por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
SEÑOR, bendice mis manos para que sean delicadas y sepan tocar sin jamás aprisionar; que sepan dar sin calcular y tengan la fuerza de bendecir y consolar.
SEÑOR, bendice mis ojos para que sepan ver la necesidad y no olviden nunca lo que a nadie deslumbre; que vean detrás de la superficie, para que los demás se sientan felices por mi modo de mirarles.
SEÑOR, bendice mis oídos para que sepan oír Tu voz y perciban muy claramente el grito de los afligidos; que sepan quedarse sordos al ruido inútil y la palabrería, pero no a las voces que llaman y piden que las oigan y comprendan, aunque turben mi comodidad.
SEÑOR, bendice mi boca para que dé testimonio de Ti y no diga nada que hiera o destruya; que sólo pronuncie palabras que alivian, que nunca traicione confidencias y secretos, que consiga despertar sonrisas.
SEÑOR, bendice mi corazón para que sea templo vivo de Tu Espíritu y sepa dar calor y refugio; que sea generoso en perdonar y comprender, y aprenda a
compartir dolor y alegrías con un gran amor.
Dios mío, que puedas disponer de mí con todo lo que soy y con todo lo que tengo
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Si te acostumbras a ser claro en tus decisiones, si posees principios sólidos, si tienes las ideas claras, si sabes lo que realmente quieres para tu vida, tendrás el éxito al alcance de tu mano.
Y no olvides que el camino se hace cada día con paciencia y constancia.
Recuerda lo que dijo el poeta:
"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar".
Y así, poco a poco, vas construyendo el edificio de tu vida, tu vivienda interior, el palacio donde te recrearás interiormente.
Y serás el ejemplo de otras vidas, de otros hombres y mujeres, de cuantos viven a tu lado.
Entonces, el proyecto de tu vida habrá merecido la pena; te sentirás orgulloso de ti y de los tuyos…
¡Ánimo, no te rindas!
Y mañana, vuelve a empezar donde hoy te quedaste.
¡Adelante, siempre adelante, levantándose en cada caída, sonriendo en cada triunfo, absorbiendo cada lágrima en las derrotas, pero siempre volviendo a empezar! superando siempre los obstáculos, saliendo más fuerte, de los mismos.
Arriesgando en la lucha, para saborear el placer de la victoria.
No olvides nunca, que después de la tormenta vuelve a salir el sol…
Y por muy oscura y triste que esté la noche, siempre llega el amanecer.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Se vio hace un tiempo por las calles de Sao Paulo la publicidad de Runner (una cadena de gimnasios en Brasil) con la foto de una chica escultural, en bikini, y con la frase: "Este verano ¿Cuál quieres ser?
¿Sirena o Ballena?" Dicen que una mujer de Sao Paulo (cuyas características físicas nunca trascendieron) le envió a la empresa Runner por email la siguiente respuesta:
"Las ballenas están siempre rodeadas de amigos. Tienen una vida sexual activa, se embarazan y tienen ballenitas de lo más tiernas. Las ballenas amamantan. Son amigas de los delfines y se la pasan comiendo camarón.
También y todo el tiempo están jugando en el agua, nadando por ahí, atravesando los mares, conociendo lugares maravillosos como los hielos de la Antártida y los arrecifes de coral de la Polinesia. Las ballenas cantan muy bien y tienen hasta cd's grabados. Las ballenas son enormes y casi no tienen predadores naturales. Las ballenas tienen una vida bien resuelta, son lindas y amadas por todos.
Las sirenas no existen. Si existieran vivirían en crisis existencial: "¿Soy un pez o soy un ser humano?" No tienen hijos, pues matan a los hombres que se encantan con su belleza. Son bonitas, sí, pero tristes y siempre solitarias. Runner, prefiero ser ballena".
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
No importa en qué momento de la vida te cansaste, lo que importa es que siempre es posible y necesario recomenzar.
Recomenzar es darse una nueva oportunidad, es renovar las esperanzas en la vida y, lo más importante, creer en ti mismo.
¿Sufriste mucho en este período? Fue aprendizaje.
¿Lloraste mucho? Fue limpieza para tu alma.
¿Sentiste rencor? Fue para poder perdonar.
¿Estuviste solitario en algunos momentos? Es porque cerraste la puerta, incluso para los Ángeles.
¿Creíste que todo se había perdido? Era simplemente el inicio de tu mejora.
AHORA es el momento de reiniciar, de pensar en la luz, de encontrar alegría en lo más sencillo.
¿Qué te parece… hacer algo diferente, una salida a un lugar que te guste, con alguien que quieres y no ves hace tiempo?, ¿una nueva profesión?, ¿ayudar al más cercano?, ¿mejorar tu carácter?, ¿o desarrollar un poco más el antiguo deseo de aprender a pintar, dibujar, o computación?
¿Ves cuántos desafíos, cuántas cosas esperan que tú te decidas a realizarlas?
Mira alto, sueña alto, anhela lo mejor de lo mejor, anhela todo lo bueno, pues la vida nos trae lo que anhelamos; si pensamos pequeño, lo pequeño nos vendrá. Si pensamos firmemente en lo mejor, en lo positivo y luchamos por alcanzarlo, lo mejor va a venir a nuestra vida.
Es HOY el día de la gran limpieza mental; tira todo lo que te aferra al pasado, al mundo de cosas tristes.
Tira todo eso a la basura; principalmente, vacía tu corazón para una nueva vida, para un nuevo amor, pues somos apasionados, somos capaces de amar muchas y muchas veces, porque somos la propia manifestación del amor de Dios.
La vida te llama, te invita a una nueva aventura, a un nuevo viaje, a un nuevo desafío.
Proponte en este día a ti mismo que harás todo lo posible para alcanzar tus objetivos.
Confía en Dios y confía en ti.
El futuro más brillante siempre se basará en un pasado que se
olvida, porque no te irá bien en la vida, hasta que dejes atrás
tus fracasos y tus penas.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Cierto día, hace de esto muchísimos años, un comerciante muy rico y avariento, acudió a un sacerdote viejo y sabio en busca de consejo y enseñanza.
Éste lo llevó ante una ventana y le dijo:
- Mira a través de este vidrio y dime: ¿qué ves?
- Gente - contestó el rico comerciante.
- Mírate en este espejo. ¿Qué ves ahora - Me veo a mí mismo - le contestó al instante el avaro.
- He ahí, hermano, -le dijo entonces el santo varón- en la ventana hay un vidrio y en el espejo también.
Pero ocurre que el vidrio del espejo está cubierto con un poquito de plata, y en cuanto hay un poco de plata de por medio, dejamos de ver a los demás y sólo nos vemos a nosotros mismos.
Y tu… ¿Qué ves ahora?
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
¡Lo que tú quieras, Señor!, pero te pido Fe para mirarte en todo, esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y un olvido total de mí mismo.
Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
¡Que pueda yo amarte cada vez más y hacerte amar de los que me rodean!
¡Que sea yo grande en lo pequeño!
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, la mente activa y el pie dispuesto!
¡Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que quiero!
Amén.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Fue hace muchos años, en una helada mañana de invierno. La barba del anciano que aguardaba para cruzar el río, lucía aperlada por la escarcha.
La espera se le hacía interminable y el viento glaciar del norte le había entumecido el cuerpo.
Oyó un lejano y firme ritmo de cascos que se acercaban a galope por el sendero helado. Eran varios jinetes que rodeaban la curva.
El anciano, esperanzado, dejó pasar al primero, sin tratar de llamar la atención. Luego pasó otro y otro más. Al fin, el último jinete se acercó al lugar donde el anciano estaba sentado, semejante a una estatua de nieve.
Cuando estuvo cerca, el viejo lo miró a los ojos y dijo:
- Señor, ¿tendría inconveniente en llevar a un anciano hasta la otra orilla? Por lo que parece, no hay manera de cruzar a pie.
- Cómo no -replicó el jinete, sofrenando al caballo-. Suba.
Al ver que el anciano no podía levantar del suelo su cuerpo medio helado, el jinete desmontó para ayudarlo a subir
Después lo llevó, no sólo a la otra orilla, sino hasta su destino, algunos kilómetros más allá.
Cuando se acercaban a una cabana, pequeña y acogedora, la curiosidad hizo que el jinete preguntara:
- Señor, he notado que dejó pasar a los otros jinetes sin hacer nada por pedir ayuda. En cambio, cuando llegué yo, no vaciló en pedirme que lo llevara.
Me gustaría saber ¿por qué, en una noche tan cruda, esperó hasta el último jinete para pedir asistencia?
¿Y si yo me hubiera negado, dejándolo allí?
El anciano desmontó trabajosamente, y luego miró al jinete a los ojos y le dijo:
- Hace mucho tiempo que ando por estos lugares. Supongo que conozco bastante a la gente. Me bastó mirar a los otros a los ojos, para ver que mi situación no les interesaba.
Pedirles que me llevaran habría sido inútil. Pero en usted vi amabilidad y compasión. De inmediato supe que en su espíritu gentil apreciaría la oportunidad de asistirme en ese momento de necesidad.
Ese reconfortante comentario emocionó profundamente al jinete.
- Le agradezco mucho esas palabras - manifestó.
Quiera Dios que nunca, por muy ocupado que esté en mis propios asuntos, deje de atender a la necesidad ajena con amabilidad, solidaridad y compasión.
Y los demás, ¿Qué ven en ti?
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Un rey que pasaba en su carruaje por un pueblo, observó una flecha disparada exactamente en el centro de un blanco, que era un círculo dibujado en el tronco de un árbol.
Intrigado, se dio cuenta que además había otras flechas disparadas en varios sitios, todas con la misma precisión en el centro del blanco.
Sorprendido por la habilidad del arquero, mandó a sus pajes a buscarlo.
Después de algunos minutos encontraron al autor de los certeros disparos. Se trataba de un niño de no más de 12 años.
- ¿Eres tú el hábil arquero? -preguntó el rey.
- Sí -, respondió el chiquillo.
- ¿Cómo haces para ser siempre tan certero en tu puntería? - preguntó de nuevo el rey.
- Es muy simple, -dijo el muchacho-, primero disparo la flecha y después dibujo el blanco alrededor de ella.
Piensa por un momento si hacemos eso en nuestras vidas con las personas que nos rodean. A veces juzgamos basados en nuestros prejuicios, les decimos a todos nuestra opinión, y después buscamos cómo justificar nuestras ligerezas, -primero disparo y después pregunto-.
A veces cometemos errores o maltratamos a los que nos rodean. En vez de aceptar nuestra responsabilidad, nos ponemos a la defensiva y tratamos de justificar nuestra actitud.
¿Cuánta energía de vida desperdiciamos justificando actitudes con las que sólo pretendemos cubrir nuestros errores, miedos o inseguridades?
¿Cuánto daño innecesario nos causamos a nosotros mismos y a quienes amamos?
¿Qué precio pagamos con estas actitudes?
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora que estoy vivo, y no una noche entera cuando yo muera.
Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no apoyes tu cuerpo sobre mí cuando yo muera.
Prefiero que hagas una sola llamada ahora que estoy vivo, y no emprendas un inesperado viaje cuando yo muera.
Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo, y no me envíes un hermoso ramo cuando yo muera.
Prefiero que elevemos al cielo una oración ahora que estoy vivo, y no una misa cantada y concelebrada cuando yo muera.
Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo, y no un desgarrador poema cuando yo muera.
Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy vivo, y no una conmovedora serenata cuando yo muera.
Prefiero que me dediques una leve plegaría ahora que estoy vivo, y no un poético epitafio sobre mi tumba cuando yo muera.
Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles ahora que estoy vivo, y no de grandes manifestaciones cuando yo muera…
Aprovechemos a nuestros seres queridos… ahora que están entre nosotros.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Esto sucedió cuando se repartía la tierra de un reino muy lejano y hace mucho tiempo. El rey reunió a todos los de su pueblo y les propuso que cada uno eligiera un pedazo de campo para cultivar, según las necesidades y aspiraciones que tuviera.
Entre los que se presentaron a solicitar un trozo de tierra, se encontraba una persona sumamente ambiciosa, que quería desmedidamente ser dueño de una gran extensión. El rey lo sabía.
Cuando estuvo en su presencia y escuchó su pedido, el monarca le aseguró que se convertiría en dueño de toda aquella tierra que lograra encerrar en un círculo, caminando de sol a sol durante una jornada entera. Pero que, sin falta tendría que cerrar el circuito antes de que se pusiera el sol, porque de lo contrario nada recibiría.
Entusiasmado por la idea, el hombre partió apenas despuntado el sol, lleno de bríos y dispuesto a abarcar el máximo de terreno que pudiera. Se lanzó a la carrera bordeando un arroyo, y cada vez que encontraba un paso para vadearlo con el fin de ir cerrando el circuito, se le aparecía un paisaje que lo tentaba a abarcarlo también dentro de sus ambiciones.
Se decía que con sólo correr un poco más rápido, lograría ser dueño también de aquella región.
Corrió y corrió. Cuando mediaba el día, se encontraba ya muy lejos y comenzó a realizar el arco que le permitiera retornar al punto de partida antes de la puesta del sol, cerrando el círculo.
Pero ello significaba que su camino de regreso tendría que ser mucho más largo que lo realizado hasta ese momento. Apuró la carrera, siempre tentado por una pradera nueva, un arroyo cristalino que le cerraba el paso, o un valle encantador que no quería perder.
A media tarde ya no daba más. Pero sacando fuerzas de sus mismas ambiciones, continuó su carrera cada vez más veloz. Y cuando faltaba sólo una hora para que muriera el día, temió no llegar a tiempo. Enderezó decididamente hacia la meta que parecía cada vez más imposible de alcanzar, pero absolutamente necesaria para darle sentido al proyecto al que él mismo se había condenado.
Todo el pueblo se había reunido para verlo llegar. El rey ocupaba su trono y como juez dictaminaría sobre el resultado y el fiel cumplimiento de los términos.
Con la mirada lo habían seguido durante toda la jornada, contemplando cómo frente a cada decisión, había optado siempre por la seducción de sus ambiciones, calculando imprudentemente sus posibilidades.
El último trecho era un camino recto que trepaba la colina donde lo esperaban. Su corazón ya no daba más, y sus músculos exigidos al máximo se negaban a responder a su voluntad.
Pero había que llegar, porque el sol ya estaba por tocar el horizonte, y bajaba inexorablemente hacia su ocaso.
Y llegó. Pero fue sólo para derrumbarse fulminado por un infarto a los pies del rey, agotado su corazón por el cansancio de aquella insensata carrera.
Cuando lo llevaron a enterrar, todo el pueblo constató que poco lugar bastaba para su sepultura. Y que ella era el único trozo que en realidad había logrado conseguir con sus locas ambiciones.
Y TU… ¿POR QUÉ CORRES?