de que, cuando vino la Reforma, el concilio de Trento tuvo que reafirmar la doctrina tradicional de la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

En 1992 ya estábamos, mi esposa y yo, pensando en hacernos católicos, después de orar y estudiar mucho.

Diana y yo fuimos recibidos en la plena comunión de la Iglesia católica el 10 de abril de 1993, vigilia de Pascua. Fue una maravillosa experiencia de fe y asistieron muchos de mis antiguos feligreses luteranos.

El 11 de diciembre de 1999 fui ordenado sacerdote católico. Mi camino a la Iglesia ha llegado más allá de mi imaginación”127.

Actualmente el Padre Larry Blake reside con su esposa y sus tres hijos en Penny, Victoria.

“Es preciso evitar a los herejes y amar con todo afecto cuanto pertenece a la Iglesia y mantener la tradición de la verdad”. (S. Ireneo, siglo II, Contra los herejes, III, 1, 4)


127Resumen del testimonio escrito en el libro de Timothy Drake, There we stood, here we stand, Ed firstbooks, 2001, pp. 1-11. En este libro se pueden leer otros 10 testimonios de luteranos, convertidos a la fe católica.

1.36» Jay Damien

REGRESANDO A CASA
Testimonio

"Mi familia era bautista, sólamente mi abuela materna era católica.

Una vez le pregunté, ¿por qué eres católica? Me dijo:

Porque la Iglesia católica ha sido la primera Iglesia, ¿por qué no va a ser la verdadera?

Yo creía que el mundo estaba dividido entre bautistas, que eran los verdaderos cristianos, y los católicos, que estaban equivocados.

Pero, cuando fui creciendo, me di cuenta de que mis amigos eran presbiterianos, congregacionistas, luteranos, metodistas o de otras denominaciones diferentes.

Yo le pregunté un día a mi pastor: ¿Por qué hay tantas iglesias diferentes, basadas todas en la Biblia? ¿Cómo puedo estar yo seguro de la verdad?

Él me dijo que el Espíritu Santo me daba la correcta interpretación de las Escrituras. Pero eso mismo hacían mis amigos y pensaban de diferente manera.

Estudié las doctrinas de distintas iglesias. Al final, me dije a mí mismo, que si no podíamos estar seguros de lo que Dios ha revelado, tampoco podemos estar seguros de si existe un Dios y así llegué a ser agnóstico y prácticamente caí en el ateísmo.

Yo tenía mucho rechazo a la Iglesia católica y este rechazo aumentó, cuando el Padre Emmett McLoughlin abandonó la Iglesia católica. Su caso salió en las primeras páginas de los periódicos.

Él hablaba mal de la Iglesia católica en las iglesias bautistas locales y escribió un libro “Padre del Pueblo”, que yo compré para leerlo. Pero algunas cosas del libro me impactaron y me hicieron comprar más libros para poder conocer más el cristianismo primitivo.

La primera cuestión fue conocer la historia de la Biblia, cómo la Biblia se había formado. El saber que la Iglesia primitiva había existido cuatro siglos antes de que se formara el canon definitivo de los libros de la Biblia, me chocó.

Miles de mártires cristianos habían ido a la muerte por Cristo sin conocer el Nuevo Testamento. Si la Biblia era la única regla de fe, ¿cómo ellos habían conocido lo que debían creer?

En estos cuatro primeros siglos, prácticamente, ninguna iglesia local tenía la Biblia completa, como se conoce hoy.

El canon de libros inspirados fue determinado en los concilios de Hipona (año 393) y Cartago (año 397).

Ni siquiera existían ya los escritos originales, sino copias hechas por manos católicas durante generaciones.

Leí libros sobre la Iglesia primitiva como la DIDACHE del primer siglo, conocido como Doctrina de los doce apóstoles, usado como catecismo para instruir a los paganos adultos convertidos.

Ahí se dice claramente que el día del Señor (domingo) se reúne la asamblea en común para partir el pan (celebrar la Eucaristía).

También se habla de bautizar, derramando el agua sobre la cabeza tres veces, mientras que los bautistas hablan sólo de inmersión.

Leyendo a Henry Newman en su Apología pro vita sua, reconocí cuán cierto era lo que él dijo: estudiar la historia de la Iglesia es dejar de ser protestante.

Empecé a creer en Dios de verdad y a buscar su verdadera Iglesia. Mi libro favorito fue El espíritu del catolicismo de Karl Adam.

Me convencí de que la libre interpretación de la Escritura había llevado a mucha confusión y a miles de iglesias distintas.

Según el estudio realizado por David Barret en 1983, había 20.800 iglesias cristianas, con una proyección de 22.190 para 1985. Según el centro de informaciones religiosas de la ONU, en 1989, había 23.000 iglesias cristianas.

Si la proyección de Barret es correcta, el año 2.000 habría 26.000 iglesias cristianas distintas125.

Todo esto me hizo pensar. Además, tuve la oportunidad de oír al Padre Albert Braun, que había confesado antes de morir al Padre Emmett, que, como hemos dicho, había dejado públicamente la Iglesia, pero ningún periódico habló de su vuelta y conversión.

A mí me había impactado mucho su retiro de la Iglesia después de 25 años de sacerdote católico. Él se había retirado, fundamentalmente, por no querer obedecer a sus Superiores, y justificó su salida, hablando mal de la Iglesia.

Yo me he hecho católico quizás por las oraciones de mi abuela materna, la única católica de la familia, que rezaba muchos rosarios por la conversión de la familia y que, como ella decía:

“Si la Iglesia católica es la primera Iglesia, ¿por qué no va a ser la verdadera?”126.

1.35» Burns Seeley

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Describe así su proceso de conversión:

“La convención general de la Iglesia episcopal de Seattle, de 1967, determinó admitir el aborto para salvar la vida de la madre, cuando había violación o incesto, o cuando el niño podía nacer enfermo de cuerpo o alma.

Hasta ese día, yo estaba contento como sacerdote ordenado de la Iglesia episcopaliana y creía que la Iglesia episcopaliana tenía la plenitud de la fe, en unión con la Iglesia católica y la ortodoxa.

Yo tenía la esperanza de que la Iglesia de Inglaterra y el resto de la comunión anglicana se distanciaría de esta decisión de la Iglesia episcopaliana norteamericana y le pediría una retractación. Pero esto no ocurrió.

Por eso, yo no podía aceptar la comunión anglicana, que permitía o, al menos, toleraba lo que había sido rechazado por toda la cristiandad desde el comienzo, como puede verse en la Didache (Doctrina de los doce apóstoles), escrita hacia el año 70.

Pensé en hacerme sacerdote de la Iglesia ortodoxa, que tenía sacerdotes casados. Pero me di cuenta de que la Iglesia ortodoxa aceptaba el matrimonio de aquéllos que se habían divorciado, después de recibir el sacramento del matrimonio, y estando todavía vivos sus esposos.

¿Debería hacerme católico? Yo creía que la Iglesia católica estaba equivocada con relación a la infalibilidad del Papa.

Sin embargo, pedí el consejo de un notable teólogo y ecumenista, el Padre John A. Hardon, jesuita. Él era amigo de mi familia y había dirigido en 1965 mi grado de master en teología medieval.

Él me dirigió para estudiar a los Padres de la primitiva Iglesia y ver cómo creían en la infalibilidad del Papa. Además, estudié durante un año en una escuela teológica.

Después de este año, el Padre Hardon aceptó un puesto de enseñanza en la Universidad de Ottawa y allí nos fuimos con él para seguir estudiando hasta que me convencí y decidí hacerme católico.

Yo era católico ya en mis creencias en 1971, pero esperé hasta 1978 a ver si me aceptaban como sacerdote católico.

Después de varios intentos infructuosos, fui recibido el 15 de agosto de 1978 en la Iglesia como laico, aunque ya mi esposa e hijos lo habían hecho con anterioridad.

Felizmente, después de varios años, el Papa Juan Pablo II, me dio un permiso especial para ser ordenado sacerdote católico, estando casado. Fui ordenado por el obispo Fremiot Torres, de Ponce, Puerto Rico.

Ahora soy feliz de ser sacerdote en la Iglesia católica”124.

"Aunque las lenguas del mundo son diversas, sin embargo, la autoridad de la tradición es una y la misma."
(San Ireneo, Contra los herejes, 1, 10, 2).


124 Resumen del testimonio, que puede leerse en internet en www.chnetwork.org/converts.htm.

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