Isaias (Is) 27

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Capítulo 27

El castigo de Leviatán

1 Aquel día, el Señor castigará con su espada bien templada, grande y fuerte, a Leviatán, la Serpiente huidiza, a Leviatán, la Serpiente tortuosa, y matará al Dragón que está en el mar.

El canto de la viña

2 Aquel día, canten a la viña deliciosa.

3 Yo, el Señor, soy su guardián, la riego constantemente; para que nadie le haga daño, la cuido día y noche.

4 Ya no estoy enojado: aunque haya cardos y espinas iré a luchar contra ellos y los quemaré todos juntos,

5 A menos que se acojan a mi amparo, que hagan las paces conmigo: ¡sí que hagan las paces conmigo!

La expiación de los pecados de Israel

6 En los días que vendrán, Jacob echará raíces, Israel florecerá, dará brotes, y llenará el mundo con sus frutos.

7 ¿Acaso el Señor lo ha golpeado como golpeó al que lo golpeaba? ¿Lo ha matado como mató a los que lo mataban?

8 al expulsarlo, al despoblarlo, has concluido tu pleito con él. El lo arrolló con su soplo violento, en un día de viento del este.

9 Así será expiada la iniquidad de Jacob, y este será el fruto de la remisión de su pecado; ¡él tratará todas las piedras de altar como piedra caliza que se tritura, los postes sagrados y los altares de incienso no quedarán en pie!

La ciudad abandonada

10 La plaza fuerte está solitaria, es un pastizal abierto, abandonado como el desierto. Allí va a pacer el ternero, allí se recuesta y deshoja las ramas.

11 al secarse, se quiebran las ramas, y vienen mujeres a prenderles fuego. Porque este es un pueblo sin inteligencia por eso su Creador no le tiene compasión. el que lo formó no se apiada de él.

El retorno de los israelitas

12 Aquel día, el Señor trillará el grano desde el curso del Río hasta el Torrente de Egipto, y ustedes, israelitas, serán espigados uno por uno.

13 Aquel día, sonará la gran trompeta, y vendrán los que estaban perdidos en el país de Asiria y los desterrados en el país de Egipto, para adorar al Señor sobre la santa Montaña, en Jerusalén.

Oráculos sobre Israel y Judá

Isaias (Is) 26

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Capítulo 26

Canto de victoria

1 Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte, el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros.

2 Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel.

3 Su carácter es firme, y tú la conservas en paz. porque ella confía en ti.

4 Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna.

5 El doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra, le hizo tocar el polvo.

6 Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles.

Salmo: la esperanza en los juicios del Señor

7 La senda del justo es recta, tú allanas el sendero del justo.

8 Sí, en la senda trazada por tus juicios, esperamos en ti, Señor: tu Nombre y tu recuerdo son el deseo de nuestra alma.

9 Mi alma te desea por la noche, y mi espíritu te busca de madrugada, porque cuando tus juicios se ejercen sobre la tierra, los habitantes del mundo aprenden la justicia.

10 Si se hace gracia al malvado, no aprende la justicia; en el país de la rectitud, obra perversamente, sin mirar la majestad del Señor.

11 Señor, tu mano está levantada, pero ellos no la ven; ¡que vean avergonzados tu celo por el pueblo, que los devore el fuego destinado a tus adversarios!

12 Señor, tú nos aseguras la paz, porque eres tú el que realiza por nosotros todo lo que nosotros hacemos.

13 Señor, Dios nuestro, otros señores nos han dominado, pero a nadie reconocemos fuera de ti, solamente pronunciamos tu Nombre.

14 Los muertos no revivirán, las sombras no se levantarán: tú has intervenido para exterminarlos, hiciste desaparecer hasta su recuerdo.

15 Has engrandecido la nación, Señor, has engrandecido la nación, has manifestado tu gloria, has ensanchado todas las fronteras del país.

16 En medio de la angustia, Señor. acudimos a ti, clamamos en la opresión, cuando nos golpeaba tu castigo.

17 Como la mujer embarazada, que está por dar a luz, se refuerce y da gritos de dolor, así éramos nosotros delante de ti, Señor.

18 Hemos concebido, nos hemos retorcido, y no dimos a luz más que viento. ¡No Hemos traído la salvación a la tierra, no le nacieron habitantes al mundo!

19 Pero tus muertos revivirán, se levantarás sus cadáveres. ¡Despierten y griten de alegría los que yacen en el polvo! Porque tu rocío es un rocío de luz, y la tierra dará vida a las Sombras.

El castigo de los habitantes de la tierra

20 ¡Ve, pueblo mío, entra en tus habitaciones y cierra tus puertas por dentro; escóndete por un instante, hasta que pase la ira!

21 Porque el Señor sale de su morada para pedir cuenta de su iniquidad a los habitantes de la tierra: la tierra pondrá al descubierto la sangre derramada y ya no cubrirá a sus muertos.

Isaias (Is) 25

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Capítulo 25

Canto de acción de gracias por la salvación

1 Señor, tú eres mi Dios, yo te exalto, doy gracias a tu Nombre. Porque tú has realizado designios admirables, firmemente establecidos desde tiempos antiguos.

2 Has hecho de la ciudad un montón de escombros, de la ciudad fortificada, una ruina. La ciudad enemiga ya no es una ciudad, nunca más será reconstruida.

3 Por eso te glorifica un pueblo fuerte, la ciudad de los tiranos siente temor de ti.

4 Porque has sido un refugio para el débil un refugio para el pobre en su angustia, un resguardo contra la tormenta, una sombra contra el calor. Porque el soplo de los tiranos es como tormenta de invierno,

5 como el calor en el suelo reseco. Tú acallas el tumulto del enemigo: como el calor por la sombra de una nube así se extingue el canto de los tiranos.

El banquete escatológico

6 El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados.

7 El arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones.

8 Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor.

9 Y se dirá en aquel día: «Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!».

La humillación de Moab

10 Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña, pero Moab será pisoteado en su suelo, como se pisotea la paja en el estercolero.

11 En medio de esto, extenderá sus manos, como las extiende el nadador para nadar; pero el Señor aplastará su orgullo, a pesar del esfuerzo de sus manos.

12 Los baluartes inaccesibles de tus murallas, los derribó, los abatió, los echó por tierra hasta el polvo.

Isaias (Is) 24

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Capítulo 24

La conmoción universal

1 Miren, el Señor arrasa la tierra y la deja desierta, trastorna su faz y dispersa a sus habitantes.

2 Correrán la misma suerte tanto el pueblo como el sacerdote, el esclavo como su señor, la esclava como su señora, el comprador como el vendedor, el que pide prestado como el que presta, el acreedor como el deudor.

3 La tierra es arrasada, sí, arrasada, saqueada por completo, porque el Señor ha pronunciado esta palabra.

4 La tierra está de duelo, desfallece, el mundo se marchita, desfallecen las alturas junto con la tierra.

5 La tierra está profanada bajo los pies de los que la habitan, porque ellos violaron las leyes, transgredieron los preceptos, rompieron la alianza eterna.

6 Por eso la Maldición devora la tierra y sus habitantes soportan la pena; por eso se consumen los habitantes de la tierra y no quedan más que unos pocos.

La ciudad desolada

7 El vino nuevo está de duelo, la viña desfallece, gimen los que estaban alegres.

8 Cesó la alegría de los tamboriles, se acabó el tumulto de los que se divierten, cesó la alegría de las cítaras.

9 Ya no se bebe vino entre canciones, el licor es amargo para el que lo bebe.

10 Se ha derrumbado la ciudad del caos, está cerrada la entrada de todas las casas.

11 Se pide vino a gritos por las calles, se ha apagado toda alegría, ha sido desterrada la alegría del país.

12 No queda más que desolación en la ciudad, la puerta ha sido rota a pedazos.

La salvación de un resto

13 Sí, en medio de la tierra, entre las naciones, sucederá lo que pasa con el olivo, cuando se bajan a golpes las aceitunas, o cuando todavía quedan unos racimos, una vez acababa la vendimia.

14 Ellos elevan la voz, gritan de alegría, aclaman desde el poniente la majestad del Señor.

15 Por eso en el oriente se glorifica al Señor, y en las costas del mar, el nombre del Señor, Dios de Israel.

16 Desde el confín de la tierra oímos cantar: «¡Gloria al Justo!».

El juicio y la victoria del Señor

Pero yo dijo: «¡Desfallezco, desfallezco! ¡Ay de mí!». Los traidores traicionan, los traidores perpetran traiciones.

17 ¡Terror, fosa y red, contra ti, habitante de la tierra!

18 El que huya del grito del terror, caerá en la fosa; el que suba del fondo de la fosa quedará atrapado en la red. Porque están abiertas las compuertas de lo alto y tiemblan los cimientos de la tierra.

19 ¡La tierra se quiebra, se resquebraja, la tierra se parte, se parte en pedazos, se mueve, se conmueve la tierra!

20 La tierra se tambalea como un borracho y se sacude como una cabaña. Tanto le pesa su pecado que cae y no se alzará nunca más.

21 Aquel día, el Señor pedirá cuenta al ejército de lo alto, en la altura, y a los reyes de la tierra, sobre la tierra.

22 Ellos serán reunidos, reunidos en un calabozo, recluidos en una prisión, y después de muchos días tendrán que dar cuenta.

23 La luna se sonrojará y el sol se avergonzará, porque reinará el Señor de los ejércitos sobre el monte Sión y en Jerusalén, ante sus ancianos resplandecerá la Gloria.

Isaias (Is) 23

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Capítulo 23

Oráculo sobre Tiro y Sidón

1 Oráculo sobre Tiro. ¡Giman, naves de Tarsis, porque su puerto ha sido devastado! Cuando llegaban de Quitím, recibieron el anuncio.

2 ¡Enmudezcan, habitantes de la costa, comerciantes de Sidón, cuyos emisarios atraviesan el mar.

3 por las aguas profundas! El grano de Sijor, las cosechas del Nilo, le aportaban ganancias: ¡ella era el emporio de las naciones!

4 Avergüénzate, Sidón, fortaleza del mar, porque el mar habla así: «No he sufrido los dolores del parto. ni he dado a luz; no he criado muchachos ni hice crecer muchachas.

5 Cuando se enteren en Egipto, temblarán por las noticias de Tiro.

6 Emigren a Tarsis, giman, habitantes de la costa.

7 ¿Es esta la ciudad alegre, la de orígenes remotos, cuyos pasos la llevaron a colonias lejanas?

8 ¿Quién ha concebido esto contra Tiro, la que repartía coronas, cuyos comerciantes eran príncipes y sus mercaderes, grandes de la tierra?

9 Lo ha concebido el Señor de los ejércitos para envilecer la soberbia de todo esplendor, para humillar a los grandes de la tierra.

10 Cultiva tu tierra, hija de Tarsis, como a lo largo del Nilo: ¡el puerto no existe más!

11 El ha extendido su mano sobre el mar, ha echo temblar los reinos; el Señor ha ordenado a Canaán que destruya sus fortalezas.

12 El ha dicho: «¡No te regocijarás nunca más, virgen violada, hija de Sidón!» Levántate y emigra a Quitím. aunque tampoco allí tendrás descanso.

13 Mira el país de los caldeos, ese pueblo que ya no existe; Asiria lo destinó a las fieras del desierto; levantaron sus torres de asalto, demolieron sus palacios. lo redujeron a escombros.

14 ¡Giman, naves de Tarsis, porque su fortaleza ha sido devastada!

15 Aquel día será olvidada durante setenta años, que es la duración de la vida de un rey. Al cabo de setenta años, a Tiro le sucederá como en la canción de la prostituta:

16 «¡Toma la cítara, recorre la ciudad, prostituta olvidada! Toca bien, canta mucho, para que se acuerden de ti».

17 Al cabo de setenta años, el Señor visitará a Tiro, Ella volverá a su antiguo comercio, y se prostituirá con todos los reinos de la tierra, sobre la superficie del suelo.

18 Pero sus ganancias y sus salarios serán consagrados al Señor. No serán acumulados ni atesorados: serán para los que habitan delante del Señor, a fin de que coman hasta saciarse y se atavíen espléndidamente.

Apocalipsis de Isaías

Isaias (Is) 22

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Capítulo 22

Contra la euforia de Jerusalén

1 Oráculo sobre el valle de la Visión. ¿Qué es lo que te sucede para que subas en masa a las azoteas,

2 tú, que estás llena de bullicio, ciudad tumultuosa, ciudad alegre? Tus víctimas no son víctimas de la espada ni muertos en el combate.

3 Tus jefes desertaron todos juntos, cayeron prisioneros sin disparar el arco; todos tus valientes fueron apresados, mientras huían lejos.

4 Por eso dije: «¡Aparten sus ojos de mí, voy a llorar amargamente; no insistan en consolarme por la devastación de la hija de mi pueblo!».

5 Porque es un día de confusión, de humillación y consternación, enviado por el Señor de los ejércitos: en el valle de la Visión se socavaba el muro, el clamor llegaba a la montaña.

6 Elam tomó la aljaba, Aram montó a caballo, Quir desenfundó el escudo.

7 Tus valles más hermosos se llenaron de carros de guerra, los jinetes se apostaron a la Puerta

8 y cayó la defensa de Judá. Aquel día, ustedes volvieron los ojos hacia el arsenal de la Casa de Bosque.

9 Vieron qué numerosas eran las brechas de la Ciudad de David; juntaron agua en la cisterna inferior;

10 contaron las casas de Jerusalén y derribaron algunas para reforzar la muralla;

11 hicieron un depósito entre los dos muros para las aguas de la cisterna antigua. ¡Pero no se fijaron en el que hacía todo eso, ni miraron al que lo planeó hace mucho tiempo!

12 Aquel día, el Señor de los ejércitos convocaba al llanto y al luto, a raparse la cabeza y vestirse de saya! ;

13 en cambio, hay gozo y alegría, se matan bueyes y se degüellan ovejas, se come carne y se bebe vino: «¡Comamos y bebamos, porque mañana moriremos».

14 El señor de los ejércitos se ha revelado a mi oído: No, esta falta no les será expiada hasta que ustedes mueran, dice el Señor de los ejércitos.

Contra Sebná, el mayordomo de palacio

15 Así habla el Señor de los ejércitos: «Ve a encontrarte con ese intendente, Sebná, el mayordomo de palacio,

16 que talla su sepulcro en la altura y se cava una morada en la roca. ¿Qué tienes y a quién tienes aquí, para tallarte aquí un sepulcro?

17 Mira que el Señor te arroja de un solo golpe, hombre fuerte; te envuelve bien envuelto,

18 te ata fuerte como un ovillo y te arroja como una bola a un país de vastas dimensiones. Allí morirás, y allí irán a parar los carruajes que eran tu gloria, ¡tú, deshonra de la casa de tu señor!

19 Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo.

20 Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías;

21 lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.

22 pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá.

23 Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.

24 De él estará suspendida toda la gloria de la casa de su padre: retoños y gajos, todos los vasos pequeños, desde las tazas hasta las vasijas de todas clases.

25 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– cederá la estaca clavada en un sitio firme, se quebrará, caerá, y la carga que estaba sobre ella será destruida, porque ha hablado el Señor.

Isaias (Is) 21

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Capítulo 21

La caída de Babilonia

1 Oráculo sobre el desierto del mar. ¡Como torbellinos que pasan por el Négueb, él viene del desierto, de un país temible!

2 Una visión siniestra me ha sido revelada; el traidor traiciona, el devastador devasta. «¡Sube, Elam, al asedio, medos! Yo hago cesar todos los gemidos».

3 Por eso mis entrañas se sienten convulsionadas; me asaltan los dolores, dolores como los del parto. Me desconcierta lo que oigo, me espanta lo que veo.

4 Se extravía mi mente, el pánico me aterra; el crepúsculo que ansiaba se ha vuelto para mí un horror.

5 Se pone la mesa, se extiende el tapiz, se come, se bebe. ¡De pie, príncipes, engrasen el escudo!

6 Porque así me ha hablado el Señor: ¡Ve, aposta al centinela, que anuncie lo que vea!

7 Si ve gente a caballo, parejas de jinetes, hombres montados en asnos, hombres montados en camellos, que preste atención, mucha atención».

8 Entonces gritó el vigía: «Sobre la atalaya, Señor, estoy siempre de pie, todo el día; en mi puesto de guardia, estoy alerta toda la noche.

9 ¡Ha caído, ha caído Babilonia, y todas las estatuas de sus dioses se han hecho añicos contra el suelo!».

10 ¡Pueblo mío, trillado y aventado en la era, lo que oí del Señor de los ejércitos el Dios de Israel, te lo he anunciado!

Oráculo sobre Dumá

11 Oráculo sobre Dumá. Alguien me grita desde Seír: «Centinela, ¿cuánto queda de la noche? Centinela, ¿cuánto queda de la noche?».

12 El centinela responde: «Llega la mañana y de nuevo la noche. Si quieren preguntar, pregunten; vengan otra vez».

Oráculo sobre las tribus árabes

13 Oráculo en la estepa. Entre las malezas, en la estepa, ustedes pasarán la noche, caravanas de los dedanitas.

14 Lleven agua al encuentro de los sedientos, habitantes del país de Temá, saltan a recibir con pan a los fugitivos

15 Porque ellos huyen ante las espadas ante la espada desenvainada, ante el arco tendido, ante el encarnizamiento del combate.

16 Porque así me ha hablado el Señor: «Dentro de un año, computado como los años de un mercenario, se habrá terminado toda la gloria de Quedar.

17 Y el resto de los arqueros de los valientes hijos de Quedar será muy poca cosa. Porque ha hablado el Señor, el Dios de Israel».

Isaias (Is) 20

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Capítulo 20

Anuncio simbólico de la derrota de Egipto

1 El año en que el general en jefe enviado por Sargón, rey de Asiria, llegó a Asdod, la atacó y la tomó,

2 en ese mismo tiempo, el Señor habló por medio de Isaías, hijo de Amós, diciendo: «Ve, despójate del sayal que llevas ceñido, y quítate las sandalias de los pies». El lo hizo así, y anduvo desnudo y descalzo.

3 El Señor dijo: «Así como mi servidor Isaías anduvo desnudo y descalzo durante tres años, como signo y presagio contra Egipto y contra Cus.

4 así el rey de Asiria llevará desnudos y descalzos, y con las nalgas al aire, a los cautivos de Egipto y a los deportados de Cus, jóvenes y viejos, para vergüenza de Egipto.

5 La gente sentirá terror y vergüenza a causa de Cus, su esperanza, y a causa de Egipto, su orgullo.

6 Y los habitantes de esta costa dirán en aquel día: «¡Ahí está nuestra esperanza, a la que acudíamos en busca de auxilio, para ser librados del rey de Asiria! Y ahora nosotros ¿cómo podremos escapar?».

Isaias (Is) 19

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Capítulo 19

Oráculo sobre Egipto

1 Oráculo sobre Egipto. ¡Miren al Señor que entra en Egipto, montado sobre una nube ligera! Ante él vacilan los ídolos de Egipto, y el corazón de Egipto se disuelve en su interior.

2 Yo incitaré a egipcios contra egipcios y combatirán hermano contra hermano, amigo contra amigo, ciudad contra ciudad, reino contra reino.

3 El espíritu de Egipto se desvanecerá en su interior, yo confundiré sus designios, y ellos consultarán a ídolos y encantadores, a nigromantes y adivinos.

4 Entregaré a los egipcios en manos de un amo implacable, y un rey cruel los dominará –oráculo del Señor de los ejércitos–.

5 Las aguas del mar se secarán y el Río quedará árido y reseco;

6 los canales apestarán, los Nilos de Egipto bajarán hasta secarse, las cañas y los juncos se marchitarán.

7 Toda la vegetación de los bordes del Nilo y todas las plantas sembradas junto a él se secarán: serán arrasadas y desaparecerán.

8 Gemirán los pescadores, los que arrojan al anzuelo en el Nilo estarán de duelo, y desfallecerán los que echan la red sobre las aguas.

9 Los que trabajan el lino quedarán defraudados, las cardadoras y los tejedores se pondrán lívidos,

10 sus tejedores se sentirán acongojados y todos los asalariados, afligidos.

11 ¡Qué necios son los príncipes de Soán! ¡Los más sabios consejeros del Faraón forman un consejo de estúpidos! ¿Como pueden ustedes decir al Faraón: «Yo soy hijo de sabios, hijo de antiguos reyes»?

12 ¿Dónde están tus sabios? ¡Vamos, que te anuncien y te den a conocer lo que el Señor de los ejércitos han proyectado contra Egipto!

13 ¡Se han enloquecido los príncipes de Soán, se ilusionan los príncipes de Nof, las piedras angulares de sus tribus han extraviado a Egipto!

14 El Señor ha derramado en medio de ellos un espíritu de vértigo, y ellos extravían a Egipto en todo lo que emprende, como pierde pie el borracho cuando vomita.

15 Y no será para provecho de Egipto nada de lo que hagan la cabeza y la cola, la palmera y el junco.

La conversión de Egipto y de Asiria

16 Aquel día, los egipcios serán como mujeres; temblarán y estarán aterrorizados ante la mano amenazadora del Señor de los ejércitos, que él agitará contra ellos.

17 La tierra de Judá será el espanto de Egipto: cada vez que se la mencione, Egipto temblará a causa del designio que el Señor ha proyectado contra él.

18 Aquel día, habrá en la tierra de Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán y jurarán por el Señor de los ejércitos; una de ellas se llamará Ciudad del Sol.

19 Aquel día, habrá un altar para el Señor en medio del país de Egipto, y una estela para el Señor junto a la frontera.

20 Esto servirá de señal y de testimonio para el Señor de los ejércitos en el país de Egipto. Cuando ellos clamen al Señor a causa de sus opresores, él les enviará un salvador y un defensor, para que los libre.

21 El Señor se dará a conocer a los egipcios, y los egipcios conocerán al Señor en aquel día. Lo servirán con sacrificios y oblaciones; harán votos al Señor y los cumplirán.

22 El Señor herirá a Egipto, pero sólo para sanarlo. Ellos se volverán al Señor, y él los escuchará y los sanará.

23 Aquel día, habrá un camino entre Egipto y Asiria: los asirios irán a Egipto, y los egipcios a Asiria; y Egipto rendirá culto junto con Asiria.

Isaias (Is) 18

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Capítulo 18

Oráculo sobre Etiopía

1 ¡Ah, país del zumbido de alas, más allá de los ríos de Cus,

2 que envías emisarios por mar, en canoas de junco, sobre las aguas! Vayas, mensajeros veloces, a una nación esbelta, de tez bronceada, a un pueblo temible de cerca y de lejos, a una nación vigorosa y dominadora, cuyo país está surcado de ríos.

3 ¡Habitantes del mundo entero, y ustedes, los que pueblan la tierra: cuando se alce el estandarte, observen, cuando suene la trompeta, escuchen!

4 Porque así me ha hablado el Señor. Yo observaré impasible en mi puesto, como el calor ardiente y deslumbrante, como nube de rocío en el calor de la cosecha.

5 Porque antes de la cosecha, acabada la floración, cuando la flor se convierte en un racimo que madura, se cortan los pámpanos con la podadora, se arrancan y se quitan los sarmientos.

6 Todos ellos serán abandonados a las aves de rapiña en las montañas y a las fieras de la tierra: las aves de rapiña pasarán allí el verano y todas las fieras de la tierra, el invierno.

7 En aquel tiempo, se llevarán dones Señor de los ejércitos de parte de un pueblo esbelto y bronceado, de un pueblo temible de cerca y de lejos, de una nación vigorosa y dominadora, cuyo país está surcado de ríos: se llevarán hasta el lugar donde reside el Nombre del Señor de los ejércitos, a la Montaña de Sión.

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