por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
REGRESANDO A CASA
Testimonio
Famosísimo periodista, novelista, poeta y crítico literario, es una figura genial de la literatura inglesa y uno de los autores modernos más citados.
Autor de novelas como Padre Brown, Ortodoxia o El hombre eterno. Bautizado anglicano, se alejó de la práctica religiosa.
Dice en su Autobiografía: “Entre las cosas dudosas en las que me enredaba, me ocupé del espiritismo, sin tener siquiera la decisión de ser un espiritista... Mi hermano y yo solíamos jugar... con una tabla de ouija, pero éramos de los pocos que jugábamos con ella en broma.
No obstante, no descarto completamente la sugerencia de algunas personas de que estábamos jugando con fuego e, incluso, con fuego del infierno... Lo único que puedo decir con completa confianza acerca del poder místico e invisible, es que todo es mentira”69.
“El ambiente general de mi niñez era agnóstico. Mis padres constituían la excepción..., porque creían en un Dios personal o en una inmortalidad impersonal”70.
“Mis ideas se alimentaron casi exclusivamente de publicaciones anticatólicas... Sin embargo, (ahora que soy católico) creo que la Iglesia católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo...
Los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega a tener de repente dos mil años.
La Iglesia católica es obra del Creador y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud. Y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día”71.
“Cuando la gente me pregunta ¿Por qué ha ingresado usted en la Iglesia de Roma?, la primera respuesta es: “Para desembarazarme de mis pecados”.
Pues no existe ningún otro sistema religioso que haga realmente desaparecer los pecados de las personas...
El sacramento de la penitencia concede vida nueva y reconcilia al hombre con todo cuanto vive, pero no lo hace como suelen hacerlo los optimistas, los hedonistas y los predicadores paganos de la felicidad.
El don se concede mediante un precio y está condicionado por una confesión”72.
En una oportunidad le preguntaron: ¿Por qué se hizo usted Católico? y respondió:
“Porque quiero ser feliz. La dificultad para explicar adecuadamente el por qué soy católico consiste en el hecho de que hay 10.000 razones, que se pueden resumir en que el catolicismo es verdadero”73.
“Sé que el catolicismo es demasiado grande para mí y aún no he explorado todas sus terribles y hermosas verdades. No sé explicar por qué soy católico, pero ahora que lo soy no podría imaginarme de otra manera.
Estoy orgulloso de verme atado por dogmas “anticuados” y esclavizado por credos profundos (como suelen repetir mis amigos periodistas con tanta frecuencia), pues sé muy bien que son los credos heréticos los que han muerto, y que sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado”74.
El párroco de Chesterton recordaba que “la mañana de su primera comunión era plenamente consciente de la inmensidad de la presencia real de Jesús”. Y cuando lo felicitó le dijo: Ha sido la hora más feliz de mi vida.
Chesterton defendió a la Iglesia y la fe católica en sus escritos y hasta fundó un semanario “G. K’s Weekly” para comunicar su pensamiento católico.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Testimonio
Nacido en el seno de una familia anglicana48 de banqueros, en Londres, el 21 de febrero de 1801, John Henry Newman experimentó a los 15 años una “primera conversión”, como él la llamaba.
En 1825, después de haber concluido sus estudios en Oxford, fue ordenado sacerdote anglicano.
Tres años después era nombrado vicario de la iglesia de Santa María, anexa a la Universidad de Oxford. En ese cargo, que mantuvo hasta 1843, cultivó amistad con personas cultas e iluminadas de la Inglaterra de aquella época.
Fue promotor, a partir de 1833, del “Movimiento de Oxford”, una corriente religiosa dentro de la Iglesia anglicana, que promovía una “vía media”, un tercer camino, entre el protestantismo y la Iglesia católica. Dice en su Autobiografía:
“Sucesivamente, y sin que pueda precisar el orden o fechas en mis palabras, yo hablé de la Iglesia de Roma como ligada a la causa del anticristocomo “uno de los muchos anticristos” o como Iglesia que tenía en sí misma algo “verdaderamente anticristiano” o “no cristiano”49.
Pero, estudiando la historia de los herejes monofisitas y arrianos, se dio cuenta de que no podía mantener esa tercera vía y que debía permanecer anglicano o hacerse católico.
Tuvo que sufrir muchas luchas interiores y exteriores para ser fiel a su conciencia y tuvo que esforzarse mucho en investigar la verdad en los santos Padres de la Iglesia de los primeros siglos hasta que llegó gradualmente a la verdad.
En 1843 decidió dejar su cargo de pastor anglicano y quedó reducido a un simple laico, aunque todavía no estaba decidido a hacerse católico por tener obstáculos como la devoción a la Virgen y a los santos.
Dice: “En 1843 di dos pasos muy importantes:
1) En Febrero hice una retractación formal de todas las cosas duras que había dicho contra la Iglesia de Roma.
2) En setiembre renuncié a mi beneficio de Santa María, Littlemore.
Entre los otoños de 1843 y 1845 yo me mantuve en comunión de laico con la Iglesia de Inglaterra, asistiendo, como de ordinario, a sus actos de culto y absteniéndome completamente del trato con católicos y de sus lugares de culto, y de aquellos ritos y prácticas religiosas como la invocación de los santos, que son características de su credo.
Todo esto lo hacía yo por convicción, pues nunca pude entender cómo pueda nadie pertenecer a la vez a dos confesiones religiosas”50. El 9 de octubre de 1845 abrazó el catolicismo.
“Desde el momento que me hice católico, no tengo naturalmente más historia de mis ideas religiosas que relatar.
Al decir esto, no quiero decir que mi entendimiento ha permanecido ocioso o que haya dejado de pensar en temas teológicos, sino que no tengo variaciones que anotar ni he tenido angustia alguna de corazón.
He estado en perfecta paz y contento, nunca he tenido una duda. Al convertirme, no me he dado cuenta de cambio alguno, intelectual o moral, operado en mi espíritu…
Tampoco he sentido más fervor. Fue como llegar al puerto tras una borrasca, y la felicidad, que entonces sentí, permanece sin interrupción hasta el presente. Tampoco me ha supuesto turbación alguna la aceptación de los artículos adicionales, que no se encuentran en el credo anglicano. Algunos los creía ya, pero ninguno de ellos ha sido para mí una prueba.
Al ser recibido en la Iglesia católica, hice profesión de ellos con la mayor facilidad y lo mismo siento al creerlos ahora”51.
“Voy a tomar la doctrina que los protestantes consideran la mayor dificultad: la de la Inmaculada Concepción (de María)…, que la bienaventurada Virgen María fue concebida sin pecado original. De hecho, cae por su propio peso decir que los católicos no han venido a creerlo por haber sido definido, sino que fue definido, porque ellos lo creían.
Lejos de ser la definición, dada en 1854, una imposición tiránica al mundo católico, fue por todas partes recibida, al promulgarse, con el mayor entusiasmo. La definición se hizo a consecuencia de la petición unánime a la Santa Sede de toda la Iglesia para que la doctrina sobre la Inmaculada Concepción fuera declarada doctrina apostólica”52.
Tras un viaje a Roma, en 1847, fue ordenado sacerdote católico. Uno de sus principales objetivos, entonces, fue demostrar a los ingleses que se puede ser buen católico y ciudadano leal.
El Papa León XIII lo nombró cardenal en 1879. Con él se convirtieron 22 pastores anglicanos y 11 profesores de la Universidad de Oxford y Cambridge.
Se calcula que desde Newman hasta 1935, se han pasado a la Iglesia católica 900 pastores anglicanos.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Testimonio
El anglicano Robert Hugh Benson en su libro Confesiones de un converso, escribe:
“Durante 25 años viví en un ambiente clerical y durante nueve años fui pastor en una ciudad. Mi padre era la cabeza espiritual (arzobispo de Canterbury) de la comunidad anglicana de Inglaterra. Mi formación religiosa fue muy completa”53.
“Los católicos romanos, creía yo, eran claramente corruptos y decadentes, eran los ritualistas y contaminados, y los protestantes eran radicales, ruidosos, extravagantes y vulgares”54.
“Un día, (estando en Egipto) dando un paseo, entré, por pura curiosidad, en la iglesia católica del pueblo. Se hallaba rodeada de casas de adobe, no daba al visitante ninguna impresión de esa solidez y seguridad que suele proporcionar lo europeo, y su interior era poco atractivo.
Sin embargo, ahora creo que fue allí donde algo parecido a la fe católica se agitó en mi interior. Obviamente, la iglesia formaba parte de la vida del pueblo. Estaba abierta, como las demás casas árabes y, aparte de sus fallos artísticos, era exactamente igual a otras iglesias católicas…
Allí me planteé, por primera vez, la posibilidad de que Roma estuviera en lo cierto y de que fuéramos nosotros los equivocados. Mi desdén por la Iglesia católica empezó a impregnarse de respetuoso temor. Para tranquilizarme, entablé una profunda amistad con un sacerdote copto a quien, al volver a Inglaterra, envié un par de candelabros de bronce para su altar”55.
“En Damasco recibí un nuevo golpe al enterarme por el periódico The Guardián de que el predicador, al que debía todos mis conocimientos de lo distintivo de la doctrina católica, se había sometido a Roma. Es imposible describir la sorpresa y el horror con que encajé la noticia”56
. “En 1902, mientras paseaba con mi madre, le conté que había vuelto a tener inquietudes en relación con Roma.
También le prometí que, si surgían de nuevo, se lo haría saber al momento. Nunca le agradeceré bastante el modo en que ella recibió mis confidencias.
La mantuve informada, igual que a mi Superior, de las etapas de mi proceso y obedecí al pie de la letra los consejos de ambos.
Leí todos los libros anglicanos que me recomendaron y consulte con todas las personas capacitadas que me propusieron”.
No creo que, en general, los polemistas católicos lleguen a comprender lo que un anglicano tiene que padecer antes de ser admitido en la Iglesia católica… Me refiero, sobre todo, a los conflictos internos…
La perspectiva de cambiar de Iglesia supone perder lo más íntimo, lo más querido y conocido, para caer en un desierto descomunal, donde serás observado57.
“Yo era ministro de una Iglesia que parecía no tener criterios claros y únicos ni siquiera en materias directamente relacionadas con la salvación de las almas… Tomemos como ejemplo un solo punto esencial: la doctrina sobre la penitencia.
En realidad, yo ignoraba, si estaba permitido o no enseñar que era indispensable para obtener el perdón del pecado mortal.
Prácticamente, todos los obispos lo negaban y, algunos de ellos, negaban incluso el poder de absolver… Y cada día con mayor claridad, me era imposible afirmar que la Iglesia de Inglaterra exigía la confesión sacramental”58.
“Un amigo, sacerdote católico, me dijo que el mayor inconveniente con el que tropezó al convertirse fue el de verse obligado a negar la validez de su ordenación.
Hasta entonces, había sido un pastor ritualista, que trabajaba abnegadamente entre los pobres de una importante ciudad inglesa y que, durante años, celebró diariamente lo que creía ser el santo sacrificio de la misa.
Me contó que casi le asustaba hacer la primera comunión… Sin embargo, en el momento en que la sagrada forma tocó su lengua advirtió la diferencia.
Me dijo que, desde aquel instante, no dudó un segundo; pues, hasta entonces, sólo había recibido pan y vino acompañados de una gracia no sacramental. Y que este nuevo don era ni más ni menos que el Cuerpo de Cristo”59.
“Ahora puedo decir que retornar desde la Iglesia católica a la anglicana sería cambiar la certeza por la duda, la fe por el agnosticismo, la sustancia por las sombras, la luz brillante por la oscura penumbra, el hecho universal por una doctrina provinciana y carente de historia”60.
“Los fallos del anglicanismo y del protestantismo, en general, son prueba de que su doctrina no es divina, los fallos en el catolicismo sólo demuestran que tiene un lado humano además de divino”61.
Benson se convirtió en 1903 y, después de estudiar en Roma, fue ordenado sacerdote católico.
Desde entonces, se dedicó a escribir libros para difundir la fe católica, siendo capellán de la Universidad de Cambridge.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Testimonio
Pastor anglicano, nacido en 1873, ingresó a la Iglesia católica el 13 de setiembre de 1929.
En su libro autobiográfico Un Señor, una fe, describe su trayectoria espiritual.
Dice: “La Iglesia católica es realmente la Iglesia fundada por Jesucristo; y fundada precisamente para custodiar la Verdad y enseñarla sin error a los hombres hasta el fin de los siglos.
Sólo la Iglesia católica ha sido fundada por el mismo Dios sobre la roca del Pontificado, hecho éste, históricamente irrefutable, en virtud del cual sólo Ella puede, con verdad, proclamarse infalible en su divina misión de apostolado.
Sólo Ella tiene poder y autoridad garantizados por Cristo, para guiar y alimentar a todos los hombres, como a ovejas congregadas en un solo rebaño y bajo un solo pastor...
Mi primer encuentro con la Iglesia católica, considerada como realidad actual y viviente, ocurrió en Lisieux en el año 1925”62.
“A fines de 1924, estando en cierto convento anglicano de religiosas, a donde había sido enviado para dar un retiro, la Madre Superiora puso en mis manos la Autobiografía de santa Teresita de Lisieux...
¡Imposible describir el estado en que me encontraba cuando, por fin, después de media noche, pude cerrar el libro! ¡Jamás escrito alguno había conmovido todo mi ser de aquella manera!”63.
Su visita a Lisieux en 1925, le impactó mucho. El año 1926 repitió la visita y empezó a preguntarse sobre la unidad y autoridad de la Iglesia católica, considerando la posibilidad de que fuera la Iglesia verdadera, fundada por Cristo.
Dice: “Autoridad y unidad: he ahí los dos interrogantes, las dos dudas terribles, que me asaltaron en Lisieux.
Llegué a comprender que el Señor había fundado su Iglesia para que fuera Maestra divina del mundo; que le había prometido la asistencia perenne del Espíritu Santo, que habría de guiarla en la predicación y enseñanza de la verdad y que Él mismo, el Señor en persona, había de estar siempre con ella hasta el fin de los siglos...
Decir que la Iglesia no tiene ya potestad para enseñar, equivaldría a decir que el Señor ya no está con Ella, en contra de lo que Él, tan categóricamente, le había prometido y tan incondicionalmente había asegurado”64.
“Cuando partí de Lisieux, después de mi segunda visita, mi sentimiento dominante era que tenía ante mí una tarea abrumadora, casi imposible.
¡Tenía que realizar un estudio completamente imparcial acerca de la Iglesia católica y me encontraba totalmente perplejo en cuanto al modo de lograrlo!
Pensaba yo que si, por un imposible, llegase a persuadirme algún día de que Roma estaba en lo cierto, ello significaría para mí el trastorno de toda mi vida y el hundimiento de todos mis ideales; en una edad, además, en la que es casi imposible comenzar de nuevo; y eso sin contar la otra catástrofe mucho peor: el rompimiento de todos mis antiguos lazos de amistades espirituales y humanas...
Algunas veces, desesperado del éxito estuve a punto de desistir y quería dar largas al asunto, dejando todo para más adelante”65.
“Me atormentaba el pensamiento de otra pérdida más grande: aquellas almas tan numerosas que yo habría de poder conquistar en misiones como aquellas concurridísimas que yo mismo había organizado en las grandes ciudades fabriles y en otros muchos lugares de Inglaterra, gracias al celo y generosidad de muchos sacerdotes y seglares de nuestra Iglesia anglicana”66.
“Yo me preguntaba: ¿Por qué los obispos anglicanos enseñan doctrinas entre sí diferentes y, a veces, contradictorias? Y, cuando alguno me preguntaba a qué obispo debía obedecer, tampoco podía señalarle una autoridad que, de hecho, no existía entre ellos”67.
“Lo único que me quedaba era ponerme en camino hacia la Iglesia católica. Para ello fui a vivir con un amigo católico para poder recibir de él las primeras instrucciones...
Al fin, se fueron disipando las nubes y llegó la claridad. Después me fui a una Orden religiosa para instruirme por completo. Allí encontré la paz”68.
Vernon Jonson hizo un largo camino, lleno de dificultades hasta llegar a la plenitud de la fe y de la verdad en la Iglesia católica, pero valió la pena, porque sólo en la verdad se encuentra la verdadera paz.
En 1933 se ordenó sacerdote católico.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Testimonio
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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1.0 » TESTIMONIOS
Vamos a presentar una serie de testimonios de hermanos separados, convertidos a nuestra fe católica.
Se dan casos en los que la irrupción de Dios en sus vidas ha sido de modo milagroso.
En otros, ha sido un proceso lento y doloroso que ha durado varios años. Cada caso es distinto, no hay dos conversiones iguales.
La conversión es un proceso personal, un encuentro entre el hombre y Dios, en el que se conjugan muchos datos y antecedentes personales.
En muchos de estos casos hay un anticatolicismo heredado de las iglesias de la Reforma, que creen que los católicos no son bíblicos y, por tanto, no son cristianos, y los rechazan como paganos, como si creyeran en fábulas y doctrinas paganas, que les vienen desde Constantino.
Son miles y miles los protestantes que cada año se convierten a la fe católica, especialmente personas preparadas y estudiosas de la Biblia.
En Inglaterra, en los últimos años, se han convertido unos 12.000 por año. En USA hay anualmente unos cien mil.
Por eso, creemos que el testimonio de estos hombres, pastores y teólogos, que presentaremos a continuación, puede ayudarnos en la afirmación de nuestra fe católica y en sentirnos más seguros de que estamos en la Iglesia fundada por Cristo hace dos mil años.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Aclaraciones Doctrinales
Como hemos dicho, los cristianos surgidos de la Reforma de Lutero no fueron modelos de santidad. Y, si en la Iglesia católica hubo excesos e inquisición, la intolerancia de Lutero y de sus seguidores fue peor.
Veamos algunos casos.
Los anglicanos ingleses evitaron a toda costa el mezclarse con las poblaciones aborígenes de sus colonias.
En USA los indios fueron prácticamente exterminados en un genocidio sin precedentes en la historia.
“El término exterminio no es exagerado y respeta la realidad concreta. Por ejemplo, muchos ignoran que la práctica de arrancar el cuero cabelludo era conocida tanto por los indios del norte como por los del sur.
Pero entre estos últimos desapareció pronto, prohibida por los españoles. No ocurrió lo mismo en el norte…
En 1703 el gobierno de Massachusetts pagaba doce libras esterlinas por cuero cabelludo, cantidad tan atrayente que la casa de indios, organizada con caballos y jaurías de perros, no tardó en convertirse en una especie de deporte nacional muy rentable45.
Esta misma caza de indios se practicó también en Australia y en otros lugares e, incluso, también con los negros esclavos escapados de sus dueños.
Y ¿qué decir del régimen del apartheid de Sudáfrica?
Estas cosas fueron inconcebibles para los colonizadores católicos españoles o portugueses, que se mezclaban con la población, dando lugar así a un rico mestizaje, que perdura hasta hoy.
Pero muchos protestantes, basados en la Biblia, creían que los blancos tenían más derechos que los indígenas y podían marginarlos o exterminarlos.
Con relación a los evangelios alemanes, podemos decir que, en tiempos de Hitler, se organizaron los “deutschen christen” (cristianos alemanes) con el lema “Una nación, una raza, un Führer”.
La iglesia evangélica era la iglesia del Reich e, incluso, en sus estatutos había un párrafo ario, donde se prohibía la ordenación de pastores que no fueran de “raza pura” y dictaba restricciones para el bautismo a quien no poseyera buenos antecedentes de sangre.
Por eso, el cardenal Ratzinger ha podido decir:
“La concepción luterana del cristianismo nacional, antilatino, ofreció a Hitler un buen punto de partida, paralelo a la tradición de una Iglesia de Estado, con un fuerte énfasis puesto en la obediencia a la autoridad política, que es natural entre los seguidores de Lutero…
Un movimiento tan aberrante como el de los “cristianos alemanes”, no habría podido formarse en el marco de la concepción católica de la Iglesia46.
Otro caso es el de la Alemania comunista. Según el historiador luterano Gerhard Bieser, hubo tres mil de los cuatro mil pastores existentes, que eran informantes de la policía secreta del Estado, la terrible Staztsichereit, llamada Stasi.
La colaboración de los pastores protestantes como espías no fue, dice él, “ocasional ni estuvo limitada al marco de la vida religiosa, sino que constituyó un problema estructural para la iglesia evangélica47.
Evidentemente, el hecho de que los pastores sean casados y velen por la seguridad de sus familias influye en esto, pero también es cierto que hay una larga historia de sometimiento al Estado desde tiempos de Lutero, que se sometió a la autoridad de sus príncipes protectores, de quienes dependía para vivir.
Esto, por impuesto no se da en tan gran escala entre los católicos, que tienen, la autoridad del Papa con más libertad de acción por ser jefe de un Estado independiente. El no estar casados los sacerdotes les da más independencia.
Y, además, los católicos tienen un sentido más universal de su misión. Esto les falta también a las iglesias ortodoxas, que han sido prácticamente, iglesias sometidas a sus respectivos gobiernos de turno y les ha faltado sentido misional para extender la fe a otros pueblos.
Ser católico es ser universal y ser parte de la Iglesia fundada por Cristo hace dos mil años. Vale la pena ser católico y vivir nuestra fe en plenitud.
A los malos católicos, Dios los juzgará, pero todos son invitados a pertenecer a la Iglesia católica y regresar a casa, si se han alejado de ella.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Aclaraciones Doctrinales
i» Lutero (1483-1546)
Lutero7 fue el “reformador” del siglo XVI, que se apartó de la Iglesia y comenzó la gran división entre los cristianos.
Él quería reformar a la Iglesia de sus vicios. Pero su afán de reforma lo llevó demasiado lejos y acabó separándose y organizando su propia iglesia.
Él se creía inspirado directamente por Dios y nadie podía criticar sus ideas. Dice, por ejemplo:
“En mil años a ningún obispo ha otorgado Dios tan grandes dones como a mí”8. “Estoy cierto de que mis dogmas los he recibido del cielo. Mis dogmas permanecerán y el Papa sucumbirá”9. “Mi evangelio no tiene origen humano, sino divino”10. “Yo soy el profeta de los alemanes”11.
“Estoy cierto de que la palabra de Dios está en mí”12. Y, como profeta, es más que el Papa. Por eso, él mismo excomulga al Papa: “Del mismo modo que ellos me excomulgan en nombre de su sacrílega herejía, así yo, por mi parte, los excomulgo en nombre de la santa verdad de Dios”13. Y, como jefe absoluto de su iglesia, organiza la misa evangélica, o santa cena, a su propio gusto.
Publicó un manual de rúbricas o Fórmula de la misa y comunión, y envió una bula, como si fuera el Papa de su iglesia14. Y dice: “Mi doctrina no puede ser juzgada por nadie ni por los ángeles. Pues teniendo yo certeza de su verdad, quiero ser, por medio de ella, juez de vosotros y también de los ángeles como dice san Pablo (1 Co 6, 3). Quien no acepte mi doctrina, no alcanzará la bienaventuranza. Mi doctrina no es mía, sino de Dios”15.
Al traducir la Biblia al alemán, sin saber muy bien el griego y menos el hebreo, trató de germanizar las expresiones para hacerlas más entendibles; pero, a veces, modifica el texto sustancialmente.
Así por ejemplo, cuando Pablo dice que la ley produce cólera (Rom 4, 15), Lutero traduce: “La ley produce solamente cólera”. Donde se dice que el hombre es justificado por la fe (Rom 3, 28), él traduce:
“El hombre es justificado por la sola fe”. Se inventa la palabra sola. Cuando alguien le criticó por esto, respondió:
“El doctor Martín Lutero lo quiere así. Así lo quiero y así lo mando (sic volo, sic jubeo, sit pro ratione voluntas).
Con esto he respondido a vuestra pregunta y os ruego no queráis responder más a tales asnos y a su vana palabrería sobre el vocablo sola, sino esto: Lutero así lo quiere y dice que él es un doctor sobre los doctores del Papado entero”16.
“A nadie se le prohíbe hacer otra traducción mejor… Pero yo no tolero que los papistas sean mis jueces, porque tienen aún orejas demasiado largas para eso y su rebuzno es demasiado débil para juzgar mi manera de traducir”17.
Jerónimo Emser (†1527) descubrió 1400 errores en la traducción de Lutero. Incluso, excluye de la Biblia algunos libros por su propia voluntad.
Dice: “La epístola de Santiago no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico”18.
“La carta a los Hebreos no es de san Pablo ni de ningún otro apóstol…, y también podemos hallar en ella leña, paja y heno”19.
“La carta de san Judas es un extracto de las de san Pedro y de otras… Es una epístola innecesaria que hoy día no se debe contar entre los libros fundamentales de nuestra fe”20.
“Sobre el Apocalipsis, yo no encuentro en este libro nada de apostólico ni profético”21. Así que, por lo menos, la carta de Santiago, de Judas, a los Hebreos y el Apocalipsis, para él no son inspirados por Dios.
Al Papa le tenía un odio cerval. En todos sus escritos vomita su odio contra el Papa con las expresiones más groseras y vulgares. Veamos algunos de sus apelativos: cerdo, burro, rey de los asnos, perro, rey de las ratas, lobo, oso-lobo, león, dragón, cocodrilo, dragón infernal, anticristo maldito, excremento del diablo.
En su tratado Contra el Papado romano, fundado por el diablo, dice entre otras cosas: Infernalísimo padre san Paulo III… ¿De dónde le vienen a vuestra infernalidad esos poderes? El desvergonzado mequetrefe Paulo III convoca ahora a un concilio.
Que por tal concilio le dé gracias el malvado demonio y no asistan a él sino el malvado demonio y su madre, su hermana, el Papa, los cardenales y demás residuos que hay en Roma de la infernal bozofia”22. También le llama obispo de los hermafroditas, Papa de los sodomitas, apóstol del diablo, autor y maestro de todos los pecados y otras muchas cosas.
Pero su odio lo manifestó especialmente en los dibujos contra el Papa, que publicó en la Biblia y en otros escritos, especialmente en el Retrato del Papado, publicado en 154123.
Estos dibujos, inspirados por él, los pintaba el famoso, Lucas Cranach el viejo y hay algunos que son muy groseros, con excrementos y cosas peores. Realmente, algo indigno de un cristiano y menos de un “profeta de Dios”.
Antes de morir, dijo sobre estos dibujos en 1545: “Yo se que no puedo vivir largo tiempo y, sin embargo, tengo muchas cosas que sería preciso revelar acerca del Papa y de su reino. Por eso, he publicado estas figuras o imágenes, cada una de las cuales vale por todo un libro que se debe escribir contra el Papa y su reino diabólico.
Que estas figuras sean mi testamento”24.
“Yo muero en odio del malvado (el Papa), que se alzó por encima de Dios”25. “Deseo que, después de mi muerte, conservéis una sola cosa: el odio al romano Pontífice”26.
Y quiso que el epitafio de su tumba fuera “En vida fui tu peste, muerto seré tu muerte, Oh Papa”27. Con frecuencia, bendecía a sus seguidores y decía:
“Que el Señor os llene de su bendición y de odio al Papa”28.
Su odio al Papa no lo dejaba tranquilo ni a la hora de la muerte. Y lo mismo podemos decir sobre sus expresiones contra la Iglesia católica o contra las famosas Universidades de París, Lovaina y Colonia.
Dice de la Universidad de París: “Es la madre de todos los errores de la Cristiandad y la mayor prostituta del espíritu, el mayor prostíbulo del anticristo, que es el Papa”29.
Por eso y por mucho más, podemos suscribir lo que decía de él otro reformador, Enrique Bullinger (1504-1575), sucesor de Zwinglio en la sede de Zurich, en su libro Verdadera confesión de los servidores de la iglesia de Zurich, en el año 1545:
“Lutero no guarda mesura alguna; sus escritos, en su mayor parte, no son más que estrépito y maledicencia.
Va a lo suyo, despliega gran magnificencia y manda rápidamente al diablo a todos los que no se le rinden…
Es claro como el día, y desgraciadamente innegable, que nadie ha escrito de cosas de fe y de cuestiones importantes y serias de una manera más salvaje y grosera e indecente que Lutero”30.
Podemos hablar de otros muchos puntos, donde podemos ver también que Lutero no era ningún santo y menos un profeta de Dios. Por ejemplo, en cuestión del matrimonio decía:
“El matrimonio es absolutamente obligatorio y necesario para quien tiene órganos de generación”31.
“La mujer no ha sido creada para ser virgen, sino para engendrar hijos”32.
“Las mujeres sólo sirven para el matrimonio o para la prostitución”33.
Opina que el adulterio debe ser castigado con la pena de muerte y dice:
“Si la autoridad civil se muestra negligente y morosa, y no impone la pena de muerte, puede el adúltero marcharse a un país lejano y allí casarse en caso de que no pueda vivir en continencia, pero sería mucho mejor que muriese para evitar el mal ejemplo”34.
Cuando uno de los cónyuges no quiere convivir con el otro, “como cuando una mujer testaruda se empeña en no interesarse por nada, aunque el marido caiga diez veces en la impureza. Entonces, el marido puede decirle: Si tú no quieres, otra querrá; si la señora no quiere, venga la sirvienta”35. “Yo detesto tanto del divorcio que prefiero la bigamia”36.
De hecho, en 1539, Lutero, con Melanthon y Martín Bucer, le permitió al príncipe Felipe de Hessen, su protector, que tuviera dos mujeres y lo justificó, basándose en la Biblia y en que este asunto era necesario para el bien de la iglesia cristiana. Pero le aconsejó que no lo hiciera público. Y, cuando se enteraron muchos, le aconsejó mentir y decir que no estaba casado, sino que era su concubina. Dice así:
“No se hundirá el mundo, porque uno, por un bien mejor y por causa de la iglesia cristiana, diga una buena y gruesa mentira. Una mentira necesaria, una mentira útil, una mentira que saca de apuros; una tal mentira, no siendo contra Dios, la tomo sobre mi conciencia”37.
Escribió un libro Sobre los votos monásticos y otro sobre Por qué y cómo pueden las vírgenes abandonar el claustro según Dios, donde dice que los votos son algo antinatural; pues, para él, la unión sexual del hombre y de la mujer es de absoluta necesidad, y el matrimonio es obligatorio para una persona normal. Él mismo nombraba a sus párrocos y obispos. Y escribe:
“Los obispos, los sacerdotes, los monjes y las monjas (católicos), las misas y todo ese reino con sus dogmas y ministerios no son otra cosa que monstruosidades, ídolos, larvas, mentiras, la mismísima abominación puesta en el lugar santo, prostituyéndose con títulos de obispo y de Iglesia”38.
En cuanto a tolerancia, era implacable con sus enemigos. A Karlstadt le prohibió predicar y publicar sus libros. A Zwinglio le tenía odio y dice de él en una carta a Melanthon del 27 de octubre de 1527: “Creo que es muy digno de santo odio por manejar tan desvergonzada y traicioneramente la palabra de Dios”.
En 1543 escribió el libro Sobre los judíos y sus mentiras, donde dice que quienes toleren o protejan a los judíos serán responsables de sus abominaciones ante Dios y aconseja que sus escuelas y sinagogas sean quemadas y sus cosas destruidas y se les confisquen sus bienes.
En su libro Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos39 incita a los príncipes a matarlos a todos por sus desmanes en la llamada “guerra de los campesinos”, donde masacraron a 150.000 campesinos.
Dice: “Yo he dado muerte a todos los campesinos, cuando la revolución. Toda su sangre cae sobre mi cabeza, pero yo se la echo a nuestro Señor Dios que me mandó hablar de aquel modo”40.
Les decía a los príncipes: “La autoridad debe acosar, golpear, estrangular, ahorcar, quemar, decapitar y tullir a la plebe para hacerse temer del pueblo y mantenerlo manso”41.
¿Podemos aceptar estas cosas de un enviado de Dios? Entre las cosas buenas de Lutero, podemos mencionar su amor a María. Habla de ella como la “dulce Virgen y tierna Madre de Dios”. En su libro Comentario al Magnificat dice que “todos los loores a María se compendian en una palabra:
Madre de Dios. Nadie puede decir de ella cosa más grande”.
En su comedor tenía un crucifijo y una imagen de María con el niño.
Aceptaba el bautismo de los niños y, sobre todo, Lutero conservó la creencia en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y la defendió contra Ecolampadio, Zwinglio, Karltadt y Schwenckfeld.
Sobre la Eucaristía, escribió dos libros: Confesión de la cena de Cristo y Que las palabras de Cristo: Este es mi cuerpo, siguen firmes contra los fanáticos. Dice:
“Nos llaman devoradores de carne, bebedores de sangre, antropófagos, cafarnaítas, tiesteos, etc., como si fuésemos dementes, insensatos o furiosos que tenemos a Cristo incluido localmente y lo comemos a pedazos como el lobo devora una oveja y bebemos su sangre como una vaca bebe el agua”42.
“Aunque tuvieran razón, lo cual es imposible, al decir que en la Eucaristía no hay realmente sino pan y vino, ¿se habían de enfurecer y tronar contra nosotros con esas horribles blasfemias de Dios cocido, Dios empanado? ¿No debían tener respeto a la santa palabra de Cristo, no inventada por nosotros: Esto es mi Cuerpo”43.
También aceptaba la autoridad de los cuatro primeros concilios de Nicea, Constantinopla, Efeso y Calcedonia. Lo más grave fue poner la autoridad de la iglesia en manos de los príncipes, que consideraron las cosas eclesiásticas como un asunto más de la administración pública.
Así los príncipes fueron absolutos controladores de la religión en sus regiones y, con intolerancia, expulsaban a todos los que no seguían las doctrinas luteranas. Pero el cristianismo no mejoró con las reformas luteranas. De hecho, el mismo Lutero reconocía que, al implantar el luteranismo, no eran ellos mejores que los católicos. Decía en el otoño de 1533: “Nuestra vida es tan mala como la de los papistas”.
“El aspecto de nuestras iglesias es miserabilísimo, pues los campesinos no aprenden nada, no saben nada, no rezan nada, ni se confiesan ni comulgan. Abandonaron lo papístico y desprecian lo nuestro”44.
En resumen, podemos preguntar a quienes aceptan a Lutero como un santo y profeta de Dios:
¿Por qué aceptan unas cosas suyas y otras no?
¿Acaso todos los santos y Padres de la Iglesia y todos los doctores anteriores no tuvieron la sabiduría de Dios?
¿Todos ellos se equivocaron durante quince siglos?
¿Sólo Lutero tenía razón?
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
REGRESANDO A CASA
Aclaraciones Doctrinales
g» El Papa
Algunos cristianos rechazan la infalibilidad del Papa, pero aceptan sin problema la infalibilidad del concilio de Nicea, por ejemplo.
Todos creen que Dios usa hombres falibles y pecadores para comunicar su verdad infalible en la Palabra de Dios.
Ahora bien, infalibilidad no quiere decir que el Papa es infalible en todo lo que dice, sino solamente, cuando habla de cosas de fe y moral, con toda su autoridad, como representante de Cristo, y quiere imponer una verdad para ser creída por toda la Iglesia.
De otro modo, no es infalible y, mucho menos, cuando habla de cosas de astronomía o ciencias. Un rey, por ejemplo, puede escribir muchas cartas, pero solamente las que promulga oficialmente con carácter de ley son las que obligan para ser respetadas por todos.
Así el Papa puede hablar o escribir en privado o en público, pero mientras no quiera imponer una verdad con toda su autoridad a toda la Iglesia, no es infalible.
Además, infalibilidad no quiere decir impecabilidad. Ha habido y podrá haber Papas pecadores, como lo fue Pedro, pero esto no le quita su autoridad.
Por otra parte, el hecho de que la Palabra de Dios no se interpreta por sí misma, hace necesaria una autoridad para poder determinar de modo infalible la interpretación de algunos puntos en particular.
Y así como la Constitución de un país necesita ser interpretada por su Gobierno o por las autoridades competentes, así la Palabra de Dios debe ser interpretada con garantía de verdad y, sin dudas, por una autoridad exterior a ella.
Esta autoridad es la que Cristo le dio a Pedro, al darle las llaves del reino de los cielos: “Lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo.” (Mt 16,19).
“Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-16). “Yo he rezado por ti para que tu fe no se equivoque y tú confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). San Agustín decía:
“Roma locuta, causa finita est” (Si Roma -el Papa- ha hablado, la cuestión se ha terminado). Para indicar que el Papa es quien tiene la última palabra. Y esto puede comprobarse por la historia; pues, cuando el año 95 surgieron dificultades entre el clero y el pueblo de Corinto, para solucionarlas no acudieron a ningún apóstol. Aún vivía el apóstol san Juan en Éfeso.
Acudieron al Papa de Roma y el Papa Clemente les escribió dos cartas para solucionar el problema definitivamente. Hay un asunto que suele presentarse, cuando alguien quiere hablar en contra de la infalibilidad del Papa.
Es la llamada “cuestión del Papa Honorio”. Un caso único en la historia de los Papas. En el siglo VII, se planteó la cuestión de si Jesucristo tenía una o dos voluntades.
Si cuando obraba, actuaba con voluntad humana o con las dos voluntades, correspondientes a las dos naturalezas. El Papa Honorio (625-638) recibió un día una carta del patriarca Sergio I de Constantinopla, donde le urgía a tomar posición en la polémica entre el patriarca Ciro de Alejandría, partidario de una sola voluntad, y el monje Sofronio de Jerusalén, partidario de que Jesús, persona divina actuaba con las dos voluntades en una unidad moral.
Honorio le escribió, diciendo que “un solo Jesucristo actuaba en las dos naturalezas las obras de la divinidad y de la humanidad”. Lo peor fue que mandó callar al monje Sofronio, que sostenía la verdadera doctrina de las dos voluntades.
Entonces, Sergio de Constantinopla consideró que apoyaba la doctrina, que él sostenía, de una sola voluntad (de ahí viene el nombre de monoteletas, que se dio a estos herejes).
Y la herejía se extendió y muchos obispos se contagiaron de ella. El asunto llegó al concilio III de Constantinopla (680-680), donde Honorio fue condenado como hereje. Y lo mismo hicieron los dos siguientes concilios ecuménicos.
Pero, en primer lugar, ningún concilio tiene autoridad para condenar a nadie sin la autorización del Papa reinante.
En segundo lugar, el Papa nunca afirmó la doctrina herética de la única voluntad de Cristo. En sus dos cartas a Sergio de Constantinopla, expone la doctrina correcta; pero de modo ambiguo y equívoco, lo que dio motivo a creer que fue un hereje. Además, estas dos cartas, fueron cartas privadas y no doctrina solemne, no tenían toda la autoridad, para poder ser consideradas infalibles.
Por eso, el Papa León II (681-683), del tiempo del III concilio de Constantinopla, dijo:
“Honorio no extinguió la llama de la herejía como convenía a su autoridad, sino que por su negligencia la fomentó”.
Así pues, reconoce que no fue hereje, sino imprudente. Pudo ser pecador, irresponsable o incapaz, pero no hereje. Durante algunos años después de Honorio, los Papas debían jurar “rechazar la herejía, cuyo fermento había introducido Honorio”.
En 1870, en el concilio Vaticano I, cuando se quiso definir la infalibilidad del Papa, surgió de nuevo este problema.
Pero claramente se determinó que el Papa es infalible solamente, cuando habla “ex cathedra”, es decir, desde la cátedra, con toda su autoridad, con la intención de imponer una verdad para ser creída como tal por todos los fieles.
Esto no se daba en las dos cartas escritas por Honorio a Sergio de Constantinopla. Actualmente, todos están de acuerdo en que Honorio no fue hereje, pues lo que dice en sus dos cartas es perfectamente ortodoxo.
Él habla de una unidad de voluntades en Jesucristo, refiriéndose a una unidad moral de las dos voluntades existentes en Jesús. Por eso, se pudo definir la infalibilidad pontificia con toda tranquilidad como dogma de fe.
Y podemos afirmar, sin ninguna duda, que ningún Papa de la historia se equivocó al hablar solemnemente, con toda su autoridad, en cosas de fe y costumbres.
Y que todos los Papas, aun pecadores, iluminaron a la Iglesia con la luz de la verdad, revelada por Dios.
Quizás Dios permitió este caso de Honorio para hacer más palpable su providencia sobre la Iglesia y reafirmar así la autoridad del Papa.
por Makf | 24 Oct, 2025 | Regresando a Casa
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Aclaraciones Doctrinales
g» Purgatorio
La Iglesia católica ha recibido la tradición judía sobre el purgatorio, que Jesús en ningún momento rechazó.
Los judíos, desde el siglo segundo antes de Cristo, ya creían en un tiempo de purificación después de la muerte.
Por eso, en 2 Mac 12,43 se dice que Judas Macabeo mandó a Jerusalén dos mil dracmas de plata para ofrecer un sacrificio por los caídos en la batalla. Y dice el texto:
“De no esperar que los caídos resucitarían, habría sido inútil y necio rezar por los difuntos, pero si consideraba que una magnífica recompensa les está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso.
Por eso, mandó hacer este sacrificio expiatorio a favor de los muertos para que fueran liberados del pecado”. Los hermanos separados no aceptan este libro, pero deben aceptar, al menos, que los judíos creían en ese estado de purificación, al que nosotros llamamos purgatorio.
Lo de menos es el nombre. Lo importante es que está en la Biblia el hecho de la purificación después de la muerte. Y eso lo creían también los judíos del tiempo de Jesús y él no lo criticó. Y lo siguen creyendo después de dos mil años los judíos actuales. Pero hay otros textos.
Dice el Apocalipsis que en el cielo “no puede entrar nada manchado” (Ap 21,27), luego todos deben entrar limpios de pecado y hay que purificarse antes de entrar. En 1 Co 3,15 dice Pablo:
“Aquel cuya obra queda abrasada, sufrirá daño. Él no obstante se salvará, pero como quien pasa a través del fuego”. Incluso, Jesús dice claramente que hay pecados que se pueden perdonar después de la muerte:
“Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará, ni en este mundo ni en el otro” (Mt 12,32). Dios nos pedirá cuenta hasta de una palabra ociosa (Mt 12,36).
¿Diremos que esos textos no son claros? La Tradición de la Iglesia nos los interpreta auténticamente para no equivocarnos.
Así nos damos cuenta que, desde el principio, se creyó siempre en ese estado de purificación después de la muerte.
En las tumbas de los primeros cristianos aparecen oraciones, pidiendo al Señor misericordia por los difuntos.
El mismo Pablo desea esta misericordia para Onesíforo: “El Señor le dé hallar misericordia en aquel día cerca del Señor” (2 Tim 1, 18). Así lo entendieron los santos Padres.
San Agustín dice, por ejemplo: “No hay duda de que las oraciones de la santa Iglesia, el sacrificio saludable y las limosnas que se distribuyen por sus almas, ayudan a los muertos, para que el Señor obre en ellos más misericordiosamente de lo que merecieron sus pecados.
La Iglesia universal mantiene la tradición de los Padres: que se ore por aquéllos que murieron en la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo, cuando se les recuerda en el momento oportuno de la celebración de la Eucaristía” (Sermón 172,1-3; PL 38,936-
7). “Opongan los herejes lo que quieran, es un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los difuntos” (Libro de herejías cap. 53).
Y él mismo ora por su madre santa Mónica y dice: “Señor, te ruego por los pecados de mi madre” (Confesiones IX, cap. 13).
Y esto mismo podemos decir de todos los santos Padres de los primeros siglos.